Sostenibilidad, la nueva aliada de las empresas (y sus bolsillos)

Cuando Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, la gestora de fondos estadounidense líder a nivel mundial, anunció a principios de este año que dejaría de invertir en proyectos que no estuviesen comprometidos con la sostenibilidad y el medio ambiente, la alarma saltó en muchos despachos. Sonó a ultimátum, a última oportunidad. Sin embargo, la iniciativa de BlackRock ha puesto sobre la mesa una tendencia que lleva ya un tiempo haciendo camino. La lucha contra el cambio climático ha pasado a ser también una prioridad económica y las empresas solo tienen dos vías posibles: unirse y adaptarse al nuevo modelo o pagar el precio.

Históricamente, las empresas han diseñado su estrategia en base a los resultados económicos mientras que la huella ecológica que su actividad dejaba en la sociedad era una mera cuestión secundaria. La responsabilidad social abarcaba pocos aspectos y, en muchos casos, respondía exclusivamente a criterios de mercadotecnia.

A día de hoy el cambio de tendencia es más que tangible: la disyuntiva empresarial entre crecimiento económico y preservación del planeta ya no existe. Es más, la primera no puede prosperar sin la segunda. Sobre todo desde que en el Acuerdo de París de 2015 y luego los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas se pusiera de manifiesto la urgencia de que las empresas se comprometieran de manera definitiva. En 2020 cuesta mucho imaginar una gran corporación que carezca de una orientación clara hacia la sostenibilidad, y aunque los avances ya son notables, lograr completar un cambio de mentalidad empresarial de tales magnitudes no está siendo fácil.

El 91% de las compañías del IBEX 35 contaban con planes de incentivos para sus altos cargos

Uno de los aspectos clave necesarios para que se dé este giro empresarial es la introducción de criterios de sostenibilidad en los planes de retribución variables a los directivos de las grandes empresas. No obstante, y pese a que la presión por parte de los inversores cada vez es mayor, las empresas españolas siguen mirando con cierto recelo al concepto de sostenibilidad. En 2019, según el Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable, el 91% de las compañías del IBEX 35 ya contaban con planes de incentivos a largo plazo para sus altos cargos. Sin embargo, solo 11 de estas empresas –siete de ellas del sector energético- introducen actualmente indicadores de sostenibilidad (las llamadas métricas ESG, del inglés, Environmental, Social and Governance) en sus sistemas de retribución variable, a pesar de que los estudios realizados evidencian que una línea de actuación sólida en este sentido no interfiere en ningún caso con la creación de valor de la compañía.

Dos empresas se encargaron de romper el hielo en nuestro país: Meliá y Acciona. La cadena hotelera aprobó en 2009 la inclusión del criterio de sostenibilidad en la retribución variable de sus directivos, mientras que Acciona también incorporó objetivos concretos sobre sostenibilidad en el Bono Acciona de 2012 dentro de su política remunerativa. Afortunadamente, tras dejar atrás sus reticencias iniciales, otras grandes empresas se han sumado a la causa.

Otro claro ejemplo de transformación lo encontramos Inditex, el gigante textil gallego, que es una de esas 11 empresas del IBEX 35 que quieren demostrar con hechos su apuesta por la sostenibilidad. Recientemente, esta empresa ha iniciado un 'Plan de Incentivo a largo plazo' cuyo abono obedecerá al cumplimiento de una serie de objetivos medidos a través de varios indicadores. Uno de ellos responde a criterios relacionados con el ranking social de los proveedores, la cantidad de residuos generados por la compañía y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

También en nuestro país, y dentro de un sector muy comprometido con la sostenibilidad debido a su impacto medioambiental, Red Eléctrica, operador único y transportista del sistema eléctrico español, supedita la retribución variable de sus directivos a la consecución de varios objetivos ligados a los negocios de la compañía, entre los que se encuentra uno vinculado a la sostenibilidad con una aportación del 12%. Este último depende del cumplimiento de varios proyectos clave en la estrategia de sostenibilidad del grupo, que persigue cuatro objetivos: descarbonización de la economía, contribución al entorno, cadena de valor responsable y anticipación y acción por el cambio. Además, Red Eléctrica está diseñando un nuevo Plan de remuneración variable plurianual para los próximos años en el que reforzará los objetivos ligados a la sostenibilidad (ESG).

Los inversores advierten de la aparición de cierta tendencia “tramposa” en el camino hacia la sostenibilidad

Telefónica también se ha subido al tren de la sostenibilidad. En 2019 anunció que, por primera vez, el 20% de su salario variable estaría vinculado a varios objetivos de sostenibilidad, más concretamente tres: la confianza del cliente y la sociedad, la igualdad y el cambio climático. En relación con este último punto, los avances de Telefónica en materia medioambiental han sido significativos: el 100% de la energía consumida por la compañía en España y Brasil es de origen renovable.

Fuera de nuestras fronteras, la última gran compañía en sumarse a la lista es Coca Cola. Su matriz europea anunció hace unas semanas que estaban estudiando incluir métricas ESG en su sistema de retribución variable. La reducción de emisiones de CO2, de residuos y de los plásticos utilizados son algunas de las medidas contempladas por el CEO de la compañía, Damian Gamell.

Sin embargo, no todas las empresas muestran el mismo compromiso. Los inversores advierten de la aparición de cierta tendencia “tramposa” de las compañías en su camino hacia la sostenibilidad. Algunas de ellas condicionan su retribución vinculada a criterios de sostenibilidad única y exclusivamente a su presencia en rankings empresariales sobre este asunto. Los expertos avisan: aparecer en estos índices no es un éxito que haya que premiar, sino un deber.