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La agricultura urbana se abre paso en las ciudades del futuro

Hay muchas maneras de imaginar las ciudades del futuro: más grandes, más pequeñas, más o menos conectadas o digitalizadas… Pero si hay algo sobre lo que no es necesario elucubrar es sobre la densidad de población que tendrán. Actualmente, el 55% de la población mundial vive en ciudades y, según Naciones Unidas, se espera que ese porcentaje aumente hasta el 68% de cara a 2050. Cómo alimentar a ese creciente número de personas es una de las grandes preocupaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que, en los últimos años, ha empezado a dirigir la atención hacia una actividad en auge: la agricultura urbana.

Para la FAO, el hecho de que los huertos urbanos hayan comenzado a ocupar un espacio cada vez más importante en las ciudades es una buena noticia, ya que benefician al medio ambiente e impulsan la economía circular. Según apuntan desde la organización, podrían llegar incluso a suministrar casi todo el consumo recomendado de verduras para los habitantes de las ciudades del futuro, convirtiéndose así en una pieza fundamental para combatir la inseguridad alimentaria y el hambre. Y aquí no acaba todo.

Los huertos urbanos reducen el efecto isla de calor de las ciudades

Un estudio elaborado por un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona y Google, publicado en la revista Earth's Future, constató que los huertos urbanos –ya sean en las azoteas o los jardines verticales– no solo aumentan la cobertura vegetal, sino que reducen el “efecto de isla de calor urbano”, un fenómeno por el que las ciudades suelen ser varios grados más cálidas que las zonas rurales por el calor que queda atrapado en superficies como las carreteras. Además, según la investigación, esta forma de agricultura urbana no solo es clave para limitar el aumento de las temperaturas, sino que pueden ayudar a reducir el riesgo de inundación durante las lluvias más intensas.

Ya sea por una clara concienciación sobre los beneficios de los huertos urbanos o por el simple placer de labrar la propia tierra, lo cierto es que cada vez son más los que se aventuran a cultivar sus propios alimentos sin abandonar la ciudad. Se calcula que, desde inicios de siglo, han crecido en un 98% hasta alcanzar cerca de los 500 huertos urbanos en nuestro país. Esto se debe a que grandes urbes como Madrid, Barcelona o Sevilla han decidido apostar por estos pequeños oasis verdes y ceder (y acondicionar) solares abandonados y otros terrenos inutilizados para que los ciudadanos puedan trabajar pequeñas parcelas de tierra. A esta práctica vienen asociadas muchas otras actuaciones respetuosas con el medioambiente como, por ejemplo, la apuesta por el reciclaje de los residuos urbanos para utilizarlos como abono para la tierra (el compostaje). Además, según una investigación publicada por el Journal of Culture and Agriculture, estas áreas de cultivo combaten el deterioro urbano y contribuyen a reducir las emisiones netas de CO2 que se producen en las ciudades.

Pero la transformación de suelo público en huertos urbanos no busca solo mejorar la sostenibilidad de las ciudades, reducir la contaminación o mejorar el paisaje de la zona con más espacios verdes; sino que funcionan como una herramienta de sensibilización para proteger el medioambiente. Basta con reflexionar sobre cómo cultivar nuestros propios tomates, pepinos o calabacines para entender el valor nutritivo de los productos hortícolas, dar más valor a lo que ponemos en el plato y, por ende, evitar el desperdicio de los alimentos.

Estos espacios fomentan la integración social de grupos normalmente segregados

Además, estos cuentan con un importante componente social: los bancales comunitarios han demostrado ser una poderosa herramienta para tejer relaciones vecinales y crear redes. De hecho, según una investigación realizada por la comunidad de Melbourne, la agricultura urbana permite reducir las tensiones existentes entre las personas, fomentan la integración social de grupos normalmente segregados y favorecen el compromiso, ya que mantener un huerto, por muy pequeño que sea, requiere de dedicación y paciencia.

Y como hacer una huerta no es cuestión de un día, la FAO, dentro de su Agenda de la Alimentación Urbana, ha publicado un manual de auto-instrucción para crearla. En él se explica desde qué se necesita (como un plan de cultivo, un terreno disponible y ciertas herramientas) hasta cómo hacer la huerta más productiva y emplearla para que nuestra alimentación mejore y sea más saludable en función de la temporalidad de las frutas y verduras.

Consejos para un verano sostenible (y responsable)

Durante los duros meses de confinamiento, millones de personas soñaban desde sus hogares con un verano como los de siempre, de esos en los que el reloj se queda en casa y el sol lo baña todo para darnos la oportunidad de recargar pilas. Y, aunque nos encontremos en una imprevista nueva normalidad, el verano sigue siendo para desconectar y disfrutar.  Sin embargo, no debemos olvidar todas esas pautas que seguimos durante el resto del año para proteger y conservar el medio ambiente.

A continuación, recogemos algunos consejos para que este verano sea lo más sostenible posible sin dejar de lado la responsabilidad ciudadana frente a la propagación del coronavirus.

Evita utilizar plásticos innecesarios

Vivimos un momento de la historia en el que el plástico, justo cuando estaba a punto de convertirse en material tabú, se ha vuelto imprescindible para los equipos de protección individual hospitalarios, las mascarillas de la población, las gafas y viseras, pantallas protectoras, respiradores, guantes de supermercado y otros tantos objetos. Pero, aunque necesario, el plástico sigue siendo una amenaza para la salud de nuestros ecosistemas, por lo que su correcto tratamiento es ahora más esencial que nunca.

Utilizar bolsas reutilizables que tienes en casa en lugar de carros y cestas es un pequeño acto que, además de evitar adquirir bolsas de plástico de un solo uso, también garantiza una mayor seguridad para protegerse contra la COVID-19. En este sentido, lo ideal es evitar, en la medida de lo posible, el exceso de envoltorios –como por ejemplo las bandejas para carnes y pescados– y comprar de manera local y a granel, gesto que además permite escoger la cantidad que realmente necesitas. Otra manera de reducir la huella de plástico es escoger aquellos establecimientos que más apuestan por la sostenibilidad. Para facilitar esta elección, Greenpeace ha elaborado un ránking de supermercados según su huella plástica.

Deja el paisaje como lo encontraste y no tires las mascarillas al mar

En estos meses, disfrutar de un picnic en la playa o en la montaña es un plan muy atractivo. Sin embargo, cabe recordar que los espacios naturales no son basureros. Intenta siempre dejarlos tal y como los encontraste, recogiendo todos los residuos que hayas dejado a tu paso. Lleva contigo unas bolsas de basura –si son de plástico reciclado, mejor- para recoger todos tus deshechos.

Las mascarillas se han convertido en el principal accesorio de nuestra vestimenta diaria y la principal herramienta para luchar contra la pandemia. Sin embargo, la organización sin ánimo de lucro Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio, en español) denunció hace unas semanas que las mascarillas y los guantes ya han llegado al fondo del mar Mediterráneo. Tirar nuestros equipos de protección al mar o dejarlos olvidados en cualquier espacio exterior es una irresponsabilidad a nivel medioambiental y sanitario: lo correcto es echarlos al contenedor de los restos, el de la basura doméstica habitual (color gris). Si provienen de personas enfermas, deben ir en dos bolsas de basura cerradas, según las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Opta por protectores y prendas de baño sostenibles

Usar crema solar es imprescindible para proteger nuestra piel de posibles quemaduras. Sin embargo, hay estudios, como el elaborado por la organización Haereticus Environmental Laboratory, que demuestran que, con el contacto con el agua, los protectores desprenden ciertos productos tóxicos que son perjudiciales para los ecosistemas marinos. Por ello, cada vez hay más opciones sostenibles en los supermercados y algunas se fabrican sin Oxibenzona, un químico que resulta dañino para algunas especies marinas.

También en la moda de baño podemos apostar por la economía circular. En concreto, la firma española Venus emplea materiales reciclados en sus colecciones con un doble objetivo: reintroducirlos para darles una segunda vida y evitar que se conviertan en residuos.

Evita hacer viajes cortos en avión

El avión es uno de los medios de transportes que más contaminantes del mundo: se calcula que emite 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. Por eso, tal y como llevan tiempo aconsejando gobiernos e instituciones, lo mejor es evitar volar si hay una alternativa como el tren o el autobús, que ya están en pleno funcionamiento con nuevas medidas de seguridad y ocupación.  

Muévete de forma sostenible

Aunque durante las semanas más duras de la pandemia se primó el uso del transporte privado sobre el público, no debemos abandonar este medio de movilidad que nos ayuda a cuidar nuestro entorno.

Y entre toda la oferta disponible, para recorridos más largos y desplazamientos en las urbes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda utilizar la bicicleta porque “proporciona la distancia física necesaria mientras ayuda a cumplir con el requisito mínimo para la actividad física diaria, que puede ser más difícil debido al aumento del teletrabajo”.

Siete 'imprescindibles' que no pueden faltar este 2020 en el armario de la sostenibilidad

Ilustración: Valeria Cafagna

El Año Nuevo trae consigo un cambio de década. Acabamos de estrenar los flamantes –¿y felices?– años 20 del siglo XXI, una época marcada, sin duda, por la lucha contra la emergencia climática. Aunque los negacionistas se siguen empeñando en disfrazar la realidad, las empresas tienen que adquirir responsabilidades. No importa su tamaño o su localización, es tarea de todos ponernos manos a la obra para ganar la partida y hacer posible el reto de la transición ecológica.

Por eso, empezamos 2020 recordando siete ‘imprescindibles’ que no pueden faltar en el ‘armario’ de las compañías que quieran liderar la batalla contra el calentamiento global. Estos son nuestros must have de 2020? ¿Te apuntas?

1. Pon en marcha la calculadora que mide tu huella ecológica (y sé ecoeficiente)

A todos se nos da muy bien definir metas. Dejar de fumar, acudir al gimnasio, cambiar el estilo de vida… Sin embargo, ¿quién las cumple? Algo similar ocurre en el mundo empresarial. Por eso, más allá de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al capítulo de estrategias anuales, es imperativo que las compañías midan sus compromisos, para que todos conozcamos hasta qué punto son capaces de cumplirlos.

Un primer paso para conseguir alcanzar los objetivos de sostenibilidad pasa porque todos los empleados sean conscientes del rastro que deja la huella de carbono en la actividad diaria. Para ello, el Ministerio de Transición Ecológica ofrece una herramienta que ayuda a estimar las emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernadero de una organización.

De esta manera, resulta mucho más sencillo elaborar un plan de acción que reduzca el impacto medioambiental de la actividad económica y marque la senda para ser más eficientes y ecológicos.

2. Apuesta por la tecnología sostenible y garantiza el mejor futuro para el progreso

Vivimos en la era de la digitalización y la cuarta revolución industrial avanzará con brío durante este 2020. Por eso, no podemos olvidarnos del motor que mueve (y moverá) el mundo: la tecnología –y si es sostenible, mucho mejor–.

Las tecnologías serán sostenibles si son capaces de emplear menos energía y consumir menos recursos para ejecutar las mismas labores. Además, deberán poder reciclarse, o reutilizarse, una vez concluido su ciclo de vida.
Digitalización, sí, pero respetuosa con el medio ambiente. Como aconseja la Organización de Estados Iberoamericanos "potenciemos tecnologías básicas susceptibles de favorecer un desarrollo sostenible que tenga en cuenta, a la vez, la dimensión local y global de los problemas".

3. Cuida el capital natural, la naturaleza es ese bien propiedad de todos

El capital natural es el ecosistema que sustenta una economía sostenible y respetuosa con el hombre. Su protección marca, o debería marcar, la viabilidad de una empresa o negocio.

Sin embargo, tal y como asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el actual modelo económico descuida nuestro entorno, olvida la naturaleza y muchas veces relega a un segundo plano el cuidado de los medios naturales buscando solo el éxito o la rentabilidad inmediata. Por suerte, cada vez son más las organizaciones que entienden lo limitados que son los recursos de la Tierra. Para tomar cartas en el asunto, la FAO ha creado un protocolo de capital natural como herramienta para que las empresas tomen conciencia de la repercusión de su actividad en el entorno. ¿Serán capaces todas ellas de incorporarlo y marcar la diferencia?

4. Dale una vuelta de tuerca a la economía circular

La mentalidad de usar y tirar está en peligro de extinción. Los jóvenes ya han empezado a apostar por una cultura de la reutilización que está permeando todas las actividades de la sociedad y, cada vez más, la de las empresas. La verdad es que las señales que nos envía el planeta son claras: necesitamos reciclar y reutilizar, dejar de desechar todo aquello a lo que aún se le puede dar vida y frenar el consumismo voraz que ha caracterizado las últimas décadas.

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica —derivada de la actividad humana— provoca siete millones de muertes anuales, lo que corresponde al 12% de los fallecimientos en todo el mundo. Además, la ONU estima que la población mundial seguirá creciendo hasta los 8.600 millones durante los próximos diez años. La lógica utilizada hasta ahora nos dice que a más población, más contaminación, lo que provocará que los estragos del cambio climático sean mayores y, por tanto, el número de refugiados y desplazados climáticos podría aumentar hasta los 200 millones de individuos en los próximos 30 años.

Si analizamos fríamente esta cifra, parece adecuado afirmar que repensar la economía circular podría ser una manera de darle un respiro a un planeta cada vez más asfixiado por nuestro comportamiento consumista. Lo vintage, lo slow (sea fashion, arquitectura o vida), el reciclaje y la reutilización serán clave en el desarrollo de las empresas y de nuestro día a día en 2020.

5. Apúntate a la moda ecofriendly: aunque no lo parezca, hay vida más allá del plástico

2020 es el año en el que toca aprender a ser eficientes ecológicamente hablando. Como individuos, nuestro paso por el planeta deja una huella similar a la que trazan nuestras pisadas sobre la nieve, el barro o la arena mojada, pero más devastadora. Por eso, llevar una vida ecofriendly tiene que convertirse en nuestro principal propósito tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Para ello, Oxfam Intermón aconseja que se empiece por reducir el desperdicio de comida y el derroche de electricidad con gestos tan sencillos como apagar la luz al salir de una habitación, tener en cuenta las fechas de caducidad a la hora de hacer la compra o aprovechar al máximo los alimentos a la hora de cocinar. Además, el reciclado de los envases y la reducción del uso de los mismos son clave a la hora de adquirir hábitos sostenibles.

Estos tips también se aplican al lugar de trabajo: optar por transporte poco contaminante o público, reutilizar los tuppers y cubiertos, adecuar la vestimenta a la época del año para evitar subir las temperaturas de calefacciones y aires acondicionados y prolongar la vida de los aparatos electrónicos con un uso y cuidado adecuados son acciones sencillas y mucho más eficaces de lo que pudieran parecer a simple vista. Es más, si tienes hijos, recuerda que eres su modelo a seguir: lo que tú hagas será lo que ellos repliquen. Así que es esencial apostar por un ocio familiar sostenible, enseñar a amar la naturaleza y fomentar la donación de juguetes que ya no se van a utilizar.

6. Pon tu capital al servicio de los proyectos más sociales de la comunidad

Los bonos verdes y las inversiones con impacto social están cada vez más de moda. Muchos grandes inversores ya buscan que su dinero se ponga al servicio de proyectos socialmente relevantes. Según la agencia Moody’s este tipo de bonos apenas representaba el 0,4% sobre el total de emisiones globales a principios de 2015, mientras que en 2019 ascendieron al 4%. Es más, en el primer trimestre del año pasado la emisión mundial de bonos verdes fue de 47.200 millones, un 40% más que en el mismo periodo del año anterior.

Además, España ocupa ya un honroso séptimo lugar en el mundo como país emisor de este tipo de activos. Está claro que las inversiones socialmente responsables son el futuro, pero ¿en qué consisten? En realidad, se parecen mucho a las inversiones de toda la vida, pero con un objetivo que va más allá del lucro del inversor: exigen que los proyectos que se financien estén alineados con los ODS y generen un impacto positivo en la comunidad. Lo más habitual es que se trate de proyectos de energías renovables, eficiencia energética, transporte verde o limpio, prevención o lucha contra la contaminación o gestión sostenible de recursos. Hay mejor manera de invertir el dinero?

7. Hablar en “verde”, porque el lenguaje también importa

La manera en que hablamos y escribimos sobre asuntos tan relevantes como la emergencia climática condiciona (y determina) nuestra manera de afrontar la crisis. Por eso, son muchos los medios de comunicación, instituciones académicas y empresas que reivindican una nueva narrativa medioambiental.

Diarios tan relevantes como el británico The Guardian han hecho un alto en el camino de la actualidad para reflexionar y repensar cómo tratar e ilustrar las noticias relacionadas con la crisis climática. Y no son los únicos. 2019 se despidió con una nueva narrativa en la que ya no se habla de cambio climático sino de emergencia o crisis, y los negacionistas son eso, y no escépticos o críticos con el problema medioambiental.

Además, el arte y la ficción se asocian al movimiento ciudadano para concienciarnos, con su propio lenguaje, en la lucha climática. Un ejemplo lo tenemos muy cerca. En España, el Instituto Mutante de Narrativas Ambientales de Matadero (Madrid) impulsa proyectos sobre la crisis planetaria desde un punto de vista artístico, argumentando que “los actuales retos planetarios requieren saberes basados en la inteligencia colectiva que exceden las disciplinas, capaces de provocar y acompañar transformaciones culturales y políticas”. Ciencia, innovación tecnológica y arte unen sus manos con el storytelling y las humanidades para crear soluciones creativas a la emergencia a la que nos enfrentamos.

¿Son posibles unas Navidades razonables?

Ilustración: Valeria Cafagna

Tenemos tan interiorizado que las Navidades son una época de excesos que ya apenas nos cuestionamos otras posibilidades. Es como si el final del puente de la Constitución marcara el pistoletazo de salida de un periodo de gracia en el que se permite casi todo. Según el último informe de Deloitte sobre consumo navideño, los españoles gastaremos una media de 554 euros durante estas fiestas, un 2,4% más que el año pasado. Una cifra que se sitúa bastante por encima de los 461 euros que sacarán de su cartera nuestros vecinos europeos. ¿En qué nos gastamos la paga extra? Según los datos de esta consultora, los regalos se llevan la palma con una media de 238 euros. Comida (173 €), ocio (79 €) y viajes (64 €) completan la lista.

Los españoles gastaremos una media de 554 euros durante estas fiestas

La expresión “un día es un día” es probablemente una de las más escuchadas durante el tiempo que separa la segunda semana de diciembre y el último bocado al roscón de Reyes, que marca el final de las vacaciones. Pero los excesos navideños no se circunscriben a la alegría con la que los españoles sacamos a pasear la tarjeta de crédito. Las comidas abundantes y calóricas, el consumo de energía o la generación de desperdicios también se disparan en estas fechas. El exceso también pasa factura a nuestro planeta. Para evitar este daño y el posterior arrepentimiento, a continuación, presentamos una serie de consejos que nos pueden ayudar a pasar unas Navidades más “eco-friendly”.


1) Diseña un presupuesto navideño. Prever y planificar los gastos que vamos a tener durante este periodo puede ayudarnos a consumir de manera responsable y a dejarnos llevar por los excesos. Una vez marcados los límites, trata de ajustarte a ellos y, si hay algún imprevisto, inclúyelo en el presupuesto y vuelve a hacer la prueba del algodón.

2) Regala con mesura. Comprar por comprar es uno de los hábitos que habría que desterrar con más urgencia. En su lugar, lo mejor es dedicar tiempo a investigar y pensar en un obsequio que realmente pueda gustarle a esa persona. De esta forma, no solo gastarás tu dinero más a gusto, sino que de manera indirecta, contribuirás a reducir el gasto de esos recursos que se han empleado en la fabricación y el transporte del objeto en cuestión.

3) Explora el comercio justo. Ya que gastar dinero es casi inevitable, siempre puedes ampliar tu espectro de opciones hacia empresas con valores similares a los tuyos. Porque sus materias primas son naturales o autóctonas de una determinada parte del mundo; porque sus procesos de producción son respetuosos con el medio ambiente y con los trabajadores; porque sus productos o servicios tienen una trazabilidad contrastada, poseen un componente educativo o solidario, o por cualquier otra cuestión con la que te sientas identificado.

4) Reduce los homenajes gastronómicos. Nótese que esto no significa “eliminar”, solo “reducir”. En este tiempo es inevitable evitar los tradicionales dulces y alguna comida copiosa pero las citas navideñas se multiplican y la ingesta es imparable. Al margen del factor económico, esa dieta hipercalórica no conduce a nada bueno. Según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) durante las Navidades, los españoles engordamos de media entre 3 y 5 kg.

5) Aprovecha las sobras. Según datos de la FAO, en España se tiran al año se tiran cerca de 7,7 millones de toneladas de alimentos. Y la Navidad es la época del año en la que se compra un mayor volumen de comida y más se desperdicia. Apostar por la comida de aprovechamiento y utilizar la comida sobrante para elaborar nuevos platos no solo es una manera de dar alas a la imaginación culinaria, sino también de reducir el despilfarro de comida.

6) Recicla. Si algo tienen las Navidades es que son cíclicas. Ocurrirán el año que viene con total seguridad, de forma que hay muchos elementos navideños que podemos reutilizar, sin necesidad de incurrir en más gastos ni en un mayor desperdicio. Desde el árbol hasta los adornos o el Belén, pasando por las botellas de vino sin abrir que nos esperan desde la cesta pasada. Y qué decir de esas ingentes cantidades de papel de regalo hecho trizas que tiramos a la basura tras la visita de Papa Noel o los Reyes Magos. ¡Reutiliza!

7) Sé solidario. Es un tópico y más en estas fechas pero si sirve para remover conciencias y hacer algo útil por los demás, bienvenido sea. Practicar la solidaridad, prestando nuestro tiempo o recursos a alguna causa justa y a quien más lo necesita es un favor que, más que a los demás, nos hacemos a nosotros mismos. Nos permite respirar, coger perspectiva y salir de la inercia de la rutina.

Bienvenidos a 2030: creando juntos un futuro sostenible

red

Pulsar un interruptor y que se encienda la luz es, posiblemente, uno de los gestos que mejor simbolizan el progreso. Pero de la misma manera que esa energía que flota en el vacío llega a nuestros hogares gracias a un sofisticado y coordinado sistema eléctrico, el desarrollo sostenible solo será posible gracias a una sofisticada y coordinada agenda global. Nos ha llevado varios siglos entenderlo, pero los límites planetarios y la fragilidad de nuestras sociedades parecen haber alterado nuestra escala de valores.

El Grupo Red Eléctrica reducirá un 40% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030

«Ahora sabemos que el modelo de desarrollo propio del pasado no es algo escrito en las tablas de la ley. Y que, por tanto, podemos mejorarlo». Con estas palabras, el presidente del Grupo Red Eléctrica, Jordi Sevilla, abría la jornada Creando juntos un futuro sostenible. El reto de los ODS.

«Los vectores de transformación no siempre han tenido en cuenta la prioridad del impacto sobre la cohesión social y sobre nuestro planeta, y ha llegado la hora. Hay suficientes personas e instituciones como para hacer creíble que esto va en serio. Se trata, sencillamente, de vivir de manera compatible con nuestro entorno natural y con nosotros mismos», ha explicado el presidente de la compañía durante el encuentro, celebrado en su sede de Madrid.

Jordi Sevilla: «Las empresas son de sus accionistas, pero estas no se deben solo a sus intereses»

Con la resaca de la última Cumbre del Clima celebrada en Nueva York, del cuarto aniversario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y de la histórica huelga estudiantil que ha movilizado a jóvenes de todo el mundo, la compañía ha querido poner en valor su compromiso y reflexionar, de la mano de expertos de primer nivel, sobre la consecución de la Agenda 2030 de forma eficiente desde el sector privado, las administraciones y la ciudadanía.

Jordi Sevilla ha incidido en el papel de las empresas del siglo XXI. «Los accionistas son muy importantes para una compañía, pero deben ser responsables para con sus stakeholders, agentes afectados por la acción de la empresa y que a su influyen sobre ella. Las empresas son de sus accionistas, pero éstas no se deben solo al servicio de los intereses de los accionistas».

Cristina Gallach: «La Agenda 2030 nos compromete con las próximas generaciones. Es un pacto intergeneracional»

En este sentido, la compañía se ha fijado once objetivos con horizonte 2030 para luchar contra los retos globales, como la emergencia climática o la desigualdad, en el marco de su Compromiso de Sostenibilidad y en línea con su Plan Estratégico 2018-2022. Entre ellos, se ha marcado el reto de reducir un 40% sus emisiones de gases de efecto invernadero, así como de integrar el 100% de las energías renovables en el sistema eléctrico y trabajar para lograr la paridad de género en el equipo directivo.

El acto también ha contado con la participación de la Alta Comisionada para la Agenda 2030, Cristina Gallach, y el director del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid, Carlos Mataix.

Gallach ha puesto de relieve el avance de España en este campo. «En el último año, hemos dado pasos significativos en el campo de las políticas públicas, la divulgación y el tejido empresarial». «Mirar el mundo a través de las gafas de los ODS nos da energía, nos empodera, nos hace ser conscientes y nos compromete con las próximas generaciones, por eso creemos, además, que es un pacto intergeneracional», ha añadido.

Carlos Mataix: «Los ODS son tan importantes como la Declaración Universal de los Derechos Humanos»

Por su parte, Mataix ha manifestado que «la Agenda 2030 es el gran plan de nuestra civilización para llegar en diez años a un escenario de vida mucho mejor». Y ha subrayado el poder de las alianzas: «Aisladamente, no lo vamos a conseguir. La Agenda nos ofrece un lenguaje común y acelera las posibilidades de ponernos de acuerdo».

La ciencia nos lo está recordando una y otra vez: nos acercamos a un punto de no retorno. «Podemos considerar los ODS como un tratamiento médico para una civilización que está dando síntomas preocupantes de que puede enfermar», ha explicado Mataix. «El fabricante de este medicamento es de toda confianza: Naciones Unidas. Y es que los ODS son tan importantes como la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Para el profesor, esta Agenda es, sin duda, una «fuente de esperanza ante un mensaje de urgencia». ¿Nos anticiparemos al colapso?