Warning: Attempt to read property "term_id" on string in /home/red2030/public_html/wp-content/themes/redelectrica/template-parts/content.php on line 16

Félix Romero: «La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda»

Cuál es la importancia del capital natural o qué beneficios nos aportan los bosques. A estas y otras cuestiones da respuesta en esta entrevista Félix Romero, director de la Fundación Biodiversidad (MITECO).


Desde la Fundación Biodiversidad habéis mejorado el estado de conservación de especies emblemáticas como el lince ibérico, el oso pardo, el águila imperial, la tortuga boba o la posidonia. ¿Qué acciones clave habéis llevado a cabo para alcanzar esta mejora?

Entre las acciones clave destacaría la restauración y conservación de hábitats y ecosistemas para estas especies. También es esencial contar con el mejor conocimiento científico disponible, por lo que las acciones de investigación y seguimiento han tenido una gran relevancia, con monitorización de las poblaciones y estudios sobre diferentes variables para ajustar las estrategias de conservación. También se han llevado a cabo diferentes medidas para la vigilancia y el control de amenazas como la contaminación o la caza furtiva. Todo ello complementado con campañas de educación ambiental y sensibilización de los actores más implicados, así como de la ciudadanía general. La alianza con administraciones, tercer sector ambiental, sector científico y socioeconómico y la sociedad civil ha sido clave para la recuperación de estas especies. Y no habríamos podido conseguirlo sin el apoyo de fondos europeos como el Programa LIFE o, más recientemente, los fondos Next Generation. 

¿Qué valor tienen los bosques como activos estratégicos en la lucha contra el cambio climático?

Los bosques cubren aproximadamente un 30 % de la superficie terrestre, pero su impacto en la biodiversidad y la vida humana es inmenso. Actúan como sumideros al absorber grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera (alrededor de un tercio de las emisiones de CO₂ generadas por las actividades humanas cada año), lo que los convierte en una herramienta clave para mitigar el calentamiento global. Asimismo, los bosques influyen en los ciclos del agua y en la temperatura, mantienen la humedad y protegen los suelos de la erosión. Por último, desde una perspectiva económica, los bosques representan un activo natural, pues nos proveen de recursos, como madera, alimentos o medicinas, y generan empleo verde en el mundo rural.

¿Por qué es importante poner en valor el capital natural? ¿Qué cree que hace falta para que en España se valore igual que el capital financiero o tecnológico?

La naturaleza nos proporciona bienes y servicios esenciales para nuestra propia existencia y para llevar a cabo cualquier actividad económica. Regula el clima y los ciclos hidrológicos, purifica el agua y el aire, protege y fertiliza el suelo y poliniza cultivos, entre otras funciones. Dependemos de la naturaleza para obtener alimentos, medicamentos o fibras, activos todos ellos críticos para grandes sectores económicos. La naturaleza es una fuente de soluciones clave en la transición ecológica. Sin embargo, en las últimas décadas la degradación de la naturaleza avanza a un ritmo sin precedentes, lo que conlleva consecuencias ambientales, económicas y sociales.

Poner todos esos aspectos en valor significa reconocer que los servicios que ofrece la naturaleza son esenciales y medibles, al igual que los activos financieros o tecnológicos. Para ello, necesitamos impulsar una cultura ambiental que muestre la dependencia de nuestro sistema económico de la naturaleza y crear incentivos financieros que premien la conservación, como los pagos por servicios ambientales. Todo ello acompañado de ciencia que respalde las decisiones y políticas públicas y gobernanza efectiva.

Aunque a muchos les parece que la sostenibilidad y la economía son conceptos contradictorios, desde la Fundación habéis impulsado la economía verde, gestionando fondos estructurales europeos. ¿Cómo pueden la economía y el cuidado del medio ambiente estar alineados?

Durante décadas se pensó que el crecimiento económico y la conservación de la naturaleza eran objetivos opuestos. Sin embargo, hoy sabemos que la sostenibilidad ambiental es una condición necesaria para la prosperidad económica a largo plazo y que ambas pueden alinearse si se integran los límites ecológicos dentro de los modelos de desarrollo y producción.

La Fundación Biodiversidad, mediante la plataforma de Iniciativa Española Empresa y Biodiversidad (IEEB), establece una alianza estratégica con empresas y entidades financieras que quieran contribuir a los objetivos de restauración y conservación de la naturaleza. Busca promover un modelo económico que valore y preserve los servicios ecosistémicos de los que depende más del 50% del PIB mundial, como la regulación del clima, la purificación del agua o la polinización. 

Una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable

Por otro lado, también impulsamos el Programa Empleaverde+, cofinanciado por el Fondo Social Europeo+, y gestionamos la Red Emprendeverde, ambas con el objetivo de capacitar a las personas y promover el empleo y el emprendimiento verde. 

Además, contamos con más de 70 proyectos en marcha de tres convocatorias de ayudas para el fomento de la bioeconomía y la bioeconomía forestal, dotadas con más de 140 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

En la Fundación tenemos  una línea de trabajo centrada en el sector forestal para la puesta en valor y gestión sostenible de los recursos forestales. Con ella no solo generamos nuevas capacidades laborales y empleo verde, sino que contribuimos a la conservación de nuestros ecosistemas forestales, para que nuestras masas forestales sean más resilientes a los impactos del cambio climático. Con nuestras ayudas se financian proyectos que fomentan la industria de la madera; se apoya el emprendimiento y se identifican otros productos forestales de alto valor añadido, como la resina, el corcho, los frutos, las setas, el biochar o los aceites esenciales. La bioeconomía y las SbN asociadas contribuyen a la fijación de población en entornos rurales mediante  el fomento del emprendimiento y la generación de empleo,  así como al empoderamientodel tejido social.

¿Cómo se pueden monetizar los servicios ecosistémicos de los bosques? ¿Cuál es el valor en euros de una hectárea de bosque?

Los beneficios que los bosques proporcionan a la sociedad son muy variados.  Por un lado, hay productos tangibles como madera, resinas, frutos o setas, cuyo valor se calcula a  precio de mercado. Pero hay muchos otros servicios intangibles, como la regulación del clima o el papel como sumideros de carbono. En estos casos, su monetización se realiza a través de mercados de carbono con créditos que se compran y venden y de pagos por servicios ambientales, con los que los propietarios reciben compensaciones económicas por mantener los bosques en un buen estado.

Poner un valor en euros a una hectárea de bosque es complicado, pues son muchos los factores a tener en cuenta. Lo que sí podemos afirmar es que una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable.

¿Qué lecciones nos deja esta reciente campaña de incendios que ha superado con creces las peores cifras de las últimas décadas?

La ola de incendios que asoló nuestro país el pasado verano nos dejó varias lecciones importantes y nos recuerda que no se trata de eventos aislados, sino de una tendencia creciente vinculada al cambio climático. Una de ellas es la importancia de la prevención, de impulsar una gestión forestal durante todo el año que reduzca la probabilidad de incendios o la intensidad y la propagación del fuego en caso de producirse.  

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales.

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales. En este sentido, las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) son eficaces y costo efectivas. Por ejemplo, los bosques juegan un papel crucial en la purificación del aire y del agua, en la protección contra la erosión y los deslizamientos de tierra y en la absorción de carbono. Mantener o restaurar la cubierta vegetal de las cabeceras de las cuencas puede ser una medida de adaptación ante la sequía, que permita aumentar la infiltración y disminuir la escorrentía del agua de lluvia. Es urgente trabajar para mitigar estos efectos porque la salud y la integridad nos va en ello. 

Trabajáis en torno a seis líneas de actuación: ecosistemas terrestres, ecosistemas marinos, entornos urbanos, generación y gestión del conocimiento, causas de pérdida de la biodiversidad y participación del sector privado en la transición ecológica. ¿Cuál de ellas considera la más complicada de abordar y por qué? ¿Hay alguna que sea especialmente estratégica para los próximos años?

Cada una de las líneas de actuación en las que trabajamos tiene sus oportunidades y sus retos. Lo más urgente para la Fundación Biodiversidad en la actualidad es ejecutar con éxito los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y la intervención en proyectos estratégicos como Doñana o el Mar Menor, promoviendo el uso sostenible del territorio. 

Pero, sin duda, uno de los campos más innovadores en los que trabajará la Fundación Biodiversidad en los próximos años es en la valoración de los servicios ecosistémicos, cuantificando beneficios como la captación de CO2, la regulación hídrica o la prevención de la erosión. Este enfoque permite diseñar mecanismos económicos que compensen a quienes gestionan el territorio de manera sostenible. Ya estamos trabajando en proyectos piloto en esta línea y esperamos consolidar modelos escalables en colaboración con el sector privado y la ciencia.

Otros focos incluyen la interacción del sector empresarial en la conservación, la contribución al desarrollo de herramientas como el Sistema Integrado de Información de la Biodiversidad, la bioeconomía o la gestión sostenible de los bosques. 

¿Qué relación existe entre el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad? ¿Es una de sus principales causas? ¿Cuáles son las otras?

La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda y tienen origen común en un modelo económico que no respeta los límites de la naturaleza. El cambio climático acelera la pérdida de biodiversidad al aumentar las temperaturas, y al alterar los patrones de lluvias y la frecuencia de fenómenos extremos. Todo ello modifica los hábitats y pone en peligro la supervivencia de muchas especies. La pérdida de biodiversidad, a su vez, agrava el cambio climático porque reduce la capacidad de los ecosistemas de absorber CO₂ y regular el clima.

Según la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), el cambio climático es la tercera causa de pérdida de biodiversidad, pero no la única. Se añaden el cambio en los usos del suelo, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

En el contexto de la transición energética, ¿qué se debe tener en cuenta en los proyectos renovables para no dañar la biodiversidad o los ecosistemas?

En primer lugar, dejemos claro que la descarbonización de nuestro sistema energético es necesaria, aunque es imprescindible hacer bien las cosas desde el punto de vista ambiental y territorial. Los proyectos renovables deben partir de una planificación adecuada para evitar ubicaciones en zonas de alto valor ecológico o corredores de biodiversidad.

Por ello, es clave realizar evaluaciones de impacto ambiental que tengan en cuenta los efectos acumulativos y sinérgicos de varios proyectos en una misma zona. Además, hay que priorizar el uso de espacios ya antropizados —como zonas ya afectadas por infraestructuras, cubiertas de edificios o suelos degradados— frente a la ocupación de ecosistemas bien conservados.

Otro aspecto fundamental es el diseño de los proyectos, incorporando medidas de evitación, corrección y compensación realistas: adaptación del trazado, protección de fauna, restauración de hábitats y seguimiento ambiental a largo plazo.

En definitiva, la transición energética debe ser también una transición ecológica y social: actuar frente al cambio climático de la mano de la conservación de la biodiversidad y del respeto al territorio.