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Pablo Giménez Olavarría: «Restaurar es importante, pero aún más lo es conservar»

Desde dibujar los paisajes campestres de Valladolid hasta cargar con una botella de oxígeno para trazar en tiempo récord el fondo marino, Pablo Giménez tiene clara la necesidad de proteger a la que siempre ha sido su gran musa: la naturaleza. Una idea que ha defendido durante su intervención en el II Seminario científico Bosque Marino, organizado por Redeia en el Oceanogràfic València, donde científicos y representantes de administraciones públicas y de organizaciones sociales y sectoriales han discutido sobre los retos que enfrenta el océano y las soluciones más innovadoras para garantizar su conservación y restauración.


Antes de pintar paisajes submarinos estuvo mucho tiempo pintando los campos. ¿Qué le llevó a dar este giro hacia el fondo del mar? 

A mí lo que me gusta es pintar la naturaleza, dentro de ella. No pinto nunca de foto, porque lo que me interesa es estar allí y tratar de plasmar en un cuadro el misterio del medio natural. Yo no sé lo que voy a pintar, no sé qué va a pasar, y esa es un poco la gracia del asunto. Si te gusta el campo y te gusta pintar, lo normal es que pintes en el campo, y si te gusta bucear y te gusta pintar, es casi obligatorio pintar debajo del agua, porque es un paisaje como otro cualquiera.

Lo único que hay que superar son algunas complicaciones logísticas, pero si te apetece, puedes hacerlo. Esa es la suerte que tenemos los artistas: a diferencia de biólogos o ingenieros, que trabajan con datos y en temas más prácticos, nosotros no tenemos que hacer nada más que inquietar e inspirar nuevas ideas.

«Soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza»

En esta línea, ¿cuál es el papel del arte en materia de educación?

Hasta hace bien poco, el artista era lo que ahora se llamaría un comunicador. Piensa que Velázquez, máximo referente del artista, en realidad lo que hacía era comunicar lo que pasaba en el palacio. Así que podríamos decir que yo soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza.

Por eso creo que el deber del arte no es educar como tal, sino sugerir y estirar la mirada. Yo tengo la suerte de que puedo estar durante 20 horas mirando una cosa. Y una persona que dedica mucho tiempo a mirar tiene mucho que decir, porque tiene una visión más profunda y reforzada de las cosas.

Ha pintado en el campo y en el fondo marino. ¿Qué diferencias y similitudes hay entre ambos? 

Tienen mucho en común. En Valladolid, donde yo vivo, el paisaje es muy parecido al mar: es infinito y muy llano. Pero también hay contrastes. Cuando estás pintando en el mar te das cuenta de lo extraño que es estar metido en un líquido.

«El deber del arte es sugerir y estirar la mirada»

Por ejemplo, al pintar al aire libre aprecias lo limpia que está la atmósfera. Aunque en el Mediterráneo el agua es muy clara, cuando estás dentro del mar la mirada se difumina, la luz se atenúa y los colores se desvanecen con mucha rapidez. Por ejemplo, si te sumerges un poco más de la cuenta, el color rojo desaparece. Y como no lo ves, al mezclar los colores bajo el agua, sigues añadiendo rojo. Y más y más. Y cuando sacas el cuadro es completamente rojo.

También es complicado sujetar las cosas. ¿Cómo haces que los pinceles no floten, que el lienzo no flote, que el caballete no flote? Es muy complicado. Y aún así, perdí un montón de cosas, porque cuando me daba cuenta ya se habían ido flotando.

Y, ¿cómo se aseguraba de no alterar el medio ambiente (uso de materiales, manejo de las aletas, instalación del equipo)?

Al usar óleo, la base es aceite y no se disuelve en el agua, entonces técnicamente no tiene ningún problema. Sobre los materiales, a todo lo que flotaba le ponía una pastilla de plomo y para los pinceles, como no sabíamos muy bien qué hacer, inventamos un portapinceles que en realidad era un trozo de cámara de bicicleta con unos agujeros para encajarlos.

Al final trabaja la imaginación.

Sí, es muy pesado, pero tiene mucha gracia porque te enfrentas a cosas que no has hecho nunca.

Y, aparte de tener que idear soluciones, ¿qué más le ha enseñado esta experiencia? 

Me llamó mucho la atención, por ejemplo, ver en el Cabo de Palos la cantidad de gente que pasaba buceando. Era una romería. Somos mucha gente y hemos de tener cuidado con lo que hacemos. El mundo es para disfrutarlo y por ello hay que tratarlo bien. O al menos dejarlo como está. Como se ha hablado en el Seminario de Bosque Marino de Redeia, restaurar es importante, pero aún más lo es conservar.

Cuando las olas del mar no refrescan

Las olas de calor marino son episodios en los que la temperatura del agua del mar o del océano se eleva de manera anómala. El cambio climático está potenciando estas olas de calor que tienen un impacto directo no solo en la vida de numerosas especies marinas, sino también en la nuestra.


Se acercan las fechas estivales, y las costas comienzan a poblarse de bañistas ansiosos por zambullirse en el agua y disfrutar de una ola de frescor. Apaciguar el calor externo adentrándose en las aguas del Mediterráneo es una de las principales motivaciones de las miles de personas que eligen alguno de sus enclaves para pasar las vacaciones de verano.

Pero el mar Mediterráneo se ha convertido en las últimas décadas en un punto caliente del cambio climático, y sus aguas han sufrido un aumento de temperatura que no deja de marcar récords cada año. Según el Informe Mar Balear, en los últimos 40 años su temperatura superficial ha aumentado 1,5 ºC. Cada verano, desde hace varios,  el mercurioen el Mediterráneo sube respecto al anterior. El año pasado llegó a superar los 28 ºC. Los veraneantes, que buscan olas de frescor, se encuentran cada vez más calor.

La temperatura del Mediterráneo se incrementa cada año, y en 2024 llegó a superar los 28ºC durante un período de tiempo prolongado

Olas de calor marinas que se suceden cada año no solo en el Mediterráneo sino también en las aguas del noreste del Pacífico, del suroeste del Atlántico, en el mar de China e incluso en el golfo de Alaska. Estos episodios climatológicos conllevan incrementos de la temperatura del agua entre 3ºC y 4ºC por encima de la media de las máximas (usando como referencia los valores de los 30 años anteriores) durante un mínimo de 5 días.

Su proliferación tiene una estrecha relación con el cambio climático. Principalmente están provocadas por el el calentamiento de la superficie marina desde la atmósfera. Otras de sus causas son la velocidad de los vientos (si es baja no logra movilizar el calor atmosférico) y las corrientes oceánicas (pueden acumular agua cálida en áreas específicas). Pero es la escalada de la temperatura atmosférica lo que conlleva que se repitan cada vez con mayor frecuencia e intensidad, y en más zonas de la geografía marina. A su vez, este calentamiento marino potencia el cambio climático al reducir la capacidad de los océanos para absorber CO2.

Las consecuencias van desde el cambio de la biodiversidad marina a la mortalidad masiva de determinadas especies, especialmente los corales, pasando por el incremento de la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. El aumento de la temperatura de las aguas potencia que se multipliquen y refuercen las lluvias torrenciales en las costas colindantes, ya que el agua del mar les añade fuerza y energía.

Al afectar a la salud y supervivencia de numerosas especies marinas, las olas de calor impactan directamente en la seguridad alimentaria y el trabajo de las poblaciones costeras afectadas. Cada año, muchos pescadores se ven obligados a abandonar sus  caladeros  de pesca habitual debido a la disminución de poblaciones y especies. El turismo, que suele ser otra de las fuentes de ingresos principales de estas poblaciones, también merma.

Las olas de calor marinas incrementan la mortalidad de especies imprescindibles para la biodiversidad, como los corales, y la sucesión de fenómenos meteorológicos extremos

Afortunadamente, cada día aumenta la concienciación sobre la importancia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que, junto a numerosas campañas de sensibilización sobre la conservación de nuestros mares y océanos y ambiciosos proyectos de restauración de los hábitats costeros facilitará que podamos hacer frente a las olas de calor marinas.

A nivel institucional, se han comenzado a implantar acciones de previsión y seguimiento del calentamiento de las aguas, como el Servicio Marino del Programa Copernicus, de la Unión Europea. Gracias a esta iniciativa, contamos con indicadores de monitoreo de los mares y océanos que permiten implementar políticas públicas que ayuden a frenar la proliferación de las olas de calor marinas y protejan la biodiversidad de las aguas y todos los beneficios que nos proporcionan. 

Theresa Zabell: «Tenemos la misión de proteger nuestra casa, que es más agua que tierra»

Fundada en 1999 por Theresa Zabell, la Fundación Ecomar es una organización sin fines de lucro comprometida con la conservación y preservación de los mares. Su misión es proteger y restaurar los ecosistemas marinos, cuidando de la biodiversidad, combatiendo la contaminación, sensibilizando a la población y promoviendo un estilo de vida saludable y sostenible.


Cuando se creó Ecomar, en 1999, no había la misma concienciación que en la actualidad sobre la importancia de cuidar los mares y el medio ambiente. ¿Cuáles fueron las razones que la llevaron a crear la Fundación?

Ecomar nació después de una carrera deportiva de más de 20 años navegando por todos los mares del mundo, que me sirvió para darme cuenta de que mi terreno de juego, el mar, estaba enfrentándose a retos cada vez más difíciles. Sentí que tenía la responsabilidad de trasladar a la sociedad estos mensajes y empezar a formar parte de la solución. Fue la realización de un sueño que comencé a tener cuando era adolescente y no entendía por qué el mar tenía cosas flotando que no eran suyas. Me propuse ayudarle y ya llevamos 25 años haciéndolo.

¿Qué retos había entonces y qué retos hay ahora? ¿Han cambiado mucho las necesidades del mar? 

Hace 25 años el gran reto era conseguir que la población entendiera que nuestros mares estaban en peligro y que teníamos que actuar. Nuestros mares y océanos eran tan inmensos que nos parecía que eran capaces de «tragar» todo lo que les mandábamos. Desde Ecomar hemos trabajado con más de 2,5 millones de personas a través de las cuales educamos, concienciamos, actuamos y reparamos todo lo que podemos. La tarea es enorme, pero anima mucho ver cómo niños que han pasado por nuestros programas educativos están ahora en puestos de toma de decisión.

Después de 25 años, ¿cuál considera el mayor logro de la fundación? 

Una fundación no cumple 25 años si no sirve a la sociedad y a las personas. Ecomar llegó para demostrar que las cosas también se podían hacer de otra manera, de forma inclusiva, contando con las empresas, las instituciones y las personas, centrándonos no solo en el qué sino también en el cómo. Lo que nosotros llamamos la «filosofía azul». Nuestra manera de hacer las cosas ha calado muy hondo, y servido de modelo para muchos otros que siguen nuestra estela. Se han subido a nuestra ola y la siguen surfeando. Sin ninguna duda, esto y los más de dos millones y medio de personas que han pasado por nuestras actividades son los mayores logros de la Fundación Ecomar.

Una parte muy importante del trabajo de Ecomar es la educación y sensibilización. ¿Cuáles son las principales actividades educativas que llevan a cabo y qué resultados han observado?

Nuestro primer proyecto educativo fue un concurso escolar en el que los mejores eran premiados con una Semana del Mar. Con la crisis económica nos tuvimos que reinventar y ahora hemos volcado toda nuestra experiencia y conocimiento en una plataforma digital con la que llegamos a muchos más niños, niñas y adolescentes. Conseguimos, a través de todos nuestros programas, que  los participantes conozcan el papel fundamental que juegan nuestros mares y océanos en nuestra supervivencia en este planeta, el problema al que nos enfrentamos como humanidad. Conseguimos también que quieran ponerle solución. Asimismo, tenemos el programa educativo de la Grímpola Ecomar, que está implantado en un centenar de clubes de España y Portugal en los que los niños que van a aprender un deporte náutico también aprenden lo que les da y cómo cuidar su terreno de juego.

¿Qué papel cree que juegan adolescentes y personas jóvenes en este proceso? ¿Cómo fomenta Ecomar su participación?

Las nuevas generaciones juegan un papel importantísimo. De lo que aprendan ahora depende el futuro del planeta. Ecomar les educa y conciencia en cada uno de sus programas. Les hacemos partícipes de actividades como una limpieza de costas para que vean de primera mano la realidad de la situación. A partir de ese momento se quieren involucrar más y acaban siendo nuestros «embajadores».

Uno de sus proyectos recientes es la plataforma Bosque Marino, en colaboración con Redeia. ¿Cómo surge esta iniciativa y en qué consiste?

Después de años estudiando cómo dar un paso al frente en la recuperación de ecosistemas marinos para ser más útiles a la sociedad y el planeta, nos aliamos con Redeia, que lleva 10 años trabajando una iniciativa pionera. En la Fundación Ecomar nos gusta trabajar en equipo y sumar esfuerzos para conseguir mayores resultados con menor inversión, y por ello nos juntamos para constituir la plataforma Bosque Marino. No solo se trata de restaurar las praderas de posidonia, que también, sino de implantar una manera de hacerlo junto con la comunidad científica y la colaboración público-privada, que la iniciativa sea escalable, y así conseguir en un futuro un verdadero cambio. Además, haremos talleres en colegios e institutos para que los más jóvenes aprendan a identificar y valorar esta planta, sean partícipes del proyecto y crezcan sabiendo cómo cuidarla.

A partir de vuestra experiencia colaborando con Redeia, ¿qué papel juega el sector privado en la conservación de los ecosistemas marinos?
El capital privado es fundamental para la conservación y el equilibrio de nuestro planeta en general, y en la Fundación Ecomar involucramos al sector privado en todas nuestras actividades. Sin su apoyo no habríamos sobrevivido. Todos estamos en el mismo barco, metafóricamente hablando, y debemos remar en la única dirección posible: la de proteger nuestra casa que, dicho sea de paso, es más agua que tierra. Con Redeia participamos en un proyecto muy innovador, que estoy segura va a sorprender gratamente a muchos.

Una de las primeras acciones del proyecto Bosque Marino es la restauración de posidonia oceanica en las aguas de la Comunitat Valenciana. ¿Cuál es la finalidad de esta iniciativa?

Empezar a regenerar los fondos marinos del Mediterráneo, que están muy deteriorados por diferentes razones. El objetivo es restaurar 30 hectáreas de aquí al 2030 en línea con la reciente Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea y con los objetivos globales de biodiversidad y conservación marina de la ONU.

¿Cómo seleccionan las áreas donde desarrollan proyectos como Bosque Marino? 

Los científicos y expertos en la materia con los que trabajamos hacen estudios exhaustivos, bajan a examinar los fondos y valoran el número de plantaciones que hay que realizar. A partir de ahí se valora la viabilidad y se eligen las localizaciones en función de la necesidad y de dónde se estima que pueda haber una mayor tasa de supervivencia.

¿Es parecido este proyecto a otros como Acción Posidonia? ¿Qué diferencias o similitudes destacaría de ambos?

Son proyectos paralelos con un mismo objetivo. En el proyecto Acción Posidonia, Redeia es uno de los socios, además de un apoyo fundamental. El objetivo es mejorar la salud ambiental de las praderas de posidonia oceanica involucrando al sector pesquero, a los científicos y a la ciudadanía, promoviendo a su vez la sensibilización ambiental de la sociedad y la I+D en la mitigación del cambio climático. Acción Posidonia forma parte del Programa Pleamar de Fundación Biodiversidad y cuenta con fondos de la Unión Europea.

Su vida siempre ha estado muy ligada al mar y al deporte. ¿Cómo puede promover el deporte una mayor concienciación y compromiso con el medio ambiente?
Me gusta decir que el deporte es la mejor escuela para la vida, ya que a través de él aprendemos una serie de valores que difícilmente podríamos adquirir de otra manera. Los deportes practicados en la naturaleza, además, te enseñan la importancia de tu «terreno de juego», en mi caso el mar. Al final todos cuidamos aquello que amamos, y es un buen comienzo para empezar a cuidar nuestro entorno.

Para quienes tengan interés en contribuir a la conservación marina, pero no saben por dónde empezar, ¿qué consejo daría?

Los cambios empiezan por pequeñas acciones, decisiones que tomas en tu día a día, como lo que consumes y su procedencia. Los animaría a que sigan nuestros diferentes canales de comunicación para aprender gestos que puedan impactar positivamente en el estado de nuestro planeta, y a que se hagan Socios Ecomar con una pequeña cuota que es 80% desgravable, que además de ser una gran ayuda para nosotros, sirve para que puedan participar en nuestras actividades.

Marina Palacios: «Los arrecifes de coral ocupan el 1% del planeta y albergan el 25% de la vida marina»

Jose Salido - Coral Soul

Marina Palacios Miñambres es una científica marina y ambientóloga que cofundó y dirige Coral Soul, asociación que trabaja por la recuperación de los arrecifes de coral del Mediterráneo y que cuenta con un proyecto pionero para la restauración y protección de los mismos. Este programa ha sido financiado durante 3 años por Coral Guardian y en los próximos 18 meses será cofinanciado por el FEMPA (Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura) dentro de la Convocatoria Pleamar de la Fundación Biodiversidad. Hablamos con ella de dicha iniciativa y de la importancia de los arrecifes de coral para la conservación de la biodiversidad marina.


Además de científica marina y ambientóloga, eres una experta buceadora. ¿Tu fascinación por los ecosistemas marinos comenzó a través de dicha actividad o venía de antes?

La verdad es que mi amor hacia el mar comienza desde pequeñita. Mis primeros recuerdos son en la playa, con mis padres, que también son grandes amantes del mar. Y siempre tuve claro que quería trabajar protegiéndolo. En cuanto cumplí 17 años me fui a estudiar a Cádiz, y desde entonces todos los pasos de mi carrera profesional se han orientado hacia la conservación de la biodiversidad marina, y especialmente de los corales.

Desde Coral Soul trabajáis por la conservación marina a través de la restauración de arrecifes de coral que se encuentran amenazados. ¿Qué  papel juegan dichos arrecifes en la protección de la biodiversidad marina?

Los arrecifes son elementos fundamentales en la vida marina porque nos dan una serie de servicios ecosistémicos. Son generadores de vida por su capacidad de concentración de especies, que hace que cientos de ellas dependan de los corales. Si los corales desaparecen, también lo harían muchas especies marinas. Además, actúan como sumideros de CO2, por lo que ayudan a combatir el cambio climático. Y no podemos olvidar que son bioindicadores que registran cualquier cambio que se produce en el ecosistema, por lo que monitorizarlos permite controlar los cambios de nuestros ecosistemas marinos. Por último, son motores socioeconómicos de numerosas poblaciones, tanto a nivel pesquero como turístico.

¿Cuáles son los principales riesgos que corren los arrecifes de coral?

Los principales riesgos son el estrés térmico por el aumento de la temperatura de las aguas, la sobrepesca, la acumulación incontrolada de todo tipo de residuos, físicos y químicos, e incluso el coleccionismo, que en algunas zonas está acabando con los arrecifes. 

«Los proyectos de Coral Soul se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización»

En 2021, desde Coral Soul lanzasteis Deep Core Project, un plan pionero en la recuperación de arrecifes. ¿En qué consiste el proyecto?

En Coral Soul trabajamos con los denominados arrecifes profundos, en este caso los que se sitúan a entre 30 y 60 metros de profundidad. El proyecto Deep Core Project surge como una necesidad imperativa de actuar ante la desaparición de un ecosistema dominado por una población única de coral candelabro en los arrecifes profundos de la Zona de Especial Conservación de los acantilados y fondos marinos de la Punta de la Mona en la costa de Almuñécar, Granada. A pesar de ser una zona protegida, no se le ha otorgado ningún plan de ordenación de los recursos y sufre un impacto de años por el abandono accidental de elementos propios de la pesca y el fondeo de embarcaciones como redes, anclas y cadenas. Lo primero que hicimos fue crear una red científica, junto con diversas instituciones públicas y privadas, para estudiar el ecosistema desde todos los puntos posibles. Desarrollamos desde estudios genéticos y de ADN hasta otros poblacionales de las especies que vivían en los arrecifes, pasando por  investigar la hidrodinámica de las corrientes y los parámetros ambientales y, sobre todo, un estudio geomorfológico. A partir de ahí arranca un programa de saneamiento para retirar todos los residuos, y aquellos corales fracturados y, por tanto, heridos, se trasladan a las guarderías de corales.

¿Qué es exactamente una guardería de corales?

Cuando el coral se parte o fisura se produce una herida que es colonizada por parásitos. Estos les provocan enfermedades que, poco a poco, acaban con su vida. Es imprescindible, para que puedan repoblarse, someterlos a un tratamiento previo que pueda curar las patologías que tienen. Hemos logrado detectar hasta ocho patologías distintas. Una vez el coral está totalmente curado se devuelve de nuevo al arrecife, insertándolo en zonas estratégicas previamente estudiadas donde tiene asegurada su total recuperación. En eso consisten las guarderías de coral, en espacios habilitados en la misma profundidad en que estos habitan para poder tratarlos y curarlos. El proyecto cuenta con tres, cada una para un rango de profundidad.

¿Los resultados de las acciones desarrolladas hasta la fecha dentro de Deep Core Project son positivos?

Desde que arrancamos el proyecto la abundancia de peces en la zona ha aumentado en un 75%, la de invertebrados y fauna asociada en un 42% y, tras tres años de seguimiento, hay un 91% de supervivencia de los corales tratados.

¿Es extrapolable este proyecto a otros territorios marinos, a nivel global?

Sí, hemos comprobado que las técnicas empleadas son replicables e incluso adaptables a otros tipos de corales. Concretamente, tras el éxito de Deep Core Project, arrancamos un proyecto con el apoyo de la Unión Europea en Cerdeña para recuperar corales sometidos a estrés térmico, y otro conjuntamente con la Universidad del Algarve, en Portugal, para recuperar corales de sus costas.

Sin duda, para facilitar la conservación de los arrecifes de coral, son imprescindibles las labores de conservación e investigación que realizáis. Pero, ¿qué importancia tiene en dicha conservación la sensibilización social?

Muchísima. Los proyectos que desarrollamos se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización. Trabajamos para involucrar a la población local, al sector pesquero, con el que realizamos sesiones de trabajo para transmisión de conocimientos horizontales, a las administraciones y a la ciudadanía en general, incluso con programas de sensibilización para menores de edad que desarrollamos en toda España, no sólo en poblaciones costeras.

«Los principales riesgos que corren los arrecifes de coral son el estrés térmico, la sobrepesca, la acumulación de residuos, e incluso el coleccionismo»

¿Cómo puede contribuir un ciudadano de a pie a la conservación y la recuperación de corales? ¿Qué actividades ciudadanas generan más impacto sobre ellos?

Lo primero es el apoyo y la colaboración con entidades y proyectos de recuperación. Lo segundo es la sensibilización, ser conscientes del valor que tienen los arrecifes de coral y el peligro que corren, por desgracia. Y, por último, el conocimiento de la importancia de las pequeñas acciones. Tenemos que tener siempre presente el poder que tenemos cada uno de nosotros. Algunas actividades que podemos realizar son apostar por un consumo adecuado de los recursos marinos, una correcta gestión del agua, el reciclaje o la disminución del uso de cualquier tipo de residuos. Y por supuesto, impulsar planes de gestión para que áreas marinas protegidas sirvan como zonas resilientes y como el corazón para recuperar y para mantener los ecosistemas.

Entiendo que también es importante la participación de las administraciones públicas. ¿Existe normativa legal orientada a la protección de los arrecifes de coral?

Sí, nuestros arrecifes forman parte de zonas catalogadas como Hábitat de Interés Comunitario (HIC) para los que la Unión Europea quiere garantizar la conservación, o ya a nivel estatal como Zona de Especial Conservación (ZEC) o Parque Natural. El problema surge cuando, a pesar de pertenecer a zonas protegidas, no se desarrollan planes de gestión adecuados para asegurar tal protección.

Por último, ¿podrías facilitarnos algún dato que confirme la aportación a la biodiversidad marina de los arrecifes de coral restaurados?

El dato más relevante es la constatación de que los arrecifes de coral tan solo ocupan el 1% de la superficie del planeta, pero albergan el 25% de la vida marina. A día de hoy, hemos perdido casi la mitad de los arrecifes de coral a nivel global. De continuar así, en 2050 habremos perdido más del 70%, por lo que es vital para la vida en nuestro planeta el seguir trabajando en su conservación.

Jardín de pulpos, ¿por qué miles de cefalópodos anidan en este lugar?

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En 2018 investigadores estadounidenses descubrieron miles de pulpos que anidaban en un lecho marino profundo cerca de la costa de California. Un exótico hallazgo que fue denominado con el nombre de “Jardín de Pulpos”. Tras varios años de investigación se han descubierto las razones por las que este lugar es tan atractivo para los cefalópodos. 

Cinco obras de arte que conciencian sobre el cambio climático

Ice Watch, 2014 Bankside, outside Tate Modern, London, 2018 Photo: Charlie Forgham-Bailey

El arte contemporáneo invita a la reflexión sobre la acción climática uniendo belleza con reivindicación en obras de distinto tipo.


El arte contemporáneo funciona como forma de expresión, y a veces con un fin medioambiental o social. Desligar la obra de su contexto siempre ha sido tarea difícil, más en algunos artistas que han querido capturar la urgencia del cambio climático en sus obras y a la vez invitar al público a reflexionar sobre una acción conjunta para solucionar el problema. El «climate change art» o «arte del cambio climático» lleva ya varios años aunando arte y reivindicación. Estas son algunas de sus obras más destacadas.

  • Ice watch de Olafur Eliasson

En 2014, el danés Olafur Eliasson trajo a Europa varios bloques de hielo desde Groenlandia para crear una instalación temporal en varias ciudades emblemáticas (Copenhague, París y Londres). Los bloques fueron colocados de modo que simularan un reloj. ¿La reflexión? La cuenta atrás para la desaparición de los glaciares: la instalación se daba por terminada cuando los bloques de hielo se derretían por completo. 

Ice Watch, 2014
Bankside, outside Tate Modern, London, 2018
Photo: Charlie Forgham-Bailey
  • Rising de Marina Abramovic

En Rising (2018), la artista serbia aparece como protagonista de un videojuego de realidad virtual. En él, vemos cómo se ahoga poco a poco a medida que sube el nivel del mar. El espectador puede participar en la performance al elegir si salvar o dejar morir a Abramovic y, por tanto, simbólicamente, al planeta. Recientemente la artista también ha presentado Performance for the Oceans (2024), una acción en colaboración con Fundación Blue Marine en la que lanza su súplica por la supervivencia de la Tierra emulando el cuadro El caminante sobre un mar de nubes de Caspar David Friedrich.

Marina Abramović, still from
Rising. Courtesy of Acute Art
  • Crochet Coral Reef Project

Este proyecto colectivo, dirigido por Christine y Margaret Wertheim, pone la mirada sobre los arrecifes de coral y su destrucción. Más de 20.000 artistas han aportado su técnica para tejer un arrecife de coral de crochet gigante, una obra que, según sus creadoras, tiene mucho que ver con el tiempo: el que lleva tejer cada uno de los corales y el que se le está echando encima al planeta Tierra. 

  • I don’t believe in global warming de Banksy

Varios artistas como Pejac o Banksy han utilizado su arte para concienciar a los viandantes de decenas de ciudades del mundo. El arte urbano es una manera sencilla y visual de reflexionar sobre el trato que le estamos dando a nuestro planeta. Un ejemplo es la metáfora visual «I don’t believe in global warming», «no creo en el calentamiento global», que Banksy escribió en el Regent’s Canal de Londres para mostrar con ironía los efectos más visibles del problema.

Banksy is a climate change denier
21 de diciembre de 2009
Matt Brown
  • Ghost forest de Maya Lin

En 2021, el Madison Square Park de Nueva York se convirtió en el hogar de 49 cedros blancos muy particulares. Y es que los árboles fueron plantados ya muertos como parte de una instalación que pretende mostrar los resultados materiales del cambio climático.

Ghost Forest, 2021. 49 Atlantic white cedars.
Collection the artist, courtesy Pace Gallery. ©2020 Maya Lin.
Photograph by Rashmi Gill/Madison Square Park Conservancy.
The exhibition was organized by Madison Park Conservancy, New York, and is on view from May 10, 2021 to November 14, 2021.
Photo credit: Rashmi Gill

Claudio Barría: «Nuestro vínculo con el mar y su importancia en nuestras vidas es innegable»

El 70% de la superficie del planeta es mar. Un mar en el que, como explica Claudio Barría, «hay una diversidad que ni siquiera somos capaces de imaginar». Doctor en Ciencias del Mar, profesor de la UAB, miembro del grupo de expertos de la UICN y cofundador de Catsharks, Claudio Barría nos habla de la importancia de la biodiversidad marina. Es experto en tiburones y rayas y su investigación la ha desarrollado en diferentes lugares, como el Océano Pacífico, el Atlántico y el Mar Mediterráneo. 


¿Qué te motivó a especializarte en biología marina y, en particular, en tiburones y rayas?

Mi familia se dedica a la pesca y crecí en un ambiente marino. Siempre he sentido atracción hacia el mar y todo lo que habita en él. ¿Por qué no dedicarme a explorar lo que se encuentra en sus profundidades y trabajar para conservarlo? Mi fascinación por los tiburones y las rayas comenzó cuando, de niño, encontré un tiburón pequeño en el bote de pesca de mi familia, era una musola. Tenía las aperturas branquiales descubiertas, dientes diferentes y cuerpo alargado. En ese momento surgió mi amor por descubrir más sobre este grupo de peces tan particular. Posteriormente, ya en la universidad, me di cuenta de que los tiburones son animales bastante estigmatizados y sentí que alguien debía hacer algo para evitar que desaparecieran.

¿Qué proyectos de investigación científica estáis desarrollando actualmente en Catsharks?

Acabamos de obtener un proyecto nacional, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y en colaboración con la Universidad de Oviedo, para investigar si se están comercializando especies en peligro de extinción y qué podemos hacer para reducir esta práctica. Vamos a identificar las especies presentes en el Mediterráneo y en el Atlántico a través de análisis de ADN y de visitas a las lonjas. También tenemos un proyecto para establecer protocolos básicos para mantener a los tiburones en cautiverio, con el objetivo de recuperar algunas poblaciones que están a punto de desaparecer. Además, participamos en el proyecto «Tiburones y Rayas», dentro de la iniciativa Observadores del Mar, que involucra a la ciudadanía en la identificación de lugares prioritarios para la conservación de tiburones y rayas en España. 

«Los tiburones son animales bastante estigmatizados y sentí que alguien debía hacer algo para evitar que desaparecieran»

Uno de vuestros últimos estudios aborda los niveles de concentración de metales pesados en tiburones, rayas y quimeras del Mediterráneo occidental. ¿Cuáles son los principales hallazgos de este estudio? 

Este estudio fue desarrollado por Pol Carrasco, socio de Catsharks, como parte de su trabajo de máster, que tuve el honor de dirigir. Es el análisis de metales pesados que ha abarcado la mayor cantidad de especies de tiburones, rayas y quimeras en todo el Mediterráneo: se analizaron 116 muestras de tejido muscular de 17 especies de condrictios del Mediterráneo occidental. Los tiburones mostraban mayores concentraciones de cadmio y cobre y las quimeras presentaban la mayor concentración de plomo. Dentro del grupo de condrictios, las rayas eran las que tenían menores concentraciones de metales pesados. A nivel de especies, el tiburón negrito (Etmopterus spinax) presentaba las concentraciones más elevadas de cadmio y cobre y la quimera (Chimaera monstrosa) tenía las mayores concentraciones de plomo. Ambas superaban los niveles permitidos por la UE, por lo que no se recomienda el consumo. Sin embargo, aún quedan especies por evaluar, muchas de ellas se consumen habitualmente. 

¿Qué importancia tienen los tiburones, rayas y quimeras para el equilibrio del medio marino? ¿Cuáles son las principales amenazas a las que se enfrentan actualmente?

Los tiburones y rayas son depredadores y cumplen un rol fundamental en la estructuración de las cadenas alimenticias marinas, influyendo en ellas desde arriba hacia abajo. Para explicarlo mejor, suelo utilizar el modelo del castillo de naipes, que representa nuestra red trófica marina. Si retiramos las cartas basales, el castillo se derrumba: es lo que ocurriría si hubiera alteraciones en el plancton. Si quitamos las cartas superiores, el castillo de naipes también puede colapsar y sería lo que ocurriría con la desaparición de tiburones y rayas. Este colapso podría ocurrir por la sobrepesca, el uso de artes de pesca poco amigables con el medio ambiente, la contaminación, la degradación de hábitats o el cambio climático.

¿Cómo está afectando el cambio climático y la sobrepesca a estas especies marinas?

Aunque es difícil evaluar la situación de las 1.200 especies de tiburones y rayas, casi la mitad están amenazadas o cerca de la amenaza de extinción. La sobrepesca ha reducido las poblaciones de tiburones en algunas zonas en más del 70% en los últimos 50 años, y otras especies están al borde de la extinción. Se estima que más de 100 millones de tiburones mueren cada año como resultado de la pesca dirigida y accidental en todo el mundo. El cambio climático está provocando un aumento del nivel del mar, olas de calor marinas, anomalías térmicas, acidificación del océano y cambios en las corrientes marinas. Estos cambios han afectado al metabolismo de algunos tiburones y sus crías y es probable que muchos tiburones se vean obligados a cambiar sus rutas migratorias o a desplazarse hacia aguas más profundas en busca de mejores condiciones para su supervivencia.

«Se estima que más de 100 millones de tiburones mueren cada año como resultado de la pesca dirigida y accidental en todo el mundo»

¿Qué podemos hacer la ciudadanía para no contribuir a la pesca de especies amenazadas?

El papel de la ciudadanía es fundamental. Una persona informada tiene el poder de decidir si quiere consumir especies en peligro de extinción o no. Se están dando pasos para aumentar la sensibilización y la información disponible sobre la situación de estas especies, lo que permitirá a la ciudadanía tomar decisiones más conscientes y responsables. Vamos en esa dirección, pero aún queda mucho por hacer.

¿Qué papel tiene la ciencia en la creación de políticas de conservación efectivas?

Desempeña un papel crucial, ya que permite a las administraciones implantar acciones de manejo adecuadas. Es fundamental que se trabaje de manera conjunta y continua en procesos que son cada vez más urgentes, como la adopción de medidas efectivas a través de un plan de acción nacional, integral y con recursos en el tiempo. Este plan debería incluir la recuperación de las poblaciones, la divulgación científica, la educación, el seguimiento de los planes de acción y la fiscalización, entre otras prioridades. 

¿Cómo se está abordando la conservación de los elasmobranquios en otras partes del mundo?

Por ejemplo, en Estados Unidos se realizan seguimientos detallados de la pesca recreativa; en Colombia, se prohíbe la pesca de tiburones y rayas; en Chile, se realizan pescas exploratorias de rayas para evaluar sus abundancias; y en Reino Unido o Maldivas, se promueven actividades de ecoturismo. En Suecia y Suiza, el etiquetado de productos pesqueros es mucho más riguroso. En lugares como Isla Cocos o Indonesia, se han establecido áreas protegidas donde las poblaciones de tiburones han comenzado a recuperarse tras una tendencia a la baja. Existen diversas medidas de gestión que pueden ser efectivas, pero es crucial que se adapten a las necesidades específicas de cada país.

¿Qué actividades turísticas, como el buceo o la pesca recreativa, tienen mayor impacto en los elasmobranquios? 

Con una buena regulación, el buceo no genera ningún impacto negativo en tiburones y rayas. En el caso de España, las actividades de observación contribuyen a la ciencia ciudadana y deberían potenciarse para promover el conocimiento de nuestra biodiversidad. En cambio, la pesca recreativa tiene un impacto sobre las especies capturadas y su ecosistema. Solo en Baleares existen más de 49.000 licencias de pesca recreativa, pero los datos de estas pescas no llegan a ningún repositorio público. Aunque existen pescadores responsables e informados, esta actividad debería estar mejor regulada. 

Como divulgador, ¿por qué crees que la ciudadanía debería interesarse por la biología marina y la protección de los océanos?

Aproximadamente la mitad de la población mundial vive en zonas costeras; nuestro vínculo con el mar y su importancia en nuestras vidas es innegable. Disfrutamos este privilegio casi todo el año, especialmente en primavera y verano. Además, del mar extraemos alimentos y generamos productos farmacéuticos. El mar regula las temperaturas de muchas ciudades y del planeta en general, ayuda a mitigar la erosión costera, actúa como un importante sumidero de carbono y nos ofrece beneficios turísticos, culturales, recreativos, estéticos y espirituales. El 70% de la superficie del planeta es mar y bajo esa superficie hay una diversidad que ni siquiera somos capaces de imaginar.

Así ayuda la legislación de la pesca de arrastre a proteger el medio marino

La pesca de arrastre, aunque efectiva, causa daños graves en los ecosistemas marinos. Para proteger estos hábitats, se han implementado regulaciones en todo el mundo, incluyendo España, que promueven una pesca más sostenible. Estas medidas buscan equilibrar la explotación de los recursos marinos con la conservación ambiental, inspiradas en la labor de pioneros como Anita Conti.


La pesca de arrastre es una técnica eficaz para capturar peces y mariscos, pero también es una de las más criticadas por su impacto devastador en el medio ambiente marino. Consiste en arrastrar una red pesada por el fondo del mar o a través de la columna de agua. Esto causa daños graves en hábitats como arrecifes de coral, praderas de pastos marinos y montes submarinos, ecosistemas esenciales para la biodiversidad marina al proporcionar refugio y zonas de reproducción para muchas especies. La pesca de arrastre puede destruir estos hábitats en poco tiempo, como se ha observado en los Montes Submarinos del Atlántico Norte, donde los corales de aguas profundas fueron arrasados en horas.

España, como miembro de la UE, ha adoptado estas regulaciones, estableciendo zonas protegidas y limitando la pesca de arrastre en áreas sensibles

Además de destruir hábitats, la pesca de arrastre es altamente no selectiva, ya que se capturan especies no deseadas. Es lo que se conoce como captura incidental o bycatch. Entre estas especies se incluyen tortugas, aves y mamíferos marinos, que a menudo son devueltos al mar muertos o heridos, lo que representa un desafío adicional para la conservación del medio marino.

Para mitigar estos daños, la gestión y la legislación sostenible han sido herramientas fundamentales. En 2016, la Unión Europea (UE) fue pionera en implementar el Reglamento de Protección de los Ecosistemas Marinos Vulnerables para prohibir la pesca de arrastre en profundidades mayores a 800 metros. En 2022, la UE reforzó estas políticas con un reglamento específico para el Mediterráneo Occidental, que buscaba reducir el esfuerzo pesquero en un 40% para 2025.

Conti dedicó su vida a documentar en libros y fotografías los impactos de la pesca industrial y abogó por prácticas sostenibles

España, como miembro de la UE, ha adoptado estas regulaciones, estableciendo zonas protegidas y limitando la pesca de arrastre en áreas sensibles. La Red Natura 2000 es un ejemplo de estos esfuerzos, abarcando áreas marinas donde la pesca de arrastre está restringida para preservar la biodiversidad. Además, proyectos como Indemares han trabajado en identificar y proteger otras áreas marinas ecológicamente importantes en aguas españolas.

A nivel global, otros países también han tomado medidas para restaurar ecosistemas dañados. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, se ha trabajado en la restauración de la Bahía de Hawke, reintroduciendo ostras y creando arrecifes artificiales para recuperar la biodiversidad. Estos esfuerzos muestran que, aunque el daño es significativo, la recuperación es posible con medidas adecuadas.

La Confederación Española de Pesca (Cepesca) ha promovido prácticas más sostenibles en España, como el uso de dispositivos en las redes de arrastre para reducir la captura incidental. Además, Cepesca colabora con científicos para monitorear la salud de los ecosistemas marinos, apoyando un equilibrio entre la explotación y la conservación.

El legado de figuras como Anita Conti, pionera en la lucha por una pesca responsable, han sido fundamentales en este contexto. Conti dedicó su vida a documentar en libros y fotografías los impactos de la pesca industrial y abogó por prácticas sostenibles. Influyó en la conciencia pública y en la formulación de políticas que hoy ayudan a proteger los océanos.

En esta línea, la legislación sobre la pesca de arrastre es crucial para proteger los ecosistemas marinos. Estas regulaciones, junto con proyectos de restauración y la promoción de prácticas sostenibles, están ayudando a preservar la salud de los océanos y a asegurar que la explotación de los recursos marinos sea sostenible para las futuras generaciones.