Categoría: Agenda 2030

El rostro de la pobreza en España, cada vez más joven

Lo tenemos como el primero de nuestros Objetivos de Desarrollo Sostenible y, sin embargo, los datos no son muy alentadores. Hablamos del Fin de la Pobreza, una problemática que dependiendo del contexto económico y social de cada país se manifiesta de diferentes formas. En España los datos relativos a pobreza arrojan una imagen desoladora para niños, niñas, adolescentes y adultos jóvenes, los más afectados por la sucesión de crisis, una generación con unos indicadores y tasas de riesgo de pobreza alarmantes.

Son diversos los informes que, incluso con anterioridad a la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, alertan sobre la necesidad de tomar medidas efectivas si no queremos agrandar la brecha generacional que existe actualmente en nuestro país. Uno de ellos es ‘El Mapa de la Pobreza Severa en España. El Paisaje del Abandono’ presentado el pasado mes de septiembre por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES). Según este documento el factor edad es especialmente determinante: la población menor de 17 años es el grupo más afectado estando un 14,1% en pobreza severa. Le siguen el colectivo menor de 30 años, que alcanza el 11%.

España deberá dedicar 527 millones de euros del Fondo Social Europeo Plus a la lucha contra la pobreza infantil

A pesar de ser España la cuarta economía de la zona euro, los datos sobre pobreza infantil nos sitúan en el tercer puesto dentro de la Unión Europea, por detrás de Rumanía y Bulgaria. Frente a la necesidad de abordar este gran reto surge una oportunidad única tras la puesta en marcha desde Bruselas de la Garantía Infantil Europea, mediante la cual los países con mayores tasas de pobreza infantil de la Unión Europea deberán dedicar al menos el 5% del Fondo Social Europeo Plus a combatirla en el nuevo periodo 2021-2027. Para España esto implica un total de 527 millones de euros, inversión para la que el Ministerio de Derechos Sociales deberá elaborar un Plan de Acción nacional en 2022. Para la redacción de esta hoja de ruta Unicef, junto al Ministerio, presentará a la Comisión Europea un informe sobre la situación inicial que sirva como base para detectar tanto a los colectivos más vulnerables como las medidas e indicadores que deberá abordar la propuesta.

Desempleo y falta de recursos económicos

Con respecto a la población menor de 30 años, las estadísticas arrojan una fotografía de gran desamparo en España: la renta media para quienes aún no han cumplido los 30 es de 10.156 euros al año. En mayo de 2021, la tasa de desempleo de las personas menores de 25 años era del 36,9%, una cifra sólo superada por Grecia. Pero aún hay más, un informe elaborado por el Observatorio Social La Caixa afirma que la riqueza neta media de los millennials es de 3.000 euros, frente a los 63.400 euros de la generación anterior. Así, sólo el 44% de los primeros tienen su vivienda en propiedad, frente al 65% de la generación X. Incluso quienes —a pesar de las altas tasas de paro— consiguen trabajo, deberían dedicar el 92,9% de su salario neto a pagar los 904 euros mensuales que costaba de media alquilar una vivienda en 2020. La consecuencia directa también nos la da el informe del Observatorio, con apenas un 18,6% de las personas entre 16 y 29 años emancipadas.

Apenas un 18,6% de las personas de entre 16 y 29 años están emancipadas

Las causas y consecuencias se entrelazan en un ciclo que se retroalimenta y que está lleno de contradicciones: los condicionantes socioeconómicos de los hogares más pobres engrosan las tasas de abandono escolar, mientras que la generación más preparada de españoles se enfrenta a una de las mayores tasas de paro de la democracia. Es necesario un pacto generacional que reconcilie las posibilidades y oportunidades independientemente de la edad, que apueste por una infancia y una juventud con oportunidades reales, y que dé soluciones a la población más joven.

«Todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad»

Conce Macías, directora de proyectos en AlmaNatura, comparte su perspectiva sobre el problema multifactorial que atañe a la España vacía: igualdad de género y sostenibilidad como bases del nuevo mundo rural.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la población activa femenina constituye tan solo el 49%, mientras que en el caso masculina esta cifra alcanza el 72%. ¿Es necesaria una perspectiva de género a la hora de abordar el problema de la España vacía?

Como mujer que vive y trabaja desde un pueblo de casi 900 habitantes, y liderando una organización que impulsa la reactivación rural, la perspectiva de género no solo es necesaria, sino urgente a la hora de solucionar un problema tan acuciante como es la España vacía. Los datos lo avalan: el INE nos desvela que, aun habiendo un millón más de mujeres que de hombres, la mayor parte de la población femenina se encuentra en las grandes ciudades, disminuyendo de forma drástica a medida que va disminuyendo la población. Es decir, que en pueblos de menos de 100 habitantes nos vamos a encontrar casi un 60% de hombres y un 40% de mujeres, existiendo más porcentajes de ellas, sin embargo, a nivel global.

De ese 40%, una gran proporción forma parte de una población adulta de más de 65 años, por lo que las edades de entre 18 y 45 años son aproximadamente las que emigran a la ciudad, dejando a los pueblos sin mujeres con edad fértil ya no solo biológicamente –lo que asegura la perpetuidad de la población rural– sino también laboralmente, lo que limita el desarrollo de ciertos sectores y el impulso de muchos otros.

Todas las personas somos importantes en este reto de la despoblación rural, por ello es necesario poner énfasis en la construcción de un mundo rural donde las relaciones sociales se transforman desde la familia, visibilizando capacidades y aspiraciones individuales y colectivas independientemente del género. Una sociedad donde las mujeres aportemos nuestra visión, conocimientos y experiencias en el desarrollo de estrategias igualitarias que pongan el foco en la recuperación y creación de un mundo rural donde tanto el hombre como la mujer puedan desarrollarse e interactuar en condiciones de igualdad para una gestión del talento enfocada en la resolución de los retos rurales.

¿Considera que es esta una oportunidad histórica para arreglar la brecha de desigualdad?

Cualquier momento puede ser una oportunidad histórica, aunque en estos tiempos que vivimos se está favoreciendo el hecho de crear organismos políticos y técnicos que sostengan esta prioridad y vigilen la evolución de las desigualdades y el impacto en la sociedad y en la política, al igual que impulsar medidas sanitarias que reduzcan las desigualdades y establezcan alianzas para impulsar políticas adaptadas. Reitero que estamos en el momento, aunque siento que aún tenemos que integrarlo a nivel social, educativo y familiar: no solo deben de existir normativas, decretos y estrategias que hablen sobre el tema, sino que hace falta que estas calen y sean entendibles por toda la sociedad para que se lleven a cabo.

«Aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblo»

Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, las sociedades que son muy desiguales son menos efectivas a la hora de reducir la pobreza. Por ello, si queremos revertir el movimiento de la despoblación, se vuelve necesaria una conexión entre las políticas de igualdad y de desarrollo rural que atiendan aspectos como el mercado laboral, el uso del tiempo, la percepción de la calidad de vida y la influencia de los estereotipos que aún existen y limitan el impulso del papel de la mujer en los entornos rurales.

¿Estamos ante una oportunidad? Diría que sí. ¿Estamos preparados para gestionar esa oportunidad? Es posible decir que a medias: aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblos. Para romper esos estereotipos se necesita actuar desde lo pequeño, y las políticas públicas aún no están diseñadas para ello, ya que esto no se arregla con la acción voluntaria de ciertas asociaciones u ONG; hacen faltan estrategias diseñadas desde la realidad rural y no desde una oficina en la ciudad.

Debido a la economía rural, habitualmente ligada a aspectos tradicionales, ¿se corre el peligro de que las mujeres terminen, de nuevo, limitadas a un solo tipo de trabajo? En este sentido, ¿cabe esperar nuevas oportunidades creadas por los usos de las nuevas tecnologías y la digitalización?

La participación laboral de las mujeres en los pueblos depende de la situación del mercado de trabajo, que es mucho menos diverso que en las ciudades. Este mercado laboral rural está condicionado en gran medida por la cualificación y la disposición del tiempo de la mujer, existiendo una demanda más enfocada al sector de la agricultura, los trabajos temporales y las necesidades de cuidado que solicita la población envejecida.

A este tipo de trabajo acceden mayoritariamente mujeres con niveles de estudios básicos, existiendo una emigración elevada de mujeres con altas cualificaciones formativas. Esto deja patente dos cuestiones a las que debemos de hacer frente las entidades que impulsamos el papel de los pueblos en la economía mundial si queremos que las mujeres diversifiquen su participación fuera del sector laboral tradicional. Por un lado, hace falta atender las necesidades educativas de las mujeres y, por otro lado, abordar la necesidad de diversificación de las oportunidades laborales adaptando e impulsando negocios en torno a sectores más innovadores vinculados a la digitalización, economía circular, etc.

Para que esto ocurra es necesario que existan servicios de cuidado a la infancia y a las personas mayores, que mejore la movilidad y exista una mayor sensibilización del mercado laboral del papel de la mujer en los entornos rurales, donde tiene que compaginar la vida laboral y la familiar por falta de servicios; si no, las mujeres no podrán desvincularse del sector tradicional, el cual está marcado por la falta de recursos.

Ante esta situación, el emprendimiento y las nuevas tecnologías se presentan como una oportunidad para poder compaginar ambas cosas. Una conexión digital mínimamente equiparable a las zonas urbanas reduciría mayoritariamente la exclusión digital que aún padece la población rural, y, por supuesto, un aumento de oportunidades para las mujeres que demandan instrumentos de trabajo eficaces para poder trabajar y llegar a cualquier lugar del mundo, realizarse y obtener unos ingresos dignos equiparables a cualquier carrera profesional.

¿Qué papel puede jugar lo que se ha venido a llamar «la economía de los cuidados» en esta clase de territorios?

Si miro tras la ventana de mi despacho en Arroyomolinos de León, veo a mi vecina Consuelo y a las hijas de Concha atender a sus mayores y a sus hijos, en jornadas interminables donde es imposible alternar el desarrollo profesional y el personal. Si sigo mirando más abajo de mi calle, me topo con las vecinas que hacen cuidados a domicilio y a otras que piden ayuda a sus madres para poder atender una tienda local, mientras sus hijos e hijas están fuera del colegio. Este sector sigue estando potencialmente vinculado a la mujer tanto en el ámbito profesional como a nivel personal como único medio de desarrollo para mujeres en pueblos de menos de 5.000 habitantes.

El cuidado es una capacidad intrínseca de cualquier ser humano solo que unos hemos tenidos contextos sociales que han permitido desarrollar más esta cualidad que otros, pero para sentirnos parte de esta sociedad la capacidad de cuidado debería de potenciarse, pues es ella la responsable de conductas respetuosas entre iguales y con el medio ambiente, ejes principales en la Agenda 2030.

«Es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como mujeres»

Si el cuidado está patente en el ámbito rural por sus características y también de forma intrínseca en cualquier ser humano, es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como para mujeres. Para ello, debemos enfatizar aquellos elementos del cuidado que producen o contribuyen a generar valor económico, potenciarlos y gestionarlos para visibilizarlos.

Los avances sustantivos que las mujeres han experimentado en términos de participación económica y política y de reconocimiento de derechos en diversos campos deberían también expresarse en el ámbito de la organización del cuidado, en el cual los cambios resultan, por el contrario, extremadamente lentos. Lograr mayor justicia en este campo es un paso ineludible para alcanzar mayor equidad económica y social y construir sociedades más igualitarias en el ámbito rural.

¿Qué papel ha de jugar la educación –y la concienciación social– en políticas de inclusión con un marcado enfoque de género?

Perdonad mi mala memoria. En algún lugar leí o escuché que, si ponemos consciencia de la pobreza, la violencia de género, la discriminación, la falta de recursos y de desarrollo en el ámbito rural, todas ellas tienen cara de mujer. Esto es curioso porque a pesar del convencimiento de una sociedad no sexista, todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad en el mundo rural. Para poder sobreponerse a ello es necesario enfocarse en dos grandes sistemas: la familia y la escuela a cualquier nivel, desde centros primarios hasta el universitario, que promuevan una sociedad rural igualitaria.

El nivel educativo ha creado dos bandos diferenciados de mujeres que se desarrollan conforme a los ideales sociales actuales. Por un lado, las mujeres que han estudiado, han salido fuera del pueblo y se han convertido en profesionales de sectores novedosos. Por otro lado, mujeres sometidas al sistema tradicional familiar donde el hombre trae el dinero y las mujeres cuidan de la familia. Aún existen muchas mujeres en este segundo grupo, mujeres muy jóvenes que no ven posibilidades de desarrollo más allá que las tareas domésticas o pequeños negocios transitorios.

Aún existe un trabajo educativo maravilloso que realizar para lograr un desarrollo integral de las personas que formamos parte de los pueblos, independientemente de los estereotipos y roles en función del sexo. Como adultos, deberíamos tomar conciencia del camino que aún debemos recorrer tanto hombres como mujeres para alcanzar el objetivo común de una igualdad real y que, en consecuencia, traerá el desarrollo de oportunidades que ofrecerán una nueva perspectiva socioeconómica al mundo rural.

En términos de repoblación, son las mujeres jóvenes las que más abandonan los territorios «vacíos». ¿Cómo podemos favorecer el papel emprendedor de las mujeres en estas zonas, especialmente aquellas más jóvenes y así retener el talento?

Desde AlmaNatura llevamos desarrollando programas de emprendimiento como Holapueblo y GIRAMujeres donde potenciamos el emprendimiento femenino como un instrumento activo para favorecer la reactivación rural. Estos programas incluyen muchos de los aspectos que creemos indispensables para potenciar el papel emprendedor como uno de los pilares fundamentales en la regeneración socioeconómica de estos territorios.

Por un lado, creemos firmemente que para poder impulsar el emprendimiento femenino son necesarias algunas modificaciones sociales e institucionales que ayuden a gestionar, de forma equilibrada, materias específicas como la conciliación, ya que la familia y el entorno se convierten en barreras para poder conciliar el negocio y el trabajo familiar. El acceso a la financiación y la gestión económica, suelen ser dos temas bastantes limitantes. Al no poseer una educación financiera de forma generalizada llegamos fácilmente a la ideación de modelos de negocios viables que necesitan altos recursos financieros que ocasionan en muchas ocasiones el aplazamiento de la toma de decisiones a la hora de emprender.

Por otro lado, la ruptura de ciertos estereotipos también se convierten en barreras que afectan de forma negativa al emprendimiento femenino. Muchas veces se traspasan las creencias que el patriarcado ha creado y ha atribuido a las mujeres como aspectos propios de la mujer empresaria. Esto contribuye en gran medida a la construcción errónea de lo que es el emprendimiento femenino potenciando un factor bloqueador individual como es la autopercepción que tenemos de nosotras mismas como empresarias y que hacen surgir miedos, inseguridades, etc.

Aunque ponemos el foco en aquellas cuestiones que desde mi punto de vista hace falta fortalecer, no nos podemos olvidar de otras que ya existen y que es importante recordar y potenciar para fortalecer el papel de la mujer en el ámbito del emprendimiento. Ejemplos de ello son la capacidad que tenemos para la gestión y organización, un factor fundamental en el impulso de una empresa; nuestra sensibilidad en materia de retos sociales y ambientales, que abren la puerta al emprendimiento social, el apoyo institucional y de grandes empresas que potencian e impulsan el emprendimiento femenino; la capacidad de innovación y liderazgo; al igual que las capacidades personales y únicas que nos hacen estar más que preparadas para asumir el lanzamiento y puesta en marcha de negocios viables y sostenibles que generen oportunidades en el medio rural.

La ministra Teresa Ribera habló el pasado 8 de marzo de «proyectos de emprendimiento en el ámbito rural, proyectos que demuestran que lo rural es sinónimo de solidaridad». ¿Qué clase de iniciativas cree que se deberían implementar para cohesionar estos territorios?

AlmaNatura ha podido reconstruir con los fondos ahorrados durante 25 años, un molino harinero, símbolo de la historia y sentido de pertenencia de Arroyomolinos de León. El objetivo no es convertirlo en un espacio expositivo, sino un espacio donde ocurran cosas, un espacio vivo que impulse investigaciones, proyectos, charlas y reflexiones que potencien la innovación en el ámbito rural por ello este molino harinero se ha convertido en un Laboratorio de Innovación Rural (AlmaNatura Lab) capaz de provocar el desarrollo y avance de la sociedad rural.

En los pueblos reside el gran saber de personas y entidades que llevan trabajando y aprendiendo de los ciclos y procesos naturales y sociales de estos territorios. Dicha interacción debe de generarse y promoverse con el objetivo de construir nuevas sinergias e intercambio de aprendizajes entres los agentes claves del territorio que den forma a soluciones temáticas a través de centros de conocimiento que ponen la tecnología, el saber y la planificación al servicio de los entornos rurales.

Estamos en un momento importante de sensibilización sobre el estado de los pueblos, aunque es necesario pasar al segundo nivel. El emprendimiento, la salud, la educación o la tecnología son ejes vertebradores del futuro de los pueblos que deben de ser consensuados y gestionados. No podemos trabajar solos. Hace falta unión y respeto ante las problemáticas y soluciones que se plantean desde cualquier organismo y desde la propia ciudadanía.

Es momento de poder impulsar estrategias y sistemas de aprendizajes basados en la creación de conocimiento compartido como realizamos de forma interna en AlmaNatura con entidades como Red Eléctrica de España y Correos, que permitan potenciar las capacidades de las zonas rurales para construir nuevas soluciones a los retos que enfrentamos de forma conjunta. Son necesarios proyectos de colaboración entre especialistas de terreno, investigadores, organizaciones rurales, empresas, ONG y Gobiernos locales que tengan la potencialidad de encontrar soluciones que ninguno de los actores individualmente se hubiese atrevido a identificar o tenga la capacidad de abordar.

Ninguna niña sin educación

“El futuro de los niños es siempre hoy; mañana será tarde”, dijo una vez Gabriela Mistral, poetisa y Nobel de Literatura en 1945. Han pasado décadas desde que el mundo escuchara aquella frase, pero el alegato de la diplomática y profesora chilena hoy cobra más fuerza, sobre todo si nos referimos a la educación de las niñas.

El 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña. La ONU quiere recordar la grave situación de las niñas, sobre todo a raíz de la crisis originada por la COVID-19, y cambiar su realidad en algunas sociedades mundiales. Según sus datos, casi el 25% de niñas de 15 a 19 años ni estudia ni recibe capacitación frente al 10% de los niños. No hay que olvidar que sufren una doble vulnerabilidad: por su edad y por su género. Por ello, hoy más que nunca, es imprescindible reclamar el respeto y la aplicación de los Derechos de la Infancia, que desde 1990 son leyes obligatorias para todos los países.

Casi el 25% de niñas de 15 a 19 años ni estudia ni recibe capacitación, frente al 10% de niños

Desde la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing en 1995, la preocupación internacional por los derechos de las niñas se ha ido intensificando, y actualmente está presente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente en los ODS número 4 y 5, dirigidos a garantizar una educación equitativa y lograr la igualdad de aquí a 2030. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Por ello, la Unesco, en su último informe, ha hecho un llamamiento a los países para que garanticen un objetivo fundamental: que todas las niñas del mundo completen el ciclo de 12 años de estudio para 2030.

2021, un año crítico para invertir en la educación de las niñas

En su informe ‘Una promesa no cumplida: 12 años de educación para todas las niñas’, la Unesco destaca la importancia de seguir garantizando e impulsando una educación de calidad a las niñas después de la pandemia. Los datos reflejan una doble reflexión. A priori, reflejan una gran mejora en la escolarización de las menores durante los últimos 25 años. De 1995 a 2019 las niñas subsaharianas que finalizaron la educación primaria han pasado del 41% al 66%. El aumento también ha sido notable en Asia Central y Meridional, donde en 1995 poco más de la mitad de las niñas finalizaba la enseñanza primaria, mientras que ahora esa cifra alcanza al 90%. En países como Bangladesh, el incremento ha sido tan elevado que entre 1995 y mediados del año 2000 se revirtió la tendencia y las niñas superaron a los niños en la finalización de la educación primaria.

Sin embargo, el informe denuncia que estas mejoras pueden verse amenazadas por la COVID. La Unesco advierte que más de 11 millones de niñas corren el riesgo de no regresar a las escuelas, por lo que insta a los gobiernos a realizar inversiones para garantizar su educación básica. Destaca la educación como un derecho transversal para las mujeres y establece un plan estratégico para crear sociedades más equitativas donde las niñas puedan acceder a un trabajo justo y no tengan que someterse a matrimonios forzosos. Así, establece una meta principal: que todas las niñas de 12 años completen la educación básica de cara a 2030.

Los países del G7 buscan que 40 millones de niñas más acudan a la escuela en países de ingresos medios y bajos de cara a 2026

2021 es un año clave para invertir en la educación de las niñas, sobre todo de cara a la recuperación mundial de la COVID. Los países del G7 buscan que 40 millones de niñas más acudan a la escuela en países de ingresos medios y bajos de cara a 2026. En el informe destacan que los gobiernos deberán actuar en varios ámbitos clave que abarcan desde recopilar datos sobre la educación de las niñas a implementar sistemas educativos que promuevan la igualdad de género. La prevención de la violencia es una cuestión fundamental, por lo que se apuesta por promover una educación integral sobre sexualidad que contribuya al respeto y ayude a las niñas a protegerse. Además, el texto aboga por la presencia de maestras, sobre todo en puestos de liderazgo, y destaca la sensibilización del material escolar, es decir, emplear libros y materiales donde estén presentes las mujeres. En definitiva, de cara a la recuperación, los países tienen la oportunidad de construir sistemas educativos que promuevan el liderazgo de las niñas y garanticen su vuelta a las escuelas mediante la reapertura de centros y la dotación de becas para las familias más necesitadas.

Recuperando la frase de Mistral, el futuro de las niñas es siempre hoy, mañana será tarde. La preocupación de las últimas tres décadas debe intensificarse en forma de acciones, sobre todo en países en conflicto donde los derechos de las niñas están en peligro, como es el caso de Afganistán. Los días internacionales dan la oportunidad a las sociedades de conocer derechos humanos no salvaguardados, pero es ahora, y no más tarde, el momento de movilizarse para corregir estas desigualdades de manera efectiva.

Seis años de los ODS, ¿en qué punto estamos?

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 auspiciados por las Naciones Unidas cumplen más de un lustro en un contexto mundial no solo inesperado, sino impredecible: aunque las mejoras en las medidas sanitarias para contener el avance de la pandemia –especialmente en los países desarrollados– demuestran surtir efecto, el reguero de efectos colaterales que el coronavirus ha dejado en el planeta emborrona las lentes con las que miramos el futuro. ¿Será posible, finalmente, erradicar la pobreza tras el parón económico? ¿Podrá garantizarse la atención sanitaria en todos los rincones del planeta tras el colapso provocado por la covid-19? ¿Conseguiremos pisar el freno antes de superar el límite de los 1,5 ⁰C en 2030?

El objetivo de los ODS incluye el resolver los importantes retos que implica la interconexión entre el medio ambiente y el ser humano

Para Antonio Gutierres, secretario general de las Naciones Unidas, «esta crisis amenaza décadas de progresos en sostenibilidad y hace más evidente que nunca la necesidad de transicionar a un sistema más verde». Las cifras que apunta el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2021 –un estudio de las Naciones Unidas que analiza junto a 50 organizaciones internacionales  la evolución de los ODS en el último año– ya las conocemos: incremento de la pobreza, pérdidas económicas, dificultades para acceder a la educación y sistemas sanitarios maltrechos tras luchar por dar oxígeno a la población. Pero si echamos la vista atrás, observaremos que el camino que los ODS han construido en estos últimos seis años han hecho de nuestras sociedades unas más sostenibles y resilientes. Y es esa fotografía la que puede guiarnos a partir de ahora.

Más salud, más acceso a servicios básicos

Los ODS nacieron en 2015 como sustitutos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que, durante 15 años, marcaron grandes progresos en la reducción de la pobreza, el acceso a saneamiento, salud materna, educación y la lucha contra enfermedades infecciosas como el sida o la tuberculosis. El guante que recogieron una vez lanzados abrió el alcance hacia un ámbito también medioambiental con el objetivo de resolver los importantes retos que implica esa interconexión entre el medio ambiente y el ser humano y a los que nos seguimos enfrentando hoy en día. Con la herencia de los ODM, los resultados de los ODS llegaron pronto: hasta la actualidad, más de 1.000 millones de personas han conseguido salir de la pobreza extrema, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad al igual que la población sin escolarizar y las infecciones por el VIH/SIDA se han reducido en casi el 40%, según el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020.

Los países han logrado grandes avances a la hora de conservar al menos el 10% de las zonas costeras

De forma individual, además, estas nuevas metas han alcanzado importantes resultados positivos. El ODS 3 (Salud) ha conseguido incrementar en un 64% los nacimientos atendidos por profesionales en los países en vías de desarrollo, además de marcar mejores límites a las enfermedades infecciosas. Y el ODS 7 (Acceso universal a energía), ha batido récords al incrementar la electrificación mundial hasta el 90%, frente al 83% en 2010.

En la erradicación de la pobreza extrema (ODS 1), Asia oriental y los países desarrollados han presentado buenos avances en 2020 si se toma como referencia el año 2015. Y en la promoción de empleo sostenido (ODS 8), todas las sociedades han registrado avances a la hora de mantener el crecimiento económico per cápita y lograr empleo productivo para todos. Además, en materia de biodiversidad, la mayor parte de los estados han logrado grandes avances a la hora de conservar al menos el 10% de las zonas costeras, un importante hito que minimiza la acidificación de los océanos y la pérdida de biodiversidad, tan esencial para el ser humano.

Y, ¿hacia dónde vamos?

El balance de ese tercio de recorrido en la Agenda 2030, que ya hemos superado, deja según la organización Open ODS, sin respuesta a esa pregunta. «Nadie, ni las agencias de Naciones Unidas, ni la academia, ni los propios gobiernos, pueden responder con honestidad a esta pregunta. Tenemos una foto fija de los ODS, pero no las causas que nos permitan interpretar las posibles consecuencias». Pero esto no tiene por qué interpretarse como una conclusión negativa. En realidad, las 169 metas y 244 indicadores han conseguido algo inédito: que el sector público y el privado sean copartícipes de la meta común de hacer del sistema económico, político y social uno más sostenible y resiliente. Desde un enfoque local hasta uno internacional, lo que permite conocer con precisión la realidad de cada país.

«Ahora podemos saber cuál es la situación de pobreza extrema, de igualdad, de biodiversidad o de la calidad de los recursos hídricos en cada Estado», concluye la organización. Esto permite conocer el perfil de cada nación y actuar en consecuencia. Aunque queda algo de camino, especialmente en ámbitos como la reducción de la desigualdad entre países (ODS 9) o la protección de los ecosistemas terrestres (ODS 15). Hacen falta más datos. «Sin una medición que llegue hasta los niveles subestatales los resultados no serán concluyentes» advierte Open ODS. El camino que ya está hecho no puede caer en el abandono, porque la vida del planeta va en él. Quizá dentro de otros seis años todo haya cambiado (a mejor).

¿Por qué tus hijos deberían recibir educación ambiental este curso?

En septiembre empieza todo. Nos encontramos ante un nuevo curso lectivo y un punto de partida para la comunidad educativa que, entre otros retos, se enfrenta a la incorporación de la conciencia ecológica dentro de las aulas.

En 2019, la UNESCO aprobó un programa dedicado a fomentar la educación para el desarrollo sostenible

Desde hace años, la preocupación por la sostenibilidad es un pilar fundamental para organizaciones, gobiernos y economías a nivel mundial. Esto se ha traducido en compromisos internacionales como las metas de descarbonización fijadas en los Acuerdos de París de 2015 y la Agenda 2030 establecida por la ONU. Unas medidas que miran al futuro, pero dejannconstancia de que el cuidado del planeta es algo muy presente. Y aunque muchos de estos objetivos se dirigen a empresas y entidades públicas, no hay que olvidar que afectan de forma directa a la ciudadanía, requieren nuevos hábitos de consumo y un conocimiento profundo del grave peligro en que se encuentra el planeta si no cambiamos hacia un modelo de desarrollo sostenible. Por ello, y siguiendo la conciencia ecológica marcada por Europa, resulta fundamental sembrar en las escuelas la semilla del cuidado del medioambiente y los compromisos para hacer del planeta un lugar más limpio y justo.

El medio ambiente: objetivo de la educación del presente y del futuro

Las aulas deben ser el lugar donde iniciar y potenciar la conciencia ecológica. En un mundo donde las sociedades demandan ciudades libres de contaminación, la eliminación de los plásticos y el cuidado de nuestros océanos, las vías de actuación implican a todas las personas. Además de establecer las bases de la conciencia ecológica a través de los programas curriculares, es importante fomentar prácticas sostenibles y empoderar a la juventud para liderar iniciativas que no solo protejan, sino que mejoren el estado del planeta actual y futuro. El alumnado está ahora más sensibilizado que hace años con la cuestión medioambiental. Un ejemplo de ello es el de Greta Thunberg y el movimiento al que dio comienzo en 2018, Fridays for Future. Su generación ha crecido en un planeta seriamente dañado y, por ello, es pionera en la lucha contra el cambio climático y demanda programas para fortalecer sus conocimientos sobre el desarrollo sostenible y actuar de forma responsable. Esta tendencia ecológica, por tanto, debe comenzar desde las primeras etapas educativas, algo que defienden cada vez más centros y universidades: no solo a través de contenidos teóricos, sino mediante actividades prácticas como la limpieza de zonas naturales o visitas a viveros y granjas en la Educación Primaria.

En este escenario, cada vez más países y entidades internacionales apuestan por un modelo de educación concienciado con la preservación del planeta. En 2019, la UNESCO aprobó un programa dedicado a fomentar la educación para el desarrollo sostenible (EDS). Este modelo se basa en dotar a cada estudiante de las competencias, actitudes y valores necesarios para superar los desafíos de carácter climático, la degradación ambiental y la desigualdad. Además, continúa la línea de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), concretamente el ODS número 4, dirigido a lograr una educación de calidad y “asegurar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, entre otras cosas, mediante la educación para el desarrollo sostenible y los estilos de vida sostenibles” de aquí a 2030.

La nueva Ley de Educación hace hincapié en la impartición en las escuelas de temas como los derechos humanos o el cuidado del planeta

Por otro lado, España, con la nueva Ley de Educación que entrará en vigor en el curso 2022-2023, avanza hacia una educación por y para la transición ecológica, reconociendo “la importancia de atender al desarrollo sostenible de acuerdo con lo establecido en la Agenda 2030”. Así, pretende seguir los pasos de las políticas educativas europeas e impartirá en las escuelas temas como la digitalización, los derechos humanos o el cuidado del planeta.

Queda patente que la conciencia ecológica no es un tema de futuro, sino de urgente actualidad. El compromiso con el medio ambiente debe calar en las aulas de los niños y niñas de hoy para asegurarles un futuro mejor.

Así podemos reducir nuestra huella ecológica en internet

Aunque es difícil de percibir, la huella ecológica digital no se trata de un posible problema futuro sino de una realidad que a día de hoy ya tiene un importante peso. Cada uno de nosotros deja, en sus travesías digitales, pequeños impactos en el medio ambiente que, como esquirlas, dejan una senda intransitable. Es más, sus emisiones de gases de efecto invernadero se pueden medir incluso en toneladas de dióxido de carbono.

La visualización de media hora de una película en streaming emite 1,6 kilogramos de dióxido de carbono, lo que equivaldría a conducir 11 kilómetros en un coche

Cuando enviamos un correo electrónico emitimos entre 4 y 50 gramos de dióxido de carbono, en función de si lleva documentos adjuntos o no, según cálculos de The Carbon Literacy Project, y cuando vemos media hora de una película en streaming emitimos 1,6 kilogramos de CO2, una cantidad similar a la que generaríamos conduciendo un coche de gasolina durante algo más de 11 kilómetros (según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, un coche de gasolina de tamaño mediano emite de media unos 143 gramos de CO2 por kilómetro). Según datos de 2019 publicados por Netflix, la compañía consumió a nivel global 451.000 megavatios por hora al año, lo que es equivalente al nivel de energía necesario para atender las necesidades de 37.000 hogares. Esto ocurre por una razón sencilla, si bien oculta tras nuestras pantallas: el universo digital es, en realidad, una enorme maraña de cables escondida tras las numerosas filas de servidores que dan cobijo a internet.

Cómo reducir esta huella ecológica en pocos pasos

Limitar este impacto ambiental es relativamente sencillo. En cualquier caso, se trata de racionalizar tanto como sea posible nuestra actuación digital. Esto es evidente en el caso de los correos electrónicos: cuantos menos mensajes superfluos enviemos, menor será, a su vez, nuestra propia huella de carbono. Este servicio, por tanto, debería restringirse a intercambios de importancia considerable, sin los que el engranaje corporativo —o personal— se vuelve imposible de manejar. Los porcentajes no mienten: el 61% de los e-mails no son esenciales, mientras que el 68,8% del tráfico de correo electrónico es puro spam. También es positivo sustituir el envío de mensajes por un sistema de documentos compartidos, como es el caso de las organizaciones que funcionan establecidas bajo el combustible de la nube digital. Incluso la compresión del tamaño relativo a los archivos adjuntos en los correos —así como la eliminación de aquellos que ya no nos interesan— se define actualmente como una medida positiva.

Otras medidas conciernen principalmente al tiempo de uso. Es el caso no solo de las redes sociales, donde se invierte una gran cantidad de minutos a lo largo del día, sino también del ordenador. ¿Es necesario dejarlo encendido durante todo el día o, por el contrario, es posible apagarlo? Si la última opción es plausible, hemos de saber que con ello ahorraremos una considerable cantidad energética, al igual que ocurre con otros objetos electrónicos, como la televisión. El consumo de tiempo en internet, por lo tanto, es más o menos equivalente a la producción contaminante: cuanto más tiempo invirtamos en la red, más emisiones produciremos. Esto nos retrotrae a un factor principal de la sostenibilidad, como es el consumo responsable.

Cuanto más tiempo invirtamos en la red, más emisiones produciremos

También hay alternativas que funcionan como un pequeño contrapeso, tal como ocurre con el ejemplar caso de Ecosia, un buscador online con el que se elimina hasta 1 kilogramo de dióxido de carbono. Si la pregunta es cómo, la respuesta es sencilla, ya que los usuarios que utilizan este peculiar buscador estarían plantando árboles con cada solicitud de búsqueda. Con esto no solo se vuelve neutral en cuanto al impacto del carbono; ayuda a eliminarlo de forma activa. Según sus datos, Ecosia ha plantado ya 130 millones de árboles.

Toda acción individual, eso sí, aumenta su potencia si la transformamos hacia una acción colectiva. Así, si nuestro entorno más cercano consigue eliminar esas pequeñas fuentes de contaminación, estaremos multiplicando la reducción de esta huella de carbono. No obstante, todo se reduce a una constante sencilla por la que cabe preguntarse si merece la pena este gasto de nuestro tiempo en la red. Una pregunta crucial en cuanto a que la emisión de gases por actividad digital, ahora mismo, parece depender tan solo directamente de nosotros. Puede que para mirar al futuro debamos dirigir nuestros ojos, hoy, fuera de la pantalla.

Las bicicletas no son solo para el verano

La bicicleta es un modo de transporte tradicional (se inventó en el siglo XIX), y es muy común en zonas rurales de España. Un uso que se intensifica especialmente  durante los meses de verano, momento en que este tipo de vehículos inundan los puertos de montaña con deportistas ávidos de adrenalina o  las calles de los pueblos como forma alternativa de transporte. Sin embargo, la bicicleta cada vez gana mayor protagonismo en las apuestas por una movilidad más sostenible en las grandes ciudades, donde el reparto modal actual lo encabeza el vehículo privado y otros medios más contaminantes, menos saludables y más peligrosos.

En 2020 se vendieron en España más de un millón y medio de bicicletas nuevas, un 24,1% más que en el año anterior

Es el caso de España, donde el pasado mes de junio se presentó la hoja de ruta que se seguirá para el fomento de la bicicleta como medio de transporte activo: la Estrategia Estatal por la Bicicleta. Y es que, a pesar de nuestro clima mediterráneo, que favorece el uso de este tipo de vehículo, España se queda a la cola en porcentaje de uso en comparación con los países europeos vecinos. Según los datos del Barómetro de la Bicicleta en España 2019, elaborado por la Dirección General de Tráfico y la Red de Ciudades por la Bicicleta, la media diaria española de uso de la bicicleta es del 3,5%, mientras que, según recoge el último Eurobarómetro, la media diaria europea en 2014 ya se situaba en el 8%.

Pese a ello, los datos de los últimos años en nuestro país son mucho más halagüeños para las dos ruedas: 2020 fue el año en el que —posiblemente como consecuencia de la pandemia— el uso de la bicicleta despegó en España, con más de millón y medio de bicicletas nuevas vendidas (un aumento del 24,1% respecto a 2019). Por ello, ahora es más necesario que nunca apostar por la infraestructura necesaria, por la interconectividad entre diversos medios de transporte y por las subvenciones y ayudas para aquellos que deseen desplazarse sobre sillín.

Con el objetivo de que el transporte activo (aquel que implica un esfuerzo físico) gane terreno al vehículo privado, se ha iniciado una reconfiguración de los modelos de ciudad actuales, apostando por urbes mucho más accesibles y cercanas. De hecho, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, la movilidad activa aparece como uno de los ejes principales y aúna cerca de 3.000 millones de euros para la creación de zonas de bajas emisiones, iniciativas de movilidad peatonal y la promoción del uso de la bicicleta.

La bicicleta como motor de transformación de las ciudades

Existen tres ejes fundamentales en la construcción de la Estrategia Estatal de la Bicicleta: la seguridad de las personas, que vuelve a las bases de la movilidad; la interdependencia entre la sostenibilidad, social, económica y medioambiental; y la cada día más necesaria conectividad, en sus dos vertientes: la digitalización del sector de la movilidad y la conectividad multimodal del territorio. Para ello, se van a impulsar acciones alrededor de cinco prioridades: avanzar en la movilidad sostenible a través de un cambio modal a la bicicleta; promover la vida saludable mediante la movilidad activa; aprovechar el potencial del cicloturismo; fomentar y proteger el ocio y el deporte en bicicleta; y la coordinación en la acción del Estado en el impulso de la bicicleta.

La bicicleta funciona como mecanismo de transformación de las ciudades, haciéndolas más justas, seguras y limpias

Y es que la bicicleta es un verdadero motor en la transformación de las ciudades, con beneficios que empiezan por la movilidad urbana y pasan la garantía de una mayor autonomía de ciertos sectores de la población, como pueden ser adolescentes y la tercera edad; o la igualdad de género, garantizando una movilidad menos dependiente económicamente y más flexible.

Además, este medio de transporte es una oportunidad excelente para el desarrollo económico y social de ciertos territorios a través de nuevas modalidades de turismo que se mantienen en línea con las pautas marcadas en materia de sostenibilidad. Así, el cicloturismo permite una diversificación y desestacionalización del turismo, a la vez que permitiría dinamizar territorios con un alto valor ecológico y cultural, pero de difícil acceso a través de otras opciones como el coche o la moto.

Este tipo de iniciativas llegan en un momento en el que parece que la ciudadanía está dispuesta a hacer el cambio. Según el informe El Sector de la Bicicleta en Cifras 2019 de la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, en 2018 y 2019 el número de bicicletas vendidas representó un importe superior a 3.500 millones de euros.

En definitiva, impulsar el uso de la bicicleta refuerza la noción de la movilidad como un derecho fundamental de los ciudadanos, y como un elemento integrador y de desarrollo social y económico, en línea con otros proyectos como el Plan Europeo de la Bicicleta, publicado en mayo de este mismo año. Son este tipo de políticas, integrales y con una visión holística, las que se hacen necesarias frente a los retos que plantea nuestra época.

España, un enclave único para la conservación del buitre en Europa

Sorprende la mala reputación de un animal cuya existencia es vital para el mantenimiento del ecosistema. Imaginemos qué ocurriría en nuestras ciudades si no tuviésemos un servicio de limpieza. Las consecuencias para el medio ambiente serían igual de dramáticas si los buitres desaparecieran. Su labor de mantenimiento, al alimentarse de los animales muertos en entornos naturales, es de vital importancia para evitar la propagación de enfermedades infecciosas no sólo entre la fauna circundante sino también entre los humanos. Además, estas aves favorecen el desarrollo económico de muchas pequeñas localidades que se sostienen gracias al turismo ornitológico. 

El 90% de la población de buitres europeos nidifica en España

En Europa existen cuatro especies de buitre para las que España es un enclave singular, siendo el único territorio europeo donde nidifican todas ellas. Según datos de SEO/BirdLife, en nuestro país se reproduce el 98% de los buitres negros, el 94% de los buitres leonados, el 82% de los alimoches y el 66% de los quebrantahuesos. De estas cuatro especies, únicamente el buitre leonado permanece a salvo del riesgo de desaparición, ya que, en base a datos proporcionados por el Catálogo de Especies Amenazadas del Ministerio para la Transición Ecológica, tanto el alimoche como el buitre negro se encuentran en situación vulnerable y el quebrantahuesos en peligro de extinción. Nuestro país, por tanto, se convierte en un espacio esencial para su subsistencia.

Lamentablemente, la intervención humana sigue siendo el principal motivo de su progresiva desaparición. El furtivismo y la utilización de cebos envenenados, son riesgos ya históricos para estas aves. Pero, además, en los últimos años, se han producido eventos de mayor gravedad para sus vidas. La crisis de las vacas locas propulsó normativas europeas que prohíben a las explotaciones ganaderas abandonar en el campo los restos de animales muertos, eliminando así un acceso al alimento vital para los buitres. La aprobación en España, en 2013, del uso del diclofenaco, un antiinflamatorio de alta toxicidad que se provee al ganado y que ya acabó con el 95% de buitres asiáticos en India y Pakistán, supuso un mazazo para las esperanzas de vida de estas aves. Además, se siguen utilizando fitosanitarios prohibidos por la Unión Europea para el control de plagas en cultivos que provocan catástrofes como la reciente muerte por envenenamiento de 55 buitres en nuestro país. Por último, un reciente estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD – CSIC) junto a cinco institutos de investigación y universidades advierte de la mortalidad de estas aves por estrés y envejecimiento celular originado por la intervención humana y la alta densidad de población en ciertas zonas de la península.

El buitre supone una barrera contra la propagación de enfermedades infecciosas

Afortunadamente, crecen las iniciativas de diversas organizaciones no gubernamentales para poner freno a su desaparición. Estas son algunas:

SEO/Birdlife. Desde esta organización conservacionista llevan años realizando censos de ejemplares en nuestro territorio, así como desarrollando campañas de concienciación social y solicitando formalmente, ante las autoridades, la modificación de toda legislación lesiva para estas aves.

El Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA). Desde 1992 llevan desarrollando, con gran éxito, su proyecto Monachus, orientado a la reintroducción de la especie de buitre negro en diversas zonas de la geografía española en que estaba extinta.

Acción por el Mundo Salvaje (AMUS). Lidera un ambicioso proyecto de conservación y custodia del hábitat del buitre negro en Extremadura que incluye la instalación de comederos, censo de ejemplares y campañas de sensibilización, así como el funcionamiento de un Hospital de Fauna Salvaje.

Todas estas organizaciones, junto con muchas otras, celebran este 4 de septiembre el Día Internacional de los Buitres para recordarnos la importancia de preservar las distintas especies de buitres que habitan nuestro planeta y cuyo desarrollo es imprescindible para la vida natural y para nuestra propia sociedad.

Semana Mundial del Agua: Consejos para ahorrar agua en los hogares

Featured Video Play Icon

La edición anual de la Semana Mundial del Agua, celebrada en Estocolmo durante este mes de agosto, se encuentra ante un punto de inflexión. Su nuevo formato digital promete alcanzar a un mayor número de personas y convertir los retos del agua en lo que realmente son: un problema que concierne a todos. La prueba última de que la cooperación global es, ahora, más necesaria que nunca.