Categoría: Agenda 2030

Diversidad en la empresa: mucho más que una bandera

Silicon Valley es el epicentro de la innovación y la tecnología, pero tiene una gran grieta: la mayor parte de sus empleados son hombres blancos. Este es un hecho que lleva denunciando desde 2012 la organización Code2040, nacida en San Francisco con el objetivo de acabar con la brecha racial en la ingeniería y la tecnología, y que corroboran los datos de diversidad racial de las propias compañías: en Apple, Facebook, Google, Microsoft y Twitter, más de la mitad de los empleados son blancos. La empresa de Bill Gates casi roza el 62% y Google alcanza el 60% frente al 1% de trabajadores afroamericanos.

Según explicaron desde Code2040 en una entrevista, la irrisoria falta de diversidad no es solo una cuestión social, sino que “amenaza la capacidad de Estados Unidos para seguir siendo competitivos” contra grandes mercados como el asiático. Y están en lo cierto: construir una plantilla diversa en cuanto a etnias, edades, países de origen e identidades sexuales es un activo esencial para el crecimiento, la innovación y la sostenibilidad de las empresas en el futuro próximo.

Son incontables los estudios sobre la composición del tejido empresarial que demuestran que aquellas compañías con políticas de gestión de la diversidad han reportado una mayor capacidad para atraer talento y ofrecer soluciones de negocio más creativas e innovadoras. Un ejemplo es la conclusión a la que llega la consultora MacKinsey & Company tras analizar entre 2008 y 2010 a más de 180 empresas que cotizaron en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, y observar que aquellas compañías con más mujeres y ciudadanos extranjeros en altos puestos obtienen mejores resultados que otras con menor diversidad.

El discurso ha cambiado para siempre y, por ese mismo motivo, la Agenda 2030 otorga en sus ODS 8 y 10 al sector privado -desde microempresas hasta multinacionales- un papel fundamental en la transformación hacia una sociedad más sostenible que logre una remuneración equitativa para hombres como mujeres de todas las etnias, incluidos jóvenes y personas con algún tipo de discapacidad.

Las claves para una empresa realmente diversa

Las compañías ya no pueden ignorar el mundo globalizado en el que vivimos. En última instancia, son ellas las que responden a las demandas de una sociedad formada por un enorme abanico de edades, identidades sexuales, géneros y orígenes. Cada una de las personas que la conforman tiene su propia concepción de la realidad y todas necesitan ser puestas en valor. Es pura lógica empresarial: el sistema de producción que omite a las minorías se ha quedado obsoleto.

Los beneficios ya están puestos sobre la mesa: incremento de la satisfacción y compromiso con la empresa, reducción del absentismo, desarrollo de competencias interculturales, acceso a nuevos mercados, mejores vínculos con los clientes debido a una mejor comprensión de sus necesidades y, por último, una mejora en la reputación empresarial. Ahora solo queda conseguirlo.

“El mayor reto de las políticas de diversidad en la actualidad es ser auténticas”, apunta el Ministerio de Trabajo español en un extenso informe sobre la gestión de la diversidad en los entornos profesionales nacionales. “Se trata, más allá de una cuestión de números, de mejorar la calidad, eficacia y sostenibilidad de nuestras actuaciones. El futuro de la diversidad pasa por integrarla en el ADN de las organizaciones y convertirla en el motor de crecimiento”.

Según datos de la Unión Europea, mientras que en los países del norte del continente, un 63% de las empresas considera la gestión de la diversidad como un aspecto positivo, en España solo ocurre en uno de cada 100 casos. En una encuesta realizada por eBay en 2017 sobre la diversidad en el empleo, uno de cada cinco españoles aseguraron haberse sentido excluidos en sus trabajos por alguna característica personal como el género, la edad, la etnia o la religión; una cifra que aumenta hasta casi la mitad (44,7%) dentro del colectivo LGTBI+.

Uno de cada cinco españoles aseguran haberse sentido excluidos en sus trabajos

Como vara de medir la actitud del tejido empresarial español frente a la gestión de la diversidad, podemos utilizar el Índice D&I que la Red Acoge lleva elaborando desde hace cinco años a través de encuestas realizadas a medio centenar de empresas con el fin de evaluar cómo se desenvuelven en cuatro categorías: sistema de gestión interno para la diversidad y la inclusión, política corporativa de no discriminación, medidas externas de la gestión de la diversidad y mapa de la diversidad.

Las cifras demuestran que hay un importante crecimiento de la diversidad cultural en el entorno profesional, especialmente en los mandos medios, una relación que la fundación explica con la internacionalización de las empresas: al abrirse a otros países, automáticamente se integran más nacionalidades. De hecho, ocho de cada 10 empresas encuestadas cuentan con una estrategia de selección que garantiza la no discriminación por razones de etnia, género u orientación sexual y que se centra únicamente en el talento.

“Las compañías tienen mucha voluntad por mejorar su gestión de la diversidad: al final vivimos en un mundo globalizado y cada gota de nuestra inteligencia colectiva cuenta”, apuntan desde Red Acoge. “A lo largo de estos años hemos observado que las empresas, en su mayoría pymes, promueven la perspectiva de la diversidad en acciones de proyectos sociales o programas de voluntariado corporativo”.

El mayor porcentaje de sensibilización disminuye en los mandos intermedios y superiores

No obstante, el mayor porcentaje de sensibilización en diversidad e inclusión se acentúa en la plantilla general y disminuye si miramos hacia los mandos intermedios y superiores. La cifra que se torna especialmente baja dentro del colectivo LGTBI (13% en mandos superiores frente al 41,67% en la plantilla en general). Falta comunicación entre CEO y empleado, en palabras de Red Acoge: “El liderazgo inclusivo es clave para incidir en la sensibilización en los niveles superiores y terminar generando un efecto cascada que llegue al resto de la plantilla”.

Aunque la comunicación transversal es clave en una empresa con una gestión de diversidad exitosa, la fundación indica cuatro puntos más a cumplir: “Es importante que las empresas vayan introduciendo planes de diversidad y adopten políticas que incluyan el derecho de la no discriminación, que los mandos superiores revisen la forma en que se toman decisiones y cómo se comunican a los empleados en materia de diversidad y, también, utilizar un discurso fácilmente comunicable”.

El objetivo final está, según los expertos, en alinear la diversidad cultural con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que las empresas, incluidas las que están presentes en Silicon Valley, recurran a ella como eje vertebrador de la inclusión en el entorno laboral. Solo ese, apuntan desde Red Acoge, será el camino para la excelencia empresarial: “La diversidad cultural será el que delimite el futuro sostenible, respetuoso y comprometido”.

La ingeniería tiene nombre de mujer

Si nos pusieran delante la fotografía de un aula universitaria el primer día de clase con, pongamos, cien estudiantes repartidos en las mesas, y nos pidieran que adivinásemos qué carrera están estudiando –o, siendo algo más benévolos, si están matriculados en una disciplina de humanidades, sociales, ciencias de la salud o técnicas–, es probable que acertásemos atendiendo solamente al porcentaje de alumnos y alumnos presentes en el aula. Aunque en las últimas décadas el imparable avance de la igualdad se ha hecho patente en casi todos los ámbitos de la sociedad, la brecha de género sigue muy presente en la educación superior.  Si hemos asumido –no sin esfuerzo– que no hay colores «de niños» o «de niñas», ¿por qué no parece suceder lo mismo con las carreras?

Según los datos recogidos por la Unesco, solamente el 28% de los investigadores científicos de todo el mundo son mujeres. Aunque en ciertas áreas de la ciencia sí que se ha logrado equiparar la presencia de hombres y mujeres –por ejemplo, en Química, Medicina, Biología o Enfermería, donde ellas son incluso mayoría–, la ausencia de vocaciones femeninas en las denominadas carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés) es especialmente preocupante. Desde el organismo internacional alertan, de hecho, de que las disparidades de género son «tanto más alarmantes cuanto que se considera que, en general, las carreras vinculadas con las STEM constituyen los empleos del futuro, la fuerza motriz de la innovación, del bienestar social, del crecimiento inclusivo y del desarrollo sostenible».

En nuestro país, solo uno de cada cuatro matriculados en ingenierías es mujer

En nuestro país, los datos aportados por el Ministerio de Educación confirman que la situación no dista mucho de las cifras manejadas por los organismos internacionales: en nuestro país, solo uno de cada cuatro matriculados en ingenierías es mujer. Esta cifra sube hasta el 31,4% al hablar de las carreras STEM en general –debido a la mayor presencia de alumnas en carreras como Matemáticas–, según apuntan desde el Instituto de la Mujer. «La falta de mujeres en la ingeniería es un problema global, no local. Sin embargo, estas cifras enmascaran la realidad: hay carreras universitarias como la ingeniería biomédica o la bioingeniería donde ahora encontramos una igualdad casi total entre hombres y mujeres. En el otro extremo hay ingenierías como la informática o la electrotecnia, en las que la presencia femenina está a punto de pasar a un dígito», analizaba Sara Gómez, directora general de Universidades de la Comunidad de Madrid, en un diálogo con Eva Pagán, directora general de Transporte de Red Eléctrica de España organizado por Red2030 con motivo del Día de la Mujer.

El origen de la brecha hay que buscarlo mucho antes. Según diversas investigaciones –entre ellos, un estudio publicado en la revista Science–, a partir de los seis años las niñas empiezan a pensar que los niños son más capaces que ellas. Con esa tendencia, cuando llegan a la etapa de la adolescencia y tienen que tomar decisiones sobre qué quieren estudiar, confían en sí mismas menos que sus compañeros varones. Si a eso le añadimos la tradicional dificultad asociada a las carreras STEM, pocas se creen con aptitudes para afrontar su futuro laboral y académico en estas áreas. Paradójico: ese mismo estudio revela que, aunque las niñas de todas las edades relacionan las mejores notas con las chicas, siguen contestando que los más brillantes son sus compañeros.

«No es solo la formación de los docentes, debería cambiar también la idea que hay de que para hacer una ingeniería tienes que ser muy listo, porque también tienes que serlo para convertirte en un buen abogado o un buen periodista. Se transmite que la ingeniería es algo que haces solo, en un sitio cerrado, peleándote con las máquinas, y a lo mejor las mujeres, que somos más sensibles a tener trato con los demás, esa imagen que se da nos condiciona. Además, la realidad es que un equipo de ingeniería siempre es multidisciplinar: ya sea para construir un puente, una instalación eléctrica o una gran infraestructura, necesitas un equipo», apuntaba por su parte Eva Pagán en el mismo diálogo.

Para denunciar la situación y visibilizar la vocación de las mujeres en las carreras STEM, cada 23 de junio se celebra el Día de la Mujer en la Ingeniería que se suma a otras conmemoraciones de este tipo, como el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia –11 de febrero–. Aunque el objetivo es ambicioso, el coste de no lograr la igualdad sería caro para todos: en una sociedad cada vez más digitalizada y donde los sectores más demandados están relacionados con la tecnología, dejar al margen a la mitad de la población mundial sería poner serias trabas a su empleo en el futuro. En un momento en el que el planeta tiene que hacer frente a un momento decisivo, su supervivencia requerirá del mejor arma posible para hacerlo: el talento de todos  sus habitantes, sin importar su género.

Apostar por el saneamiento del agua para combatir pandemias

El 1 de enero de 2020 empezó la cuenta atrás para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Con diez años por delante para hacer de la Agenda 2030 una realidad, a finales de 2019 el Secretario General de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, apeló a todos los sectores de la sociedad para hacer de 2020 la Década de Acción. “Nos queda un decenio para transformar el mundo mediante la movilización de más gobiernos y empresas, así como con un llamamiento a todas las personas para que hagan suyos los Objetivos Mundiales”, explica la página web de la ONU. Sin embargo, cuando empezaba a haber un consenso generalizado sobre necesidad de desarrollar sus actividades en base a la consecución de los ODS, el coronavirus ha irrumpido en nuestras vidas poniendo en pausa todas las prioridades.

En un momento tan extraordinario como el actual, en el que los gobiernos se han visto obligados a hacer frente a una crisis sin precedentes, la Agenda 2030 corre el riesgo de verse relegada a un segundo plano. Sin embargo, son muchos los expertos que consideran los ODS deben ser, ahora más que nunca, nuestra guía para la recuperación del planeta. “Es vital que durante la respuesta a la crisis los países mantengan el foco en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y en los compromisos climáticos para mantener los logros del pasado y, durante la recuperación, hacer inversiones que impulsen un futuro más inclusivo, sostenible y resiliente”, afirma la ONU en el informe Shared responsability, global solidarity: Responding to the socio-economic impacts of COVID-19.

Mientras la comunidad científica busca una vacuna a contrareloj, lavarse las manos con jabón y agua sigue siendo una de las medidas más efectivas para evitar contagios y, por tanto, frenar la expansión del virus. Un gesto muy sencillo, pero que es imposible para muchos: en multitud de puntos del planeta el agua es un bien escaso y el agua limpia apta para el consumo y el saneamiento es incluso considerado un bien de lujo. Se calcula que en todo el mundo, más de 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable o sistemas de saneaminento y de todas ellas, más de la mitad viven en África, según la ONU. Por eso, el ODS 6 se centra de manera exclusiva en garantizar el acceso universal a fuentes de agua limpia y saneamiento para aquellos en situación de vulnerabilidad.

El ODS 6 se centra en garantizar el acceso universal a fuentes de agua limpia y saneamiento

A pesar de los progresos alcanzados en este terreno, “una de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a agua potable y dos de cada cinco no cuentan con instalaciones de saneamiento mejoradas que permiten lavarse las manos con jabón y agua”, explica la ONU. La desigualdad de los recursos hídricos no es un fenómeno nuevo, pero tal y como reconoce la organización, “la pandemia de la COVID-19 ha demostrado la importancia crítica del saneamiento, la higiene y el acceso adecuado a fuentes de agua limpia para prevenir y contener enfermedades”.

Más allá del coronavirus, el agua contaminada y la falta de instalaciones sanitarias están relacionadas con la propagación de otras enfermedades que se cobran la vida de miles de personas al año. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, entre otras, patologías como la malaria, cuyos vectores se reproducen en el agua y que se estima que solo en 2018 mató a 405.000 personas (el 67% menores de cinco años); la helmintiasis, transmitida por “huevos presentes en las heces humanas que contaminan el suelo en las zonas con malos sistemas de saneamiento” y que afecta a alrededor de 1.500 millones de personas, y la diarrea aguda. Esta última es la causa de la muerte de dos millones de personas al año, de las cuales -apunta la ONU- el 90% son provocadas por mala higiene y agua insalubre. Además, es especialmente dura con los niños: más de 800 mueren cada día por diarrea.  

Según las estimaciones de la comunidad científica, es probable que dentro de no mucho tiempo el coronavirus cuente con una vacuna. No obstante, epidemiólogos y científicos de todo el mundo apuntan a que esta no es ni será la última pandemia a la que se enfrente la humanidad. En este sentido, una recuperación que no se centre en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en general, y en el número 6 en particular, podría convertirse en un mero parche. El acceso a agua limpia y a instalaciones sanitarias es absolutamente necesario para mantener una mínima higiene y dignidad personal y, además, es un impulso para lograr otros objetivos como el de la lucha contra la desigualdad. “El agua y la higiene decente son una clave fundamental para lograr los ODS, incluidos el de buena salud e igualdad de género”, argumenta la ONU. A pesar de ello, mientras haya personas en el mundo que no tengan acceso a agua limpia o que no dispongan de instalaciones de saneamiento toda la humanidad seguirá en riesgo de vivir otra pandemia.

La avifauna, aliada de las líneas eléctricas

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Al noreste de Extremadura discurre el gran río Tajo, también una de las principales líneas de alta tensión de Red Eléctrica de España, que lleva la electricidad a todos los rincones del territorio. Hace apenas unas semanas, los vecinos de esta zona fueron testigos de un hecho inédito: en una de las torres eléctricas nació una cría de alimoche. Se trata de la primera vez en España y en toda Europa que esta especie logra reproducirse con éxito en los apoyos de alta tensión, según los registros. Los expertos consideran este hallazgo un avance importante en la convivencia de la avifauna y las infraestructuras eléctricas; una alianza cada vez más frecuente.

Las grandes rapaces y otras especies de aves suelen encontrar en los apoyos de alta tensión –que superan los 40 metros de altura– un refugio seguro y un mirador perfecto para otear el horizonte, advertir la presencia de posibles competidores y ampliar su área de dominio. Sin embargo, lo realmente relevante es que las infraestructuras eléctricas se están convirtiendo en verdaderas aliadas en la conservación y preservación de la avifauna.

Además del caso de la pareja de alimoches que han logrado reproducirse hay otras buenas noticias en este sentido. Desde 2011, Red Eléctrica colabora en un proyecto dirigido por la Fundación Migres y la Junta de Andalucía, cuyo objetivo es recuperar el águila pescadora en Cádiz, que desde los años 80 no se reproducía en la zona. Desde la puesta en marcha de la iniciativa, 30 pollos han logrado volar de estos nidos. Además, recientemente, la asociación conservacionista GREFA ha anunciado el nacimiento de dos pollos de buitre negro en la Sierra de la Demanda, tras tres años de trabajo conjunto entre dicha asociación, Red Eléctrica, la Junta de Castilla y León y otras administraciones de otras comunidades. Gracias al proyecto, tras medio siglo extinguido, el buitre negro ha vuelto a criar en el Sistema Ibérico.

Plásticos: entre la necesidad y el exceso

Una gigantesca isla de plástico, que se calcula que equivale en superficie a la de Francia, España y Alemania juntas, flota desde hace tiempo en mitad del Pacífico. Es el resultado de los miles de millones de residuos acumulados en nuestros océanos dese hace décadas. La comunidad científica lleva años alertando sobre el grave impacto que tienen los plásticos no biodegradables sobre el medioambiente. Parecía que en 2020 se iba a dar un salto cualitativo en el modelo de producción de este material; sobre todo porque los plásticos de usar y tirar pasarán a estar prohibidos en la Unión Europea el año que viene. Además, el 6 de marzo de este año, España se sumaba al Pacto Europeo de los Plásticos para reducir la utilización innecesaria. Sin embargo, con la irrupción del coronavirus, nuestras prioridades han cambiado radicalmente.

Ahora mismo lo más urgente es superar la pandemia y, aunque muchos países afrontan con buenas perspectivas la desescalada, las precauciones por el contagio tardarán en abandonarnos. Pantallas, mamparas, batas, guantes y respiradores son ahora más que necesarios que nunca, pero cabe recordar que, en su mayoría, están hechos de plástico. De igual modo, muchos de los Equipos de Protección Individual (EPI) son de un solo uso, por lo que irremediablemente, ahora se generan aún más residuos de este material que antes de la alerta sanitaria.

Consciente de la situación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicó esta semana una serie de indicaciones para la gestión de residuos derivados de la crisis sanitaria del coronavirus. Esta serie de pautas a seguir, recogidas en un documento llamado “Orientaciones para la prevención y gestión de residuos durante las fases de desescalada” hacen hincapié en evitar las mascarillas y guantes de un solo uso siempre que sea posible en todos los sectores de la población. Según el Ministerio, las dos prioridades actualmente, la protección de la población ante el virus y la recuperación económica, no deben impedir “avanzar hacia modelos de producción más sostenibles”. Es más, para el Gobierno, la reactivación económica representa una oportunidad para progresar “hacia una economía circular y descarbonizada”, en línea con las políticas que desde la Unión Europea se han puesto en marcha en los últimos meses.

Algunos grupos ecologistas que trabajan en China ya han denunciado la acumulación de mascarillas desechables en la Isla de Soko, cerca de Hong Kong. Y el país asiático no es el único. En España se calcula que durante el mes de abril los residuos plásticos se multiplicaron por cuatro. Se trata de restos que no pueden ser reciclados y que acabaran en un vertedero o incinerados.

Se calcula que en abril los residuos plásticos se han multiplicado por cuatro en España

Desde el Ayuntamiento de Valencia, una de las regiones más afectadas por el coronavirus, se calcula que desde que empezó la pandemia se han generado más de 300 toneladas de estos residuos solo en las residencias de ancianos. Por otro lado, según Ecoembes, en la primera semana de confinamiento aumentó un 15% la basura recogida en el contenedor amarillo de los hogares, la de plásticos. Esto supone un claro retroceso en los objetivos de reciclaje para las próximas décadas: en 2035 se esperaba reutilizar el 65% de los plásticos reciclados, pero a día de hoy apenas superamos el 30%.

Un impulso a los materiales alternativos

¿Existen formas de paliar este exceso de producción de un material altamente contaminante sin dejar de ser efectivos en la prevención del contagio o para la protección del personal? Además de aumentar el uso del plástico, la pandemia también ha abierto la puerta al desarrollo de materiales alternativos menos dañinos para el medioambiente. Pero estos problemas con la gestión de los residuos originados por el uso masivo de guantes y mascarillas en nuestro país podrían tener solución. Investigadores del CSIC han desarrollado una fibra completamente biodegradable y antiviral para fabricar estos instrumentos que permitirían reducir el uso de plásticos sin perder la seguridad de no contagiarnos con el virus. Además, gobiernos como el de Asturias ya están trabajando en ello: desde que comenzó la crisis sanitaria, una fábrica de Gijón, con apoyo del la Administración y la participación de varias empresas de material médico, comenzó a producir mascarillas reciclables.

En EE. UU., el fabricante de automóviles Ford está produciendo batas reutilizables a partir de materiales de los airbags que pueden lavarse hasta 50 veces, mientras que la Universidad de Nebraska está investigando sobre si la luz ultravioleta podría descontaminar y prolongar la vida de las mascarillas quirúrgicas.

A pesar de los rápidos avances que se están haciendo en esta dirección, todavía queda esperar a que se generalicen modelos de mascarilla como el patentado por la empresa británica Virustatic Shield, que contiene una “redecilla antiviral” reutilizable. Por el momento, las mascarillas artesanales de tela sin protección extra, aunque no sean tan efectivas como una médica, lavarlas a 60 grados es lo recomendado.

En cualquier caso, los expertos han explicado en numerosas ocasiones que el jabón y el agua caliente son efectivos para acabar con el coronavirus tanto en envases como en otros objetos. Con la excepción de hospitales y otros entornos médicos donde la precaución tiene que ser extrema, manteniendo estos estándares de higiene y desinfección, no hay motivo para fomentar el uso de envases y objetos reciclables frente a los reutilizables.

Por otro lado, muchas organizaciones ecologistas, como Greenpeace España, proponen reducir aún más el consumo de plásticos en otros ámbitos, acelerando el proceso en el que ya estaba inmersa toda la Unión Europea.

La recomendación no es nueva, pero puede ser útil: consumir productos frescos y de temporada en comercios de cercanía, que no emplean envases de plástico, o utilizar nuestras propias bolsas de tela o recipientes para comprar a granel es una buena manera de reducir el consumo de plásticos en un momento en el que, hasta que existan alternativas seguras y asequibles, son necesarias para hacer frente a esta crisis sanitaria.  

Red Natura 2000, la gran apuesta europea por la biodiversidad

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Cada 21 de mayo celebramos el Día Europeo de la Red Natura 2000. Gracias a ella se garantiza la supervivencia a largo plazo de una gran cantidad de especies y hábitats presentes en el continente europeo. La Red, formada por más de 27.000 áreas de conservación de la biodiversidad con un gran valor ecológico, se erige como la principal herramienta para proteger la naturaleza en Europa.

En España, el país que más superficie aporta a la Red Natura 2000, el 27% del territorio pertenece a esta, lo que evidencia la gran riqueza medioambiental de nuestro país. Esto en números totales se traduce en que 1.872 espacios en territorio español pertenecen a la Red con un área total de más de 222.000 km2.

La Red Natura 2000, que nació en 1992, persigue que la conservación de la naturaleza y el desarrollo económico y social vayan de la mano. Sin ir más lejos, los espacios que forman la Red aportan servicios vitales como el almacenamiento de carbono o el mantenimiento de la calidad del agua valorados en 300.000 millones de euros al año.

Las ciudades abren paso a sus habitantes

"Las ciudades son para las personas, no para los vehículos”. Esta declaración de principios hecha hace un tiempo por la directora ejecutiva de ONU Hábitat, Maimunah Sharif, sigue hoy más vigente que nunca. Sobre todo porque, en las últimas semanas, a las grandes ciudades del planeta se les han visto las costuras. Cuando el distanciamiento social se ha convertido en algo necesario para contener la expansión del coronavirus nos hemos dado cuenta de que en las grandes urbes, diseñadas para los vehículos, no hay suficiente espacio para las personas. Y ahora ha llegado el momento de cambiar esa realidad.

La considerable reducción del tráfico rodado y la disminución de la contaminación del aire como consecuencia del confinamiento han evidenciado la urgencia de situar a los ciudadanos (y no a los vehículos) en el centro de la planificación urbanística del futuro, que debe ser más sostenible para cumplir también con los objetivos de reducción de emisiones y la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Además, el aumento de la población urbana, que según la ONU crecerá en 6 millones de habitantes en 2050, es una amenaza seria para la salud si no se plantea un nuevo modelo de ciudad que vaya ligado a criterios de sostenibilidad. Es por eso que, algunos expertos han señalado a la “nueva normalidad” como un buen escenario para comenzar a alcanzar las metas propuestas por el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11 sobre el desarrollo de espacios urbanos sostenibles.

Londres como hoja de ruta

La última gran ciudad en sumarse a esta corriente reformista es una de las capitales más importantes del planeta: Londres. Sin ir más lejos, la semana pasada, el alcalde de la ciudad, Sadiq Khan, aseguró que el coronavirus cambiaría fundamentalmente la forma en la que los londinenses se desplazan por la ciudad. En una de las mayores iniciativas de reorganización llevadas a acabo en cualquier ciudad del mundo, Londres limitará el acceso con automóviles a una superficie significativa de su casco urbano, cediendo así las calles a peatones, ciclistas y transporte público. El objetivo es claro: además de permitir ese distanciamiento social obligado por el coronavirus, la ciudad reducirá sus niveles de contaminación y la salud de los ciudadanos ganará a corto, medio y largo plazo.

El anuncio de Londres coincide con las propuestas en las últimas semanas de Milán, que peatonizará 35 kilómetros de calles, de París, que invertirá más de 300 millones de euros en crear nuevos carriles bici, o Bogotá, que reconvertirá 76 kilómetros para ciclistas y evitará así aglomeraciones en el transporte público.

Milán, París y Bogotá también han puesto en marcha iniciativas de reorganización en las últimas semanas

En nuestro país, en la última semana más de 1.500 personas firmaron el manifiesto diseñado por el arquitecto Massimo Paolini y dirigido a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, donde se destacaba que la situación actual se presenta como una oportunidad única para llevar a cabo restructuraciones urbanísticas –tanto en la capital catalana como en el resto de ciudades españolas– y devolver la ciudad a las personas.

Según se especifica en el documento, la clave está en otorgar espacio al ciudadano a través de una reorganización de la movilidad. “No podemos seguir adelante si no quitamos espacio al automóvil, que se lleva más de la mitad de la superficie urbana”, explica el arquitecto y experto en urbanismo, José Rodríguez. En este sentido, reducir drásticamente el uso del vehículo privado mediante el fomento de la bicicleta -como ha venido haciéndose en las últimas semanas- , mejorar el transporte público en términos de acceso y frecuencias y ampliar aceras devolvería instantáneamente gran parte del espacio a los peatones. Hay ejemplos que demuestran que funciona, como la ampliación de las aceras  de la Gran Vía madrileña o la supermanzana de Barcelona.

Una ciudad más humana también pasa por apostar por impulsar los espacios públicos a través de la creación de nuevas zonas verdes, la naturalización de solares no edificados o la instalación de huertos urbanos en los diferentes barrios. Claros ejemplos de ello son el anillo verde de Vitoria o el cauce del río Tùria en Valencia. Desde la oficina de arquitectos Paisaje Transversal, que también ha propuesto una decena de medidas post-pandemia, Jon Aguirre destaca el especial esfuerzo que debe ponerse en este aspecto: “Tenemos una agenda urbana a nivel internacional, europeo y nacional. Las ciudades tienen que empezar a desarrollar un plan estratégico que incorpore la resiliencia, la infraestructura verde y la naturalización urbana”.

La desigualdad, el otro gran problema de las ciudades

Más allá del ámbito climático, la sostenibilidad también se dibuja a través de la erradicación de las desigualdades. Repensar la vivienda y garantizar su acceso es otra parte de la reorganización urbana. De hecho, es la primera meta del Objetivo 11 de los ODS que, además, insiste en fortalecer económicamente el desarrollo regional y evitar la despoblación.

Una importante necesidad, como señalan desde Paisaje Transversal, sería acabar de raíz con las llamadas “vulnerabilidades sistémicas”, como son los excesos del alquiler, los espacios domésticos limitados y la pobreza energética. “Desde hace tiempo se ha visto la urgencia de rehabilitación del parque inmobiliario como una lucha contra el cambio climático porque los edificios son grandes fuentes de gases de efecto invernadero”, explica Aguirre.

Rehabilitar es históricamente caro, pero existen ciertas medidas que pueden ayudar a mejorar los edificios más antiguos, como explica José Rodríguez: “Al no estar bien aislados requieren un gran consumo de calefacción y aire acondicionado. Eso podría solucionarse rehabilitándolo energéticamente incluyendo espuma de poliuretano en las fachadas, un procedimiento que no requiere obra interior, es barato y tiene muy buenos resultados”.

Economía al rescate

Como último paso, reorganizar las ciudades requiere replantear el modelo económico. Y esto el coronavirus lo ha conseguido con creces. No solo ha quedado evidenciada la dependencia exterior de bienes de consumo básicos, sino que además ha situado en el centro del debate las dificultades que han atravesado los pequeños comercios y el consumo local. Tal y como marca el arquitecto italiano en su manifiesto, la reorganización urbana debe pasar por impulsar la economía local y el cooperativismo, reutilizar materiales de construcción y reducir el turismo masivo.

Además de estos planes, el despacho de Paisaje Transversal añade políticas públicas en torno a la revitalización económica de barrios, el impulso de energías renovables a escala local y la recuperación de la industria mediante estrategias de renovación de polígonos. A fin de cuentas, el coronavirus ha dejado en evidencia que el desarrollo sostenible solo es posible si se transforma radicalmente la forma en la que administramos los espacios urbanos. Como subraya Aguirre: “Una ciudad sin un plan es una ciudad a la deriva”.

El reciclaje, un escudo del planeta

Reciclaje y medioambiente siempre han ido de la mano. Sin el primero, el segundo estaría cada vez más desprotegido y más expuesto ante la acción del ser humano. Es indiscutible que la manera en la que gestionamos nuestros residuos afectan al planeta de una forma u otra. Pero también a nosotros mismos.

Así lo apuntan algunos estudios como el Global Environment Outlook 6 –presentado por la ONU en 2019 y realizado por un equipo de 250 científicos y expertos de más de 70 países–, que concluye que la contaminación de las aguas, provocada en gran parte por los residuos plásticos, será una de las principales causas de mortalidad en el mundo en el año 2050. Ante estos datos, la gestión adecuada de los residuos y el impulso del reciclaje ya no son una opción: se han convertido en una obligación.

Aunque en las últimas décadas se han dado pasos en la dirección correcta en el camino de la concienciación ciudadana, aún estamos lejos de llegar a la meta. Por eso, cada 17 de mayo celebramos el Día Internacional del Reciclaje; porque es necesario recordar y concienciar sobre la importancia que el reciclaje tiene en nuestras vidas, siendo una de las herramientas más eficaces que hay para luchar contra el cambio climático.

Y eso ya se conocía hace más de tres décadas años, cuando los movimientos ecologistas de los años 70 y 80 comenzaron a denunciar la inacción política respecto a la protección del planeta. No obstante, a pesar de que el origen de este día parece estar en Estados Unidos en 1994, su recorrido está muy ligado al Día de la Tierra, que se empezó a celebrar unos años antes. Fue precisamente en la primera efeméride de la conmemoración cuando salió a la luz el famoso logo del reciclaje que hoy todo el mundo reconoce. Fue creado por Gary Anderson, un estudiante de la Universidad de California que se presentó a un concurso para crear un logotipo que celebrase tal fecha. El resultado ya lo conocemos: una composición sencilla, con tres flechas entrelazadas que representan el ciclo del reciclado. Este es: separar los materiales reciclables, fabricar nuevos productos con ellos y que los consumidores lo vuelvan a comprar.

Con el paso de los años, reciclar se ha convertido en un hábito y la sociedad española parece ser una de las más concienciadas. Sin ir más lejos, según datos de Ecovidrio, 2018 fue un año récord para los envases de vidrio y plástico. El vidrio alcanzó una tasa de reciclaje del 76,5%, tres puntos y medio porcentuales más que en el año anterior, mientras que los envases de plástico llegaron al 75,8%, casi siete puntos más que en 2017 (69%). En cuanto al reciclaje de papel y cartón, este llegó al 80%, y los envases metálicos como las latas de refresco o cerveza superaron el 85%. Los datos brutos en España son buenos, pero no debemos bajar la guardia. Todavía nos queda mucho por aprender; al final de la cadena del reciclado está el planeta y su último eslabón somos nosotros.

La economía circular, más allá del reciclaje

En las últimas décadas, desde las diferentes administraciones y con la ayuda de la sociedad civil se ha trabajado de manera firme en forma de legislación y con campañas de formación ciudadana para incluir en nuestro día a día unos hábitos de reciclaje idóneos. Pero lo que hace años conocíamos exclusivamente como reciclaje ha evolucionado hacía un concepto más amplio que aglutina todo el sistema de producción: la economía circular. Este concepto relativamente nuevo incluye acciones como el uso eficiente de materias primas o la optimización de recursos energéticos. Algunos hablan de las conocidas como “nueve erres”, que definen el ciclo completo de la economía circular: repensar, rediseñar, refabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

En los últimos meses, la Unión Europea se ha convertido en un referente de la economía circular con la presentación del European Green Deal, cuya hoja de ruta apuesta con fuerza por la economía circular. En concreto, el pasado mes de marzo se presentó en el Parlamento Europeo el Nuevo Plan de acción de economía circular, enmarcado dentro del European Green Deal, y que tiene como objetivo alargar el ciclo de vida de los productos.

El reto de la UE en este campo es importante, ya que la economía europea sigue siendo casi enteramente lineal. Según Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea y responsable del European Green Deal, “solo el 12% de los materiales y recursos secundarios vuelve a entrar en la economía”. El objetivo de la Unión es el de transformar los métodos de fabricación de los productos y empoderar a los consumidores para que puedan elegir siempre opciones más respetuosas con el medio ambiente que ayuden a conservar el planeta. Con este plan, la economía circular seguirá arraigando en la Unión Europea: será su nuevo modo de entender la economía.

¡Eres necesario! Recicla y aporta tu granito de arena

Y para conseguir transformar nuestro modelo productivo hacia uno más sostenible, nuestro papel será vital. Reciclar es fácil: solo requiere un poco de compromiso con el medioambiente y que todos ayudemos desde casa en la medida de lo posible. Aunque Internet está lleno de trucos y consejos para hacer nuestro día a día con el reciclaje más llevadero, nosotros te proponemos algunos a continuación:

Diferentes contenedores para diferentes residuos: si tienes espacio, tres cubos de basura pequeños son suficientes para reciclar en casa los envases: plástico, cartón y vidrio. Los colores los podemos elegir nosotros y es recomendable siempre usar bolsas de basura para mantener el higiene. Si no tenemos hueco para poner tres cubos, podemos dividir un cubo en tres con diferentes bolsas. No cabrán los mismos residuos que en cubos diferentes, pero la función que cumple es la misma.

Colocar etiquetas en cada cubo. Porque aunque ya nos sepamos de memoria lo que significa cada color, nunca está de más prevenir y asegurarnos que nunca se nos va a olvidar que va en cada lugar. Incluso la etiqueta puede ser del mismo color que el cubo para asimilar los colores más rápidos.

Reducir el tamaño de los envases. Doblar los cartones de la leche, por ejemplo, o estrujar las latas de refrescos, harán que el espacio que ocupan estos envases sea menor y podamos acumular más residuos antes de renovar la bolsa.

Leer la etiqueta de los envases. La mejor forma de saber qué va a cada sitio, es asegurarnos de lo que nos indica cada producto. La mayoría de estos informan de sus materiales utilizados e incluso te indican el contenedor al que corresponden.

Reutilizar. Probablemente el más importante de todos. Antes de reciclar cualquier producto, podemos ver si nos sirve para darle un segundo uso. Por ejemplo, un envase de vidrio lo podemos reciclar como vaso, jarrón o incluso para guardar legumbres o pasta.

Cuidado con los artículos especiales. En nuestro día a día usamos productos que no podemos incluir en ningún contenedor de los que tenemos en casa pero que son igual de importantes de reciclar. Las pilas, los electrodomésticos y los medicamentos caducados son algunos ejemplos.

#Coronavirus y turismo: una vuelta a los orígenes

Valeria Cafagna

Hasta hace relativamente poco, viajar era una actividad reservada para unos pocos afortunados cuyos ingresos podían costear los altos gastos asociados a pasar unos días fuera del hogar, o incluso de su propio país. Sin embargo, el incremento del nivel de vida medio de los ciudadanos y la reducción considerable de los precios del turismo con la llegada, por ejemplo, de compañías de transporte low cost, han democratizado la actividad del turismo. Ejemplo de este cambio es que en 2019 hubo 1.460 millones de turistas internacionales en el mundo, un crecimiento del 117% respecto al año 2000, según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Todo apuntaba a que la tendencia estaba al alza, hasta que el coronavirus ha irrumpido en nuestras vidas.

Las medidas adoptadas para frenar la expansión del coronavirus han puesto al mundo tal y como lo conocíamos en pausa, obligando a muchos sectores económicos a disminuir o incluso frenar por completo su actividad. El turismo es, sin duda, uno de los más damnificados debido al cierre total o parcial de las fronteras y al confinamiento general de la población mundial, lo que ha llevado a los diferentes países a restringir los viajes. “A fecha de 6 de abril, el 96% de los destinos del mundo habían introducido restricciones a los viajes en respuesta a la pandemia. Alrededor de 90 destinos han cerrado total o parcialmente sus fronteras a los turistas, mientras que otros 40 se encuentran cerrados a ciertos turistas, dependiendo del país de origen”, explica el informe Covid-19 Related Travel Restrictions A Global Review for Tourism, elaborado por la OMT.

Todo apunta a un turismo dentro del país, cerca de casa y más corto temporalmente

Aunque todo apunta a que de cara al verano lo peor de la crisis habrá pasado, parece muy improbable que se reactive el turismo internacional. Ese escenario supondría la reapertura de fronteras, algo que para los Estados miembro de la Unión Europea debe consensuarse de manera conjunta. Además, hay que tener en cuenta la huella psicológica que la crisis podría dejar en los turistas del futuro. Al menos, durante un tiempo. “El trauma que supondrá esta crisis sanitaria hará que las personas cambien sus prioridades, y cuando opten por viajar, serán mucho más prudentes y se preocuparán más por su seguridad”, explica en un estudio de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) Joan Miquel Gomis, director del programa de Turismo.

Priorizar la seguridad a la hora de viajar pasa, de manera casi inevitable, por reducir la distancia de los viajes escogiendo destinos nacionales. También cambiará el método de desplazamiento en las largas distancias: los vehículos privados ganarán peso frente a alternativas como el avión, donde guardar distancia social con desconocidos es casi  imposible en la actualidad. La predicción de la revista Forbes coincide con el estudio de la UOC y vaticina un turismo “dentro del país, cerca de casa y más corto temporalmente”. Un patrón que supondría volver a los orígenes de los viajes de hace medio siglo, cuando el turismo mayoritario se resumía en “carretera y manta”.

El turismo nacional ante su gran reto

Esta situación requiere repensar el turismo. Muchas comunidades autónomas ya preparan la puesta en marcha de campañas para promocionar el turismo nacional este verano. En Andalucía, una de las regiones más castigadas por este parón en uno de los sectores principales de su economía, las cifras son alarmantes. Solamente en la Costa del Sol, se espera que hasta cuatro millones de turistas hayan dejado de visitar la zona debido al confinamiento, lo que supondrá 4.000 millones de euros de pérdidas solo en la provincia de Málaga. Por ello, la Diputación de Málaga destinará un millón de euros a una campaña de promoción del destino para atraer al mercado nacional con unos precios competitivos.

Otras comunidades dependientes económicamente en gran parte del turismo ya han solicitado al Gobierno central ayudas económicas para paliar los efectos de la crisis, pero para ello es necesario la colaboración del turista local durante el estío. Incluso en la Comunidad de Madrid, una de la que más viajeros exporta al resto del territorio nacional, la consejera de Turismo y Cultura de la región, Marta Rivera, ha animado a los madrileños a viajar dentro de la provincia para estimular la economía local.

El turismo nacional podría contribuir a reactivar la España vaciada

A priori, todo cambio asusta, pero la alternativa más probable a no participar en el “nuevo” modelo de turismo será quedarse en casa durante las vacaciones. Algo difícil de imaginar para el 62,5% de los españoles, que viaja al menos entre dos y tres veces al año, mientras que sólo el 6% de la población afirma que nunca realiza un viaje, según datos del informe Radiografía del turista español elaborado por Rastreator. Además, lo que en principio no parece ideal, puede derivar en una mejora para las personas y los entornos naturales. "La idea es que la conciencia de salubridad e higiene contra las enfermedades derive en una conciencia a favor de la sostenibilidad", apunta Pablo Díaz, profesor de Economía y Empresa de la UOC. Un turismo sostenible dentro de nuestro propio país puede ser el impulso necesario para cumplir con una de nuestras tareas pendientes: volver a llenar la España vaciada. Teniendo en cuenta que el 90,4% de los viajes de los españoles tienen como destino algún punto del territorio nacional, escoger pueblos y zonas rurales poco conocidas como alternativa ante el tradicional turismo de sol y playa. Con una afluencia de turistas mayor este verano, se conseguirá reactivar la economía de la España rural y se fomentará la creación de nuevos yacimientos de empleos en la zona, un primer paso para afrontar uno de los grandes retos de nuestra sociedad en esta próxima década.

De esta manera, la “nueva normalidad” que vendrá después de la crisis del coronavirus puede contribuir a cumplir la Agenda 2030 optando por un turismo más sostenible. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas tienen como una de sus metas conseguir un modelo de vida en el que nadie se quede atrás y el cuidado del medio ambiente sea la pauta a seguir a la hora de producir y consumir. El abandono de las zonas rurales solo puede traer desigualdad económica entre las urbes y los pueblos, pues como apunta el Plan de Acción para la Implementación de la Agenda 2030, “no es posible alcanzar los ODS dejando atrás las zonas rurales y a sus habitantes".

#Coronavirus y movilidad: las bicicletas se abren paso

Nada será igual después de la pandemia. Tampoco la manera que tienen los ciudadanos de desplazarse dentro de las ciudades. La crisis del coronavirus ha aupado a la bicicleta como el método de transporte idóneo para mantener el distanciamiento físico durante la desescalada y evitar así nuevos contagios. No genera aglomeraciones, es saludable, accesible y, además, permite respirar aire fresco. Durante estas semanas ha ido nombrándose cada vez más este medio de transporte en los discursos del Gobierno hasta tal punto que la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, ya ha solicitado a los ayuntamientos que la potencien “como alternativa de transporte limpio y sostenible para la salida gradual de la crisis sanitaria”.

El escenario de reconstrucción que nos deja la crisis del COVID-19 podría suponer ese empujón definitivo para que la bicicleta pase a ser, por fin, una herramienta clave en la transformación de los núcleos urbanos en entornos más sostenibles. Ya está pasando en capitales europeas como Milán y Berlín, donde se están aplicando planes de urgencia para habilitar corredores ciclistas y ampliar zonas peatonales con miras a cambios permanentes que prioricen a los viandantes.

En Milán, capital de la región de Lombardía, epicentro del coronavirus en Italia, las autoridades han entendido que tras la llegada del coronavirus es necesario replantear el modelo de movilidad en la ciudad italiana. El plan bautizado como 'Strade aperte’, algo así como una apertura de caminos, prevé transformar 35 kilómetros de calles en zonas peatonales o con prioridad para peatones y ciclistas. Las medidas, entre otras cosas, comprenden la creación de carriles bici de bajo coste, ampliación y reformas de las aceras y limitación de velocidad de 30 km/h por las calles de Milán.

El escenario de reconstrucción que nos deja la crisis podría ser el empujón definitivo para la bicicleta

Dentro de nuestras fronteras, algunas ciudades como Valladolid también trabajan en planes de movilidad con el objetivo de transformar el modo de desplazarse por la ciudad. Desde el consistorio lo tienen claro: “No podemos cambiar una amenaza para la salud como el coronavirus por otra tan peligrosa como es la contaminación”. El proyecto vallisoletano pasa por ampliar los espacios para peatones y ciclistas a través de la creación de nuevas peatonalizaciones, la delimitación de áreas de restricción para vehículos privados y fomentando el uso del transporte público.

Tal y como demuestra la investigadora Pilar Vega en su estudio “Una década de planes de movilidad urbanística 2004-2014”, en este periodo de tiempo se plantearon en España hasta 250 hojas de ruta regionales y autonómicas con una planificación enfocada hacia la movilidad sostenible. Sin embargo, “la mayoría no tuvieron la trascendencia necesaria para aplicarse adecuadamente”, sostiene. A día de hoy, son muchos los expertos en urbanismo y otros colectivos los que piden al Gobierno que aproveche la situación de la pandemia para evitar que los graves problemas de contaminación vuelvan una vez alcancemos la llamada “nueva normalidad”.

Según explica Vega, muchas de las medidas que se recogen en un plan de movilidad no suponen altos costes y solo necesitan voluntad política. “Ahora las calles tienen apenas circulación, por lo que es fácil adaptar al menos uno de los carriles a la movilidad ciclista mediante un urbanismo táctico con pintura, macetas y bolardos separadores que los delimiten”, señala la experta.

La coordinadora ConBici, que aúna a más de 64 colectivos ciclistas, ya ha propuesto al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico un paquete de medidas a corto, medio y largo plazo para llevar a cabo esta mayor integración de la bicicleta en el día a día de los núcleos urbanos. En el plan se incluye, además, una regulación semafórica para evitar aglomeraciones en tiempos de espera y la reducción de los límites de velocidad para garantizar una mayor seguridad en los desplazamientos. “Ahora que solo puede acceder al transporte público un tercio de la población, tenemos que evitar que el resto se dirija al uso del coche”, destaca Ester Rodríguez, miembro de la coordinadora.

Vega: "Muchas de las medidas de los planes de movilidad no suponen altos costes y solo necesitan voluntad política"

La intermodalidad será un elemento clave en el medio plazo. Esto implica combinar la bicicleta con otros medios de transporte urbanos como los autobuses, el metro, el tranvía o el Cercanías habilitando, por tanto, espacios concretos tanto en los vagones como en las estaciones con el fin de garantizar a los usuarios desplazamientos sin mayores complicaciones, especialmente en grandes ciudades donde las distancias entre los distintos barrios, el centro, universidades, hospitales y lugares de trabajo son más amplias.

El Plan Estatal Estratégico 2016-2024 aprobado hace cuatro años enmarcado dentro de las políticas orientadas a cumplir la Agenda 2030 podría servir de cara al futuro próximo. Este ya concebía en sus áreas estratégicas las redes ciclistas urbanas, periurbanas e interurbanas, destacando como medidas eficaces para el fomento de la circulación segura en bicicleta aquellas encaminadas a la reducción del tráfico de vehículos de motor, “tales como las Zonas 30 o la restricción de vehículos en determinadas áreas para beneficiar a usuarios vulnerables como personas mayores, niños y personas con movilidad reducida”.

¿Qué quedaría entonces que hacer a largo plazo? Todos los cambios infraestructurales necesarios para construir, en palabras de Pilar Vega, “una ciudad próxima, multifuncional, que permita el desplazamiento en modos activos y donde el espacio estancial sirva para mejorar la habitabilidad”.

En resumen: las ciudades responden a cómo están construidas. Por eso, sus habitantes solo se moverán en bicicleta si tienen el espacio necesario para hacerlo. Así lo resume Adrián Fernández, responsable de movilidad en Greenpeace: “Los cambios culturales dependen de los mensajes que se lancen desde las administraciones. Si faltan aceras, las calles nos dicen que el coche es el rey. Si adaptamos un espacio seguro para la bicicleta, estamos diciendo: “oye, anímate y prueba a moverte así”.