Categoría: Agenda 2030

Plasticosis: las cicatrices que deja el plástico

Plasticosis

En 2023, un equipo científico llamó plasticosis a las lesiones provocadas por la ingestión de plástico en aves marinas, un hallazgo que demuestra cómo un residuo abandonado en el entorno puede acabar dañando los tejidos de los seres vivos, y plantea nuevas preguntas sobre sus efectos en la salud humana.


En un estudio publicado en 2023 en la revista Journal of Hazardous Materials, un grupo de investigadores analizó el estómago de 30 polluelos de pardela patirrosa de la isla de Lord Howe, en Australia. Comprobaron que estas aves habían ingerido plástico y que, cuanto más mayor era la cantidad ingerida, mayores eran las lesiones en sus tejidos. Sin embargo, otros materiales naturales distintos a su alimento que también habían tragado no producían el mismo daño.

Los científicos llamaron plasticosis a la enfermedad provocada por la exposición continuada al plástico. Cuando un tejido permanece inflamado durante mucho tiempo, el organismo trata de repararlo formando una especie de cicatriz interna. Si este proceso se repite, esas cicatrices pueden acumularse y hacer que el órgano pierda flexibilidad y funcione peor.

Los científicos llamaron ‘plasticosis’ a esta enfermedad provocada por la exposición continuada al plástico.

En las aves estudiadas, el daño aparecía en una zona del estómago fundamental para la digestión, lo que puede dificultar que aprovechen correctamente los nutrientes y las vitaminas de los alimentos, y hacerlas más vulnerables a infecciones y parásitos. El plástico, por tanto, además de provocar una falsa sensación de saciedad, también puede llegar a modificar físicamente los tejidos.

Del océano al organismo

Pero el problema continúa cuando el plástico se rompe. Con el paso del tiempo, los residuos se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas, primero microplásticos y después nanoplásticos, todavía más diminutos. Su tamaño permite que se desplacen por el agua, el suelo y el aire y que terminen entrando en la cadena alimentaria.

La plasticosis solo se ha documentado en la pardela patirrosa y no existe constancia de esta enfermedad en seres humanos. Sin embargo, su descubrimiento sirve como advertencia sobre los efectos que una exposición continuada al plástico podría tener también en otras especies.

La prevención de cara al futuro

Todavía quedan muchas preguntas por responder sobre cómo afectan los microplásticos al organismo a largo plazo. Mientras la ciencia intenta despejarlas, ya se están tomando medidas para evitar que estas partículas sigan acumulándose en el entorno. La Unión Europea restringe desde 2023 los microplásticos que se añaden intencionadamente a determinados productos, y se ha marcado el objetivo de reducirlos un 30% para 2030. La Comisión Europea calcula que esta medida podría evitar que unas 500.000 toneladas de este material terminen en el medio ambiente durante los próximos veinte años.

La contaminación mundial por plásticos podría reducirse un 80 % de aquí a 2040 utilizando soluciones que ya existen.

El problema también se está atacando allí donde las partículas escapan de forma accidental. En 2025, la UE aprobó nuevas normas para evitar la pérdida durante su fabricación y transporte de los pequeños pellets que se utilizan como materia prima para producir plástico, una de las principales fuentes de microplásticos involuntarios en Europa. Desde ese año también, Francia obliga a que las lavadoras incorporen sistemas capaces de atrapar las microfibras que desprende la ropa sintética antes de que lleguen a las aguas residuales. 

Pero la prevención empieza aún mucho antes, evitando que se generen residuos que acabarán descomponiéndose en partículas cada vez más pequeñas. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la contaminación por plásticos podría reducirse un 80% de aquí a 2040 si utilizamos soluciones que ya existen, desde eliminar usos innecesarios hasta extender la reutilización, rediseñar productos y mejorar el reciclaje.

Harriette Chick, defensora del 'somos lo que comemos'

Cuando el raquitismo parecía inevitable, Harriette Chick se centró en la dieta y cambió para siempre la forma de entender y proteger la salud infantil europea.


A comienzos del siglo XX, el raquitismo formaba parte de la cotidianidad de muchas ciudades industriales europeas. La enfermedad debilitaba los huesos de los niños, retrasaba su crecimiento y podía provocar deformaciones en las piernas y el tórax. Sus causas, sin embargo, generaban discusión, pues algunos médicos la atribuían a una infección, y otros a la falta de ejercicio, el hacinamiento o una supuesta debilidad hereditaria. 

Sus investigaciones ayudaron a desarrollar métodos para evaluar los desinfectantes, fundamentales para el tratamiento del agua y el control de enfermedades infecciosas

Harriette Chick cambió aquella mirada. Esta microbióloga y nutricionista británica defendió con evidencias que ciertas enfermedades no procedían necesariamente de un microorganismo, sino que podían aparecer cuando al organismo le faltaba algo esencial. Su trabajo contribuyó así a consolidar la idea, hoy evidente, de que la alimentación y el entorno también determinan nuestra salud.

La investigación como pilar

Nacida en Londres en 1875, Chick estudió ciencias en el University College de Londres y comenzó su carrera investigando las aguas contaminadas y los procesos de desinfección. En 1905 logró incorporarse al Lister Institute of Preventive Medicine, pese a las resistencias iniciales que despertaba entonces la presencia de mujeres en los espacios científicos. Allí estudió cómo el tiempo, la temperatura y la concentración de una sustancia desinfectante influían en la eliminación de bacterias. Sus investigaciones ayudaron a desarrollar métodos más precisos para evaluar los desinfectantes, fundamentales para el tratamiento del agua y el control de enfermedades infecciosas. 

Su gran aportación consistió en reunir pruebas clínicas capaces de demostrar que la enfermedad podría prevenirse mediante la alimentación y la luz

En 1919, tras la Primera Guerra Mundial, Chick encabezó un equipo enviado a Viena por el Medical Research Council y el Lister Institute, pues la ciudad sufría una grave escasez de alimentos y numerosos niños presentaban raquitismo. Aquel contexto dramático ofrecía la posibilidad de investigar hasta qué punto la enfermedad estaba relacionada con las carencias nutricionales. 

El equipo comparó la evolución de niños sometidos a distintas dietas y condiciones y los resultados mostraron que el aceite de hígado de bacalao podía prevenir y tratar el raquitismo. También comprobaron que la exposición a la luz solar o a lámparas ultravioletas producía una mejora semejante. Ninguno de los bebés que recibió aceite de hígado de bacalao durante el invierno desarrolló la enfermedad, mientras que las observaciones radiográficas permitieron confirmar su marcada incidencia estacional.

De la intuición al remedio

Chick no fue la primera persona que relacionó el sol con el raquitismo, ni descubrió por sí sola la vitamina D. Su gran aportación consistió en reunir pruebas clínicas capaces de demostrar que la enfermedad podía prevenirse mediante la alimentación y la luz. Con ello ayudó a convertir una antigua intuición en una herramienta de salud pública. Sus hallazgos favorecieron la incorporación de suplementos nutricionales y medidas preventivas dirigidas a la infancia. 

También ampliaron la forma de entender la enfermedad, pues curar no siempre significaba combatir un agente infeccioso, sino que, en ocasiones, exigía mejorar la dieta, las condiciones de vida y el acceso a entornos saludables. Harriette Chick vivió hasta los 102 años, y su legado recuerda que la medicina también puede estar en los alimentos que llegan a la mesa, en el agua que bebemos y en la luz que recibimos sobre la piel.

Los insectos: trabajadores invisibles que sostienen el planeta

Polinizan plantas, reciclan nutrientes, airean el suelo, frenan plagas y sirven de alimento a numerosas especies. Sin embargo, la actividad humana y el cambio climático amenazan a estos pequeños trabajadores, cuya desaparición puede alterar procesos esenciales para la biodiversidad y nuestra propia supervivencia.


A menudo llamamos «bicho» a todo aquello que zumba, repta o aparece sin invitación en casa. En ese mismo saco metemos a hormigas, abejas, escarabajos y hasta arañas. La reacción habitual es apartarlos o eliminarlos, aunque fuera de nuestras paredes muchos de estos pequeños animales desempeñan tareas fundamentales para que la naturaleza siga funcionando.

Una de las más conocidas es la polinización. Al desplazarse de una flor a otra, abejas, mariposas, polillas, moscas, avispas y algunos escarabajos transportan polen y favorecen la reproducción de las plantas. Según la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), más del 75% de los principales tipos de cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en parte, de la polinización animal, realizada en gran medida por insectos. Es el caso de muchas frutas, hortalizas y frutos secos, así como productos como el café o el cacao.

Más del 75% de los principales tipos de cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en parte, de la polinización animal

 Su jornada va más allá de las flores. Escarabajos, hormigas, termitas y larvas de mosca fragmentan madera, hojas, excrementos y restos de animales. De este modo, aceleran la descomposición, devuelven nutrientes al suelo y ayudan a mantener su fertilidad. Otros excavan galerías que airean la tierra y facilitan la circulación del agua, creando mejores condiciones para el crecimiento de las plantas.

Los insectos también ejercen como controladores naturales de especies. Las mariquitas se alimentan de pulgones; algunas avispas ponen sus huevos en especies que dañan los cultivos; las mantis y las crisopas cazan otros invertebrados. A ellas se suman las arañas que, aunque no son insectos, también ayudan a contener determinadas poblaciones. Todos sirven, a su vez, de alimento a aves, murciélagos, anfibios, reptiles y peces. 

Antes de 2030, deberán aplicarse medidas de recuperación en al menos el 20% de las superficies terrestres y el 20% de las marinas de la Unión Europea

Pese a su gran labor natural, estos trabajadores invisibles están perdiendo espacio. La transformación y fragmentación de los hábitats, la agricultura intensiva, el uso de pesticidas, la contaminación lumínica, las especies invasoras y el cambio climático reducen sus refugios, alteran sus ciclos y dificultan que encuentren alimento. Más allá de la desaparición de determinadas especies, su declive también debilita los procesos que estas sostienen.  

Restaurar hábitats, conservar setos y praderas, plantar flora autóctona, reducir el uso de pesticidas y limitar la iluminación artificial innecesaria son algunas medidas que pueden favorecer su recuperación. En esta dirección, el Reglamento europeo sobre Restauración de la Naturaleza establece que, antes de 2030, deberán aplicarse medidas de recuperación en al menos el 20% de las superficies terrestres y el 20% de las marinas de la Unión Europea, además de revertir el declive de las poblaciones de polinizadores. Cuidar a estos pequeños trabajadores significa, en definitiva, proteger la biodiversidad y los procesos ecológicos de los que también dependemos.

Un análisis de leyes que no venden humo

Pese a conocerse sus efectos negativos sobre la salud, el tabaco sigue consumiéndose de forma habitual en España. Las leyes antitabaco de 2005 y 2010 ya demostraron su eficacia, al reducir un 90% la exposición al humo entre las personas no fumadoras. 


La Ley 28/2005 marcó un antes y un después en la vida pública española, al prohibir el tabaco en centros de trabajo, administraciones y otros espacios públicos cerrados. La conocida como Ley Antitabaco, en vigor desde enero de 2006, sentó las bases de la política de espacios sin humo que hoy conocemos, al limitar tanto el consumo como la venta de tabaco y la protección a las personas no fumadoras. Más de dos décadas después, sus efectos continúan presentes en nuestro día a día. 

Aunque en un principio la hostelería fue la gran excepción –los establecimientos pequeños podían permitir fumar, mientras que a los más grandes se les daba opción de habilitar una zona para este fin–, no sería por mucho tiempo: una reforma introducida en 2011 obligó a que todos los bares y restaurantes tuvieran que colgar definitivamente el cartel de «prohibido fumar». La prohibición se extendía también a espacios sensibles como zonas exteriores de hospitales y escuelas. 

La Ley 28/2005 establecía por primera vez un marco estatal integral de protección frente al humo

No era la primera vez que una norma restringía el consumo de tabaco en nuestro país. Ya entre los años 80 y los 2000 se habían instaurado, de forma progresiva, normativas que prohibían fumar en aviones, trenes y autobuses, así como en centros sanitarios y escuelas públicas. Sin embargo, se trataban de medidas fragmentarias que solían depender de normativas sectoriales o autonómicas. La Ley 28/2005, en cambio, establecía por primera vez un marco estatal integral de protección frente al humo.

Dos décadas de leyes antitabaco, en datos

Los beneficios no se hicieron esperar, especialmente para las personas no fumadoras. Tras la entrada en vigor de la reforma de la ley, en 2011, las concentraciones ambientales de nicotina y partículas PM2,5 en los establecimientos de hostelería se redujeron en más de un 90%, según los informes de evaluación de la legislación antitabaco. Los ceniceros desaparecieron de los locales y a las antiguas zonas de fumadores se les dio otros usos, como reconvertirlas en zonas infantiles. 

El 4,8% de los adolescentes fuma cigarrillos a diario

En paralelo, el consumo diario de tabaco también experimentó un descenso a largo plazo. Según una encuesta del Ministerio de Sanidad, el porcentaje de personas con hábito diario se redujo con el tiempo, pasando de un 32,8% en 2005 a un 25,8% en 2024. 

La reducción no fue lineal, sino que la tendencia experimentó algunos repuntes antes de alcanzar en 2024 su mínimo histórico. Los estudios también demostraron diferencias por sexo, con una disminución del consumo más acusada entre los hombres que entre las mujeres.

En cuanto al descenso de la morbilidad asociada al consumo de tabaco, existen evidencias que apuntan a una reducción de las tasas de ingresos por accidentes cardiovasculares y problemas respiratorios. Por ejemplo, inmediatamente después de la entrada en vigor de la primera prohibición, se observó una disminución del 14,7% en las tasas de hospitalización por Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Sin embargo, los efectos no siempre se mantuvieron a largo plazo, por lo que, en algunos casos, los datos no son concluyentes.  

Una lección para el futuro

Hoy nadie se imagina una reunión de trabajo envuelta en nubes de humo o una comida en un restaurante donde la ceniza pueda caer sobre el plato principal. Sin embargo, tener que salir a la calle, a pesar del mal tiempo, para poder consumir es algo que antes hubiera parecido inaceptable. Dos décadas de leyes antitabaco nos muestran cómo habituarnos a ciertos cambios resulta más sencillo de lo que parece. 

Ahora el principal reto está en los más jóvenes. Según el estudio HBSC 2022, el 4,8% de los adolescentes fuma cigarrillos a diario, una cifra que asciende al 13,3% entre aquellos con 17 y 18 años (el 14% de las chicas y el 12,2% de los chicos), todo esto en pleno auge de cigarrillos electrónicos y vapeadores. Una vez más, comprender patrones y hábitos de consumo será imprescindible para proteger la salud de las nuevas generaciones y seguir construyendo un entorno más seguro para todos.

En caso de emergencia, contacte ¿a un animal?

El perro que ayudó a un joven a sobrevivir durante dos semanas bajo los escombros en Venezuela tras los devastadores terremotos es solo uno de los muchos ejemplos que demuestran que la relación entre humanos y animales puede convertirse en un recurso decisivo en situaciones de emergencia, pero también en la vida cotidiana.


Un joven permaneció catorce días atrapado bajo los escombros de un edificio derrumbado por los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio. Cuando la esperanza de que fuera localizado casi se había extinguido, aún había alguien que no se iba de su lado, su perro. Tras el rescate de ambos, dos semanas después, el superviviente explicó cómo el animal le había ayudado a resistir durante aquellos días: «Mi perro fue quien me mantuvo con vida».

La historia conmovió por el desenlace, pero también recordó una realidad que los equipos de emergencias conocen desde hace años, que los animales pueden desempeñar un papel fundamental cuando la vida está en riesgo.

La capacidad de los animales para ayudar en una emergencia no nace solo del entrenamiento, sino también del vínculo que construyen con las personas

En España, la Escuela Nacional de Protección Civil forma unidades caninas especializadas en localizar supervivientes y víctimas mortales tras catástrofes como terremotos, incendios o derrumbes. Gracias a un olfato extraordinario, los perros son capaces de detectar a alguien atrapado bajo toneladas de escombros y acceder a lugares donde las personas apenas pueden moverse. 

Su trabajo, sin embargo, no depende únicamente de sus capacidades naturales. Detrás de cada intervención existe un largo entrenamiento conjunto entre el animal y su guía, un binomio basado en la confianza y el aprendizaje mutuo. Así, guía y perro funcionan como una única unidad, construida durante años de entrenamiento y confianza. 

Ese vínculo también explica algunos de los casos de heroísmo animal más conocidos, como el de la labradora Frida, integrante de la Marina mexicana, que participó en numerosos operativos de búsqueda y rescate tras terremotos, logrando salvar doce vidas. O el del gorila Jambo, que en 1986 protegió a un niño que había caído a su recinto hasta que llegaron los cuidadores. Y, durante el tsunami del Índico de 2004, un elefante llamado Ning Nong llevó a una niña británica hasta una zona elevada antes de que la alcanzara la primera gran ola.

La ayuda de los animales va más allá de las catástrofes: perros guía, animales de asistencia y terapias asistidas demuestran cada día el valor de esta relación

Pero la ayuda de los animales no se limita a las grandes catástrofes. Cada día, perros guía permiten a personas con discapacidad visual desplazarse con seguridad, incluso en situaciones de evacuación. Otros animales de asistencia son capaces de detectar crisis epilépticas o bajadas bruscas de glucosa antes de que aparezcan los primeros síntomas. 

A ello se suma la terapia asistida con animales, una intervención que ha demostrado reducir el estrés y la ansiedad y mejorar el bienestar emocional de personas que atraviesan enfermedades, accidentes o experiencias traumáticas.

La importancia de esa relación ha comenzado incluso a reflejarse en la legislación. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales obliga a que los planes de protección civil contemplen el rescate conjunto de las personas y sus animales de compañía, un reconocimiento que va más allá del afecto. Cuando todo se derrumba, ese vínculo puede convertirse también en una herramienta para sobrevivir.

El turismo volcánico, en erupción

Featured Video Play Icon

El turismo volcánico se ha convertido en una experiencia viral, en gran parte gracias a las imágenes de erupciones y coladas de lava que se comparten todos los días en redes sociales. No obstante, al igual que otros tipos de turismo, este también debe asegurarse de que el atractivo de sus destinos sea compatible con su conservación.

Exposiciones de arte: pasen y ¿vean?

La ciencia ha demostrado que el contacto con el arte puede reducir el estrés, estimular la curiosidad y mejorar nuestro bienestar emocional. Ahora, museos e instituciones culturales trabajan para garantizar que esos beneficios estén al alcance de todas las personas.


Durante siglos, la invitación de un museo parecía sencilla: pasen y vean. Entrar en una sala silenciosa, detenerse frente a un lienzo, observar una pincelada, reconocer una figura, descubrir un detalle oculto. Pero esa llamada aparentemente universal escondía una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con quienes no pueden ver? ¿O con quienes no pueden escuchar una explicación, comprender un texto complejo o recorrer un espacio diseñado sin tener en cuenta sus necesidades?

La respuesta está transformando poco a poco la relación entre museos y visitantes. Las instituciones culturales han empezado a asumir que la accesibilidad no consiste únicamente en abrir una puerta física, sino en crear nuevas formas de encontrarse con el arte. Un cuadro puede contemplarse, pero también escucharse, tocarse o narrarse. La experiencia estética no pertenece solo a la mirada.

El cambio llega, además, en un momento en el que la ciencia está reforzando una idea que los amantes del arte llevan siglos defendiendo, y es que cultura tiene un impacto real en nuestro bienestar. En 2019, la Organización Mundial de la Salud publicó uno de los mayores análisis realizados hasta la fecha sobre la relación entre arte y salud. El informe, elaborado por las investigadoras Daisy Fancourt y Saoirse Finn tras revisar más de 3.000 estudios científicos, concluía que la participación en actividades artísticas puede contribuir tanto a la prevención como al manejo de problemas físicos y mentales, desde la reducción del estrés hasta la mejora del bienestar emocional.

Un cuadro puede contemplarse, pero también escucharse, tocarse o narrarse. La experiencia estética no pertenece solo a la mirada

Por su parte, investigadores del King’s College London y Art Fund analizaron recientemente el efecto de visitar una galería de arte y observaron una reducción de marcadores biológicos asociados al estrés. «El arte no solo nos conmueve emocionalmente, también calma el cuerpo», explicaba Tony Woods, investigador sénior del estudio. Una conclusión que abre otra reflexión: si el acceso al arte tiene beneficios, garantizar ese acceso deja de ser un complemento para convertirse en una cuestión de igualdad.

En España, más de cuatro millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia del Instituto Nacional de Estadística. Para muchas de ellas, la barrera de entrada a un museo no siempre es una escalera. Puede ser una cartela imposible de interpretar, una visita guiada sin adaptación, una obra que solo existe en formato visual o un lenguaje especializado sin traducción.

Algunos museos han comenzado a romper esa frontera. Uno de los ejemplos más recientes es el proyecto Tocar para ver del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, una iniciativa que transforma la forma tradicional de acercarse a una pintura. El programa incorpora cinco reproducciones en relieve de obras de su colección permanente para que personas ciegas o con baja visión puedan explorarlas mediante el tacto. Las piezas están colocadas junto a los cuadros originales y permiten comprender elementos como la composición, la perspectiva, el volumen o la distribución de los personajes.

El recorrido incluye adaptaciones de obras de Jan van Eyck, Pieter de Hooch, Berthe Morisot, Vincent Van Gogh y Juan Gris. No se trata simplemente de convertir una pintura en un objeto táctil, sino que cada relieve se acompaña de recursos complementarios, como audios de exploración, transcripciones y códigos QR accesibles vía NaviLens. El proyecto forma parte de Museo fácil, una línea de trabajo del Thyssen centrada en la accesibilidad cognitiva y sensorial que busca garantizar el derecho de acceso a la cultura y la participación.

La nueva mirada hacia la accesibilidad cultural propone pensar desde el inicio en públicos diversos y entender que otras formas de percibir también enriquecen la experiencia colectiva

El Museo Reina Sofía también lleva años explorando esta idea de que el arte puede experimentarse por caminos diferentes a la vista. Sus visitas descriptivas para personas con discapacidad visual combinan explicaciones verbales con diagramas táctiles que permiten reconstruir mentalmente las obras. Uno de sus programas más conocidos, Explora Guernica, nació precisamente con el objetivo de acercar una de las pinturas más reconocibles del siglo XX a personas que nunca podrían aproximarse a ella únicamente mediante la mirada.

La accesibilidad también implica crear nuevos lenguajes. El Museo del Prado y la Fundación CNSE presentaron Signar con el Prado, un glosario con más de 250 términos artísticos en Lengua de Signos Española. La iniciativa incluye conceptos relacionados con técnicas pictóricas, estilos, iconografía, artistas y vocabulario propio del museo. Porque explicar qué es el claroscuro, el impresionismo o una alegoría requiere primero disponer de las palabras necesarias para hacerlo.

Estas iniciativas responden a una transformación más amplia del propio concepto de museo. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) define estas instituciones como espacios abiertos al público, accesibles e inclusivos. Es decir, lugares donde conservar objetos, pero también donde generar experiencias compartidas.

Durante mucho tiempo, la accesibilidad cultural se interpretó como una adaptación posterior: primero se diseñaba el museo y después se buscaban soluciones para quienes quedaban fuera. La nueva mirada propone lo contrario, pensar desde el inicio en públicos diversos y entender que otras formas de percibir también enriquecen la experiencia colectiva.

Karl Heinrich Ulrichs: pionero de derechos LGBTQ+

Mucho antes de las legislaciones contemporáneas, el jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs ya cuestionaba las leyes que castigaban las conductas homosexuales. Su voz abrió una conversación sobre derechos e igualdad que tardaría décadas en encontrar eco.


El 30 de noviembre de 1857, la trayectoria del jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs cambió para siempre. Formado en Derecho y Teología por la Universidad de Gotinga, y en Historia por la Universidad de Berlín, el joven de 30 años ejercía en los tribunales del Reino de Hannover. Pese a que su expediente profesional era intachable, una posible destitución se cernió sobre él: sus superiores recibieron informes que detallaban su actividad homosexual. La legislación de Hannover no criminalizaba estas conductas, pero la normativa de la función pública exigía un estricto código de conducta moral a sus miembros. Ante la probable apertura de un proceso disciplinario, Ulrichs optó por presentar su renuncia.

Desafío penal e igualdad legal

Una vez alejado de los tribunales, el jurista se estableció en Fráncfort del Meno. Allí trabajó en el entorno diplomático de la Confederación Germánica como secretario de uno de sus miembros y, en paralelo, ejerció el periodismo en las páginas del Allgemeine Zeitung. Entre 1864 y 1865, y con el seudónimo de Numa Numantius, publicó cinco ensayos monográficos aunados bajo el título Estudios sobre el misterio del amor masculino. Así, en palabras del historiador estadounidense Hubert Kennedy, Ulrichs se convirtió en el «primer teórico de la homosexualidad».

A partir de estos análisis, el jurista defendió que la ley debía amparar la dignidad de todo individuo con independencia de su condición, lo que le llevó a examinar las contradicciones del código penal de la Alemania del siglo XIX: mientras algunos territorios de influencia napoleónica no penalizaban las relaciones consentidas entre hombres, potencias como Prusia las castigaban con la prisión y la pérdida de derechos civiles. Ante esta disparidad, Ulrichs sostenía que la reforma debía debatirse de forma pública y jurídica, rebatiendo la posición dominante con argumentos de derecho natural, ciencia y teología. 

Con ese propósito, el 29 de agosto de 1867, Ulrichs llevó sus demandas ante el Sexto Congreso de Juristas Alemanes en Múnich. Su intervención fue la primera en la Europa moderna en que un hombre abiertamente homosexual denunciaba la desigualdad legal de su colectivo. Los abucheos de los quinientos asistentes le impidieron terminar y tuvo que abandonar el estrado.

El exilio y el latín como último refugio

La unificación alemana de 1871 y la creación de un Estado nacional extendió a todo el país las leyes más restrictivas. Con sus libros confiscados, Ulrichs se exilió en 1880 a Italia y se instaló en la ciudad de L'Aquila, donde el marqués Niccolò Persichetti lo acogió en su residencia. Allí editó Alaudae, una revista dedicada a la preservación del latín, hasta su muerte en 1895. Aunque en sus últimas cartas se describía a sí mismo con amargura como un exul et pauper (exiliado y pobre), sus admiradores internacionales le costearon una digna sepultura de mármol en el cementerio de la ciudad.

Su legado trascendió los últimos años de su vida y hoy Ulrichs es considerado por historiadores como el pionero en la lucha por los derechos civiles de los homosexuales en Europa. Su renuncia forzada en Hannover no supuso el fin de su actividad intelectual, sino el inicio de un debate sobre los límites del derecho penal en materia sexual y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que, hasta más de un siglo después, no se reflejaría en la legislación de la mayoría de los países europeos.

El Monte Fuji y su pico (de contaminación)

Featured Video Play Icon

El monte Fuji es una montaña volcánica y sagrada de Japón, famosa por ser el pico más alto del país. Un destino que suscita un enorme interés para los visitantes locales e internacionales pero que actualmente se enfrenta al reto de la masificación turística y a la contaminación atmosférica. 

«El futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás»

El debate sobre la brecha digital, el uso que hacemos de la tecnología o el papel de la inteligencia digital en nuestras vidas está cada día más presente. Hablamos con Antonio Pulido, responsable de Incidencia Social y Política Pública de la Fundación Cibervoluntarios, de cómo podemos disfrutar con salud y buen hacer de la tecnología. 


¿Por qué es necesaria hoy una entidad como Fundación Cibervoluntarios?

La digitalización ya no es solo una cuestión tecnológica, sino que afecta al acceso a derechos, al empleo, a la educación, a la salud, a la participación ciudadana y a la autonomía personal. El problema es que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de muchas personas para entenderla, usarla con seguridad y aprovecharla. Ahí es donde una entidad como Fundación Cibervoluntarios es necesaria: acompañamos a las personas para que la tecnología no sea una barrera, sino una oportunidad real.

Cuando hablamos de brecha digital, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿A qué segmento afecta?

La brecha digital no es solo tener o no tener Internet. Hoy tiene varias capas. La primera es el acceso: conexión, dispositivos, cobertura. Pero después vienen otras brechas igual de importantes: saber usar la tecnología, entenderla, protegerse, hacer trámites, distinguir información fiable, crear contenidos, encontrar empleo o participar en igualdad de condiciones.

«La brecha digital es el acceso a la tecnología, pero también es saber usarla, entenderla y protegerse»

Afecta especialmente a personas mayores, población rural, mujeres en determinados entornos, personas migrantes, personas con discapacidad, familias con menos recursos, jóvenes vulnerables, pequeñas empresas, autónomos, entidades sociales y personas con bajo nivel de competencias digitales.

¿La tecnología y las redes sociales nos están afectando a la hora de relacionarnos? ¿Tiene esto consecuencias en la atención o el bienestar emocional?

Claro que nos están afectando, aunque no siempre para mal. La tecnología nos permite mantener vínculos, crear comunidad, aprender, participar o encontrar apoyo.

El problema aparece cuando el uso deja de ser consciente y se convierte en exposición constante, dependencia o consumo pasivo. Las notificaciones, el scroll infinito, la comparación social o la presión por estar siempre disponible pueden afectar a la atención, al descanso, a la autoestima y al bienestar emocional.

Después de más de 20 años de Internet en los hogares, ¿hemos aprendido a convivir con el mundo digital? ¿Qué carencias siguen existiendo?

Hemos aprendido a usar muchas herramientas, pero no siempre hemos aprendido a convivir de forma crítica, segura y equilibrada con ellas.

«El debate no es si la IA es buena o mala, sino quién puede usarla, para qué, con qué datos, con qué garantías y con qué capacidad crítica»

La gran carencia sigue siendo educativa y social: necesitamos formación digital a lo largo de toda la vida, no solo en la escuela, y necesitamos que esa formación llegue también a quienes no suelen estar en los espacios donde se habla de tecnología.

¿Qué consecuencias tiene el uso intensivo de pantallas, redes sociales y estímulos constantes? ¿Varían según la edad?

Las consecuencias pueden variar mucho según la edad, el contexto, el tipo de uso y el acompañamiento. En niños y niñas preocupa especialmente cómo afecta al desarrollo de hábitos, sueño, juego, atención y regulación emocional. En adolescentes, además, entra en juego la identidad, la autoestima, la presión del grupo, la validación social, el ciberacoso o la exposición a contenidos inapropiados.

¿Qué papel tiene la educación digital para evitar que la tecnología se convierta en una fuente de aislamiento o dependencia?

Tiene un papel central. La educación digital es la diferencia entre usar la tecnología por inercia y usarla con criterio. No basta con prohibir ni con entregar dispositivos. Hay que enseñar a comprender cómo funcionan las plataformas, cómo se protegen los datos, cómo se detecta una estafa, cómo se verifica una noticia, cómo se gestiona el tiempo de pantalla, cómo se convive en redes y cómo se pide ayuda cuando algo no va bien.

¿Puede la IA ayudar a reducir desigualdades digitales o existe el riesgo de que las amplíe?

Puede hacer las dos cosas. La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para acercar conocimiento, adaptar aprendizajes, facilitar trámites, traducir información, mejorar la accesibilidad o apoyar a pequeñas empresas y entidades sociales.

Pero también puede ampliar desigualdades si solo acceden a ella quienes ya tienen competencias digitales, buen nivel educativo, conectividad, dispositivos adecuados y capacidad para entender sus límites.

¿Qué competencias digitales son hoy imprescindibles?

Hoy necesitamos competencias digitales básicas, pero también competencias críticas. Saber buscar, interpretar y verificar información. Comunicarse y colaborar en entornos digitales. Hacer trámites online con seguridad. Proteger contraseñas, datos e identidad digital. Detectar fraudes, bulos y discursos de odio. Entender cómo funcionan los algoritmos y la IA.

¿Qué oportunidades ofrece un programa como Eje Digital, impulsado junto a Red Eléctrica?

Eje Digital es un ejemplo muy claro de cómo la formación digital puede convertirse en cohesión territorial. La oportunidad principal es que lleva la formación allí donde más falta hace, con cursos gratuitos, adaptados a distintos niveles y necesidades reales.

Si pudierais lanzar un mensaje a instituciones, familias y ciudadanía sobre el futuro digital, ¿cuál sería?

Que el futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás. A las instituciones les diríamos que la digitalización no puede medirse solo por cuántos trámites se ponen online, sino por cuántas personas pueden realizarlos con autonomía y seguridad.

Necesitamos una tecnología al servicio de las personas, abierta, ética, inclusiva, segura y sostenible. Y necesitamos una ciudadanía que no solo consuma tecnología, sino que la comprenda, la cuestione, la use para mejorar su vida y participe en cómo quiere que sea el mundo digital.