Categoría: Agenda 2030

#Coronavirus: la pandemia perpetúa (y acentúa) las desigualdades sociales

A inicios de marzo, el Gobierno decretaba el cierre de los centros educativos primero del País Vasco, La Rioja y la Comunidad de Madrid y luego del resto del territorio español para frenar el contagio por coronavirus. Esta drástica medida obligó a millones de niños y jóvenes a seguir con el curso académico desde casa, confirmando la existencia de una brecha digital que podría agrandar la brecha educativa entre las familias con más recursos y las que menos tienen. Sin embargo, esta visible grieta no se limita a los pupitres: la crisis del coronavirus ha profundizado las desigualdades sociales en todos los sentidos.

¿Cuántas personas tienen los recursos para trabajar desde casa? ¿Qué sectores no pueden permitirse mantener a sus empleados en remoto? ¿Qué ocurre con aquellos estudiantes que dependen de las becas comedor? ¿Cuántos no podrán volver a sus puestos de trabajo cuando pase la pandemia? O, sencillamente, ¿qué pasa con quienes no tienen una casa en la que quedarse? Aunque todavía es pronto para medir los efectos del coronavirus, y pese a que el Gobierno ya ha puesto en marcha un paquete de medidas sociales y económicas para paliar sus consecuencias, estas preguntas ponen sobre la mesa una cruda realidad: los colectivos más vulnerables no son solo aquellos que están más expuestos al contagio, sino que, con toda probabilidad, serán los que se vean más duramente golpeados las consecuencias sociales y económicas que trae consigo la declaración del estado de alarma.

Para Manuel Franco, profesor de Epidemiología de la Universidad de Alcalá en Madrid e investigador del proyecto europeo Heart Healthy Hoods, la primera desigualdad visible es en el ámbito de la salud. “Las desigualdades sociales crean y perpetúan las desigualdades en salud. Esas inequidades sociales no son otra cosa que los procesos y fenómenos que ocurren en nuestras sociedades, países, ciudades, distritos, barrios y edificios, y que se relacionan directamente con la salud y las enfermedades que tenemos”.

Los grupos vulnerables, más expuestos al coronavirus

“Quedarse en casa”, “Mantenerse a un metro de distancia” y “Lavarse las manos con agua y jabón” son las principales indicaciones de las autoridades para frenar el contagio y protegerse del coronavirus. Sin embargo, en España se calcula que entre 30.000 (según los últimos datos del INE) y 40.000 personas (según datos Cáritas y la organización FEANTSA) no tienen un hogar y, por tanto, carecen de recursos para mantener las recomendaciones de confinamiento, higiene y distanciamiento social. Además, según recuerdan organizaciones como la Fundación Arrels, muchas de ellas padecen patologías crónicas previas, agravadas por las condiciones en las que viven habitualmente. Son, en definitiva, población de riesgo. Esto, unido a que muchas de las entidades sociales se han visto obligadas a interrumpir sus servicios, convierten a este colectivo, ya de por sí uno de los vulnerables, en uno de los más expuestos al coronavirus.

A grandes rasgos, “los determinantes sociales de salud están íntimamente relacionados con trabajos y nivel educativo, con nuestro género, edad y el lugar donde vivimos”, recuerda Manuel Franco. En muchos casos, las personas que trabajan en sectores más precarizados o que tienen ingresos más bajos son las que menor acceso tienen a la opción del teletrabajo. Es el caso de los obreros, los trabajadores del hogar o aquellos que asisten a personas mayores, que suelen desplazarse en transporte público (donde hay una mayor probabilidad de contagio) hasta sus puestos de trabajo. Porque, recuerdan expertos como Franco, dejar de trabajar y cumplir con el confinamiento supone renunciar a su única fuente de ingresos. Esta situación dificulta a su vez el cuidado de los niños y niñas: ante la imposibilidad de dejar a los hijos al cuidado de otros, muchos padres se ven obligados a elegir entre su trabajo o su familia.

Las personas sin hogar carecen de recursos para mantener las recomendaciones de protección contra el coronavirus

Los expertos apuntan a que en el mercado laboral son ese tipo de trabajos los que más se van a resentir. Según los primeros cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son además los que corren más riesgo de desaparecer. Las expectativas no son halagüeñas: la organización calcula que aumentará el desempleo y el subempleo a nivel mundial y que, en el peor de los casos, se podrían destruir cerca de 25 millones de puestos de trabajos. En España, por el momento, el grueso de las empresas gravemente afectadas por la crisis del coronavirus ha adoptado a la fuerza expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que afectan ya a cientos de miles de ciudadanos.

Con todo, las brechas sociales que existían previamente se han acentuado ante una situación de emergencia sin precedentes. Y aunque no podemos conocer el futuro, la pandemia podría exacerbar aún más esas desigualdades. Pero la puerta queda abierta a la esperanza. A falta de una mirada retrospectiva que permita analizar su efectividad, la Administración central ha adoptado un paquete de medidas económicas orientado a proteger a los más vulnerables. Entre estas se incluyen la moratoria en el pago de hipotecas, la prohibición de cortar el agua, la luz o el gas a colectivos vulnerables o garantizar la prestación por desempleo a los afectados por los ERTES.

Asimismo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, explicaba en una entrevista en el diario El País hace unos días, que se habían relajado las normas de ayudas públicas de los Estados y que aportaría una fuerte inyección económica a aquellos países más golpeados por la crisis sanitaria. Y añadía: “Ningún país de la Unión Europea puede superar esta crisis por sí solo, pero juntos desarrollaremos la fortaleza no solo para luchar contra el virus, sino también para recuperar el vigor de nuestra economía”. Un vigor que se verá también reflejado en nuestra capacidad de reducir unas diferencias sociales hoy más visibles que nunca.

#Coronavirus y teletrabajo: ¿Estábamos preparados?

Diseño: Natalia Ortiz

Antes de que la crisis del coronavirus llevase a toda la sociedad española a un confinamiento sin precedentes, el teletrabajo era una opción poco utilizada por las empresas de nuestro país. De hecho, según un estudio de Eurostat, en 2018 la población ocupada que normalmente trabajaba a distancia en España era de un 4,3%, una cantidad por debajo de la media europea que se sitúa en un 5,2%. El contrapeso lo ponen países como Países Bajos (14%), Finlandia (13%) o Luxemburgo (11%). Sin embargo, ahora, la pandemia ha obligado a marchas forzadas a implantar el teletrabajo en aquellas empresas en las que sea posible para no paralizar al completo la actividad económica. ¿Pero de qué manera se están adaptando las empresas a esta nueva realidad? ¿Estaban realmente preparadas, en todos los sentidos, para utilizar este sistema? ¿Cómo afectará en el futuro?

"La brusquedad e intensidad que puede requerir adoptar una medida masiva de teletrabajo en la situación actual está lejos de ser la óptima para obtener los beneficios que brinda el teletrabajo, que son muchos", explica María Isabel Labrado Antolín, investigadora del Departamento de Organización de Empresas y Marketing de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Así, el escenario no es el idóneo, pero para la experta, no impide reflexionar sobre las ventajas del teletrabajo. La principal, según esgrimen sus partidarios, es la posibilidad de tener una autonomía a la hora de trabajar. Le siguen una mayor facilidad para conciliar vida personal y laboral, el ahorro de tiempo y la mejora en la productividad y el rendimiento.

En 2018 solo un 4,3% de la población ocupada trabajaba a distancia

Con la declaración del estado de alarma, quizá ninguna de estas virtudes se hace especialmente visible: según exponen desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, la tensión por no poder salir de casa se va acumulando y –sumado a la ansiedad, la falta de ejercicio y de interacción social, y en algunos casos, de atender a los hijos­– va haciendo mella en nuestro sistema nervioso de tal manera que posiblemente la concentración sea menor que una situación normal. Sin embargo, los expertos no dejan de ser optimistas en este aspecto.

Pedro Ramiro Palos, profesor de Sistemas de Información en la Empresa de la Universidad de Sevilla, y Víctor Garro, profesor en la Escuela de Ingeniería en Computación del Instituto Tecnológico de Costa Rica, señalan que “las soluciones de teletrabajo que se están tomando ante esta crisis sanitaria pueden crear una ventana de oportunidad para su adopción de forma más generalizada a futuro”. Pero advierten que “hacerlo de manera apresurada puede conllevar muchos riesgos”. Sobre todo porque podría acentuar una brecha que estos días ha quedado al descubierto: la digital.

El sistema empresarial español está principalmente basado en pequeñas y medianas empresas (que suponen, según cifras del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, el 99% del tejido empresarial) dedicadas, en gran parte, a sectores donde no hay opción para trabajar a distancia, desde los servicios de limpieza o sanitarios a las tiendas de alimentación. Sin embargo, en las que sí hay esa posibilidad, apenas un 14% de ellas tiene un plan de digitalización en marcha, según aseguraba hace unos días Gerardo Cuerva, presidente de la patronal Cepyme.

Así, queda de manifiesto que el grueso de las empresas en España no cuenta con los recursos necesarios para garantizar las mejores condiciones en el teletrabajo. Por supuesto, siempre hay excepciones: las grandes corporaciones en nuestro país no han tenido demasiados problemas para afrontar esta situación. Una semana antes de que el Gobierno declarase el estado de alarma, el pasado 5 de marzo la firma EY envió a toda su plantilla a trabajar desde casa tras registrar un positivo por coronavirus en su sede central. A lo largo de la siguiente semana, el resto de grandes corporaciones se sumaron a la recomendación de las autoridades de facilitar el teletrabajo en la medida de lo posible. Algunos ejemplos son Red Eléctrica, BBVA, Bankia y Telefónica.

Pero el reto del teletrabajo no depende solamente del número de trabajadores que tenga un empresa, sino de otros muchos más factores relacionados con los recursos tecnológicos y la preparación laboral de cada empresa.

El grueso de las empresas no cuenta con los recursos necesarios para el teletrabajo

"Establecer un equipo virtual de teletrabajo no solo implica que el trabajo se realice a distancia, sino que también establece una relación formal de cooperación de equipo entre el empleado, el responsable y los compañeros con el máximo nivel de interacción, comunicación y trazabilidad de tareas. Además, requiere el uso de herramientas colaborativas, con métricas de avance y rendimiento sobre los objetivos planteados", explican Garro y Palos, que apuntan que su uso es ya habitual en empresas con proyectos de desarrollo repartidos en distintos puntos del mundo o que han requerido de la colaboración de profesionales externos.

El teletrabajo más allá de la tecnología

Para María Isabel Labrado, además de una tecnología preparada y suficiente para llevar a cabo el mismo trabajo desde ubicaciones remotas, también es necesario implantar procesos para regular la nueva relación entre empresas y empleados, "más basada en la virtualización, versatilidad y automatización de tareas". "La cultura empresarial, especialmente la cultura comunicativa, jugará un papel decisivo en el éxito o fracaso de las medidas que se apliquen; la transmisión de información, la toma de decisiones, la confianza, delegación de responsabilidades y dinámicas de equipo, entre otros, se verán afectadas por los nuevos estilos de trabajo", analiza.

Más allá de los contratiempos tecnológicos y laborales, no hay que dejar de lado la vertiente emocional del teletrabajo. Si las empresas deben aprender a verificar las condiciones de trabajo del empleado en remoto y saber gestionar los procesos, las tareas que debe desempeñar y cuándo debe hacerlo, también es imprescindible que el propio trabajador esté mentalmente preparado para ello. Establecer unos límites horarios al igual que si estuviera en la oficina, separar el espacio de trabajo y el de ocio dentro de la vivienda o mantener una comunicación fluida con sus responsables y compañeros son algunas de las condiciones básicas. Pero no las únicas: aspectos intangibles como la confianza, la ética o la motivación son decisivos para que su implantación tenga éxito.

Aunque es pronto para saber cómo influirá la crisis del coronavirus en la normalización del teletrabajo, todos los expertos creen que de estos meses dependerá su futuro en nuestro país. "El COVID-19 pasará en un tiempo, pero la experiencia generada con el teletrabajo en equipo virtual, organizado con buenas prácticas de gestión y colaboración, aunado a la incorporación del 5G, marcará una nueva era en las relaciones laborales y las tareas para las empresas que se sumen a esta evolución", concluyen Palos y Garro.

#Coronavirus: los retos del sector educativo

En cuestión de semanas, el coronavirus ha transformado la vida de millones de ciudadanos en todo el mundo. Nadie sabe cuánto tardaremos en retomar la normalidad, pero sí es cierto que esta crisis sanitaria mundial ya está suponiendo un reto para la humanidad en todos los ámbitos. La cuarentena establecida en gran parte del mundo está afectando a todos los sectores, pero uno de los que está notando los efectos del coronavirus de manera más acusada es el educativo.

Las cifras del número de estudiantes que verán su día a día alterado en todo el mundo dan cuenta de la magnitud de este nuevo escenario: la UNESCO calcula que 1 de cada 2 estudiantes del mundo no podrán asistir a clase mientras dure la pandemia. Según datos actualizados a 18 de marzo, un total de 119 países ya ha anunciado el cierre de las instituciones educativas de manera total o parcial, dejando a 862 millones de niños y jóvenes sin clases.

En España, la Comunidad de Madrid, el País Vasco y La Rioja, echaron el candado a todos sus centros educativos el pasado 11 de marzo y, cinco días después, el resto de España se adhirió a esta iniciativa inédita. “Son tiempos extraordinarios que requieren medidas extraordinarias”, advirtió el presidente del Gobierno Pedro Sánchez en una de sus últimas comparecencias. En nuestro país, el cierre de colegios y centros universitarios afecta a 9,5 millones de estudiantes y va a poner a prueba la resiliencia del sistema educativo en todos sus niveles. Para muestra, la EBAU, anteriormente conocida como Selectividad, ya ha quedado aplazada de manera indefinida.

La brecha digital agranda la brecha educativa

Pero ¿qué pasará en este tiempo con todos estos estudiantes mientras sigan suspendidas las clases? Ante una crisis que ha golpeado a nuestro país -y al mundo- de manera tan repentina y con virulencia, parece que solo hay una forma de mantener activo el sistema educativo durante las próximas semanas: la formación online. Pero cuando la única alternativa posible requiere del uso de tecnología, esta actúa también como elemento diferenciador: según un estudio de We Are Social y Hootsuite, solamente el 59% de la población mundial tiene acceso a internet.

Es importante matizar que estos datos reflejan una realidad tangible no solo en países con limitados recursos o en vías de desarrollo, sino también en grandes potencias mundiales. Estados Unidos, donde también se están cerrando los centros educativos en los últimos días por la expansión del virus, es un ejemplo de ello. Las cifras del país norteamericano sorprenden: 21 millones de estadounidenses no cuentan con acceso a internet, y uno de cada cinco estudiantes no disponen de la tecnología necesaria en sus hogares para hacer frente a este reto. En ciudades como Detroit, por ejemplo, el 60% de los estudiantes no tienen acceso a internet de banda ancha, lo que dificulta su aprendizaje virtual. En el este del estado de Mississippi la situación es similar: el 40% no puede acceder a las clases de manera telemática por falta de medios. La falta de recursos en un país de la magnitud y potencial económico de Estados Unidos nos da una pista sobre la situación que el resto de países del mundo pueden estar afrontando.

Solo el 59% de la población mundial tiene acceso a internet

El “rey” de la tecnología, China, fue el país que sufrió primero los efectos del llamado COVID-19 pero supo adaptarse con celeridad: 180 millones de estudiantes pasaron de tener que ir a clase a tener que seguirlas por la televisión. En cuestión de días, China creó una plataforma de formación online para todos los estudiantes del país con la ayuda de algunas empresas tecnológicas como Huawei y Alibaba. A su vez, la televisión estatal del país (CCTV) empezó a retransmitir las clases, divididas en diferentes niveles educativos, para no sobrecargar esta plataforma de contenido online. Todo el proceso fue centralizado, por lo que los alumnos de ciudades más pequeñas tenían acceso al mismo contenido, minimizando así la brecha educativa entre las diferentes clases sociales.

Ahora bien, el país asiático también presenta severas desigualdades entre clases sociales y territorios que han provocado que no todos los estudiantes puedan usar estos recursos digitales. Según datos del gobierno chino, más de 500 millones de ciudadanos no accedieron a internet en el año 2018, ya sea porque no contaban con conexión o porque desconocen la existencia de internet. La situación es más compleja en las zonas rurales de esta nación, cuya realidad es totalmente diferente a la de sus compatriotas residentes en las grandes urbes de este gigante. Muchos de los estudiantes de las zonas rurales no cuentan con las herramientas necesarias para llevar a cabo una formación online en condiciones, con lo que su retraso académico cada vez es mayor. No en vano, en China se les conoce como los “left-behind children”.

En España, la brecha digital no alcanza esos niveles. Una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) indica que solo uno de cada cinco hogares españoles no cuenta con un ordenador (19,1%), y que el 91,4% de las familias españolas dispone de acceso a internet en casa (en su gran mayoría de banda ancha). No obstante, disponer de conectividad no es siempre garantía de que los alumnos puedan llevar a cabo una formación online de manera satisfactoria. Por ejemplo, no todas las familias cuentan con más de un dispositivo para facilitar las sesiones virtuales a todos sus hijos.

En España solo uno de cada cinco hogares españoles no cuenta con un ordenador

La otra cara de la moneda de esta nueva situación es la preparación del sistema educativo español. ¿Cuenta con suficiente preparación y recursos tecnológicos para abordar este giro hacia un modelo educativo digitalizado? La experiencia de los últimos días ha demostrado que aún tenemos un largo camino que recorrer en este sentido. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid cuenta con la plataforma EducaMadrid, que es una herramienta que lleva funcionando varios años como complemento a la formación presencial de los alumnos. En ella se encuentran recursos educativos que sirven como complemento didáctico para profesores y alumnos. La semana anterior del cierre de los colegios, las conexiones registradas fueron 650.000, mientras que los primeros días del aislamiento han superado el millón. La consecuencia: el sistema se encuentra caído gran parte del tiempo y funciona con gran lentitud.

Este insólito panorama ha puesto sobre la mesa la urgente necesidad de renovar el sistema y dotarlo de los recursos digitales suficientes para hacer posible la enseñanza a distancia. Este impulso a la innovación conseguirá mejorar nuestro modelo educativo y lo hará resiliente ante cualquier escenario como el que vivimos. Ha llegado la hora de innovar sin dejar a nadie atrás.

Guía para hacer una lista de la compra más sostenible

El camino hacia un mundo más sostenible implica cambiar la manera en que consumimos. Si seguimos con los ritmos de producción y consumo actuales se calcula que necesitaremos tres planetas como el nuestro para satisfacer las necesidades alimentarias de una población en continuo crecimiento. Empezar no es fácil, pero tampoco imposible. La primera medida pasa por cuidar las elecciones que tomamos cuando vamos al supermercado. A día de hoy, las bolsas de plástico todavía inundan muchos supermercados, por no hablar de que la mayoría de los productos que compramos también van envasados en plástico. Además, muchos de ellos no sabemos ni de dónde provienen ni cuál es su impacto en el medio ambiente.

Los esfuerzos de la industria por revertir esta situación aún son tímidos, de ahí que nuestra responsabilidad como consumidores sea la de contribuir a que se acelere esta transformación. Pero ¿cómo podemos preservar el medio ambiente desde nuestra lista de la compra más allá de evitar el plástico? Antes de salir de casa, échale un repaso a esta guía práctica que te presentamos a continuación para hacer una lista de la compra lo más sostenible posible.

Planifica tu compra

Planificar la compra antes de ir al supermercado permite reducir el gasto y el desperdicio de comida. Así que organiza tus menús semanalmente y evita salir a comprar con hambre, ya que, según varios estudios, esto provoca que llenes el carro con más comida de la que necesitas y generalmente poco saludable.

Piensa en lo que tienes en casa

¿Cuánta comida de la que compras acaba en la basura? Según datos del Panel de cuantificación del desperdicio alimentario en los hogares españoles del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cada español tiró cerca de 25 kilos de comida en 2018, último año del que se tienen datos. Por eso, una vez organizados los menús semanales, lo ideal es que revises los alimentos que ya tienes en la nevera o en la despensa. Antes de tirarlos, ¿por qué no te estrujas la cabeza e ideas algún plato que permita aprovechar todas las sobras?

Lleva tu propia bolsa

Principalmente por un motivo medioambiental, ya que el plástico es uno de los materiales más contaminantes y que mayor impacto negativo tiene en el planeta, pero también desde un punto de vista económico, ya que por ley los comercios han empezado a cobrar desde hace unos meses todas las bolsas de plástico. Una bolsa de tela o una reutilizable no afecta a nuestro día a día pero pueden marcar una gran diferencia.

Lee las etiquetas

Leer el etiquetado te permite conocer los ingredientes del producto y analizar la cantidad de azúcar, sal y aditivos que tiene. Pero, además de ayudarte a saber si un alimento es sano o forma parte de los conocidos como ultraprocesados –con altos niveles de grasas, azúcares y carbohidratos– echarle un vistazo a la etiqueta te da mucha información sobre si un producto es más o menos ecológico.

En la industria de la alimentación existe un sello verde, el de Agricultura Ecológica Europea, que indica que se trata de un artículo obtenido sin la utilización de productos químicos como fertilizantes o plaguicidas, que son dañinos con el medioambiente. Además, existen una serie de certificados de sostenibilidad, como el sello azul de MSC (Marine Stewardship Council), que garantiza que el pescado ha sido obtenido de manera sostenible, o el de Rainforest Allianz, que apuesta por el uso responsable de los recursos agrícolas.

Compra a granel

Aunque todavía es una práctica minoritaria, cada vez más consumidores llevan sus bolsas y recipientes para comprar carne, pescado, fruta o verdura. De esta manera, se reduce la cantidad de plásticos innecesarios en los que vienen envueltos los productos y que tienen un alto impacto medioambiental, ya que pueden tardar hasta 400 años en descomponerse.

Pero no siempre es fácil evitar los envases plásticos y optar por otros materiales más sostenibles. Por eso es importante que, si no queda otro remedio, escojamos los plásticos que se puedan reciclar más fácilmente, que suelen venir indicados como PET (polietileno tereftalato).

Elige alimentos de temporada

Aprovecha lo que la tierra te da periódicamente cada año: espárragos, fresas, naranjas, etc. Las frutas y verduras de temporada suelen estar a precios más bajos que en otras épocas del año y, además, según la estación tienen una mayor cantidad de nutrientes. Además, que tengamos alimentos que en nuestro país están fuera de temporada significa que han sido transportados desde otro punto del globo. Se trata de una actividad, en mayor o menor medida, contaminante y poco sostenible.

Compra de proximidad

En la misma línea, comprar alimentos de proximidad (que han sido producidos en una zona cercana) ayuda también a reducir la huella ambiental de tu compra. De ahí que la mejor opción sean los productos de kilómetro cero, es decir, los que precisan de un transporte mínimo desde el punto de producción hasta el punto de venta. En este sentido, recomendamos escoger el pequeño comercio o unirse a grupos de consumo: de esta forma ayudarás a revitalizar la economía local.

Apuesta por el comercio justo

La etiqueta de comercio justo asegura que lo que estás consumiendo ha sido producido por trabajadores en unas condiciones de trabajo justas. El respeto al medio ambiente, además, es uno de los requisitos básicos para que un producto cuente con este distintivo. Chocolate, café, té y algodón son algunos de los productos con el sello de comercio justo que más presencia tienen en los supermercados, pero a esta moda se están empezando a sumar otros alimentos como los helados y los refrescos.

La ingeniería también tiene nombre de mujer

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Eva Pagán y Sara Gómez son ingenieras. La primera es directora general de Transporte de Red Eléctrica de España; la segunda, directora general de Universidades de la Comunidad de Madrid. En un mundo tradicionalmente masculino, han conseguido abrirse camino y llegar a lo más alto. En este diálogo conversan sobre las dificultades a las que se han enfrentado y analizan cuáles son los principales desafíos para que mujer e ingeniería sean compañeras inseparables en el viaje hacia un futuro digital.

Sara Gómez. La falta de mujeres en la ingeniería –solo representan un 25% del alumnado en este tipo de carreras STEM–, es un problema global, no local. Sin embargo, estas cifras enmascaran de alguna manera la realidad: hay carreras universitarias como la ingeniería biomédica o la bioingeniería donde ahora encontramos una igualdad casi total entre hombres y mujeres. En el otro extremo hay ingenierías como la informática o la electrotecnia, que es la que tú hiciste, en las que la presencia femenina está a punto de pasar a un dígito. ¿Por qué sucede eso?

Eva Pagán. El problema viene desde antes de la universidad, del período de madurez, de la adolescencia, cuando tomas la decisión de si prefieres estudiar matemáticas y física en vez de literatura o historia. Y en esas edades el papel de los educadores es clave.

Sara Gómez. Por eso es tan importante enamorarte de estas profesiones cuando tienes cinco o seis años. Cuando los niños y niñas están en infantil, los profesores –en su mayoría mujeres– tienen muy poca formación en STEM. Por eso es un problema estructural: o cambiamos la formación de los formadores o será difícil que luego las niñas escojan física o matemáticas. Porque las dos sabemos que, si no te gustan los números, hacer ingeniería no es una buena opción.

Sara Gómez: "Hay que acabar con los mitos que rodean la ingeniería e impiden ver la vertiente social y eso a las mujeres nos importa"

Eva Pagán. No es solo la formación de los docentes, debería cambiar también la idea que hay de que para hacer una ingeniería tienes que ser muy listo, porque también tienes que serlo para convertirte en un buen abogado o un buen periodista. Se transmite que la ingeniería es algo que haces solo, en un sitio cerrado, peleándote con las máquinas, y a lo mejor las mujeres, que somos más sensibles a tener trato con los demás, esa imagen que se da nos condiciona. Además, la realidad es que un equipo de ingeniería siempre es multidisciplinar: ya sea para construir un puente, una instalación eléctrica o una gran infraestructura, necesitas un equipo.

Sara Gómez. Fíjate, una de las razones por las que estoy peleando por evangelizar, como yo lo llamo, para que haya más vocaciones STEM en general –y en niñas y chicas en particular–, es precisamente porque desde las ingenierías hemos comunicado mal lo que hacemos. En mis visitas a los colegios, les preguntaba a las niñas qué creían que hacemos los ingenieros o las ingenieras y me decían: “No lo sé, pero sois un poco raros”. Y esa percepción de que somos muy empollones o solitarios y que no tenemos vida social, pesa. Hay que romper los falsos mitos, primero, porque impide que se vea la vertiente social de la ingeniería y eso a las mujeres nos importa; y, segundo, porque no deja avanzar. La ingeniería, la ciencia en general, es la palanca de transformación más poderosa del mundo, y más en este momento.

Eva Pagán. ¿Y no es ahí donde tenemos que involucrarnos más las que ya tenemos experiencia en el mundo de la ingeniería? Deberíamos decirles a las niñas: “Oye, bueno, soy rara, pero de una rareza media, más o menos como cualquier otro”. No hay que tenerle miedo y hay que ser un referente. Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres? Esos filtros los ponemos nosotros, y son los que nos llevan a pensar que una profesora educación infantil es más cosa de mujeres y que ser ingeniero es más de hombres.

Sara Gómez. ¿De dónde crees que vienen esos prejuicios?

Eva Pagán. Creo que de la infancia, están incluso en los juegos mismos. Recuerdo que, cuando era pequeña, me regalaron por mi comunión uno de los primeros bebés que hablaban y lloraban a la vez. A mí me gustaban mucho las muñecas, pero cuando me dieron eso, en cuanto me quedé sola, la curiosidad me llevó a coger un cuchillo y abrirlo para ver por qué demonios aquel muñeco lloraba, para disgusto de mi madre. Pero es que yo creo que una muñeca es jugar, pero también es descubrir por qué llora.

Eva Pagán: "Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres?"

Sara Gómez. Exacto. Los porcentajes existentes sobre el tiempo que las mujeres dedicamos a cuidar de los demás son altísimos, por eso hay que fomentar en las niñas el desarrollo de habilidades que van más allá de lo social, como las de descubrir por qué pasan las cosas. ¿Tú crees que las mujeres somos más timoratas? Hay algunos estudios, como el de una universidad americana, en el que se hace una oferta de empleo con una serie de indicaciones que los candidatos han de cumplir. Hicieron una muestra bastante equilibrada entre hombres y mujeres y vieron cómo los varones aplicaban cuando cumplían un 40 o 50% de los requisitos, pensando “lo que no sé, ya me lo enseñarán”. Sin embargo, las mujeres, no lo hacían hasta que no estaban seguras de poder cumplir el 80 o el 90% de las especificaciones. ¿De dónde nos viene esto?

Eva Pagán. Quizá de la autoexigencia, de las inseguridades… Esa inseguridad es la que nos hace pensar “no voy a poder con las matemáticas” o “no voy a poder resolverlo porque mis compañeros van a hacerlo mejor… Quizá quitando eso seríamos conscientes de que no te van a considerar rara, que eres tan capaz como cualquier otro. ¿Tú has tenido muchas dificultades para abrirte camino en este sector tan mayoritariamente masculino?

Sara Gómez. Yo diría que sí. Empecé teniéndolas incluso a la hora de hacer la carrera. Vengo de un pueblo de Segovia, de una familia muy tradicional, donde mi padre quería que yo hiciera farmacia –o medicina, o magisterio– y mi hermano ingeniería. Así que cuando dije que quería hacer una ingeniería, el primer choque lo tuve en casa. Luego, cuando empiezas a trabajar, vas sumando anécdotas. Recuerdo que, la primera vez que estuve en obra, estábamos haciendo una zanja para hacer los cimientos y había una piedra de dimensiones gigantescas. El jefe de obra vino y me dijo: “Ingeniera, ¿qué hacemos con esta piedra?”. Y no tenía ni idea, pero sabía que con ese comentario me estaba midiendo, poniéndome a prueba.

Eva Pagán. Eso sí que nos ha pasado a todas: el escuchar un “¡Buah!” cuando te ven llegar y eres una mujer. Para eso quizá el mejor antídoto es dar seguridad y perseverar, perseverar y perseverar…

Sara Gómez. Y organizarnos. Las administraciones, las empresas y la sociedad en general debe tomarse el tema de la igualdad en serio. El diagnóstico lo tenemos bastante acertado, ahora tenemos que empezar el tratamiento. De ahí que ese movimiento feminista –hablo de feminismo en términos de igualdad, no de posiciones radicales– robusto y solvente sea imprescindible y debemos seguir ahí perseverando, hablando de los problemas con naturalidad. En eso soy optimista porque gracias a ello ahora soy más consciente de algunas situaciones o comentarios fuera de lugar a los que antes no les daba importancia.

Sara Gómez: "Sí que he tenido que utilizar alguna técnica bastante masculina para hacerme un hueco"

Eva Pagán. ¿Has llegado al punto de adoptar actitudes “más masculinas” para que te tomen en serio?

Sara Gómez. La verdad es que yo no he tenido nunca una mujer jefa, probablemente por lo que decíamos antes de que estamos en un mundo muy masculino. Pero cuando he tenido yo ese liderazgo, sí que he utilizado alguna técnica o algún método bastante masculino, para hacerme un hueco. Es más, en alguna reunión he llegado a dar un puñetazo físico encima de la mesa porque estaban midiéndome una vez más. Después de eso todos nos dimos cuenta de que estábamos haciendo el tonto y que no podíamos seguir jugando a esto. También es verdad que creo que, en general, las mujeres escuchamos más de lo que nos escuchan, o al menos yo tengo esa impresión.

Eva Pagán. Yo también lo he notado. Además es algo que se acentúa cuando juntas dos cosas: juventud y que seas mujer. Quizá con los años consigues ganarte algo más de respeto y que te escuchen más.

Sara Gómez. Por mi experiencia creo que con el paso del tiempo tomas conciencia de cosas como que antes te interrumpían más los discursos. Algo parecido sucede con la brecha salarial, que es otro de los grandes mantras que tenemos hoy que las mujeres y que hasta hace poco no se había denunciado. Además, es algo que está cuantificado: ante el mismo desempeño profesional, nos pagan menos. Lo curioso es que hace poco en un debate comentaban que las profesiones que están feminizadas –hablamos de ejemplos como medicina o las enseñanzas– se pagan menos a medida que se van feminizando. Esto rompía una de mis teorías, ya que yo pensaba que si éramos más en las carreras STEM, la brecha se reduciría; pero si acabamos siendo el 70% en estas carreras y lo que hacemos es bajar el sueldo… Debe hacerse algo más desde el punto de vista sociológico, que no sea solamente responder a la oferta y demanda.

Eva Pagán . Yo creo que en ese punto hay que tener en cuenta cómo es el profesional que se demanda en el futuro. Si vivimos en una sociedad que se está digitalizando, si estamos hablando constantemente de crear modelos digitales de todos nuestros procesos … ¿Cuáles van a ser las cifras de empleo de las mujeres? Porque si, para demandar eso vamos a ir a las universidades tecnológicas o a las carreras STEM, ahí los porcentajes son demasiado bajos. Debemos resolver el problema respondiendo a lo que espera la sociedad, viendo qué es lo que tenemos ahora y cómo lo proyectamos de cara a 2030. ¿Cuál crees tú que es el camino a seguir?

Sara Gómez. No creo que exista una receta mágica: es un problema estructural y complejo y debe abordarse como tal. Eso sí, debemos ser capaces de decirles también a los hombres de que el problema es de los dos. Es decir, hay encrucijadas en la vida de una mujer que no están en la vida de un hombre y debemos acabar con ello. Si tuviera que dar alguna clave esta sería la educación en igualdad y la educación sin perjuicios y sin estereotipos. Es responsabilidad de todos conseguirlo.

Eva Pagán: "Hay que aplicar medidas de choque, porque no podemos esperar 150 años para alcanzar la igualdad"

Eva Pagán. En mi opinión deberían aplicarse también medidas de choque que nos ayuden a trabajar en el largo plazo, porque no podemos esperar 150 años, que es cuando dicen los organismos internacionales que alcanzaremos la igualdad total, y aún menos a la velocidad que vamos.

Sara Gómez. Sin duda, la velocidad inicial tiene que ser muy fuerte. Pero creo que nos encontramos en este momento en el que estamos convencidos de que tenemos que cambiar. ¿No ves tú un entorno de convencimiento?

Eva Pagán. Es como lo que nos está sucediendo en el ámbito energético, en el que ya no queda nadie por convencer del cambio climático y de que tenemos que hacer una transición. Ahora lo que estamos discutiendo cómo somos capaces de alcanzar esos objetivos de descarbonización. Yo creo que esto es algo parecido: caminamos en el buen sentido pero ahora debemos debatir cómo lo hacemos para que el cambio sea rápido, eficiente y sin que nadie se descuelgue, porque eso sería un fracaso.

Sara Gómez. Para eso debemos estar convencidos que la diversidad enriquece. Tenemos el qué: que es que debemos ser diversos. ¿Y el cómo? Es lo que nos falta por definir, pero yo creo que estamos en camino.

Sostenibilidad, la nueva aliada de las empresas (y sus bolsillos)

Cuando Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, la gestora de fondos estadounidense líder a nivel mundial, anunció a principios de este año que dejaría de invertir en proyectos que no estuviesen comprometidos con la sostenibilidad y el medio ambiente, la alarma saltó en muchos despachos. Sonó a ultimátum, a última oportunidad. Sin embargo, la iniciativa de BlackRock ha puesto sobre la mesa una tendencia que lleva ya un tiempo haciendo camino. La lucha contra el cambio climático ha pasado a ser también una prioridad económica y las empresas solo tienen dos vías posibles: unirse y adaptarse al nuevo modelo o pagar el precio.

Históricamente, las empresas han diseñado su estrategia en base a los resultados económicos mientras que la huella ecológica que su actividad dejaba en la sociedad era una mera cuestión secundaria. La responsabilidad social abarcaba pocos aspectos y, en muchos casos, respondía exclusivamente a criterios de mercadotecnia.

A día de hoy el cambio de tendencia es más que tangible: la disyuntiva empresarial entre crecimiento económico y preservación del planeta ya no existe. Es más, la primera no puede prosperar sin la segunda. Sobre todo desde que en el Acuerdo de París de 2015 y luego los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas se pusiera de manifiesto la urgencia de que las empresas se comprometieran de manera definitiva. En 2020 cuesta mucho imaginar una gran corporación que carezca de una orientación clara hacia la sostenibilidad, y aunque los avances ya son notables, lograr completar un cambio de mentalidad empresarial de tales magnitudes no está siendo fácil.

El 91% de las compañías del IBEX 35 contaban con planes de incentivos para sus altos cargos

Uno de los aspectos clave necesarios para que se dé este giro empresarial es la introducción de criterios de sostenibilidad en los planes de retribución variables a los directivos de las grandes empresas. No obstante, y pese a que la presión por parte de los inversores cada vez es mayor, las empresas españolas siguen mirando con cierto recelo al concepto de sostenibilidad. En 2019, según el Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable, el 91% de las compañías del IBEX 35 ya contaban con planes de incentivos a largo plazo para sus altos cargos. Sin embargo, solo 11 de estas empresas –siete de ellas del sector energético- introducen actualmente indicadores de sostenibilidad (las llamadas métricas ESG, del inglés, Environmental, Social and Governance) en sus sistemas de retribución variable, a pesar de que los estudios realizados evidencian que una línea de actuación sólida en este sentido no interfiere en ningún caso con la creación de valor de la compañía.

Dos empresas se encargaron de romper el hielo en nuestro país: Meliá y Acciona. La cadena hotelera aprobó en 2009 la inclusión del criterio de sostenibilidad en la retribución variable de sus directivos, mientras que Acciona también incorporó objetivos concretos sobre sostenibilidad en el Bono Acciona de 2012 dentro de su política remunerativa. Afortunadamente, tras dejar atrás sus reticencias iniciales, otras grandes empresas se han sumado a la causa.

Otro claro ejemplo de transformación lo encontramos Inditex, el gigante textil gallego, que es una de esas 11 empresas del IBEX 35 que quieren demostrar con hechos su apuesta por la sostenibilidad. Recientemente, esta empresa ha iniciado un 'Plan de Incentivo a largo plazo' cuyo abono obedecerá al cumplimiento de una serie de objetivos medidos a través de varios indicadores. Uno de ellos responde a criterios relacionados con el ranking social de los proveedores, la cantidad de residuos generados por la compañía y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

También en nuestro país, y dentro de un sector muy comprometido con la sostenibilidad debido a su impacto medioambiental, Red Eléctrica, operador único y transportista del sistema eléctrico español, supedita la retribución variable de sus directivos a la consecución de varios objetivos ligados a los negocios de la compañía, entre los que se encuentra uno vinculado a la sostenibilidad con una aportación del 12%. Este último depende del cumplimiento de varios proyectos clave en la estrategia de sostenibilidad del grupo, que persigue cuatro objetivos: descarbonización de la economía, contribución al entorno, cadena de valor responsable y anticipación y acción por el cambio. Además, Red Eléctrica está diseñando un nuevo Plan de remuneración variable plurianual para los próximos años en el que reforzará los objetivos ligados a la sostenibilidad (ESG).

Los inversores advierten de la aparición de cierta tendencia “tramposa” en el camino hacia la sostenibilidad

Telefónica también se ha subido al tren de la sostenibilidad. En 2019 anunció que, por primera vez, el 20% de su salario variable estaría vinculado a varios objetivos de sostenibilidad, más concretamente tres: la confianza del cliente y la sociedad, la igualdad y el cambio climático. En relación con este último punto, los avances de Telefónica en materia medioambiental han sido significativos: el 100% de la energía consumida por la compañía en España y Brasil es de origen renovable.

Fuera de nuestras fronteras, la última gran compañía en sumarse a la lista es Coca Cola. Su matriz europea anunció hace unas semanas que estaban estudiando incluir métricas ESG en su sistema de retribución variable. La reducción de emisiones de CO2, de residuos y de los plásticos utilizados son algunas de las medidas contempladas por el CEO de la compañía, Damian Gamell.

Sin embargo, no todas las empresas muestran el mismo compromiso. Los inversores advierten de la aparición de cierta tendencia “tramposa” de las compañías en su camino hacia la sostenibilidad. Algunas de ellas condicionan su retribución vinculada a criterios de sostenibilidad única y exclusivamente a su presencia en rankings empresariales sobre este asunto. Los expertos avisan: aparecer en estos índices no es un éxito que haya que premiar, sino un deber.

Madrid, capital de la moda sostenible

La primera edición de la Semana de la Moda Sostenible de Madrid llega pisando fuerte. Enmarcada dentro del festival Madrid Es Moda, la alfombra roja de la sostenibilidad se desplegará mañana y hasta el próximo 9 de febrero en la capital. El evento contará con desfiles de más de 30 diseñadores nacionales e internacionales, que se servirán de las pasarelas para reivindicar una manera de crear más respetuosa con el medioambiente. Muchas de las propuestas que se verán en los próximos días ya hicieron su aparición en el off de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (MBFWM), la gran muestra de la moda española que se celebró a finales de enero.

Respetar el medioambiente es el gran desafío al que se enfrenta la industria de la moda. El reto es complicado: redefinir el modelo de negocio por completo hasta convertirlo en uno más sostenible sin que esto signifique renunciar a la creatividad. No hay que olvidar que se trata de la segunda industria más contaminante del mundo: es responsable directa del 10% de las emisiones globales de CO2 y del 20% de los vertidos tóxicos en las aguas. Pese a estos datos, la producción de ropa aumenta exponencialmente año tras año, y con ella, suben también las emisiones y los residuos.

Ante este escenario, la propia industria se presenta como un motor esencial para el cambio. Pero no es la única: el papel de los consumidores se antoja crucial para garantizar el futuro de la moda y del planeta. "La sociedad vive en una contradicción: quiere preservar el medioambiente, pero consume de manera irresponsable", sostiene Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España. Por eso, son muchos los diseñadores que aprovechan sus creaciones para lanzar un mensaje a los ciudadanos e instarlos a adoptar unos hábitos de consumo más responsables.

Diseños para el planeta

Una de las diseñadoras “de moda” en el sector es María Lafuente, la primera en crear un vestido fabricado íntegramente en fibra de carbono en 2016. Durante la Fashion Week de este año, Lafuente presentó una colección fabricada con materiales reciclados, entre los que se encontraban las lonas que decoraron la fachada del Museo del Prado durante la celebración de su bicentenario. A esta revolucionaria propuesta se le une la del peletero Jesús Lorenzo, que refuerza la apuesta por la economía circular, dando a las pieles de colecciones pasadas una segunda vida. "Lo necesario lo hacemos práctico, con diseño y buscando la forma de ser respetuosos con el medioambiente", explica el diseñador.

Casi el 73% de los españoles tiene en cuenta aspectos éticos y ecológicos a la hora de comprar

La firma Otrura comparte ese mismo espíritu. Sus creadores, Verónica Abián y Sergio de Lázaro, defienden una moda conceptual y arquitectónica, pero sobre todo, "modesta, sostenible y artesana". Con su nueva línea ‘Potencia’, los diseñadores buscan recuperar la esencia de las casas de costura de antaño que mimaban todo hasta el último detalle. "Es un ejercicio de conciencia para hacer comprender la importancia de una prenda, lo que es y lo que puede llegar a ser tanto estética como conceptualmente", comenta Lázaro sobre su trabajo.

Afortunadamente, ya son muchos los que apuestan por la moda sostenible. Según el último informe elaborado por OCU y NESI, casi el 73% de los españoles tienen en cuenta aspectos éticos y ecológicos a la hora de hacer sus compras. Estos datos reflejan un número cada vez más elevado de personas que se alzan frente a la sobreproducción y el hiperconsumismo que representa la industria de la fast fashion. Quizá un modelo más sostenible de consumo en el mundo de la moda se está acabando de confeccionar, pero a día de hoy, las advertencias son claras: el tiempo corre en contra y el planeta no puede esperar más.

Viajar sin contaminar: el gran desafío de la década

turismo

El turismo es la gallina de los huevos de oro de la economía de muchos países. Sin turismo no salen las cuentas: es uno de los sectores que más aporta a la economía a nivel mundial. Nunca falla. Como tampoco lo hace FITUR, la feria de turismo española por antonomasia y una de las más importantes del mundo que este año celebra su 40 aniversario. Durante esta semana y hasta el próximo 26 de enero la feria abre sus puertas en el Palacio de Congresos de Madrid, donde se reunirán los profesionales más destacados del sector.

Según los últimos datos de la Organización Mundial del Turismo, cerca de 1.600 millones de personas harán las maletas en algún momento de este 2020. Esta cifra subraya el gran impacto del turismo en la economía mundial: es responsable directo del 10% del PIB del planeta y genera 1 de cada 10 empleos en el mundo. A pesar de los beneficios que el turismo tiene para la economía, cabe recordar que todos los desplazamientos dejan huella en nuestro planeta.

El turismo es responsable directo del 10% del PIB del planeta

Sin ir más lejos, la Agencia Europea del Medio Ambiente estima que un vuelo de Madrid a Barcelona con 100 pasajeros emite cerca de 14 toneladas de CO2. El mismo trayecto, con el mismo número de viajeros, pero en tren, produce 7.000 kilogramos del mismo gas. Datos de este organismo señalan al avión como el medio de transporte más dañino con el planeta. Y es que llega a contaminar hasta 20 veces más que otros medios. A pesar de los esfuerzos — de momento, insuficientes— del sector para reducir sus niveles de contaminación, la realidad es que a día de hoy es el responsable del 2,5% de los gases invernadero. Y eso no es todo. De seguir con los ritmos actuales, se calcula que para el 2050 las emisiones procedentes de los vuelos aumentarán en un 300%.

Por ello, el turismo juega un papel clave en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, ya que tiene el potencial para contribuir de manera decisiva en la consecución de los grandes desafíos de la década. Bajo esta perspectiva, ya son varios los países que han empezado ya a “viajar” hacia un turismo más sostenible con medidas que van desde la aplicación de tasas económicas al visitante hasta la limitación del número de turistas permitidos o la eliminación de los vuelos de corta distancia. Todas ellas están orientadas a buscar un equilibrio entre potenciar el turismo y garantizar la sostenibilidad del entorno.

Asia

Bután es un claro ejemplo de cómo apostar por el turismo sin que el ecosistema salga perdiendo. Bajo la política “valor alto, impacto bajo”, el pequeño estado budista del sudeste asiático ha limitado el número de visitantes anuales que pueden acceder al país para así controlar y minimizar el impacto medioambiental. Entre las medidas aplicadas se encuentra el pago de una tasa diaria de 200 euros por persona que incluye el alojamiento y la obligación de llegar al país a través de una agencia de viajes autorizada por el Gobierno. Estas soluciones han hecho de Bután un referente a nivel mundial en turismo sostenible.

Un grupo de espectadores observan un baile tradicional de Bután

La recientemente renombrada como República de Palau, el país formado por islas volcánicas que se encuentra al oeste de Filipinas, también ha dado un paso más en el campo del ecoturismo. A través de la firma de la “promesa de Palau”, una especie de contrato redactado por los niños y niñas del país, los turistas se comprometen a cumplir una serie de indicaciones a la hora de visitar el país. El objetivo, según las autoridades nacionales, es que el visitante sienta que es su deber proteger y preservar el entorno.

Latinoamérica

En latinoamérica también se encuentran ejemplos de Gobiernos que han decidido priorizar la supervivencia del entorno natural frente a los beneficios del turismo. Las islas Galápagos, situadas en el océano Pacífico a casi 1000 km de las costas de Ecuador, llevan desde hace años restringiendo el número de visitantes por cuestiones medioambientales. Además, las autoridades ecuatorianas han implementado una tasa para los turistas de 100 dólares por persona y han limitado también la presencia de visitantes en determinadas áreas con el objetivo de luchar contra la degradación del ecosistema.

Fernando de Noronha, otro archipiélago de islas situado en el nordeste de Brasil, tiene un límite diario de turistas fijado en 450. Sin embargo, esta cifra no siempre se respeta debido a la histórica flexibilidad de las autoridades brasileñas en temas de protección del medio ambiente. El Gobierno de la zona también ha fijado una tasa de 20 euros por persona y día que se emplea para llevar a cabo proyectos orientados a preservar la biodiversidad.

España

Dentro de nuestras fronteras, Barcelona, que desde hace años se enfrentado a las consecuencias de un turismo masificado, ha tomado medidas contra uno de los medios de transporte más dañinos: los cruceros. Con una media de 750 escalas diarias en el puerto de Barcelona, en temporada alta llegan a coincidir en aguas catalanas hasta diez naves de gran tamaño. Por este motivo, el Ayuntamiento de Barcelona está a punto de aprobar un paquete de medidas que limitará el número de cruceros en la capital catalana.

Turistas reunidos en la Fuente Mágica de Montjuïc, en Barcelona

Por último, en las Islas Baleares se instauró en el año 2018 un impuesto conocido como ecotasa. Desde entonces, los turistas que visiten alguna de las islas deberán abonar un pago que puede llegar a ascender hasta 4 euros por persona y día dependiendo del establecimiento en el que se alojen. En el año 2019, gracias al Impuesto del Turismo Sostenible, el Gobierno balear recaudó más de 100 millones de euros que, según las autoridades, están destinados a mejorar la calidad de vida en las islas con proyectos enfocados a crear infraestructuras más sostenibles.

Biotecnología: una revolución que ya está aquí

biotecnología

Erradicar el hambre en el mundo, combatir enfermedades cuya cura aún se desconoce, reducir las emisiones de CO2 para frenar el cambio climático y garantizar la conservación del medio ambiente. El siglo XXI se enfrenta a estos y una larga lista de grandes desafíos. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas se encargan de recordarnos que debemos trabajar sin descanso para hacerles frente.

Pero para abordar retos de tal magnitud se requieren nuevas estrategias y disciplinas científicas. Y es que las tecnologías utilizadas hasta ahora parecen ser ineficaces o, en el mejor de los escenarios, incompletas. Por eso, la esperanza está puesta en el desarrollo de revolucionarias técnicas. Entre todas ellas destaca la biotecnología, una disciplina que, según define la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), “emplea los principios de la ciencia y la tecnología a los organismos vivos y los productos derivados de los mismos para alterar materiales vivos o no, con el fin de producir conocimientos, bienes o servicios”. Dicho de otro modo, es la aplicación de la biología para el beneficio humano y del medio ambiente.

El secretario general de EuropaBio (Asociación Europea de Bionindustrias), John Brennan, da un paso más allá en su definición. Según expone en un artículo publicado por European Biotechnology, “la biotecnología es capaz de acabar con las enfermedades a través de medicinas innovadoras, mejorar el suministro energético y la seguridad, ayudar a mitigar el cambio climático y contribuir al crecimiento económico y, al mismo tiempo, favorecer la creación de empleo”.

La biotecnología ya es una realidad en sectores como la agricultura o la asistencia sanitaria

Sin embargo, cabe preguntarse cuáles son sus aplicaciones específicas. Y más importante aún: ¿qué soluciones ya en marcha podrían ayudarnos a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de cara a 2030?

Biotecnología contra el hambre

Poner fin a la pobreza y al hambre –el primero y segundo de los ODS– son quizá unos de los objetivos más ambiciosos. El incremento de las necesidades de consumo de una población mundial también en expansión implica que garantizar el suministro alimentario sea una tarea cada vez más difícil de llevar a cabo. Por eso, Naciones Unidas pone el foco no solo en el aumento de las cantidades de alimento, sino también en la mejora y viabilidad de su distribución. Desde la entidad señalan que esta labor requerirá de la aplicación de la biotecnología en la agricultura, el medio ambiente y el cuidado de la salud humana sin riesgo ecológico. Y como es tiempo de actuar, ya son muchos los sectores que han comenzado a desarrollarse en esta dirección.

El agrícola es uno de los que más ha apostado en los últimos años por las soluciones biotecnológicas. Muchos agricultores utilizan bionutrientes y biofertilizantes (bacterias, hongos, levaduras) como sustitutos de los químicos y tóxicos que afectan tanto a la salud medioambiental como a la de las personas. Pero eso no es todo. La aplicación de la biotecnología en la agricultura permite aumentar el rendimiento y convertir el modelo productivo en uno más sostenible. Un ejemplo de ello es la modificación de cultivos como el maíz o la soja para que sean más resistentes a las sequías, más tolerantes a las plagas o, sencillamente, tengan unas mejores cualidades nutricionales. Estos avances, todavía en desarrollo, podrían contribuir a que en lugares como el continente africano –uno de los más afectados por las sequías–, las plantaciones no se echen a perder tan rápidamente. Además, las mejoras en las propiedades de los cultivos contribuirían a reducir la malnutrición y a acabar con el hambre en el mundo.

La biomedicina, otro campo de batalla

En el ámbito de la medicina, los profesionales también aplican estas nuevas técnicas para mejorar la calidad de vida y la salud de las personas y promover el bienestar para todos en todas las edades (Objetivo 3). “Actualmente se están utilizando las herramientas de la bioingeniería (una rama de la biotecnología) para una mejor comprensión de la conducta de las proteínas, las células, los tejidos y los órganos del cuerpo”, explican desde el Institute of Bioengineering of Catalonia. Los especialistas de este centro son capaces, entre otras cosas, de desarrollar soluciones como “nanocápsulas para la administración dirigida de medicamentos” y de estudiar de manera más exhaustiva “la invasión celular colectiva en el cáncer”. De esta manera, pueden realizar diagnósticos más personalizados y aplicar innovadoras terapias.

Otro de los campos de aplicación de la biotecnología es la regeneración y sustitución de tejidos. Conocida en este caso como ingeniería de biomateriales, esta técnica permite sintetizar y procesar materiales que puedan servir como soporte físico para los nuevos tejidos desarrollados en el laboratorio. Aunque suene a ciencia ficción, ya hay muchos proyectos en marcha que empiezan, no solo a dar resultados viables, sino a usarse en terapias de rutina.

Esta técnica permite regenerar tejidos, aplicar innovadoras terapias y realizar diagnósticos más acertados

Nieves Cubo, científica e investigadora del CSIC y miembro del Instituto de Ciencia y Tecnología de Polímeros, lleva varios años dedicada a la creación de piel humana mediante la técnica de la impresión 3D. “Antes, cuando un paciente tenía quemaduras grandes se tenían que extraer extensas áreas de piel para poder regenerar toda la superficie quemada. Ahora, con estos nuevos métodos, a partir de un centímetro cuadrado de piel somos capaces de generar metros y metros de piel en pocas semanas”, explicó durante su charla TED en Madrid.

Fuera de nuestras fronteras, la empresa argentina Life SI se dedica a la impresión 3D de órganos y tejidos. “Esta línea de trabajo busca resolver dos de las problemáticas de mayor impacto a la hora de hacer un trasplante. Por un lado, si logramos crear el órgano que el paciente necesita ya no dependemos de un donante específico. Por otro lado, si ese órgano se crea con las células del mismo paciente disminuimos drásticamente la probabilidad de rechazo”, explica en un vídeo Aden Díaz Nocera, fundador de la compañía.

Hacia la regeneración del medio ambiente

Más allá de las aplicaciones médicas, la biotecnología también es una técnica muy útil a la hora de mejorar el estado ecológico de los ríos y de estabilizar los márgenes fluviales. En este caso, como cuenta la Confederación Hidrográfica del Ebro en su blog, la bioingeniería “combina materiales vivos como semillas, plantas, partes de plantas y comunidades vegetales con materiales inertes como piedras, tierra, madera, hierro, acero” para consolidar los taludes, controlar la erosión y proteger el medio ambiente. Esto permite, no solo proteger, estabilizar y regenerar los suelos de una manera más rentable, sino embellecer el paisaje.

Siete 'imprescindibles' que no pueden faltar este 2020 en el armario de la sostenibilidad

Ilustración: Valeria Cafagna

El Año Nuevo trae consigo un cambio de década. Acabamos de estrenar los flamantes –¿y felices?– años 20 del siglo XXI, una época marcada, sin duda, por la lucha contra la emergencia climática. Aunque los negacionistas se siguen empeñando en disfrazar la realidad, las empresas tienen que adquirir responsabilidades. No importa su tamaño o su localización, es tarea de todos ponernos manos a la obra para ganar la partida y hacer posible el reto de la transición ecológica.

Por eso, empezamos 2020 recordando siete ‘imprescindibles’ que no pueden faltar en el ‘armario’ de las compañías que quieran liderar la batalla contra el calentamiento global. Estos son nuestros must have de 2020? ¿Te apuntas?

1. Pon en marcha la calculadora que mide tu huella ecológica (y sé ecoeficiente)

A todos se nos da muy bien definir metas. Dejar de fumar, acudir al gimnasio, cambiar el estilo de vida… Sin embargo, ¿quién las cumple? Algo similar ocurre en el mundo empresarial. Por eso, más allá de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al capítulo de estrategias anuales, es imperativo que las compañías midan sus compromisos, para que todos conozcamos hasta qué punto son capaces de cumplirlos.

Un primer paso para conseguir alcanzar los objetivos de sostenibilidad pasa porque todos los empleados sean conscientes del rastro que deja la huella de carbono en la actividad diaria. Para ello, el Ministerio de Transición Ecológica ofrece una herramienta que ayuda a estimar las emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernadero de una organización.

De esta manera, resulta mucho más sencillo elaborar un plan de acción que reduzca el impacto medioambiental de la actividad económica y marque la senda para ser más eficientes y ecológicos.

2. Apuesta por la tecnología sostenible y garantiza el mejor futuro para el progreso

Vivimos en la era de la digitalización y la cuarta revolución industrial avanzará con brío durante este 2020. Por eso, no podemos olvidarnos del motor que mueve (y moverá) el mundo: la tecnología –y si es sostenible, mucho mejor–.

Las tecnologías serán sostenibles si son capaces de emplear menos energía y consumir menos recursos para ejecutar las mismas labores. Además, deberán poder reciclarse, o reutilizarse, una vez concluido su ciclo de vida.
Digitalización, sí, pero respetuosa con el medio ambiente. Como aconseja la Organización de Estados Iberoamericanos "potenciemos tecnologías básicas susceptibles de favorecer un desarrollo sostenible que tenga en cuenta, a la vez, la dimensión local y global de los problemas".

3. Cuida el capital natural, la naturaleza es ese bien propiedad de todos

El capital natural es el ecosistema que sustenta una economía sostenible y respetuosa con el hombre. Su protección marca, o debería marcar, la viabilidad de una empresa o negocio.

Sin embargo, tal y como asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el actual modelo económico descuida nuestro entorno, olvida la naturaleza y muchas veces relega a un segundo plano el cuidado de los medios naturales buscando solo el éxito o la rentabilidad inmediata. Por suerte, cada vez son más las organizaciones que entienden lo limitados que son los recursos de la Tierra. Para tomar cartas en el asunto, la FAO ha creado un protocolo de capital natural como herramienta para que las empresas tomen conciencia de la repercusión de su actividad en el entorno. ¿Serán capaces todas ellas de incorporarlo y marcar la diferencia?

4. Dale una vuelta de tuerca a la economía circular

La mentalidad de usar y tirar está en peligro de extinción. Los jóvenes ya han empezado a apostar por una cultura de la reutilización que está permeando todas las actividades de la sociedad y, cada vez más, la de las empresas. La verdad es que las señales que nos envía el planeta son claras: necesitamos reciclar y reutilizar, dejar de desechar todo aquello a lo que aún se le puede dar vida y frenar el consumismo voraz que ha caracterizado las últimas décadas.

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica —derivada de la actividad humana— provoca siete millones de muertes anuales, lo que corresponde al 12% de los fallecimientos en todo el mundo. Además, la ONU estima que la población mundial seguirá creciendo hasta los 8.600 millones durante los próximos diez años. La lógica utilizada hasta ahora nos dice que a más población, más contaminación, lo que provocará que los estragos del cambio climático sean mayores y, por tanto, el número de refugiados y desplazados climáticos podría aumentar hasta los 200 millones de individuos en los próximos 30 años.

Si analizamos fríamente esta cifra, parece adecuado afirmar que repensar la economía circular podría ser una manera de darle un respiro a un planeta cada vez más asfixiado por nuestro comportamiento consumista. Lo vintage, lo slow (sea fashion, arquitectura o vida), el reciclaje y la reutilización serán clave en el desarrollo de las empresas y de nuestro día a día en 2020.

5. Apúntate a la moda ecofriendly: aunque no lo parezca, hay vida más allá del plástico

2020 es el año en el que toca aprender a ser eficientes ecológicamente hablando. Como individuos, nuestro paso por el planeta deja una huella similar a la que trazan nuestras pisadas sobre la nieve, el barro o la arena mojada, pero más devastadora. Por eso, llevar una vida ecofriendly tiene que convertirse en nuestro principal propósito tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Para ello, Oxfam Intermón aconseja que se empiece por reducir el desperdicio de comida y el derroche de electricidad con gestos tan sencillos como apagar la luz al salir de una habitación, tener en cuenta las fechas de caducidad a la hora de hacer la compra o aprovechar al máximo los alimentos a la hora de cocinar. Además, el reciclado de los envases y la reducción del uso de los mismos son clave a la hora de adquirir hábitos sostenibles.

Estos tips también se aplican al lugar de trabajo: optar por transporte poco contaminante o público, reutilizar los tuppers y cubiertos, adecuar la vestimenta a la época del año para evitar subir las temperaturas de calefacciones y aires acondicionados y prolongar la vida de los aparatos electrónicos con un uso y cuidado adecuados son acciones sencillas y mucho más eficaces de lo que pudieran parecer a simple vista. Es más, si tienes hijos, recuerda que eres su modelo a seguir: lo que tú hagas será lo que ellos repliquen. Así que es esencial apostar por un ocio familiar sostenible, enseñar a amar la naturaleza y fomentar la donación de juguetes que ya no se van a utilizar.

6. Pon tu capital al servicio de los proyectos más sociales de la comunidad

Los bonos verdes y las inversiones con impacto social están cada vez más de moda. Muchos grandes inversores ya buscan que su dinero se ponga al servicio de proyectos socialmente relevantes. Según la agencia Moody’s este tipo de bonos apenas representaba el 0,4% sobre el total de emisiones globales a principios de 2015, mientras que en 2019 ascendieron al 4%. Es más, en el primer trimestre del año pasado la emisión mundial de bonos verdes fue de 47.200 millones, un 40% más que en el mismo periodo del año anterior.

Además, España ocupa ya un honroso séptimo lugar en el mundo como país emisor de este tipo de activos. Está claro que las inversiones socialmente responsables son el futuro, pero ¿en qué consisten? En realidad, se parecen mucho a las inversiones de toda la vida, pero con un objetivo que va más allá del lucro del inversor: exigen que los proyectos que se financien estén alineados con los ODS y generen un impacto positivo en la comunidad. Lo más habitual es que se trate de proyectos de energías renovables, eficiencia energética, transporte verde o limpio, prevención o lucha contra la contaminación o gestión sostenible de recursos. Hay mejor manera de invertir el dinero?

7. Hablar en “verde”, porque el lenguaje también importa

La manera en que hablamos y escribimos sobre asuntos tan relevantes como la emergencia climática condiciona (y determina) nuestra manera de afrontar la crisis. Por eso, son muchos los medios de comunicación, instituciones académicas y empresas que reivindican una nueva narrativa medioambiental.

Diarios tan relevantes como el británico The Guardian han hecho un alto en el camino de la actualidad para reflexionar y repensar cómo tratar e ilustrar las noticias relacionadas con la crisis climática. Y no son los únicos. 2019 se despidió con una nueva narrativa en la que ya no se habla de cambio climático sino de emergencia o crisis, y los negacionistas son eso, y no escépticos o críticos con el problema medioambiental.

Además, el arte y la ficción se asocian al movimiento ciudadano para concienciarnos, con su propio lenguaje, en la lucha climática. Un ejemplo lo tenemos muy cerca. En España, el Instituto Mutante de Narrativas Ambientales de Matadero (Madrid) impulsa proyectos sobre la crisis planetaria desde un punto de vista artístico, argumentando que “los actuales retos planetarios requieren saberes basados en la inteligencia colectiva que exceden las disciplinas, capaces de provocar y acompañar transformaciones culturales y políticas”. Ciencia, innovación tecnológica y arte unen sus manos con el storytelling y las humanidades para crear soluciones creativas a la emergencia a la que nos enfrentamos.