A la hora de socializar y desarrollarse, el juego desempeña un papel esencial en la vida de los niños, pero ¿pueden los juguetes impulsar también la integración social y la diversidad?
Los juguetes que hemos tenido en nuestra infancia nos han dejado una huella que va mucho más allá de los momentos de ocio, aunque quizá no seamos del todo conscientes de ello. Su papel es clave en el desarrollo de todo ser humano, ya que contribuyen a adquirir habilidades sociales y emocionales desde las primeras etapas de la infancia.
Ya a principios del siglo XX, con el surgimiento de nuevas corrientes educativas como Montessori o Waldorf, comenzó a cambiar la concepción del juego, que empezó a entenderse como un espacio para la creatividad, la imaginación y la libre expresión, convirtiendo los juguetes en nuevas herramientas de aprendizaje. Tal es su importancia que en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó el «juego» a la categoría de derecho de la infancia y estableció el deber de los adultos de protegerlo.
Sin embargo, en la mayoría de los casos aspectos como la inclusión o la diversidad quedan relegados a un segundo plano en los juguetes que encontramos en el mercado, pese a su relevancia a la hora de que los niños construyan su identidad social.
¿Qué es un juguete inclusivo?
Ana Mata, coordinadora de la Guía de AIJU Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, define los juguetes inclusivos como «aquellos accesibles, adaptativos y que permiten una interrelación entre los niños sin los prejuicios de la discriminación, mostrando la diversidad como algo natural».
El juguete inclusivo es accesible, adaptativo y permite establecer relaciones en la infancia sin los prejuicios de la discriminación
Los primeros esfuerzos de los fabricantes de juguetes para poder ofrecer juguetes inclusivos se dirigieron a reducir los sesgos de género. Así, compañías como Moltó, El Corte Inglés o incluso la empresa de productos de limpieza y del hogar Vileda incorporan desde hace varios años la imagen tanto de niños como de niñas en sus campañas publicitarias de juguetes simbólicos como cocinitas, planchas, supermercados o sets de limpieza, desvinculando así estos productos de los estereotipos de género.
La diversidad racial también es cada vez más habitual en los estantes de las jugueterías. Un ejemplo de ello es Mattel con su muñeca Barbie, que ya cuenta con 22 versiones de diferentes etnias, 35 tonos de piel y nueve tipos de cuerpo distintos. Otra línea de muñecas de este fabricante, Monster High, pone el foco en la diversidad de sus personajes con el «objetivo de crear un mundo en el que todos y todas puedan sentirse orgullosos de ser ellos mismos». Una misión que refuerzan mediante iniciativas como el Proyecto Pertenencia, que proporciona ayuda a los niños y niñas para conectar con sus comunidades y crear vínculos, o su asociación con organizaciones como la Fundación Anar, que busca educar a niños y niñas en la tolerancia y el respeto.
La diversidad más allá del género y la raza
Han transcurrido ya más de diez años desde que la empresa Famosa lanzara al mercado «La Consulta Médica de Nenuco», que consistía en un muñeco con ambliopía (ojo vago) al que había que tratar con un parche y gafas correctoras. Con el tiempo, este juguete evolucionó, dando lugar a nuevas versiones, como bebés con implantes cocleares o con síndrome de Down.
A pesar de la mayor presencia de juguetes inclusivos en el mercado, todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social
Pero no es la única compañía que ha incorporado diversidades funcionales y sanitarias en sus muñecos a lo largo de los años. Marcas como Miniland cuentan con juguetes en los que los más pequeños pueden ver reflejadas realidades como el vitíligo, la discapacidad motora —con muñecos en silla de ruedas— o la discapacidad visual. Otros fabricantes también han lanzado al mercado ediciones de su muñeca con diferentes patologías, como la diabetes.
Aunque estos juguetes inclusivos han ayudado a normalizar la diversidad y fomentar la empatía, a día de hoy aún hay niños y niñas que se ven excluidos de los juguetes que existen en el mercado. Así lo afirma un estudio de 2024 de la Confederación de Organizaciones Familiares de la Unión Europea (COFACE Families Europe), que pone de manifiesto que los juguetes inclusivos no son lo suficientemente accesibles y que todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social.
Este hecho demuestra que, pese a los pasos dados por la industria hacia la diversidad y la inclusión, aún son casos minoritarios que requieren mayor presencia y protagonismo para integrarse plenamente en la realidad social que representan. Solo así conseguiremos que algún día la etiqueta de «juguete inclusivo» desaparezca para convertirse simplemente en lo que siempre debieron ser: juguetes.