Vallas y barreras de luz y sonido son la nueva esperanza de la conservación de la diversidad biológica animal. Frente a las devastadoras cifras de atropellos, estos elementos innovadores parecen ser fundamentales en la protección de la fauna silvestre.
En 2009, un grupo de científicos propuso el concepto de los nueve límites planetarios para transmitir a la sociedad, de manera sencilla y accesible, el estado en el que se encuentra la Tierra y cómo evolucionan sus procesos naturales. Entre ellos, destaca la pérdida de biodiversidad por su situación especialmente crítica, lo que la convierte en una prioridad absoluta.
Entre las múltiples causas que explican las gravedad de este fenómeno, una de las más importantes es la fragmentación de los hábitats. La expansión urbanística y la proliferación de infraestructuras lineales que lo vertebran, como las carreteras y las vías férreas, junto con el aumento de vehículos a motor y de desplazamientos a lo largo del territorio, dividen los ecosistemas y se convierten en trampas mortales para la fauna.
Uno de los ejemplos más conocidos en España es el del lince ibérico (Lynx pardinus), entre cuyas principales causas de muerte se encuentran los atropellos, en un 44% de los casos.
Entre las múltiples causas que explican las elevadas cifras de pérdida de diversidad biológica, destaca la fragmentación de los hábitats, debido a la expansión urbanística y la proliferación de infraestructuras lineales
Para hacer frente a esta problemática, se está contemplando una medida innovadora, todavía en fase experimental: las vallas o barreras de luz y sonido en carreteras. Este sistema consiste en la instalación de balizas a lo largo de un tramo determinado, a ambos lados de la vía, y con una separación entre sí de intervalos regulares.
Las balizas detectan la luz de los faros de los vehículos, lo que activa señales luminosas y acústicas destinadas a alertar a la fauna de la inminente llegada del automóvil. El sistema reacciona cuando el vehículo se encuentra aproximadamente a 75 o 100 metros de distancia, favoreciendo la huida de los animales y reduciendo el riesgo de colisión.
En el estado australiano de Victoria se desarrolló un proyecto piloto entre 2022 y 2025 en dos zonas de estudio que, a pesar de los resultados desiguales, en una de ellas se ha logrado un éxito de supervivencia del 99,71% de las aves susceptibles de ser atropelladas.
Estas balizas detectan la luz de los faros de los vehículos, lo que activa señales luminosas y acústicas destinadas a alertar a la fauna de la inminente llegada del automóvil
En Europa encontramos otro ejemplo pionero, el proyecto LIFE Safe-Crossing (2018-2023). Esta iniciativa colocó barreras en España para proteger el lince ibérico, en Grecia y Rumanía para el oso pardo (Ursus arctos) e Italia para el lobo (Canis lupus). Los resultados en este caso son aún más prometedores: en algunas áreas de actuación se consiguió hasta el 100% de la reducción de colisiones con fauna silvestre.
Apostar por proyectos que combinen la colocación de balizas y la construcción de pasos de fauna con campañas de conducción responsable y educación ambiental es clave para abordar una de las principales causas de mortalidad de nuestras especies más emblemáticas y vulnerables, y así hacer frente a uno de los problemas socioambientales más urgentes de nuestro tiempo.