Categoría: Transición energética


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Minerales críticos: el reto menos conocido de la transición energética

Detrás de cada coche eléctrico, panel solar o aerogenerador se esconde una creciente dependencia de minerales críticos, cuya extracción plantea desafíos económicos, geopolíticos, sociales y ambientales. 


La transición hacia un modelo energético más limpio está impulsando una carrera por los minerales críticos. Los vehículos eléctricos, las energías renovables o el almacenamiento energético dependen de materiales como el litio, el cobalto, el níquel o las tierras raras. Según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de estos minerales podría cuadruplicarse de aquí a 2040 –solo en 2024, la de litio creció cerca de un 30%–.

Alta demanda y pocos países productores 

Este crecimiento responde a una electrificación acelerada: cada coche eléctrico requiere hasta seis veces más minerales que uno convencional. La creciente demanda está tensionando la oferta global, dominada por un reducido número de países. El litio, un metal ligero y reactivo esencial por su capacidad para almacenar energía, es clave para las baterías recargables y se concentra principalmente en Australia, Chile y Argentina, donde abundan los salares ricos en este metal. El cobalto, valorado por su resistencia al calor y por su capacidad para mejorar la estabilidad y durabilidad de las baterías, se extrae en más de un 70% en la República Democrática del Congo. 

Según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de estos minerales podría cuadruplicarse de aquí a 2040

Asimismo, Indonesia es el principal productor de níquel, un metal utilizado para aumentar la densidad energética de las baterías y también presente en infraestructuras eléctricas por su resistencia a la corrosión. A ello se suman las tierras raras –un grupo de 17 elementos químicos con propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas– fundamentales para la fabricación de imanes permanentes en aerogeneradores y vehículos eléctricos, cuya producción está dominada por China, con cerca del 85% del total global. Esta alta concentración geográfica plantea riesgos geopolíticos y de suministro, especialmente para Europa, muy dependiente de las importaciones.

Ante este panorama, España aflora como un actor con potencial. El país cuenta con recursos de litio en Extremadura y Galicia, cobre en Andalucía, wolframio en el noroeste –Galicia, Salamanca, Zamora y Asturias– y posibles reservas de tierras raras en Castilla-La Mancha. Además, la Unión Europea ha identificado varios proyectos estratégicos en territorio español dentro de su plan para asegurar el suministro de materias primas críticas. Pero esta posibilidad choca con importantes barreras normativas y sociales. 

Barreras ambientales, sociales y regulatorias 

La legislación ambiental española y europea exige evaluaciones de impacto rigurosas, lo que alarga los plazos de los proyectos mineros. A ello se suma la oposición de comunidades locales preocupadas por los efectos en el territorio. Este equilibrio entre protección ambiental y autonomía estratégica es uno de los grandes desafíos de la transición. 

La legislación ambiental española y europea exige evaluaciones de impacto rigurosas, lo que alarga los plazos de los proyectos mineros

La extracción de estos minerales no está exenta de impactos. La minería puede provocar contaminación de aguas, degradación del suelo y un elevado consumo de recursos, especialmente en el caso del litio. Además, en algunos países productores persisten problemas sociales como condiciones laborales precarias o conflictos con comunidades locales. 

Para poder abordar estos retos, la Unión Europea ha puesto en marcha la Ley de Materias Primas Críticas, que fija objetivos como extraer el 10% de estos minerales en Europa, procesar el 40% y cubrir el 25% de la demanda a través del reciclaje antes de 2030. Esta apuesta pasa por combinar seguridad de suministro con estándares ambientales elevados. 

La transición energética es imprescindible, aunque implica contradicciones. Más allá de cambiar las fuentes de energía, la clave será gestionar de manera responsable los recursos que la hacen posible.


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Hidrógeno blanco: los desafíos tras el «petróleo infinito»

Hidrógeno blanco

En 2024, científicos de la Universidad de Lorena (Francia) que buscaban metano en el noreste de Francia descubrieron lo que podría ser el mayor depósito de hidrógeno blanco que se conoce, con hasta 250 millones de toneladas de este gas. Recientemente, un estudio conducido por investigadores de las Universidades de Oxford y Durham (R. Unido)Durham y la Universidad de Toronto (Canadá) sugirió que el planeta esconde una cantidad de hidrógeno blanco para abastecer energéticamente a todo el mundo durante 170.000 años.

El hidrógeno blanco es un gas que se encuentra de manera natural en la corteza terrestre, y que, a diferencia de otros, no necesita ser producido mediante tratamientos industriales. Este material puede originarse a través de distintos procesos geológicos, como la serpentinización (una reacción de minerales ultramáficos con agua) o por descomposición de materia orgánica profunda.

El hidrógeno blanco no necesita ser producido mediante tratamientos industriales

Por ello, el hidrógeno blanco posee una serie de ventajas con respecto al resto de sus «hermanos», que necesitan ser producidos y suponen un alto coste económico o ambiental. El hidrógeno gris, por ejemplo, el más común y barato, se produce a partir de gas natural o carbón, y libera grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera. El hidrógeno azul se obtiene de forma similar al anterior, pero captura parte de ese CO₂ para reducir emisiones, aunque no las elimina completamente. El hidrógeno verde, por su parte, se genera rompiendo moléculas de agua con electricidad procedente de energías renovables y, aunque no emite gases de efecto invernadero, sigue siendo una tecnología cara. 

Así, si se extrae de forma eficiente,  el hidrógeno blanco podría ser la opción más limpia y barata… Pero, entonces, ¿por qué no se utiliza ya de forma generalizada? En primer lugar, porque a pesar de estar «listo» en la naturaleza, no siempre se encuentra en lugares fáciles de explotar. Segundo, porque esta alternativa está en fase de investigación: aún no se dispone de demasiada información geológica ni geográfica, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala, a lo que se suma el hecho de que  la regulación sobre la propiedad y explotación no está del todo definida. Esto, unido a la competencia del hidrógeno verde (ya desarrollado, con inversión y respaldo político), hace que la rentabilidad del hidrógeno blanco esté aún en entredicho. 

No obstante, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala

Nabil Wakim, presentador del podcast Chaleur Humaine en Le Monde, establece que a pesar de que este gas se encuentra de forma natural «no existen perforaciones ni infraestructura a gran escala que permitan su uso masivo». Más allá del descubrimiento en Francia y de los indicios que sugieren su presencia en otros lugares del mundo (España, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Australia, Rusia o Kazajistán) el único caso de explotación a día de hoy se encuentra en Bourakébougou (Malí).

En definitiva,  el hidrógeno blanco es una nueva alternativa energética con mucho potencial de cara al futuro, pero que aún necesita tiempo e investigación para convertirse en una realidad constatable. Como resume el propio Wakim, «la investigación está en curso, pero es una apuesta incierta para, al menos, los próximos quince años».


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El patrimonio cultural y ambiental, y la necesidad de protegerlos por igual

El avance hacia la sostenibilidad ambiental y la transición energética debe ser necesariamente compatible con la protección y conservación del patrimonio ambiental y cultural como un legado histórico común a preservar. Las actuaciones llevadas a cabo y analizadas en las Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética, coorganizadas por el Museo Arqueológico Nacional y Red Eléctrica, han demostrado que fomentar la protección y difusión del patrimonio arqueológico aporta un gran impacto neto positivo en el entorno.


El patrimonio cultural y el natural comparten un valor irreemplazable. El primero se relaciona con bienes materiales como monumentos u obras de arte, y el segundo, con ecosistemas y biodiversidad. Pero ambos enfrentan amenazas comunes como el cambio climático, el turismo masivo e irresponsable, la contaminación y los cambios en los usos del suelo y el territorio.

Por ello, tejer alianzas para fomentar la conservación, investigación y difusión del patrimonio tanto natural como arqueológico adquiere cada vez una mayor importancia a la hora de demostrar un compromiso real con la sostenibilidad desde las empresas y las instituciones públicas. El objetivo es garantizar que el desarrollo de infraestructuras necesarias para avanzar en la transición ecológica, como las energéticas, es totalmente compatible con la conservación del patrimonio natural y cultural.

Este es uno de los motivos por los que, en la planificación de proyectos, se estudian todos los aspectos culturales y patrimoniales en las evaluaciones de impacto ambiental, de manera que permita garantizar que no se dañen sitios históricos y que no afecten negativamente al entorno natural.

Tejer alianzas para conservar, investigar y difundir el patrimonio arqueológico refuerza el compromiso con la sostenibilidad

La protección del patrimonio cultural es un aspecto fundamental en el diseño y construcción de instalaciones de Red Eléctrica, que aplica su metodología en la gestión y protección del tesoro común que es el patrimonio arqueológico. Así, antes de iniciar cualquier movimiento de tierras, la compañía hace una prospección arqueológica del terreno y diseña sus infraestructuras de manera que el trazado se integre de manera respetuosa en el entorno, minimizando cualquier posible impacto. Un ejemplo de buenas prácticas para la conservación del patrimonio tanto cultural como ambiental en este sentido es Redeia que, a través de su filial  Red Eléctrica,  y en el marco de su actividad en la operación del sistema eléctrico, ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales a lo largo de todo el territorio nacional y ha descubierto más de 40 yacimientos relevantes pertenecientes a diferentes épocas históricas en los últimos años.

Este asunto se ha puesto sobre la mesa en las primeras Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética organizadas por la filial de Redeia y el Ministerio de Cultura. En el marco incomparable del Museo Arqueológico Nacional, más de 25 ponentes y más de 200 participantes procedentes de diversos sectores han abordado alianzas que permitan proteger con las máximas garantías el patrimonio cultural y, al mismo tiempo, facilitar las infraestructuras que permitan impulsar la transición ecológica.

La directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Ángeles Albert; la directora del MAN, Isabel Izquierdo, y la presidenta de Redeia, Beatriz Corredor, acompañadas por representantes de Redeia en el Museo Arqueológico Nacional.

Avanzar hacia la mejora de la calidad de vida y hacia la transición energética no es incompatible con cuidar y proteger los entornos que nos rodean, ya sea en su faceta puramente natural o en la creada por la mano del hombre. Por otro lado, también existen beneficios a la hora de generar impacto positivo en el territorio y en la sociedad, beneficios que son posibles de la mano de la integración y preservación del patrimonio cultural y ambiental a través del desarrollo e integración de infraestructuras. Por ejemplo, Redeia ha recuperado y musealizado en Fuerteventura, para disfrute y aprendizaje del conjunto de la sociedad, un conjunto de casamatas, las únicas baterías de defensa aérea que existen de la Segunda Guerra Mundial en España contra Alemania. Acciones como esta permiten no sólo conservar y proteger el patrimonio y el legado histórico, sino que también se convierten en un recurso cultural y pueden contribuir positivamente a la economía local del lugar.

Además, Redeia hace posible  iniciativas de conservación, restauración y musealización de yacimientos o bienes culturales. Así, durante la celebración de las jornadas, su presidenta, Beatriz Corredor, destacó el compromiso de la compañía con «la protección y conservación del patrimonio arqueológico, etnográfico y cultural como un aspecto fundamental» en el desarrollo de sus infraestructuras eléctricas, un factor que aporta un gran impacto neto positivo en el entorno, según el último informe de Sostenibilidad.

Red Eléctrica ha desplegado en los últimos años más de 300 actuaciones patrimoniales en el territorio nacional

Para muestra, un botón. Entre los hallazgos más destacados, Redeia ha destacado las  huellas de dinosaurios descubiertas en la provincia de Soria, restos de la ciudad romana de Isturgi, en Jaén, y evidencias de, al menos, cinco yacimientos de diferentes épocas, desde la romana hasta la Segunda Guerra Mundial. Estos vestigios se detectaron gracias al cuidado en las prospecciones que lleva a cabo Redeia, que cuenta con arqueólogos que se encargan de detectar, documentar y salvaguardar este patrimonio para el futuro.

Está claro que estas actuaciones, hallazgos e inversiones permiten no solo cuidar y transmitir a las generaciones venideras un legado de un valor incalculable, sino también avanzar de la mano en la protección patrimonial y en la sostenibilidad ambiental, así como encarar los retos a los que se enfrenta el proceso de transición energética, convirtiéndose el fomento de la promoción del patrimonio cultural en un agente de lucha contra el cambio climático.

Durante estas primeras  Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética ha quedado demostrado que es posible proteger el medioambiente y avanzar en la transición energética sin renunciar al magnífico legado histórico y cultural español.


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Thomas Edison, el hombre con el que se hizo la luz

Aunque la bombilla es el elemento con el que se le reconoce históricamente, Thomas Edison transformó la manera en que funciona el mundo, con más de 1.000 patentes registradas. Su legado va mucho más allá de los inventos.


La curiosidad y el espíritu emprendedor hicieron de un niño con escaso interés en la escuela uno de los inventores más prolíficos de la historia. A los 8 años, Thomas Alva Edison, nacido en Ohio en 1847, fue expulsado de la escuela primaria debido a su aparente desinterés y distracción. Sin embargo, su madre asumió la responsabilidad de educarlo en casa, inculcándole la pasión por la lectura y el conocimiento. 

Edison registró más de 1.000 patentes a lo largo de su vida, entre las que destacan el fonógrafo y el kinetoscopio

Gracias a su curiosidad y a una incansable capacidad de innovación, Edison registró más de 1.000 patentes a lo largo de su vida, entre las que destacan el fonógrafo, el primer dispositivo capaz de grabar y reproducir sonido, y el kinetoscopio, que permitía visualizar imágenes en movimiento, sentando las bases de la industria cinematográfica. Pero su impacto trascendió lo meramente técnico al transformar la forma en que la tecnología se integraba en la vida cotidiana, haciendo del progreso un fenómeno accesible para todos.

A la luz de la modernidad

Aunque la historia suele atribuirle la invención de la bombilla incandescente, la verdad es que Edison no fue el primero en idearla. Las bombillas eléctricas existían desde principios del siglo XIX, pero eran delicadas y de corta duración debido a sus filamentos. En 1879, su bombilla con filamento de carbono marcó un antes y un después, ya que era barata, práctica y duraba mucho más que cualquier otra. Después de años de tratar de mejorar obsesivamente el concepto de las bombillas, presentó una que podía durar un récord de 14,5 horas. 

Thomas Edison perfeccionó la bombilla incandescente, convirtiéndose en el padre del alumbrado público

Sin embargo, su genialidad no residía únicamente en la invención de artefactos, sino en su capacidad para convertirlos en productos accesibles, funcionales y transformadores. Para una persona tan emprendedora, una bombilla por sí sola no cambiaba el mundo. Así que Edison dio un paso más y logró diseñar un sistema que no solo hiciera brillar una bombilla, sino que pudiera distribuir electricidad de manera eficiente y segura, creando la primera red de distribución eléctrica, inaugurada en 1882 en Manhattan, un paso clave en el desarrollo de la electricidad comercial, basada en su sistema de corriente continua, que utilizó en las primeras redes de alumbrado público. 

Un legado que sigue brillando

A lo largo de su trayectoria, algunos lo criticaron por su enfoque basado en el ensayo y error, que para muchos rozaba la improvisación. Nikola Tesla, quien trabajó bajo sus órdenes antes de convertirse en su mayor rival, impulsó junto a George Westinghouse el uso de la corriente alterna, una tecnología más eficiente para la distribución eléctrica a larga distancia. Este conflicto, conocido como la «guerra de las corrientes», se convirtió en una de las disputas más célebres de la historia de la tecnología. 

Sin embargo, el legado de Edison va más allá de la electricidad ya que sentó las bases de la investigación aplicada con su laboratorio en Menlo Park y fundó la empresa que con el tiempo se transformaría en General Electric, una de las corporaciones más influyentes del mundo. 

El 18 de octubre de 1931, Thomas Edison falleció, dejando tras de sí 1.093 patentes registradas y un mundo transformado por la luz, el sonido y la imagen en movimiento. Más de un siglo después, su recuerdo sigue iluminando cada rincón del planeta.


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¿Cómo puede la sal ser el futuro de la transición energética?

Teléfonos móviles, relojes inteligentes y vehículos eléctricos tienen algo en común: funcionan con baterías de litio, un mineral que, desde los años 70, ha revolucionado el almacenamiento de energía. Pero ¿de dónde sale este material y qué puede significar para el avance hacia un futuro más sostenible? 


El litio, un metal alcalino, es uno de los elementos primarios que definen la materia y, por tanto, el universo. En la tabla periódica, se llama Li, y es vecino del Hidrógeno (H), el Sodio (Na) y el Berilio (Be). Aunque en la naturaleza, donde nunca está solo, se le suele encontrar en comunión con otros componentes, ya sea en forma de minerales dentro de rocas, como la espodumena, o de sales que se encuentran en el agua, como el cloruro de litio. Esto último es, precisamente, lo que ha permitido su explotación a gran escala en la industria energética. 

Salmueras y salares frente a la minería de roca

Las sales de litio se encuentran en los depósitos de agua salada subterránea (salmueras) de los salares, lagos ubicados en zonas áridas en los que el agua se evapora dando lugar a desiertos. El litio presente en las salmueras representa más del 60% del suministro global, con tres yacimientos en América Latina que destacan sobre todos los demás: los salares de Atacama (Chile), del Hombre Muerto (Argentina) y de Uyuni (Bolivia), también conocidos como el Triángulo del Litio. 

El litio es un metal que flota en el agua y se puede cortar con un cuchillo, pero eso no reduce su capacidad para almacenar energía

La extracción de litio de salares se presentó como una alternativa a la minería de roca a mediados del siglo pasado y, aunque no está exenta de desafíos (como el consumo intensivo de agua y su impacto en los ecosistemas y las comunidades locales), sí que supuso ciertas ventajas, como una simplificación de las técnicas de obtención, el abaratamiento de los costes y un menor impacto energético. 

La salmuera se bombea desde el subsuelo a grandes tanques de evaporación, en los que el sol y el viento eliminan el agua y dejan expuestas las sales y minerales que la componían. El siguiente paso es aislar las sales de litio y someterlas a una serie de procesos químicos que preparan al elemento para su uso en las baterías. 

Un metal que flota en el agua

El litio destaca por su maleabilidad y su ligereza. Es un metal, pero flota en el agua y se puede cortar con un cuchillo. Sin embargo, eso no reduce en absoluto su capacidad para almacenar energía, más bien al contrario: el litio es capaz de guardar grandes cantidades de energía en muy poco espacio. O lo que es lo mismo, tiene una alta densidad energética. 

La extracción de litio de salares se presenta como una alternativa más barata y con menor impacto energético que la minería de roca tradicional

Además, el uso de este metal en baterías ha permitido introducir mejoras en su eficiencia y durabilidad. En comparación con otros sistemas de almacenamiento clásicos, como los de plomo-ácido, las baterías de litio pierden menos energía en forma de calor, se cargan mucho más rápido y pueden soportar más ciclos de carga y descarga antes de degradarse. Tampoco tienen efecto memoria, como las de níquel-cadmio, que pierden capacidad si no se descargan completamente.

El litio ha abierto, así, un nuevo abanico de posibilidades para el desarrollo de dispositivos portátiles (móviles, ordenadores, relojes inteligentes…) y vehículos eléctricos, pero también para el avance en el almacenamiento y aprovechamiento de las energías renovables y en los nuevos modelos de producción y consumo, como las smart grids y las microgrids


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¿Qué energías nos regala el mar?

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El mar es una fuente de energía ilimitada que actualmente no se está explotando en su totalidad. Sin embargo, desde hace años se está investigando y desarrollando la tecnología necesaria para convertirlo en un recurso rentable desde el punto de vista técnico y económico. Descubrimos los tipos de energía que nos pueden ofrecer los océanos. 

 


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Así será la nueva geopolítica de la energía

Los países nórdicos se están posicionando en cabeza de las energías renovables, mientras que los tradicionales gigantes del petróleo y el gas intentan recolocarse.


El tablero energético global está en plena transformación. Países que hace una década no figuraban en el radar de los grandes exportadores de energía están emergiendo como potenciales líderes de la era de las renovables. Mientras tanto, los gigantes tradicionales del petróleo y el gas se tambalean ante un futuro incierto.

Según el último Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, países del norte de Europa como Suecia, Dinamarca y Noruega lideran la carrera hacia un futuro energético sostenible, alcanzando más del 70% en la clasificación del organismo, que utiliza baremos como la equidad, la seguridad y la sostenibilidad. Los países nórdicos, tradicionalmente importadores de energía, están aprovechando su potencial eólico y su capacidad de innovación para posicionarse como futuros exportadores de energía limpia. 

 

Dinamarca, por ejemplo, ha anunciado planes para construir una «isla energética» artificial en el Mar del Norte que podría suministrar electricidad a 10 millones de hogares europeos. Asimismo, países con economías emergentes como Marruecos también están apostando por las renovables. El gigantesco complejo solar de Noor Ouarzazate, visible desde el espacio, es un ejemplo de cómo un país tradicionalmente dependiente de las importaciones energéticas puede reinventarse.

El cambio de paradigma también está afectando a los líderes tradicionales. Arabia Saudí, consciente de que su reinado petrolero tiene fecha de caducidad, ha lanzado el enorme proyecto de Neom, una ciudad futurista alimentada 100% por energías renovables. 

Rusia, por su parte, se encuentra en una encrucijada desde que la invasión de Ucrania aceleró los planes de Europa para reducir su dependencia del gas ruso, tras décadas como principal exportador. Según datos del Consejo Europeo, las exportaciones de gas ruso a la UE cayeron un 48% en 2021 y cerca del 8% en 2023, representando actualmente menos del 15% del total de importaciones de este combustible en la UE. 

 

 

Y, en este nuevo escenario, han surgido diversas alianzas. Por ejemplo, Australia y Japón han firmado un acuerdo para desarrollar una cadena de suministro de hidrógeno verde. 

Por su parte, China va en cabeza, dominando actualmente la producción de paneles solares y baterías, lo que le otorga una ventaja estratégica.


El gigante asiático sigue siendo el líder indiscutible en potencia eólica instalada, donde triplica a la de Estados Unidos, y multiplica por siete en el caso de la fotovoltaica, según datos de la World Wind Energy Association y la Agencia Internacional de la Energía, respectivamente.


El mapa energético del futuro aún está por dibujarse, pero una cosa está clara: los vientos del cambio soplan con fuerza. Los países que sepan adaptarse a esta nueva realidad serán los que lideren la economía del siglo XXI. El resto, como las reservas de petróleo, corren el riesgo de quedar sepultados en el pasado.


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¿Cómo generar energía desde casa?

Desde tejas y ventanas solares hasta microgeneradores en grifos y tuberías o sistemas que producen energía a partir de residuos orgánicos y plásticos: estos son los inventos que van a revolucionar el autoconsumo energético en nuestros hogares. 


En España ya hay 410.000 tejados solares residenciales. Según la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), solo en 2023 se pusieron en marcha 111.795 nuevas instalaciones fotovoltaicas en las cubiertas de viviendas particulares, muy lejos de las 424 de 2016. 

Los avances en la eficiencia de estos sistemas y la reducción de su coste han hecho que esta opción esté al alcance y en la mente de cada vez más personas. Pero ¿y si no fuera la única forma de generar energía desde casa? 

Científicos y empresas de todo el mundo buscan, de manera incansable, alternativas que permitan aprovechar el potencial del sol, el viento, el agua o incluso los residuos domésticos para impulsar el autoconsumo y la sostenibilidad de nuestros hogares. 

Soluciones como las tejas solares y las ventanas fotovoltaicas permiten apostar por la sostenibilidad sin renunciar ni al diseño ni a la funcionalidad

Uno de los grandes retos con los que se han topado las instalaciones fotovoltaicas tradicionales ha sido su integración en el entorno urbano. Muchos propietarios y arquitectos deseaban utilizar esta fuente renovable sin sacrificar el diseño y la estética. Por eso, se empezaron a buscar fórmulas para integrar células fotovoltaicas en materiales tradicionales de construcción. 

En respuesta a esta necesidad, nacieron en el año 2000 los primeros prototipos de tejas solares, a las que se unirían, en 2014, los paneles solares transparentes. Estos últimos, inventados por la Universidad Estatal de Michigan, sentaron las bases de las actuales ventanas solares o fotovoltaicas que ya se ven en edificios de Estados Unidos, Japón y Alemania. Gracias a esta tecnología, las ventanas siguen cumpliendo su función habitual mientras transforman la luz solar en energía, utilizando técnicas que van desde la integración de células fotovoltaicas en el propio vidrio hasta el uso de materiales que absorben y redirigen la luz a los bordes de la ventana, donde se produce la conversión. 

Por otro lado, cuando pensamos en el agua como fuente de energía, es normal que se nos vengan a la cabeza las grandes instalaciones hidroeléctricas. Sin embargo, esto podría empezar a cambiar. 

Microgeneradores instalados en las tuberías y los grifos nos permitirán convertir la energía mecánica del agua en movimiento en electricidad

En Francia o Israel ya hay empresas que han desarrollado microgeneradores que, instalados en las tuberías, convierten la energía mecánica del agua en movimiento en electricidad. De momento, solo pueden alimentar pequeños dispositivos de monitoreo de la presión, el caudal o la calidad del agua, pero hay quienes, como el grupo de investigación Barcelona Fluids & Energy Lab (IFLUIDS) y el Centro de Innovación Tecnológica en Convertidores Estáticos y Accionamientos, siguen intentando mejorar estos sistemas para brindar nuevas oportunidades a hogares y ciudades.

Otra iniciativa que pretende estar en el mercado en 2025 es un dispositivo de una startup francesa que se conectará a los grifos de cualquier casa para generar entre 5 y 7 kW de electricidad al día aprovechando el flujo y la presión del agua corriente. ¿Y quién dice que algún día no podremos convertir en electricidad la energía que producen las gotas de lluvia al impactar sobre las paredes o las ventanas de nuestras casas?  

Por último, al alcance de nuestras manos puede estar también producir energía a través de la basura doméstica.  

Hay soluciones para convertir los desechos de alimentos y otros restos orgánicos en biogás que puede usarse para la calefacción o la cocina que ya se usan en más de 90 países. Al mismo tiempo, otras empresas centran sus esfuerzos en transformar en electricidad un residuo tan problemático como las botellas y las bolsas de plástico.


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El trayecto hacia un futuro verde se hace con combustibles sostenibles

La revolución del transporte sostenible es un viaje hacia la innovación en combustibles alternativos, del petróleo al plasma.


El sector del transporte se encuentra en una encrucijada decisiva en su camino hacia un futuro más verde. Tanto en la Unión Europea como en España el transporte es el sector con mayor consumo energético. Según el Observatorio del Transporte y la Logística, en España el transporte consume aproximadamente un 39% de la energía final, y la mayor parte de esta energía procede del petróleo. Representando una quinta parte de las emisiones de CO2 de la UE, la industria del transporte está bajo presión para reinventarse.

La búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles ha desencadenado una ola de innovación que promete transformar la manera en que nos movemos. Más allá de la electrificación, que ha dominado el discurso de la movilidad sostenible en los últimos años, una nueva generación de combustibles alternativos está emergiendo. Desde el agua de mar hasta el plasma, pasando por la biomasa y los e–fuels, la industria está explorando territorios antes inimaginables.

Representando una quinta parte de las emisiones de CO2 de la UE, la industria del transporte está bajo presión para reinventarse

La empresa Nanoflowcell, con sede en Liechtenstein, ha desarrollado un sistema que utiliza líquidos iónicos derivados del agua de mar, prometiendo una autonomía de hasta 1000 kilómetros con un solo tanque. 

Los combustibles sintéticos o e–fuels, que combinan CO2 capturado e hidrógeno, se presentan como una solución para aprovechar la infraestructura existente de vehículos de combustión interna. Mientras tanto, el hidrógeno verde, producido mediante electrólisis del agua con energía renovable, promete ser una alternativa limpia para el transporte pesado y de larga distancia, difícil de electrificar.

La diversidad de soluciones en combustibles sostenibles refleja la complejidad del desafío de la descarbonización en el transporte. La transición hacia estos combustibles alternativos no está exenta de retos: la necesidad de desarrollar nuevas infraestructuras, enfrentada con la posibilidad de aprovechar las existentes, puede resultar en el retraso de la transición hacia energías verdaderamente limpias. Asimismo, la industria enfrenta el reto de equilibrar los costes de producción para los fabricantes y los costes de propiedad para los usuarios, todo ello mientras navega un panorama regulatorio en constante evolución.

La diversidad de soluciones en combustibles sostenibles refleja la complejidad del desafío de la descarbonización en el transporte

El Reglamento sobre la infraestructura para los combustibles alternativos (AFIR), parte del paquete de medidas «Objetivo 55» presentado por la Comisión Europea el 14 de julio de 2021, marca el comienzo de una nueva era en la política de transporte de la UE. Su objetivo es permitir a la UE reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% de aquí a 2030, en comparación con los valores de 1990, y lograr la neutralidad climática en 2050. Aunque existe cierta ambigüedad en la legislación, el mensaje es claro: el futuro de la movilidad será diverso, sostenible y adaptado a las necesidades específicas de cada modo de transporte y región geográfica.

En definitiva, el trayecto hacia un futuro verde en el transporte se está construyendo sobre una base de innovación, colaboración y adaptabilidad. Los combustibles sostenibles, en sus múltiples formas, jugarán un papel crucial en esta transformación, que no consiste únicamente en la reducción de emisiones. Un futuro verde también deberá tener en cuenta, a la hora de innovar, factores como la calidad del aire o la democratización del acceso a recursos como la energía o materiales raros necesarios para la transición, manteniendo el bienestar de las comunidades en el centro de toda iniciativa.


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¿Es posible transformar el calor de los volcanes en electricidad limpia?

La energía producida a partir de las fumarolas de los volcanes, desarrollada por primera vez a nivel mundial por un equipo de investigadores de la Universidad de Navarra, permite generar energía durante todo el año, independientemente de las condiciones climatológicas.


La preocupación por el medio ambiente y el cambio climático ha impulsado la innovación sostenible, sobre todo en cuestión de transición energética. La búsqueda de alternativas para obtener electricidad ha llevado a generar soluciones a partir del agua marina, de la nieve, del compost, y también de los volcanes. Un grupo de investigadores españoles de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), pertenecientes al Instituto de Smart Cities (ISC), ha desarrollado un generador termoeléctrico pionero a nivel mundial, que es capaz de producir energía eléctrica renovable a partir del calor volcánico que llega a la superficie terrestre. Este generador tiene un impacto medioambiental mínimo, ya que se trata de energía limpia.

El proyecto Generadores Termoeléctricos Autónomos para Vigilancia Volcánica (VIVOTEG), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, se puso en marcha para desarrollar una tecnología inédita, basada en generadores termoeléctricos capaces de aprovechar el calor geotérmico presente en las fumarolas de los volcanes para producir electricidad y poder alimentar las estaciones de vigilancia volcánica. Su gran ventaja es que es capaz de producir energía eléctrica de manera continua, independientemente de las condiciones ambientales o de la luz solar, por lo que supone un avance en la monitorización en tiempo real de fenómenos geológicos y volcánicos.

Los generadores termoeléctricos funcionan gracias a un sistema modular de efecto Seebeck, unos dispositivos que transforman el calor geotérmico en energía eléctrica, con una diferencia mínima de temperatura

El grupo de investigación de la UPNA ha empleado módulos termoeléctricos de efecto Seebeck, unos dispositivos que transforman el calor geotérmico en energía eléctrica. Para que los módulos funcionen, necesitan tener un lado caliente y otro frío. El calor de la Tierra calienta un lado del módulo y el aire frío de la Antártida, la región donde se ha probado, enfría el otro. Los investigadores han creado la diferencia de temperatura necesaria con el desarrollo de intercambiadores de calor de alta eficiencia, capaces de transportar el calor geotérmico desde el suelo, a una profundidad de 40 centímetros, hasta el módulo termoeléctrico, con muy poca pérdida de temperatura. Estos intercambiadores de calor maximizan esa diferencia de temperatura, acercando la cara caliente de los módulos a la temperatura de la fuente de calor, y la cara fría a la temperatura ambiente.

Los generadores termoeléctricos geotérmicos no emplean partes móviles como bombas o ventiladores, lo que reduce al mínimo su mantenimiento y los convierte en generadores eléctricos muy robustos, que tienen la posibilidad de funcionar durante todo el año. Además, su diseño modular permite aumentar la potencia producida solo con la instalación de más módulos termoeléctricos.

Un avance de gran importancia a la hora de superar el reto de dotar de suministro energético a los sensores de medida y equipos de emisión de datos de proyectos científicos geológicos y vulcanológicos, así como a las estaciones de vigilancia volcánica, especialmente, a los que se hallan en lugares remotos y de climatología extrema, como la isla Decepción de la Antártida.

Este método permitirá mejorar el estudio geológico y la vigilancia volcánica, y, en consecuencia, incrementará la predicción de las erupciones volcánicas para anticipar y reducir los impactos potenciales sobre la población

Además, permitirá mejorar el estudio geológico y la vigilancia volcánica de la zona y hará posible tener datos geológicos en tiempo real durante todo el año, incluido el invierno. Extrapolar los generadores termoeléctricos a muchos otros volcanes del mundo contribuiría a aumentar la seguridad de la sociedad, al mejorar la vigilancia volcánica con una mejor y mayor anticipación a las erupciones. También, facilitaría la predicción de las erupciones volcánicas, lo que contribuiría a reducir los posibles impactos sobre la población. 

Por tanto, esta iniciativa supone un gran paso, tanto a nivel medioambiental como científico, ya que abre la posibilidad de llevar energía a zonas del mundo antes impensables por sus condiciones climáticas, y demuestra que, en cuanto a energías limpias y desarrollo sostenible, aún queda mucho por descubrir.