En 2024, científicos de la Universidad de Lorena (Francia) que buscaban metano en el noreste de Francia descubrieron lo que podría ser el mayor depósito de hidrógeno blanco que se conoce, con hasta 250 millones de toneladas de este gas. Recientemente, un estudio conducido por investigadores de las Universidades de Oxford y Durham (R. Unido)Durham y la Universidad de Toronto (Canadá) sugirió que el planeta esconde una cantidad de hidrógeno blanco para abastecer energéticamente a todo el mundo durante 170.000 años.
El hidrógeno blanco es un gas que se encuentra de manera natural en la corteza terrestre, y que, a diferencia de otros, no necesita ser producido mediante tratamientos industriales. Este material puede originarse a través de distintos procesos geológicos, como la serpentinización (una reacción de minerales ultramáficos con agua) o por descomposición de materia orgánica profunda.
El hidrógeno blanco no necesita ser producido mediante tratamientos industriales
Por ello, el hidrógeno blanco posee una serie de ventajas con respecto al resto de sus «hermanos», que necesitan ser producidos y suponen un alto coste económico o ambiental. El hidrógeno gris, por ejemplo, el más común y barato, se produce a partir de gas natural o carbón, y libera grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera. El hidrógeno azul se obtiene de forma similar al anterior, pero captura parte de ese CO₂ para reducir emisiones, aunque no las elimina completamente. El hidrógeno verde, por su parte, se genera rompiendo moléculas de agua con electricidad procedente de energías renovables y, aunque no emite gases de efecto invernadero, sigue siendo una tecnología cara.
Así, si se extrae de forma eficiente, el hidrógeno blanco podría ser la opción más limpia y barata… Pero, entonces, ¿por qué no se utiliza ya de forma generalizada? En primer lugar, porque a pesar de estar «listo» en la naturaleza, no siempre se encuentra en lugares fáciles de explotar. Segundo, porque esta alternativa está en fase de investigación: aún no se dispone de demasiada información geológica ni geográfica, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala, a lo que se suma el hecho de que la regulación sobre la propiedad y explotación no está del todo definida. Esto, unido a la competencia del hidrógeno verde (ya desarrollado, con inversión y respaldo político), hace que la rentabilidad del hidrógeno blanco esté aún en entredicho.
No obstante, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala
Nabil Wakim, presentador del podcast Chaleur Humaine en Le Monde, establece que a pesar de que este gas se encuentra de forma natural «no existen perforaciones ni infraestructura a gran escala que permitan su uso masivo». Más allá del descubrimiento en Francia y de los indicios que sugieren su presencia en otros lugares del mundo (España, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Australia, Rusia o Kazajistán) el único caso de explotación a día de hoy se encuentra en Bourakébougou (Malí).
En definitiva, el hidrógeno blanco es una nueva alternativa energética con mucho potencial de cara al futuro, pero que aún necesita tiempo e investigación para convertirse en una realidad constatable. Como resume el propio Wakim, «la investigación está en curso, pero es una apuesta incierta para, al menos, los próximos quince años».