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El rostro de la pobreza en España, cada vez más joven

Lo tenemos como el primero de nuestros Objetivos de Desarrollo Sostenible y, sin embargo, los datos no son muy alentadores. Hablamos del Fin de la Pobreza, una problemática que dependiendo del contexto económico y social de cada país se manifiesta de diferentes formas. En España los datos relativos a pobreza arrojan una imagen desoladora para niños, niñas, adolescentes y adultos jóvenes, los más afectados por la sucesión de crisis, una generación con unos indicadores y tasas de riesgo de pobreza alarmantes.

Son diversos los informes que, incluso con anterioridad a la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, alertan sobre la necesidad de tomar medidas efectivas si no queremos agrandar la brecha generacional que existe actualmente en nuestro país. Uno de ellos es ‘El Mapa de la Pobreza Severa en España. El Paisaje del Abandono’ presentado el pasado mes de septiembre por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES). Según este documento el factor edad es especialmente determinante: la población menor de 17 años es el grupo más afectado estando un 14,1% en pobreza severa. Le siguen el colectivo menor de 30 años, que alcanza el 11%.

España deberá dedicar 527 millones de euros del Fondo Social Europeo Plus a la lucha contra la pobreza infantil

A pesar de ser España la cuarta economía de la zona euro, los datos sobre pobreza infantil nos sitúan en el tercer puesto dentro de la Unión Europea, por detrás de Rumanía y Bulgaria. Frente a la necesidad de abordar este gran reto surge una oportunidad única tras la puesta en marcha desde Bruselas de la Garantía Infantil Europea, mediante la cual los países con mayores tasas de pobreza infantil de la Unión Europea deberán dedicar al menos el 5% del Fondo Social Europeo Plus a combatirla en el nuevo periodo 2021-2027. Para España esto implica un total de 527 millones de euros, inversión para la que el Ministerio de Derechos Sociales deberá elaborar un Plan de Acción nacional en 2022. Para la redacción de esta hoja de ruta Unicef, junto al Ministerio, presentará a la Comisión Europea un informe sobre la situación inicial que sirva como base para detectar tanto a los colectivos más vulnerables como las medidas e indicadores que deberá abordar la propuesta.

Desempleo y falta de recursos económicos

Con respecto a la población menor de 30 años, las estadísticas arrojan una fotografía de gran desamparo en España: la renta media para quienes aún no han cumplido los 30 es de 10.156 euros al año. En mayo de 2021, la tasa de desempleo de las personas menores de 25 años era del 36,9%, una cifra sólo superada por Grecia. Pero aún hay más, un informe elaborado por el Observatorio Social La Caixa afirma que la riqueza neta media de los millennials es de 3.000 euros, frente a los 63.400 euros de la generación anterior. Así, sólo el 44% de los primeros tienen su vivienda en propiedad, frente al 65% de la generación X. Incluso quienes —a pesar de las altas tasas de paro— consiguen trabajo, deberían dedicar el 92,9% de su salario neto a pagar los 904 euros mensuales que costaba de media alquilar una vivienda en 2020. La consecuencia directa también nos la da el informe del Observatorio, con apenas un 18,6% de las personas entre 16 y 29 años emancipadas.

Apenas un 18,6% de las personas de entre 16 y 29 años están emancipadas

Las causas y consecuencias se entrelazan en un ciclo que se retroalimenta y que está lleno de contradicciones: los condicionantes socioeconómicos de los hogares más pobres engrosan las tasas de abandono escolar, mientras que la generación más preparada de españoles se enfrenta a una de las mayores tasas de paro de la democracia. Es necesario un pacto generacional que reconcilie las posibilidades y oportunidades independientemente de la edad, que apueste por una infancia y una juventud con oportunidades reales, y que dé soluciones a la población más joven.

«Todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad»

Conce Macías, directora de proyectos en AlmaNatura, comparte su perspectiva sobre el problema multifactorial que atañe a la España vacía: igualdad de género y sostenibilidad como bases del nuevo mundo rural.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la población activa femenina constituye tan solo el 49%, mientras que en el caso masculina esta cifra alcanza el 72%. ¿Es necesaria una perspectiva de género a la hora de abordar el problema de la España vacía?

Como mujer que vive y trabaja desde un pueblo de casi 900 habitantes, y liderando una organización que impulsa la reactivación rural, la perspectiva de género no solo es necesaria, sino urgente a la hora de solucionar un problema tan acuciante como es la España vacía. Los datos lo avalan: el INE nos desvela que, aun habiendo un millón más de mujeres que de hombres, la mayor parte de la población femenina se encuentra en las grandes ciudades, disminuyendo de forma drástica a medida que va disminuyendo la población. Es decir, que en pueblos de menos de 100 habitantes nos vamos a encontrar casi un 60% de hombres y un 40% de mujeres, existiendo más porcentajes de ellas, sin embargo, a nivel global.

De ese 40%, una gran proporción forma parte de una población adulta de más de 65 años, por lo que las edades de entre 18 y 45 años son aproximadamente las que emigran a la ciudad, dejando a los pueblos sin mujeres con edad fértil ya no solo biológicamente –lo que asegura la perpetuidad de la población rural– sino también laboralmente, lo que limita el desarrollo de ciertos sectores y el impulso de muchos otros.

Todas las personas somos importantes en este reto de la despoblación rural, por ello es necesario poner énfasis en la construcción de un mundo rural donde las relaciones sociales se transforman desde la familia, visibilizando capacidades y aspiraciones individuales y colectivas independientemente del género. Una sociedad donde las mujeres aportemos nuestra visión, conocimientos y experiencias en el desarrollo de estrategias igualitarias que pongan el foco en la recuperación y creación de un mundo rural donde tanto el hombre como la mujer puedan desarrollarse e interactuar en condiciones de igualdad para una gestión del talento enfocada en la resolución de los retos rurales.

¿Considera que es esta una oportunidad histórica para arreglar la brecha de desigualdad?

Cualquier momento puede ser una oportunidad histórica, aunque en estos tiempos que vivimos se está favoreciendo el hecho de crear organismos políticos y técnicos que sostengan esta prioridad y vigilen la evolución de las desigualdades y el impacto en la sociedad y en la política, al igual que impulsar medidas sanitarias que reduzcan las desigualdades y establezcan alianzas para impulsar políticas adaptadas. Reitero que estamos en el momento, aunque siento que aún tenemos que integrarlo a nivel social, educativo y familiar: no solo deben de existir normativas, decretos y estrategias que hablen sobre el tema, sino que hace falta que estas calen y sean entendibles por toda la sociedad para que se lleven a cabo.

«Aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblo»

Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, las sociedades que son muy desiguales son menos efectivas a la hora de reducir la pobreza. Por ello, si queremos revertir el movimiento de la despoblación, se vuelve necesaria una conexión entre las políticas de igualdad y de desarrollo rural que atiendan aspectos como el mercado laboral, el uso del tiempo, la percepción de la calidad de vida y la influencia de los estereotipos que aún existen y limitan el impulso del papel de la mujer en los entornos rurales.

¿Estamos ante una oportunidad? Diría que sí. ¿Estamos preparados para gestionar esa oportunidad? Es posible decir que a medias: aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblos. Para romper esos estereotipos se necesita actuar desde lo pequeño, y las políticas públicas aún no están diseñadas para ello, ya que esto no se arregla con la acción voluntaria de ciertas asociaciones u ONG; hacen faltan estrategias diseñadas desde la realidad rural y no desde una oficina en la ciudad.

Debido a la economía rural, habitualmente ligada a aspectos tradicionales, ¿se corre el peligro de que las mujeres terminen, de nuevo, limitadas a un solo tipo de trabajo? En este sentido, ¿cabe esperar nuevas oportunidades creadas por los usos de las nuevas tecnologías y la digitalización?

La participación laboral de las mujeres en los pueblos depende de la situación del mercado de trabajo, que es mucho menos diverso que en las ciudades. Este mercado laboral rural está condicionado en gran medida por la cualificación y la disposición del tiempo de la mujer, existiendo una demanda más enfocada al sector de la agricultura, los trabajos temporales y las necesidades de cuidado que solicita la población envejecida.

A este tipo de trabajo acceden mayoritariamente mujeres con niveles de estudios básicos, existiendo una emigración elevada de mujeres con altas cualificaciones formativas. Esto deja patente dos cuestiones a las que debemos de hacer frente las entidades que impulsamos el papel de los pueblos en la economía mundial si queremos que las mujeres diversifiquen su participación fuera del sector laboral tradicional. Por un lado, hace falta atender las necesidades educativas de las mujeres y, por otro lado, abordar la necesidad de diversificación de las oportunidades laborales adaptando e impulsando negocios en torno a sectores más innovadores vinculados a la digitalización, economía circular, etc.

Para que esto ocurra es necesario que existan servicios de cuidado a la infancia y a las personas mayores, que mejore la movilidad y exista una mayor sensibilización del mercado laboral del papel de la mujer en los entornos rurales, donde tiene que compaginar la vida laboral y la familiar por falta de servicios; si no, las mujeres no podrán desvincularse del sector tradicional, el cual está marcado por la falta de recursos.

Ante esta situación, el emprendimiento y las nuevas tecnologías se presentan como una oportunidad para poder compaginar ambas cosas. Una conexión digital mínimamente equiparable a las zonas urbanas reduciría mayoritariamente la exclusión digital que aún padece la población rural, y, por supuesto, un aumento de oportunidades para las mujeres que demandan instrumentos de trabajo eficaces para poder trabajar y llegar a cualquier lugar del mundo, realizarse y obtener unos ingresos dignos equiparables a cualquier carrera profesional.

¿Qué papel puede jugar lo que se ha venido a llamar «la economía de los cuidados» en esta clase de territorios?

Si miro tras la ventana de mi despacho en Arroyomolinos de León, veo a mi vecina Consuelo y a las hijas de Concha atender a sus mayores y a sus hijos, en jornadas interminables donde es imposible alternar el desarrollo profesional y el personal. Si sigo mirando más abajo de mi calle, me topo con las vecinas que hacen cuidados a domicilio y a otras que piden ayuda a sus madres para poder atender una tienda local, mientras sus hijos e hijas están fuera del colegio. Este sector sigue estando potencialmente vinculado a la mujer tanto en el ámbito profesional como a nivel personal como único medio de desarrollo para mujeres en pueblos de menos de 5.000 habitantes.

El cuidado es una capacidad intrínseca de cualquier ser humano solo que unos hemos tenidos contextos sociales que han permitido desarrollar más esta cualidad que otros, pero para sentirnos parte de esta sociedad la capacidad de cuidado debería de potenciarse, pues es ella la responsable de conductas respetuosas entre iguales y con el medio ambiente, ejes principales en la Agenda 2030.

«Es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como mujeres»

Si el cuidado está patente en el ámbito rural por sus características y también de forma intrínseca en cualquier ser humano, es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como para mujeres. Para ello, debemos enfatizar aquellos elementos del cuidado que producen o contribuyen a generar valor económico, potenciarlos y gestionarlos para visibilizarlos.

Los avances sustantivos que las mujeres han experimentado en términos de participación económica y política y de reconocimiento de derechos en diversos campos deberían también expresarse en el ámbito de la organización del cuidado, en el cual los cambios resultan, por el contrario, extremadamente lentos. Lograr mayor justicia en este campo es un paso ineludible para alcanzar mayor equidad económica y social y construir sociedades más igualitarias en el ámbito rural.

¿Qué papel ha de jugar la educación –y la concienciación social– en políticas de inclusión con un marcado enfoque de género?

Perdonad mi mala memoria. En algún lugar leí o escuché que, si ponemos consciencia de la pobreza, la violencia de género, la discriminación, la falta de recursos y de desarrollo en el ámbito rural, todas ellas tienen cara de mujer. Esto es curioso porque a pesar del convencimiento de una sociedad no sexista, todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad en el mundo rural. Para poder sobreponerse a ello es necesario enfocarse en dos grandes sistemas: la familia y la escuela a cualquier nivel, desde centros primarios hasta el universitario, que promuevan una sociedad rural igualitaria.

El nivel educativo ha creado dos bandos diferenciados de mujeres que se desarrollan conforme a los ideales sociales actuales. Por un lado, las mujeres que han estudiado, han salido fuera del pueblo y se han convertido en profesionales de sectores novedosos. Por otro lado, mujeres sometidas al sistema tradicional familiar donde el hombre trae el dinero y las mujeres cuidan de la familia. Aún existen muchas mujeres en este segundo grupo, mujeres muy jóvenes que no ven posibilidades de desarrollo más allá que las tareas domésticas o pequeños negocios transitorios.

Aún existe un trabajo educativo maravilloso que realizar para lograr un desarrollo integral de las personas que formamos parte de los pueblos, independientemente de los estereotipos y roles en función del sexo. Como adultos, deberíamos tomar conciencia del camino que aún debemos recorrer tanto hombres como mujeres para alcanzar el objetivo común de una igualdad real y que, en consecuencia, traerá el desarrollo de oportunidades que ofrecerán una nueva perspectiva socioeconómica al mundo rural.

En términos de repoblación, son las mujeres jóvenes las que más abandonan los territorios «vacíos». ¿Cómo podemos favorecer el papel emprendedor de las mujeres en estas zonas, especialmente aquellas más jóvenes y así retener el talento?

Desde AlmaNatura llevamos desarrollando programas de emprendimiento como Holapueblo y GIRAMujeres donde potenciamos el emprendimiento femenino como un instrumento activo para favorecer la reactivación rural. Estos programas incluyen muchos de los aspectos que creemos indispensables para potenciar el papel emprendedor como uno de los pilares fundamentales en la regeneración socioeconómica de estos territorios.

Por un lado, creemos firmemente que para poder impulsar el emprendimiento femenino son necesarias algunas modificaciones sociales e institucionales que ayuden a gestionar, de forma equilibrada, materias específicas como la conciliación, ya que la familia y el entorno se convierten en barreras para poder conciliar el negocio y el trabajo familiar. El acceso a la financiación y la gestión económica, suelen ser dos temas bastantes limitantes. Al no poseer una educación financiera de forma generalizada llegamos fácilmente a la ideación de modelos de negocios viables que necesitan altos recursos financieros que ocasionan en muchas ocasiones el aplazamiento de la toma de decisiones a la hora de emprender.

Por otro lado, la ruptura de ciertos estereotipos también se convierten en barreras que afectan de forma negativa al emprendimiento femenino. Muchas veces se traspasan las creencias que el patriarcado ha creado y ha atribuido a las mujeres como aspectos propios de la mujer empresaria. Esto contribuye en gran medida a la construcción errónea de lo que es el emprendimiento femenino potenciando un factor bloqueador individual como es la autopercepción que tenemos de nosotras mismas como empresarias y que hacen surgir miedos, inseguridades, etc.

Aunque ponemos el foco en aquellas cuestiones que desde mi punto de vista hace falta fortalecer, no nos podemos olvidar de otras que ya existen y que es importante recordar y potenciar para fortalecer el papel de la mujer en el ámbito del emprendimiento. Ejemplos de ello son la capacidad que tenemos para la gestión y organización, un factor fundamental en el impulso de una empresa; nuestra sensibilidad en materia de retos sociales y ambientales, que abren la puerta al emprendimiento social, el apoyo institucional y de grandes empresas que potencian e impulsan el emprendimiento femenino; la capacidad de innovación y liderazgo; al igual que las capacidades personales y únicas que nos hacen estar más que preparadas para asumir el lanzamiento y puesta en marcha de negocios viables y sostenibles que generen oportunidades en el medio rural.

La ministra Teresa Ribera habló el pasado 8 de marzo de «proyectos de emprendimiento en el ámbito rural, proyectos que demuestran que lo rural es sinónimo de solidaridad». ¿Qué clase de iniciativas cree que se deberían implementar para cohesionar estos territorios?

AlmaNatura ha podido reconstruir con los fondos ahorrados durante 25 años, un molino harinero, símbolo de la historia y sentido de pertenencia de Arroyomolinos de León. El objetivo no es convertirlo en un espacio expositivo, sino un espacio donde ocurran cosas, un espacio vivo que impulse investigaciones, proyectos, charlas y reflexiones que potencien la innovación en el ámbito rural por ello este molino harinero se ha convertido en un Laboratorio de Innovación Rural (AlmaNatura Lab) capaz de provocar el desarrollo y avance de la sociedad rural.

En los pueblos reside el gran saber de personas y entidades que llevan trabajando y aprendiendo de los ciclos y procesos naturales y sociales de estos territorios. Dicha interacción debe de generarse y promoverse con el objetivo de construir nuevas sinergias e intercambio de aprendizajes entres los agentes claves del territorio que den forma a soluciones temáticas a través de centros de conocimiento que ponen la tecnología, el saber y la planificación al servicio de los entornos rurales.

Estamos en un momento importante de sensibilización sobre el estado de los pueblos, aunque es necesario pasar al segundo nivel. El emprendimiento, la salud, la educación o la tecnología son ejes vertebradores del futuro de los pueblos que deben de ser consensuados y gestionados. No podemos trabajar solos. Hace falta unión y respeto ante las problemáticas y soluciones que se plantean desde cualquier organismo y desde la propia ciudadanía.

Es momento de poder impulsar estrategias y sistemas de aprendizajes basados en la creación de conocimiento compartido como realizamos de forma interna en AlmaNatura con entidades como Red Eléctrica de España y Correos, que permitan potenciar las capacidades de las zonas rurales para construir nuevas soluciones a los retos que enfrentamos de forma conjunta. Son necesarios proyectos de colaboración entre especialistas de terreno, investigadores, organizaciones rurales, empresas, ONG y Gobiernos locales que tengan la potencialidad de encontrar soluciones que ninguno de los actores individualmente se hubiese atrevido a identificar o tenga la capacidad de abordar.

Ninguna niña sin educación

“El futuro de los niños es siempre hoy; mañana será tarde”, dijo una vez Gabriela Mistral, poetisa y Nobel de Literatura en 1945. Han pasado décadas desde que el mundo escuchara aquella frase, pero el alegato de la diplomática y profesora chilena hoy cobra más fuerza, sobre todo si nos referimos a la educación de las niñas.

El 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña. La ONU quiere recordar la grave situación de las niñas, sobre todo a raíz de la crisis originada por la COVID-19, y cambiar su realidad en algunas sociedades mundiales. Según sus datos, casi el 25% de niñas de 15 a 19 años ni estudia ni recibe capacitación frente al 10% de los niños. No hay que olvidar que sufren una doble vulnerabilidad: por su edad y por su género. Por ello, hoy más que nunca, es imprescindible reclamar el respeto y la aplicación de los Derechos de la Infancia, que desde 1990 son leyes obligatorias para todos los países.

Casi el 25% de niñas de 15 a 19 años ni estudia ni recibe capacitación, frente al 10% de niños

Desde la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing en 1995, la preocupación internacional por los derechos de las niñas se ha ido intensificando, y actualmente está presente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente en los ODS número 4 y 5, dirigidos a garantizar una educación equitativa y lograr la igualdad de aquí a 2030. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Por ello, la Unesco, en su último informe, ha hecho un llamamiento a los países para que garanticen un objetivo fundamental: que todas las niñas del mundo completen el ciclo de 12 años de estudio para 2030.

2021, un año crítico para invertir en la educación de las niñas

En su informe ‘Una promesa no cumplida: 12 años de educación para todas las niñas’, la Unesco destaca la importancia de seguir garantizando e impulsando una educación de calidad a las niñas después de la pandemia. Los datos reflejan una doble reflexión. A priori, reflejan una gran mejora en la escolarización de las menores durante los últimos 25 años. De 1995 a 2019 las niñas subsaharianas que finalizaron la educación primaria han pasado del 41% al 66%. El aumento también ha sido notable en Asia Central y Meridional, donde en 1995 poco más de la mitad de las niñas finalizaba la enseñanza primaria, mientras que ahora esa cifra alcanza al 90%. En países como Bangladesh, el incremento ha sido tan elevado que entre 1995 y mediados del año 2000 se revirtió la tendencia y las niñas superaron a los niños en la finalización de la educación primaria.

Sin embargo, el informe denuncia que estas mejoras pueden verse amenazadas por la COVID. La Unesco advierte que más de 11 millones de niñas corren el riesgo de no regresar a las escuelas, por lo que insta a los gobiernos a realizar inversiones para garantizar su educación básica. Destaca la educación como un derecho transversal para las mujeres y establece un plan estratégico para crear sociedades más equitativas donde las niñas puedan acceder a un trabajo justo y no tengan que someterse a matrimonios forzosos. Así, establece una meta principal: que todas las niñas de 12 años completen la educación básica de cara a 2030.

Los países del G7 buscan que 40 millones de niñas más acudan a la escuela en países de ingresos medios y bajos de cara a 2026

2021 es un año clave para invertir en la educación de las niñas, sobre todo de cara a la recuperación mundial de la COVID. Los países del G7 buscan que 40 millones de niñas más acudan a la escuela en países de ingresos medios y bajos de cara a 2026. En el informe destacan que los gobiernos deberán actuar en varios ámbitos clave que abarcan desde recopilar datos sobre la educación de las niñas a implementar sistemas educativos que promuevan la igualdad de género. La prevención de la violencia es una cuestión fundamental, por lo que se apuesta por promover una educación integral sobre sexualidad que contribuya al respeto y ayude a las niñas a protegerse. Además, el texto aboga por la presencia de maestras, sobre todo en puestos de liderazgo, y destaca la sensibilización del material escolar, es decir, emplear libros y materiales donde estén presentes las mujeres. En definitiva, de cara a la recuperación, los países tienen la oportunidad de construir sistemas educativos que promuevan el liderazgo de las niñas y garanticen su vuelta a las escuelas mediante la reapertura de centros y la dotación de becas para las familias más necesitadas.

Recuperando la frase de Mistral, el futuro de las niñas es siempre hoy, mañana será tarde. La preocupación de las últimas tres décadas debe intensificarse en forma de acciones, sobre todo en países en conflicto donde los derechos de las niñas están en peligro, como es el caso de Afganistán. Los días internacionales dan la oportunidad a las sociedades de conocer derechos humanos no salvaguardados, pero es ahora, y no más tarde, el momento de movilizarse para corregir estas desigualdades de manera efectiva.