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Mamá, quiero un juguete inclusivo

A la hora de socializar y desarrollarse, el juego desempeña un papel esencial en la vida de los niños, pero ¿pueden los juguetes impulsar también la integración social y la diversidad?


Los juguetes que hemos tenido en nuestra infancia nos han dejado una huella que va mucho más allá de los momentos de ocio, aunque quizá no seamos del todo conscientes de ello. Su papel es clave en el desarrollo de todo ser humano, ya que contribuyen a adquirir habilidades sociales y emocionales desde las primeras etapas de la infancia. 

Ya a principios del siglo XX, con el surgimiento de nuevas corrientes educativas como Montessori o Waldorf, comenzó a cambiar la concepción del juego, que empezó a entenderse como un espacio para la creatividad, la imaginación y la libre expresión, convirtiendo los juguetes en nuevas herramientas de aprendizaje. Tal es su importancia que en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó el «juego» a la categoría de derecho de la infancia y estableció el deber de los adultos de protegerlo. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos aspectos como la inclusión o la diversidad quedan relegados a un segundo plano en los juguetes que encontramos en el mercado, pese a su relevancia a la hora de que los niños construyan su identidad social.

¿Qué es un juguete inclusivo?

Ana Mata, coordinadora de la Guía de AIJU Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, define los juguetes inclusivos como «aquellos accesibles, adaptativos y que permiten una interrelación entre los niños sin los prejuicios de la discriminación, mostrando la diversidad como algo natural».

El juguete inclusivo es accesible, adaptativo y permite establecer relaciones en la infancia sin los prejuicios de la discriminación

Los primeros esfuerzos de los fabricantes de juguetes para poder ofrecer juguetes inclusivos se dirigieron a reducir los sesgos de género. Así, compañías como Moltó, El Corte Inglés o incluso la empresa de productos de limpieza y del hogar Vileda incorporan desde hace varios años la imagen tanto de niños como de niñas en sus campañas publicitarias de juguetes simbólicos como cocinitas, planchas, supermercados o sets de limpieza, desvinculando así estos productos de los estereotipos de género.

La diversidad racial también es cada vez más habitual en los estantes de las jugueterías. Un ejemplo de ello es Mattel con su muñeca Barbie, que ya cuenta con 22 versiones de diferentes etnias, 35 tonos de piel y nueve tipos de cuerpo distintos. Otra línea de muñecas de este fabricante, Monster High, pone el foco en la diversidad de sus personajes con el «objetivo de crear un mundo en el que todos y todas puedan sentirse orgullosos de ser ellos mismos». Una misión que refuerzan mediante iniciativas como el Proyecto Pertenencia, que proporciona ayuda a los niños y niñas para conectar con sus comunidades y crear vínculos, o su asociación con organizaciones como la Fundación Anar, que busca educar a niños y niñas en la tolerancia y el respeto.

La diversidad más allá del género y la raza

Han transcurrido ya más de diez años desde que la empresa Famosa lanzara al mercado «La Consulta Médica de Nenuco», que consistía en un muñeco con ambliopía (ojo vago) al que había que tratar con un parche y gafas correctoras. Con el tiempo, este juguete evolucionó, dando lugar a nuevas versiones, como bebés con implantes cocleares o con síndrome de Down. 

A pesar de la mayor presencia de juguetes inclusivos en el mercado, todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social

Pero no es la única compañía que ha incorporado diversidades funcionales y sanitarias en sus muñecos a lo largo de los años. Marcas como Miniland cuentan con juguetes en los que los más pequeños pueden ver reflejadas realidades como el vitíligo, la discapacidad motora —con muñecos en silla de ruedas— o la discapacidad visual. Otros fabricantes también han lanzado al mercado ediciones de su muñeca con diferentes patologías, como la diabetes.

Aunque estos juguetes inclusivos han ayudado a normalizar la diversidad y fomentar la empatía, a día de hoy aún hay niños y niñas que se ven excluidos de los juguetes que existen en el mercado. Así lo afirma un estudio de 2024 de la Confederación de Organizaciones Familiares de la Unión Europea (COFACE Families Europe), que pone de manifiesto que los juguetes inclusivos no son lo suficientemente accesibles y que todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social. 

Este hecho demuestra que, pese a los pasos dados por la industria hacia la diversidad y la inclusión, aún son casos minoritarios que requieren mayor presencia y protagonismo para integrarse plenamente en la realidad social que representan. Solo así conseguiremos que algún día la etiqueta de «juguete inclusivo» desaparezca para convertirse simplemente en lo que siempre debieron ser: juguetes.

¿En qué consiste la pobreza menstrual?

La menstruación puede ser un lujo para millones de mujeres en todo el mundo, un fenómeno con graves consecuencias para su salud, educación y participación social.


La menstruación acompaña a las mujeres durante 38 años de su vida, según el Banco Mundial. En ese periodo, en promedio, cada una consumirá más de 10.000 productos relacionados con su menstruación. Esto es, claro, si puede conseguirlos. Porque, según la organización, más de 500 millones de mujeres en todo el mundo no pueden acceder de forma adecuada a compresas, tampones, ropa interior, analgésicos o agua limpia para su higiene diaria.

Cuando el acceso a productos higiénicos femeninos se convierte en un lujo, las mujeres corren más riesgo de sufrir infecciones, problemas dermatológicos o dolor crónico. Y no solo eso, la pobreza menstrual trasciende como desafío para la salud y puede llegar a ser un obstáculo también para la plena inclusión de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. 

Brechas sociales y geográficas en el acceso a productos menstruales

En situación de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y, en el caso de adultas, a reducir su participación en el trabajo o en la vida social, lo que convierte un problema de higiene y salud en una cuestión de derechos humanos. 

Hay países en los que este problema se hace más evidente en la brecha entre el entorno rural y el urbano: según datos de la OMS y UNICEF, una de cada cinco adolescentes y mujeres en las zonas rurales de Etiopía no utiliza ningún producto, en comparación con la proporción de una de cada veinte en las zonas urbanas.  

A lo largo de toda su vida, una mujer puede llegar a necesitar más de 10.000 productos relacionados con la menstruación

Y también se producen desigualdades por nivel socioeconómico en países aparentemente ricos. En Estados Unidos, una de cada cuatro adolescentes y una de cada tres adultas tiene dificultades para asumir el precio de los productos menstruales. Este fenómeno se da sobre todo en las familias de menores ingresos.

En España, esta realidad también está presente, aunque con matices distintos. Estudios de Period Spain y del Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria IDIAP Jordi Gol estiman que entre el 20% y el 22% de las mujeres han experimentado algún tipo de dificultad económica para adquirir productos menstruales.  

Las más afectadas son las mujeres jóvenes, con bajos ingresos o en un escenario de mayor vulnerabilidad social, como aquellas que se encuentran en situación de calle. En estos casos, la pobreza menstrual suele ser el síntoma de un marco de exclusión más amplio. 

Soluciones posibles y el debate sobre el «impuesto rosa»

La causa de este fenómeno se encuentra en una combinación entre el estigma, situaciones de vulnerabilidad o contextos desfavorecidos, los elevados precios de los productos menstruales y la falta de infraestructuras de agua y saneamiento. 

En situaciones de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y mujeres adultas a su puesto de trabajo

Frente a esta realidad, las soluciones existen y requieren acción conjunta. Algunas comunidades y organizaciones han implementado programas de distribución gratuita de productos menstruales en colegios, universidades y centros de atención social.

Por otro lado, también ha recibido numerosas críticas el llamado «impuesto rosa», que consiste en el sobrecoste que pagan las mujeres por productos o servicios equivalentes a los de los hombres simplemente por estar dirigidos a un público femenino. Hay quienes abogan por que estos productos se adquieran con la misma asequibilidad que los medicamentos necesarios.

En definitiva, la menstruación no debería ser un privilegio, sino una cuestión básica de salud y dignidad. Sin acceso a productos higiénicos adecuados, las mujeres no están lidiando solo con una necesidad física, sino con toda una serie de barreras para estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.

Ser mujer no debería ser sinónimo de limitaciones o estigmas. La menstruación no es enfermedad ni vergüenza, y atender esta necesidad básica es reconocer la dignidad de todas.

María Corina Machado, la Nobel amenazada por el régimen venezolano

Reconocida con el Premio Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos civiles, María Corina Machado se ha convertido en un símbolo global de resistencia cívica. 


Cuando en octubre de 2025 se anunció que María Corina Machado recibiría el Premio Nobel de la Paz, muchos interpretaron aquel gesto como algo más que un reconocimiento personal: era una señal de respaldo a millones de venezolanos que llevan años reclamando un horizonte democrático. A sus 58 años, la dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro, una posición que ha sostenido pese a inhabilitaciones, amenazas y un hostigamiento constante. Su liderazgo, forjado en el activismo ciudadano, ha evolucionado hasta situarse como una figura central de la política venezolana.

Con un estilo directo y una defensa firme de las libertades individuales, logró conectar con un electorado que buscaba alternativas frente al estancamiento económico. Ese protagonismo también la convirtió en uno de los principales objetivos del Gobierno, que ha intentado apartarla de la vida pública mediante restricciones legales e impedimentos administrativos.

Compromiso desde los inicios

Ingeniera industrial por la Universidad Católica Andrés Bello y con formación en finanzas, Machado inició su trayectoria pública a comienzos de los años 2000 convencida de que la participación ciudadana era clave para preservar las instituciones.

La dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro

En 2002 cofundó Súmate, organización dedicada a promover la transparencia electoral, la educación cívica y la vigilancia del voto. La iniciativa se convirtió en un referente del activismo democrático y situó su nombre en el centro del debate público. El impulso al referéndum revocatorio de 2004 la proyectó internacionalmente y marcó sus primeros choques con el Gobierno. A partir de entonces, comenzó a participar en foros y organismos internacionales, donde expuso la compleja situación política del país.

La candidata que no pudo ser

Su salto formal a la política institucional llegó en 2010, cuando fue elegida diputada a la Asamblea Nacional con una de las votaciones más altas del país. Desde allí denunció la concentración de poder en el Ejecutivo y el deterioro de la separación de poderes. En 2013 fundó Vente Venezuela, su principal plataforma política, con una agenda basada en la libertad económica, la institucionalidad democrática y la autonomía ciudadana. Bajo su liderazgo, el partido se convirtió en un referente de la oposición, especialmente entre quienes reclamaban una postura firme frente al régimen.

El anuncio del Premio Nobel de la Paz despertó gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país

El conflicto con el Gobierno se intensificó en 2014, cuando la Asamblea Nacional decidió destituirla tras su intervención ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como representante  alterna de Panamá. En 2023, el Tribunal Supremo ratificó una inhabilitación que le impedía competir en las presidenciales de 2024. Aun así, ganó las primarias de la oposición con un apoyo abrumador, consolidándose como la figura más representativa del movimiento democrático. Ante la imposibilidad legal de ser candidata, respaldó la postulación de Edmundo González Urrutia, manteniendo un rol clave en la estrategia opositora.

Reconocimiento internacional

El anuncio del premio despertó un  gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Para muchos, fue una confirmación de que la lucha democrática puede ser lenta, pero nunca desaparece. No sorprende, por tanto, que el Comité Nobel justificara su decisión «por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica hacia la democracia», una distinción que amplifica su voz en un momento decisivo para el futuro del país.

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales. 

Los campos de concentración no son cosas del pasado

Los campos de concentración no constituyen una realidad pasada, sino que su existencia continúa hoy, oculta a plena luz del día, en estados autoritarios que niegan a su población los derechos humanos más básicos.  


Zygmunt Bauman bautizó el siglo XX como «el siglo de los campos» debido a la triste proliferación de los campos de concentración nazis y de los gulags soviéticos. La existencia de estos lugares reveló al ser humano su capacidad para la crueldad y la autodestrucción, y, una vez clausurados los campos, parecía inimaginable que algo así pudiera volver a suceder. 

Sin embargo, los campos de detención, trabajo y reeducación en los que cualquier idea de derechos humanos es inconcebible siguen existiendo en distintos países como Corea del Norte, China o Eritrea. 

«Los campos de concentración son experimentos de aniquilación del hombre. Que hayan existido es una mancha para la humanidad; que sigan existiendo es una acusación contra nuestras bellas pretensiones de derechos humanos universales. ¿Debería alarmarnos que el siglo XXI vaya a convertirse de nuevo en un siglo de campos?», se pregunta Dan Stone en su libro Campos de concentración. Una breve introducción. 

Los campos de concentración modernos 

«Hasta la fecha, ni las Naciones Unidas ni ninguna otra delegación internacional han podido comprobar por sí mismas el alcance del genocidio», escribe la periodista Rozenn Morgat sobre la represión masiva que China lleva a cabo contra la etnia uigur. 

Morgat recoge en el libro El gulag chino el testimonio de Gulbahar Haitiwaji, la primera uigur que Francia consiguió liberar. En él quedan recogidos los rasgos que comparten estos lugares de internamiento: la arbitrariedad en las detenciones, la ausencia de un juicio y de cualquier tipo de garantía, la brutalidad del trato hacia los presos y su explotación laboral para beneficio del estado.  

La misma experiencia describe el ex preso norcoreano Shin Dong-Hyuk en Evasión del Campo 14,  escrito por el periodista Blaine Harden, que subraya que «los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis». 

Blaine Harden: «Los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis»

El gobierno de Corea del Sur calcula que hay unos 154.000 prisioneros en los campos, mientras que el Departamento de Estado estadounidense y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos elevan la cifra hasta unos 200.000. Existen seis campos, según los servicios secretos de Corea del Sur y algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos radicadas en ese mismo país. El más grande tiene cincuenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho, es decir, abarca un área más extensa que la de la ciudad de Los Ángeles.

Un informe del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte concluye que «el sistema de campos de trabajo para prisioneros, tal y como ha funcionado en la RPDC durante unos cincuenta años, y como sigue funcionando hoy en día, constituye un claro y masivo crimen contra la humanidad».

Otro informe similar de la Comisión de Investigación de la ONU sobre los Derechos Humanos en Eritrea declara que «en los últimos 25 años se han cometido de forma generalizada y sistemática crímenes de lesa humanidad en centros de detención, campos de entrenamiento militar y otros lugares de Eritrea». 

«Se han cometido crímenes de esclavitud, encarcelamiento, desapariciones forzadas, tortura, persecución, violación, asesinato y otros actos inhumanos como parte de una campaña para infundir miedo, disuadir de la oposición y, en última instancia, controlar a la población civil eritrea desde que las autoridades eritreas tomaron el control del territorio en 1991», describe el documento.  

Los testimonios de los supervivientes, clave para la denuncia 

En Eichmann en Jerusalen, Hannah Arendt deja un espacio a la esperanza al concluir que el terror nunca logrará imponerse del todo puesto que «siempre quedará un hombre para contar lo que pasó». 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror, lo que permite recopilar pruebas que presentar frente a la negación permanente de los países que los albergan, lo que permite romper el muro del silencio que pretenden imponer. 

El testimonio de Shin, por ejemplo, fue clave en la comisión de investigación de la ONU que concluyó que Corea del Norte ha cometido crímenes contra la humanidad. 

También gracias a las manifestaciones de uigures en el exilio, que comenzaron a producirse de manera más organizada en 2018, la ONU reconoció y condenó la existencia de los campos de concentración en China. 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror

«A principios de 2018, un mundo atónito se enteró de las “escuelas” de Xinjiang. Las organizaciones de derechos humanos ya no eran las únicas que daban la voz de alarma. La perfecta superficie de China, protegida hasta ahora por su Gran Cortafuegos, comenzó a resquebrajarse cuando empezaron a aparecer en la prensa relatos dispersos de supervivientes e imágenes de denunciantes dieron la vuelta al mundo, de Canadá a China pasando por Estados Unidos. Miembros de la diáspora uigur se manifestaron en capitales europeas. Entre las banderas celestes del Turkestán Oriental, portaban fotos ampliadas de seres queridos desaparecidos desde hacía meses o incluso años», relata Gulbahar Haitiwaji. 

Es necesario seguir amplificando la voz de aquellos que más sufren la represión porque, como ya advirtió Primo Levi, «puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar».  

Helen Keller, la mujer sordociega que promovió la acción social aislada del mundo

A pesar de no poder ver ni oír casi desde su nacimiento, Helen Keller desafió los contratiempos de ser mujer, universitaria y con discapacidad en los Estados Unidos de principios del siglo XX, convirtiéndose en la persona sordociega más conocida de la historia. 


Que el 27 de junio sea el Día de las Personas Sordociegas no es casualidad, sino un reconocimiento a Helen Keller, una activista, escritora y oradora de Alabama (Estados Unidos) que demostró ser un ejemplo de superación personal y de lucha continua frente a las adversidades. La vida de Helen Keller parecía condenada a la marginación, pues, con dos años recién cumplidos, una enfermedad la dejó sorda y ciega. Crecer sin poder oír ni ver limitó gravemente su capacidad para comunicarse, generando frustración tanto en su entorno como en ella misma, y obligándola a reconocer el mundo a través del tacto. Todo cambió en 1887, cuando conoció a Anne Sullivan, una joven maestra que empleó el método manual del alfabeto en palma, una técnica basada en deletrear palabras en la mano. A partir de aquí, Keller aprendió el sistema braille, la escritura dactilográfica, y finalmente a hablar, dominando el francés, el alemán, el latín y el griego. Se graduó cum laude en la Universidad de Radcliffe en 1904, lo que la convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

La capacidad de superación y el activismo

Más allá de su desarrollo personal, Keller no se conformó con ser un ejemplo de superación antes de las adversidades, sino que se implicó activamente en causas como el derecho al voto femenino, la abolición de la segregación racial y, sobre todo, la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Entendió que las discapacidades no eran únicamente una cuestión médica, sino también una cuestión de derechos, lo que la llevó a implicarse activamente en la defensa del acceso a la educación, al trabajo y a una vida digna para las personas ciegas, sordas y sordociegas. Trabajó para la American Foundation for the Blind durante más de 40 años y fue una de las principales impulsoras de leyes que ampliaron el acceso a la educación y al trabajo para personas sordas y ciegas. 

Helen Keller contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades

Su lucha contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades. En 1915 Keller fundó la organización Helen Keller International (HKI), centrada en un principio en la ceguera, pero que comenzó a desarrollar programas nutricionales al actuar contra uno de los desencadenantes de esta, la falta de vitamina A. Actualmente, lleva a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación actual en visión, salud y nutrición. Pero su compromiso no se detuvo ahí, ya que Keller fue sufragista, pacifista, socialista y defensora de los derechos civiles. Denunció las condiciones laborales injustas y apoyó a huelguistas y presos políticos mientras participaba en movimientos que luchaban por la erradicación de la pobreza y la segregación racial. 

Un reconocimiento a su determinación

Con el paso del tiempo Helen Keller se convirtió en un referente y visitó más de 35 países como embajadora de la American Foundation for the Blind. Además, escribió más de una docena de libros, incluyendo su famosa autobiografía La historia de mi vida, cientos de artículos, y también ofreció infinidad de conferencias y pronunció discursos que conmovieron a miles de personas. Según el National Women's History Museum, sus intervenciones ayudaron a cambiar la percepción pública sobre las personas con discapacidad, que pasaron de ser vistas como sujetos pasivos de caridad a ser reconocidas como ciudadanos con derechos. 

Fundó la organización Helen Keller International, donde actualmente se llevan a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación en visión, salud y nutrición

Tal fue la repercusión de su vida y su obra que Keller recibió numerosos reconocimientos a nivel internacional, incluyendo títulos honoríficos de prestigiosas universidades extranjeras. En 1964, fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil otorgado en Estados Unidos, de manos del presidente Lyndon B. Johnson. Un año más tarde, en 1965, fue elegida para formar parte del Salón de la Fama de la Mujer durante la Feria Mundial de Nueva York, consolidando su legado como una de las figuras más admiradas del siglo XX. Estos homenajes reflejan el impacto global de su lucha y de su inquebrantable convicción de que el verdadero progreso se mide por la inclusión y la dignidad de todas las personas.

¿Cuánto contamina una guerra?

El uso de armas o la violencia son algunas de las causas directas de la pérdida de vidas humanas durante los conflictos. Sin embargo, los daños a los ecosistemas y la contaminación también pueden tener un grave impacto en las víctimas.


Según un estudio de Scientists for Global Responsibility y el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, se calcula que los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Los efectos de un conflicto sobre el medio ambiente provocan una serie de problemas de salud, seguridad alimentaria y desplazamientos forzosos –entre otros– para las víctimas, que, dependiendo de su intensidad, pueden incluso seguir cobrándose vidas después de terminado el enfrentamiento. 

Perjudicar al medioambiente es perjudicar a la población civil  

Debido a cuestiones de seguridad y a la propia complejidad de los conflictos, es difícil estimar la contaminación causada por un enfrentamiento bélico. La guerra de Ucrania está siendo uno de los primeros conflictos en los que los efectos contaminantes están siendo registrados casi en tiempo real. 

Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la guerra, la reconstrucción de edificios, los incendios de paisajes, los daños a la infraestructura energética, los refugiados y el desplazamiento aumentaron un 30% desde que comenzó la invasión, según un informe de Ecoaction. Un total que equivale a las emisiones anuales de Austria, Hungría, República Checa y Eslovaquia juntas o las emisiones anuales de 120 millones de automóviles de combustible fósil.  

Los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero

La guerra de Ucrania también revela cómo el ataque a infraestructuras esenciales tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente y perjudica a quienes dependen de estos servicios para sobrevivir.  Un estudio de la revista Science investigó el impacto de la destrucción de la presa en Ucrania y advierte que se liberaron contaminantes –entre los que se encontraron 83.300 toneladas de metales pesados como plomo, cadmio y níquel y otros elementos como el nítrogeno y el fósforo– que se habían acumulado en los sedimentos del embalse, creando una fuente de contaminantes a largo plazo que podrían propagarse en futuras inundaciones.

En el Líbano, el medioambiente también ha sufrido daños por valor de casi 200 millones de euros debido a la degradación de los recursos naturales y el impacto sobre la infraestructuras de gestión de los residuos sólidos a raíz del conflicto actual entre Israel y Hezbolá, según un informe del Banco Mundial.  

La ONU también documenta las consecuencias de la degradación en Gaza: «Se han colapsado los sistemas e instalaciones de alcantarillado, aguas residuales y gestión de residuos sólidos. La destrucción de edificios, carreteras y otras infraestructuras ha generado millones de toneladas de escombros, algunos de los cuales están contaminados con municiones sin detonar, amianto y otras sustancias peligrosas».  

Por otro lado, los propios recursos naturales pueden ser la causa del enfrentamiento. Según el Programa de Medio Ambiente de la ONU, al menos el 40% de todos los conflictos están vinculados con la explotación de madera, oro, petróleo, el agua o la tierra. 

Actualmente, las prácticas insostenibles de minería, tala y caza furtiva siguen perpetuando la violencia y devastando el medio ambiente en países como la República Democrática del Congo, donde la extracción de cobalto y coltán para pilas recargables alimenta el conflicto en el este del país.

La pérdida de vidas humanas no cesa tras el conflicto 

Cuando el enfrentamiento termina, la devastación sigue dejando su huella en la vida diaria de la población civil y de las generaciones futuras.

La contaminación provocada por una guerra sigue siendo responsable de la pérdida de vidas humanas incluso cuando el conflicto ha terminado

Los informes señalan el efecto especialmente perjudicial de las minas terrestres, que siguen matando personas mucho tiempo después de haber sido depositadas. También causan la degradación de la tierra en la que están y limitan el acceso a territorios seguros, lo que lleva a la sobreexplotación de otros. Inundaciones en Bosnia, Ucrania, Libia y Líbano han desenterrado este tipo de explosivos. 

Además, los bombardeos o el uso de armas incendiarias liberan metales pesados como el cadmio, el plomo o el arsénico, que provocan problemas de salud a largo plazo. En Irak, el aumento del cáncer, las malformaciones congénitas y otras afecciones se han asociado a los daños medioambientales y la inhalación de toxinas del polvo levantado por los vehículos militares.

Estos análisis ponen de manifiesto que los efectos de la guerra sobre el medio ambiente causan una pérdida de vidas humanas que no siempre se tiene en cuenta en la contabilización de las víctimas.  

Algo que tienen presente los países, pero sobre lo que no se tiene pensado actuar: el programa de investigación de la Universidad de Notre Dame que supervisa la aplicación de acuerdos de paz integrales en 34 países de todo el mundo señala que prácticamente ninguno contiene disposiciones relativas a la gestión de los recursos naturales o a la adopción de medidas de protección del medioambiente. 

Aunque, al hablar de guerra, el foco debe estar siempre sobre las víctimas humanas, no debemos dejar a un lado el tratamiento de los recursos naturales, en tanto que, si estos se contaminan o sufren daños, las consecuencias las pagará también la población.  

Matrimonio infantil forzado: un nuevo caso cada 3 segundos

El matrimonio infantil es todo matrimonio formal o unión informal entre un menor de 18 años y un adulto u otro menor y es considerado por la Organización de Naciones Unidas como un tipo de matrimonio forzado. Aun así, sigue formando parte de la vida de muchas niñas y niños en el mundo. 


La infancia y la adolescencia son dos etapas determinantes en el desarrollo de cualquier ser humano, ya que a esas edades empezamos a dar forma a la hoja de ruta que vamos a seguir para convertirnos en personas adultas. Sin embargo, esto sólo puede cumplirse si nos dejan vivir nuestra infancia y adolescencia en toda su plenitud, algo que no es posible para aquellas personas que son obligadas a contraer matrimonio siendo todavía menores. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada año 12 millones de niñas son forzadas a casarse, lo que supone que su desarrollo se frene en seco, a la vez que su salud y su seguridad son puestas en peligro.

En 2014, la Asamblea General de la ONU adoptó la primera resolución sobre el matrimonio infantil precoz y forzado y un año más tarde, todos los estados miembros votaron a favor de que la erradicación de esta grave vulneración a los derechos de la infancia se convirtiera en una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030. Por eso, en 2016 UNICEF y la UNFPA pusieron en marcha el Programa Mundial para Acelerar las Medidas Encaminadas a Poner Fin al Matrimonio Infantil. 

Este programa ha sido impulsado principalmente en los 12 países donde la práctica es más elevada: Bangladesh, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, India, Mozambique, Nepal, Níger, Sierra Leona, Uganda, Yemen y Zambia. Sin embargo, cabe destacar que se producen matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas en todo el mundo, incluyendo países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido o España. Por tanto, es una lacra que debe combatirse de forma global. 

La mayoría de organizaciones implicadas en acabar con esta situación coinciden en que una de sus causas principales es la arraigada desigualdad de género todavía existente en gran parte del mundo, que hace que a las mujeres no se les reconozca el derecho a tomar decisiones sobre sus propias vidas. Esto explica que el problema afecte de una forma mucho mayor a las niñas que a los niños, ya que la tasa del matrimonio infantil de los menores varones equivale a tan solo una quinta parte de la tasa de las niñas, según UNICEF.

La tasa del matrimonio infantil de los menores varones equivale a tan solo una quinta parte de la tasa de las niñas, según UNICEF

No obstante, el matrimonio infantil es un problema con muchos otros orígenes, entre los cuales se cuentan la falta de recursos y oportunidades educativas, el acceso limitado a la asistencia sanitaria y la fuerte influencia de algunas costumbres y tradiciones, que acaban haciendo que muchas familias opten por casar a sus hijas a una edad temprana, pensando que de este modo están garantizándoles un futuro mejor tanto a sus hijas como al resto de la familia. 

En muchos países, la pobreza también es una condición inseparable de esta situación. De hecho, casi el 40% de las niñas en los países más pobres del mundo son obligadas a casarse, el doble del promedio mundial. Y ese porcentaje podría verse agravado por las crisis humanitarias causadas por conflictos armados y la violencia, el cambio climático y por brotes de enfermedades, tal como pasó en su día con la pandemia de COVID-19. 

En el momento en que una niña se convierte en esposa, la infancia se acaba de golpe para ella. Con frecuencia, estas jóvenes se quedan embarazadas cuando su cuerpo aún no se ha desarrollado por completo, lo que puede suponer muchas complicaciones para su salud y la de su futuro bebé. Además, en algunos países el matrimonio supone pasar a formar parte de la familia del marido y, en muchas ocasiones, eso las aísla y aleja de su propia familia, de sus amistades y de la comunidad. Todo ello deja en ellas unas profundas heridas psicológicas, que pueden acabar desembocando en trastornos de estrés postraumático, baja autoestima, depresión y ansiedad.   

Las niñas que contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica y tienen menos probabilidades de seguir asistiendo a la escuela

Pero el matrimonio infantil no solo es un problema de carácter social, ya que a la larga se convierte también en un problema económico para los países en los que se practica. Según UNICEF, las niñas que contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica y tienen menos probabilidades de seguir asistiendo a la escuela, lo que hace que las posibilidades de prosperar sean menores tanto para ellas como para su descendencia, perpetuando la situación de pobreza en la que viven estas familias y a la vez, dificultando aún más la capacidad de estos países para proporcionar una mejor asistencia educativa y sanitaria a su población. 

Por lo que respecta al marco legal, Amnistía Internacional informa de que la Convención de los Derechos del Niño recomienda que todos los países firmantes fijen los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer recoge que este tipo de uniones no tendrán efecto jurídico. Pero en la práctica, estos acuerdos y convenciones entran en conflicto con las leyes y tradiciones de los países en los que más se practica y, en consecuencia, los acuerdos internacionales acaban pasándose por alto.  

Aunque es importante que los países legislen en contra del matrimonio infantil, la realidad nos deja claro que la ley por sí sola no será capaz de acabar con una práctica tan arraigada socioculturalmente. El matrimonio infantil debe ser abordado desde múltiples prismas de forma simultánea. 

Desde 2014 hasta hoy, los avances han sido significativos: si hace diez años 1 de cada 4 niñas eran obligadas a casarse, en la actualidad la proporción ha descendido a 1 de cada 5 niñas. Pero aún estamos muy lejos de llegar a cero: en la actualidad, cada tres segundos una niña contrae matrimonio en contra de su voluntad. Una de cada tres niñas en el mundo se va a casar antes de cumplir 18 años y el 14% de las niñas de países en vías de desarrollo se casarán antes de cumplir los 15 años. Y ante esta realidad, es necesario plantear nuevas estrategias en las que más allá de los gobiernos, se tenga en cuenta a los principales afectados por esta práctica: las niñas. 

En los últimos años, los esfuerzos del Programa Mundial impulsado por UNICEF y la UNFPA se han encaminado a brindar un apoyo efectivo a las jóvenes en situación de riesgo de contraer matrimonio a través formación en competencias para la vida, educación sexual y el fomento de la asistencia escolar. Garantizar el derecho a la educación y a la información de estas niñas es quizá una de las medidas más contundentes que se pueden tomar, porque nadie mejor que ellas conoce su contexto. Tomar sus inquietudes, opiniones y propuestas en consideración puede ser, sin duda, una buena estrategia para acelerar el avance hacia la eliminación total del matrimonio infantil.