Etiqueta: Derechos Humanos

Exposiciones de arte: pasen y ¿vean?

La ciencia ha demostrado que el contacto con el arte puede reducir el estrés, estimular la curiosidad y mejorar nuestro bienestar emocional. Ahora, museos e instituciones culturales trabajan para garantizar que esos beneficios estén al alcance de todas las personas.


Durante siglos, la invitación de un museo parecía sencilla: pasen y vean. Entrar en una sala silenciosa, detenerse frente a un lienzo, observar una pincelada, reconocer una figura, descubrir un detalle oculto. Pero esa llamada aparentemente universal escondía una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con quienes no pueden ver? ¿O con quienes no pueden escuchar una explicación, comprender un texto complejo o recorrer un espacio diseñado sin tener en cuenta sus necesidades?

La respuesta está transformando poco a poco la relación entre museos y visitantes. Las instituciones culturales han empezado a asumir que la accesibilidad no consiste únicamente en abrir una puerta física, sino en crear nuevas formas de encontrarse con el arte. Un cuadro puede contemplarse, pero también escucharse, tocarse o narrarse. La experiencia estética no pertenece solo a la mirada.

El cambio llega, además, en un momento en el que la ciencia está reforzando una idea que los amantes del arte llevan siglos defendiendo, y es que cultura tiene un impacto real en nuestro bienestar. En 2019, la Organización Mundial de la Salud publicó uno de los mayores análisis realizados hasta la fecha sobre la relación entre arte y salud. El informe, elaborado por las investigadoras Daisy Fancourt y Saoirse Finn tras revisar más de 3.000 estudios científicos, concluía que la participación en actividades artísticas puede contribuir tanto a la prevención como al manejo de problemas físicos y mentales, desde la reducción del estrés hasta la mejora del bienestar emocional.

Un cuadro puede contemplarse, pero también escucharse, tocarse o narrarse. La experiencia estética no pertenece solo a la mirada

Por su parte, investigadores del King’s College London y Art Fund analizaron recientemente el efecto de visitar una galería de arte y observaron una reducción de marcadores biológicos asociados al estrés. «El arte no solo nos conmueve emocionalmente, también calma el cuerpo», explicaba Tony Woods, investigador sénior del estudio. Una conclusión que abre otra reflexión: si el acceso al arte tiene beneficios, garantizar ese acceso deja de ser un complemento para convertirse en una cuestión de igualdad.

En España, más de cuatro millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia del Instituto Nacional de Estadística. Para muchas de ellas, la barrera de entrada a un museo no siempre es una escalera. Puede ser una cartela imposible de interpretar, una visita guiada sin adaptación, una obra que solo existe en formato visual o un lenguaje especializado sin traducción.

Algunos museos han comenzado a romper esa frontera. Uno de los ejemplos más recientes es el proyecto Tocar para ver del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, una iniciativa que transforma la forma tradicional de acercarse a una pintura. El programa incorpora cinco reproducciones en relieve de obras de su colección permanente para que personas ciegas o con baja visión puedan explorarlas mediante el tacto. Las piezas están colocadas junto a los cuadros originales y permiten comprender elementos como la composición, la perspectiva, el volumen o la distribución de los personajes.

El recorrido incluye adaptaciones de obras de Jan van Eyck, Pieter de Hooch, Berthe Morisot, Vincent Van Gogh y Juan Gris. No se trata simplemente de convertir una pintura en un objeto táctil, sino que cada relieve se acompaña de recursos complementarios, como audios de exploración, transcripciones y códigos QR accesibles vía NaviLens. El proyecto forma parte de Museo fácil, una línea de trabajo del Thyssen centrada en la accesibilidad cognitiva y sensorial que busca garantizar el derecho de acceso a la cultura y la participación.

La nueva mirada hacia la accesibilidad cultural propone pensar desde el inicio en públicos diversos y entender que otras formas de percibir también enriquecen la experiencia colectiva

El Museo Reina Sofía también lleva años explorando esta idea de que el arte puede experimentarse por caminos diferentes a la vista. Sus visitas descriptivas para personas con discapacidad visual combinan explicaciones verbales con diagramas táctiles que permiten reconstruir mentalmente las obras. Uno de sus programas más conocidos, Explora Guernica, nació precisamente con el objetivo de acercar una de las pinturas más reconocibles del siglo XX a personas que nunca podrían aproximarse a ella únicamente mediante la mirada.

La accesibilidad también implica crear nuevos lenguajes. El Museo del Prado y la Fundación CNSE presentaron Signar con el Prado, un glosario con más de 250 términos artísticos en Lengua de Signos Española. La iniciativa incluye conceptos relacionados con técnicas pictóricas, estilos, iconografía, artistas y vocabulario propio del museo. Porque explicar qué es el claroscuro, el impresionismo o una alegoría requiere primero disponer de las palabras necesarias para hacerlo.

Estas iniciativas responden a una transformación más amplia del propio concepto de museo. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) define estas instituciones como espacios abiertos al público, accesibles e inclusivos. Es decir, lugares donde conservar objetos, pero también donde generar experiencias compartidas.

Durante mucho tiempo, la accesibilidad cultural se interpretó como una adaptación posterior: primero se diseñaba el museo y después se buscaban soluciones para quienes quedaban fuera. La nueva mirada propone lo contrario, pensar desde el inicio en públicos diversos y entender que otras formas de percibir también enriquecen la experiencia colectiva.

Karl Heinrich Ulrichs: pionero de derechos LGBTQ+

Mucho antes de las legislaciones contemporáneas, el jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs ya cuestionaba las leyes que castigaban las conductas homosexuales. Su voz abrió una conversación sobre derechos e igualdad que tardaría décadas en encontrar eco.


El 30 de noviembre de 1857, la trayectoria del jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs cambió para siempre. Formado en Derecho y Teología por la Universidad de Gotinga, y en Historia por la Universidad de Berlín, el joven de 30 años ejercía en los tribunales del Reino de Hannover. Pese a que su expediente profesional era intachable, una posible destitución se cernió sobre él: sus superiores recibieron informes que detallaban su actividad homosexual. La legislación de Hannover no criminalizaba estas conductas, pero la normativa de la función pública exigía un estricto código de conducta moral a sus miembros. Ante la probable apertura de un proceso disciplinario, Ulrichs optó por presentar su renuncia.

Desafío penal e igualdad legal

Una vez alejado de los tribunales, el jurista se estableció en Fráncfort del Meno. Allí trabajó en el entorno diplomático de la Confederación Germánica como secretario de uno de sus miembros y, en paralelo, ejerció el periodismo en las páginas del Allgemeine Zeitung. Entre 1864 y 1865, y con el seudónimo de Numa Numantius, publicó cinco ensayos monográficos aunados bajo el título Estudios sobre el misterio del amor masculino. Así, en palabras del historiador estadounidense Hubert Kennedy, Ulrichs se convirtió en el «primer teórico de la homosexualidad».

A partir de estos análisis, el jurista defendió que la ley debía amparar la dignidad de todo individuo con independencia de su condición, lo que le llevó a examinar las contradicciones del código penal de la Alemania del siglo XIX: mientras algunos territorios de influencia napoleónica no penalizaban las relaciones consentidas entre hombres, potencias como Prusia las castigaban con la prisión y la pérdida de derechos civiles. Ante esta disparidad, Ulrichs sostenía que la reforma debía debatirse de forma pública y jurídica, rebatiendo la posición dominante con argumentos de derecho natural, ciencia y teología. 

Con ese propósito, el 29 de agosto de 1867, Ulrichs llevó sus demandas ante el Sexto Congreso de Juristas Alemanes en Múnich. Su intervención fue la primera en la Europa moderna en que un hombre abiertamente homosexual denunciaba la desigualdad legal de su colectivo. Los abucheos de los quinientos asistentes le impidieron terminar y tuvo que abandonar el estrado.

El exilio y el latín como último refugio

La unificación alemana de 1871 y la creación de un Estado nacional extendió a todo el país las leyes más restrictivas. Con sus libros confiscados, Ulrichs se exilió en 1880 a Italia y se instaló en la ciudad de L'Aquila, donde el marqués Niccolò Persichetti lo acogió en su residencia. Allí editó Alaudae, una revista dedicada a la preservación del latín, hasta su muerte en 1895. Aunque en sus últimas cartas se describía a sí mismo con amargura como un exul et pauper (exiliado y pobre), sus admiradores internacionales le costearon una digna sepultura de mármol en el cementerio de la ciudad.

Su legado trascendió los últimos años de su vida y hoy Ulrichs es considerado por historiadores como el pionero en la lucha por los derechos civiles de los homosexuales en Europa. Su renuncia forzada en Hannover no supuso el fin de su actividad intelectual, sino el inicio de un debate sobre los límites del derecho penal en materia sexual y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que, hasta más de un siglo después, no se reflejaría en la legislación de la mayoría de los países europeos.

Mamá, quiero un juguete inclusivo

A la hora de socializar y desarrollarse, el juego desempeña un papel esencial en la vida de los niños, pero ¿pueden los juguetes impulsar también la integración social y la diversidad?


Los juguetes que hemos tenido en nuestra infancia nos han dejado una huella que va mucho más allá de los momentos de ocio, aunque quizá no seamos del todo conscientes de ello. Su papel es clave en el desarrollo de todo ser humano, ya que contribuyen a adquirir habilidades sociales y emocionales desde las primeras etapas de la infancia. 

Ya a principios del siglo XX, con el surgimiento de nuevas corrientes educativas como Montessori o Waldorf, comenzó a cambiar la concepción del juego, que empezó a entenderse como un espacio para la creatividad, la imaginación y la libre expresión, convirtiendo los juguetes en nuevas herramientas de aprendizaje. Tal es su importancia que en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó el «juego» a la categoría de derecho de la infancia y estableció el deber de los adultos de protegerlo. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos aspectos como la inclusión o la diversidad quedan relegados a un segundo plano en los juguetes que encontramos en el mercado, pese a su relevancia a la hora de que los niños construyan su identidad social.

¿Qué es un juguete inclusivo?

Ana Mata, coordinadora de la Guía de AIJU Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, define los juguetes inclusivos como «aquellos accesibles, adaptativos y que permiten una interrelación entre los niños sin los prejuicios de la discriminación, mostrando la diversidad como algo natural».

El juguete inclusivo es accesible, adaptativo y permite establecer relaciones en la infancia sin los prejuicios de la discriminación

Los primeros esfuerzos de los fabricantes de juguetes para poder ofrecer juguetes inclusivos se dirigieron a reducir los sesgos de género. Así, compañías como Moltó, El Corte Inglés o incluso la empresa de productos de limpieza y del hogar Vileda incorporan desde hace varios años la imagen tanto de niños como de niñas en sus campañas publicitarias de juguetes simbólicos como cocinitas, planchas, supermercados o sets de limpieza, desvinculando así estos productos de los estereotipos de género.

La diversidad racial también es cada vez más habitual en los estantes de las jugueterías. Un ejemplo de ello es Mattel con su muñeca Barbie, que ya cuenta con 22 versiones de diferentes etnias, 35 tonos de piel y nueve tipos de cuerpo distintos. Otra línea de muñecas de este fabricante, Monster High, pone el foco en la diversidad de sus personajes con el «objetivo de crear un mundo en el que todos y todas puedan sentirse orgullosos de ser ellos mismos». Una misión que refuerzan mediante iniciativas como el Proyecto Pertenencia, que proporciona ayuda a los niños y niñas para conectar con sus comunidades y crear vínculos, o su asociación con organizaciones como la Fundación Anar, que busca educar a niños y niñas en la tolerancia y el respeto.

La diversidad más allá del género y la raza

Han transcurrido ya más de diez años desde que la empresa Famosa lanzara al mercado «La Consulta Médica de Nenuco», que consistía en un muñeco con ambliopía (ojo vago) al que había que tratar con un parche y gafas correctoras. Con el tiempo, este juguete evolucionó, dando lugar a nuevas versiones, como bebés con implantes cocleares o con síndrome de Down. 

A pesar de la mayor presencia de juguetes inclusivos en el mercado, todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social

Pero no es la única compañía que ha incorporado diversidades funcionales y sanitarias en sus muñecos a lo largo de los años. Marcas como Miniland cuentan con juguetes en los que los más pequeños pueden ver reflejadas realidades como el vitíligo, la discapacidad motora —con muñecos en silla de ruedas— o la discapacidad visual. Otros fabricantes también han lanzado al mercado ediciones de su muñeca con diferentes patologías, como la diabetes.

Aunque estos juguetes inclusivos han ayudado a normalizar la diversidad y fomentar la empatía, a día de hoy aún hay niños y niñas que se ven excluidos de los juguetes que existen en el mercado. Así lo afirma un estudio de 2024 de la Confederación de Organizaciones Familiares de la Unión Europea (COFACE Families Europe), que pone de manifiesto que los juguetes inclusivos no son lo suficientemente accesibles y que todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social. 

Este hecho demuestra que, pese a los pasos dados por la industria hacia la diversidad y la inclusión, aún son casos minoritarios que requieren mayor presencia y protagonismo para integrarse plenamente en la realidad social que representan. Solo así conseguiremos que algún día la etiqueta de «juguete inclusivo» desaparezca para convertirse simplemente en lo que siempre debieron ser: juguetes.

¿En qué consiste la pobreza menstrual?

La menstruación puede ser un lujo para millones de mujeres en todo el mundo, un fenómeno con graves consecuencias para su salud, educación y participación social.


La menstruación acompaña a las mujeres durante 38 años de su vida, según el Banco Mundial. En ese periodo, en promedio, cada una consumirá más de 10.000 productos relacionados con su menstruación. Esto es, claro, si puede conseguirlos. Porque, según la organización, más de 500 millones de mujeres en todo el mundo no pueden acceder de forma adecuada a compresas, tampones, ropa interior, analgésicos o agua limpia para su higiene diaria.

Cuando el acceso a productos higiénicos femeninos se convierte en un lujo, las mujeres corren más riesgo de sufrir infecciones, problemas dermatológicos o dolor crónico. Y no solo eso, la pobreza menstrual trasciende como desafío para la salud y puede llegar a ser un obstáculo también para la plena inclusión de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. 

Brechas sociales y geográficas en el acceso a productos menstruales

En situación de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y, en el caso de adultas, a reducir su participación en el trabajo o en la vida social, lo que convierte un problema de higiene y salud en una cuestión de derechos humanos. 

Hay países en los que este problema se hace más evidente en la brecha entre el entorno rural y el urbano: según datos de la OMS y UNICEF, una de cada cinco adolescentes y mujeres en las zonas rurales de Etiopía no utiliza ningún producto, en comparación con la proporción de una de cada veinte en las zonas urbanas.  

A lo largo de toda su vida, una mujer puede llegar a necesitar más de 10.000 productos relacionados con la menstruación

Y también se producen desigualdades por nivel socioeconómico en países aparentemente ricos. En Estados Unidos, una de cada cuatro adolescentes y una de cada tres adultas tiene dificultades para asumir el precio de los productos menstruales. Este fenómeno se da sobre todo en las familias de menores ingresos.

En España, esta realidad también está presente, aunque con matices distintos. Estudios de Period Spain y del Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria IDIAP Jordi Gol estiman que entre el 20% y el 22% de las mujeres han experimentado algún tipo de dificultad económica para adquirir productos menstruales.  

Las más afectadas son las mujeres jóvenes, con bajos ingresos o en un escenario de mayor vulnerabilidad social, como aquellas que se encuentran en situación de calle. En estos casos, la pobreza menstrual suele ser el síntoma de un marco de exclusión más amplio. 

Soluciones posibles y el debate sobre el «impuesto rosa»

La causa de este fenómeno se encuentra en una combinación entre el estigma, situaciones de vulnerabilidad o contextos desfavorecidos, los elevados precios de los productos menstruales y la falta de infraestructuras de agua y saneamiento. 

En situaciones de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y mujeres adultas a su puesto de trabajo

Frente a esta realidad, las soluciones existen y requieren acción conjunta. Algunas comunidades y organizaciones han implementado programas de distribución gratuita de productos menstruales en colegios, universidades y centros de atención social.

Por otro lado, también ha recibido numerosas críticas el llamado «impuesto rosa», que consiste en el sobrecoste que pagan las mujeres por productos o servicios equivalentes a los de los hombres simplemente por estar dirigidos a un público femenino. Hay quienes abogan por que estos productos se adquieran con la misma asequibilidad que los medicamentos necesarios.

En definitiva, la menstruación no debería ser un privilegio, sino una cuestión básica de salud y dignidad. Sin acceso a productos higiénicos adecuados, las mujeres no están lidiando solo con una necesidad física, sino con toda una serie de barreras para estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.

Ser mujer no debería ser sinónimo de limitaciones o estigmas. La menstruación no es enfermedad ni vergüenza, y atender esta necesidad básica es reconocer la dignidad de todas.

María Corina Machado, la Nobel amenazada por el régimen venezolano

Reconocida con el Premio Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos civiles, María Corina Machado se ha convertido en un símbolo global de resistencia cívica. 


Cuando en octubre de 2025 se anunció que María Corina Machado recibiría el Premio Nobel de la Paz, muchos interpretaron aquel gesto como algo más que un reconocimiento personal: era una señal de respaldo a millones de venezolanos que llevan años reclamando un horizonte democrático. A sus 58 años, la dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro, una posición que ha sostenido pese a inhabilitaciones, amenazas y un hostigamiento constante. Su liderazgo, forjado en el activismo ciudadano, ha evolucionado hasta situarse como una figura central de la política venezolana.

Con un estilo directo y una defensa firme de las libertades individuales, logró conectar con un electorado que buscaba alternativas frente al estancamiento económico. Ese protagonismo también la convirtió en uno de los principales objetivos del Gobierno, que ha intentado apartarla de la vida pública mediante restricciones legales e impedimentos administrativos.

Compromiso desde los inicios

Ingeniera industrial por la Universidad Católica Andrés Bello y con formación en finanzas, Machado inició su trayectoria pública a comienzos de los años 2000 convencida de que la participación ciudadana era clave para preservar las instituciones.

La dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro

En 2002 cofundó Súmate, organización dedicada a promover la transparencia electoral, la educación cívica y la vigilancia del voto. La iniciativa se convirtió en un referente del activismo democrático y situó su nombre en el centro del debate público. El impulso al referéndum revocatorio de 2004 la proyectó internacionalmente y marcó sus primeros choques con el Gobierno. A partir de entonces, comenzó a participar en foros y organismos internacionales, donde expuso la compleja situación política del país.

La candidata que no pudo ser

Su salto formal a la política institucional llegó en 2010, cuando fue elegida diputada a la Asamblea Nacional con una de las votaciones más altas del país. Desde allí denunció la concentración de poder en el Ejecutivo y el deterioro de la separación de poderes. En 2013 fundó Vente Venezuela, su principal plataforma política, con una agenda basada en la libertad económica, la institucionalidad democrática y la autonomía ciudadana. Bajo su liderazgo, el partido se convirtió en un referente de la oposición, especialmente entre quienes reclamaban una postura firme frente al régimen.

El anuncio del Premio Nobel de la Paz despertó gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país

El conflicto con el Gobierno se intensificó en 2014, cuando la Asamblea Nacional decidió destituirla tras su intervención ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como representante  alterna de Panamá. En 2023, el Tribunal Supremo ratificó una inhabilitación que le impedía competir en las presidenciales de 2024. Aun así, ganó las primarias de la oposición con un apoyo abrumador, consolidándose como la figura más representativa del movimiento democrático. Ante la imposibilidad legal de ser candidata, respaldó la postulación de Edmundo González Urrutia, manteniendo un rol clave en la estrategia opositora.

Reconocimiento internacional

El anuncio del premio despertó un  gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Para muchos, fue una confirmación de que la lucha democrática puede ser lenta, pero nunca desaparece. No sorprende, por tanto, que el Comité Nobel justificara su decisión «por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica hacia la democracia», una distinción que amplifica su voz en un momento decisivo para el futuro del país.

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales. 

Los campos de concentración no son cosas del pasado

Los campos de concentración no constituyen una realidad pasada, sino que su existencia continúa hoy, oculta a plena luz del día, en estados autoritarios que niegan a su población los derechos humanos más básicos.  


Zygmunt Bauman bautizó el siglo XX como «el siglo de los campos» debido a la triste proliferación de los campos de concentración nazis y de los gulags soviéticos. La existencia de estos lugares reveló al ser humano su capacidad para la crueldad y la autodestrucción, y, una vez clausurados los campos, parecía inimaginable que algo así pudiera volver a suceder. 

Sin embargo, los campos de detención, trabajo y reeducación en los que cualquier idea de derechos humanos es inconcebible siguen existiendo en distintos países como Corea del Norte, China o Eritrea. 

«Los campos de concentración son experimentos de aniquilación del hombre. Que hayan existido es una mancha para la humanidad; que sigan existiendo es una acusación contra nuestras bellas pretensiones de derechos humanos universales. ¿Debería alarmarnos que el siglo XXI vaya a convertirse de nuevo en un siglo de campos?», se pregunta Dan Stone en su libro Campos de concentración. Una breve introducción. 

Los campos de concentración modernos 

«Hasta la fecha, ni las Naciones Unidas ni ninguna otra delegación internacional han podido comprobar por sí mismas el alcance del genocidio», escribe la periodista Rozenn Morgat sobre la represión masiva que China lleva a cabo contra la etnia uigur. 

Morgat recoge en el libro El gulag chino el testimonio de Gulbahar Haitiwaji, la primera uigur que Francia consiguió liberar. En él quedan recogidos los rasgos que comparten estos lugares de internamiento: la arbitrariedad en las detenciones, la ausencia de un juicio y de cualquier tipo de garantía, la brutalidad del trato hacia los presos y su explotación laboral para beneficio del estado.  

La misma experiencia describe el ex preso norcoreano Shin Dong-Hyuk en Evasión del Campo 14,  escrito por el periodista Blaine Harden, que subraya que «los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis». 

Blaine Harden: «Los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis»

El gobierno de Corea del Sur calcula que hay unos 154.000 prisioneros en los campos, mientras que el Departamento de Estado estadounidense y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos elevan la cifra hasta unos 200.000. Existen seis campos, según los servicios secretos de Corea del Sur y algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos radicadas en ese mismo país. El más grande tiene cincuenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho, es decir, abarca un área más extensa que la de la ciudad de Los Ángeles.

Un informe del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte concluye que «el sistema de campos de trabajo para prisioneros, tal y como ha funcionado en la RPDC durante unos cincuenta años, y como sigue funcionando hoy en día, constituye un claro y masivo crimen contra la humanidad».

Otro informe similar de la Comisión de Investigación de la ONU sobre los Derechos Humanos en Eritrea declara que «en los últimos 25 años se han cometido de forma generalizada y sistemática crímenes de lesa humanidad en centros de detención, campos de entrenamiento militar y otros lugares de Eritrea». 

«Se han cometido crímenes de esclavitud, encarcelamiento, desapariciones forzadas, tortura, persecución, violación, asesinato y otros actos inhumanos como parte de una campaña para infundir miedo, disuadir de la oposición y, en última instancia, controlar a la población civil eritrea desde que las autoridades eritreas tomaron el control del territorio en 1991», describe el documento.  

Los testimonios de los supervivientes, clave para la denuncia 

En Eichmann en Jerusalen, Hannah Arendt deja un espacio a la esperanza al concluir que el terror nunca logrará imponerse del todo puesto que «siempre quedará un hombre para contar lo que pasó». 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror, lo que permite recopilar pruebas que presentar frente a la negación permanente de los países que los albergan, lo que permite romper el muro del silencio que pretenden imponer. 

El testimonio de Shin, por ejemplo, fue clave en la comisión de investigación de la ONU que concluyó que Corea del Norte ha cometido crímenes contra la humanidad. 

También gracias a las manifestaciones de uigures en el exilio, que comenzaron a producirse de manera más organizada en 2018, la ONU reconoció y condenó la existencia de los campos de concentración en China. 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror

«A principios de 2018, un mundo atónito se enteró de las “escuelas” de Xinjiang. Las organizaciones de derechos humanos ya no eran las únicas que daban la voz de alarma. La perfecta superficie de China, protegida hasta ahora por su Gran Cortafuegos, comenzó a resquebrajarse cuando empezaron a aparecer en la prensa relatos dispersos de supervivientes e imágenes de denunciantes dieron la vuelta al mundo, de Canadá a China pasando por Estados Unidos. Miembros de la diáspora uigur se manifestaron en capitales europeas. Entre las banderas celestes del Turkestán Oriental, portaban fotos ampliadas de seres queridos desaparecidos desde hacía meses o incluso años», relata Gulbahar Haitiwaji. 

Es necesario seguir amplificando la voz de aquellos que más sufren la represión porque, como ya advirtió Primo Levi, «puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar».  

Helen Keller, la mujer sordociega que promovió la acción social aislada del mundo

A pesar de no poder ver ni oír casi desde su nacimiento, Helen Keller desafió los contratiempos de ser mujer, universitaria y con discapacidad en los Estados Unidos de principios del siglo XX, convirtiéndose en la persona sordociega más conocida de la historia. 


Que el 27 de junio sea el Día de las Personas Sordociegas no es casualidad, sino un reconocimiento a Helen Keller, una activista, escritora y oradora de Alabama (Estados Unidos) que demostró ser un ejemplo de superación personal y de lucha continua frente a las adversidades. La vida de Helen Keller parecía condenada a la marginación, pues, con dos años recién cumplidos, una enfermedad la dejó sorda y ciega. Crecer sin poder oír ni ver limitó gravemente su capacidad para comunicarse, generando frustración tanto en su entorno como en ella misma, y obligándola a reconocer el mundo a través del tacto. Todo cambió en 1887, cuando conoció a Anne Sullivan, una joven maestra que empleó el método manual del alfabeto en palma, una técnica basada en deletrear palabras en la mano. A partir de aquí, Keller aprendió el sistema braille, la escritura dactilográfica, y finalmente a hablar, dominando el francés, el alemán, el latín y el griego. Se graduó cum laude en la Universidad de Radcliffe en 1904, lo que la convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

La capacidad de superación y el activismo

Más allá de su desarrollo personal, Keller no se conformó con ser un ejemplo de superación antes de las adversidades, sino que se implicó activamente en causas como el derecho al voto femenino, la abolición de la segregación racial y, sobre todo, la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Entendió que las discapacidades no eran únicamente una cuestión médica, sino también una cuestión de derechos, lo que la llevó a implicarse activamente en la defensa del acceso a la educación, al trabajo y a una vida digna para las personas ciegas, sordas y sordociegas. Trabajó para la American Foundation for the Blind durante más de 40 años y fue una de las principales impulsoras de leyes que ampliaron el acceso a la educación y al trabajo para personas sordas y ciegas. 

Helen Keller contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades

Su lucha contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades. En 1915 Keller fundó la organización Helen Keller International (HKI), centrada en un principio en la ceguera, pero que comenzó a desarrollar programas nutricionales al actuar contra uno de los desencadenantes de esta, la falta de vitamina A. Actualmente, lleva a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación actual en visión, salud y nutrición. Pero su compromiso no se detuvo ahí, ya que Keller fue sufragista, pacifista, socialista y defensora de los derechos civiles. Denunció las condiciones laborales injustas y apoyó a huelguistas y presos políticos mientras participaba en movimientos que luchaban por la erradicación de la pobreza y la segregación racial. 

Un reconocimiento a su determinación

Con el paso del tiempo Helen Keller se convirtió en un referente y visitó más de 35 países como embajadora de la American Foundation for the Blind. Además, escribió más de una docena de libros, incluyendo su famosa autobiografía La historia de mi vida, cientos de artículos, y también ofreció infinidad de conferencias y pronunció discursos que conmovieron a miles de personas. Según el National Women's History Museum, sus intervenciones ayudaron a cambiar la percepción pública sobre las personas con discapacidad, que pasaron de ser vistas como sujetos pasivos de caridad a ser reconocidas como ciudadanos con derechos. 

Fundó la organización Helen Keller International, donde actualmente se llevan a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación en visión, salud y nutrición

Tal fue la repercusión de su vida y su obra que Keller recibió numerosos reconocimientos a nivel internacional, incluyendo títulos honoríficos de prestigiosas universidades extranjeras. En 1964, fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil otorgado en Estados Unidos, de manos del presidente Lyndon B. Johnson. Un año más tarde, en 1965, fue elegida para formar parte del Salón de la Fama de la Mujer durante la Feria Mundial de Nueva York, consolidando su legado como una de las figuras más admiradas del siglo XX. Estos homenajes reflejan el impacto global de su lucha y de su inquebrantable convicción de que el verdadero progreso se mide por la inclusión y la dignidad de todas las personas.