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Cuatro claves para unas vacaciones sostenibles

Según la Organización Mundial de Turismo, y en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, para ser sostenible, el turismo debe regirse por un equilibrio entre los aspectos medioambientales, económicos y socioculturales. 

En este sentido la organización indica que “el turismo sostenible debe dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, que son un elemento fundamental del desarrollo turístico, manteniendo los procesos ecológicos esenciales y ayudando a conservar los recursos naturales y la diversidad biológica”. Además, debe “respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas, conservar sus activos culturales y arquitectónicos y sus valores tradicionales y contribuir al entendimiento y la tolerancia intercultural. Y, por último, “asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo, que reporten a todos los agentes unos beneficios socioeconómicos bien distribuidos, entre los que se cuenten oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza”.

Pero más allá de lo que respecta al sector, como turistas también tenemos en nuestras manos la posibilidad de plantear vacaciones más sostenibles. Existen algunas claves para conseguirlo: 

Viajar en los transportes menos contaminantes. Los vuelos en avión suponen en torno al 2% de las emisiones de CO2 en el mundo (uno de los principales causantes del calentamiento global y la crisis climática). Es, de hecho, el medio de transporte más contaminante. Existen páginas web en las que es posible comparar las emisiones que genera un viaje en avión frente al mismo desplazamiento en coche o en tren. Por ejemplo, el trayecto desde Madrid a Barcelona en avión supone emitir 114,9 kilos de CO2, en coche 89 kilos, mientras que en tren las emisiones de gases de efecto invernadero se reducen a 17,3 kilos, según ecopassenger.org

El turismo sostenible debe dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, un elemento fundamental del desarrollo turístico

Elegir alojamientos sostenibles. El lugar donde nos quedamos durante las vacaciones también tiene un impacto ambiental. Cada vez existen más opciones sostenibles en este sentido. Los hoteles sostenibles son aquellos alojamientos que, independientemente de su clasificación, categoría o ubicación, están diseñados y gestionados en base a los principios económico-estratégicos, medioambientales, sociales y culturales. Entre otras cosas, tienen un menor uso de plásticos, reciclan, obtienen la energía de fuentes renovables, compran la comida y los productos a comerciantes locales…

Comer local. Precisamente la comida es otra de las claves que puede marcar la diferencia entre unas vacaciones más o menos sostenibles. Hacerlo lo mejor posible pasa por una pequeña investigación sobre qué restaurantes utilizan productos de proximidad. Otra opción es cocinar la propia comida aprovechando los mercados de proveedores locales que haya en nuestro destino vacacional. 

Limpia la basura allí donde vayas. Más allá de no dejar ningún tipo de residuo tirado en los parajes naturales (ni en ningún sitio) que visitemos, una buena acción es la de recoger aquello que veamos, aunque no sea nuestro. A día de hoy, es prácticamente imposible visitar una playa o algún campo sin toparse con una buena cantidad de desechos (sobre todo plásticos) tanto en la arena como en el agua. Tener unas vacaciones más sostenibles pasa por recogerlos y tirarlos en el contenedor correspondiente para su reciclaje. 

Más allá de esto, hay que procurar consumir la menor cantidad de plásticos posible, reciclar todo aquello que desperdiciemos y evitar derrochar recursos naturales como el agua. 

Cómo ser sostenible desde la cocina (de casa)

Transformar el sistema alimentario y hacerlo más sostenible se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestro siglo. Sobre todo si se tienen en cuenta los datos ofrecidos por la FAO, que apuntan a que, de seguir con los modos de producción y consumo actuales, solo habrá capacidad para alimentar a la mitad de la población mundial en 2025, momento en el que se espera alcanzar los diez mil millones de habitantes. Ante este reto, la gastronomía, entendida como “el arte de preparar una buena comida” –según la descripción que ofrece Naciones Unidas–, tiene un papel imprescindible en la contribución al desarrollo sostenible. Tanto es así que, en diciembre de 2016, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 18 de junio como el Día de la Gastronomía Sostenible para impulsar un tipo de cocina “que celebra los ingredientes y productos de temporada y contribuye a la preservación de la vida silvestre y nuestras tradiciones culinarias”.

Muchos chefs de nuestro país llevan ya tiempo inmersos en esa búsqueda de nuevos métodos y productos más sostenibles que los actuales. Es el caso del cocinero Ángel León, quien a inicios de año dio a conocer el descubrimiento de un nuevo cereal marino con una gran cantidad de propiedades nutritivas que podría revolucionar el futuro de la alimentación. Según explicó el chef, el equipo de investigación de su restaurante Aponiente, con tres estrellas Michelin, había conseguido cultivar esta planta marina de manera controlada y sostenible, ya que no necesita fertilizantes, ni químicos, ni nutrientes extras. 

A pesar de los titánicos esfuerzos que el mundo de la cocina está haciendo para ser más sostenible, no es necesario ser un reconocido chef para contribuir a este tipo de gastronomía. De hecho, hay una serie de prácticas que pueden llevarse a cabo desde cualquier cocina. 

  1. Optar por envases de materiales sostenibles. Cada año se vierten al mar hasta 12 millones de toneladas de plásticos que, debido a su composición, pueden tardar siglos en descomponerse. Por este motivo, reducir el uso de plásticos en la cocina puede ser un primer paso para contribuir al desarrollo sostenible. Escoger aquellos productos que vienen sin embalajes y priorizar recipientes de cerámica, vidrio o bambú para guardar los alimentos es una buena manera de generar menos plásticos desde la cocina.
  1. Aprovecharlo todo para reducir el desperdicio. Otro de los grandes problemas asociados a la cocina es el desperdicio de alimentos.  Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2019 (los últimos datos disponibles) los hogares españoles tiraron a la basura 1.352 millones de kilos de alimentos. España se posiciona como el séptimo país de la Unión Europea que más comida desperdicia. En todo el mundo, el derroche de alimentos representa entre un 25% y un 30% del total que se produce en el mundo, tal y como indica la ONU. Para reducir el desperdicio una de las opciones es practicar lo que hacían nuestros antepasados en tiempos de escasez: la cocina de aprovechamiento, que trata de reutilizar las sobras de una receta para hacer otros platos. Son muchas las opciones: desde preparar mermeladas con frutas que estén a punto de ponerse malas a hacer caldo con los restos del pollo. Congelar los alimentos, planificar las comidas y atender a la fecha de caducidad de los productos a la hora de comprar son otras formas de evitar tirar alimentos en el hogar. 
  2. Ahorrar agua. El agua es un bien tan necesario para la vida como limitado. De ahí que uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el número 6, esté centrado en garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y del saneamiento para todas las personas. En nuestros hogares podemos contribuir a ahorrar agua con pequeñas acciones -muchas de ellas relacionadas con la cocina- como lavar las frutas y las verduras en un cuenco y no bajo el grifo y, después, utilizar ese agua para regar las plantas. 
  1. Apostar por frutas y verduras de temporada. Que tengamos alimentos que en nuestro país están fuera de temporada significa que han sido transportados desde otro punto del globo. Es decir, se trata de una actividad, en mayor o menor medida, contaminante y poco sostenible. Por este motivo es conveniente aprovechar las frutas y verduras que la tierra te ofrece periódicamente cada año. 
  1. Escoger productos de proximidad. A la hora de hacer la compra, escoger aquellos productos que han sido producidos en una zona cercana contribuye a reducir la huella ambiental, ya que precisan de un transporte mínimo desde la huerta hasta el punto de venta. Acercarse a los pequeños comercios es una opción sostenible que, además, ayuda a revitalizar la economía local. Pero si no hay ningún local con productos de kilómetro cero, existen plataformas online como Huerta Próxima, un proyecto impulsado durante la pandemia por la red estatal Intervegas y en el que colabora Red Eléctrica, que permite a los agricultores y ganaderos con pequeñas explotaciones agruparse, conectar con sus mercados de proximidad y comercializar sus productos por internet.

Así será la nueva Ley de Residuos

A principios de 2020, el Gobierno comenzó a elaborar el borrador de la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados, y el pasado mes de mayo fue aprobado su anteproyecto. Uno de los principales objetivos de esta ley será impulsar los modelos de economía circular en nuestro país, como recogen las últimas directivas de la Unión Europea, el Paquete de Economía Circular y la directiva de plásticos de un solo uso, siendo además esta ley parte del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia presentado por el Gobierno. 

Una correcta gestión de los residuos, y en especial de los plásticos, es esencial para la transformación que se propone desde Europa. Tanto es así que en su Plan de Acción en materia de economía circular identificó los plásticos como una de las áreas prioritarias de intervención, al considerar que se recicla menos de la cuarta parte del plástico recogido y casi la mitad termina en vertederos.

La Unión Europea estima que se recicla menos de la cuarta parte del plástico recogido y casi la mitad termina en vertederos

La visión que dirige esta nueva ley es la de disminuir la cantidad de escenarios en los que un objeto de consumo se convierte en residuo, fomentando el reciclaje, limitando los productos de un solo uso, o con nuevas “tasas verdes”. 

Todo ello con el fin de armonizar la vida humana contemporánea con los impactos provocados sobre el medio ambiente por los residuos que genera la misma, promoviendo la transición española hacia una economía innovadora y sostenible, que cumpla con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que convierta a España en un país competente en esta materia a largo plazo.

¿Qué cambiará para los ciudadanos?

Uno de los rasgos definitorios de esta ley es el impacto que tendrá en la relación diaria de los ciudadanos y ciudadanas con los residuos, así como de las empresas y administraciones. Vamos a tener que acostumbrarnos, escaladamente, a una nueva jerarquía de nuestros residuos a la hora de depositarlos en el contenedor; todo ello en colaboración con los Ayuntamientos y otras entidades locales, que serán los encargados de su recogida. Esta actividad generará nuevas tasas, algunas de las cuales serán abonadas por el consumidor. Así, veremos aparecer nuevos contenedores en nuestras ciudades y municipios: los municipios de más de 5.000 habitantes deberán recoger los biorresiduos domésticos a partir de 2022 y a partir de 2024 el resto.

Asimismo, veremos cómo desaparecen poco a poco ciertos productos de nuestras estanterías. Este mismo año, a partir del 3 de julio, quedará prohibida la introducción en el mercado de nuevos productos de un solo uso como bastoncillos de algodón, cubiertos, agitadores de bebidas, tuppers para consumo inmediato o vasos de poliestireno expandido. 

También existen actuaciones contra el despilfarro de alimentos y objetos no perecederos en hogares, empresas y en el sector hostelero. Este último, además, deberá ofrecer al usuario la posibilidad de consumir agua no envasada de manera gratuita siempre que sea posible. Sin embargo, tanto consumidores como empresas dedicadas a la hostelería o la restauración, se verán en la misma obligación de separar el aceite de cocina para su recogida por separado.

Todo lo anterior fomentará la paulatina desaparición de objetos hasta ahora cotidianos. Otros, más que desaparecer, deberán readaptarse con un cambio en su diseño: las tapas y tapones deberán permanecer unidos a la botella; y, atendiendo a los materiales, también se fijarán porcentajes mínimos para la presencia de plástico reciclado en la composición. En el caso de las botellas plásticas, para 2029, el 90% de las botellas producidas deberán ser recogidas separadamente del resto de residuos. 

Los envases de plástico no reciclable tendrán su propio impuesto de 0.45€ por kilogramo fabricado o adquirido

De cara a todos aquellos residuos que sí que se producirán inevitablemente por la acción humana (cada español/a genera aproximadamente 471 kg al año), se fomenta el establecimiento de una “red estatal integrada de instalaciones de eliminación de residuos” de forma que la gestión de los mismos se produzca a la menor distancia posible de su punto de generación.

Además, aparecen dos nuevos impuestos: el primero al vertido y a la incineración, como parte de la nueva visión en la que se apostará firmemente por la prevención de creación de residuos y su reutilización frente a la destrucción contaminante. El segundo es un impuesto que se ha fijado en 0,45€ el kilo para los envases de plástico no reutilizables (vasos, tapas, tapones, tuppers de consumo inmediato…), como una medida más que fomente la reducción de estos materiales en un 50% para 2026 y un 70% para 2030 con respecto a los valores de 2022. Este impuesto recae sobre la fabricación, importación o adquisición de cualquier producto plástico no reutilizable.

No cabe duda de que la relación de nuestro país con los residuos va a verse transformada, como lo irán haciendo muchos otros aspectos de nuestras vidas en el camino hacia una economía circular, más sostenible, en línea con los ODS.

La segunda vida de los paneles solares

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Cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje, una jornada que va más allá de recordar que cada residuo diario se deposita en su correspondiente contenedor. Los aparatos electrónicos que ya no utilizamos o las placas fotovoltaicas también requieren de su adecuada gestión como residuo una vez que su vida útil acaba. Hablamos de estos últimos: ¿cómo y por qué es tan necesario reciclar los paneles solares?

El precio de acabar con la obsolescencia programada

Entre algunos de los cambios promovidos y aprobados por el Parlamento Europeo en 2020 destaca una de las medidas más esperadas por algunos sectores sociales de los Estados miembro,  el llamado «derecho a reparar». Éste es, en su esencia más básica, una ofensiva contra lo que se conoce como obsolescencia programada, una determinación final de la vida útil de los productos hecha de antemano por la propia empresa fabricante. Una práctica que no solo disminuye conscientemente la calidad del producto, sino que perjudica seriamente la capacidad económica del consumidor y al propio medio ambiente: cuanto menos duren los productos, más se fabrican y, consecuentemente, más se gasta y contamina.

Alargar la vida útil de los electrodomésticos tiene un impacto directo en las emisiones de CO2

Basta observar los datos ofrecidos por el Instituto de Ecología Aplicada de Alemania Öko-Institut: si en Alemania se utilizaran las lavadoras, los ordenadores portátiles, los móviles o las televisiones en una media de entre cinco y siete años más, podría llegar a prevenirse la emisión de 3,91 millones de toneladas de CO2, una cantidad similar a las emisiones de casi dos millones de coches.

Derecho a reparar, derecho a una vida útil

La aprobación del «derecho a reparar» llega en un momento clave según el Öko-Institut, ya que según sus investigaciones cada vez tiramos antes aparatos como los electrodomésticos. Según el organismo, tan solo un 57% de este tipo de productos se reemplaza porque esté estropeado: el resto suele terminar convertido en desecho bien por la obsolescencia programada o bien por nuestro deseo de adquirir un nuevo modelo con mejores prestaciones. Otro aspecto a tener en cuenta es la habitual dificultad para conseguir una reparación efectiva por parte de los fabricantes, en muchos casos,  por la falta de facilidades para adquirir ciertas piezas. En el caso de algunos productos electrónicos, además, no solo entran en juego los componentes físicos de los mismos, sino también el software del producto en cuestión, ya que puede ser éste el que deteriore deliberadamente su vida útil.

La ley, que ha entrado en vigor durante el pasado mes de marzo, obliga así a los fabricantes a ofrecer productos que se puedan reparar de forma accesible por los usuarios, sin requerir herramientas demasiado especializadas. Además, también deberán proporcionar manuales en los que se informe de cómo realizar las propias reparaciones. Aunque el coste ecológico de cada persona puede subestimarse, lo cierto es que en términos individuales un europeo genera 16 kilos de desechos electrónicos al año. Ahora, la legislación obligará a las compañías a asegurarse de que los electrodomésticos puestos a la venta puedan repararse hasta, al menos, diez años después de su compra. Tal como informa Associated Press, esta medida sirve para «ayudar a reducir la enorme montaña de desechos eléctricos que se acumulan cada año en el continente».

Un continente (y un planeta) en juego

Para que medidas como estas sean efectivas, sin embargo, han de implantarse a lo largo y ancho del planeta o, de lo contrario, su efecto será limitado. Si atendemos a los datos recogidos por la Organización de las Naciones Unidas, Europa es uno de los continentes que mejor actúa en este sentido: mientras dentro del territorio europeo se generan 12 millones de toneladas de residuos al año, en América se generan 13 y Asia dobla, de hecho, la cifra alcanzada por Europa. A esto se añade la tasa de reciclaje, hasta cuatro veces mayor que la alcanzada por otros continentes, que en Europa alcanza el 44%.

Europa genera al año 12 millones de toneladas de residuos, reciclando el 44% de las mismas

Este nuevo derecho a la reparación, no obstante, no es algo espontáneo, sino que satisface una necesidad que ya estaba presente en las sociedades europeas. Según señalaba entonces el Eurobarómetro del año 2014, el 77% de los ciudadanos europeos preferían arreglar sus dispositivos en lugar de sustituirlos. Tal como recalcó en noviembre del año pasado el europarlamentario francés David Cormand, «ha llegado el momento de utilizar los objetivos del Pacto Verde como base de un mercado único que promueva productos y servicios diseñados para durar».

La Navidad sí puede ser sostenible. Sigue estos consejos

Esta Navidad quizá sea una de las más especiales que recordemos precisamente porque será una de las más extrañas que vivamos: algunos podrán reencontrarse con los suyos, pero habrá muchos otros que tendrán que conformarse por compartir la cena de Nochebuena por videollamada. 

Pero hay algo que se mantiene constante esta Navidad y es el consumo exacerbado que la caracteriza y su consecuente volumen de residuos, una situación a la que debemos hacer frente entre todos para preservar la salud de nuestro planeta. 

En diciembre los españoles duplicamos la basura diaria que generamos

Si los españoles generamos 1,4 kilos de basura al día de media en fechas normales, la cifra llega a duplicarse durante el mes de diciembre. Papeles de regalos, juguetes de plástico, comida en exceso… la lista es extensa. ¿Qué puedes hacer para que estas Navidades sean más sostenibles? Aquí van unos consejos.

Compra los alimentos navideños sin envase desechable

Aunque reciclemos, debemos evitar por todos los medios la generación de tanta basura. La base del cambio está en nuestros hábitos. En estas fechas el 43,2% de los españoles optan por comprar en supermercados e hipermercados, puntos de venta que suelen caracterizarse por conservar gran parte de sus productos en envases de plástico. Pensando las recetas navideñas con un poco más de antelación podemos acudir a tiendas tradicionales o mercados a adquirir todo lo que necesitemos. La ventaja: los alimentos son más frescos y fomentarás el comercio local. Y no te olvides de tus bolsas reutilizables y apuesta por el producto de temporada.

Calcula la cantidad de comida de forma realista

En Navidades tendemos a sobrecargar la mesa con comida muy copiosa. Aperitivos, entrantes, primer plato, segundo plato, tercer plato, postre, copas… Además de ser un reto para nuestro sistema digestivo, comprar y consumir alimentos en exceso no es nada sostenible, especialmente porque gran parte de los alimentos se desechan. Haz un cálculo de lo que realmente podéis consumir en tu hogar y planifica los menús -a ser posible, con comida de temporada - ya que así te será más fácil comprar solo lo estrictamente necesario. Si crees que aún así sobrará comida, siempre puedes hacer nuevos platos con ella y así ahorrarte un carro de la compra. 

Cuidado con los adornos y el papel de envolver

Los contenedores a rebosar de papel de envolver son una imagen característica de las Navidades. Solo en España gastamos en esta época en torno a 70 km2 de papel de regalo. Por ello, además de apostar por el reciclaje, es importante tratar de buscar alternativas. En su lugar, puedes usar papel reciclado, cajas que tengas guardadas, periódicos viejos, bolsas reutilizables, sacos de yute o similares. ¡Lo que importa es el interior!

Solo en nuestro país gastamos alrededor de 70 km2 de papel de regalo al año

Los adornos navideños -incluido el árbol- también son una fuente importante de residuos plásticos. Una manualidad sostenible -que incluso puede ser divertida- es hacerlos a partir de materiales reciclados, como puedes ver aquí, y guardarlos para reutilizarlos el año que viene. En cuanto a las luces siempre recurre a modelos LED, que permiten un consumo energético más eficiente.

Evita la cubertería y vajilla de usar y tirar

No solo ahorramos bastante dinero utilizando la cubertería y vajilla que tenemos en casa en lugar de la desechable, sino que además le estamos haciendo un  favor al planeta. Recuerda que los platos, cubiertos, vasos y pajitas de plástico tardan cientos de años en desaparecer. Si hay niños pequeños en la mesa que precisen de pajitas, es mejor utilizar las metálicas, ya que pueden utilizarse numerosas veces. A la hora de lavarlo todo, asegúrate de que el lavavajillas está completamente lleno para aprovechar el gasto de agua de la mejor forma posible. Si utilizas el grifo, no dejes el agua corriendo mientras enjabonas.

Regalos hechos a mano, en la medida de lo posible

El consumismo se dispara en las Navidades. Según The Guardian, más de 4.000 toneladas de productos vienen directos de China, desplazamiento que genera una gran huella de carbono. Además, tiramos 80.000 toneladas de ropa vieja para hacer sitio a la que llega cada Navidad. Como alternativa podemos apostar por productos locales y mirar hacia la compra de segunda mano: hay cientos de juguetes esperando por alguien que les dé una nueva vida. ¡Apuesta por la economía circular! También podemos intentar hacer nuestros propios regalos, siempre mucho más personales y sostenibles.

Durante estas fechas señaladas en muchas ocasiones aprovechamos para renovarnos y estar a la última, especialmente cuando hablamos de productos tecnológicos. Ten en cuenta que para fabricar un móvil de 80 gramos hace falta consumir un 44,4 kg de recursos naturales. 

Recuerda que, de la misma forma que somos generosos con los nuestros en estas fechas, también debemos serlo con nuestro planeta.

¿Puede la industria de la moda mantener su compromiso con el medio ambiente?

¿Alguna vez te has preguntado cuánto cuesta todo lo que tienes en tu armario? No en concepto monetario, sino en términos medioambientales. Los pantalones vaqueros, las camisas, las camisetas, los abrigos e incluso los accesorios pasan una factura cada vez más cara al planeta Tierra. Tintar un pantalón vaquero a la venta por 20 euros, por ejemplo, le cuesta al planeta 7.500 litros de agua. Para producir una camiseta de algodón, por otro lado, se necesitan más de 2.200 litros de agua, el equivalente a 440 garrafas de 5 litros.

En 2050, esta industria podría representar un cuarto de las emisiones de CO2 a nivel mundial y es que emite más dióxido de carbono que los vuelos internacionales y el envío de mercancías juntos y se lleva el 20% del gasto mundial de agua. Consciente de ello, la propia industria se puso manos a la obra durante la última década para apostar por el mantra ‘reducir, reutilizar, reciclar’ y consiguió encauzarse hacia una producción más sostenible. Sin embargo, la llegada del coronavirus está poniendo en peligro hábitos ecológicos como la reventa o el alquiler de ropa. ¿Corremos el riesgo de ir marcha atrás?

La sostenibilidad se refuerza tras la pandemia

Antes del confinamiento, el alquiler de ropa empezaba a parecer una solución buena para esas prendas que solo se ponían una vez en bodas, bautizos o comuniones y luego se iban al fondo del armario o, directamente, a la basura. No solo se trataba de ahorrar dinero, sino también de ser más sostenible al usar la misma prenda distintas personas y, en consecuencia, reducirse considerablemente la producción. Tiendas como H&M o Gunni fueron pioneras en probar suerte en 2019 con proyectos piloto y poco a poco empezaron también a aparecer plataformas virtuales de alquiler de moda. 

El consumo sostenible representa un tercio del consumo de moda

Con una generación joven mucho más concienciada con el consumo sostenible -y que representa más de un tercio del consumo de moda- las tiendas de segunda mano también estaban adquiriendo un nicho importante. Incluso los expertos vaticinaban que en 2022 el sector de la segunda mano superaría incluso al mercado del lujo. La llegada de la pandemia obligó tanto a unas como a otras a buscar alternativas (tiendas online improvisadas, cuarentenas de ropa, etc) tras ver caer los ingresos como resultado del confinamiento y el miedo al virus. La desinfección de prendas se convirtió entonces en garantía imprescindible por parte del consumidor para seguir comprando ropa no desechable. 

Y sin embargo, consiguieron seguir adelante. Quedó demostrado que la sostenibilidad no ponía en riesgo la salud y se evidenció, la importancia de transformar la industria en una que no pusiera en peligro los recursos del planeta: el coronavirus nos ha enseñado que la moda sostenible es más democrática, más justa y más “sana” para la Tierra, por tanto, más sana para la humanidad. Los consumidores siguen recurriendo a Vinted o Wallapop para comprar y vender ropa de segunda mano, igual que parte de las ‘influencers’ españolas que, inevitablemente, generan un mayor interés en este sector.

Con todos estos aspectos en la mesa, un estudio sobre la moda sostenible realizado por la Boston Consulting Group durante la pandemia propuso cuatro soluciones inmediatas para encaminar la moda hacia el verde: proteger a los trabajadores, resolver problemas de inventario para mantener la cadena de valor, implementar la sostenibilidad como tema central en las estrategias de recuperación del negocio y acelerar la transparencia buscando objetivos con un impacto positivo en el medio ambiente. 

El talento del futuro será sostenible

¿Qué es lo que viene entonces en el futuro? Todo apunta a que ocurrirá el efecto contrario al que tememos: la industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad. El alquiler de prendas, la ropa de segunda mano y el reciclaje continuarán siendo una prioridad para esta generación joven y para las venideras. Tal y como apunta la revista Forbes, “cualquier compañía de moda que quiera atraer talento va a tener que trabajar con la sostenibilidad y la responsabilidad social como prioridad, ya que el talento del futuro solo querrá trabajar en una empresa que así lo haga”. 

La industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad

Nkwo Onwka es una diseñadora que ha dedicado su carrera en la moda a la sostenibilidad, recolectando las pilas de ropa que llegaban a los mercados de Lagos (Nigeria) de otros países para convertirlas en nuevas prendas. En junio habló con el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas para analizar de qué manera el coronavirus iba a influir en la industria de la moda. “El Covid-19 es una oportunidad para reconceptualizar el diseño y la producción, pero también para enseñar a consumir de forma sostenible”, apuntaba en la entrevista entonces. 

“Significa pensar en pequeño -producir menos cantidad de más calidad- y hacerlo con menos derroche y con condiciones de trabajo dignas. Otra diseñadora sostenible, Elle L. añadía: “La moda está entre el arte y la utilidad, y precisamente por eso tiene el poder y la responsabilidad de encontrar una buena solución que nos ayude, ahora más que nunca, a volvernos más sostenibles, fuertes y saludables”.

Los residuos como fuente de oportunidades para la economía circular

Somos una civilización que nada en basura, y no es del todo una metáfora, la gran isla de plástico del Pacífico está ahí para recordárnoslo. Es por ello que uno de los grandes retos que debemos abordar en la próxima década es el de reducir drásticamente la creación de residuos. Un desafío que solo se podrá superar si se adopta una cultura de consumo y un sistema productivo basado en los principios de la economía circular. 

En este marco, la Comisión Europea aprobó el pasado mes de marzo un nuevo Plan de acción para la economía circular, que según fuentes de la organización va a ser «uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, con medidas que tienen por objeto adaptar nuestra economía a un futuro ecológico y reforzar nuestra competitividad». En España el compromiso en esta materia se ha reforzado en el último año. Así, el pasado mes de junio, se aprobaron la Estrategia Española de Economía Circular, denominada España Circular 2030, y el anteproyecto de Ley de Residuos. Este último, pone especial foco en la reducción de los plásticos de un solo uso, así como en la disminución de los residuos que se generan en la cadena alimentaria y los hogares, con un 50% de reducción per cápita a partir de este año a nivel de hogar y consumo minorista, y un 20% en las cadenas de producción y suministro.

Un tercio de la comida del mundo se pierde

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) lleva décadas advirtiendo sobre el enorme desgaste de recursos que supone el desperdicio alimentario. Se calcula que aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician en todo el mundo al año, el equivalente a un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano.  

Un derroche de recursos que supone, un gran impacto social, teniendo en cuenta que hoy en día aún hay más de 800 millones de personas que sufren hambre o desnutrición; pero también un enorme impacto ecológico, ya que la huella ambiental de estos residuos equivale a 3,3Gt de CO2, un consumo de agua de 250 km³ y el uso de 1,4 billones de hectáreas de tierra cultivable.

El reaprovechamiento de los residuos es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El reaprovechamiento de los alimentos que no llegan a consumirse, así como el de los residuos que derivan de la alimentación, como pueden ser los plásticos o el papel de los envases, es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde no solo el reciclaje es una vía para recuperar dichos residuos, sino que gracias a la innovación pueden reutilizarse para la elaboración de otros subproductos como el biodiesel o la biomasa. Una alternativa que favorece el avance hacia la transición energética.

Restaurantes y granjas que generan energía

La producción de biogás a partir de materia orgánica es un procedimiento cada vez más extendido. Restaurantes en países como EE.UU. o Alemania están incorporando en sus establecimientos, al igual que lo vienen haciendo granjas y explotaciones agrícolas, biodigestores como parte de su gestión de residuos. Esta tecnología, que es relativamente nueva, representa una gran oportunidad en la reducción de la huella ambiental de este tipo de negocios, así como en el ahorro de costes, al permitir producir su propia energía verde. 

El biodigester o biodigestor es un contenedor cerrado de forma hermética que almacena materia orgánica procedente de alimentos en descomposición y excrementos. Con los microorganismos presentes en los desechos orgánicos se produce una reacción conocida como fermentación anaeróbica con la que se obtiene abono y biogás, que puede emplearse para cocinar, en sustitución de otros combustibles como el gas propano, la leña o la electricidad. Por su parte el abono producto del biodigester se considera un excelente acondicionador del suelo con una alta concentración de nutrientes esenciales para el buen desarrollo de las plantas. 

En España la consultora en Economía Circular Red Miogas es una de sus principales impulsoras de esta tecnología. 

Innovación para alcanzar el objetivo de residuos cero

Son muchas las empresas e instituciones que investigan nuevas vías para alcanzar el objetivo de residuos cero. Ejemplo de ello es el grupo de investigación BIOSAHE de la Universidad de Córdoba que trabaja en la búsqueda de procesos que aprovechan los desechos para su uso como biocombustibles, nuevos combustibles para motores de combustión interna alternativos, que permitirían recuperar el equilibrio entre el ecosistema humano y el ecosistema natural, mediante la producción de energía limpia. En este campo, uno de los grandes descubrimientos ha sido el hongo llamado Aspergillus awamori, capaz de degradar la basura orgánica para producir biodiesel.

En Colombia, el país líder en la producción de café, se crean 500 toneladas anuales de restos de cascarillas de café. La firma Diseclar ha basado su estrategia en la creación de un nuevo material partiendo del plástico reciclado y de la fibra vegetal del café, que es ideal para la fabricación de acabados arquitectónicos o muebles para el hogar.

Grupo Red Eléctrica ha reducido su volumen de residuos generando 4,7 veces menos de desechos en los dos últimos años

A este tipo de iniciativas se suman las apuestas de las compañías que buscan reducir al mínimo su impacto ambiental a través de políticas de gestión de residuos. En España destaca el caso del Grupo Red Eléctrica, que se ha fijado, como parte de su modelo de negocio y de sus objetivos de sostenibilidad, el objetivo de ser una empresa líder en economía circular en 2030. «Integrar la circularidad en nuestro modelo de negocio nos ayuda a contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y preservar el medio ambiente, una responsabilidad global e individual ineludible, pues de seguir consumiendo como hasta ahora, acabaremos consumiendo completamente al planeta. Pero, es que además, la economía circular conlleva grandes ventajas: supone una diferenciación competitiva, reduce nuestra huella medioambiental y el coste de las materias primas, nos acerca a un modelo más innovador y nos trae fuentes de ingreso adicionales», asegura Antonio Calvo, director de Sostenibilidad de Red Eléctrica.

La compañía ha diseñado una hoja de ruta con acciones concretas enfocadas a mejorar en diferentes dimensiones, entre ellas, residuos cero y plásticos cero, con resultados como la reducción de su volumen de residuos, generando 4,7 veces menos de desechos en los últimos dos años. La estrategia Residuo 0 busca que los residuos que no puedan reducirse sean transformados en materias primas de nuevos productos de una forma económica y ambientalmente rentable. En diez años el grupo tiene como objetivo no llevar ninguno de sus residuos a vertedero y además reducir a cero los residuos de tierras contaminadas. Por otro lado, la estrategia Plástico 0, tiene por objetivo que en 2030 la compañía solo emplee equipos y materiales sin plásticos de un solo uso y embalajes reciclados, reciclables y reutilizables. Grupo Red Eléctrica calcula que con estas y otras medidas disminuirá el consumo de agua en oficinas y centros de trabajo a 6,5m3 por persona al año y en un 40% sus emisiones de alcance 1 y 2 por MWh transportado, en el 2030, respecto al 2015.

El reciclaje, un escudo del planeta

Reciclaje y medioambiente siempre han ido de la mano. Sin el primero, el segundo estaría cada vez más desprotegido y más expuesto ante la acción del ser humano. Es indiscutible que la manera en la que gestionamos nuestros residuos afectan al planeta de una forma u otra. Pero también a nosotros mismos.

Así lo apuntan algunos estudios como el Global Environment Outlook 6 –presentado por la ONU en 2019 y realizado por un equipo de 250 científicos y expertos de más de 70 países–, que concluye que la contaminación de las aguas, provocada en gran parte por los residuos plásticos, será una de las principales causas de mortalidad en el mundo en el año 2050. Ante estos datos, la gestión adecuada de los residuos y el impulso del reciclaje ya no son una opción: se han convertido en una obligación.

Aunque en las últimas décadas se han dado pasos en la dirección correcta en el camino de la concienciación ciudadana, aún estamos lejos de llegar a la meta. Por eso, cada 17 de mayo celebramos el Día Internacional del Reciclaje; porque es necesario recordar y concienciar sobre la importancia que el reciclaje tiene en nuestras vidas, siendo una de las herramientas más eficaces que hay para luchar contra el cambio climático.

Y eso ya se conocía hace más de tres décadas años, cuando los movimientos ecologistas de los años 70 y 80 comenzaron a denunciar la inacción política respecto a la protección del planeta. No obstante, a pesar de que el origen de este día parece estar en Estados Unidos en 1994, su recorrido está muy ligado al Día de la Tierra, que se empezó a celebrar unos años antes. Fue precisamente en la primera efeméride de la conmemoración cuando salió a la luz el famoso logo del reciclaje que hoy todo el mundo reconoce. Fue creado por Gary Anderson, un estudiante de la Universidad de California que se presentó a un concurso para crear un logotipo que celebrase tal fecha. El resultado ya lo conocemos: una composición sencilla, con tres flechas entrelazadas que representan el ciclo del reciclado. Este es: separar los materiales reciclables, fabricar nuevos productos con ellos y que los consumidores lo vuelvan a comprar.

Con el paso de los años, reciclar se ha convertido en un hábito y la sociedad española parece ser una de las más concienciadas. Sin ir más lejos, según datos de Ecovidrio, 2018 fue un año récord para los envases de vidrio y plástico. El vidrio alcanzó una tasa de reciclaje del 76,5%, tres puntos y medio porcentuales más que en el año anterior, mientras que los envases de plástico llegaron al 75,8%, casi siete puntos más que en 2017 (69%). En cuanto al reciclaje de papel y cartón, este llegó al 80%, y los envases metálicos como las latas de refresco o cerveza superaron el 85%. Los datos brutos en España son buenos, pero no debemos bajar la guardia. Todavía nos queda mucho por aprender; al final de la cadena del reciclado está el planeta y su último eslabón somos nosotros.

La economía circular, más allá del reciclaje

En las últimas décadas, desde las diferentes administraciones y con la ayuda de la sociedad civil se ha trabajado de manera firme en forma de legislación y con campañas de formación ciudadana para incluir en nuestro día a día unos hábitos de reciclaje idóneos. Pero lo que hace años conocíamos exclusivamente como reciclaje ha evolucionado hacía un concepto más amplio que aglutina todo el sistema de producción: la economía circular. Este concepto relativamente nuevo incluye acciones como el uso eficiente de materias primas o la optimización de recursos energéticos. Algunos hablan de las conocidas como “nueve erres”, que definen el ciclo completo de la economía circular: repensar, rediseñar, refabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

En los últimos meses, la Unión Europea se ha convertido en un referente de la economía circular con la presentación del European Green Deal, cuya hoja de ruta apuesta con fuerza por la economía circular. En concreto, el pasado mes de marzo se presentó en el Parlamento Europeo el Nuevo Plan de acción de economía circular, enmarcado dentro del European Green Deal, y que tiene como objetivo alargar el ciclo de vida de los productos.

El reto de la UE en este campo es importante, ya que la economía europea sigue siendo casi enteramente lineal. Según Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea y responsable del European Green Deal, “solo el 12% de los materiales y recursos secundarios vuelve a entrar en la economía”. El objetivo de la Unión es el de transformar los métodos de fabricación de los productos y empoderar a los consumidores para que puedan elegir siempre opciones más respetuosas con el medio ambiente que ayuden a conservar el planeta. Con este plan, la economía circular seguirá arraigando en la Unión Europea: será su nuevo modo de entender la economía.

¡Eres necesario! Recicla y aporta tu granito de arena

Y para conseguir transformar nuestro modelo productivo hacia uno más sostenible, nuestro papel será vital. Reciclar es fácil: solo requiere un poco de compromiso con el medioambiente y que todos ayudemos desde casa en la medida de lo posible. Aunque Internet está lleno de trucos y consejos para hacer nuestro día a día con el reciclaje más llevadero, nosotros te proponemos algunos a continuación:

Diferentes contenedores para diferentes residuos: si tienes espacio, tres cubos de basura pequeños son suficientes para reciclar en casa los envases: plástico, cartón y vidrio. Los colores los podemos elegir nosotros y es recomendable siempre usar bolsas de basura para mantener el higiene. Si no tenemos hueco para poner tres cubos, podemos dividir un cubo en tres con diferentes bolsas. No cabrán los mismos residuos que en cubos diferentes, pero la función que cumple es la misma.

Colocar etiquetas en cada cubo. Porque aunque ya nos sepamos de memoria lo que significa cada color, nunca está de más prevenir y asegurarnos que nunca se nos va a olvidar que va en cada lugar. Incluso la etiqueta puede ser del mismo color que el cubo para asimilar los colores más rápidos.

Reducir el tamaño de los envases. Doblar los cartones de la leche, por ejemplo, o estrujar las latas de refrescos, harán que el espacio que ocupan estos envases sea menor y podamos acumular más residuos antes de renovar la bolsa.

Leer la etiqueta de los envases. La mejor forma de saber qué va a cada sitio, es asegurarnos de lo que nos indica cada producto. La mayoría de estos informan de sus materiales utilizados e incluso te indican el contenedor al que corresponden.

Reutilizar. Probablemente el más importante de todos. Antes de reciclar cualquier producto, podemos ver si nos sirve para darle un segundo uso. Por ejemplo, un envase de vidrio lo podemos reciclar como vaso, jarrón o incluso para guardar legumbres o pasta.

Cuidado con los artículos especiales. En nuestro día a día usamos productos que no podemos incluir en ningún contenedor de los que tenemos en casa pero que son igual de importantes de reciclar. Las pilas, los electrodomésticos y los medicamentos caducados son algunos ejemplos.