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¿Puede la industria de la moda mantener su compromiso con el medio ambiente?

¿Alguna vez te has preguntado cuánto cuesta todo lo que tienes en tu armario? No en concepto monetario, sino en términos medioambientales. Los pantalones vaqueros, las camisas, las camisetas, los abrigos e incluso los accesorios pasan una factura cada vez más cara al planeta Tierra. Tintar un pantalón vaquero a la venta por 20 euros, por ejemplo, le cuesta al planeta 7.500 litros de agua. Para producir una camiseta de algodón, por otro lado, se necesitan más de 2.200 litros de agua, el equivalente a 440 garrafas de 5 litros.

En 2050, esta industria podría representar un cuarto de las emisiones de CO2 a nivel mundial y es que emite más dióxido de carbono que los vuelos internacionales y el envío de mercancías juntos y se lleva el 20% del gasto mundial de agua. Consciente de ello, la propia industria se puso manos a la obra durante la última década para apostar por el mantra ‘reducir, reutilizar, reciclar’ y consiguió encauzarse hacia una producción más sostenible. Sin embargo, la llegada del coronavirus está poniendo en peligro hábitos ecológicos como la reventa o el alquiler de ropa. ¿Corremos el riesgo de ir marcha atrás?

La sostenibilidad se refuerza tras la pandemia

Antes del confinamiento, el alquiler de ropa empezaba a parecer una solución buena para esas prendas que solo se ponían una vez en bodas, bautizos o comuniones y luego se iban al fondo del armario o, directamente, a la basura. No solo se trataba de ahorrar dinero, sino también de ser más sostenible al usar la misma prenda distintas personas y, en consecuencia, reducirse considerablemente la producción. Tiendas como H&M o Gunni fueron pioneras en probar suerte en 2019 con proyectos piloto y poco a poco empezaron también a aparecer plataformas virtuales de alquiler de moda. 

El consumo sostenible representa un tercio del consumo de moda

Con una generación joven mucho más concienciada con el consumo sostenible -y que representa más de un tercio del consumo de moda- las tiendas de segunda mano también estaban adquiriendo un nicho importante. Incluso los expertos vaticinaban que en 2022 el sector de la segunda mano superaría incluso al mercado del lujo. La llegada de la pandemia obligó tanto a unas como a otras a buscar alternativas (tiendas online improvisadas, cuarentenas de ropa, etc) tras ver caer los ingresos como resultado del confinamiento y el miedo al virus. La desinfección de prendas se convirtió entonces en garantía imprescindible por parte del consumidor para seguir comprando ropa no desechable. 

Y sin embargo, consiguieron seguir adelante. Quedó demostrado que la sostenibilidad no ponía en riesgo la salud y se evidenció, la importancia de transformar la industria en una que no pusiera en peligro los recursos del planeta: el coronavirus nos ha enseñado que la moda sostenible es más democrática, más justa y más “sana” para la Tierra, por tanto, más sana para la humanidad. Los consumidores siguen recurriendo a Vinted o Wallapop para comprar y vender ropa de segunda mano, igual que parte de las ‘influencers’ españolas que, inevitablemente, generan un mayor interés en este sector.

Con todos estos aspectos en la mesa, un estudio sobre la moda sostenible realizado por la Boston Consulting Group durante la pandemia propuso cuatro soluciones inmediatas para encaminar la moda hacia el verde: proteger a los trabajadores, resolver problemas de inventario para mantener la cadena de valor, implementar la sostenibilidad como tema central en las estrategias de recuperación del negocio y acelerar la transparencia buscando objetivos con un impacto positivo en el medio ambiente. 

El talento del futuro será sostenible

¿Qué es lo que viene entonces en el futuro? Todo apunta a que ocurrirá el efecto contrario al que tememos: la industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad. El alquiler de prendas, la ropa de segunda mano y el reciclaje continuarán siendo una prioridad para esta generación joven y para las venideras. Tal y como apunta la revista Forbes, “cualquier compañía de moda que quiera atraer talento va a tener que trabajar con la sostenibilidad y la responsabilidad social como prioridad, ya que el talento del futuro solo querrá trabajar en una empresa que así lo haga”. 

La industria de la moda adquirirá un mayor compromiso con la sostenibilidad

Nkwo Onwka es una diseñadora que ha dedicado su carrera en la moda a la sostenibilidad, recolectando las pilas de ropa que llegaban a los mercados de Lagos (Nigeria) de otros países para convertirlas en nuevas prendas. En junio habló con el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas para analizar de qué manera el coronavirus iba a influir en la industria de la moda. “El Covid-19 es una oportunidad para reconceptualizar el diseño y la producción, pero también para enseñar a consumir de forma sostenible”, apuntaba en la entrevista entonces. 

“Significa pensar en pequeño -producir menos cantidad de más calidad- y hacerlo con menos derroche y con condiciones de trabajo dignas. Otra diseñadora sostenible, Elle L. añadía: “La moda está entre el arte y la utilidad, y precisamente por eso tiene el poder y la responsabilidad de encontrar una buena solución que nos ayude, ahora más que nunca, a volvernos más sostenibles, fuertes y saludables”.

Los residuos como fuente de oportunidades para la economía circular

Somos una civilización que nada en basura, y no es del todo una metáfora, la gran isla de plástico del Pacífico está ahí para recordárnoslo. Es por ello que uno de los grandes retos que debemos abordar en la próxima década es el de reducir drásticamente la creación de residuos. Un desafío que solo se podrá superar si se adopta una cultura de consumo y un sistema productivo basado en los principios de la economía circular. 

En este marco, la Comisión Europea aprobó el pasado mes de marzo un nuevo Plan de acción para la economía circular, que según fuentes de la organización va a ser «uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, con medidas que tienen por objeto adaptar nuestra economía a un futuro ecológico y reforzar nuestra competitividad». En España el compromiso en esta materia se ha reforzado en el último año. Así, el pasado mes de junio, se aprobaron la Estrategia Española de Economía Circular, denominada España Circular 2030, y el anteproyecto de Ley de Residuos. Este último, pone especial foco en la reducción de los plásticos de un solo uso, así como en la disminución de los residuos que se generan en la cadena alimentaria y los hogares, con un 50% de reducción per cápita a partir de este año a nivel de hogar y consumo minorista, y un 20% en las cadenas de producción y suministro.

Un tercio de la comida del mundo se pierde

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) lleva décadas advirtiendo sobre el enorme desgaste de recursos que supone el desperdicio alimentario. Se calcula que aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician en todo el mundo al año, el equivalente a un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano.  

Un derroche de recursos que supone, un gran impacto social, teniendo en cuenta que hoy en día aún hay más de 800 millones de personas que sufren hambre o desnutrición; pero también un enorme impacto ecológico, ya que la huella ambiental de estos residuos equivale a 3,3Gt de CO2, un consumo de agua de 250 km³ y el uso de 1,4 billones de hectáreas de tierra cultivable.

El reaprovechamiento de los residuos es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El reaprovechamiento de los alimentos que no llegan a consumirse, así como el de los residuos que derivan de la alimentación, como pueden ser los plásticos o el papel de los envases, es clave para poder avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde no solo el reciclaje es una vía para recuperar dichos residuos, sino que gracias a la innovación pueden reutilizarse para la elaboración de otros subproductos como el biodiesel o la biomasa. Una alternativa que favorece el avance hacia la transición energética.

Restaurantes y granjas que generan energía

La producción de biogás a partir de materia orgánica es un procedimiento cada vez más extendido. Restaurantes en países como EE.UU. o Alemania están incorporando en sus establecimientos, al igual que lo vienen haciendo granjas y explotaciones agrícolas, biodigestores como parte de su gestión de residuos. Esta tecnología, que es relativamente nueva, representa una gran oportunidad en la reducción de la huella ambiental de este tipo de negocios, así como en el ahorro de costes, al permitir producir su propia energía verde. 

El biodigester o biodigestor es un contenedor cerrado de forma hermética que almacena materia orgánica procedente de alimentos en descomposición y excrementos. Con los microorganismos presentes en los desechos orgánicos se produce una reacción conocida como fermentación anaeróbica con la que se obtiene abono y biogás, que puede emplearse para cocinar, en sustitución de otros combustibles como el gas propano, la leña o la electricidad. Por su parte el abono producto del biodigester se considera un excelente acondicionador del suelo con una alta concentración de nutrientes esenciales para el buen desarrollo de las plantas. 

En España la consultora en Economía Circular Red Miogas es una de sus principales impulsoras de esta tecnología. 

Innovación para alcanzar el objetivo de residuos cero

Son muchas las empresas e instituciones que investigan nuevas vías para alcanzar el objetivo de residuos cero. Ejemplo de ello es el grupo de investigación BIOSAHE de la Universidad de Córdoba que trabaja en la búsqueda de procesos que aprovechan los desechos para su uso como biocombustibles, nuevos combustibles para motores de combustión interna alternativos, que permitirían recuperar el equilibrio entre el ecosistema humano y el ecosistema natural, mediante la producción de energía limpia. En este campo, uno de los grandes descubrimientos ha sido el hongo llamado Aspergillus awamori, capaz de degradar la basura orgánica para producir biodiesel.

En Colombia, el país líder en la producción de café, se crean 500 toneladas anuales de restos de cascarillas de café. La firma Diseclar ha basado su estrategia en la creación de un nuevo material partiendo del plástico reciclado y de la fibra vegetal del café, que es ideal para la fabricación de acabados arquitectónicos o muebles para el hogar.

Grupo Red Eléctrica ha reducido su volumen de residuos generando 4,7 veces menos de desechos en los dos últimos años

A este tipo de iniciativas se suman las apuestas de las compañías que buscan reducir al mínimo su impacto ambiental a través de políticas de gestión de residuos. En España destaca el caso del Grupo Red Eléctrica, que se ha fijado, como parte de su modelo de negocio y de sus objetivos de sostenibilidad, el objetivo de ser una empresa líder en economía circular en 2030. «Integrar la circularidad en nuestro modelo de negocio nos ayuda a contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y preservar el medio ambiente, una responsabilidad global e individual ineludible, pues de seguir consumiendo como hasta ahora, acabaremos consumiendo completamente al planeta. Pero, es que además, la economía circular conlleva grandes ventajas: supone una diferenciación competitiva, reduce nuestra huella medioambiental y el coste de las materias primas, nos acerca a un modelo más innovador y nos trae fuentes de ingreso adicionales», asegura Antonio Calvo, director de Sostenibilidad de Red Eléctrica.

La compañía ha diseñado una hoja de ruta con acciones concretas enfocadas a mejorar en diferentes dimensiones, entre ellas, residuos cero y plásticos cero, con resultados como la reducción de su volumen de residuos, generando 4,7 veces menos de desechos en los últimos dos años. La estrategia Residuo 0 busca que los residuos que no puedan reducirse sean transformados en materias primas de nuevos productos de una forma económica y ambientalmente rentable. En diez años el grupo tiene como objetivo no llevar ninguno de sus residuos a vertedero y además reducir a cero los residuos de tierras contaminadas. Por otro lado, la estrategia Plástico 0, tiene por objetivo que en 2030 la compañía solo emplee equipos y materiales sin plásticos de un solo uso y embalajes reciclados, reciclables y reutilizables. Grupo Red Eléctrica calcula que con estas y otras medidas disminuirá el consumo de agua en oficinas y centros de trabajo a 6,5m3 por persona al año y en un 40% sus emisiones de alcance 1 y 2 por MWh transportado, en el 2030, respecto al 2015.

El reciclaje, un escudo del planeta

Reciclaje y medioambiente siempre han ido de la mano. Sin el primero, el segundo estaría cada vez más desprotegido y más expuesto ante la acción del ser humano. Es indiscutible que la manera en la que gestionamos nuestros residuos afectan al planeta de una forma u otra. Pero también a nosotros mismos.

Así lo apuntan algunos estudios como el Global Environment Outlook 6 –presentado por la ONU en 2019 y realizado por un equipo de 250 científicos y expertos de más de 70 países–, que concluye que la contaminación de las aguas, provocada en gran parte por los residuos plásticos, será una de las principales causas de mortalidad en el mundo en el año 2050. Ante estos datos, la gestión adecuada de los residuos y el impulso del reciclaje ya no son una opción: se han convertido en una obligación.

Aunque en las últimas décadas se han dado pasos en la dirección correcta en el camino de la concienciación ciudadana, aún estamos lejos de llegar a la meta. Por eso, cada 17 de mayo celebramos el Día Internacional del Reciclaje; porque es necesario recordar y concienciar sobre la importancia que el reciclaje tiene en nuestras vidas, siendo una de las herramientas más eficaces que hay para luchar contra el cambio climático.

Y eso ya se conocía hace más de tres décadas años, cuando los movimientos ecologistas de los años 70 y 80 comenzaron a denunciar la inacción política respecto a la protección del planeta. No obstante, a pesar de que el origen de este día parece estar en Estados Unidos en 1994, su recorrido está muy ligado al Día de la Tierra, que se empezó a celebrar unos años antes. Fue precisamente en la primera efeméride de la conmemoración cuando salió a la luz el famoso logo del reciclaje que hoy todo el mundo reconoce. Fue creado por Gary Anderson, un estudiante de la Universidad de California que se presentó a un concurso para crear un logotipo que celebrase tal fecha. El resultado ya lo conocemos: una composición sencilla, con tres flechas entrelazadas que representan el ciclo del reciclado. Este es: separar los materiales reciclables, fabricar nuevos productos con ellos y que los consumidores lo vuelvan a comprar.

Con el paso de los años, reciclar se ha convertido en un hábito y la sociedad española parece ser una de las más concienciadas. Sin ir más lejos, según datos de Ecovidrio, 2018 fue un año récord para los envases de vidrio y plástico. El vidrio alcanzó una tasa de reciclaje del 76,5%, tres puntos y medio porcentuales más que en el año anterior, mientras que los envases de plástico llegaron al 75,8%, casi siete puntos más que en 2017 (69%). En cuanto al reciclaje de papel y cartón, este llegó al 80%, y los envases metálicos como las latas de refresco o cerveza superaron el 85%. Los datos brutos en España son buenos, pero no debemos bajar la guardia. Todavía nos queda mucho por aprender; al final de la cadena del reciclado está el planeta y su último eslabón somos nosotros.

La economía circular, más allá del reciclaje

En las últimas décadas, desde las diferentes administraciones y con la ayuda de la sociedad civil se ha trabajado de manera firme en forma de legislación y con campañas de formación ciudadana para incluir en nuestro día a día unos hábitos de reciclaje idóneos. Pero lo que hace años conocíamos exclusivamente como reciclaje ha evolucionado hacía un concepto más amplio que aglutina todo el sistema de producción: la economía circular. Este concepto relativamente nuevo incluye acciones como el uso eficiente de materias primas o la optimización de recursos energéticos. Algunos hablan de las conocidas como “nueve erres”, que definen el ciclo completo de la economía circular: repensar, rediseñar, refabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

En los últimos meses, la Unión Europea se ha convertido en un referente de la economía circular con la presentación del European Green Deal, cuya hoja de ruta apuesta con fuerza por la economía circular. En concreto, el pasado mes de marzo se presentó en el Parlamento Europeo el Nuevo Plan de acción de economía circular, enmarcado dentro del European Green Deal, y que tiene como objetivo alargar el ciclo de vida de los productos.

El reto de la UE en este campo es importante, ya que la economía europea sigue siendo casi enteramente lineal. Según Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea y responsable del European Green Deal, “solo el 12% de los materiales y recursos secundarios vuelve a entrar en la economía”. El objetivo de la Unión es el de transformar los métodos de fabricación de los productos y empoderar a los consumidores para que puedan elegir siempre opciones más respetuosas con el medio ambiente que ayuden a conservar el planeta. Con este plan, la economía circular seguirá arraigando en la Unión Europea: será su nuevo modo de entender la economía.

¡Eres necesario! Recicla y aporta tu granito de arena

Y para conseguir transformar nuestro modelo productivo hacia uno más sostenible, nuestro papel será vital. Reciclar es fácil: solo requiere un poco de compromiso con el medioambiente y que todos ayudemos desde casa en la medida de lo posible. Aunque Internet está lleno de trucos y consejos para hacer nuestro día a día con el reciclaje más llevadero, nosotros te proponemos algunos a continuación:

Diferentes contenedores para diferentes residuos: si tienes espacio, tres cubos de basura pequeños son suficientes para reciclar en casa los envases: plástico, cartón y vidrio. Los colores los podemos elegir nosotros y es recomendable siempre usar bolsas de basura para mantener el higiene. Si no tenemos hueco para poner tres cubos, podemos dividir un cubo en tres con diferentes bolsas. No cabrán los mismos residuos que en cubos diferentes, pero la función que cumple es la misma.

Colocar etiquetas en cada cubo. Porque aunque ya nos sepamos de memoria lo que significa cada color, nunca está de más prevenir y asegurarnos que nunca se nos va a olvidar que va en cada lugar. Incluso la etiqueta puede ser del mismo color que el cubo para asimilar los colores más rápidos.

Reducir el tamaño de los envases. Doblar los cartones de la leche, por ejemplo, o estrujar las latas de refrescos, harán que el espacio que ocupan estos envases sea menor y podamos acumular más residuos antes de renovar la bolsa.

Leer la etiqueta de los envases. La mejor forma de saber qué va a cada sitio, es asegurarnos de lo que nos indica cada producto. La mayoría de estos informan de sus materiales utilizados e incluso te indican el contenedor al que corresponden.

Reutilizar. Probablemente el más importante de todos. Antes de reciclar cualquier producto, podemos ver si nos sirve para darle un segundo uso. Por ejemplo, un envase de vidrio lo podemos reciclar como vaso, jarrón o incluso para guardar legumbres o pasta.

Cuidado con los artículos especiales. En nuestro día a día usamos productos que no podemos incluir en ningún contenedor de los que tenemos en casa pero que son igual de importantes de reciclar. Las pilas, los electrodomésticos y los medicamentos caducados son algunos ejemplos.

Economía circular: una oportunidad para construir un futuro sostenible

“El presente modelo económico lineal de ‘extraer, producir, desperdiciar’ está llegando ya al límite de su capacidad física”. Desde la Fundación Ellen MacArthur, una de las principales plataformas defensoras de la economía circular a nivel mundial, se muestran así de tajantes. El aumento de la población y el crecimiento del bienestar ha elevado la demanda de los recursos naturales a niveles insostenibles. Las cifras avalan sus palabras: de seguir con los ritmos actuales de producción y consumo, se calcula que de aquí a diez años necesitaremos lo equivalente a tres planetas para satisfacer a una población mundial en crecimiento. Por eso, la transición ecológica, para ser justa, debe venir de la mano de una profunda transformación del modelo económico que tenga en cuenta la naturaleza finita de los recursos.

En el contexto actual, el impulso de la economía circular –representada en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 12, que promueve modalidades de consumo y producción más sostenibles– juega un papel fundamental a la hora de redefinir un nuevo sistema de crecimiento sostenible. Y, aunque todavía falta un buen número de peldaños hasta alcanzar la cima, tanto el sector público como el privado están comenzando a pisar el acelerador.

El Club de Excelencia en Sostenibilidad ha puesto en marcha una serie de jornadas sobre Economía Circular

Con el fin dar a conocer los avances en materia de economía circular, el Club de Excelencia en Sostenibilidad -la asociación empresarial líder en crecimiento sostenible-ha puesto en marcha una serie de jornadas en la que empresas y administraciones públicas compartirán sus buenas prácticas en las regiones de Castilla y León, Aragón, Cataluña, Valencia y Andalucía.
El primer evento se ha celebrado hoy en Valladolid y ha contado con la participación de representantes de Mahou San Miguel, Red Eléctrica, Renault, Placo Saint- Gobain y FCC, que han detallado de qué manera están incorporando la economía circular en sus modelos de negocio.

Reciclar, reutilizar, reducir. Las “3R” sobre las que se sustenta la economía circular han ido ganando peso en las actividades empresariales, aunque cada una ha incluido el modelo circular de una manera particular en sus estrategias de sostenibilidad. En esta línea, el Grupo Red Eléctrica se ha fijado, como parte de su modelo de negocio, el objetivo de ser una empresa líder en economía circular en 2030. Para ello, ha diseñado una hoja de ruta que contempla diferentes acciones que ayudarán a la compañía, desde un enfoque transversal, a impulsar la circularidad internamente y a movilizar al resto de actores clave.

Red Eléctrica ha comenzado ya a implantar un paquete de medidas para avanzar en la integración de la economía circular en sus procesos internos. Estas iniciativas abarcan desde la gestión de agua, suelos o residuos –con el fin de valorar estos últimos al completo– al consumo de recursos naturales y la eficiencia energética en los procesos.

También a lo largo de esta década, Mahou San Miguel enfocará su estrategia hacia una apuesta por la agricultura sostenible, el consumo de energías 100% renovables y la promoción de autogeneración energética. Es más, este año se ha propuesto reducir la huella de carbono en un 10% y otro tanto de su consumo de agua para 2025. La cervecera también espera valorizar el 99,87% de los residuos que genera.

Por su parte, FCC ha orientado sus acciones hacia los cultivos de biocombustible en vertederos como punto de partida para reutilizar, reciclar y apostar por las energías verdes, además de potenciar la movilidad sostenible y cero emisiones gracias a la utilización de vehículos eléctricos e híbridos para la recolección de residuos urbanos.

Red Eléctrica ha comenzado a implantar un paquete de medidas para integrar la economía circular

Renault, en la misma línea, promoverá una movilidad sostenible que reemplace el actual sistema de consumo de combustibles fósiles y sustituya, de paso, la manera en la que entendemos las ciudades. Placo Saint-Gobain apuesta ya por la recuperación de residuos de placa de yeso laminado, que pueden reciclarse al completo y de manera indefinida. Su intención última es clara: reintroducir este material en el proceso productivo y darle una segunda –e, incluso, tercera– vida.

Las alianzas entre empresas y entidades públicas para lograr que de aquí a 2030 todos los materiales y los procesos de producción sean circulares y sostenibles son imprescindibles para la economía del futuro. Porque, parafraseando a Ellen MacArthur, solo así conseguiremos el cambio sistémico que nuestro planeta necesita para sobrevivir.

Siete 'imprescindibles' que no pueden faltar este 2020 en el armario de la sostenibilidad

Ilustración: Valeria Cafagna

El Año Nuevo trae consigo un cambio de década. Acabamos de estrenar los flamantes –¿y felices?– años 20 del siglo XXI, una época marcada, sin duda, por la lucha contra la emergencia climática. Aunque los negacionistas se siguen empeñando en disfrazar la realidad, las empresas tienen que adquirir responsabilidades. No importa su tamaño o su localización, es tarea de todos ponernos manos a la obra para ganar la partida y hacer posible el reto de la transición ecológica.

Por eso, empezamos 2020 recordando siete ‘imprescindibles’ que no pueden faltar en el ‘armario’ de las compañías que quieran liderar la batalla contra el calentamiento global. Estos son nuestros must have de 2020? ¿Te apuntas?

1. Pon en marcha la calculadora que mide tu huella ecológica (y sé ecoeficiente)

A todos se nos da muy bien definir metas. Dejar de fumar, acudir al gimnasio, cambiar el estilo de vida… Sin embargo, ¿quién las cumple? Algo similar ocurre en el mundo empresarial. Por eso, más allá de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al capítulo de estrategias anuales, es imperativo que las compañías midan sus compromisos, para que todos conozcamos hasta qué punto son capaces de cumplirlos.

Un primer paso para conseguir alcanzar los objetivos de sostenibilidad pasa porque todos los empleados sean conscientes del rastro que deja la huella de carbono en la actividad diaria. Para ello, el Ministerio de Transición Ecológica ofrece una herramienta que ayuda a estimar las emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernadero de una organización.

De esta manera, resulta mucho más sencillo elaborar un plan de acción que reduzca el impacto medioambiental de la actividad económica y marque la senda para ser más eficientes y ecológicos.

2. Apuesta por la tecnología sostenible y garantiza el mejor futuro para el progreso

Vivimos en la era de la digitalización y la cuarta revolución industrial avanzará con brío durante este 2020. Por eso, no podemos olvidarnos del motor que mueve (y moverá) el mundo: la tecnología –y si es sostenible, mucho mejor–.

Las tecnologías serán sostenibles si son capaces de emplear menos energía y consumir menos recursos para ejecutar las mismas labores. Además, deberán poder reciclarse, o reutilizarse, una vez concluido su ciclo de vida.
Digitalización, sí, pero respetuosa con el medio ambiente. Como aconseja la Organización de Estados Iberoamericanos "potenciemos tecnologías básicas susceptibles de favorecer un desarrollo sostenible que tenga en cuenta, a la vez, la dimensión local y global de los problemas".

3. Cuida el capital natural, la naturaleza es ese bien propiedad de todos

El capital natural es el ecosistema que sustenta una economía sostenible y respetuosa con el hombre. Su protección marca, o debería marcar, la viabilidad de una empresa o negocio.

Sin embargo, tal y como asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el actual modelo económico descuida nuestro entorno, olvida la naturaleza y muchas veces relega a un segundo plano el cuidado de los medios naturales buscando solo el éxito o la rentabilidad inmediata. Por suerte, cada vez son más las organizaciones que entienden lo limitados que son los recursos de la Tierra. Para tomar cartas en el asunto, la FAO ha creado un protocolo de capital natural como herramienta para que las empresas tomen conciencia de la repercusión de su actividad en el entorno. ¿Serán capaces todas ellas de incorporarlo y marcar la diferencia?

4. Dale una vuelta de tuerca a la economía circular

La mentalidad de usar y tirar está en peligro de extinción. Los jóvenes ya han empezado a apostar por una cultura de la reutilización que está permeando todas las actividades de la sociedad y, cada vez más, la de las empresas. La verdad es que las señales que nos envía el planeta son claras: necesitamos reciclar y reutilizar, dejar de desechar todo aquello a lo que aún se le puede dar vida y frenar el consumismo voraz que ha caracterizado las últimas décadas.

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica —derivada de la actividad humana— provoca siete millones de muertes anuales, lo que corresponde al 12% de los fallecimientos en todo el mundo. Además, la ONU estima que la población mundial seguirá creciendo hasta los 8.600 millones durante los próximos diez años. La lógica utilizada hasta ahora nos dice que a más población, más contaminación, lo que provocará que los estragos del cambio climático sean mayores y, por tanto, el número de refugiados y desplazados climáticos podría aumentar hasta los 200 millones de individuos en los próximos 30 años.

Si analizamos fríamente esta cifra, parece adecuado afirmar que repensar la economía circular podría ser una manera de darle un respiro a un planeta cada vez más asfixiado por nuestro comportamiento consumista. Lo vintage, lo slow (sea fashion, arquitectura o vida), el reciclaje y la reutilización serán clave en el desarrollo de las empresas y de nuestro día a día en 2020.

5. Apúntate a la moda ecofriendly: aunque no lo parezca, hay vida más allá del plástico

2020 es el año en el que toca aprender a ser eficientes ecológicamente hablando. Como individuos, nuestro paso por el planeta deja una huella similar a la que trazan nuestras pisadas sobre la nieve, el barro o la arena mojada, pero más devastadora. Por eso, llevar una vida ecofriendly tiene que convertirse en nuestro principal propósito tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Para ello, Oxfam Intermón aconseja que se empiece por reducir el desperdicio de comida y el derroche de electricidad con gestos tan sencillos como apagar la luz al salir de una habitación, tener en cuenta las fechas de caducidad a la hora de hacer la compra o aprovechar al máximo los alimentos a la hora de cocinar. Además, el reciclado de los envases y la reducción del uso de los mismos son clave a la hora de adquirir hábitos sostenibles.

Estos tips también se aplican al lugar de trabajo: optar por transporte poco contaminante o público, reutilizar los tuppers y cubiertos, adecuar la vestimenta a la época del año para evitar subir las temperaturas de calefacciones y aires acondicionados y prolongar la vida de los aparatos electrónicos con un uso y cuidado adecuados son acciones sencillas y mucho más eficaces de lo que pudieran parecer a simple vista. Es más, si tienes hijos, recuerda que eres su modelo a seguir: lo que tú hagas será lo que ellos repliquen. Así que es esencial apostar por un ocio familiar sostenible, enseñar a amar la naturaleza y fomentar la donación de juguetes que ya no se van a utilizar.

6. Pon tu capital al servicio de los proyectos más sociales de la comunidad

Los bonos verdes y las inversiones con impacto social están cada vez más de moda. Muchos grandes inversores ya buscan que su dinero se ponga al servicio de proyectos socialmente relevantes. Según la agencia Moody’s este tipo de bonos apenas representaba el 0,4% sobre el total de emisiones globales a principios de 2015, mientras que en 2019 ascendieron al 4%. Es más, en el primer trimestre del año pasado la emisión mundial de bonos verdes fue de 47.200 millones, un 40% más que en el mismo periodo del año anterior.

Además, España ocupa ya un honroso séptimo lugar en el mundo como país emisor de este tipo de activos. Está claro que las inversiones socialmente responsables son el futuro, pero ¿en qué consisten? En realidad, se parecen mucho a las inversiones de toda la vida, pero con un objetivo que va más allá del lucro del inversor: exigen que los proyectos que se financien estén alineados con los ODS y generen un impacto positivo en la comunidad. Lo más habitual es que se trate de proyectos de energías renovables, eficiencia energética, transporte verde o limpio, prevención o lucha contra la contaminación o gestión sostenible de recursos. Hay mejor manera de invertir el dinero?

7. Hablar en “verde”, porque el lenguaje también importa

La manera en que hablamos y escribimos sobre asuntos tan relevantes como la emergencia climática condiciona (y determina) nuestra manera de afrontar la crisis. Por eso, son muchos los medios de comunicación, instituciones académicas y empresas que reivindican una nueva narrativa medioambiental.

Diarios tan relevantes como el británico The Guardian han hecho un alto en el camino de la actualidad para reflexionar y repensar cómo tratar e ilustrar las noticias relacionadas con la crisis climática. Y no son los únicos. 2019 se despidió con una nueva narrativa en la que ya no se habla de cambio climático sino de emergencia o crisis, y los negacionistas son eso, y no escépticos o críticos con el problema medioambiental.

Además, el arte y la ficción se asocian al movimiento ciudadano para concienciarnos, con su propio lenguaje, en la lucha climática. Un ejemplo lo tenemos muy cerca. En España, el Instituto Mutante de Narrativas Ambientales de Matadero (Madrid) impulsa proyectos sobre la crisis planetaria desde un punto de vista artístico, argumentando que “los actuales retos planetarios requieren saberes basados en la inteligencia colectiva que exceden las disciplinas, capaces de provocar y acompañar transformaciones culturales y políticas”. Ciencia, innovación tecnológica y arte unen sus manos con el storytelling y las humanidades para crear soluciones creativas a la emergencia a la que nos enfrentamos.

Cigarrillos circulares: cuando las colillas son un recurso

Tobacco planted at the farm on a bright blue day.

En todo el mundo existen unos 1.100 millones de fumadores adultos que consumen cerca de seis billones de cigarros cada año. Esto se traduce en la generación de cerca de 800.000 millones de toneladas de colillas que, en su mayoría, acaban en las calles, las playas o los mares. Sin ir más lejos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el peso de este tipo de residuo alcanza aproximadamente las 175.200 toneladas anuales. Imaginemos pues, que todas esas colillas pueden rescatarse y reutilizarse para crear un nuevo recurso energético. ¿No contribuiría al desarrollo de la economía circular?

De esta reflexión nació Eco2Logic, una startup genovesa que aprovecha el filtro no biodegradable de los cigarros para obtener carboncillo. Según explica Fabio Corradi, uno de los cuatro impulsores de la iniciativa, la idea surgió en la universidad. “Veíamos los ceniceros de la facultad lleno de colillas. En el grupo fumábamos todos y, casi como un juego, empezamos a plantearnos cómo podíamos resolver el problema”, sostiene.

Eco2Logic utiliza la carbonización hidrotérmica para convertir las colillas en carboncillo

El grupo de jóvenes comenzó entonces a barajar de qué manera podían obtener combustible ‘ecocompatible’. O dicho de otro modo, cómo generar energía a partir de un método de eliminación de desechos de bajo impacto medioambiental que permita transformar las boquillas de los cigarros y la nicotina en carbón.

Encontraron la respuesta en la carbonización hidrotérmica. “Se trata de un proceso químico de pirólisis que funciona en agua caliente -a una temperatura entre 180ºC y 220ºC- y que permite transformar la biomasa en un compuesto químico”, detalla Corradi y añade que, luego, ese carbón se utiliza para obtener pigmentos para la pintura industrial.

Hace un par de años, un grupo de investigadores de la Universidad de Nottingham, en Reino Unido, también exploró las posibilidades de sacar provecho de la cantidad de colillas que producimos. Según expusieron en un estudio, los carbones derivados de las boquillas de los cigarros tienen una gran capacidad de almacenamiento de hidrógeno, lo que las convierte en un elemento potencialmente útil para la transformación de materia orgánica en carbón.

Desde Eco2Logic subrayan que su objetivo no es reemplazar los sistemas tradicionales de eliminación de residuos como, por ejemplo, la incineración. De lo que se trata es de optimizar el proceso para favorecer la reducción de emisiones de sustancias nocivas y gases de efecto invernadero. Por su labor en investigación y su contribución a la economía circular, en 2017, la empresa fue galardonada con la Smartcup Liguria. Y es que a pesar de que todavía no se ha desarrollado un combustible 100% sostenible obtenido a partir de las colillas, las posibilidades que presenta este desecho son prometedoras. Al menos, en un futuro basado en la economía circular.

Economía circular: no lo llames residuo

desechos

Comprar, usar y tirar. Se necesitan tan solo estos tres verbos para resumir las dinámicas de consumo que han marcado prácticamente toda la historia de la humanidad. Sin embargo, en los últimos años se ha añadido una acción más: la de reutilizar. Su ejecución es imprescindible si se quiere garantizar la sostenibilidad de los recursos naturales y salvaguardar así la supervivencia del planeta. Porque ¿has pensado alguna vez en la cantidad de residuos que se generan a diario? Basta con observar las toneladas de desechos que se producen en los núcleos urbanos, las zonas más pobladas del mundo, para hacerse una idea de la ingente cantidad de basura que creamos.

Según datos del Banco Mundial, solo en 2016 se generaron más de 2.000 millones de toneladas de desechos en las ciudades, lo que equivale a 0,74 kilos por persona al día. Y las cifras, lejos de menguar, van en aumento en la medida en que crecen las ciudades: Naciones Unidas estima que, de los casi 10.000 millones de personas que poblarán el mundo en 2050, el 68% vivirá en las metrópolis. Al mismo tiempo, seguirán aumentando los residuos urbanos, que se prevé que superen los 3.000 millones de toneladas para la fecha.

En 2016 se generaron más de 2.000 millones de toneladas de residuos en las ciudades

Así, uno de los grandes retos de las sociedades del futuro es reciclar la mayor cantidad de desechos posibles y convertirlos en recursos que se utilicen para generar energías alternativas menos contaminantes. Para ello, es necesario repensar el modelo de producción y consumo, y optimizar los servicios públicos de recogida, transporte y tratamiento de residuos urbanos.

La Unión Europea propone una solución: una gestión de residuos inteligente. Se trata de un objetivo que queda recogido en la iniciativa Horizonte 2020, el programa marco de investigación e innovación de la Unión, que señala que, para alcanzar un crecimiento económico fuerte y sostenible, es crucial el desarrollo de las smart cities. Eso sí, siempre con la vista puesta en una Europa ecológica y competitiva que sea además circular tanto en el diseño como en la producción, el consumo y la gestión de recursos. Dicho de otro modo, la Unión Europea pretende que la circularidad sea el nuevo paradigma.

En algunas ciudades europeas ya se pueden apreciar los esfuerzos de los Gobiernos por fomentar una economía basada en el desarrollo pero que conserve y mejore el capital natural, y optimice el uso de los recursos. Es el caso de Holanda, que ya en 2010 superó el objetivo 2020 marcado por la UE de reciclar el 50% de los residuos urbanos y presentó un balance neto en emisiones de gases de efecto invernadero en esta actividad. Y es que, como consecuencia de la falta de espacio y la preocupación por el medio ambiente, desde 1995 en el país existe una tasa que penaliza el vertido de basura.

Viena y Ámsterdam son pioneros en la gestión inteligente de residuos

 

Ámsterdam es también pionera en el sector: a principios del siglo XXI puso en marcha la planta de incineración Vuilverbranding Amsterdam Noord, una infraestructura cuyo objetivo es generar la electricidad que luego se utiliza, entre otras cosas, en las calefacciones y agua caliente de hogares y negocios. A día de hoy produce más de un millón de megavatios de electricidad al año, cantidad suficiente para abastecer a unos 320.000 hogares.

La capital austriaca es otro ejemplo de cómo los residuos urbanos pueden ser un combustible limpio que genera energía. La planta Spittelau de Viene procesa cada año 250.000 toneladas de desechos urbanos que tras incinerarse se transforman en energía. Con otra perspectiva, la Administración de Londres impulsó en 2011 (y hasta 2016) el proyecto The Great Recovery, un plan en el que participaron diseñadores, químicos, emprendedores, innovadores, académicos, consumidores e incluso legisladores, y que surgió con el objetivo de hacer frente a los desechos urbanos. Se trataba, como rezaba el eslogan, de transformar los desafíos en oportunidades a través del diseño y de crear valor donde antes solo había pérdidas. Para lograrlo, deconstruyeron los sistemas de fabricación —desde el diseño original hasta el producto final—, buscando rutas alternativas para cerrar los ciclos. En su informe final, una de las conclusiones más llamativas fue que más del 80% de los productos se desechan tras los seis primeros meses de uso.

Ante estos datos, parece evidente que uno de los campos en los que podemos empezar actuar es en la economía circular: darle una vida más larga a los productos y, de esta manera, reducir la cantidad de residuos generados es, sin duda, el pasaporte necesario para la sostenibilidad del planeta.