Etiqueta: cambio climático

15 ‘influencers’ contra el cambio climático

La emergencia climática es uno de los grandes retos de nuestra generación. Según los expertos, ya hemos dejado atrás la década en la que podríamos haber revertido las consecuencias del cambio climático en su totalidad, pero desde Naciones Unidas aún se muestran optimistas: quedan diez años para cumplir con la Agenda 2030 y garantizar así, el desarrollo sostenible del planeta.

Fruto de la amplia concienciación de la sociedad civil, que se hace cada vez más patente, han surgido numerosos referentes que se han convertido en líderes y fuente de inspiración para el resto de la población y, especialmente, los más jóvenes. Personalidades de todas las edades, expertos en diferentes áreas y pequeños emprendedores se han convertido en verdaderos influencers contra el cambio climático. Estos son algunos de ellos. 

Bill Gates

La mejor manera de ayudar a los países más vulnerables a atajar el cambio climático es, según el fundador de Microsoft, asegurándonos de que tienen la capacidad de garantizar la salud de su población. A través de la Fundación Bill y Melinda Gates, el filántropo estadounidense apuesta por la innovación para mejorar las condiciones de vida en los países más vulnerables y que, a fin de cuentas, son los que más sufren las consecuencias del calentamiento global.

Ellen MacArthur

La exregatista británica es una de las máximas defensoras de realizar un cambio del modelo económico actual hacia uno más circular. En 2009 MacArthur creó una fundación sobre economía circular que lleva su nombre y que, desde entonces, trabaja para que esa transición se lleve a cabo antes de que sea demasiado tarde para el planeta.

Alexandria Ocasio-Cortez

La joven política neoyorkina llegó al Congreso en 2018 para situar el cambio climático y el fin de las desigualdades en la agenda política estadounidense. Su Green New Deal, un acuerdo que busca garantizar una transición ecológica justa, supuso el pistoletazo de salida a los planes verdes que se han desarrollado en los últimos años en el país. Pero la congresista demócrata no solo moviliza a su electorado por el cambio climático; la defensa de los derechos sociales y civiles, los derechos LGTBi+ o el feminismo también forman parte de su discurso.

Billie Eilish

“Podríamos pararlo, pero no vamos a hacerlo porque todo el mundo es muy vago”. Así de rotunda se muestra la cantante estadounidense cuando habla (o canta) sobre el cambio climático. Y es que Eilish ha decidido utilizar su música como un altavoz para denunciar la inactividad política en la protección del medioambiente y hacer un llamamiento a la lucha contra la crisis climática. Además, la cantante predica con el ejemplo: no utiliza plástico en sus conciertos, trata el tema en sus canciones y en los últimos meses ha llevado a cabo alianzas con organizaciones sin ánimo de lucro para sensibilizar y concienciar sobre la importancia de frenar el calentamiento global.

Jon Kortajarena

Su mensaje es claro y conciso: “El planeta no soporta más demoras en lo que es un derecho y una obligación. Esto se nos va de las manos”. Con estas palabras el modelo español agradecía el año pasado haber sido reconocido por The Climate Reality Project, la fundación de Al Gore, por su activismo contra el cambio climático. Desde hace tiempo, Kortajarena utiliza sus redes sociales para acercar la problemática del calentamiento global a sus seguidores porque, como dice, necesita una solución urgente, ya que “no tenemos tiempo”.

Leonardo DiCaprio

Cuando recibió el Oscar al mejor actor en 2016 por su papel en El renacido nadie se esperaba que su discurso diese la vuelta al mundo y siguiese vigente cuatro años después: “El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se ha de enfrentar nuestra especie”. DiCaprio se convirtió así en una de las personalidades de Hollywood más visibles que luchan contra la emergencia climática, y así lo demuestran sus documentales Before the Flood (Antes que sea tarde, 2016) o Hielo en llamas (2019), en los que retrata consecuencias del cambio climático como la pérdida de biodiversidad.

Greta Thunberg

Con frases como “El planeta está en llamas” o “¿Cómo os atrevéis?”, Greta Thunberg es la cara más conocida del movimiento Friday’s For Future y una de las mayores influencers de la generación Z –ya denominada generación Greta en su honor– que luchan contra el cambio climático. En 2018, Thunberg dejó de ser una adolescente sueca normal para convertirse en una de las mayores defensoras de la Tierra que existe en la actualidad.

Juan Verde

El español Juan Verde es uno de los más reconocidos especialista en economía sostenible y un acérrimo defensor del desarrollo sostenible. Asesor de Barack Obama durante su periodo en la Casa Blanca, Verde es uno de los fundadores del proyecto impulsado por el ex vicepresidente estadounidense Al Gore, The Climate Reality Project,  que cuenta ya con delegaciones en España y Argentina.

Jaden Smith

A finales del año pasado, el rapero, actor y emprendedor, hijo de los también actores Will Smith y Jada Pinkett Smith, se unió a millones de jóvenes a lo largo y ancho del mundo en las masivas movilizaciones por el clima llevadas a cabo durante la COP25 celebrada en Madrid. Pero antes de eso, el joven estadounidense ya había protagonizado charlas con Greta Thunberg y Al Gore sobre los peligros del calentamiento global. Además, Jaden Smith y su padre han fundado una empresa de agua embotellada ecofriendly y han lanzado una colección de ropa sostenible con la marca G-Star RAW.

View this post on Instagram

Just

A post shared by Jaden Smith (@c.syresmith) on

Marina Testino

El ARTivismo se basa en despertar la conciencia de las personas a través de un arte que invite al activismo. Y eso es exactamente lo que hace esta modelo y diseñadora que solo trabaja con marcas ecológicas y sostenibles.  A través de sus redes sociales, Testino aboga por un nuevo tipo de consumo mucho más responsable.

https://www.instagram.com/p/CDRlQeyDEWc/

Lauren Singer

Trash Is For Tossers (o, en una traducción bastante libre, “la basura es para pringados”) es la iniciativa editorial de una de las mayores exponentes del movimiento zero waste, la emprendedora, activista y CEO de Package Free, Lauren Singer. Acabar con los residuos es uno de los objetivos de Singer, que se ha convertido en la muestra de que es posible reducir casi al completo nuestra huella ecológica: no solo ha conseguido eliminar el plástico de su vida por completo, sino que los deshechos que ha generado en los últimos ocho años caben en un tarro de cristal.

https://www.instagram.com/p/B_XaMY_Fp-A/

José Luis Crespo

Bajo el alias @QuantumFracture, este físico se ha convertido en uno de los científicos españoles más mediáticos a través de una popular cuenta de youtube que acumula miles y miles de seguidores. En sus redes sociales Crespo explica, de manera amena y entretenida, diferentes conceptos científicos y, además, desmonta los argumentos de los negacionistas del cambio climático.

Dafna Nudelman

Esta influencer argentina es más conocida como La loca del táper y es uno de los mayores referentes del movimiento zero waste de habla hispana. Nudelman promueve en sus redes y en su blog el consumo responsable. Este año tiene previsto lanzar su primer libro La basura no existe (2020), una guía sobre cómo reducir al mínimo los residuos que generamos.

https://www.instagram.com/p/B1Pv0cCDwwm/

Paola Calasanz

Más conocida como Dulcinea, esta escritora y directora de arte decidió dejarlo todo y mudarse a un bosque. Así nació su proyecto Reserva Wild Forest, una organización sin ánimo de lucro y santuario animal en la provincia de Barcelona donde se recuperan y rehabilitan animales salvajes que, por su situación específica, no pueden ser devueltos a la naturaleza.

https://www.instagram.com/p/CC8W8DNjRUW/

Rocío Vidal

Más conocida como La gata de Schrödinger, esta periodista científica utiliza las redes sociales y su canal de YouTube para comunicar y divulgar conocimiento científico desde el escepticismo y el humor. Además, aprovecha su altavoz digital para informar a los ciudadanos sobre cómo revertir las consecuencias del cambio climático.

Estrategia Española de Economía Circular 2030: ¿quién más se sube al barco?

En una nueva apuesta por la construcción de una sociedad fundada, ante todo, en los principios del desarrollo sostenible, el Consejo de Ministros aprobó a comienzos de junio la Estrategia de Economía Circular y el anteproyecto de Ley de Residuos. Este plan pretende convertirse en la hoja de ruta que impulse un nuevo esquema de producción y consumo de larga duración, en el que el valor de los productos, los materiales y los recursos empleados se mantengan dentro de la economía durante el mayor tiempo posible. Se trata de un plan dirigido hacia una mínima generación de residuos y a la mayor valorización de aquellos residuos cuya generación no se puede evitar.

Al igual que otros proyectos de ámbito continental o internacional, como el European Green Deal y la Agenda 2030, la Estrategia de Economía Circular se enfoca de cara al año 2030 a través de sucesivos planes de acción trienales que, aún por desarrollar de manera específica, permitirán ejercer los ajustes necesarios para culminar la finalización de los objetivos propuestos. Entre estos se encuentran, por ejemplo, la reducción de emisión de gases de efecto invernadero por debajo de las 10 millones de toneladas de CO2 equivalente, el aumento de la eficiencia en el uso de agua alrededor de un 10% o la reducción de residuos en un 15% respecto de lo generado durante el año 2010.

De este modo, los seis sectores prioritarios de actividad económica en los que se centra esta estrategia son: la construcción, el sector agroalimentario, el pesquero y forestal, la industria, los bienes de consumo, el turismo y, por último, el textil. En esencia, se trata de lograr una economía sostenible, descarbonizada, que sea eficiente en el uso de los recursos y mantenga la competitividad.

La Estrategia de Economía Circular y sus reflejos globales

La dirección tomada por el gobierno de España en materia de sostenibilidad y desarrollo ecológico no representa, desde luego, un salto al vacío. Más bien al contario: se enmarca dentro de un contexto internacional lleno de propuestas —y ambiciones— similares.

Uno de los ejemplos más evidentes surge de las tierras nórdicas europeas, en Noruega, cuya Ley del Cambio Climático establece como objetivo el convertirse en el año 2050 en un país que cuente con una huella de carbono neutra. Asimismo, otra de las metas noruegas es la reducción de gases de efecto invernadero en 2030 hasta en un 40% respecto a los números base analizados en 1990. En este sentido, el Estado noruego se ha adelantado a la mayoría de países, habiendo establecido estas medidas ya en 2017. Además de esta pieza legislativa, Noruega ha tomado también otras medidas similares, como el Acuerdo NOx relativo al límite impuesto a empresas privadas para las emisiones de óxido de nitrógeno, o la creación de Enova SF, una empresa perteneciente al Ministerio del Clima y Medio Ambiente que contribuye no solo a la reducción de emisiones de gases invernadero, sino también al desarrollo de tecnología relacionada con el clima y el uso responsable de energía. La Ley de Control de Contaminación, que establecía una férrea gestión de los residuos, fue aprobada ya en 1998 (si bien su última enmienda, de hecho, tuvo lugar en 2017).

Noruega, Reino Unido o Japón también han puesto en marcha estrategias similares

Otros países del entorno europeo, como Reino Unido, han empezado también a desarrollar sus propias sendas de acción. Es el caso de lo que se conoce como Environment Bill, una propuesta legislativa aún no aprobada —si bien se espera que lo sea— debido a las excepcionales circunstancias creadas por el Brexit y la pandemia del coronavirus, pero cuyas propuestas se enmarcan dentro del enfoque verde adoptado por algunos países de la zona. Entre las más ambiciosas propuestas se encuentran la de mejorar la calidad del aire, encontrar un nuevo acercamiento más efectivo en relación al reciclaje y los residuos producidos y, sobre todo, el alcance de cero emisiones en el 2050.

Fuera de Europa, uno de los ejemplos en los que cabe fijarse es la Ley de Adaptación al Cambio Climático de Japón. En términos legislativos, su aprobación en 2018 supuso para el gobierno nacional la obligación de establecer contramedidas para frenar el calentamiento global. Entre estas, como en el resto de estrategias, se encuentra la de eliminar la emisión de gases de efecto invernadero. A pesar de ello, el plan ha recibido numerosas críticas debido a su supuesta “poca ambición”, ya que parte de las medidas recaerían en manos de gobiernos locales o en el “esfuerzo” de empresarios privados.  Sin embargo, no es la única actuación en este ámbito: ejemplo de ello es, sin duda, la Ley de Promoción de Contramedidas del Calentamiento Global. Esta legislación, aprobada previamente, señala que la meta de este país también es la de caminar hacia un planeta más sostenible. Afortunadamente, parece que esta tendencia dada día es más global.

La hora de las empresas

Pero si hace falta algún apoyo más para impulsar este nuevo modelo económico circular más sostenible, competitivo y respetuoso con el planeta, es el de las empresas. De todas las grandes corporaciones españolas que cotizan en el IBEX 35, hay varios ejemplos que demuestran que esta tendencia también está presente desde hace años en el mundo empresarial.

Uno de estos ejemplos es Red Eléctrica, que como parte de su modelo de negocio sostenible se ha marcado el objetivo de ser una empresa referente en el nuevo paradigma de la economía circular en 2030. Para ello, ha diseñado una hoja de ruta que, desde un enfoque transversal, ayudará a la compañía a impulsar la circularidad de manera interna y externa, movilizando a los actores claves para este proceso. Esta estrategia comprende diferentes áreas de actuación como pueden ser desde la gestión de agua, suelos o residuos –a fin de conseguir eliminar al completo la eliminación en vertedero de los mismos– al consumo de recursos naturales y la eficiencia energética en los procesos.

Red Eléctrica se ha marcado el objetivo de ser una empresa referente en economía circular

Otra empresa líder en su sector que también está comprometida con todo el proceso de la economía circular es Inditex. La textil española mantiene este enfoque en todo el proceso de creación de su ropa: diseño, producción y eficiencia energética en las tiendas. Por ello, su estrategia prima el uso de materias primas sostenibles, la elección de proveedores preferentes basados en su índice de sostenibilidad, el compromiso con las energías renovables y la vida útil del producto, al que se le intenta dar una nueva vida.

En Telefónica tienen el mismo enfoque: la economía circular es el futuro. Para ellos, el principal objetivo es reducir el consumo y llegar a ser 100 % renovables a medio plazo, por lo que necesitan el apoyo de proveedores y clientes para llevar a cabo medidas como la digitalización de la gestión los de residuos y el potenciar aún más el reciclaje. Además, esta nueva realidad permitirá aumentar el PIB nacional en un 7 %.  

Y el éxito de apostar por la economía circular es palpable. Un ejemplo claro de este triunfo es el de Ecoalf, que apuesta por utilizar la basura marina como materia prima. A través del proyecto ‘Upcycling the Oceans’’, que desarrolla en España (junto a Ecoembes) y en Tailandia (con el Ministerio de Turismo de Tailandia), ha limpiado los océanos durante los últimos años de desechos que posteriormente se reutilizan. Algunos ejemplos de esta segunda vida que se le da a la basura marina son la colección exclusiva con Apple de fundas sostenibles o los uniformes de la relojera Swatch hechos con botellas de plástico recicladas. La tendencia, como se apuntaba anteriormente, es imparable.

La educación ambiental, un pilar de la Ley de Cambio Climático

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética (PLCCTE) está un paso más cerca de convertirse en realidad. El pasado 19 de mayo, el Consejo de Ministros envió a las Cortes el primer proyecto legislativo para que España alcance la neutralidad de emisiones antes de 2050 y logre así cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. Este texto permitirá, entre otras metas, que nuestro país fije por ley sus objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases efecto invernadero en 2030 con un descenso del 20% respecto a los niveles de 1990.

Además de implicar a todos los sectores económicos en el reto de una reindustrialización más sostenible y una reducción drástica de sus emisiones, esta nueva Ley de Cambio Climático destaca por situar la educación ambiental en el centro del debate. De hecho, el octavo de sus nueve títulos está dedicado a la inclusión de la crisis climática en el sistema educativo español, ya que se trata de un aspecto que el Gobierno considera “de especial importancia” para implicar a la sociedad española en todas las respuestas frente al cambio climático y la promoción de la transición energética.

La normativa contempla que el sistema educativo español refuerce el conocimiento sobre el cambio climático

A través de cuatro puntos, la normativa contempla que el sistema educativo español refuerce el conocimiento sobre el cambio climático en las aulas –tanto en colegios como institutos y universidades– con miras a que los alumnos adquieran la suficiente responsabilidad personal y social para comprender la realidad que supone el cambio climático y puedan desarrollar en el futuro “una actividad técnica y profesional baja en carbono y resiliente frente al cambio del clima”.

En esta línea, además, se revisará el tratamiento del cambio climático en el currículo básico de las enseñanzas, siendo posible incluir cualquier elemento “para hacer realidad una educación para el desarrollo sostenible”. En las universidades ocurrirá lo mismo en aquellos planes de estudios en los que, según se especifica, “resulte coherente conforme a las competencias de los mismos”. Además, será fundamental que el profesorado tenga la formación suficiente y adecuada para llevar a cabo esta educación ambiental de manera satisfactoria, por lo que el Gobierno podrá impulsar las acciones necesarias para mejorar la formación de los docentes en este aspecto.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico también pone el foco en la formación profesional y fija en el anteproyecto que mantendrá actualizado el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales y el catálogo de ofertas formativas de FP “que capaciten en perfiles profesionales propios de la sostenibilidad medioambiental”.

La educación ambiental en Europa

Desde esta semana, el anteproyecto de Ley de Cambio Climático vuelve a recuperar -y a revitalizar con renovado impulso- un término que lleva largo recorrido en la historia educativa española. Ya en 1990, la Ley Orgánica para la Gestión del Sistema Educativo (LOGSE) planteó algunos contenidos ambientales que se fueron aplicando poco a poco en asignaturas como Conocimiento del Medio Natural y Geografía y Ciencias de Naturaleza. No obstante, no fue hasta la publicación del Libro Blanco de la Educación Ambiental en España en 1999 cuando quedaron implícitos sus objetivos y principios básicos.

En el resto de países europeos, la evolución de la educación ambiental ha sido muy dispar: depende del territorio y las medidas políticas. En el norte, Suecia y Finlandia lideran el camino: llevan introduciendo la ecología en los colegios públicos desde los noventa, alternando enseñanzas prácticas y teóricas. La formación ambiental en Dinamarca también se distribuye en un abanico multidisciplinar y variado, ya que la enseñanza escolar depende de las autoridades locales, mientras que el Ministerio de Educación controla las escuelas superiores y las universidades. En cuanto a Alemania, que estableció en 1980 sus objetivos de formación ambiental, cada uno de los 16 estados federados decide qué priorizar en los planes de educación. Este año, todas las escuelas del país deberían estar ofreciendo una asignatura por año que cubra el cambio climático desde diferentes perspectivas.

En el sur, las políticas de educación ambiental se aplican también de distinta forma. Francia tiene definida la estrategia de integración de la educación ambiental en la Circular de 1977 y apuesta por no tratarla como una rama independiente ni un tema de estudio en sí misma, sino que aboga por ampliar progresivamente el aprendizaje medioambiental en los distintos niveles educativos, desde la guardería hasta la Educación Secundaria Obligatoria. Por su parte, el Reino Unido ha desarrollado una política de educación verde más basada en la experimentación de los alumnos educando sobre el entorno y por el entorno.

También en Italia, el ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, llevó a finales del año pasado el cambio climático a las aulas tras anunciar que en el próximo curso las escuelas dedicarían 33 horas al año -en torno a una hora a la semana- a abordar la cuestión del cambio climático. El objetivo final del Ministerio es que la perspectiva verde se incluya en materias tradicionales como la Geografía, las Matemáticas o la Física para analizar los efectos de la acción humana en las diferentes zonas del planeta. Por su parte, Portugal sigue un camino muy similar al español: la educación ambiental quedó realmente integrada en la enseñanza a partir de 1986 y definida transversalmente en la reforma de 1987, que incluye definitivamente el concepto de educación ambiental. Sin embargo, todavía se plantean reformas para reforzar este aprendizaje.

Eunice Foote, la primera (e invisibilizada) científica que teorizó sobre el cambio climático

El cambio climático constituye la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta actualmente la humanidad. Aunque algunos se empeñen en negarlo, los datos están sobre la mesa y evidencian que la huella ecológica que dejamos a nuestro paso en el planeta tiene consecuencias devastadoras. De seguir con los actuales niveles de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, se espera que las temperaturas globales sigan aumentando, con todas las consecuencias para nuestra salud y la del planeta que eso conlleva.

Muchos se preguntarán por qué no lo vimos venir con antelación o por qué no actuamos antes, pero lo cierto es que ya en el siglo XIX aparecieron las primeras advertencias sobre el calentamiento global. Pero quedaron silenciadas, probablemente porque fue una mujer quien las pronunció. Eunice Foote (1819-1888), científica estadounidense, fue la primera en teorizar sobre el cambio climático. Fue ella la que alertó sobre las consecuencias que las emisiones de dióxido de carbono podrían tener sobre la temperatura del planeta. Pero la vida de Foote, como la de muchas mujeres de la época, fue un camino marcado por los obstáculos y el olvido.

Durante siglos, el científico John Tyndall se llevó un reconocimiento que le correspondía a Foote

Nació en el seno de una familia numerosa y progresista en 1819, en Goshen, Connecticut (EE. UU.). Sus experimentos, realizados en un laboratorio construido en casa, evidenciaban el ingenio de Foote. Cuatro termómetros, dos cilindros de vidrio y una bomba de vacío para aislar los gases de la atmósfera y exponerlos a los rayos solares le bastaron para demostrar que el CO2 y el vapor de agua absorbían suficiente calor como para tener un impacto en el clima. Sin embargo, la historia concedió durante más de un siglo este reconocimiento al físico irlandés John Tyndall.

Según los libros de ciencia e historia, fue Tyndall el primero en descubrir, en 1859, que las moléculas de gases como el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua (los conocidos como gases de efecto invernadero) bloqueaban la radiación infrarroja. Pero lo cierto es que Eunice Foote ya había realizado estudios al respecto. En concreto, Foote había publicado en 1856 el paper ‘Circumstances affecting the heat of sun’s rays’.

El 23 de agosto de 1856, cientos de hombres -la mayoría científicos, inventores y doctores- se reunieron en Nueva York para compartir nuevos descubrimientos, discutir avances en sus respectivos campos y explorar nuevas áreas de investigación en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Aunque Eunice Foote tenía un trabajo magnífico que presentar en esa reunión no pudo leerlo en el evento, ya que entonces las mujeres no tenían permiso para exponer sus ideas científicas. Fue su compañero de profesión Joseph Henry, profesor del Smithsonian Institution, quien presentó los resultados del estudio. Sin embargo, las pruebas quedaron fuera de las Actas y Foote fue condenada al olvido.

Sus descubrimientos únicamente vieron la luz en noviembre de ese año, cuando aparecieron publicados en una breve página y media de la revista American Journal of Art and Science. La teoría de Foote quedó en el olvido hasta 2011, cuando fue rescatada por Raymond Sorenson, un investigador independiente que dio con el artículo original que leyó Joseph Henry en aquella reunión de 1856.

Los descubrimientos de Foote se adelantaron a los estudios del momento, pero fueron relegados a un segundo plano. Por suerte ahora, aunque con mucho retraso -más de 200 años después de su nacimiento– la figura de Eunice Foote, como las de otras mujeres pioneras olvidadas, recupera el lugar que le corresponde en los anales científicos.

La COP25 arranca con un compromiso ambicioso: una ley europea para frenar el retroceso climático

Ursula von der Leyen

La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado este lunes que el próximo mes de marzo presentará una ley europea para evitar que se den pasos atrás en el camino de la neutralidad climática de la Unión Europea. La presidenta ha hecho este comunicado en el contexto de la COP25, que ha arrancado hoy en Madrid y en la que se espera que se cierren las negociaciones sobre el reglamento del Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020. 

Hace apenas unos días, el brazo ejecutivo de la Unión Europea aprobó una resolución para declarar a la región en situación emergencia climática, convirtiéndose en el primer continente en anunciar esta situación. Ahora, tras tomar posesión el domingo, Ursula von der Leyen ha puesto sobre la mesa un plan de inversiones para poner en marcha una acción climática que se sustente en la investigación, la innovación y las nuevas tecnologías. También contempla la creación de un Fondo de Transición que garantice que nadie se quede atrás en el proceso de transformación. “Esto implicará dotar de una perspectiva climática a todos los sectores económicos”, ha anunciado la comisaria.

En diez días se presentará el Green New Deal Europeo

Otro de los ejes vertebradores del discurso que la presidenta ha pronunciado frente a los mandatarios mundiales ha sido la activación de un Green New Deal europeo que, según ha asegurado, presentará de aquí a diez días. El objetivo es convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro para 2050. “Si queremos alcanzar esta meta tenemos que actuar e implementar nuestras propias medidas ahora. Porque sabemos que esta transición necesita un cambio generacional”, ha concluido la comisaria.

“Ambición, ambición, ambición”. Con estas palabras, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha inaugurado la Cumbre del Clima que hasta el próximo día 13 de diciembre reunirá a los líderes de todo el mundo. En este foro se acabarán de definir, en el mejor de los casos, los próximos pasos para cumplir con el pacto de limitar el aumento de la temperatura en 1,5°C. Por eso, el adelanto de las futuras medidas que aplicará la Unión Europea, cuando menos ambiciosas, abre la puerta al resto de las partes firmantes del Acuerdo de París y les invita a presentar unos planes de acción más combativos contra el cambio climático.

Así afecta el cambio climático a la España vacía

España vacía

En 2016 veía la luz La España vacía, el ensayo superventas del escritor y periodista Sergio del Molino que, sin saberlo, logró bautizar para el gran público un fenómeno demográfico que llevaba ya mucho tiempo afectando al territorio. Según los datos del INE, las zonas rurales de nuestro país pierden alrededor de cinco habitantes cada hora.

Con una tendencia demográfica a la concentración en grandes núcleos de población —más del 85% de los españoles vive en menos del 20% de la superficie—, los pueblos cada vez están más vacíos y su población cada vez más envejecida, sobre todo en zonas de Aragón, Galicia, Extremadura o Castilla y León. Esta última ha perdido más de 125.000 habitantes en los últimos diez años, especialmente en las provincias del oeste. Aunque su situación no es excepcional: hasta 14 provincias españolas se encuentran en estado crítico y el 80% de municipios de menos de mil habitantes corren el riesgo de desaparecer. Sin embargo, que los pueblos españoles estén cada vez más vacíos no significa que sus (cada vez menos) habitantes estén exentos de problemas como el cambio climático. Aunque las localidades más pequeñas no están expuesta a los graves impactos medioambientales asociados a las grandes urbes (por ejemplo, la contaminación producida por el trasiego continuo de vehículos), no permanecen ajenos al calentamiento global.

El 80% de los pueblos de menos de mil habitantes están en riesgo de desaparecer

El aumento de temperatura del planeta provocará —verbo que, en algunas zonas, ya se conjuga en presente— migraciones masivas de personas que forzosamente tendrán que adaptarse a las condiciones climáticas de su entorno; por ejemplo, fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, escasez de recursos o sequías prolongadas. Las zonas rurales de España, donde es habitual que el sector primario y la industria agroalimentaria sean uno de los principales pilares económicos, se verán obligadas a cambiar su manera de vivir si la temperatura del planeta aumenta sin control. Más aún si se tiene en cuenta que nuestro país está considerado uno de los más vulnerables de la zona mediterránea a los efectos del cambio. “Según un estudio, entre 2051 y 2100, ciudades como Málaga y Almería experimentarán más del doble de sequías que entre 1951 y 2000. En Murcia, en las Tierras Altas de Lorca, en Málaga en la comarca de La Axarquía o en Almería en la zona de Tabernas, encontramos que los cultivos son cada vez menos viables debido al aumento de las temperaturas, a las sequía y a que la población afectada considera su traslado a otras zonas al no encontrar otros medios de vida alternativos”, escribe Jesús Marcos Gamero, investigador de la Fundación Alternativas y miembro del Grupo de Investigación en Sociología del Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Universidad Carlos III de Madrid.

Las sequías y la escasez de agua serán especialmente graves en las zonas del sur de España

Para este experto, la idea de ayudar a repoblar la España vacía con personas procedentes de otras regiones más afectadas por el cambio climático no tiene por qué verse como algo descabellado. “Los programas de Inversión Territorial Integrada (ITI) o iniciativas como la Red Ibérica de Ecoaldeas, entre otros, dirigen de diferente forma sus esfuerzos hacia un objetivo común: revitalizar el medio rural, evitar la degradación medioambiental y, en definitiva, atraer más población, invirtiendo dinámicas demográficas negativas. Reforzar estos procesos de dinamización rural, con experiencias piloto de reasentamiento con personas procedentes de otras zonas de España afectadas por el cambio climático, debe entenderse como un paso necesario para afrontar nuestro propio futuro como sociedad”, analiza en un artículo.

Fijar la población en los territorios en riesgo de desaparecer es un imperativo para proteger el patrimonio natural, cultural y social del país; algo que pasa por aplicar políticas públicas e inversiones que garanticen el acceso igualitario de toda la población a los servicios. Si no, la despoblación y el cambio climático harán que, dentro de unas pocas décadas la ‘España vacía’ sea una ‘España fantasma’.

Sostenibilidad y finanzas, el binomio indisoluble de la transición energética

Aunque se habla de la transición ecológica como uno de los principales retos a los que tendremos que hacer frente, su puesta en marcha no es una cuestión que permita hablar de ella en futuro, sino en presente. Las empresas de todos los tamaños juegan un papel fundamental para garantizar la sostenibilidad del sistema no solamente en términos medioambientales, sino también económicos. Pero, ¿cómo pasar de un sistema a otro sin dejar a nadie atrás? ¿Cómo puede el sector financiero adaptarse a los cambios necesarios para frenar la emergencia climática? ¿Están siendo las compañías capaces de poner en valor sus modelos de sostenibilidad? ¿Qué papel están jugando los inversores en la implantación de estos modelos?  Analistas y expertos de todos los ámbitos debatieron sobre la necesidad de pasar a una economía más verde en la segunda jornada del evento Creando juntos un futuro sostenible organizado por el Grupo Red Eléctrica.



Emilio Ontiveros

 

Presidente de de AFI (Analistas Financieros Internacionales)
«Hasta ahora, algunos emisores han tenido financiación verde para hacer proyectos marrones. Cada día será más difícil hacer esto. En ello, es clave la señalización: no hay que estigmatizar la regulación porque a los mercados no se les puede dejar solos»


Carmen Gómez de Barreda

 

Consejera de Red Eléctrica Corporación y Presidenta de la Comisión de Sostenibilidad de Red Eléctrica
«Los objetivos tienen que ser aspiracionales y concretos, pero también alcanzables. Por mucho que orientes tus políticas, si no hay una actitud que impulse al cambio, no conseguiremos que los objetivos sean factibles»


Miguel Santisteve

 

Fundador y director de Leader’s Arena
«Está claro que el sistema capitalista dominante hasta hoy ha generado una desconexión entre las maneras de invertir y los retos que se nos plantean, como la emergencia climática o la desigualdad. Por eso es importante ver a compañías como Red Eléctrica implicadas en los ODS»


Mª Dolores Solana

 

Directora de Gestión de Fondos de Santander Asset Management - Banco Santander
«La sostenibilidad ha pasado de ser una alternativa de inversión de moda a ser una imperiosa necesidad, y todo lo que es necesario es rentable. En el mundo empresarial, no hay nada más verde que la ética»


Rafael García de Diego

 

Secretario general y del Consejo de Administración de Red Eléctrica 
«El consejo no puede delegar la toma de decisiones en materia de sostenibilidad porque es un compromiso ineludible de la empresa. Tampoco en materia de riesgos, que necesitan conocimiento y tiempo de seguimiento porque las circunstancias cambian».



Salomé Bouzas


Analista de Fondos y Gestión de Carteras de Tressis 

«Los dos principales retos son hacer un marco normativo para todos y facilitar que sea el cliente final el que exija que las empresas cumplan con criterios de sostenibilidad. Como podemos obligarlo, así que tenemos que hacer que sea él el que la reclame». 


Juan Prieto

 

Fundador y director de Corporance Asesores de voto (ECGS)
«Nos gusta la palabra ‘sostenibilidad’, porque indica algo claro a largo plazo en medio de la sopa de siglas, pero necesita una definición. Cada compañía debe de establecer sus objetivos dentro de sus parámetros legales y de sus inversores».


Teresa Quirós

 

Directora Corporativa Económico Financiera de Red Eléctrica
«Somos una compañía en bolsa, por lo que mantenemos un diálogo fluido con inversores, analistas y clientes. Entre ellos, cada vez más se entiende que las compañías tienen que ser sostenibles a largo plazo».


Tomás Gallego


Director Financiero de Red Eléctrica 
«Uno de los aspectos más relevantes de la transición ecológica es cómo vamos a financiarla. Red Eléctrica en 2017 acometió la primera financiación sostenible sindicada de una utility en Europa y desde entonces hemos avanzado en una regulación que nos permitirá acompañar a la transición y desarrollar emisiones verdes».


 

Enrique M. Blanco

 

Director de Financiación Corporativa e Institucional de ICO
«Además de los bonos verdes, hay que recordar que los bonos sociales también forman parte de las políticas de sostenibilidad y son parte de las alternativas que existen para financiar la transición ecológica». 


Casimir Ferrer

 

Gestor de Carteras de Renta Fija Senior y coordinador de Bonos Verdes para Europa (ISR) de Zurich Insurance
«El rating de una agencia marca tu consumo de capital y ratios de solvencia. Sería ideal que eso se integre y estandarice de aquí a unos años vista».



Fernando Torija

 

Jefe de División en España de Financiación de sector privado en el Banco Europeo de Inversiones 
«Ahora todas las compañías se están tratando de diferenciarse por temas verdes. No solo estamos viendo industrias que emiten bonos, préstamos o incluso hipotecas con las etiquetas de verde, sostenible o circular. No es una moda, es una ola imparable que durará hasta que estemos totalmente descarbonizados».


Aya Batyrbekova

 

Jefa de Departamento de ESG en ISS Corporate Solutions en Europa, Oriente Medio y África 
«Las empresas están incorporando los ODS en sus objetivos y es importante que la junta directiva esté comprometida con su cumplimiento. El consejo de administración tiene que encontrar el balance entre los objetivos y, sobre todo, identificar aquellos que les identifiquen de verdad».


¿Un mundo sin plástico?

plástico

La producción mundial de plástico ha pasado de los dos millones de toneladas en 1950 a los 348 millones en 2017. Se estima que, de esa cantidad, solo el 9% se recicla. El resultado es una fotografía desoladora: toneladas de plásticos acumuladas en las costas y en el fondo marino que deterioran la flora y la fauna autóctona. Esta alarmante situación ha hecho despertar a gran parte de la sociedad y de la industria, que han aunado esfuerzos para encontrar alternativas menos contaminantes. ¿Pero realmente es posible un futuro libre de plástico?

“Los plásticos son el principal material de la economía moderna: combinan una funcionalidad inigualable con un coste muy bajo”, recoge el informe The new plastics economy: Rethinking the future of plastics & catalysing action, elaborado por la Fundación Ellen Macarthur. Si se tiene en cuenta la variedad de materiales disponibles, en un primer momento esta afirmación puede resultar excesiva pero, con las cifras en la mano, se queda incluso corta: según datos de PlasticsEurope, solo en 2015 se generaron 8.300 millones de toneladas de este tipo de residuos, lo que, para hacerse una idea, equivale al peso de un millón de torres Eiffel. Y, de seguir a este ritmo, se estima que en 2020 se superarán los 500 millones de toneladas anuales.

Sin embargo, el foco del problema no se reduce a la producción de plásticos, sino a la gestión que se hace de ellos una vez utilizados. Gran parte de los envases de este material son de solo uso. Según recoge un estudio publicado en Science Magazine, solo el 9% del total se recicla. Del porcentaje restante, el 12% se incinera y el 79% de los residuos plásticos mundiales acaban en vertederos o entornos naturales, fundamentalmente mares y océanos.

Julio Barea (Greenpeace España): “Con cada compra, cada ciudadano emite un voto”

No es necesario hacer complicados cálculos para saber que el 79% de 348 millones de toneladas es una cantidad ingente de residuos que, a día de hoy, no se están recogiendo ni gestionando adecuadamente. Concretamente, el 80% del plástico que va a parar a mares y océanos proviene directamente de la tierra, de acuerdo con el informe Pollution plastique: à qui la faute?, publicado en marzo de este año por WWF Francia.

Cada vez con más frecuencia aparecen animales marinos en nuestras costas que han muerto tras ingerir grandes cantidades de botellas, redes o envases. Asimismo, también se han formado ‘islas de plástico’ compuestas por millones de micropartículas de este material que han alcanzado ya el tamaño de España, Francia y Alemania juntas.

La magnitud del problema, de graves consecuencias sobre los ecosistemas y sobre la salud humana, ha hecho saltar las alarmas de todos los organismos internacionales. La edición especial del Eurobarómetro que preguntaba a los ciudadanos europeos sobre su preocupación por el medio ambiente deja poco lugar a dudas sobre la concienciación ecológica en el Viejo Continente: el 87% de los ciudadanos está preocupado o muy preocupado por el impacto de los residuos plásticos en los ecosistemas, aumentando hasta el 94% en Grecia y Suecia.

Algunos de los movimientos más importantes de los últimos tiempos, como la campaña viral #DesnudaLaFruta o el resurgir del comercio a granel, son un claro ejemplo del papel que juega la ciudadanía en la búsqueda de alternativas menos contaminantes y más respetuosas con el entorno. “El ciudadano tiene mucho que decir, porque cuando hace la compra está votando: con sus elecciones de consumo le dice a las empresas y a los Gobiernos qué es lo que quiere”, señala Julio Barea, responsable de la campaña de residuos de Greenpeace España.

Nuevos materiales

 

A pesar del papel clave que juega la ciudadanía, la transición hacia un mundo con menos plásticos debe sustentarse en otros dos pilares fundamentales: los Gobiernos con leyes que regulen su producción —especialmente la de los plásticos de un solo uso— y las empresas con un cambio en su modelo productivo y de distribución.

“La industria tiene que buscar soluciones óptimas para cada caso y nuevas alternativas, pero siempre equilibrando la capacidad de reutilización y reciclado con la calidad y la seguridad que necesita un envase”, explica Carlos Enguix, director del departamento de Tecnología del Envasado del centro tecnológico Ainia. Enguix, en nombre de su equipo y empresa, considera que “los materiales plásticos juegan y van a seguir jugando un papel muy importante porque aportan perdurabilidad y sellado”. Sin embargo, defiende la necesidad de buscar con urgencia y constancia soluciones para reducir su cantidad en los envases comerciales.

Carlos Enguix (Ainia): “Los nuevos plásticos sustituirán a los tradicionales en aquellos casos en los que las condiciones de seguridad y salud estén garantizadas”

Una de las alternativas que propone Ainia al uso actual de recipientes de plástico es una bandeja cuyo exterior es de cartón y el interior está compuesto por una fina capa de plástico. De esta manera, asegura el experto, “el consumidor se encuentra con un producto que combina estética con la capacidad de conservar el producto”. Se trata de una solución “inminente” que, además de reducir la cantidad de material usado, puede reciclarse fácilmente separando ambos materiales y depositando cada uno en su contenedor correspondiente.

Lo cierto es que, aunque este nuevo envase solucione parte del problema, lo ideal sería dar con materiales que sustituyan por completo el modelo actual. El primer paso en esta dirección se dio con los plásticos biodegradables. No obstante, se trata de una solución que no ha convencido a todo el mundo porque “aún contiene partículas que se desintegran poco a poco y acaban contaminando los océanos en forma de microplásticos”, explica Barea. Por eso, desde centros expertos como Ainia se está investigando la posible aplicación de nuevos elementos que provengan de materia orgánica y sean 100% compostables.

Los bioplásticos, como el PHBottle desarrollado por Ainia, se fabrican con materiales orgánicos. “En el caso concreto de nuestro producto, a partir de los residuos de los zumos de frutas”, especifica Enguix. Tras someter los desechos a un proceso químico por el cual se sintetiza el azúcar presente en la fruta, se obtiene un polímero –PHB– que es 100% compostable. “Se usa el residuo del zumo de frutas para fabricar un envase donde meter otro zumo: es la máxima expresión de un modelo de economía circular”, argumenta el experto. Este material aún se encuentra en fase de pruebas y su uso para el gran público puede tardar en llegar, ya que su fabricación es todavía cara y las propiedades de los envases son diferentes a las de los materiales plásticos actuales, por lo que no sellan ni conservan igual.

Con todo, Enguix es consciente de los obstáculos actuales a los que se enfrenta la comercialización de plásticos procedentes en su totalidad de fuentes naturales. “Difícilmente sustituirán al 100% de los plásticos tradicionales”, asegura.  Sin embargo, de cara al futuro más cercano, incorporar este tipo de materiales en el mercado se presenta como una opción tan viable como necesaria para salvaguardar la salud del planeta… y de nosotros mismos.

Refugiados climáticos: en busca de respuestas a un desafío global

Refugiado climático, migrante ambiental, desplazado climático, refugiado ecológico, refugiado medioambiental, eco-refugiado... La terminología que hasta hace poco sonaba a nueva ahora ocupa titulares por doquier. Sin embargo, el concepto viene de lejos: fue el profesor egipcio Essam El-Hinnawi quien lo empleó por vez primera en 1985 en un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Dos dos décadas después, la Premio Nobel de la Paz Wangari Maathai lo popularizó, dándole nombre a lo que es un realidad más que perceptible.

El informe del organismo dependiente de la ONU definía a los refugiados ambientales como “aquellos individuos que se han visto forzados a abandonar su hábitat tradicional, de manera temporal o permanente debido a un marcado trastorno ambiental, ya sea a causa de peligros naturales y/o provocado por la actividad humana”. No obstante, la Convención de Ginebra (conjunto normativo que regula el derecho internacional humanitario) no contempla motivos de tipo ambiental en su concepción de refugiado, a pesar de que los desplazamientos forzados causados por fenómenos como la desertización, el aumento del nivel del mar, las sequías extremas, las inundaciones o los desastres naturales son cada vez más frecuentes.

En la última década, 26,4 millones de personas se han desplazado por los efectos del cambio climático

“Aunque han existido desde siempre, los desplazamientos actuales están relacionados ‒por lo general de forma indirecta‒ con los nuevos procesos de destrucción del hábitat y deterioro ambiental por dos tipos de dinámicas, ambas resultado de la acción humana: la crisis climática y sus impactos en forma de fenómenos meteorológicos extremos y súbitos, y los conflictos socioecológicos asociados a ‘proyectos de desarrollo’ como el extractivismo de la minería, los combustibles fósiles, la agricultura industrial, el acaparamiento de tierras y la construcción de grandes infraestructuras”, explica Nuria del Viso, investigadora de FUHEM Ecosocial.

“A ello se suma el efecto perverso de algunas iniciativas de adaptación climática que también generan un desplazamiento forzado, como es el caso del acaparamiento de tierras para cultivar biocombustibles, el llamado green grabbing, y la construcción de muros para afrontar la subida del nivel del mar que, por ejemplo, en las grandes ciudades del sudeste asiático ‒Bangkok, Yakarta o Manila‒ están generando la expulsión de la población más pobre y así hacer sitio, no solo a las infraestructuras de adaptación climática, sino también a edificios y viviendas de lujo”, apostilla del Viso.

El primer solicitante de asilo por causas medioambientales fue Ioane Teitiota, un ciudadano de Kiribati, un pequeño estado compuesto por 33 islas del Pacífico que está siendo engullido por el mar. Era 2015 y Nueva Zelanda denegó su petición. En la actualidad, muy pocos países han incorporado la figura del refugiado medioambiental a su ordenamiento jurídico. Acaso porque la mayoría de los desplazamientos ecológicos se producen en Asia, África subsahariana y algunas regiones de Centroamérica.

Aunque no hay estimaciones rigurosas, ACNUR asegura que, en la última década, 26,4 millones de personas se han desplazado forzosamente por los efectos del cambio climático. Una cada segundo. Sin olvidar que, independientemente de estas cifras, hay “personas y poblaciones, los más vulnerables, que no pueden desplazarse aunque lo deseen y se convierten en poblaciones atrapadas”, apunta del Viso.

El primer solicitante de asilo por causas medioambientales fue Ioane Teitiota, un ciudadano de Kiribati

“Estamos ante un problema de extrema gravedad. El último informe del Banco Mundial apunta a que en 2050, debido a los impactos del cambio climático, 140 millones de personas se verán obligadas a dejar sus casas. Solo el año pasado, 17,2 millones de personas tuvieron que hacerlo, y el número de afectados crece exponencialmente”, asegura Tatiana Nuno, responsable de Cambio Climático de Greenpeace España. Y las perspectivas no son halagüeñas: el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que la subida del nivel del mar en 2100 puede ser de hasta 77 centímetros, lo que expondría a millones de personas tanto a inundaciones como a colapso de infraestructuras.

De hecho, la guerra abierta en Siria desde hace ocho años no solo se explica por motivaciones políticas sino también por un malestar social fruto de las adversidades medioambientales. En 2006, una sequía extrema obligó a más de millón y medio de personas a dejar su hogar para trasladarse a ciudades como Damasco o Alepo. La drástica disminución de lluvias (hasta en un 10%) y la subida de la temperatura media del país (en 1,2 grados) motivó que más de ochocientas mil granjas fuesen abandonadas. La desolación y desamparo de esos desplazados fue uno de los factores que influyó en la detonación de las violentas protestas de 2011, que culminaron en un sangriento conflicto. A a todo ello se le suma una tragedia más: la de la discriminación.

Según múltiples informes, las mujeres son las más afectadas por el cambio climático. “En la mayoría de los casos, las mujeres no son propietarias de las tierras, aunque las trabajan. Esto, unido a su mayor vinculación al territorio y a sus descendientes, hace que tengan menos recursos que los hombres para desplazarse o adaptarse, por lo que están más expuestas que ellos a estos terribles efectos”, concluye Nuno.

Sin embargo, esta situación es todavía reversible. En la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP24) celebrada el pasado diciembre en Katowice (Polonia) se presentó un manual comunicativo sobre género y cambio climático para, según se estipula en el documento, “colocar a las mujeres en el centro de la crisis medioambiental que caracteriza nuestro siglo”. Un objetivo nada desdeñable. Los expertos en cambio climático coinciden que para que la transición ecológica sea justa, nadie debe quedarse atrás. Por el contrario, debe tener en cuenta al conjunto de la sociedad y reforzar, en la mayor medida de lo posible, las perspectivas y oportunidades de los más vulnerables.

Emergencia climática: el año que el planeta gritó SOS

emergencia

"Resolver la crisis climática es el mayor y más complejo desafío al que el Homo sapiens se ha tenido que enfrentar. No obstante, la solución es tan simple que hasta un niño pequeño puede entenderla: tenemos que detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero", aseguraba a principios de año Greta Thunberg, desafiando con sus palabras a los más poderosos del mundo, reunidos en Davos. "O lo hacemos o no lo hacemos". Su mensaje es el mismo que gritan cada viernes los estudiantes frente a los parlamentos del mundo. Quieren heredar un planeta sano. Y quién puede juzgarles por ello.

Moreno lanza una pregunta a todos aquellos líderes cuyas decisiones pueden marcar el rumbo del mundo y que, a pesar de lo que manifiesta la comunidad científica, siguen el camino del negacionismo: "¿Cuántas gotas frías –como la DANA de este año en España– vamos a necesitar para tener pruebas sólidas de su relación con el cambio climático y actúen en consecuencia?".

A las puertas de la cumbre climática de las Naciones Unidas en Nueva York y sumergidos en los preparativos de la gran Huelga Mundial por el Clima, más de siete mil universidades de todos los continentes decidieron dar un paso hacia delante con una vuelta al cole diferente, declarando la emergencia climática en sus instituciones como llamada de atención para los líderes mundiales que, ahora mismo, tienen en sus manos la calidad de vida futura de todos, niños y adultos. Ya no hablan de cambio climático, ni siquiera de crisis climática. Tanto la ONU como la comunidad científica y los activistas han elevado el nivel de alerta a emergencia: "Nos encontramos ante la problemática que define nuestra época, y nos definirá como sociedad cuando pase a los anales de la historia", asegura el último informe de la ONU, The Heat Is On: Taking Stock of Global Climate Ambition, que plantea una lista de medidas y de soluciones que, como decía Greta en Davos, están al alcance de la mano siempre y cuando haya voluntad política.

Teresa Ribera: "Nos encontramos ante una fuente potenciadora de riesgos que pueden acabar en conflictos, en violencia o en problemas de seguridad"

 

De crisis a emergencia climática

Muchos de esos chicos y chicas que se han movilizado –posiblemente por primera vez en su vida– se preguntan cómo hemos llegado hasta aquí o por qué ha tenido que pasar tanto tiempo para que la sociedad, las empresas y los políticos empezasen a escuchar las preocupaciones de los científicos que, como reconoce José Manuel Moreno, profesor de la Universidad de Castilla La Mancha y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC), ya a finales del siglo XIX empezaban a alertar sobre los problemas climáticos que habría en el futuro. "Todo lo que se ha dicho en el último siglo se ha visto ratificado; podemos decir que la ciencia no ha sido exagerada en ningún caso, por mucho que algunos no quieran verlo así", afirma.

La relación del ser humano con la naturaleza dio un vuelco con la llegada de la Revolución Industrial, del carbón y, más tarde, del petróleo. "Pasamos de utilizar la energía que llegaba a la Tierra (viento o biomasa) a explotar recursos que se habían estado acumulando en el planeta durante muchísimos años en forma de combustibles fósiles", explica Joan Groizard, director del Instituto para la diversificación y ahorro de la energía (IDEA). Aunque es innegable que el desarrollo humano y los niveles de prosperidad y bienestar vividos fueron catapultados por esta transformación, "también trajo consigo un crecimiento de población sin precedentes y miles y miles de toneladas de gases de efecto invernadero fueron enviadas directamente a la atmósfera", recuerda Groizard. Así, poco a poco y bajo la mirada preocupada de la comunidad científica, nos adentramos en el Antropoceno o, lo que es lo mismo, en un periodo en el que el impacto de la humanidad sobre la Tierra es tan profundo que se empiezan a observar cambios a nivel zoológico.

La realidad incontestable del cambio climático no solo afecta a la naturaleza, a la biodiversidad que nos rodea o a otras especies. La ministra en funciones para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, advierte de que nos encontramos ante "una fuente potenciadora de riesgos que pueden acabar en conflictos, en violencia o en problemas de seguridad, generando tensiones en zonas de por sí tensionadas: exacerba riesgos de sequía, de escasez de alimento… Por tanto, es legítimo preguntarse de qué capacidad dispone la comunidad internacional para anticipar esos riesgos y procurar evitarlos". Lo explica: "Si sé que va a haber un incremento de la intensidad de episodios de sequía o que El Niño o La Niña van a afectar de una manera u otra en una zona, debemos preguntarnos qué puede suponer para la población local y cómo puede la comunidad internacional favorecer que no se agraven esas situaciones de hambruna o de presión sobre el agua en un determinado espacio".

Más allá de que la temperatura media del planeta ya esté un grado por encima de la era preindustrial o de que países como Kuwait ya hayan registrado temperaturas máximas de 63ºC, la emergencia climática abarca también la geopolítica y la economía mundial, como reconoce la ministra en funciones. Julia Marton-Lefèvre, miembro de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), asegura que "los jóvenes ya se han dado cuenta de esto, porque han aprendido sobre medio ambiente en el colegio, a través de sus padres o de los medios, y es precisamente por eso por lo que han decido que ya son lo suficientemente mayores como para reclamar que se reconecte a la comunidad científica con la toma de decisiones políticas y económicas, que esa desconexión existente no es asumible".

Cómo gestionar la emergencia climática

La aprobación de la Agenda 2030 propició una situación inédita al demostrar que todos los actores son igualmente necesarios e importantes a la hora de plantarle cara a la emergencia climática. Federico Buyolo, director general de la Oficina de la Alta Comisionada para la Agenda 2030, explica que "es imprescindible la confluencia de Administraciones Públicas, empresas privadas y de la acción ciudadana para generar un desarrollo sostenible que esté cubierto por las sinergias de todos los agentes que existen". Además, reconoce que la única manera de que se propicie la transición ecológica a nivel mundial es a través de una legislación efectiva que ponga en marcha medidas completas contra el cambio climático.

Por tanto, como sociedad, el único camino posible es el de "presionar a los políticos para que pongan en marcha los mecanismos necesarios y empiecen a tomarse en serio la situación de emergencia», reflexiona la politóloga Cristina Monge. «Los chavales de Juventud por el Clima y Fridays for Future están ayudando a extender la ola de sensibilización y de compromiso que ya existía, pero que no había conseguido iniciar una conversación entre todos los actores", añade.

Julia Marton-Lefèvre: "Los jóvenes reclaman que se reconecte a la comunidad científica con la toma de decisiones políticas y económicas"

 

Como estos jóvenes, «todos debemos ser conscientes del peso que tenemos como colectivo, ya no solo a la hora de salir a la calle a protestar, sino siendo consecuentes con nuestros votos: tenemos que participar y pedir a los gobernantes que rindan cuentas», explica Groizard, para quien, como ciudadanos y votantes, tenemos la responsabilidad de aprovechar esa fuerza para mitigar las consecuencias de la crisis que vivimos. Más allá de elegir una movilidad diferente –que abogue por el transporte público en vez del privado–, el reciclaje adecuado de nuestros residuos, un cambio en nuestros hábitos alimenticios –que no tiene por qué suponer abandonar el consumo de carne, pero sí su reducción, el cuidado por la procedencia de los alimentos o la apuesta por el comercio de proximidad– o la apuesta por las energías renovables en los hogares, Marton-Lefèvre tiene claro que "los verdaderos cambios están en las manos de la gente que toma decisiones relacionadas con la política tanto a nivel local como nacional, pero también a nivel empresarial".

Moreno lanza una pregunta a todos aquellos líderes cuyas decisiones pueden marcar el rumbo del mundo y que, a pesar de lo que manifiesta la comunidad científica, siguen el camino del negacionismo: "¿Cuántas gotas frías –como la DANA de este año en España– vamos a necesitar para tener pruebas sólidas de su relación con el cambio climático y actúen en consecuencia?".