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Viajar sin contaminar: el gran desafío de la década

turismo

El turismo es la gallina de los huevos de oro de la economía de muchos países. Sin turismo no salen las cuentas: es uno de los sectores que más aporta a la economía a nivel mundial. Nunca falla. Como tampoco lo hace FITUR, la feria de turismo española por antonomasia y una de las más importantes del mundo que este año celebra su 40 aniversario. Durante esta semana y hasta el próximo 26 de enero la feria abre sus puertas en el Palacio de Congresos de Madrid, donde se reunirán los profesionales más destacados del sector.

Según los últimos datos de la Organización Mundial del Turismo, cerca de 1.600 millones de personas harán las maletas en algún momento de este 2020. Esta cifra subraya el gran impacto del turismo en la economía mundial: es responsable directo del 10% del PIB del planeta y genera 1 de cada 10 empleos en el mundo. A pesar de los beneficios que el turismo tiene para la economía, cabe recordar que todos los desplazamientos dejan huella en nuestro planeta.

El turismo es responsable directo del 10% del PIB del planeta

Sin ir más lejos, la Agencia Europea del Medio Ambiente estima que un vuelo de Madrid a Barcelona con 100 pasajeros emite cerca de 14 toneladas de CO2. El mismo trayecto, con el mismo número de viajeros, pero en tren, produce 7.000 kilogramos del mismo gas. Datos de este organismo señalan al avión como el medio de transporte más dañino con el planeta. Y es que llega a contaminar hasta 20 veces más que otros medios. A pesar de los esfuerzos — de momento, insuficientes— del sector para reducir sus niveles de contaminación, la realidad es que a día de hoy es el responsable del 2,5% de los gases invernadero. Y eso no es todo. De seguir con los ritmos actuales, se calcula que para el 2050 las emisiones procedentes de los vuelos aumentarán en un 300%.

Por ello, el turismo juega un papel clave en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, ya que tiene el potencial para contribuir de manera decisiva en la consecución de los grandes desafíos de la década. Bajo esta perspectiva, ya son varios los países que han empezado ya a “viajar” hacia un turismo más sostenible con medidas que van desde la aplicación de tasas económicas al visitante hasta la limitación del número de turistas permitidos o la eliminación de los vuelos de corta distancia. Todas ellas están orientadas a buscar un equilibrio entre potenciar el turismo y garantizar la sostenibilidad del entorno.

Asia

Bután es un claro ejemplo de cómo apostar por el turismo sin que el ecosistema salga perdiendo. Bajo la política “valor alto, impacto bajo”, el pequeño estado budista del sudeste asiático ha limitado el número de visitantes anuales que pueden acceder al país para así controlar y minimizar el impacto medioambiental. Entre las medidas aplicadas se encuentra el pago de una tasa diaria de 200 euros por persona que incluye el alojamiento y la obligación de llegar al país a través de una agencia de viajes autorizada por el Gobierno. Estas soluciones han hecho de Bután un referente a nivel mundial en turismo sostenible.

Un grupo de espectadores observan un baile tradicional de Bután

La recientemente renombrada como República de Palau, el país formado por islas volcánicas que se encuentra al oeste de Filipinas, también ha dado un paso más en el campo del ecoturismo. A través de la firma de la “promesa de Palau”, una especie de contrato redactado por los niños y niñas del país, los turistas se comprometen a cumplir una serie de indicaciones a la hora de visitar el país. El objetivo, según las autoridades nacionales, es que el visitante sienta que es su deber proteger y preservar el entorno.

Latinoamérica

En latinoamérica también se encuentran ejemplos de Gobiernos que han decidido priorizar la supervivencia del entorno natural frente a los beneficios del turismo. Las islas Galápagos, situadas en el océano Pacífico a casi 1000 km de las costas de Ecuador, llevan desde hace años restringiendo el número de visitantes por cuestiones medioambientales. Además, las autoridades ecuatorianas han implementado una tasa para los turistas de 100 dólares por persona y han limitado también la presencia de visitantes en determinadas áreas con el objetivo de luchar contra la degradación del ecosistema.

Fernando de Noronha, otro archipiélago de islas situado en el nordeste de Brasil, tiene un límite diario de turistas fijado en 450. Sin embargo, esta cifra no siempre se respeta debido a la histórica flexibilidad de las autoridades brasileñas en temas de protección del medio ambiente. El Gobierno de la zona también ha fijado una tasa de 20 euros por persona y día que se emplea para llevar a cabo proyectos orientados a preservar la biodiversidad.

España

Dentro de nuestras fronteras, Barcelona, que desde hace años se enfrentado a las consecuencias de un turismo masificado, ha tomado medidas contra uno de los medios de transporte más dañinos: los cruceros. Con una media de 750 escalas diarias en el puerto de Barcelona, en temporada alta llegan a coincidir en aguas catalanas hasta diez naves de gran tamaño. Por este motivo, el Ayuntamiento de Barcelona está a punto de aprobar un paquete de medidas que limitará el número de cruceros en la capital catalana.

Turistas reunidos en la Fuente Mágica de Montjuïc, en Barcelona

Por último, en las Islas Baleares se instauró en el año 2018 un impuesto conocido como ecotasa. Desde entonces, los turistas que visiten alguna de las islas deberán abonar un pago que puede llegar a ascender hasta 4 euros por persona y día dependiendo del establecimiento en el que se alojen. En el año 2019, gracias al Impuesto del Turismo Sostenible, el Gobierno balear recaudó más de 100 millones de euros que, según las autoridades, están destinados a mejorar la calidad de vida en las islas con proyectos enfocados a crear infraestructuras más sostenibles.

Los educadores, una figura clave para el desarrollo

profesor

En todo el mundo, más de 265 millones de niños no están escolarizados. De ellos, la mitad viven en zonas afectadas por conflictos. Además, del total de jóvenes que van a la escuela, 617 millones carecen de los conocimientos básicos en aritmética y de un nivel mínimo de alfabetización. Ante estos datos, no es de extrañar que uno de los Objetivo de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (el número 4) sea el de garantizar que, de aquí a 2030, todos los niños y niñas tengan acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Con ese propósito en el horizonte, cada vez más profesionales de la educación buscan nuevas herramientas que permitan mejorar no solo el acceso, sino también la calidad de un derecho básico como es la educación. Un caso ejemplar es del del profesor keniano Peter Tabichi, ganador del Global Teacher Prize 2019, conocido como el ‘Nobel de la Educación’.

Vestido con los hábitos propios de la orden franciscana de la que forma parte, Tabichi ha recogido este año el galardón, dotado con un millón de dólares, que desde 2014 entrega la fundación Varkey de Dubái. ¿Su logro? Conseguir que una pequeña escuela del valle del Rift se posicione entre los mejores centros educativos públicos del país a través de un revolucionario método de enseñanza. En 2018, el profesor keniata logró crear un Club de Ciencia para que los alumnos del centro, que cuentan únicamente con un ordenador y una precaria conexión a Internet, tuviesen un espacio para diseñar sus proyectos de investigación. La exitosa iniciativa consiguió que el club fuese seleccionado para participar en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Arizona (Estados Unidos) tras crear un dispositivo que permitía a personas ciegas medir objetos.

"Invitemos a los niños a participar en la sociedad. Tienen mucho que decir y mucho que aportar"

César Bona

La apuesta de Tabichi por la tecnología y su voluntad de motivar a los estudiantes han sido clave para trasladar los estándares de una educación de calidad a una de las regiones más desconectadas del planeta. En esta misma línea han trabajado profesores españoles como César Bona y David Calle, ambos finalistas del Global Teacher Prize en otras ediciones.

Para César Bona, candidato en los Global Teacher Prize de la edición de 2014 y reconocido como mejor profesor de España, estimular la creatividad de los alumnos y darles voz para que compartan sus inquietudes son dos requisitos imprescindibles para formar a los más jóvenes. “Invitemos a los niños a participar en la sociedad. Tienen mucho que decir y mucho que aportar”, detalla en su cuenta de Twitter. Autor de varios libros sobre educación, Bona defiende una enseñanza basada en la empatía, la escucha activa y la capacidad de los educadores para conectar con los alumnos y detectar lo que les falta. Utilizar la música, el emprendimiento, el cine o el teatro son, a su juicio, las herramientas ideales para crear un espacio abierto que permita combatir el absentismo escolar y el analfabetismo.

 En la misma línea, el ingeniero de telecomunicaciones David Calle ha hecho de las redes sociales un instrumento de aprendizaje y de transmisión de valores. Sin ser profesor, Calle estuvo nominado al Global Teacher Prize en 2017 y ha sido reconocido por la revista Forbes como una de las personas más creativas del mundo. Su canal de Youtube, Unicoos, donde enseña física y matemáticas, acumula más de un millón de suscriptores. La mayoría de ellos, jóvenes y adolescentes que buscan apoyo extraescolar en la web. Según él mismo explica, el objetivo de este nuevo formato didáctico de enseñanza es conseguir que los alumnos sean capaces de pensar en grande, de ir más allá de lo establecido.

Sin duda, los tres educadores –cada uno con su propia historia de éxito– están ayudando a reconfigurar la  imagen que presenta Naciones Unidas sobre el estado de la educación en el mundo. No obstante, más allá de nombres propios y galardones, no hay que olvidar que luchar por una educación de calidad en todos los rincones del planeta es, como apuntan desde Naciones Unidas, una tarea de todos.  

Las tres regiones del mundo en las que es más complicado ser niño

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Imagina que tienes ocho años y experimentas el hambre y la sed casi a diario. Imagina que no dispones de un hogar en el que refugiarte de las inclemencias del tiempo ni de unas instalaciones sanitarias básicas. Imagina que vives con tu familia en una zona de conflicto y no tienes acceso a un servicio de salud. Imagina que careces de un sistema educativo en el que desarrollar tus aptitudes o que la sociedad en la que vives reserva para ti un papel de sumisión por el hecho de ser niña. Imagina que estas líneas no son un ejercicio de reflexión, sino la realidad que a diario viven niños y niñas de todo el mundo.

Neide es una de ellas. Nacida en Angola y procedente de una familia de limitados recursos económicos vivió de niña en su propia piel la malnutrición y la enfermedad. Hace unos años, la fiebre se llevó a su hermana menor y a su padre, lo que la llevaron a ella y a su familia a escapar de un país golpeado por una violenta guerra civil. Tras solicitar asilo en Namibia, Neide decidió emprender el camino hacia Europa en busca de las oportunidades que se le negaron en Angola, considerado por la organización Save The Children como uno de los peores países para ser niño junto con Níger, Mali, República Centroafricana, Somalia y Chad.

Neide decidió emprender el camino hacia Europa en busca de las oportunidades que se le negaron en Angola

  Unicef, a través de su informe anual Estado Mundial de la Infancia (EMI), también hace un balance de la situación mundial de la infancia. Y los últimos datos no son halagüeños. Actualmente las mayores amenazas para la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños del mundo son, por orden de incidencia: la mortalidad neonatal, la escasez de agua y saneamiento, la falta de vacunación, la malnutrición, la inseguridad en zonas de conflicto, la falta de educación, protección (matrimonio infantil, mutilación genital femenina, trabajo infantil, etc.) y la falta de empoderamiento de la mujer.  

NIños
Fuente: Unicef

Concretamente, este 2019 Unicef centra su análisis en la situación de la nutrición infantil en el mundo. El informe, titulado Infancia, alimentación y nutrición: creciendo bien en un mundo cambiante, trata esta dimensión que amenaza directamente la supervivencia de los niños y niñas del mundo. Las cifras nos muestran un panorama global preocupante.

En la actualidad, casi 200 millones de niños sufren desnutrición crónica y aguda en todo el mundo. Sin olvidar que cerca de 340 millones de infantes sufren “hambre oculta”, es decir, una deficiencia crónica de vitaminas y nutrientes esenciales. La mayoría de los niños con este tipo de carencia nutricional, especialmente dañina en los niños de menos de cinco años, viven en el continente africano, en el sudeste asiático y en algunas regiones del norte de Latinoamérica.

Históricamente, el continente africano ha sido uno de los más golpeados por la malnutrición. Si bien los índices de inanición se han reducido considerablemente en las últimas décadas, en muchos países de África Occidental y Oriental sigue siendo uno de los principales problemas sociales. De la misma manera, Yemen, en situación de guerra desde 2015, presenta unos índices muy altos de desnutrición crónica.

En Asia, países como India, Pakistán, Afganistán, Indonesia o Filipinas también muestran unos niveles muy altos, lo cual incide directamente en la salud y el desarrollo de niños y adolescentes.

Un tercer foco de malnutrición se encuentra en Latinoamérica. Países como Guatemala, Honduras o Ecuador presentan una situación alimentaria muy adversa, generalmente debido los altos índices de desigualdad y pobreza que sufre su población.

En definitiva, los datos pintan un panorama desolador que solo puede combatirse con colaboración y determinación internacional. Sin ir más lejos, los Objetivos de Desarrollo Sostenible 1 y 2 proponen poner fin a la pobreza y acabar con el hambre en el mundo de cara a 2030. La infancia es nuestro futuro. Pongámoslo en práctica.

Sigue en directo la presentación del European Green Deal

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“Vamos a embarcarnos en una transformación que va a revolucionar cualquier ámbito de nuestra sociedad y de nuestra economía. Y lo haremos porque es lo correcto, aunque no será fácil (…) La protección del planeta es el área en la que el mundo más necesita del liderazgo de la Unión Europea”.

Con estas palabras, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, introducía en su discurso de investidura la posición del nuevo Ejecutivo comunitario en la lucha contra el cambio climático. La presidenta anunció que en sus primeros 100 días en el cargo presentaría su estrategia política para convertir a Europa en líder de la transición hacia una era postcarbono.

->Síguelo en directo en este enlace: https://audiovisual.ec.europa.eu/en/

El European Green Deal o Pacto Verde Europeo, que está llamado a ser uno de los seis pilares estratégicos de su mandato, se presenta hoy en un pleno extraordinario del Parlamento Europeo. La presidenta von der Leyen y el vicepresidente Frans Timmermans, responsable de la acción climática de la región, detallarán las principales líneas del plan cuya hoja de ruta se conocerá en 2020.

Según los últimos datos recogidos por los medios de comunicación, el European Green Deal pretende convertir a Europa en el primer continente neutro en emisiones de carbono. Y lo hará ampliando los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, fijándolos en el 50% o el 55%, muy por encima del límite actual del 40%. La propuesta de von der Leyen recoge así el testigo de la Eurocámara, que declaró hace unos días la emergencia climática en la región y urgió a la recién investida Comisión a fijarse metas ambiciosas.

Plenamente alineado con el Acuerdo París y con el firme propósito de llevarlo a término, el European Green Deal pondrá el foco en la transición energética y la descarbonización de la economía europea, para lo cual impulsará la transformación de sectores como el transporte o la agricultura, fomentando la economía circular y la protección de la biodiversidad.

Pero esto no ocurrirá a cualquier precio. Desde el primer minuto, von der Leyen ha dejado claro que la transición debe ser justa para llegar a buen término. “Lo que es bueno para nuestro planeta debe ser bueno también para los ciudadanos, las regiones y la economía. Por eso debemos garantizar que esta transición es justa, que no deja a nadie atrás”, ha adelantado la presidenta. En su discurso inaugural anunció que crearía un Fondo de Transición Justa para ayudar a las regiones dependientes del carbón a dar el salto a la nueva era.

La expectación es máxima. Con el European Green Deal, el Viejo Continente asume de nuevo un lugar protagonista en la historia como un poder normativo global.

Cómo dar luz (verde) al mundo antes de 2030

«Vivimos en un mundo sin gobernanza global. En ese contexto, la responsabilidad de las empresas transnacionales es mayor», así definió Jordi Sevilla, presidente del Grupo Red Eléctrica, el nuevo marco de actuación en el que las empresas están asumiendo un papel protagonista y un compromiso firme con el desarrollo sostenible.

«Nos están fallando, pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos. No dejaremos que sigan con esto. Justo aquí, ahora es donde trazamos la línea. El mundo se está despertando. Y se viene el cambio, les guste o no». Con esas contundentes palabras terminaba Greta Thunberg su intervención en la Cumbre del Clima organizada por Naciones Unidas hace poco más de una semana en Nueva York. La joven se ha convertido en la cara más visible de las reclamaciones de las nuevas generaciones, que enarbolan con energía la bandera verde. Sin embargo, tanto Greta como sus coetáneos saben que no pueden hacerlo solos y que, para cumplir los compromisos y plazos que exige el planeta, será necesario que todos sean parte activa de la lucha. Y son las empresas las que hoy están a la vanguardia de la batalla.

Ese fue el leitmotiv principal de la segunda jornada del evento Creando juntos un futuro sostenible organizado por el Grupo Red Eléctrica, una sesión especial para facilitar el encuentro con analistas, inversores ESG y proxy advisors. «El cambio climático va a afectar al modelo energético, y los mercados financieros son conscientes de esta problemática y la comparten», introducía el consejero delegado de la entidad, Roberto García Merino, que destacaba la importancia de la regulación para cumplir los objetivos de reducción de emisiones a nivel nacional, europeo y global. Sin embargo, el cambio empieza en los individuos como inversores, pero también como ciudadanos y consumidores.

«En 2050, si queremos garantizar que exista un planeta para nuestros hijos o para nuestros nietos, tenemos que garantizar una situación en la que el sector eléctrico no use combustibles fósiles ni produzca emisiones. Y, dentro de este panorama, electrificar el transporte es una de las soluciones para dar paso a un planeta más sostenible», explicaba Ángel Mahou, director corporativo de Telecomunicaciones e Internacional, tras incidir en que el transporte supone un tercio del uso energético mundial y, por tanto, es un sector que tiene mucho que decir en la descarbonización –de hecho, en España se calcula que supone un 42% de ese consumo–. «El vehículo eléctrico es un reto y una oportunidad industrial, medioambiental y energética, pero sobre todo es una oportunidad para las personas. En las ciudades, apostar por el eléctrico significa bajar los niveles de contaminación nociva para los humanos y también el ruido», destacaba.

Es precisamente en las ciudades donde se encuentran, para muchos expertos, gran parte de las complicaciones a la hora de plantear la obligada transición ecológica. Para otros, es donde pueden nacer también un buen número de soluciones. Es en ellas donde la electrificación del transporte es hoy más prevalente, no solamente con turismos y nuevos modelos de movilidad compartida, sino con apuestas por otros tipos de medios como las bicicletas, motos o los patinetes eléctricos, que ya suponen un porcentaje significativo de las ventas en nuestro país –solo en 2018, estas superaron los 63.000 vehículos–.

Que la próxima década será crucial en la electrificación del parque español es algo asumido, pero no por ello es posible relajarse: anticiparse a algo que sabemos que va a ocurrir es primordial para minimizar el impacto de la transformación. «Un parque de un millón de vehículos eléctricos supondría el 1% de la demanda eléctrica actual. Para 2030, estamos con un escenario central de 2,5 millones eléctricos. Eso significaría un crecimiento de la demanda de un 2,5% en diez años. En el pasado hemos gestionado y absorbido en el sistema eléctrico crecimientos muy superiores», reconocía Miguel Ángel Muro, director de Servicios para la Operación, mientras subrayaba la necesidad de anticiparse a la demanda de un crecimiento que no será lineal en los próximos años. «La pregunta no es si la electricidad será suficiente para alimentar la flota de vehículos, sino si el sistema de carga de baterías está preparada para ser alimentada con energía eléctrica procedente de fuentes renovables en un porcentaje razonable», planteaba.

Sin recurrir a una bola que permita ver el futuro, está claro que las renovables van a jugar un papel esencial en los próximos años, especialmente la fotovoltaica y la eólica. «El año pasado, el 40,8% de la energía que se produjo en España vino de fuentes renovables. Pasar al 77% que se plantea en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima es un reto ambicioso que va a requerir de acciones esenciales para conseguirlo», explicaba Miguel Duvison, director general de Operación, mientras incidía en la necesidad de contar con interconexiones y tecnologías de almacenamiento para hacer posible esta transformación.

En un territorio tan extenso como el español, las potencialidades de recursos –y también las necesidades de infraestructuras– son diferentes y especialmente complicados en las islas. «La mejora en la interconexión de sistemas más pequeños nos dará una mayor oportunidad de integrar la generación de renovables, porque se podrá utilizar más allá de la isla donde se produzcan la oferta y la demanda», explicaba Concha Sánchez, directora de Desarrollo del Sistema.

En esa línea, Tomás Domínguez, director de Operación, incidía en el cambio de paradigma eléctrico que ha tenido lugar en los últimos años y que seguirá cambiando cada vez más rápido. «La integración de energías renovables plantea un reto porque son fuentes no controlables, ya que dependen de un recurso primario variable como el sol o el viento». Según Domínguez, en los sistemas insulares podremos afrontar esta transformación si contamos con recursos controlables como las tecnologías de almacenamiento, una herramienta que será esencial para la operación de los sistemas eléctricos insulares.

Proyectos como los que se están llevando a cabo ya en las islas Baleares o en Canarias –como la central hidroeléctrica de Chira-Soria– son solo un ejemplo de los esfuerzos que se realizan para avanzar en el largo camino de la transición ecológica y que ya están reportando beneficios. Aunque en ese camino todas las voces indican que llegamos tarde, acelerar el paso se ha convertido en una necesidad para que el retraso no sea imperdonable. La inversión en la red de transportes y en fortalecer las interconexiones entre países e islas están en las medidas más destacadas en la hoja de ruta para los próximos años. Como destacaba Eva Pagán, directora general de Transporte, precisamente ese fortalecimiento de las redes con Portugal (que permitirá que ellos también cumplan sus objetivos de interconexión) y Francia, así como los proyectos que están sobre la mesa en Baleares y Canarias permitirán «fortalecer las interconexiones no solamente entre islas, sino entre países».

Todas estas metas concretas se unen al plan global de Red Eléctrica para demostrar su compromiso con la Agenda 2030. Fátima Rojas, directora corporativa de Sostenibilidad y Relaciones Externas, y Antonio Calvo, director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad, volvieron a resumir el documento para los presentes en esta segunda jornada.

«La sostenibilidad no es una moda en el caso de Red Eléctrica, ni una cuestión individual: está en nuestro propósito y nuestros compromisos, que son algo compartido», concluía el presidente del Grupo Red Eléctrica, Jordi Sevilla. Ni una moda ni un capricho pasajero: la transición ecológica es un compromiso ineludible no solo de sus empresas con sus grupos de interés… sino de todo el planeta.

Red Eléctrica presenta su hoja de ruta sostenible

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“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Esta es, quizá, una de las citas más famosas que se le atribuyen al reconocido humorista y actor Grouxo Marx. Más de 40 años después de su muerte, la ingeniosidad del cómico sigue aflorando en conversaciones y situaciones cotidianas y, sin embargo, el humor se esfuma al aplicarse a los grandes desafíos de nuestro siglo.

“Cuando hablamos de sostenibilidad no tenemos otros principios más allá de los definidos por Naciones Unidas en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ni podemos ni debemos cambiarlos”, ha recordado Antonio Calvo, director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de Red Eléctrica de España, durante la jornada Creando juntos un futuro sostenible. El reto de los ODS, organizada por la compañía como antesala del cuarto aniversario de la aprobación de la Agenda 2030.

En una sesión dirigida a los proveedores, Calvo ha presentado los principales retos en sostenibilidad a los que a los que se enfrenta el sector energético en el futuro más inmediato. Grupo Red Eléctrica se ha fijado once objetivos par luchar contra los desafíos globales con horizonte a 2030. La lucha contra la emergencia climática, garantizar el acceso de energía no contaminante para el total de la sociedad, alcanzar la igualdad de género o la adaptación a la cuarta revolución industrial (la digital) son algunos de los retos más cercanos en su horizonte.

Pero no son los únicos. Según ha señalado la directora corporativa de Sostenibilidad y Relaciones Externas de REE, Fátima Rojas, la compañía bucea en las metas definidas en la Agenda 2030 para contribuir con el progreso sostenible desde todos los frentes. “El Grupo Red Eléctrica se ha comprometido a reducir un 40% sus emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030”, ha anunciado Rojas.

Se trata de uno de los once objetivos definidos por la compañía para luchar contra los desafíos globales. Le siguen la integración del 100% de las energías renovables en el sistema eléctrico y el alcance de la paridad de género en el equipo directivo, así como la creación de una hoja de ruta que impulse a la compañía para convertirse en líder de la economía circular y la definición de una cadena de valor responsable.

En esta línea, el responsable de Departamento de Sostenibilidad, Vicente González, ha hecho un llamamiento a los proveedores: “Os proponemos establecer una alianza del mayor alcance posible para que tracemos juntos un camino que nos lleve a la reducción de la huella de carbono”.

Este septiembre, Red Eléctrica ha lanzado un proyecto para reducir la huella de carbono en el que los diferentes eslabones de la cadena de suministro pueden unirse para contribuir a crear un espacio de colaboración en el ámbito de la sostenibilidad. De esta manera, se busca recopilar información directa sobre las emisiones de gases de efecto invernadero que permita identificar nuevas oportunidades para acelerar el trayecto hacia ese futuro que será sostenible, o no será.

Fátima Rojas

Directora corporativa de Sostenibilidad y Relaciones Externas de REE

"Queremos explicar a los grupos de interés cuál es nuestro compromiso con la Agenda 2030, porque nos enfrentamos a retos que tienen una dimensión cada vez mayor. Es imprescindible que todos trabajemos juntos para afrontarlos".

 

Antonio Calvo

Director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de Red Eléctrica de España

"Ha transcurrido una tercera parte del tiempo que tenemos para cumplir los ODS y solo hemos colgado carteles pesimistas. ¡No vamos a llegar!, nos decimos. Por eso, necesitamos es generar ilusión, con un espíritu positivo y de colaboración: tarde o temprano llegaremos a 2030 con los deberes hechos".

 

Vicente González

Responsable de Departamento de Sostenibilidad

“En Red Eléctrica queremos ser una compañía a la cabeza de la economía circular. No podemos seguir consumiendo como estamos consumiendo, o acabaremos consumiendo completamente al planeta”.

'Cuadernos en Red', los monográficos de REE para impulsar la Agenda 2030

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“El cambio climático va más rápido que nosotros; estamos perdiendo la carrera y podría ser una tragedia para el planeta”. Con esta frase el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, recordó a los líderes de todo el mundo reunidos la semana pasada en la Cumbre de Acción por el Clima, la necesidad de aumentar los esfuerzos contra la crisis climática. Asimismo, subrayó la importancia de implicar al conjunto de la sociedad para descarbonizar las economías y evitar que los efectos del cambio climático sean irreversibles.

Con el objetivo de abordar la transición energética desde diferentes perspectivas, Red Eléctrica de España (REE) acaba de lanzar los Cuadernos en Red, una colección de monográficos divulgativos que tienen la vista puesta en la Agenda 2030, cuyos primeros pasos ya se han definido en el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de España. Desde la primera página, los cuadernos buscan introducir al lector en el paradigma del nuevo modelo energético construido sobre cinco pilares: energías renovables, innovación tecnológica, eficiencia energética, redes inteligentes y el papel central del consumidor. Por el momento, están disponibles dos adelantos de los monográficos.

En el primer monográfico disponible, Descarbonización de la economía, se revisan los diferentes escenarios de los efectos del calentamiento global del planeta a través de la mirada de científicos, investigadores y organismos nacionales e internacionales. En el segundo volumen, Cómo llega la luz a casa, se propone un recorrido por los caminos que recorren los vatios (W) desde su previsión, programación y generación hasta que, con un clic, encienden la luz de nuestras casas o nos dan calor para cocinar y calentarse. Como transportista único y operador del sistema eléctrico español, Red Eléctrica de España es una figura fundamental e imprescindible en todo el trayecto.

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"El cambio climático es la mayor batalla de nuestro siglo, por eso, con Cuadernos en Red pretendemos concienciar a la sociedad de la urgencia de apostar por la sostenibilidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible", ha subrayado Antonio Calvo, Director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de REE, durante la presentación de los monográficos celebrada este lunes en la  Escuela Técnica Superior de Ingenieros  Industriales de Madrid.

Los cuadernos abordan el reto de la transición energética desde diferentes perspectivas

En los textos también se incide en la revolución de las energías renovables que se presentan como la única fuente de energía que cumple con el doble objetivo de contribuir a mitigar los efectos del cambio climático y de ser naturalmente abundantes en España. Con todo, representan una oportunidad única que, desde Red Eléctrica de España, ha sabido aprovechar. Además, desde un punto de vista legal, la compañía se ha comprometido a asegurar el correcto funcionamiento del sistema eléctrico y garantizar en todo momento la continuidad del suministro, supervisando y coordinando el sistema de generación y de transporte. Se ocupa también de que haya luz cada vez que se pulsa el interruptor y de diseñar, construir y mantener la red de alta tensión.

Bajo esta doble responsabilidad, en 2006 la compañía se convirtió en protagonista del plan de integración segura de las energías renovables con la inauguración del Centro de Control de Renovables (CECRE), un referente a nivel mundial. Hoy, de nuevo, Red Eléctrica de España se ratifica como actor clave para asegurar el éxito de las políticas de transición energética, garantizando que los cambios en el sistema de producción y demanda se realicen de manera justa y segura. Además, en todas sus actuaciones sitúan al consumidor en el centro del sistema eléctrico. En los siguientes cuadernos, próximamente disponibles, se abordarán otros temas tan relevantes como la apuesta por la implantación del vehículo eléctrico, el autoconsumo o el desarrollo de las interconexiones eléctricas inagotables.  

Siete mujeres imprescindibles en la lucha contra el cambio climático

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Sin excepción alguna, el cambio climático afecta a todos los ciudadanos del mundo. Sin embargo, su impacto se reparte de manera desigual: según datos del Banco Mundial, los más vulnerables ante la crisis climática son aquellos que viven en las zonas más desfavorecidas del planeta. Y las diferencias no acaban ahí. Organismos internacionales, como el World Economic Forum o la ONG Oxfam, estiman que las mujeres son mayoría entre estos colectivos y, por tanto, son las que más sufren los efectos del cambio climático. “La desigualdad económica y social en la que viven las mujeres respecto a los hombres condiciona sus responsabilidades, vulnerabilidades y capacidades de respuesta y adaptación”, detalla el informe Gender and Climate Toolkit del eurogrupo Verdes/ALE presentado en la cumbre del clima de Katowice (COP24) el pasado diciembre. Así, acentuar la perspectiva de género en la lucha contra el cambio climático se presenta como una oportunidad única para combatir dos de los principales desafíos actuales recogidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU: acabar con la desigualdad entre hombres y mujeres, y garantizar la supervivencia del planeta.

Las mujeres son mayoría entre los colectivos desfavorecidos y, por tanto, las que más sufren los efectos de la crisis climática

 

Conscientes de que son víctimas de esa doble desigualdad, mujeres de todo el mundo han decidido actuar y convertirse en agentes imprescindibles en la lucha contra el cambio climático. Sylvia Earle y Josefina Castellví son un claro ejemplo de ello. Nacidas en 1935 –la primera en Estados Unidos y la segunda en España– ambas estudiaron biología en su juventud y desde entonces han dedicado prácticamente toda la vida al estudio de la fauna y la flora marina.

Como miembro de la National Geographic Society, Earle ha participado en más de 100 expediciones submarinas por todo el mundo y acumula ya más 7.000 horas de buceo destinadas a fomentar la conservación de los océanos. Además, la investigadora y divulgadora ha liderado diversos proyectos internacionales como el de Mares Sostenible o Mission Blue que han recibido el reconocimiento de Naciones Unidas. Sin ir más lejos, el año pasado recibió el premio Princesa de Asturias de la Concordia por su lucha por la protección de algas marinas.

La carrera de Castellví no ha sido menos intensa. A inicio de los años 80 se convirtió en la primera mujer en participar en una expedición a la Antártida y en dirigir la Base Antártica Española Juan Carlos I. A sus 83 años cuenta con más de 70 trabajos científicos publicados. Hace unos pocos años decidió retirarse, no sin antes recordar que, “ante el inapelable cambio climático, los jóvenes son los que deben tomar el relevo”.

Su llamamiento ha sido escuchado por las 100 mujeres científicas que el año pasado fundaron el proyecto Homeward Bound, una iniciativa que, bajo el lema “la madre naturaleza necesita a sus hijas”, ha creado a un grupo de trabajo liderado e integrado por científicas que buscan en la Antártida nuevas soluciones para frenar el cambio climático. A poco más de un año de su creación, ya se han realizado cuatro investigaciones. De esta manera pretenden también acabar con la desigualdad visible tanto en el mundo científico como en los puestos de liderazgo y de toma de decisiones.

Por este motivo, no podía faltar la mención a Inger Andersen, la actual Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La economista y ecologista danesa empezó su labor para salvar el planeta en 1987, cuando entró a formar parte de la Oficina Sudano-Saheliana de Naciones Unidas con el objetivo de buscar mecanismos contra la hambruna y la sequía que azota las zonas más empobrecidas del mundo. Desde 2015 ejerce de Coordinadora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, desde donde trabaja para garantizar un desarrollo más justo y sostenible.

Entre las referentes mundiales en activismo medioambiental se encuentra la ecofeminista, filósofa y doctora en Física, Vandana Shiva. Autora de numerosos libros en defensa de la naturaleza, es también una de las fundadoras de la unidad de género del International Centre for Integrated Mountain Development y de la Women’s Environment & Development Organization. Shiva ha dedicado toda su vida a la conservación del medioambiente, un esfuerzo por el que ha sido galardonada, entre otros, con el premio Right Livelihood Award, considerado “el Nobel alternativo”.

Bajo el lema “la madre naturaleza necesita a sus hijas”, 100 científicas buscan nuevas soluciones para acabar con el calentamiento global

Sin título ni cargo, las mujeres indígenas de Latinoamérica también lideran la guerra a favor del medioambiente. A diario trabajan desde el anonimato para evitar el expolio de la tierra por parte de las grandes empresas que quieren beneficiarse de los recursos naturales. La escritora Aimé Tapia recoge en su libro ‘Mujeres indígenas en defensa de la tierra’, la historia de mujeres como Milagros Guevara, que se enfrentó a una multinacional a principios de los 90 cuando esta se instaló en el acuífero de Nejapa en San Salvador o María de Jesús Patricio Martínez, actual portavoz del Consejo Indígena de Gobierno de Jalisco que lucha por los derechos de las mujeres indígenas y de las tierras que habitan.

Entre las nuevas generaciones destaca la adolescente sueca Greta Thunberg. A sus 16 años la joven es consciente de que ella y los que vengan después serán los que más sufran las consecuencias del cambio climático. Y no ha dudado en comunicárselo al mundo. Tras vivir uno de los veranos más calurosos de su país, en agosto de 2018 Thunberg decidió que los viernes, en lugar de ir a clase, se sentaría a las afueras de la asamblea legislativa de Suecia para protestar ante la inacción de los políticos contra el cambio climático. Desde entonces miles de jóvenes de países diferentes siguieron su ejemplo e iniciaron las jornadas de huelga Fridays for future. Así las nuevas generaciones buscan ratificar su papel en lo que es la lucha del siglo, pero también recordar que las mujeres son una pieza imprescindible para el cambio.

Apuntes para entender la Cumbre de Acción por el Clima

cumbre

Más de 70 países. Más de 100 ciudades. Más de 100 compañías. La Cumbre de Acción por el Clima celebrada esta semana en Nueva York ha dejado números de gran impacto en un momento en el que la crisis climática ha subido un nuevo escalón y ha alcanzado la categoría de emergencia. Este mismo lunes, el Consejo Asesor Científico de la ONU publicaba el informe United Science, en el que se recordaban algunos datos de esta alarmante realidad. Entre ellos, que el último lustro ha sido el más cálido jamás registrado y que la temperatura media mundial ha aumentado 1,1ºC desde la era preindustrial.

Con estas evidencias bajo el brazo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha dejado claro el propósito de esta cumbre extraordinaria: que los países se comprometan a poner en marcha hojas de rutas más ambiciosas y concretas que las originalmente trazadas en el Acuerdo de París de 2015. Y ha avisado a los participantes con contundencia: “No hemos venido a hablar ni a negociar. Con la naturaleza no se negocia”. Su determinación no ha sido en vano, ya que la cumbre se ha saldado con dos buenas noticias. Guterres ha anunciado que 77 países han acordado reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto para 2050. Además, ha informado de que 70 países pondrán en marcha planes más potentes de recorte de emisiones. Y no se trata de un hecho baladí, puesto que se ha conseguido que, durante el encuentro, 23 países se hayan adherido a este convenio.

77 países han acordado reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto para 2050

Al término de la jornada, hubo más anuncios destacados. Entre ellos, los planes de Francia o Alemania. El país galo, por ejemplo, ha prometido no adoptar ningún acuerdo comercial con países que apliquen políticas contrarias al Acuerdo de París. Por su parte, nuestro vecino germano se ha comprometido a la neutralidad de carbono para 2050. Paralelamente, la Unión Europea ha informado de que al menos el 25 % del próximo presupuesto comunitario se destinará a acciones relacionadas con el clima.

El sector privado también ha mostrado un impulso sin precedentes. Más de 87 grandes compañías han proclamado inversiones por 2,3 billones de euros para reducir emisiones, así como la modificación de sus estrategias de negocio para frenar la inercia imparable del cambio climático. Pero no todo han sido buenas noticias. Los mayores emisores de carbono —China, Estados Unidos e India— no están haciendo lo suficiente. Mientras que sus emisiones crecen, su compromiso con la descarbonización sigue siendo demasiado débil. A pesar de ello, durante la cumbre, India y China anunciaron medidas que hacen pensar que aún hay lugar para la esperanza. Concretamente India ha prometido aumentar la capacidad de energía renovable a 175 Gw para 2022, mientras que China ha apostado por reducir sus emisiones en 12.000 millones de toneladas cada año. Si bien toda acción es bienvenida, el tiempo corre en contra. Como sentenció Guterres durante la cumbre: "la emergencia climática es una carrera que estamos perdiendo, pero aún podemos ganarla".

¿Por qué China quiere controlar el mercado de las renovables?

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En gran parte del mundo se está gestando una revolución: la de las energías renovables. Ya son muchos los Estados que tratan de abastecer las necesidades energéticas de la sociedad de una manera sostenible y limpia. No es para menos: a diferencia de las reservas de combustibles fósiles, finitas y altamente contaminantes, las fuentes de energía renovable están al alcance de nuestras manos. La energía hidráulica, la bioenergía, la solar, la geotérmica o la eólica por las que cada vez más naciones apuestan están, desde una perspectiva global, todavía infraexplotadas.

Desde la ONU y la Agencia Internacional de Energía, aseguran que una economía totalmente basada en las renovables brindaría a los países un mayor grado de independencia energética, lo que, a su vez, proporcionaría una mayor seguridad para sus economías, incluso si dependieran de terceros a la hora de conseguir materiales y piezas para construir las instalaciones necesarias para ese despliegue “verde”. En este contexto se alza China: el gigante asiático es, actualmente, el mayor productor, exportador e instalador mundial de paneles solares, turbinas eólicas y, dígase de paso, vehículos eléctricos. Es más, en 2017 copó más del 45% de las inversiones globales en energía renovable, pero ¿a qué se debe esta “visionaria” apuesta?

El 39% de los puestos trabajos en el sector de las energías limpias se han creado en China

Sin embargo, la gran dependencia de los combustibles fósiles del gigante asiático pone en jaque la conversión total del país hacia las energías verdes —con una población estimada de 1.395 millones de habitantes, sus necesidades energéticas son difíciles de suplir, por el momento, solo con fuentes limpias— y se presenta, a su vez, como uno de los mayores retos a los que se tendrá que enfrentar en las próximas décadas. Sin embargo, la intención y las políticas e inversiones hacia este nuevo futuro están ahí, impulsadas en parte por un Gobierno que ha mostrado su preocupación por el cambio climático y por la contaminación que asfixia las grandes ciudades chinas.A pesar de ser uno de los mayores contaminadores del planeta, China lidera la carrera de la transic

 

ión energética a nivel mundial. Eso sí, no solo apuesta por las energías renovables a nivel nacional —donde, poco a poco, van ganando más relevancia—, sino que también promueve su expansión en el exterior. Si la inversión doméstica ya dobla la estadounidense y europea combinadas o, lo que es lo mismo, excede los cien mil millones de dólares anuales, la exterior superaría los 32.000 millones de dólares. Esta tendencia sugiere que China será, en un futuro no tan lejano, uno de los actores más relevantes en el sector de las renovables y toda la tecnología relacionada con ellas.

No podemos olvidar que esta lenta transición energética también favorece el mercado de trabajo. En todo el planeta, el sector de las energías limpias ya emplea a más de once millones de personas, y la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) cree que esta cifra no hará más que crecer. El 39% de todos estos puestos de trabajo se han creado en China, y actualmente hay aún muchos proyectos nuevos a la espera de aprobación. Así, esta industria parece estar consolidándose en el país asiático, que ve en ella una gran oportunidad para convertirse en la mayor potencia mundial a nivel energético y, tal vez, de imponerse a Estados Unidos en sus particulares guerras comerciales.