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El mar, la despensa del futuro

La ONU calcula que para 2050 la población mundial alcanzará los 9.100 millones de personas. El enorme crecimiento al que nuestra sociedad se enfrentará en el futuro cercano obliga a tener muy presentes los desafíos económicos, tecnológicos y de recursos que conlleva un incremento exponencial de la población como este. Ser capaces de idear soluciones que garanticen alimento a toda la población es una urgencia para gobiernos e instituciones: si continúan las tendencias recientes en el hambre mundial, el número de personas afectadas superará los 840 millones en 2030, según los últimos datos recogidos por las Naciones Unidas. 

Ser capaces de idear soluciones que garanticen alimento a toda la población es una urgencia para gobiernos e instituciones

El ‘hambre cero’ es precisamente el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible incluido por la ONU en la Agenda 2030. La mayoría de personas que sufren de hambre viven en países en desarrollo, donde la desnutrición causa cerca de la mitad de las muertes en los niños menores de 5 años (3.100 niños al año). Aunque continuar explotando la ganadería y la agricultura podría ser una posible solución, lo más seguro es que terminara por agravar aún más el problema del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. 

Para buscar alternativas, un grupo internacional de científicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) -entre los que se encuentra la española Elena Ojea, investigadora del Centro de Investigaciones Marinas de Vigo- se han unido para estudiar cómo el mar puede convertirse en nuestro plan B alimenticio. Los resultados de la investigación, publicada en Nature, están disponibles para leer en abierto y lanzan un dato esperanzador: el mar tiene la capacidad para aportar la cuarta parte de la alimentación mundial para 2050.

Todo apunta a que los productos marinos adquirirán un papel protagonista en la dieta del futuro. Según los investigadores, la producción mundial anual de alimentos del mar podría aumentar entre un 36% y un 74% en los próximos 30 años -entre 21 y 44 millones de toneladas adicionales, prácticamente el doble de lo que se cuenta en la actualidad. Podemos convertir el mar en nuestra despensa, si sabemos cómo. El crecimiento azul viene con una condición: o es sostenible, o no será.

Hablemos del presente

Necesitamos conocer el presente para mirar hacia el futuro. Los científicos de la FAO han analizado en las 200 páginas del informe de qué manera aumentará la producción de alimentos en tres áreas distintas -pesquerías, acuicultura y cultivo de bivalvos- teniendo en cuenta las posibles limitaciones, especialmente las ecológicas y económicas. De aquí a este tiempo, Asia ha sido la gran despensa azul para el mundo produciendo casi la totalidad del pescado en China, India, Indonesia, Vietnam y Bangladesh; aunque Egipto, Noruega y Chile también han consolidado su puesto en lo alto de la lista.

“Durante el año pasado, el pescado supuso el 20% del importe proteico en la dieta de más de 3.000 millones de personas”, apunta el informe. “Es crucial para una dieta nutritiva en muchas zonas del mundo. No solo es uno de los productos más sanos pero también de los que menos impacto generan sobre el medio ambiente”. 

En 2018, el 88% de los 179 millones de toneladas de producción marina se utilizó para consumo alimenticio. Entre 1990 y 2018 el consumo de pescado aumentó un 122% y se cubrió con un crecimiento del 527% en la acuicultura mientras que la pesca tradicional no llegó a aumentar más del 14%. Entre los productos más consumidos encontramos las anchoas, los abadejos y el atún listado. 

La acuicultura ha hecho accesible el pescado a muchas regiones

“La acuicultura ha hecho accesible el pescado a muchas regiones y países que, de otra forma, no hubieran podido consumirlo. La producción en masa ha permitido rebajar los precios, garantizando una alimentación nutritiva y de calidad”, explican los científicos de la FAO. “A nivel global, desde 2016, la acuicultura ha sido la principal fuente de producción de pescado listo para consumir y, en 2018, supuso el 52% del total, una cifra que seguirá creciendo en el futuro”. 

¿Qué significa todo esto? Que es crítico alcanzar una acuicultura sostenible y apostar por la pesca local para poder mantener a salvo el medio ambiente. Actualmente, solo el 65% de la producción de carne marina es biológicamente sostenible. No es una cifra muy positiva puesto que en 1990 esta se situaba por encima del 90%. 

Y del futuro: más tecnología, mayor sostenibilidad

De acuerdo con la FAO, solamente el 33,1% de la población marina está explotada más allá de la sostenibilidad biológica. Una gran cantidad de poblaciones siguen siendo objeto de la sobrepesca, aunque es cierto que, como apunta el informe, alrededor de la mitad de las capturas de peces y pesquerías del mundo están ahora mucho mejor supervisadas. Sin embargo, la amenaza del cambio climático complica la situación. 

En consonancia con la visión de los ODS, que prevé la obtención de beneficios por la innovación en tecnologías de la información, el sector de la pesca y la acuicultura debe incorporar tecnología con miras a mejorar la sostenibilidad económica, social y ambiental para poder hacer un seguimiento completo de la pesca y poder garantizar su sostenibilidad. En la estrategia entran tecnologías de rastreo, sistemas de identificación automática e inteligencia artificial. 

El sector de la pesca y la acuicultura debe incorporar tecnologías que mejoren la sostenibilidad

Por otro lado, apunta el equipo científico, las enfermedades de los animales acuáticos son una de las limitaciones más graves para la expansión y el desarrollo de la acuicultura sostenible. “A nivel mundial, existe en la acuicultura la tendencia a que un patógeno que no se ha notificado anteriormente, y ocasiona una enfermedad nueva y desconocida, aparezca, se propague y cause grandes pérdidas de producción cada tres a cinco años”, advierten. Un factor que adquiere especial relevancia en esta segunda ola pandémica y que cada vez se interviene más a través del conocimiento de agentes patógenos, la mejora de la gestión de la salud de los animales y una mayor implicación en la bioseguridad.

Facilitar el acceso de los pescadores en pequeña escala a los recursos marinos y los mercados es el camino a seguir para una pesca más sostenible y accesible. La acuicultura permite una gran producción en un espacio corto de tiempo pero, como ya hemos visto, puede provocar grandes impactos ambientales en la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria, por lo que debe compatibilizarse con una producción menos lesiva y más local. Por ello, los científicos de la FAO concluyen que es igualmente necesario “destacar la contribución de la pesca -en particular la pesca en pequeña escala- y apoyar su papel en los ingresos, la cultura y la seguridad alimentaria”. Entre las recomendaciones, destacan reconocer el papel de la mujer y dar prioridad a la igualdad de género en toda la cadena de valor, empoderar a las comunidades pesqueras con instituciones inclusivas y modificar los sistemas de recopilación de datos para incluir datos desglosados que tengan en cuenta nutrición, bienestar y género de las capturas. En el escenario del futuro es esencial vigilar muy de cerca los límites de nuestros mares y océanos para que puedan darnos lo que necesitamos, sin perder lo que siempre les ha pertenecido.

Cinco años caminando hacia el futuro

Hace algo más de un año, la película Campeones arrasaba en la gala de los premios Goya. Sus protagonistas subían al escenario a recoger sus galardones con unos coloridos pines circulares en las solapas. En Twitter, miles de personas preguntaban qué era aquello. ¿Una manera de reclamar la diversidad y la inclusión? En cierto modo, así era: se trataba de la insignia circular que representa la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) firmados en septiembre de 2015 en París. 

Esta semana se cumplen cinco años desde que los países miembro de las Naciones Unidas se adhirieron a ese gran pacto global para continuar la hoja de ruta ya trazada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio: conseguir que en 2030 el planeta sea un lugar más próspero, más igualitario y más justo para todos sus habitantes. En su informe anual sobre los avances en el cumplimiento de los objetivos, este año Naciones Unidas destaca los progresos que se han logrado en algunos ámbitos como la salud maternoinfantil, el acceso a la energía eléctrica o el aumento de la representación de mujeres en los gobiernos. Del otro lado, los principales obstáculos se han encontrado en el incremento de la seguridad alimentaria y la desigualdad y el daño a los ecosistemas. 

2020, un año para reforzar los esfuerzos en sostenibilidad

Hace ahora un año, en septiembre de 2019, los firmantes de París solicitaron declarar un decenio de la acción para movilizar más recursos y mejorar la aplicación de las medidas a nivel nacional para cumplir los objetivos a tiempo sin dejar a nadie atrás. Entonces, ninguno de ellos imaginaba el futuro: 2020 marcaba el inicio de una década crucial para impulsar el ritmo y redoblar los esfuerzos. Sin embargo, tras la llegada de la pandemia, el último documento presentado por la ONU el pasado mes de julio reconoce que el coronavirus ha sido una lastre en los sistemas de salud, la economía y el acceso a la educación. António Guterres, secretario general del organismo, incide en que las poblaciones más vulnerables han sido de nuevo quienes más han sufrido el azote de la covid-19, y que el número de personas que padecerán hambre y pobreza extrema se medirá por millones. 

El secretario general de Naciones Unidas alerta de los nuevos riesgos que se suman a unos problemas ya existentes

«No voy a decirles que todo está bien. Necesitamos ser honestos», reconocía Guterres a los participantes del Foro Político de Alto Nivel que revisa los avances en el cumplimiento de la Agenda. En esa reunión, recriminaba a los gobernantes por «no tomarse en serio los Objetivos de Desarrollo Sostenible», por ejemplo en materia de solidaridad o cooperación internacional. Así, el secretario general alertaba de los nuevos riesgos que se suman a unos problemas que ya existían antes, como la pobreza, el cambio climático, la desigualdad de género y el déficit de financiamiento al desarrollo. 

Entre las conclusiones del informe, las más preocupantes son algunas de las que se refieren a esos objetivos. Según los cálculos del organismo, 71 millones de personas volverán a caer en la pobreza extrema debido a la crisis económica y laboral generada por la pandemia, lo que revertiría la tendencia a la mejora que venía produciéndose desde 1998. La falta de recursos sanitarios, el cierre de instalaciones médicas y la reducción en el acceso a servicios de nutrición y alimentación se traducirán en un incremento en los fallecimientos de mujeres y niños menores de cinco años. Además, el organismo alerta de los perjuicios  para los habitantes de los barrios marginales de las ciudades –especialmente vulnerables a la escasez de luz o agua corriente– y de los escolares, ya que el cierre de escuelas ha afectado al 90% de los estudiantes de todo el mundo y ha propiciado que más de 370 millones de niños pierdan las comidas escolares de las que dependen. 

Sin las sinergias público-privadas y el compromiso social no conseguiremos alcanzar las metas dibujadas

En el documento se subraya asimismo que el cambio climático continúa avanzando imparable: el año pasado fue el segundo más cálido desde que existen datos, y supuso la culminación de la década con las temperaturas más altas jamás registradas. La degradación del suelo, la pérdida de biodiversidad y la acidificación de los océanos agravan aún más uno de los objetivos clave para cumplir con la Agenda 2030. «En un momento en el que necesitamos desesperadamente ir hacia adelante, el coronavirus nos puede atrasar años, incluso décadas, dejando a los países con retos fiscales masivos y crecientes. La crisis nos aleja aún más de los ODS», advertía Guterres.

Si antes de la irrupción del coronavirus en nuestras vidas cumplir con los ODS era imprescindible para garantizar un planeta habitable y justo para las próximas generaciones, la pandemia ha hecho el reto más difícil, pero aún más necesario: sin las sinergias público-privadas y el compromiso social no conseguiremos alcanzar las metas dibujadas en esa gran hoja de ruta de la sostenibilidad global. Un año y medio más tarde de la gala de la que hablábamos al inicio, esos colores que pintaban la solapa de los actores de Campeones son más reconocibles que entonces por los ciudadanos. Aunque aún queda mucho por hacer, el mundo es hoy mejor que hace un lustro y, en medio de la tormenta del coronavirus, la Agenda 2030 es el timón que conseguirá llevar a buen puerto el barco en el que viajamos todos.

Red 2030 celebra su primer aniversario

Por las mismas fechas en las que los líderes mundiales se comprometían a acelerar la acción veía la luz Red 2030, el proyecto de Red Eléctrica de España en torno a la transición energética y los ODS. Un espacio que nace para divulgar contenidos relacionados con la implementación de esta gran agenda global que aborda de forma transversal los grandes retos a los que se enfrenta el ser humano. 

Red Eléctrica de España tiene marcados once objetivos para implementar la Agenda 2030

Se trata de una iniciativa que se suma a la estrategia transversal de la organización en su compromiso con la Agenda 2030. Como daban a conocer el pasado mes de octubre, la entidad tiene marcados once objetivos para implementarla, en una tarea que abarca desde reducir el 40% de sus emisiones antes de diez años a integrar el 100% de las energías renovables en el sistema eléctrico, pasando por lograr la paridad de género en el equipo directivo, entre otros.

En estos doce meses, la revista se ha convertido en un espacio de debate en el que se han abordado temas que van desde la economía a la despoblación, así como una amplia cobertura medioambiental, incluida la de la COP 25, celebrada en Madrid en diciembre del pasado año. Así, el propósito final de Red 2030 se alinea con el compromiso de sostenibilidad de la compañía y contribuye a crear un espacio de alianzas que, más allá de ser el objetivo número 17 de la lista, es necesario para conseguir cumplir todos los demás. 

¿Cómo afecta la alfabetización a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU?

alfabetización

Más allá de consistir en la enseñanza de la lectura y la escritura, la alfabetización es una fuerza motriz del desarrollo sostenible. No solo beneficia a la sociedad que apuesta por ella, sino que constituye una pieza fundamental en el progreso de la humanidad, y ayuda a erradicar la pobreza y el abuso infantil. Con esta idea en el horizonte, la UNESCO, la rama de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, lleva desde 1946 luchando contra el analfabetismo, que se presenta como un obstáculo en el camino para garantizar el derecho universal a la educación. Por eso, cada 8 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Alfabetización, un recordatorio para que todos los actores de la sociedad reflexionen sobre el gran reto que supone acabar con este problema.

A grandes rasgos, el proceso de alfabetización hace principalmente referencia a la adquisición de competencias básicas de lectura y escritura: dos capacidades que facilitan no solo la integración social, sino que favorecen una mejor calidad de vida. Sin embargo, el término abarca mucho más que la lectura, el cálculo y la escritura, y se presenta como un medio a través del cual identificar, comprender, interpretar, crear y comunicar sobre la realidad. Es precisamente por eso que la alfabetización permite una mayor participación en el mercado laboral, lo que, a su vez, mejora la salud y la alimentación, reduce la pobreza, y amplía las oportunidades de desarrollo personal durante la vida. En definitiva, permite el empoderamiento de las personas.

Cerca de mil millones de personas de todas las edades carecen de las capacidades básicas de lectura, escritura y cálculo

En las últimas décadas se ha producido un avance significativo en este sentido: la analfabetización se redujo en un 25% en los jóvenes entre 1990 y 2015, según la UNESCO. Sin embargo, todavía hoy, cerca de mil millones de personas de todas las edades carecen de las capacidades básicas de lectura, escritura y cálculo. Por este motivo, el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 de la Agenda 2030 de la ONU busca garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Se trata, cuando menos, de un objetivo ambicioso cuya consecución se ha visto ralentizada con la irrupción del coronavirus.

Si bien a inicios de año más de la mitad de los niños y adolescentes del planeta no alcanzaban los estándares mínimos de ciertas competencias, la pandemia ha nublado cualquier esperanza a corto plazo, ya que ha dificultado el acceso a la educación básica. Durante este año, según datos de la UNESCO, el 91% de los estudiantes alrededor del mundo se han visto afectados de una u otra manera a causa de la COVID-19. En el mes de abril, de hecho, se han llegado a contabilizar hasta 1.600 millones de niños y jóvenes de todo el mundo que no han ido a la escuela y más de 369 millones de niños que dependían de los comedores escolares se han visto afectados por el cierre de las instituciones. Además, durante estos meses ha quedado al descubierto la existencia de una barrera digital que ha impedido que muchos jóvenes puedan seguir con su educación a distancia.

El 91% de los estudiantes del mundo se han visto afectados por la COVID-19

Aunque la incertidumbre se cierne todavía sobre el próximo curso escolar, desde la UNESCO han puesto ya en marcha una serie de acciones para contrarrestar el efecto del coronavirus en la educación. Además de supervisar globalmente los cierres de las escuelas a nivel nacional y local, se ha creado la “Coalición Mundial para la Educación COVID-19”, una alianza multisectorial entre Naciones Unidas, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil diseñada para la creación de soluciones —y alternativas— innovadoras orientadas, en gran parte, a reducir la brecha digital.

Según han anunciado desde la organización, el objetivo es corregir el preocupante rumbo adquirido durante los últimos meses a través de distintas metas: ayudar a los estados a movilizar recursos e implementar soluciones innovadoras y adecuadas, buscar soluciones equitativas para un acceso universal, garantizar respuestas coordinadas y evitar un solapamiento de esfuerzos (o derroche de los mismos) y facilitar la vuelta de los estudiantes a las escuelas para reducir las tasas de abandono escolar.

En este sentido, la alfabetización es una de las principales metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y su impulso también ayudará a una recuperación justa tras la pandemia: contribuirá a garantizar el desarrollo sostenible, pero también un mundo más justo, democrático y en paz.

La Agenda 2030 tiene nombre de mujer

Este septiembre se cumplirán cinco años desde la firma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la materialización de una ambiciosa agenda global que pretende conseguir un mundo más sostenible, igualitario e inclusivo antes de 2030. Queda menos de una década y todavía son muchos los compromisos que hay pendientes en materia de cambio climático y justicia social.

Con un camino largo y accidentado en el que cada vez se hace más necesario apretar el paso para lograr cumplir los tiempos acordados en París, el papel que en ello juegan las mujeres para cumplir los diecisiete puntos definidos por Naciones Unidas es fundamental. Estos son algunos de los nombres imprescindibles en cada página de la Agenda 2030.

Fin de la pobreza

Esther Duflo

Hace menos de un año se convirtió en la segunda mujer de la historia en ganar un Premio Nobel de Economía por sus aportaciones sobre la Economía del Desarrollo, un nuevo enfoque para obtener respuestas fiables sobre cuáles son las formas para combatir la pobreza en todo el mundo. Esther Duflo, junto a sus colegas Abhijit Banerjee y Michael Kremer, consiguió el prestigioso galardón tras décadas de investigación sobre los aspectos microeconómicos de los países más vulnerables. Duflo –que ya se había llevado en 2015 el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales– es, además, directora del Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL) y profesora de Reducción de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Hambre cero

Inés Lezama

Aún queda mucho trabajo por hacer para conseguir el segundo de los ODS porque, de continuar las tendencias actuales, se calcula que en 2030 más de 840 millones de personas estarán afectadas por el hambre. Inés Lezama, responsable de Nutrición en Unicef, trabaja sobre el terreno en la República Democrática del Congo desde hace más de cuatro años –antes había estado en otras zonas de África como Mauritania o Camerún–, donde ha comprobado además los peores efectos del ébola en una población ya suficientemente vulnerable: según sus propios cálculos, el 45% de las muertes infantiles están relacionadas con la desnutrición.

Salud y bienestar

Françoise Barré-Sinoussi

Ganadora del Nobel de Medicina en el año 2008 ex aequo con Luc Montaigner y Harald zur Hausen, la bioquímica francesa Françoise Barré-Sinoussi es una de las mayores eminencias mundiales en investigación sobre el VIH-Sida. El galardón lo obtuvo precisamente por sus descubrimientos en este campo y sus contribuciones en el análisis de la transmisión del virus. Ya desde los años ochenta, Barré-Sinoussi colabora con los países en desarrollo, en los que ha dirigido redes de cooperación multidisciplinares para fomentar la prevención y el tratamiento de una enfermedad que, aunque está en retroceso en los países más ricos, continúa afectando gravemente a las zonas más vulnerables del planeta, sobre todo en África.

Educación de calidad

Muzoon Almellehan

En 2013, cuando tuvo que dejar su hogar para escapar de la guerra que devastaba Siria, su país natal, lo único que Muzoon Almellehan decidió llevar consigo fueron sus libros de texto. Antes de recalar en Newcastle, pasó tres años junto a su familia en un campo de refugiados de Jordania en el que no había electricidad ni internet y en el que los recursos escaseaban para ellos y para millones de personas en su misma situación. Cuando apenas tenía dieciocho años fue nombrada embajadora de Buena Voluntad, la más joven de Unicef y la primera refugiada en alcanzar ese cargo. Desde entonces, lleva a cabo una lucha incansable para intentar garantizar el acceso a la educación de los menores, especialmente de las niñas.

Igualdad de género

Chimamanda Ngozi

La activista y escritora nigeriana Chimamanda Ngozi es una de las voces más reconocidas de la lucha por la igualdad de género en todo el mundo, especialmente en África. Es autora de libros que han vendido millones de copias en todo el mundo, como Todos deberíamos ser feministas o Cómo educar en el feminismo, en los que intenta desmontar los estereotipos y roles de género.

Agua limpia y saneamiento

Josefina Maestu

La vida gira en torno al agua, el recurso que hace posible la vida en el planeta. Sin embargo, su acceso a él es desigual, sobre todo en las zonas más vulnerables: una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre y dos de cada cinco no disponen de una instalación básica destinada a lavarse las manos con agua y jabón. Además de formar parte del consejo asesor de la Red Española de Desarrollo Sostenible, Josefina Maestu fue directora de la Oficina de ONU-Agua durante seis años, secretaria general de la Red Mediterránea del Agua y consultora para la Comisión Europea de diferentes organizaciones del sistema de Naciones Unidas como el Banco Mundial.

Energía asequible y no contaminante

Bahijjahtu Abubakar

Al hablar de energías renovables y desarrollo, su nombre es uno de los más destacados. La ingeniera ambiental nigeriana Bahijjahtu Abubakar ha intentado llevar el sol como fuente de energía a las áreas rurales de su país. Allí ha instalado más de un millón de lámparas solares y cocinas que utilizan energía limpia para su funcionamiento y que reducen la contaminación, pero también mejoran la salud de las personas que dejan de respirar el aire sucio procedente de la leña y el carbón. Además, es la fundadora de RUWES (Rural Women Energy Security), una entidad que busca garantizar la seguridad de las mujeres rurales.

Trabajo decente y crecimiento económico

Kate Raworth

¿Y si el crecimiento de un país dejase de medirse solamente por su PIB? La economista Kate Raworth es la principal impulsora de la conocida como “economía rosquilla”, que perfila una transición hacia un modelo que tiene en cuenta o relaciona las necesidades humanas con el impacto ambiental, por ejemplo. Así, el índice lineal y finito sería sustituido por un anillo con un agujero en el centro: fuera están los excesos, la contaminación o la pérdida de biodiversidad; dentro las carencias en igualdad, energía o agua, y en el hueco de la rosquilla el punto de equilibrio que hace prosperar a las sociedades.

Industria, innovación e infraestructura

María Blasco

Según Naciones Unidas, solo el 30% de los profesionales que se dedican a las ciencias en el mundo son mujeres y solo uno de cada cinco países ha alcanzado la paridad en este área. En España, uno de los mayores referentes es María Blasco, directora desde hace más de una década del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y una de las mayores defensoras de la ciencia como una materia colaborativa y transparente que contribuye al desarrollo sostenible del planeta y mejora la vida de sus habitantes.

Reducción de las desigualdades

Anna Ferrer

Anna Ferrer, periodista de formación y cooperante de vocación, preside actualmente la Fundación Vicente Ferrer, que continúa la labor del que fuera su marido en la India. Allí, la entidad centra su labor en sacar de la pobreza al mayor número posible de personas mediante el desarrollo sostenible e inclusivo.

Ciudades y comunidades sostenibles

Saskia Sassen

En 2030, el 60% de la población del mundo vivirá en ciudades. La socióloga holandesa Saskia Sassen fue una pionera investigadora en la materia y la creadora del término “ciudad global”, que acuñó en el año 1991. Sassen, que investiga desde los algoritmos matemáticos al papel de la vivienda social o la ética urbana, defiende que los bancos o las grandes corporaciones tienen un papel fundamental en la construcción de la ciudad global.

Producción y consumo responsables

Brenda Chávez

El progreso económico y social conseguido durante los últimos cien años va ligado a una degradación medioambiental que pone en riesgo nuestra supervivencia en el planeta. Luchar contra el despilfarro alimentario y energético es un primer paso para reducir nuestra huella ecológica y, en ese cambio, la divulgación juega un papel fundamental. La periodista especializada en sostenibilidad y consumo consciente Brenda Chávez lleva años participando en debates y escribiendo en medios generalistas sobre el tema. Además es la autora de Tu consumo puede cambiar el mundo y Al borde de un ataque de compras, en los que aborda cómo transformar nuestra manera de adquirir productos y cambiar el sistema desde la cesta de la compra.

Acción por el clima

Greta Thunberg

Es una de las caras más reconocibles de la lucha climática. En octubre de 2018, Greta Thunberg comenzó una huelga estudiantil que pronto secundaron millones de adolescentes de todo el mundo que se negaban a ir a clase los viernes hasta que los políticos pusieran de verdad en marcha medidas para proteger el planeta. Desde entonces, la líder del movimiento #FridaysForFuture se ha convertido en un referente dentro del ecologismo con sus carismáticos discursos en defensa del medio ambiente que no ha dudado en pronunciar delante de los más poderosos e influyentes líderes de todo el mundo.

Vida submarina

Sylvia Earle

Los océanos cubren las tres cuartas partes de la superficie terrestre y contienen el 97% del agua del planeta. Sin embargo, la contaminación y la actividad humana llevan décadas poniéndolos en peligro. La bióloga marina Sylvia Earle obtuvo el Premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2018 por su labor de investigación de los océanos, a los que ha dedicado toda su vida, elaborando documentales para National Geographic o estudiando los vertidos de petróleo en las últimas décadas. Además, fue nombrada por la revista Time como el primer Héroe del planeta en el año 1998.

Vida de ecosistemas terrestres

Sandra Myrna Díaz

La pérdida de biodiversidad, la desertificación o el impacto de la agricultura en los ecosistemas son cuestiones determinantes en la supervivencia de la especie humana en las próximas décadas. La bióloga argentina Sandra Myrna Díaz ganó el año pasado el Premio Princesa de Asturias a la Investigación -compartido con la estadounidense Joanne Chory- por sus aportaciones en el área de la ecología vegetal y la biodiversidad, también por la incidencia del cambio climático en ellas. Además, forma parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

Paz, justicia e instituciones sólidas

Shirin Ebadi

Entre las metas del penúltimo de los ODS se encuentran el reducir significativamente todas las formas de violencia y garantizar la igualdad de acceso a la justicia para todos. La abogada y activista por el cumplimiento de los derechos humanos Shirin Ebadi es una de las principales voces defensoras de la democracia en Oriente Medio. Ebadi Fue la primera iraní y la primera mujer musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz en el año 2003 en reconocimiento a su labor en la defensa de los derechos humanos, especialmente en lo referido a mujeres y niños.

Alianzas para lograr los objetivos

Ursula von der Leyen

Fortalecer la movilización de recursos internos, incluso mediante la prestación de apoyo internacional a los países en desarrollo es uno de los principales retos para lograr que todos los países cumplan con los ODS. La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen ha hecho de ello uno de los buques insignia de las políticas de su programa para la Europa de los próximos años, en las que promete cooperación entre países y alianzas en todas las materias para lograr un desarrollo más sostenible.

Los hitos sostenibles de la primera mitad de 2020

Este año iba a ser el pistoletazo de salida hacia una década más sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Por un lado, Naciones Unidas había marcado como objetivo proteger, al menos, el 30% de la biodiversidad en la Tierra y el océano de cara a 2030. Por otro, se habían organizado múltiples convenciones internacionales para abordar la pérdida acelerada de riqueza natural a escala global: la 15ª Conferencia del Convenio de Naciones Unidas de Diversidad Biológica (CBD), el Foro Mundial de la Biodiversidad en Davos (Suiza), las reuniones preparatorias de la COP26… La llegada del coronavirus congeló gran parte de los planes, pero no del todo. A continuación, recogemos los principales hitos sobre sostenibilidad que han marcado el primer semestre de este año tan insólito.

Aterriza el Pacto Verde Europeo

Enero comenzó con la llegada del Green Deal, la hoja de ruta más ambiciosa de la Unión Europea que busca convertir el continente en el primero climáticamente neutro en el año 2050. Para ello, la comisión ha consolidado siete pilares fundamentales: impulso de fuentes de energía alternativa más limpia, una industria sostenible basada en la economía circular, renovación de edificios, fomento de la movilidad sostenible, aumento de la biodiversidad en ciudades, pesca y agricultura respetuosas con el medio ambiente y prevención de la polución del aire, el agua y el suelo.

El Pacto Verde Europeo tenía previsto movilizar un billón de euros hasta 2027-2030 –el mayor porcentaje de la historia de gasto público en acción por el clima– y se vio acelerado por la pandemia global del coronavirus que, además de afectar a nuestro sistema económico y social, ha reafirmado la necesidad de una economía más limpia y sostenible para proteger los ecosistemas y, por ende, a nosotros mismos. Así lo aseguraba Teresa Ribera, vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, en una entrevista realizada en plena crisis sanitaria: “Del mismo modo que hay quien pone de manifiesto que esta crisis sanitaria tendrá salida una vez que tengamos vacunas y capacidad diagnóstica, sabemos cuál es el tratamiento que requiere nuestro medio ambiente. Eso sí, si avanzamos en su destrucción hasta el punto de no retorno, ni las vacunas ni el tratamiento funcionarán”.

Uno de los objetivos principales del Green Deal frenar el daño a la biodiversidad y garantizar así nuestra supervivencia en las próximas décadas. Porque, como subrayaba en los primeros meses de la pandemia Fernando Valladares, doctor en Biología del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el papel protector de la biodiversidad es fundamental para reducir la zoonosis (o propagación de infecciones de una especie animal al hombre) que supone ya el 70% de las enfermedades emergentes en el mundo.


Davos: del blanco de la nieve al verde de su reestrenado manifiesto

2020 comenzó también con una edición del Foro Económico Mundial que, además de celebrar medio siglo de estos encuentros entre políticos, empresarios y representantes de organizaciones sociales y culturales, afianzó el compromiso y la concienciación corporativa con la protección del medio ambiente. Durante las jornadas celebradas en enero, el fundador y presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, recordó que “nuestros esfuerzos para mantener el calentamiento global limitado a 1,5°C se están quedando peligrosamente cortos. Con el mundo en una encrucijada tan crítica, este año debemos desarrollar un Manifiesto de Davos 2020 para reimaginar el propósito y los cuadros de mando para las empresas y los gobiernos”.

España aprueba el anteproyecto de Ley del Cambio Climático

En nuestro país, los primeros meses de 2020 han gestado uno de los mayores hitos sostenibles de la historia española reciente: el anteproyecto de Ley del Cambio Climático, un texto legal que sitúa a España en el camino hacia la neutralidad en emisiones de carbono en 2050 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. El documento, cuya presentación en las cortes se retrasó hasta mayo por el coronavirus, permite que España fije por ley sus objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 con un descenso del 20% respecto a niveles de 1990. Además de implicar a todos los sectores económicos en el reto de una reindustrialización más sostenible y una reducción drástica de emisiones, esta nueva Ley destaca especialmente por situar la educación ambiental en el centro del debate, una asignatura pendiente en nuestras aulas que el Gobierno considera de “especial importancia” para implicar a la sociedad española en todas las respuestas frente al cambio climático y la promoción de transición energética.

Caen drásticamente las emisiones… por el coronavirus

En el primer trimestre de 2020 hemos sido testigos de otro hecho insólito: la drástica reducción de emisiones a nivel mundial. A finales de marzo, el satélite Copericus Sentinel-5P mostraba la reducción de la contaminación atmosférica provocada por el dióxido de nitrógeno en ciudades tan contaminantes como Madrid, París o Milán entre el 15 y el 25 de marzo de 2020, coincidiendo con el inicio del confinamiento en España. Las emisiones diarias de dióxido de carbono también cayeron un 17% a nivel mundial y un 32% en España durante el mes de abril.

No obstante, una reducción tan llamativa no implica la minimización del impacto del cambio climático, tal y como argumentó la autora principal de la investigación, Corinne Le Quére: “Es probable que estas disminuciones extremas sean temporales, ya que no reflejan los cambios estructurales de los sistemas económicos, de transporte o de energía. La medida en que los líderes mundiales consideren el cambio climático al planificar sus respuestas económicas posteriores al coronavirus influirá en las trayectorias de las emisiones mundiales durante las próximas décadas”.


La economía circular: una realidad cada vez más cercana en España

El pasado junio se aprobaba en el Consejo de Ministros la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC), denominada España Circular 2030, que nace con la intención de “superar la economía lineal e impulsar un nuevo modelo en el que el valor de productos, materiales y recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible”. La puesta en marcha de este ambicioso plan de acción tiene una traducción clara en cifras y objetivos: reducir en un 30% el consumo nacional de materiales, mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua y recortar un 15% la generación de residuos respecto a 2010.

Para que la circularidad de nuestro sistema económico y productivo sea una realidad dentro de una década, el plan del Gobierno se centra en impulsar normativas para avanzar en este sentido las políticas económicas, de fiscalidad, de empleo, de I+D+i, de consumo, industrial, del agua, agraria y de desarrollo de áreas rurales. Además, según el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, las líneas de actuación principales sobre las que se centrarán las políticas de la EEEC se dividen en ocho pilares, cinco de ellos relacionados con el cierre del círculo (producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización del agua) y tres de carácter más transversal (sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, y empleo y formación).  

El sistema energético, más verde que nunca

El mix energético español es cada vez más verde. A la luz de los datos publicados en el Informe del Sistema Eléctrico de Red Eléctrica este mes de junio, en 2019 España incorporó a su parque de generación de electricidad más de 6,4 GW de nuevos megavatios de energía renovable. Así, España alcanzaba un máximo de capacidad de generación histórico: 110 GW de potencia instalada. Y, por primera vez en la historia, del total de la potencia instalada nacional, el 50,1 % correspondía a instalaciones de energía renovable, que superaban así a las tecnologías no renovables. Un avance necesario para la transformación del modelo energético de nuestro país.

Tras más de tres meses de pandemia global podemos decir que el coronavirus nos ha abierto los ojos de cara a nuestra convivencia con la Tierra. Los retos que se suman al calendario post-COVID19 implican ciudades más sostenibles y eficientes, una movilidad más verde y la transformación de nuestra economía y de los sistemas energético y productivo hacia un modelo más circular y verde. Todavía tenemos tiempo para cerrar 2020 como uno de los años más fructíferos contra el cambio climático.

Consejos para un verano sostenible (y responsable)

Durante los duros meses de confinamiento, millones de personas soñaban desde sus hogares con un verano como los de siempre, de esos en los que el reloj se queda en casa y el sol lo baña todo para darnos la oportunidad de recargar pilas. Y, aunque nos encontremos en una imprevista nueva normalidad, el verano sigue siendo para desconectar y disfrutar.  Sin embargo, no debemos olvidar todas esas pautas que seguimos durante el resto del año para proteger y conservar el medio ambiente.

A continuación, recogemos algunos consejos para que este verano sea lo más sostenible posible sin dejar de lado la responsabilidad ciudadana frente a la propagación del coronavirus.

Evita utilizar plásticos innecesarios

Vivimos un momento de la historia en el que el plástico, justo cuando estaba a punto de convertirse en material tabú, se ha vuelto imprescindible para los equipos de protección individual hospitalarios, las mascarillas de la población, las gafas y viseras, pantallas protectoras, respiradores, guantes de supermercado y otros tantos objetos. Pero, aunque necesario, el plástico sigue siendo una amenaza para la salud de nuestros ecosistemas, por lo que su correcto tratamiento es ahora más esencial que nunca.

Utilizar bolsas reutilizables que tienes en casa en lugar de carros y cestas es un pequeño acto que, además de evitar adquirir bolsas de plástico de un solo uso, también garantiza una mayor seguridad para protegerse contra la COVID-19. En este sentido, lo ideal es evitar, en la medida de lo posible, el exceso de envoltorios –como por ejemplo las bandejas para carnes y pescados– y comprar de manera local y a granel, gesto que además permite escoger la cantidad que realmente necesitas. Otra manera de reducir la huella de plástico es escoger aquellos establecimientos que más apuestan por la sostenibilidad. Para facilitar esta elección, Greenpeace ha elaborado un ránking de supermercados según su huella plástica.

Deja el paisaje como lo encontraste y no tires las mascarillas al mar

En estos meses, disfrutar de un picnic en la playa o en la montaña es un plan muy atractivo. Sin embargo, cabe recordar que los espacios naturales no son basureros. Intenta siempre dejarlos tal y como los encontraste, recogiendo todos los residuos que hayas dejado a tu paso. Lleva contigo unas bolsas de basura –si son de plástico reciclado, mejor- para recoger todos tus deshechos.

Las mascarillas se han convertido en el principal accesorio de nuestra vestimenta diaria y la principal herramienta para luchar contra la pandemia. Sin embargo, la organización sin ánimo de lucro Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio, en español) denunció hace unas semanas que las mascarillas y los guantes ya han llegado al fondo del mar Mediterráneo. Tirar nuestros equipos de protección al mar o dejarlos olvidados en cualquier espacio exterior es una irresponsabilidad a nivel medioambiental y sanitario: lo correcto es echarlos al contenedor de los restos, el de la basura doméstica habitual (color gris). Si provienen de personas enfermas, deben ir en dos bolsas de basura cerradas, según las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Opta por protectores y prendas de baño sostenibles

Usar crema solar es imprescindible para proteger nuestra piel de posibles quemaduras. Sin embargo, hay estudios, como el elaborado por la organización Haereticus Environmental Laboratory, que demuestran que, con el contacto con el agua, los protectores desprenden ciertos productos tóxicos que son perjudiciales para los ecosistemas marinos. Por ello, cada vez hay más opciones sostenibles en los supermercados y algunas se fabrican sin Oxibenzona, un químico que resulta dañino para algunas especies marinas.

También en la moda de baño podemos apostar por la economía circular. En concreto, la firma española Venus emplea materiales reciclados en sus colecciones con un doble objetivo: reintroducirlos para darles una segunda vida y evitar que se conviertan en residuos.

Evita hacer viajes cortos en avión

El avión es uno de los medios de transportes que más contaminantes del mundo: se calcula que emite 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. Por eso, tal y como llevan tiempo aconsejando gobiernos e instituciones, lo mejor es evitar volar si hay una alternativa como el tren o el autobús, que ya están en pleno funcionamiento con nuevas medidas de seguridad y ocupación.  

Muévete de forma sostenible

Aunque durante las semanas más duras de la pandemia se primó el uso del transporte privado sobre el público, no debemos abandonar este medio de movilidad que nos ayuda a cuidar nuestro entorno.

Y entre toda la oferta disponible, para recorridos más largos y desplazamientos en las urbes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda utilizar la bicicleta porque “proporciona la distancia física necesaria mientras ayuda a cumplir con el requisito mínimo para la actividad física diaria, que puede ser más difícil debido al aumento del teletrabajo”.

Diversidad en la empresa: mucho más que una bandera

Silicon Valley es el epicentro de la innovación y la tecnología, pero tiene una gran grieta: la mayor parte de sus empleados son hombres blancos. Este es un hecho que lleva denunciando desde 2012 la organización Code2040, nacida en San Francisco con el objetivo de acabar con la brecha racial en la ingeniería y la tecnología, y que corroboran los datos de diversidad racial de las propias compañías: en Apple, Facebook, Google, Microsoft y Twitter, más de la mitad de los empleados son blancos. La empresa de Bill Gates casi roza el 62% y Google alcanza el 60% frente al 1% de trabajadores afroamericanos.

Según explicaron desde Code2040 en una entrevista, la irrisoria falta de diversidad no es solo una cuestión social, sino que “amenaza la capacidad de Estados Unidos para seguir siendo competitivos” contra grandes mercados como el asiático. Y están en lo cierto: construir una plantilla diversa en cuanto a etnias, edades, países de origen e identidades sexuales es un activo esencial para el crecimiento, la innovación y la sostenibilidad de las empresas en el futuro próximo.

Son incontables los estudios sobre la composición del tejido empresarial que demuestran que aquellas compañías con políticas de gestión de la diversidad han reportado una mayor capacidad para atraer talento y ofrecer soluciones de negocio más creativas e innovadoras. Un ejemplo es la conclusión a la que llega la consultora MacKinsey & Company tras analizar entre 2008 y 2010 a más de 180 empresas que cotizaron en Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, y observar que aquellas compañías con más mujeres y ciudadanos extranjeros en altos puestos obtienen mejores resultados que otras con menor diversidad.

El discurso ha cambiado para siempre y, por ese mismo motivo, la Agenda 2030 otorga en sus ODS 8 y 10 al sector privado -desde microempresas hasta multinacionales- un papel fundamental en la transformación hacia una sociedad más sostenible que logre una remuneración equitativa para hombres como mujeres de todas las etnias, incluidos jóvenes y personas con algún tipo de discapacidad.

Las claves para una empresa realmente diversa

Las compañías ya no pueden ignorar el mundo globalizado en el que vivimos. En última instancia, son ellas las que responden a las demandas de una sociedad formada por un enorme abanico de edades, identidades sexuales, géneros y orígenes. Cada una de las personas que la conforman tiene su propia concepción de la realidad y todas necesitan ser puestas en valor. Es pura lógica empresarial: el sistema de producción que omite a las minorías se ha quedado obsoleto.

Los beneficios ya están puestos sobre la mesa: incremento de la satisfacción y compromiso con la empresa, reducción del absentismo, desarrollo de competencias interculturales, acceso a nuevos mercados, mejores vínculos con los clientes debido a una mejor comprensión de sus necesidades y, por último, una mejora en la reputación empresarial. Ahora solo queda conseguirlo.

“El mayor reto de las políticas de diversidad en la actualidad es ser auténticas”, apunta el Ministerio de Trabajo español en un extenso informe sobre la gestión de la diversidad en los entornos profesionales nacionales. “Se trata, más allá de una cuestión de números, de mejorar la calidad, eficacia y sostenibilidad de nuestras actuaciones. El futuro de la diversidad pasa por integrarla en el ADN de las organizaciones y convertirla en el motor de crecimiento”.

Según datos de la Unión Europea, mientras que en los países del norte del continente, un 63% de las empresas considera la gestión de la diversidad como un aspecto positivo, en España solo ocurre en uno de cada 100 casos. En una encuesta realizada por eBay en 2017 sobre la diversidad en el empleo, uno de cada cinco españoles aseguraron haberse sentido excluidos en sus trabajos por alguna característica personal como el género, la edad, la etnia o la religión; una cifra que aumenta hasta casi la mitad (44,7%) dentro del colectivo LGTBI+.

Uno de cada cinco españoles aseguran haberse sentido excluidos en sus trabajos

Como vara de medir la actitud del tejido empresarial español frente a la gestión de la diversidad, podemos utilizar el Índice D&I que la Red Acoge lleva elaborando desde hace cinco años a través de encuestas realizadas a medio centenar de empresas con el fin de evaluar cómo se desenvuelven en cuatro categorías: sistema de gestión interno para la diversidad y la inclusión, política corporativa de no discriminación, medidas externas de la gestión de la diversidad y mapa de la diversidad.

Las cifras demuestran que hay un importante crecimiento de la diversidad cultural en el entorno profesional, especialmente en los mandos medios, una relación que la fundación explica con la internacionalización de las empresas: al abrirse a otros países, automáticamente se integran más nacionalidades. De hecho, ocho de cada 10 empresas encuestadas cuentan con una estrategia de selección que garantiza la no discriminación por razones de etnia, género u orientación sexual y que se centra únicamente en el talento.

“Las compañías tienen mucha voluntad por mejorar su gestión de la diversidad: al final vivimos en un mundo globalizado y cada gota de nuestra inteligencia colectiva cuenta”, apuntan desde Red Acoge. “A lo largo de estos años hemos observado que las empresas, en su mayoría pymes, promueven la perspectiva de la diversidad en acciones de proyectos sociales o programas de voluntariado corporativo”.

El mayor porcentaje de sensibilización disminuye en los mandos intermedios y superiores

No obstante, el mayor porcentaje de sensibilización en diversidad e inclusión se acentúa en la plantilla general y disminuye si miramos hacia los mandos intermedios y superiores. La cifra que se torna especialmente baja dentro del colectivo LGTBI (13% en mandos superiores frente al 41,67% en la plantilla en general). Falta comunicación entre CEO y empleado, en palabras de Red Acoge: “El liderazgo inclusivo es clave para incidir en la sensibilización en los niveles superiores y terminar generando un efecto cascada que llegue al resto de la plantilla”.

Aunque la comunicación transversal es clave en una empresa con una gestión de diversidad exitosa, la fundación indica cuatro puntos más a cumplir: “Es importante que las empresas vayan introduciendo planes de diversidad y adopten políticas que incluyan el derecho de la no discriminación, que los mandos superiores revisen la forma en que se toman decisiones y cómo se comunican a los empleados en materia de diversidad y, también, utilizar un discurso fácilmente comunicable”.

El objetivo final está, según los expertos, en alinear la diversidad cultural con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que las empresas, incluidas las que están presentes en Silicon Valley, recurran a ella como eje vertebrador de la inclusión en el entorno laboral. Solo ese, apuntan desde Red Acoge, será el camino para la excelencia empresarial: “La diversidad cultural será el que delimite el futuro sostenible, respetuoso y comprometido”.

Apostar por el saneamiento del agua para combatir pandemias

El 1 de enero de 2020 empezó la cuenta atrás para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Con diez años por delante para hacer de la Agenda 2030 una realidad, a finales de 2019 el Secretario General de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, apeló a todos los sectores de la sociedad para hacer de 2020 la Década de Acción. “Nos queda un decenio para transformar el mundo mediante la movilización de más gobiernos y empresas, así como con un llamamiento a todas las personas para que hagan suyos los Objetivos Mundiales”, explica la página web de la ONU. Sin embargo, cuando empezaba a haber un consenso generalizado sobre necesidad de desarrollar sus actividades en base a la consecución de los ODS, el coronavirus ha irrumpido en nuestras vidas poniendo en pausa todas las prioridades.

En un momento tan extraordinario como el actual, en el que los gobiernos se han visto obligados a hacer frente a una crisis sin precedentes, la Agenda 2030 corre el riesgo de verse relegada a un segundo plano. Sin embargo, son muchos los expertos que consideran los ODS deben ser, ahora más que nunca, nuestra guía para la recuperación del planeta. “Es vital que durante la respuesta a la crisis los países mantengan el foco en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y en los compromisos climáticos para mantener los logros del pasado y, durante la recuperación, hacer inversiones que impulsen un futuro más inclusivo, sostenible y resiliente”, afirma la ONU en el informe Shared responsability, global solidarity: Responding to the socio-economic impacts of COVID-19.

Mientras la comunidad científica busca una vacuna a contrareloj, lavarse las manos con jabón y agua sigue siendo una de las medidas más efectivas para evitar contagios y, por tanto, frenar la expansión del virus. Un gesto muy sencillo, pero que es imposible para muchos: en multitud de puntos del planeta el agua es un bien escaso y el agua limpia apta para el consumo y el saneamiento es incluso considerado un bien de lujo. Se calcula que en todo el mundo, más de 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable o sistemas de saneaminento y de todas ellas, más de la mitad viven en África, según la ONU. Por eso, el ODS 6 se centra de manera exclusiva en garantizar el acceso universal a fuentes de agua limpia y saneamiento para aquellos en situación de vulnerabilidad.

El ODS 6 se centra en garantizar el acceso universal a fuentes de agua limpia y saneamiento

A pesar de los progresos alcanzados en este terreno, “una de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a agua potable y dos de cada cinco no cuentan con instalaciones de saneamiento mejoradas que permiten lavarse las manos con jabón y agua”, explica la ONU. La desigualdad de los recursos hídricos no es un fenómeno nuevo, pero tal y como reconoce la organización, “la pandemia de la COVID-19 ha demostrado la importancia crítica del saneamiento, la higiene y el acceso adecuado a fuentes de agua limpia para prevenir y contener enfermedades”.

Más allá del coronavirus, el agua contaminada y la falta de instalaciones sanitarias están relacionadas con la propagación de otras enfermedades que se cobran la vida de miles de personas al año. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, entre otras, patologías como la malaria, cuyos vectores se reproducen en el agua y que se estima que solo en 2018 mató a 405.000 personas (el 67% menores de cinco años); la helmintiasis, transmitida por “huevos presentes en las heces humanas que contaminan el suelo en las zonas con malos sistemas de saneamiento” y que afecta a alrededor de 1.500 millones de personas, y la diarrea aguda. Esta última es la causa de la muerte de dos millones de personas al año, de las cuales -apunta la ONU- el 90% son provocadas por mala higiene y agua insalubre. Además, es especialmente dura con los niños: más de 800 mueren cada día por diarrea.  

Según las estimaciones de la comunidad científica, es probable que dentro de no mucho tiempo el coronavirus cuente con una vacuna. No obstante, epidemiólogos y científicos de todo el mundo apuntan a que esta no es ni será la última pandemia a la que se enfrente la humanidad. En este sentido, una recuperación que no se centre en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en general, y en el número 6 en particular, podría convertirse en un mero parche. El acceso a agua limpia y a instalaciones sanitarias es absolutamente necesario para mantener una mínima higiene y dignidad personal y, además, es un impulso para lograr otros objetivos como el de la lucha contra la desigualdad. “El agua y la higiene decente son una clave fundamental para lograr los ODS, incluidos el de buena salud e igualdad de género”, argumenta la ONU. A pesar de ello, mientras haya personas en el mundo que no tengan acceso a agua limpia o que no dispongan de instalaciones de saneamiento toda la humanidad seguirá en riesgo de vivir otra pandemia.

Plásticos: entre la necesidad y el exceso

Una gigantesca isla de plástico, que se calcula que equivale en superficie a la de Francia, España y Alemania juntas, flota desde hace tiempo en mitad del Pacífico. Es el resultado de los miles de millones de residuos acumulados en nuestros océanos dese hace décadas. La comunidad científica lleva años alertando sobre el grave impacto que tienen los plásticos no biodegradables sobre el medioambiente. Parecía que en 2020 se iba a dar un salto cualitativo en el modelo de producción de este material; sobre todo porque los plásticos de usar y tirar pasarán a estar prohibidos en la Unión Europea el año que viene. Además, el 6 de marzo de este año, España se sumaba al Pacto Europeo de los Plásticos para reducir la utilización innecesaria. Sin embargo, con la irrupción del coronavirus, nuestras prioridades han cambiado radicalmente.

Ahora mismo lo más urgente es superar la pandemia y, aunque muchos países afrontan con buenas perspectivas la desescalada, las precauciones por el contagio tardarán en abandonarnos. Pantallas, mamparas, batas, guantes y respiradores son ahora más que necesarios que nunca, pero cabe recordar que, en su mayoría, están hechos de plástico. De igual modo, muchos de los Equipos de Protección Individual (EPI) son de un solo uso, por lo que irremediablemente, ahora se generan aún más residuos de este material que antes de la alerta sanitaria.

Consciente de la situación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicó esta semana una serie de indicaciones para la gestión de residuos derivados de la crisis sanitaria del coronavirus. Esta serie de pautas a seguir, recogidas en un documento llamado “Orientaciones para la prevención y gestión de residuos durante las fases de desescalada” hacen hincapié en evitar las mascarillas y guantes de un solo uso siempre que sea posible en todos los sectores de la población. Según el Ministerio, las dos prioridades actualmente, la protección de la población ante el virus y la recuperación económica, no deben impedir “avanzar hacia modelos de producción más sostenibles”. Es más, para el Gobierno, la reactivación económica representa una oportunidad para progresar “hacia una economía circular y descarbonizada”, en línea con las políticas que desde la Unión Europea se han puesto en marcha en los últimos meses.

Algunos grupos ecologistas que trabajan en China ya han denunciado la acumulación de mascarillas desechables en la Isla de Soko, cerca de Hong Kong. Y el país asiático no es el único. En España se calcula que durante el mes de abril los residuos plásticos se multiplicaron por cuatro. Se trata de restos que no pueden ser reciclados y que acabaran en un vertedero o incinerados.

Se calcula que en abril los residuos plásticos se han multiplicado por cuatro en España

Desde el Ayuntamiento de Valencia, una de las regiones más afectadas por el coronavirus, se calcula que desde que empezó la pandemia se han generado más de 300 toneladas de estos residuos solo en las residencias de ancianos. Por otro lado, según Ecoembes, en la primera semana de confinamiento aumentó un 15% la basura recogida en el contenedor amarillo de los hogares, la de plásticos. Esto supone un claro retroceso en los objetivos de reciclaje para las próximas décadas: en 2035 se esperaba reutilizar el 65% de los plásticos reciclados, pero a día de hoy apenas superamos el 30%.

Un impulso a los materiales alternativos

¿Existen formas de paliar este exceso de producción de un material altamente contaminante sin dejar de ser efectivos en la prevención del contagio o para la protección del personal? Además de aumentar el uso del plástico, la pandemia también ha abierto la puerta al desarrollo de materiales alternativos menos dañinos para el medioambiente. Pero estos problemas con la gestión de los residuos originados por el uso masivo de guantes y mascarillas en nuestro país podrían tener solución. Investigadores del CSIC han desarrollado una fibra completamente biodegradable y antiviral para fabricar estos instrumentos que permitirían reducir el uso de plásticos sin perder la seguridad de no contagiarnos con el virus. Además, gobiernos como el de Asturias ya están trabajando en ello: desde que comenzó la crisis sanitaria, una fábrica de Gijón, con apoyo del la Administración y la participación de varias empresas de material médico, comenzó a producir mascarillas reciclables.

En EE. UU., el fabricante de automóviles Ford está produciendo batas reutilizables a partir de materiales de los airbags que pueden lavarse hasta 50 veces, mientras que la Universidad de Nebraska está investigando sobre si la luz ultravioleta podría descontaminar y prolongar la vida de las mascarillas quirúrgicas.

A pesar de los rápidos avances que se están haciendo en esta dirección, todavía queda esperar a que se generalicen modelos de mascarilla como el patentado por la empresa británica Virustatic Shield, que contiene una “redecilla antiviral” reutilizable. Por el momento, las mascarillas artesanales de tela sin protección extra, aunque no sean tan efectivas como una médica, lavarlas a 60 grados es lo recomendado.

En cualquier caso, los expertos han explicado en numerosas ocasiones que el jabón y el agua caliente son efectivos para acabar con el coronavirus tanto en envases como en otros objetos. Con la excepción de hospitales y otros entornos médicos donde la precaución tiene que ser extrema, manteniendo estos estándares de higiene y desinfección, no hay motivo para fomentar el uso de envases y objetos reciclables frente a los reutilizables.

Por otro lado, muchas organizaciones ecologistas, como Greenpeace España, proponen reducir aún más el consumo de plásticos en otros ámbitos, acelerando el proceso en el que ya estaba inmersa toda la Unión Europea.

La recomendación no es nueva, pero puede ser útil: consumir productos frescos y de temporada en comercios de cercanía, que no emplean envases de plástico, o utilizar nuestras propias bolsas de tela o recipientes para comprar a granel es una buena manera de reducir el consumo de plásticos en un momento en el que, hasta que existan alternativas seguras y asequibles, son necesarias para hacer frente a esta crisis sanitaria.  

#Coronavirus: consejos para una 'mens sana'

La pandemia de la COVID-19 no solo ha tenido un fuerte impacto social y económico en la población mundial, sino también psicológico. Sin ir más lejos, en una entrevista reciente, Dévora Kestel, directora de Salud Mental de la OMS, equiparaba el daño psicológico que puede provocar esta situación al que acontece en catástrofes naturales o periodos de guerra. Son muchos los expertos que advierten de las secuelas que ya se están dejando notar en todos los ámbitos de nuestra vida.

Ansiedad, nerviosismo, problemas de sueño o de concentración e incluso, síntomas de depresión son sensaciones comunes en estas semanas de confinamiento e incertidumbre. Esta situación es especialmente delicada también en el caso del personal sanitario, sobre el que los expertos ya avisan que se registrará con alta probabilidad casos de síndrome de estrés postraumático. Para evitar estas situaciones y cuidar nuestra salud mental durante el confinamiento y el proceso de desescalada anunciado por el Gobierno, instituciones como la propia OMS y los diferentes Colegios de Psicólogos han propuesto una serie de consejos y pautas que se detallan a continuación.

1. Aceptar nuestras emociones y reconocerlas

Este es el principal consejo, pero también uno de los más complejos de asimilar. Según sostienen las diferentes instituciones, sufrir ansiedad o trastornos de cualquier tipo asociados a la cuarentena es algo común. Por eso, no debemos sentirnos avergonzados, culpables o presionados por encontrarnos bajos de ánimo. Ser capaces de reconocer los efectos del aislamiento y formularlos de manera consciente es el primer paso para trabajar en ellos y, sobre todo, para llevar a la práctica el punto dos.

2. No estamos solos y podemos pedir ayuda

Que se deba aplicar una distancia física para prevenir los contagios no significa que estemos solos. Tanto la OMS como los psicólogos de cabecera recomiendan mantener el contacto con la familia y los amigos, ya sea por teléfono o a través de las videollamadas, que han pasado a formar parte de nuestro día a día en el confinamiento. Los especialistas nos animan a apoyarnos en nuestros seres queridos si nos encontramos mal e incluso pedir ayuda online a un profesional.

3. También necesitamos nuestro espacio

Es posible que estés pasando esta cuarentena con tus familiares, tu pareja o tus compañeros de piso. Sin embargo, aunque el calor humano se ha vuelto un bien aún más valioso en estos días, la mayoría de los expertos recuerdan que no debemos sentir culpabilidad por necesitar también tiempo para nosotros. De la misma manera que nos hace falta la convivencia y el contacto con otras personas, a veces también nos viene bien cierta distancia.

4. Infodemia: mejor poco y bien que mucho y mal

El Colegio de Psicólogos de Madrid ha publicado varios artículos en su web estas semanas con recomendaciones sobre las fake news. Según expone esta institución, el exceso de noticias negativas, muchas de ellas inexactas, exageradas o sesgadas, puede llevarnos al pesimismo y la ansiedad. Así que, a pesar de que parezca más propio de portales de fact checking que de terapeutas, se trata de un consejo de mera superviviencia: la sobreinformación en estos momentos puede generar estados de pánico y confusión. Los expertos recomiendan no dejarse llevar por informaciones alarmistas y seleccionar con precaución las noticias que se consumen.

5. Mantenerse activo mentalmente

La frase Mens sana in corpore sano está más de moda que nunca. Ejercitar la mente es esencial, ya que nuestro cerebro es un órgano como los demás que necesita ser oxigenado para funcionar de manera correcta. Los especialistas aconsejan leer, hacer puzles o practicar aquello que permita mantener la mente activa. Entretenerse y relajarse es fundamental en estos tiempos, y cada uno tiene su método.

6. Tomárselo con calma

En estos días de confinamiento, las redes sociales se han llenado de retos y actividades en las que invertir el tiempo. Sin embargo, otra recomendación del Colegio de Psicólogos de Madrid es darse tiempo para no hacer nada si así lo necesitamos. Parece contradictorio, pero desde el Colegio nos indican que, como en todo, la virtud está en el equilibrio. Si nos obsesionamos con tener un aislamiento productivo acabaremos provocando la misma ansiedad que necesitamos evitar. Así pues, se trata de mejorar en el cuidado propio y de los demás, no de juzgarse y autoimponerse más presión de la debida.

Seguir estas pautas para cuidar nuestra mente nos ayudará a paliar los efectos psicológicos de esta situación extrema a la que no nos habíamos enfrentado antes.