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Las actividades extraescolares, un indicador de desigualdad

En España, la falta de refuerzo gratuito en los centros educativos alimenta un mercado de clases privadas que excluye a los niños de rentas más baja. Instituciones y familias recuerdan que una mayor oferta pública ayudaría a cerrar la brecha de desigualdad.


Cuando termina la jornada escolar de la mañana, empieza otra que no todos los estudiantes pueden permitirse. España es uno de los países desarrollados que menos clases de repaso gratuitas ofrece: lo hace el 40% de los centros de secundaria, 25 puntos por debajo de la media de la OCDE. Esta falta de oferta pública engorda el sector de las extraescolares privadas, al que las familias destinaron 1.700 millones de euros en 2021, mientras deja a muchos chicos y chicas fuera. Madrid es un ejemplo: tras recortar el presupuesto destinado a estas clases, este curso solo han accedido a ellas un 21% del alumnado. 

La mayoría de los estudiantes (76,7%) realiza alguna actividad extraescolar hasta cuatro días por semana, solo un 26,7% en su propia escuela. Las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso. En Cataluña, por ejemplo, el 45% de niños y adolescentes con menor nivel económico no hace ninguna actividad extraescolar deportiva, y un 70% no hace extraescolares no deportivas. Entre las familias favorecidas, esos porcentajes se invierten: el 80% hace deporte y el 55% participa en alguna extraescolar de otro tipo.

La mayoría de los estudiantes realiza alguna actividad extraescolar, pero las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso

Un estudio de Esade de 2013 ya mostraba que la renta condiciona el tipo de actividad: mientras las familias de ingresos bajos centran sus esfuerzos en igualarse con clases de refuerzo educativo, las de rentas medias y altas eligen actividades que aporten oportunidades de crecimiento y diferenciación (idiomas, artes, deportes especializados…). «Las personas con menor nivel económico tienen mayor riesgo de fracaso escolar; por tanto, serían potencialmente quienes tendrían mayor necesidad de acceder a estos servicios de refuerzo. Al tratarse de servicios caros son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destacó Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona, durante la presentación del informe de Esade. 

«El éxito educativo no debería depender del bolsillo de las familias», añade Mª Carmen Morillas, de la Asociación de Padres y Madres Giner de los Ríos, que cree que todo lo académico debería resolverse dentro del centro, un espacio en el que tendría que haber igualdad de condiciones. Critica que España tenga uno de los horarios lectivos más largos de Europa, algo que vulnera el derecho de la infancia al ocio y al juego. «Hay niños y niñas que tienen jornadas más amplias que las laborales de los adultos», explica. 

«Las personas con menor nivel económico son quienes tendrían mayor necesidad de refuerzo, pero son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destaca Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona

La OCDE señala que invertir en educación temprana y programas extraescolares públicos reduce desigualdades. Las actividades extraescolares no solo sirven de repaso: son un espacio donde practicar el derecho a la participación infantil, como recuerda Save The Children, algo fundamental teniendo en cuenta que la exclusión temprana fomenta la desafección con los centros educativos.

El papel de la administración local

María Truñó, del Ayuntamiento de Barcelona, señala que la desigualdad es doble: de acceso y de elección, y reclama políticas que refuercen el papel igualador de la educación. Su consistorio impulsa la Estrategia de tardes educativas, que garantiza dos tardes semanales de actividades para niños de 6 a 16 años, priorizando a los más vulnerables. Truñó explica que tratan de garantizar diversidad, calidad, asequibilidad (mediante becas públicas) y proximidad para fortalecer la comunidad y mitigar la segregación. 

A escala estatal, destaca el programa PROA/PROA+, orientado a centros con mayor complejidad educativa y financiado con fondos europeos. Fuera de España, otros países muestran caminos posibles: EE. UU., con programas como After School All Stars; India, con fundaciones como Parikrma; o varios países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Chipre y Portugal con modelos de escuela de jornada completa que integran actividades adicionales y cuidado y apoyo extracurricular, favoreciendo un acceso universal que lime las desigualdades desde la escuela.

Mar Aguilera: «Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas»

La soledad no deseada y la falta de vínculos reales se han convertido en uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo. Desde la Fundación Vivofácil, Mar Aguilera reflexiona sobre un modelo de bienestar que combina tecnología, cercanía y cuidado mutuo.


La soledad no deseada se ha convertido en un problema transversal que tiene muchas caras, desde mayores que viven sin compañía a personas jóvenes rodeadas de gente. Mar Aguilera, directora general de la Fundación Vivofácil (antes Fundación Alares), reflexiona sobre la necesidad de tejer redes que nos ayuden a vivir mejor. 

«Ilumina una Vida» se ha convertido en uno de los proyectos más importantes de la Fundación Vivofácil. ¿Cómo nació y cómo ha evolucionado desde entonces?

Empezamos trabajando la soledad con personas mayores en sus domicilios, algo que seguimos haciendo. No se trata de personas dependientes, sino de personas autónomas que, por distintas circunstancias, se encuentran solas. Esa falta de contacto acaba generando aislamiento. En esas visitas, hacemos lo que la persona necesita o desea: desde ver una película y comentarla, a idear el menú semanal o acompañarla fuera del domicilio. Con la pandemia, tuvimos que interrumpir las visitas, pero activamos en menos de 24 horas la línea gratuita Ilumina una Vida, que sigue disponible 24 horas los 365 días del año. Empezó como una forma de mantener el contacto con las personas mayores, pero gracias a una campaña de televisión, el teléfono se difundió por todo el país y empezaron a llamarnos cientos de personas de todas las edades. Mantenemos la línea abierta (900 877 037) con personal formado para escuchar y detectar posibles situaciones de vulnerabilidad. Cuando se detecta algo grave, lo dirigimos a nuestro equipo de profesionales. Lo importante es que nadie se quede sin alguien al otro lado.

La soledad no deseada de las personas mayores a veces se aborda desde una perspectiva asistencial o incluso paternalista. ¿Crees que esto refleja los prejuicios que aún existen sobre la vejez?

Totalmente. Hay muchos prejuicios. En La sociedad de la soledad, el documental que hemos producido, una persona mayor dice algo que me parece muy revelador: «Cuando yo era joven, hacía lo que decían mis padres; ahora, hago lo que dicen mis hijos». Pensamos que ya no pueden decidir, que ya no pueden aprender… y eso es falso. Nos cuesta aceptar que envejecer también es vivir. Eso tiene consecuencias. Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas. Creen que sus hijos o hijas pueden decidir llevarlas a una residencia o, incluso, sienten vergüenza por lo que pueda pensar la gente. Se callan por miedo al juicio. A veces no piden ayuda por eso, aunque estén sufriendo.

Según el único informe mundial que existe sobre el edadismo, realizado por Naciones Unidas en 2021, la mitad de la población tiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. ¿Cómo se manifiesta esto en su vida cotidiana?

El edadismo está en todas partes. Desde los iconos que usamos –cuando ves un cartel de «personas mayores» siempre aparece alguien con bastón y encorvado– hasta el mercado laboral. Parece que a los 50, o incluso antes, ya no servimos, cuando en realidad es cuando más experiencia tenemos. Por otro lado, al jubilarte, parece que tu vida ya está «acabada». Conozco a personas de 65 años que dicen «ya solo me queda esperar a morir». Y no: con 65 años se pueden hacer muchísimas cosas. Tenemos que romper esa idea de que envejecer es dejar de vivir.

El mismo informe señala que la creación de espacios intergeneracionales es una de las mejores formas para combatir el edadismo. ¿Se rompen muchos estereotipos cuando se generan relaciones entre distintas generaciones?

Totalmente. En la fundación procuramos que los acompañamientos a mayores los realicen personas jóvenes, porque ahí se genera un intercambio muy bonito. Cuando una persona joven comparte tiempo con una mayor, se rompen muchos prejuicios: descubren que la edad no es una barrera; que pueden aprender mucho la una de la otra. Esa relación se convierte en un vínculo afectivo real, donde ambas partes aprenden y se sienten acompañadas. Al final, el aprendizaje es mutuo y el resultado, precioso.

A través de vuestro trabajo, ¿habéis detectado diferencias entre hombres y mujeres mayores? ¿Viven la soledad de manera distinta?

Hay más mujeres que viven solas porque vivimos más años, pero gestionamos mejor la soledad. Tenemos más recursos emocionales y relacionales: pedimos ayuda, buscamos compañía, participamos en actividades. Los hombres, en cambio, en términos generales tienden mucho más a encerrarse. Piden menos ayuda, no acuden a servicios sociales ni a actividades comunitarias. Tiene mucho que ver con cómo se han educado las generaciones que hoy son mayores. El hombre ha crecido con el rol de proveedor, de tener que sacar la casa adelante y, cuando llega la jubilación o se queda viudo, siente que ha perdido su función. Nosotras lo vivimos de otra manera: nos duele la soledad, pero la compartimos y buscamos redes. Afortunadamente, creo que las nuevas generaciones lo vivirán distinto. Hay un cambio cultural importante.

Se habla mucho de la soledad no deseada de las personas mayores, pero también afecta a los jóvenes. ¿Qué factores influyen en este problema? ¿Qué soluciones son más eficaces?

Cuando abrimos la línea ‘Ilumina una Vida’ y vimos que llamaban tanta gente joven, hicimos un estudio en todo el país, dividiendo por franjas de edad. La sorpresa fue que el 75% de personas de entre 18 y 35 años declaran que su estado de ánimo se ha visto alterado por encontrarse en una situación de soledad. No se trata de una soledad física, sino emocional. Además, el 62,5% sale de ocio con su grupo de amistades ninguna o solo una vez a la semana. La tecnología tiene mucho que ver. A las personas mayores las conecta, pero a las jóvenes, en exceso, las desconecta. Por eso creamos el programa desCONECTAD@S, liderado por Nacho Dean. Con colegios, con y sin alumnado con discapacidad, salimos a la naturaleza a caminar, a hacer actividades, a respirar aire puro. Y, en ese tiempo que estamos fuera, no pueden utilizar el móvil. Al principio protestan, pero al final se divierten y descubren que pueden relacionarse sin pantallas. No buscamos que dejen la tecnología, sino que aprendan a usarla con responsabilidad.

Aunque el uso de la tecnología entre las personas mayores ha aumentado, todavía existe una brecha. También trabajáis para combatirla. ¿Qué necesidades habéis detectado con vuestro programa de autonomía tecnológica?

Hemos formado ya a más de 500 personas mayores en tecnología. Ofrecemos talleres para utilizar el teléfono de forma segura, reconocer la ciberdelincuencia y aprender funciones cotidianas como hacer videollamadas o usar las redes sociales. La tecnología, bien utilizada, ayuda mucho. Además, estos talleres también se convierten en una herramienta de conexión social, se crean vínculos entre personas que viven en la misma zona, pero no se conocían. A veces esas relaciones continúan más allá del programa.

La sociedad a menudo subestima el potencial de las personas mayores. ¿Cómo podríamos aprovechar mejor su experiencia y conocimiento?

Primero, dándoles espacio y escuchándolas. En las empresas, por ejemplo, se está perdiendo mucho talento porque se da por hecho que una persona de 50 o 55 años ya no puede innovar. Y es falso. La combinación entre juventud y experiencia es potentísima: la gente joven aporta frescura, pero la experiencia da perspectiva y calma. También necesitamos romper con la idea de que las personas mayores no quieren aprender. Hay gente que empieza la universidad con 80 años. Hay que seguir aprendiendo durante toda la vida.

La actividad durante la vejez es clave para la salud y la autonomía. ¿Qué iniciativas impulsa la Fundación para que las personas mayores participen activamente en la sociedad?

Trabajamos para que las personas mayores sigan participando. A través de los acompañamientos y talleres fomentamos que mantengan rutinas, que salgan de casa, que se relacionen. También colaboramos con redes municipales de soledad en Madrid, Cádiz, Barcelona, Sevilla o Galicia, entre otras. Nos apoyamos mucho en el trabajo conjunto con la administración pública y otras entidades. 

¿Qué factores hacen que estas colaboraciones sean más eficaces?

Cuando se trabaja en el ámbito social, no hay competencia: compartimos conocimientos y sumamos esfuerzos. Esa colaboración es la que permite llegar más lejos. Lo importante es entender que cada cual tiene algo que aportar. Con las empresas, por ejemplo, proyectamos el documental sobre la soledad y luego abrimos un debate. Porque la soledad también existe dentro de las empresas: en el directivo que tiene que tomar una decisión difícil, en la persona que teletrabaja sola o en quien no puede compartir sus dificultades por miedo. La colaboración funciona cuando hay empatía y objetivos comunes. Al final, se trata de sumar entre administraciones, empresas y ciudadanía para construir una sociedad más conectada, más humana y menos sola.

El valor de las finanzas en un futuro sostenible

El capital financiero ha pasado a convertirse en un pilar estratégico en el camino hacia la sostenibilidad y la reindustrialización verde en Europa. Un tema que pusieron sobre la mesa los expertos Antonio Garamendi y Rafael Doménech en el marco de las Jornadas de Sostenibilidad de Redeia 2025.


La necesidad de invertir en la transición ecológica y digital es innegable y, en ese sentido, es crucial el papel del capital financiero para mejorar el déficit de financiación que presenta España para alcanzar los objetivos de los próximos años. Los esfuerzos a nivel europeo, como el Pacto Industrial Limpio y las iniciativas nacionales, buscan precisamente movilizar los recursos necesarios para mejorar estos datos.

La sostenibilidad, impulsada por la financiación adecuada, es un motor de competitividad y productividad. Un punto en común que defendieron Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, en la mesa Capital financiero: el valor de las finanzas en un futuro sostenible, que compartieron durante las Jornadas de Sostenibilidad 2025 de Redeia.

Durante la misma, Garamendi explicó que la sostenibilidad es un hecho fundamental en la actualidad y que el compromiso empresarial en este ámbito es ya un factor de competitividad para inversores y clientes. 

Doménech: «El papel del sector financiero es como la grasa que ayuda a que el motor funcione adecuadamente»

Un hecho que respaldó Doménech, quien destacó que la transición energética, vista como una oportunidad, ya está generando ventajas competitivas. Por ejemplo, la gran penetración de las renovables ha permitido a España desacoplarse de la crisis energética europea, confirmando una ventaja para la industria. En sus palabras: «El papel del sector financiero es como la grasa que permite que el motor funcione adecuadamente y también es el facilitador que ayuda a que las inversiones se materialicen».

Para acceder a las oportunidades de inversión, que se estiman en unos seis puntos de PIB anuales hasta 2050 en España, el país debe convertirse en un polo de atracción para el capital privado. Garamendi explicó que «España es hoy un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico». Sin embargo, enfatizó que, para garantizar la llegada y permanencia de este capital, necesitamos tres pilares: seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma. La estabilidad a largo plazo, entendida como trascendente a próximas legislaturas, es esencial, y aboga por grandes Pactos de Estado en este sentido. Además, señaló en este punto la necesidad de simplificar la burocracia debido a los costes administrativos y las demoras en los proyectos, ya que reducen su rentabilidad.

Garamendi: «España es un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico, pero para garantizar la llegada y permanencia de ese capital necesitamos seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma»

Por otro lado, Rafael Doménech hizo una invitación a repensar las políticas públicas, otorgando posiblemente más peso a los incentivos por descarbonización, en línea con el enfoque del Pacto Industrial Limpio. «También lo mencionaba el Informe Letta, Europa lleva un tiempo en proceso de reflexión y es importante la escucha al sector privado porque es la manera de potenciar la mayor parte de las inversiones. Lo que tenemos que pensar es cuál es la estrategia para maximizar, por un lado, el volumen de esas inversiones y sus efectos económicos y, por otro, qué podemos aprender de la experiencia comparada con otros países». Además, Doménech pone el foco en cómo incentivar que el exceso de ahorro que España exporta actualmente se invierta en el propio país, fortaleciendo la unión entre ahorro e inversión.

A modo de conclusión de la jornada se subrayó que la financiación sostenible no es una opción, sino que más bien es una palanca estratégica para la competitividad y el futuro de Europa. La movilización del capital financiero, tanto privado como público, junto con la estabilidad regulatoria y la reducción de la burocracia, se configura como el camino ineludible para que España aproveche al máximo su potencial y cumpla los objetivos de sostenibilidad.

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Hidrógeno blanco: los desafíos tras el «petróleo infinito»

Hidrógeno blanco

En 2024, científicos de la Universidad de Lorena (Francia) que buscaban metano en el noreste de Francia descubrieron lo que podría ser el mayor depósito de hidrógeno blanco que se conoce, con hasta 250 millones de toneladas de este gas. Recientemente, un estudio conducido por investigadores de las Universidades de Oxford y Durham (R. Unido)Durham y la Universidad de Toronto (Canadá) sugirió que el planeta esconde una cantidad de hidrógeno blanco para abastecer energéticamente a todo el mundo durante 170.000 años.

El hidrógeno blanco es un gas que se encuentra de manera natural en la corteza terrestre, y que, a diferencia de otros, no necesita ser producido mediante tratamientos industriales. Este material puede originarse a través de distintos procesos geológicos, como la serpentinización (una reacción de minerales ultramáficos con agua) o por descomposición de materia orgánica profunda.

El hidrógeno blanco no necesita ser producido mediante tratamientos industriales

Por ello, el hidrógeno blanco posee una serie de ventajas con respecto al resto de sus «hermanos», que necesitan ser producidos y suponen un alto coste económico o ambiental. El hidrógeno gris, por ejemplo, el más común y barato, se produce a partir de gas natural o carbón, y libera grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera. El hidrógeno azul se obtiene de forma similar al anterior, pero captura parte de ese CO₂ para reducir emisiones, aunque no las elimina completamente. El hidrógeno verde, por su parte, se genera rompiendo moléculas de agua con electricidad procedente de energías renovables y, aunque no emite gases de efecto invernadero, sigue siendo una tecnología cara. 

Así, si se extrae de forma eficiente,  el hidrógeno blanco podría ser la opción más limpia y barata… Pero, entonces, ¿por qué no se utiliza ya de forma generalizada? En primer lugar, porque a pesar de estar «listo» en la naturaleza, no siempre se encuentra en lugares fáciles de explotar. Segundo, porque esta alternativa está en fase de investigación: aún no se dispone de demasiada información geológica ni geográfica, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala, a lo que se suma el hecho de que  la regulación sobre la propiedad y explotación no está del todo definida. Esto, unido a la competencia del hidrógeno verde (ya desarrollado, con inversión y respaldo político), hace que la rentabilidad del hidrógeno blanco esté aún en entredicho. 

No obstante, la tecnología de extracción y purificación no está optimizada a gran escala

Nabil Wakim, presentador del podcast Chaleur Humaine en Le Monde, establece que a pesar de que este gas se encuentra de forma natural «no existen perforaciones ni infraestructura a gran escala que permitan su uso masivo». Más allá del descubrimiento en Francia y de los indicios que sugieren su presencia en otros lugares del mundo (España, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Australia, Rusia o Kazajistán) el único caso de explotación a día de hoy se encuentra en Bourakébougou (Malí).

En definitiva,  el hidrógeno blanco es una nueva alternativa energética con mucho potencial de cara al futuro, pero que aún necesita tiempo e investigación para convertirse en una realidad constatable. Como resume el propio Wakim, «la investigación está en curso, pero es una apuesta incierta para, al menos, los próximos quince años».

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales. 

Erin Brockovich, la 'miss' que quiso proteger el agua

Una mujer sin formación ni experiencia previa en derecho lideró una de las mayores batallas medioambientales de Estados Unidos. La historia de Erin Brockovich se convirtió en símbolo de justicia ambiental y empoderamiento femenino.


Cuando Erin Brockovich, madre soltera, divorciada y participante habitual de concursos de belleza, comenzó a trabajar como asistente legal en un pequeño despacho de abogados de California, lo hizo sin saber que estaba a punto de destapar uno de los mayores escándalos ambientales del país. En 1993, revisando unos archivos de la empresa Pacific Gas and Electric Company (PG&E), descubrió numerosas facturas médicas asociadas a casos de personas enfermas que vivían en Hinkley, una pequeña localidad en el desierto de Mojave, en California.

Todos los casos tenían algo en común: los residentes sufrían enfermedades graves como cáncer de pulmón, problemas gástricos, trastornos reproductivos y fallos hepáticos. La empresa, encargada de una planta compresora de gas, había estado utilizando cromo hexavalente como inhibidor de corrosión en sus sistemas de refrigeración. Esta sustancia, altamente tóxica y cancerígena, se había filtrado al agua subterránea durante más de 30 años. Brockovich  se dedicó a estudiar los documentos, analizar las pruebas médicas y a entrevistar a las personas afectadas, descubriendo que la compañía sabía de la contaminación desde hacía años, pero había ocultado esta información tanto a las autoridades como a la comunidad. Lo que parecía un caso aislado se transformó rápidamente en una denuncia a gran escala contra la negligencia de PG&E que llegó a los tribunales.

Una indemnización histórica

Gracias a la perseverancia de Brockovich y del abogado Ed Masry, en 1996, tras un largo proceso judicial, PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua. Este acuerdo se convirtió en uno de los mayores pagos en concepto de daños por contaminación ambiental en la historia de Estados Unidos y supuso una media de más de medio millón de dólares por demandante, aunque las cantidades variaron según el grado de afectación. La indemnización cubría no solo los gastos médicos y pérdidas económicas de los afectados, sino también daños morales y psicológicos. Sin embargo, más allá de la compensación económica, el caso sentó un precedente en la lucha contra la contaminación industrial y en la defensa de las comunidades vulnerables ante grandes corporaciones.

PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua

El trabajo incansable de Brockovich, quien fue considerada una heroína por los afectados, dio visibilidad a los problemas ambientales que enfrentan muchas comunidades a nivel mundial e impulsó reformas en la vigilancia de contaminantes en el agua, presionó a agencias federales para aumentar la transparencia medioambiental y se convirtió en referente global del activismo ciudadano. La exposición mediática de la historia culminó con la película Erin Brockovich, protagonizada por Julia Roberts, quien ganaría el Óscar a Mejor Actriz, lo que amplificó aún más su mensaje de lucha por los derechos ambientales. 

Un modelo de activismo empoderado

Erin Brockovich ha seguido firme en su lucha como activista medioambiental, involucrándose en numerosos casos de contaminación industrial tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Actualmente, lidera Brockovich Research & Consulting, una firma dedicada a asesorar a comunidades afectadas por la contaminación, que brinda apoyo y orientación legal a quienes enfrentan situaciones de injusticia medioambiental. Además, colabora estrechamente con el bufete de abogados Weitz & Luxenberg en Nueva York y mantiene una alianza con Shine Lawyers en Australia, abordando denuncias sobre abusos medioambientales y la contaminación industrial.

Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios

En 2020 publicó Superman's Not Coming, un libro donde advierte que no podemos esperar que las instituciones solucionen todos nuestros problemas. Con un enfoque pragmático y directo, Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios, a pedir informes, entender las etiquetas, hablar con los vecinos y exigir responsabilidades. La historia de Brockovich es también un reflejo de la importancia de las mujeres en la lucha por la justicia y de romper estereotipos desde el primer minuto. En un mundo en el que la credibilidad parecía estar reservada a quienes ostentan diplomas o trajes de chaqueta, ella reivindicó la fuerza del sentido común, la intuición y la indignación bien canalizada. Lo hizo con vaqueros y sin pedir permiso: su historia nos recuerda que los héroes del siglo XXI están más cerca de lo que pensamos.

El idioma: una frontera más para los migrantes

Han cruzado montañas, mares y desiertos con el objetivo de alcanzar un lugar seguro, reencontrarse con sus seres queridos, o persiguiendo una oportunidad laboral. Sin embargo, al llegar, muchas personas migrantes se encuentran con una nueva barrera inesperada: el idioma. Cuando uno no habla la lengua del país de acogida, todo se complica aún más, y el acceso a derechos básicos, como la sanidad, la educación o el empleo, se ve altamente limitado.


Cuando uno llega al país de acogida, suele pensar que lo más difícil ya ha pasado, que la peor de las travesías ya se ha quedado atrás. Sin embargo, existen fronteras más allá de lo geográfico, fronteras menos visibles, pero igual de limitantes. Una de ellas es la del idioma. Actualmente, en España hay 6.947.711 residentes extranjeros, es decir, el 14,13% del total de población. De esta cifra, hay un elevado porcentaje de personas que proceden de países de habla no hispana como, por ejemplo, Siria, Ucrania, Italia, Palestina o Marruecos, entre otros. Algunas de ellas llegan huyendo de conflictos en sus países de origen. En 2024, España registró un total de 167.366 solicitudes de asilo. Otras por motivos laborales, de estudio o por reagrupación familiar. Y todas se enfrentan a esta barrera que condiciona su vida diaria y sus oportunidades de integración.

La falta de conocimientos lingüísticos puede llevar a las personas a una situación de extrema vulnerabilidad. En el ámbito sanitario, por ejemplo, esta barrera puede dificultar los diagnósticos, entre otras cosas. En el año 2024, la ONG Accem, junto con la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, crearon un servicio de interpretación para paliar las consecuencias de la falta de una comunicación adecuada. Entre enero y noviembre del mismo año, el servicio atendió a más de 8.000 personas, lo que da cuenta de su utilidad. Lenguas como el bambara, el wólof o el soninké son las más solicitadas, según Accem.

Muchas de las personas migrantes en España proceden de países de habla no hispana como Siria, Ucrania, Argelia, Palestina o Marruecos, entre otros

El idioma también juega un papel crucial tanto en el ámbito laboral como en el educativo. Muchos empleos requieren el dominio del idioma local, por lo que muchas personas migrantes quedan excluidas de los trabajos más cualificados o con mejores condiciones laborales. La hostelería, la construcción y la agricultura son los sectores que más se nutren de trabajadores extranjeros. A pesar de que muchas personas llegan al país de acogida con formación y experiencia laboral adquirida en su país de origen, la dificultad para homologarlos hace que sus capacidades profesionales no lleguen a ser reconocidas. La UNESCO alerta de que solo un 7% de los refugiados en el mundo accede a educación superior, debido a factores como la falta de recursos y de soporte lingüístico o a la burocracia a la hora de homologar o reconocer credenciales previas.

Solo un 7% de los refugiados en todo el mundo acceden a educación superior debido, entre otras cuestiones, a la falta de recursos y de soporte lingüístico

La integración lingüística no es solo una herramienta práctica, sino también humana. Entender y ser entendido es un elemento clave para crear vínculos sociales y generar una red de apoyo y contactos, más allá del ámbito laboral. No poder comunicarse con compañeros o profesores impide crear redes de apoyo, lo que puede llevar a las personas migrantes a sentirse excluidas o dependientes. El aislamiento social, la sensación de soledad, la ansiedad o una baja autoestima son algunas de las consecuencias emocionales que puede provocar la barrera lingüística. 

 

El idioma forma parte de nuestra identidad, y nos aporta un lugar y un reconocimiento en la sociedad. Es una manera de estar presente, de tener voz, de sentirnos escuchados, valorados y comprendidos. Programas de aprendizaje, generar conciencia y empatía por parte de la población local y los servicios de interpretación son algunas de las acciones que pueden ayudar a mitigar el impacto que genera esta barrera. Así, poco a poco, conseguiremos que la integración de los migrantes sea más completa y el camino un poco más llano.