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Antonio Calvo: “Las empresas debemos asumir que la sostenibilidad es una condición sine qua non”

Antonio Calvo

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible cumplen cinco años en un contexto de máximo compromiso institucional y empresarial, en el que la Agenda 2030 marca el rumbo. Hablamos con Antonio Calvo Roy, director de Sostenibilidad del Grupo Red Eléctrica sobre cómo se integra esta hoja de ruta verde en la compañía con motivo del primer aniversario del blog Red 2030. Para Calvo Roy, la creación de este espacio que da voz a la sostenibilidad dentro y fuera de la empresa, “fue muy relevante porque no solo es importante hacer cosas sino contarlas. Hace ya tiempo que el buen paño no se vende en ningún arca”.

Este año iba a ser el comienzo de la Década de Acción para los ODS. Sin embargo, la irrupción de la COVID-19 ha hecho saltar por los aires todas las certezas. ¿Cuál es el impacto de la crisis sanitaria y económica en la consecución de la agenda para el desarrollo sostenible?

Todos estamos, primero, tratando de encajar el golpe que supuso la pandemia y el cierre de la sociedad en su conjunto, de buena parte de la economía … con la necesidad de tener que aprender a trabajar de otra manera, desde lejos, con sus ventajas e inconvenientes. Como poco, supondrá un retraso notable y distraerá de muchos objetivos. Nos va a pasar como siempre: que lo urgente no deja paso a lo importante. Desde luego es urgente e importante combatir esta pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas, pero si eso hace que se retrase, por ejemplo, el combate contra el cambio climático –que es imprescindible– o algún otro aspecto de los ODS –también esenciales–, tendrá consecuencias negativas a futuro.

¿Crees que llegaremos a tiempo de cumplir con esa agenda global con horizonte 2030?

Soy optimista, pero no creo que, en su conjunto, lleguemos a la Agenda 2030. Pero sí en algunas cuestiones concretas. Algunas empresas llegarán más que otras, algunas lo harán en unos aspectos y otras, en otros. Lo importante no es tanto llegar como recorrer el camino marcado y no dar pasos hacia atrás. El problema de la crisis puede ser no solo que nos desviemos del camino, sino que retrocedamos en algunas exigencias, porque pensemos que no es el momento o que hay otras prioridades. Ese es el gran riesgo. Tenemos que tratar de seguir pensando que lo vamos a cumplir y que tenemos que hacerlo. Luego, cuando lleguemos al 2030, ya veremos de lo que hemos sido capaces, celebraremos aquello que hayamos conseguido y deberemos ser más exigentes en lo que no. Porque lo que probablemente nos ocurra es que algunos de esos objetivos se cumplan con creces y, por lo tanto, a mitad de camino –en 2025 o 2026– haya que hacer una revisión para ser más exigentes con ellos.

“Todas las empresas deberían pensar que la sostenibilidad es una condición sine qua non

¿Qué papel deben ejercer las empresas para contribuir a la consecución de la Agenda 2030 en estos momentos?

Las empresas no podemos olvidar qué es lo importante, ni los objetivos que nos habíamos marcado. Probablemente habrá que hacer algo más de trabajo, porque tampoco podemos dejar de estar en guardia contra la pandemia y llevar a cabo todas las medidas necesarias para erradicar y controlar la enfermedad. Pero eso tenemos que hacerlo sin descuidar todo lo demás. Ese es el papel de las empresas ahora: no desviarnos del camino que nos habíamos marcado y asumir que la sostenibilidad es una condición sine qua non. Y En Red Eléctrica estamos verdaderamente convencidos de ello, no es una pose.

¿En qué ámbitos de los ODS se enfoca el Grupo Red Eléctrica? ¿Cuáles son sus prioridades? 

En Red Eléctrica hemos hecho el ejercicio de analizar en qué ODS impactamos más. Es un ejercicio muy sano y que se debería extender, porque es evidente que todos tenemos que tratar de favorecer los 17 objetivos en su conjunto. Pero también parece claro que una empresa como Red Eléctrica puede hacer mucho más en el ámbito de la energía sostenible que en cualquier otro, porque es su principal área de trabajo y ahí tendrá una repercusión social muchísimo más importante. Por eso, destacamos una serie de objetivos en los que nuestro impulso iba a ser más eficaz. Eso no quiere decir que no debamos trabajar en los demás, sino que los esfuerzos que hagamos en esos objetivos en concreto, para la sociedad en su conjunto, van a ser mucho más rentables. Y, por lo tanto, si cada empresa hace el mismo ejercicio, entre todas cubriremos todos los ODS de una manera mucho más eficaz que si todos dedicamos el mismo esfuerzo a los 17.

"Nos hemos propuesto en una década alcanzar el vertido cero o eliminar la brecha digital"

¿Cuál es la hoja de ruta del Grupo en materia de sostenibilidad y cómo mide sus avances y el cumplimiento del camino trazado? 

Nosotros hemos dedicado esfuerzos a encontrar métricas, para medir de una manera eficaz lo que hacemos. Y el pasado año presentamos una lista de once objetivos con horizonte 2030 que concretan las cuatro prioridades de sostenibilidad del Grupo: descarbonización de la economía, cadena de valor responsable, contribución al desarrollo del entorno y anticipación y acción para el cambio. En cada una de estas áreas a su vez hemos definido dos o tres metas concretas de forma que podremos fiscalizarlas, medirlas, podremos ver si avanzamos correctamente. Por ejemplo, nos hemos propuesto en una década alcanzar el vertido cero o eliminar la brecha digital en el entorno de nuestras instalaciones. Estos 11 objetivos y las métricas asociadas nos permitirán analizar si estamos en el camino correcto y si nuestros esfuerzos están obteniendo los resultados esperados.

A la hora de hablar de la salida de la crisis se habla de dos mega tendencias: sostenibilidad y digitalización. ¿Por qué?

La digitalización ayuda mucho a la sostenibilidad porque evita derroches y facilita nuestro día a día. Lo hemos visto durante el confinamiento. Gracias a la digitalización entendida en sentido amplio, incluyendo las telecomunicaciones, hemos podido trabajar en remoto. Aunque ha sido el efecto de una situación trágica, quizás sirva para empezar a tomarnos esta nueva forma de trabajo que hace que haya menos desplazamientos, menos tráfico, menos contaminación. Y esto es solo un ejemplo. Hay que aprender de la digitalización y hay que sacarle todo el jugo que se pueda porque es una gran aliada de la sostenibilidad. 

Hace no tanto, hablábamos de responsabilidad social corporativa (RSC). Ahora, lo hacemos de sostenibilidad y el término está en boca de todos. ¿A qué se debe este cambio? ¿Hay algo de moda en este renovado impulso?

En su momento la responsabilidad social fue un buen avance con el que las empresas se dieron cuenta de que no bastaba con cumplir la ley, que había que ir un poquito más allá. El concepto de sostenibilidad es mucho más amplio que el de RSC porque incluye todos los factores que tienen que ver con el desarrollo de la empresa y de la sociedad en su conjunto. Es una mirada más aguda, que lleva más lejos, y que al mismo tiempo está más atenta a los detalles próximos. Pero hay que tener cuidado porque hay un riesgo grande de sucumbir a esa tendencia de ‘pintarse de verde’. Por eso, es importante que haya índices y escrutinios y que las empresas se sometan a ellos para demostrar que es verdad lo que dicen y que todos sus comportamientos son sostenibles. De hecho, los inversores ya se están tomando muy en serio estos estándares.

5º Aniversario de los ODS: “17 dedos sobre 17 llagas”

Como cada 25 de septiembre desde 2015, los ODS celebran su aniversario, este año el quinto. Para Antonio Calvo Roy, se ha avanzado mucho en los últimos tres en su visibilidad, “pero hace falta que se conozcan mejor, por lo que significan como toma de conciencia personal de la finitud del planeta y la necesidad que tenemos todos de hacer cosas y de trabajar para poder seguir viviendo como hasta ahora”.  Y añade: “los ODS ponen 17 dedos en 17 llagas y en todas ellas hay que trabajar de la manera más eficaz posible. En este sentido, lo que falta es que se haga todavía más conocidos, más populares y nos responsabilicemos todos empresarialmente, pero también personalmente, del cumplimiento de un comportamiento acorde a lo que reflejan”.

Juan Carlos del Olmo: “No podemos afrontar la crisis climática sin propuestas ni presupuestos”

biodiversidad

La comunidad científica advierte: el cambio climático ya está aquí y, con él, la pérdida de la biodiversidad y la degradación del entorno se aceleran. Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF, nos recuerda: “frenar esta situación depende de lo que hagamos en las próximas décadas”. Conversamos con él para conocer qué debemos cambiar para garantizar la supervivencia del planeta, y de la especie humana.

Diversos estudios, entre ellos el Informe Planeta Vivo y el informe IPBES, alertan de que la biodiversidad mundial disminuye a ritmos alarmantes ¿Qué podemos hacer para frenar la degradación del entorno natural?

El informe IPBES sobre la pérdida de biodiversidad ha puesto de manifiesto que estamos en medio de una crisis climática muy grave, porque no solo estamos hablando de que un millón de especies de esas ocho millones conocidas desaparecerán, sino de que esas especies son los resortes que hacen que funcionen los ecosistemas y de que, además, son la base nuestra economía. Estamos poniendo en riesgo los fundamentos de la sociedad. Como dice Greta Thunberg, no hay que entrar en pánico: todavía hay tiempo para revertir la situación. En primer lugar, lo que podemos hacer es tomárnoslo en serio. En general, nuestros líderes políticos no lo hacen. Es lamentable que estén mirando al corto plazo y no de cara a 2050 o 2100. En segundo lugar, las empresas tienen que darse cuenta de que no pueden seguir como hasta ahora, basando sus negocios en la explotación de la naturaleza y la biodiversidad. Si no quieren desaparecer, deben transformarse muy rápidamente.

¿Qué papel debería ocupar el cambio climático en las prioridades de los partidos políticos?

Algunos partidos políticos, como el partido socialista y, en general, los partidos de izquierdas, han situado la transición ecológica y la lucha contra la destrucción de la naturaleza entre sus prioridades. Luego ya veremos si las políticas se trasladan en presupuestos concretos y, sobre todo, en acciones. Pero es importante que esté en sus agendas. No podemos afrontar la crisis climática que viene sin propuestas, pero tampoco sin presupuestos ni funcionarios técnicos trabajando en las estructuras. Mucho peor es que hay otros partidos que entienden el problema del cambio climático y la cuestión de la naturaleza como algo menor. Algunos ni siquiera lo incluyen en sus programas y eso es una irresponsabilidad, como lo fue la suspensión de Madrid Central, que me parece una medida que refleja exactamente el corto de miras de quienes no ven que estamos ante un cambio de paradigma y a las puertas de algo muy importante.

Para frenar el aumento de la temperatura del planeta, urge un cambio en el modelo energético que permita la descarbonización de las economías. ¿Cómo debería ser esa transición?

Debe ser lo más rápida posible porque no hay tiempo. Y remarco el “posible” porque hay que hacerla bien; evitando los daños colaterales y reduciendo al máximo los efectos que esa transición pueda tener, sobre todo, en el sector de los combustibles fósiles que acabarán por desaparecer. De la misma manera, hay que mirar que los nuevos proyectos de energías renovables estén bien calibrados. Además, tiene que ser un modelo democrático descentralizado. No puede ser que las empresas que provocaron que nos encontremos en esta situación sean las que controlen las energías renovables. Desde WWF apostamos por un modelo donde las personas, la sociedad organizada, tenga un papel principal en el futuro de las energías renovables.

“El movimiento de los jóvenes evidencia la importancia de que la sociedad sea quien lidere el cambio”

Cada minuto se vierten 33.800 botellas de plástico al mar Mediterráneo. La Unión Europa prevé suprimir los plásticos de un solo uso de cara a 2021. ¿Es la regulación legislativa la solución?

El problema de los plásticos es solo una evidencia más, aunque muy notoria y visual, del modelo de consumo contaminante y excesivamente desmedido que tenemos y que conlleva un incremento del CO2 en la atmósfera. Todo nuestro modelo de consumo está disparatado: vemos bosques tropicales que están desapareciendo por la explotación del aceite de palma y los mares cada vez más degradados por la pesca intensiva. Este año presentamos un informe sobre la huella ecológica y, en el mes de mayo, Europa ya había consumido todo su capital natural. A partir de ese momento ya se empieza a consumir el agua, la madera y demás recursos naturales de otros países. Este es un modelo económico ilimitado que se basa únicamente en seguir creciendo económicamente a costa del planeta.

¿Qué rol tiene la ciudadanía en esta transición?

El papel de la ciudadanía es vital: lo poco o lo mucho que avanzamos se debe a la movilización de la sociedad. Si el Parlamento Europeo votó por mayoría aplastante eliminar los plásticos de un solo uso, es porque los la sociedad estaba presionando a los grupos políticos. Eso antes no pasaba. Se trata de un cambio perceptible de una sociedad organizada en un sistema inmunológico conectado a través de las redes sociales que fusiona conocimiento e innovación. Además, ahora ha empezado a sumarse gente joven, lo que evidencia la importancia de que sea la sociedad la que lidere el cambio. Solo así habrá esperanza para el planeta.

Ese cambio de mentalidad que mencionas se ha hecho evidente con la aparición de movimientos como Fridays for Future.

No ha ocurrido de forma espontánea, sino que hay un trabajo detrás. En WWF llevamos 50 años trabajando, junto con organizaciones ecologistas, para crear una sociedad cada vez más formada y concienciada. Es consecuencia de un proceso de años, pero es verdad que nunca la evidencia fue tan clara como ahora, que tenemos los datos encima de la mesa. Ya no son las organizaciones como la nuestra las que advierten de la degradación del planeta, ahora son los paneles de Naciones Unidas los que dan la voz de alerta. Sin embargo, tenemos el problema delante, no puede ser más claro, y no estamos actuando como deberíamos. Por eso la reacción de la gente joven es tan necesaria: vienen a sacudir esa normalización de las amenazas. Han hecho muy bien en organizarse y en salir a recordarnos esa realidad. Todos aquellos partidos políticos que hacen oídos sordos a ese movimiento de gente de 16 o 17 años que tienen en su ADN la protección y defensa del medio ambiente se equivocan. Esas personas serán las que, en el mejor de los casos, en las próximas elecciones votarán de una manera más consciente.

Sin ese cambio necesario, las perspectivas de futuro son descorazonadoras. ¿Hay motivos para ser optimistas?

Hace 20 años nos decían que era utópico cambiar el modelo energético y ahora esa utopía es lo que nos hace movernos porque es la única realidad posible para el futuro. Nuestro futuro va a depender de lo que hagamos en las próximas décadas, de si le damos una vuelta al modelo de producción y consumo. Soy optimista en cuanto a la actual movilización de la sociedad, pero tenemos que sacar a nuestros líderes empresariales de la realidad sesgada en la que se encuentran en este momento.


Fotografías: Alejandra Espino

"Es absurdo entender la energía solo como un negocio: el ciudadano tiene que estar en el centro"

transicion energertica

¿Cómo podemos acelerar la transición energética? Con esta pregunta como motor, Fernando Ferrando lleva la batuta de Fundación Renovables desde 2017. Ingeniero industrial de profesión, Ferrando ha trabajado en el sector energético durante más de tres décadas. Ahora, introducir las energías limpias en el mundo eléctrico y hacerlo de manera justa se ha convertido en una de las principales líneas de actuación de la entidad que preside. Consciente de que el camino está todavía por trazar, el experto sugiere un primer paso: convertir la energía en un derecho que sitúe al ciudadano en el centro.

Para garantizar la sostenibilidad del planeta, el futuro energético se prevé 100% renovable. Sin embargo, según los últimos datos de la Oficina Europea de Estadística, solo en España los combustibles fósiles representan cerca del 74% del consumo de energía actual. ¿Qué estamos haciendo mal?

Hasta ahora hemos favorecido lo que no tenemos: los combustibles fósiles. Por eso, el primer paso para dar el salto es gravar el uso de los combustibles, porque si quieres favorecer la electricidad pero es más cara que el gasóleo, la gente acaba consumiendo gasóleo. El segundo paso es el de apostar por lo que sí tenemos, que es energía renovable,  y bajar los precios para fomentar el consumo de electricidad. La electricidad está en ese futuro.

¿Cómo transitar hacia esa sociedad más electrificada?

Primero hay que hacer la electricidad más barata. También, si por ejemplo quieres cambiar la calefacción, se deberían garantizar unas ayudas para sustituir una caldera de gas por una bomba de calor. Luego, no debería hacerse publicidad de combustibles fósiles: nos venden que utilizar calderas de gas natural es apostar por un combustible limpio y, en realidad, son mentiras que solo provocan un aumento del consumo no responsable. La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) debería regular eso. Al final no se trata de un componente fiscal o de precio, sino de un paquete global que debe dirigirse a dar facilidades de acceso para consumir y utilizar electricidad. Por ejemplo, el caso de los vehículos es paradigmático: si todas las ciudades pusieran trabas, como se está empezando a hacer con los coches de combustión interna, todo el mundo utilizaría el transporte público o vehículos eléctricos.

De entre los actores sociales, el ciudadano es al final uno de los más perjudicados por los estragos del aumento de la temperatura planetaria.

El ciudadano tiene un papel total en el desarrollo de todas las energías renovables porque es el que consume. Por eso debemos colocar al ciudadano, a los consumidores, en el centro del modelo y preguntarles cómo quieren abastecer sus necesidades. Lo que es un absurdo es que en estos momentos entendemos la energía únicamente como un negocio: cuando se habla de energía se hace referencia sobre todo a las empresas, pero nunca se habla de las personas que hay detrás. Hay que enfocarla hacia el ciudadano. Se tiene que cambiar esa idea de que la energía es oferta y no demanda, y enfocar la cultura de la energía hacia el que la consume, no al que la vende.

“La transición energética debe ser justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro”

El pasado 2018 el Gobierno de España derogó el conocido como ‘Impuesto al sol’, derribando así las trabas burocráticas de las instalaciones de autoconsumo. ¿Qué papel juega el autoconsumo en el cambio de modelo energético?

El autoconsumo es un ejemplo más de que el consumidor está en el centro. La Directiva Europea de Renovables ya recoge que el consumidor tiene derecho a comprar y vender, a generar y empaquetar. Se trata de un derecho innato: igual que tú tienes el derecho de comprarle la energía a quien quieras, también tienes el derecho de poder producirla. El autoconsumo es la máxima expresión de libertad y de la recuperación de los derechos de los consumidores.

Según datos de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), los sistemas de autoconsumo se han disparado en un 94% desde la derogación del “impuesto al sol”. Aunque los datos son positivos, la generación de energía renovable en el país no supera el 40% y queda lejos de ser el principal modelo energético. ¿Se está avanzando lo suficientemente rápido?

El Real Decreto de autoconsumo 244 se aprobó hace pocos meses. No se puede pretender un cambio radical tras cinco años de presión y multas: es como pasar de una dictadura a una democracia, y acabar siendo Suecia en dos días. Aún así, hay un crecimiento del sector muy por encima de lo esperado.

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 se propone descarbonizar la economía de cara a 2030 y cumplir así con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero ¿cómo lograr una transición energética justa que no deje a nadie atrás?

Se tiene que entender la transición justa en su máxima expresión. Debe ser una transición intergeneracional, para no dejar a los que vienen detrás una hipoteca como los niveles actuales de CO2. Además, desde un punto de vista territorial, está muy bien llegar a un acuerdo con las fuentes mineras, pero no puedes aplazar siete años el cierre de las centrales nucleares, porque eso de transición justa tiene poco y un cambio de modelo productivo real pasa también por tener una administración de los afectados. Luego, a la prohibición de actividades debe seguirle la propuesta de alternativas: no se puede sancionar la entrada a una ciudad con coche diésel y no reforzar los aparcamientos disuasorios o el transporte público. De la misma manera, la transición tiene que ser tecnológica y basarse en invertir en I+D. Tampoco hay que olvidar las necesidades del sector eléctrico, porque si este se niega a cambiar el modelo, iremos a una velocidad mucho más lenta. Así que por supuesto que tiene que ser una transición justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro.