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«La digitalización es un gran concepto, pero no puede dejar a nadie atrás»

Durante los meses más duros de la pandemia, Bureta, un pequeño pueblo aragonés de 200 habitantes, fue una de esas localidades que se llenaron de turistas nacionales. Esta novedad, sumada a la belleza de su paisaje, le llevó a protagonizar numerosos programas de televisión, lo que llamó la atención de Víctor Pardo, un informático de 42 años, y su mujer, cuando lo vieron desde el sofá de su casa en Zaragoza capital. Las ganas de cambiar la ciudad por el pueblo llevaban años sobrevolando sus cabezas y fue precisamente Bureta el que inclinó la balanza. Hicieron las maletas y se fueron con su hijo de cinco años. Gracias a Holapueblo, iniciativa del Grupo Red Eléctrica, AlmaNatura y Correos que atrae nuevos pobladores con perfil emprendedor a zonas rurales con baja densidad demográfica, Víctor pudo abrir un negocio pionero en la comarca: un servicio de reparación informática a domicilio. Desde su nuevo hogar (que aún están construyendo), relata su historia a la vez que reflexiona sobre uno de los grandes retos del mundo rural: la digitalización.

Cada hora el mundo rural pierde cinco habitantes, lo que supone un riesgo extremo para numerosas comarcas que ven desaparecer la poca gente que las sostiene. Sabiendo la realidad del mundo rural, ¿en qué momento (y por qué) decidís hacer las maletas e iros al pueblo?

Antes de mudarnos, yo llevaba desde 2006 haciendo páginas web y posteriormente gestionando un servicio informático de reparación. También tuve un bar de noche. Era una vida bastante cansada. Llevábamos tiempo queriéndonos ir a un pueblo, pero nunca acabábamos de decidirnos. Hasta que llegó la pandemia y, con ella, los ERTES. Fue entonces cuando dimos con Bureta y nos decidimos a comprar una casa allí.

¿Cómo fue esa adaptación a la nueva vida rural? Sobre todo, ¿cómo lo vivió vuestro hijo? Pasó de un colegio convencional a un colegio rural agrupado.

Ha ido bien, aunque a veces eche de menos el otro colegio. Pero aquí tiene una atención mucho más personalizada y una cercanía mayor a la naturaleza. No tienes que estar todo el rato pendiente de él, tiene más libertad.

¿En qué punto se encuentra ahora mismo tu negocio? ¿Qué servicios estáis ofreciendo para una necesidad como es la del acceso a una tecnología digna? (Y a dónde esperáis llegar)

Mi idea era volver a la reparación informática y ahora tengo mi propia empresa. Me dedico a hacer reparaciones informáticas a domicilio en Bureta y en el resto de pueblos de la comarca (14 en total). Acabamos de empezar, como quien dice, pero mi servicio va bien. Siempre recuerdo cuando trabajaba en la ciudad y venía gente desde los pueblos a arreglar el ordenador porque allí no tenían opción alguna. Yo busco evitar esos desplazamientos.

«Nosotros nos vemos aquí en Bureta ya para toda la vida»

Además, hago cualquier tipo de instalación informática que me pidan y doy cursos y clases particulares para los vecinos en el Ayuntamiento. Resolvemos todo tipo de dudas, desde cómo recuperar una cuenta de correo electrónico hasta los pasos a seguir para obtener el certificado covid telemáticamente; y enseñamos los cuidados básicos para protegerse de ciberataques. Uno de mis principales objetivos es intentar que la brecha digital en el mundo rural se reduzca, al menos un poco.

Ante esta incipiente brecha que mencionas, tu perfil es fundamental.  ¿Qué crees que está aportando tu proyecto a la vida y la economía de Bureta y, por ende, a la estabilidad del entorno rural?

A la economía de momento, poco, porque tenemos que crecer más. Cuando lo hagamos, espero generar varios puestos laborales. A nivel local, sí que es cierto que siempre estoy ayudando a los vecinos. En cualquier momento, en cualquier lugar. Sin ir más lejos, el otro día cambié el tóner del colegio porque no llegaba el técnico.

Desde mi experiencia, para el pueblo es una maravilla poder contar con informáticos cerca y es que, además, somos tres personas más que se suman al padrón. Ahora mismo, en Bureta hay 220 habitantes y el 70% son mayores de 60 años. En el colegio solo hay 10 niños menores de 12 años y otros dos más mayores.

Sin embargo, ni en el ámbito urbano ni en el rural el emprendimiento está exento de dificultades. ¿Cuáles son las principales trabas que te encontraste al arrancar con él?

Para empezar, los tiempos son completamente diferentes. En muchas ocasiones me ha dado la sensación de que es como un ‘ya lo haremos’ continuo, tanto a nivel vecinal como de Ayuntamiento. Pero no es algo inherentemente negativo: es otro ritmo de vida. También influye la burocracia. Al fin y al cabo, aquí el alcalde es agricultor y dedica el tiempo que puede al consistorio.

El principal problema son las conexiones. He tenido que contratar 4G porque el internet de cable se cae continuamente y no puedo permitírmelo con el trabajo que tengo, ya que me obliga a estar conectado 24 horas y no puedo tener mi negocio caído durante 7 horas hasta que vuelve internet.

A nivel personal, me gustaría destacar un problema que considero endémico en Aragón, pero también en otras comunidades: es muy difícil encontrar información del pueblo en internet. De algunos no hay manera de saber si tienen colegio, de otros si cuentan con farmacias y centro sanitario, o si hay casas en venta. Dar toda esta información básica es una auténtica gymkana. Al final, con eso solo se consigue sumar desinformación y desanimar a la gente que quizá esté buscando mudarse.  ¿Cómo puede ser posible, por ejemplo, que haya pueblos con páginas web donde no salga absolutamente nada?

¿Por qué crees que pasa esto?

No creo que sea un problema de dinero, sino de que no se están ejecutando bien las cosas. Al final, actualizar los datos online es complicado y para ello se necesita cultura digital. Si queremos atraer gente al pueblo, hay que cambiar esto.

No cabe duda de que la pandemia se ha presentado como una oportunidad histórica para repensar la digitalización de los pueblos, una revolución tecnológica que se antoja fundamental de cara a poder garantizar la inclusión –educativa, sanitaria, social, cultural…– de todos los habitantes en las sociedades del futuro. ¿Cómo concibes esa reconstrucción digital del mundo rural?

En primer lugar, se debe facilitar el conocimiento digital fomentando cursos sobre tecnología e internet. Lo que no se puede hacer es decirle de la noche a la mañana a una persona de 60 años, que no ha tocado un ordenador en su vida, que tiene que pedir las citas del médico con una app en el móvil y utilizando un pin intransferible. O deshacerte de todos los cajeros automáticos y obligarle a hacer los ingresos por internet. Es complicarle la vida a gente que no tiene ni idea de cómo funciona la tecnología.

Esta es una responsabilidad de las instituciones, que deben vender internet como algo fácil y seguro para que la gente se sienta motivada a aprender. En el mundo rural todavía hay personas que ni siquiera confían en las tarjetas de crédito. Y no hablo de gente mayor: hablo de chavales de 20 años. No vale decir ‘venga, para mañana quiero que hagáis de deberes estos cinco ejercicios con la tablet’; hay que enseñar cultura digital. Pero, claro, ¿a quién le preguntas estas dudas en un pueblo? El concepto de la digitalización es estupendo, pero no puede quedar nadie atrás.

«Uno de mis objetivos es intentar que la brecha digital en el mundo rural se reduzca»

Por otro lado, la mejora de las telecomunicaciones es urgente. Tendría que estar obligada por ley: si una compañía quiere poner su antena, debe garantizar al menos un 90% de cobertura. ¿Cómo puede ser que en pleno 2021 todavía haya que estar haciendo malabarismos para conseguir una raya de cobertura?

La iniciativa de Holapueblo pretende conectar a personas que desean hacer realidad sus proyectos de emprendimiento en una zona rural con pueblos dispuestos a acogerles como nuevos vecinos con el objetivo de revertir la despoblación. Echando la vista atrás, ¿cómo dirías que fue el proceso de selección para vosotros? 

La verdad es que lo vi de casualidad cuando estaba buscando orientación para implementar mi negocio en el pueblo. No llegué a entrar a la primera porque la convocatoria ya había cerrado. Sin embargo, cuando me cogieron a la siguiente, yo ya tenía hecha la selección del pueblo por lo que pudimos centrarnos en las tutorías con expertos, que se enfocaron más en el ámbito del negocio y el contacto directo con el Ayuntamiento.

El proceso constaba de cinco sesiones: la primera se centraba en cómo construir un nuevo proyecto de vida en el pueblo; la segunda en buscar ese pueblo; otra profundizaba en el perfil laboral para ayudarnos a elegir bien nuestro nicho y saber cómo enfocar el negocio y el resto versaban sobre cómo montar una empresa de cero –los trámites, las gestiones legales…–. Lo mejor es que, aunque las tutorías eran particulares, la iniciativa tenía toda una plataforma online montada con un foro donde los participantes podíamos intercambiar nuestros conocimientos y opiniones, ayudándonos entre unos y otros. La verdad es que la gente que entra en el proyecto es muy activa y está dispuesta a echar una mano en todo lo que sea posible.

¿Crees que esta iniciativa puede contribuir de forma definitiva a resolver una problemática tan compleja como la de la despoblación?

Si lo piensas, por cada edición de Holapueblo son más de 30 participantes al año, cada uno con una idea de negocio. Si todos salen adelante, es una contribución importante para la lucha contra la despoblación. Otra cosa es que a lo mejor tengas la idea un poco borrosa y te cueste más, pero yo creo que sí que ayuda. Lo veo genial para quien no tenga muy claro qué proyecto llevar a cabo. Es verdad que yo vengo con un bagaje de autónomo de más de 20 años y tengo experiencia, pero si en su día, cuando estaba empezando, me hubieran descubierto Holapueblo podría haber avanzado mucho más rápido.

Lo cierto es que, hasta hace relativamente poco, la gente abandonaba el pueblo en busca de oportunidades laborales. Ahora muchos buscan volverse huyendo de grandes aglomeraciones para dar con una vida más tranquila. ¿Estamos ante el cambio definitivo que revertirá la despoblación?

Solo se revertirá si se invierte en ello. No económicamente, que también, sino con cosas simples. Por ejemplo, con ayuntamientos interesados en que venga gente a su pueblo y trabajen por ello creando un listado de casas vacías y ayudando a venderlas, actualizando toda la información necesaria para quien se quiera mudar. Hay que vender muy bien la localidad, tener una página en condiciones con fotos de verdad que invite a la gente a estar ahí. En todos los pueblos hay cientos de actividades culturales y hay que hacerlas visibles. Yo he hecho ya más cosas relacionadas con la cultura aquí en Bureta que en Zaragoza. Un pueblo no es aburrido.

En resumen, hay fórmulas para atraer habitantes. Es importante orientar a los emprendedores, dar nociones de qué negocios se necesitan en los pueblos. Y, por supuesto, acabar con los desiertos de educación: no puede concebirse ya que un niño tenga que hacerse todos los días 50 minutos de bus para llegar al instituto solo por el hecho de que viva en el mundo rural.

Quedan ya pocos días para que acabe 2021. ¿Qué propósitos tenéis para 2022?

Acabar nuestra reforma y asentarnos ya del todo para poder enfocarnos bien en el negocio y alcanzar definitivamente a todos los pueblos de la comarca. Nosotros nos vemos aquí para toda la vida –si no, no hubiéramos venido–. Con este negocio u otro, pero la idea es quedarnos aquí para siempre. 

«Todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad»

Conce Macías, directora de proyectos en AlmaNatura, comparte su perspectiva sobre el problema multifactorial que atañe a la España vacía: igualdad de género y sostenibilidad como bases del nuevo mundo rural.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la población activa femenina constituye tan solo el 49%, mientras que en el caso masculina esta cifra alcanza el 72%. ¿Es necesaria una perspectiva de género a la hora de abordar el problema de la España vacía?

Como mujer que vive y trabaja desde un pueblo de casi 900 habitantes, y liderando una organización que impulsa la reactivación rural, la perspectiva de género no solo es necesaria, sino urgente a la hora de solucionar un problema tan acuciante como es la España vacía. Los datos lo avalan: el INE nos desvela que, aun habiendo un millón más de mujeres que de hombres, la mayor parte de la población femenina se encuentra en las grandes ciudades, disminuyendo de forma drástica a medida que va disminuyendo la población. Es decir, que en pueblos de menos de 100 habitantes nos vamos a encontrar casi un 60% de hombres y un 40% de mujeres, existiendo más porcentajes de ellas, sin embargo, a nivel global.

De ese 40%, una gran proporción forma parte de una población adulta de más de 65 años, por lo que las edades de entre 18 y 45 años son aproximadamente las que emigran a la ciudad, dejando a los pueblos sin mujeres con edad fértil ya no solo biológicamente –lo que asegura la perpetuidad de la población rural– sino también laboralmente, lo que limita el desarrollo de ciertos sectores y el impulso de muchos otros.

Todas las personas somos importantes en este reto de la despoblación rural, por ello es necesario poner énfasis en la construcción de un mundo rural donde las relaciones sociales se transforman desde la familia, visibilizando capacidades y aspiraciones individuales y colectivas independientemente del género. Una sociedad donde las mujeres aportemos nuestra visión, conocimientos y experiencias en el desarrollo de estrategias igualitarias que pongan el foco en la recuperación y creación de un mundo rural donde tanto el hombre como la mujer puedan desarrollarse e interactuar en condiciones de igualdad para una gestión del talento enfocada en la resolución de los retos rurales.

¿Considera que es esta una oportunidad histórica para arreglar la brecha de desigualdad?

Cualquier momento puede ser una oportunidad histórica, aunque en estos tiempos que vivimos se está favoreciendo el hecho de crear organismos políticos y técnicos que sostengan esta prioridad y vigilen la evolución de las desigualdades y el impacto en la sociedad y en la política, al igual que impulsar medidas sanitarias que reduzcan las desigualdades y establezcan alianzas para impulsar políticas adaptadas. Reitero que estamos en el momento, aunque siento que aún tenemos que integrarlo a nivel social, educativo y familiar: no solo deben de existir normativas, decretos y estrategias que hablen sobre el tema, sino que hace falta que estas calen y sean entendibles por toda la sociedad para que se lleven a cabo.

«Aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblo»

Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, las sociedades que son muy desiguales son menos efectivas a la hora de reducir la pobreza. Por ello, si queremos revertir el movimiento de la despoblación, se vuelve necesaria una conexión entre las políticas de igualdad y de desarrollo rural que atiendan aspectos como el mercado laboral, el uso del tiempo, la percepción de la calidad de vida y la influencia de los estereotipos que aún existen y limitan el impulso del papel de la mujer en los entornos rurales.

¿Estamos ante una oportunidad? Diría que sí. ¿Estamos preparados para gestionar esa oportunidad? Es posible decir que a medias: aún seguimos viendo casos de cómo se proyecta al hombre desde la libertad y a la mujer desde el sacrificio y la subordinación en los pueblos. Para romper esos estereotipos se necesita actuar desde lo pequeño, y las políticas públicas aún no están diseñadas para ello, ya que esto no se arregla con la acción voluntaria de ciertas asociaciones u ONG; hacen faltan estrategias diseñadas desde la realidad rural y no desde una oficina en la ciudad.

Debido a la economía rural, habitualmente ligada a aspectos tradicionales, ¿se corre el peligro de que las mujeres terminen, de nuevo, limitadas a un solo tipo de trabajo? En este sentido, ¿cabe esperar nuevas oportunidades creadas por los usos de las nuevas tecnologías y la digitalización?

La participación laboral de las mujeres en los pueblos depende de la situación del mercado de trabajo, que es mucho menos diverso que en las ciudades. Este mercado laboral rural está condicionado en gran medida por la cualificación y la disposición del tiempo de la mujer, existiendo una demanda más enfocada al sector de la agricultura, los trabajos temporales y las necesidades de cuidado que solicita la población envejecida.

A este tipo de trabajo acceden mayoritariamente mujeres con niveles de estudios básicos, existiendo una emigración elevada de mujeres con altas cualificaciones formativas. Esto deja patente dos cuestiones a las que debemos de hacer frente las entidades que impulsamos el papel de los pueblos en la economía mundial si queremos que las mujeres diversifiquen su participación fuera del sector laboral tradicional. Por un lado, hace falta atender las necesidades educativas de las mujeres y, por otro lado, abordar la necesidad de diversificación de las oportunidades laborales adaptando e impulsando negocios en torno a sectores más innovadores vinculados a la digitalización, economía circular, etc.

Para que esto ocurra es necesario que existan servicios de cuidado a la infancia y a las personas mayores, que mejore la movilidad y exista una mayor sensibilización del mercado laboral del papel de la mujer en los entornos rurales, donde tiene que compaginar la vida laboral y la familiar por falta de servicios; si no, las mujeres no podrán desvincularse del sector tradicional, el cual está marcado por la falta de recursos.

Ante esta situación, el emprendimiento y las nuevas tecnologías se presentan como una oportunidad para poder compaginar ambas cosas. Una conexión digital mínimamente equiparable a las zonas urbanas reduciría mayoritariamente la exclusión digital que aún padece la población rural, y, por supuesto, un aumento de oportunidades para las mujeres que demandan instrumentos de trabajo eficaces para poder trabajar y llegar a cualquier lugar del mundo, realizarse y obtener unos ingresos dignos equiparables a cualquier carrera profesional.

¿Qué papel puede jugar lo que se ha venido a llamar «la economía de los cuidados» en esta clase de territorios?

Si miro tras la ventana de mi despacho en Arroyomolinos de León, veo a mi vecina Consuelo y a las hijas de Concha atender a sus mayores y a sus hijos, en jornadas interminables donde es imposible alternar el desarrollo profesional y el personal. Si sigo mirando más abajo de mi calle, me topo con las vecinas que hacen cuidados a domicilio y a otras que piden ayuda a sus madres para poder atender una tienda local, mientras sus hijos e hijas están fuera del colegio. Este sector sigue estando potencialmente vinculado a la mujer tanto en el ámbito profesional como a nivel personal como único medio de desarrollo para mujeres en pueblos de menos de 5.000 habitantes.

El cuidado es una capacidad intrínseca de cualquier ser humano solo que unos hemos tenidos contextos sociales que han permitido desarrollar más esta cualidad que otros, pero para sentirnos parte de esta sociedad la capacidad de cuidado debería de potenciarse, pues es ella la responsable de conductas respetuosas entre iguales y con el medio ambiente, ejes principales en la Agenda 2030.

«Es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como mujeres»

Si el cuidado está patente en el ámbito rural por sus características y también de forma intrínseca en cualquier ser humano, es importante promover formalmente la economía del cuidado como una oportunidad laboral tanto para hombres como para mujeres. Para ello, debemos enfatizar aquellos elementos del cuidado que producen o contribuyen a generar valor económico, potenciarlos y gestionarlos para visibilizarlos.

Los avances sustantivos que las mujeres han experimentado en términos de participación económica y política y de reconocimiento de derechos en diversos campos deberían también expresarse en el ámbito de la organización del cuidado, en el cual los cambios resultan, por el contrario, extremadamente lentos. Lograr mayor justicia en este campo es un paso ineludible para alcanzar mayor equidad económica y social y construir sociedades más igualitarias en el ámbito rural.

¿Qué papel ha de jugar la educación –y la concienciación social– en políticas de inclusión con un marcado enfoque de género?

Perdonad mi mala memoria. En algún lugar leí o escuché que, si ponemos consciencia de la pobreza, la violencia de género, la discriminación, la falta de recursos y de desarrollo en el ámbito rural, todas ellas tienen cara de mujer. Esto es curioso porque a pesar del convencimiento de una sociedad no sexista, todavía perdura una larga tradición de roles femeninos en situación de inferioridad en el mundo rural. Para poder sobreponerse a ello es necesario enfocarse en dos grandes sistemas: la familia y la escuela a cualquier nivel, desde centros primarios hasta el universitario, que promuevan una sociedad rural igualitaria.

El nivel educativo ha creado dos bandos diferenciados de mujeres que se desarrollan conforme a los ideales sociales actuales. Por un lado, las mujeres que han estudiado, han salido fuera del pueblo y se han convertido en profesionales de sectores novedosos. Por otro lado, mujeres sometidas al sistema tradicional familiar donde el hombre trae el dinero y las mujeres cuidan de la familia. Aún existen muchas mujeres en este segundo grupo, mujeres muy jóvenes que no ven posibilidades de desarrollo más allá que las tareas domésticas o pequeños negocios transitorios.

Aún existe un trabajo educativo maravilloso que realizar para lograr un desarrollo integral de las personas que formamos parte de los pueblos, independientemente de los estereotipos y roles en función del sexo. Como adultos, deberíamos tomar conciencia del camino que aún debemos recorrer tanto hombres como mujeres para alcanzar el objetivo común de una igualdad real y que, en consecuencia, traerá el desarrollo de oportunidades que ofrecerán una nueva perspectiva socioeconómica al mundo rural.

En términos de repoblación, son las mujeres jóvenes las que más abandonan los territorios «vacíos». ¿Cómo podemos favorecer el papel emprendedor de las mujeres en estas zonas, especialmente aquellas más jóvenes y así retener el talento?

Desde AlmaNatura llevamos desarrollando programas de emprendimiento como Holapueblo y GIRAMujeres donde potenciamos el emprendimiento femenino como un instrumento activo para favorecer la reactivación rural. Estos programas incluyen muchos de los aspectos que creemos indispensables para potenciar el papel emprendedor como uno de los pilares fundamentales en la regeneración socioeconómica de estos territorios.

Por un lado, creemos firmemente que para poder impulsar el emprendimiento femenino son necesarias algunas modificaciones sociales e institucionales que ayuden a gestionar, de forma equilibrada, materias específicas como la conciliación, ya que la familia y el entorno se convierten en barreras para poder conciliar el negocio y el trabajo familiar. El acceso a la financiación y la gestión económica, suelen ser dos temas bastantes limitantes. Al no poseer una educación financiera de forma generalizada llegamos fácilmente a la ideación de modelos de negocios viables que necesitan altos recursos financieros que ocasionan en muchas ocasiones el aplazamiento de la toma de decisiones a la hora de emprender.

Por otro lado, la ruptura de ciertos estereotipos también se convierten en barreras que afectan de forma negativa al emprendimiento femenino. Muchas veces se traspasan las creencias que el patriarcado ha creado y ha atribuido a las mujeres como aspectos propios de la mujer empresaria. Esto contribuye en gran medida a la construcción errónea de lo que es el emprendimiento femenino potenciando un factor bloqueador individual como es la autopercepción que tenemos de nosotras mismas como empresarias y que hacen surgir miedos, inseguridades, etc.

Aunque ponemos el foco en aquellas cuestiones que desde mi punto de vista hace falta fortalecer, no nos podemos olvidar de otras que ya existen y que es importante recordar y potenciar para fortalecer el papel de la mujer en el ámbito del emprendimiento. Ejemplos de ello son la capacidad que tenemos para la gestión y organización, un factor fundamental en el impulso de una empresa; nuestra sensibilidad en materia de retos sociales y ambientales, que abren la puerta al emprendimiento social, el apoyo institucional y de grandes empresas que potencian e impulsan el emprendimiento femenino; la capacidad de innovación y liderazgo; al igual que las capacidades personales y únicas que nos hacen estar más que preparadas para asumir el lanzamiento y puesta en marcha de negocios viables y sostenibles que generen oportunidades en el medio rural.

La ministra Teresa Ribera habló el pasado 8 de marzo de «proyectos de emprendimiento en el ámbito rural, proyectos que demuestran que lo rural es sinónimo de solidaridad». ¿Qué clase de iniciativas cree que se deberían implementar para cohesionar estos territorios?

AlmaNatura ha podido reconstruir con los fondos ahorrados durante 25 años, un molino harinero, símbolo de la historia y sentido de pertenencia de Arroyomolinos de León. El objetivo no es convertirlo en un espacio expositivo, sino un espacio donde ocurran cosas, un espacio vivo que impulse investigaciones, proyectos, charlas y reflexiones que potencien la innovación en el ámbito rural por ello este molino harinero se ha convertido en un Laboratorio de Innovación Rural (AlmaNatura Lab) capaz de provocar el desarrollo y avance de la sociedad rural.

En los pueblos reside el gran saber de personas y entidades que llevan trabajando y aprendiendo de los ciclos y procesos naturales y sociales de estos territorios. Dicha interacción debe de generarse y promoverse con el objetivo de construir nuevas sinergias e intercambio de aprendizajes entres los agentes claves del territorio que den forma a soluciones temáticas a través de centros de conocimiento que ponen la tecnología, el saber y la planificación al servicio de los entornos rurales.

Estamos en un momento importante de sensibilización sobre el estado de los pueblos, aunque es necesario pasar al segundo nivel. El emprendimiento, la salud, la educación o la tecnología son ejes vertebradores del futuro de los pueblos que deben de ser consensuados y gestionados. No podemos trabajar solos. Hace falta unión y respeto ante las problemáticas y soluciones que se plantean desde cualquier organismo y desde la propia ciudadanía.

Es momento de poder impulsar estrategias y sistemas de aprendizajes basados en la creación de conocimiento compartido como realizamos de forma interna en AlmaNatura con entidades como Red Eléctrica de España y Correos, que permitan potenciar las capacidades de las zonas rurales para construir nuevas soluciones a los retos que enfrentamos de forma conjunta. Son necesarios proyectos de colaboración entre especialistas de terreno, investigadores, organizaciones rurales, empresas, ONG y Gobiernos locales que tengan la potencialidad de encontrar soluciones que ninguno de los actores individualmente se hubiese atrevido a identificar o tenga la capacidad de abordar.

“Lo rural es fundamental en la búsqueda desesperada por la sostenibilidad”

Un año más se celebra Presura, la Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural. La cita, que se celebrará en diciembre en Soria, reunirá a representantes políticos como el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente del Partido Popular, Pablo Casado; o la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, para que respondan a la pregunta: “¿Quién piensa de verdad en lo rural?”. El director del encuentro y de la asociación El Hueco, Joaquín Alcalde, adelanta en esta entrevista el contenido de la feria y hace balance de los retos y oportunidades que se presentan a la España vaciada.

Replicando la pregunta que, este año, se lanza desde Presura: Pero… ¿Quién piensa de verdad en lo rural?

Este año celebramos la cuarta edición de Presura, una feria que tiene como objetivo poner en contacto a personas del entorno urbano, que quieren desarrollar un proyecto de vida en el mundo rural, con aquellos agentes o recursos que existen en las zonas poco pobladas, que les pueden ayudar a instalarse allí y emprender un proyecto de vida. Cuando empezamos con la feria era completamente experimental: nunca se había hecho en nuestro país nada así.  Desde El Hueco llevábamos muchos años trabajando en temas relacionados con la repoblación rural, pero el desafío estaba en que no sabíamos si verdaderamente existía ese interés por lo rural. Incluso a nosotros mismos nos sorprende el poder de convocatoria que ha tenido la feria a lo largo de estos años, lo que demuestra, con indicadores reales, que existe un deseo y una tendencia de vuelta a lo rural. 

Se puede decir que en estos últimos años se ha avanzado muchísimo más que en los 25 años anteriores. Por lo menos, la despoblación hoy está en las agendas políticas, en los medios de comunicación y, de alguna manera, con la feria hemos contribuido a ello. Pero este año queríamos incidir en algo que nos parece fundamental: comprobar si verdaderamente toda esta tendencia está apoyada por un interés real de los políticos, que, al final, son quienes tienen que hacer políticas para favorecer la repoblación e impulsar las legislaciones y las normativas oportunas para que esta tendencia se consolide. Por eso, en este año tan complejo para todos hemos querido preguntar a los políticos si verdaderamente se lo creen o es más una moda o una pose y si es posible esa reactivación de los pueblos en la que estamos trabajando.

Pronto descubriremos si los políticos están implicados o no, pero ¿y las empresas? ¿Por qué no terminan de ver negocio en el medio rural? 

“Las empresas empiezan a darse cuenta de qué es importante tener en cuenta lo rural”

Las empresas, sobre todo las grandes, empiezan a darse cuenta de que es importante tener en cuenta, dentro de sus políticas, especialmente las de responsabilidad social corporativa, lo rural. En este sentido, Red Eléctrica, que colabora con El Hueco en múltiples proyectos, es pionera en España en la creación de un departamento de Innovación Social volcado en colaborar o trabajar en proyectos de impacto y emprendimiento social que puedan contribuir a esta reactivación de lo rural. En lo rural hay un negocio que no es el empresarial clásico –es decir, el que hemos conocido hasta ahora–, sino social. Hoy en día, en pleno siglo XXI, las personas –sobre todo los jóvenes– demandan empresas comprometidas, con impacto, que busquen antes los beneficios sociales que los económicos, y ahí es donde está El Hueco: llevamos muchos años trabajando en fomentar esa innovación social para la repoblación, porque hay muchas empresas que están cada vez más comprometidas con el emprendimiento social. 

“Los jóvenes demandan empresas comprometidas, con impacto, que busquen antes los beneficios sociales que los económicos”

Alguien dijo una vez que “las empresas del futuro serán sociales o no serán” y ahí está la clave: no hay que quedarse solo en esas políticas de responsabilidad social corporativa, sino que las empresas tienen que cambiar desde dentro. Esto es, guiarse por otras métricas: no se pueden medir los resultados con los mismos criterios con los que se han medido hasta ahora. Si seguimos igual, estaremos abocados al fracaso. La sostenibilidad hoy en día es muy importante para todos. En la búsqueda de esa triple sostenibilidad –social, ambiental y empresarial–, indudablemente, la economía social, de impactos y de emprendimiento social juega un papel fundamental.

¿Qué oportunidades reales existen para que personas que quieran emprender creen su propio puesto de trabajo en el medio rural?

Lo rural está plagado de oportunidades. Desde El Hueco contribuimos a visibilizarlas, a inspirar a personas que quieran venir a conocer el mundo rural, quedarse y emprender en él. Pero también hay que ser realistas: no es fácil emprender ni en lo rural ni en lo urbano. Emprender con éxito es complejo, requiere de muchos factores y, además, en el caso de lo rural existe una brecha con lo urbano muy importante. Para prosperar hay que generar, en las comarcas y en los pueblos, ecosistemas de innovación que acojan a los nuevos pobladores, que les ayuden para que, de alguna manera, se sientan arropados a la hora de poner en marcha sus iniciativas. 

Hasta hace poco, uno de los atractivos de las ciudades eran las oportunidades laborales. Si podemos desempeñar nuestro trabajo de manera telemática, mucha gente cambiará de opinión. ¿Se percibe ya un cambio real?

Con la pandemia hemos visto desarrollarse de manera casi increíble el teletrabajo, hasta el punto de que hoy se ha convertido en un derecho de los trabajadores, y desde El Hueco estamos convencidos de que va a ser un factor fundamental para reactivar los pueblos. Muchas personas que puedan teletrabajar lo van a hacer, seguramente no de una manera permanente, pero sí temporal o pendulando entre lo urbano y lo rural. 

“El teletrabajo va a ser un factor fundamental para reactivar los pueblos”

Ya empezamos a tener datos, por ejemplo, de alquileres y ventas de viviendas rurales, que se ha incrementado exponencialmente a lo largo de este verano. Concretamente, hay comarcas en las que ya es imposible encontrar una vivienda disponible, porque se han alquilado a personas urbanas que tienen la posibilidad de moverse y buscan una alternativa a esa vida urbana movidos, en parte, por la COVID. Por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de las personas van a poder trabajar donde quieran. Es algo disruptivo e inaudito. La revolución industrial –que fue el último gran cambio en el mundo– generó movimientos demográficos muy potentes que acumularon en los centros de producción a los trabajadores porque no había otra alternativa. Pero hoy esos centros de producción se van a deslocalizar.  En los próximos años va a cambiar por completo la ordenación territorial.

¿Podríamos esperar una revolución rural?

Estamos ya en los inicios de esa revolución, y no solo ya por el teletrabajo, sino porque lo rural es fundamental en esa búsqueda desesperada que tenemos por la sostenibilidad. Siempre se ha hablado mucho de sostenibilidad. En estos últimos años nos lo hemos tomado más en serio, pero esta crisis sanitaria ha hecho que nos demos cuenta de que necesitamos la sostenibilidad desesperadamente y no se puede entender una sostenibilidad global con unos desequilibrios territoriales como los que hemos tenido hasta ahora. Volviendo a la misma frase de antes: la sostenibilidad será si es rural. Si no, no creo que seamos capaces de conseguirla.

Para todo esto es clave la conectividad: el acceso a internet es algo básico hoy en día.

“Internet lo considero como un derecho fundamental de las personas, igual que el derecho a respirar aire limpio o al acceso al agua. Es muy importante que la conectividad llegue a todo el territorio”

Internet lo considero como un derecho fundamental de las personas, igual que el derecho a respirar aire limpio o al acceso al agua. Países como Finlandia lo tienen reconocido constitucionalmente: los finlandeses, estén donde estén, tienen derecho a que el Estado les facilite el acceso en igualdad de condiciones. La brecha digital genera desigualdad, y para acabar con ella y preservar esos derechos es muy importante que la conectividad de banda ancha o de alta capacidad llegue a todo el territorio.

¿Tienes fe en las medidas del plan de recuperación de la Unión Europea en las que la lucha contra la despoblación cobra bastante importancia?

“Tenemos que buscar nuevas soluciones más eficientes y sostenibles a los viejos problemas de siempre a través de la innovación social”

Vamos por el buen camino. En España, con el trabajo que se está haciendo desde la Secretaría General para Reto Demográfico se están sentando las bases para atajar un problema muy complejo y que nadie espera que vaya a cambiar de la noche a la mañana: va a costar muchos años, son procesos muy lentos, pero antes de la COVID ya estábamos en ese camino. Seguramente el coronavirus está provocando un parón en el despliegue de todas esas políticas que ya estaban previstas, pero también nos va a generar una oportunidad: si somos capaces de invertir bien esos recursos que van a llegar de Europa para el plan de reactivación de la economía, podemos ser optimistas. Eso sí, el dinero es fundamental, sobre todo para ponernos en situación de igualdad con infraestructuras, pero no lo es todo. Se tiene que generar un cambio de mentalidad en la ciudadanía, no solo de las personas urbanas, sino de las que vivimos en los pueblos: tenemos que creernos que esto es posible y convertir nuestros pueblos en lugares acogedores. Tenemos que buscar, en definitiva, nuevas soluciones más eficientes y sostenibles a los viejos problemas de siempre. Y eso se hace desde la innovación, no solo tecnológica, sino social. 

Más de una vez has mencionado que, además, los nuevos pobladores deben también tener ganas de generar ese cambio. No es solo mudarse a un pueblo, sino de ver qué hay que hacer para que lo rural resurja como una opción. 

Tampoco conviene idealizar el mundo rural laboral: no es la Arcadia feliz. Hay que trabajar mucho, la vida no es fácil, tenemos hándicaps… Aquellas personas que se muden a lo rural tienen que saber que es un lugar en el que van a disfrutar mucho, van a tener una buena vida, etcétera, pero tienen que venir con ganas de trabajar, de emprender y, sobre todo, de inventarse su propio proyecto de vida. El trabajo por cuenta ajena cada vez va a ser un bien más escaso; en este siglo vamos hacia el autoempleo, el emprendimiento… va a cambiar todo bastante.

¿Cómo te imaginas la España rural dentro de diez años?

En pleno proceso de cambio. Su principal motor de desarrollo va a seguir siendo la agricultura y la ganadería, un sector estratégico porque los alimentos se producen en el campo. Pero también será una España rural con una diversidad económica: me imagino un sector cultural que puede contribuir a ese desarrollo, pero también empresas tecnológicas que puedan instalarse en zonas rurales. La nueva ruralidad del siglo XXI va a tener poco que ver con la realidad del siglo XX. Si queremos seguir viviendo en el campo, tenemos que reimaginarnos cómo vivir en él. 

Teresa López: “Recuperar la España vaciada no se hará realidad si a sus habitantes se nos trata como ciudadanos de segunda”

Cada 15 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Este año, Fademur organiza una jornada online bajo el título Las mujeres en la agricultura familiar: equidad de género y liderazgo con la participación de expertas, emprendedoras y representantes de distintas administraciones y empresas.

Entrevistamos a Teresa López, presidenta de Fademur, para desgranar los diferentes problemas que atañen a la España rural y al 50% de su población, como es el acceso femenino a órganos de gobernanza de la actividad agraria o la introducción de tecnologías y la digitalización para facilitar la incorporación de la mujer a la economía vinculada al campo.

¿Cuál es la situación de la mujer en el medio rural en este momento, y en concreto en las explotaciones agrícolas familiares, tema que centra este año vuestra jornada del Día Internacional de las Mujeres Rurales?

Este 15 de octubre se habla de las mujeres en el conjunto del territorio rural, pero prestando especial atención a la agricultura y ganadería. La mujer siempre ha trabajado en el sector primario, pero en demasiadas ocasiones de una manera invisible, sin considerar su trabajo como un empleo, sino tratándolo de ayuda familiar. Hemos avanzado en los últimos años, pero todavía falta muchísimo por hacer. Ahora estamos en un momento crítico y determinante por varios motivos. Estamos en el decenio de la agricultura familiar impulsado por Naciones Unidas, que tiene como objetivo que los países del mundo se animen a legislar y a promulgar políticas que protejan especialmente a las explotaciones familiares, que son las principales productoras de alimentos sanos, seguros y de calidad. Y en ese marco están las mujeres, que además son las que vertebran el territorio fijando población, creando paisaje, luchando contra los incendios forestales, protegiendo la biodiversidad… 

En las explotaciones familiares, hemos avanzado con la Ley de Titularidad Compartida, un avance legal pero no real: todavía hay desidia y falta de información. Por eso, aunque es un derecho, hay muchas mujeres que lo desconocen y no se está haciendo efectivo. La titularidad compartida reconoce los mismos derechos por el mismo trabajo en cuanto a la gestión de la explotación, lo que debería ayudar a identificar a esas explotaciones que son el núcleo duro de la estructura actual. 

¿De qué más aspectos se va a debatir durante la jornada?

Vamos a hablar del emprendimiento de las mujeres en la actividad económica del mundo rural, vinculada con la agricultura, con la transformación agroalimentaria y con otras oportunidades que surgen a través de la economía verde y circular. Además, vamos a tratar sobre cuál es nuestra situación en los órganos de decisión de las organizaciones donde se decide el futuro del mundo rural: organizaciones de productores, cooperativas, comunidades de regantes o grupos de desarrollo rural. La Ley de Igualdad supuso un impulso, cada vez estamos más representadas en los órganos intermedios, pero las dificultades para llegar a los órganos realmente representativos es la misma. 

“Las nuevas tecnologías podrían transformar el mundo rural de un día para otro”

Hablaremos también de las oportunidades que surgirán cuando la digitalización del territorio rural sea una realidad. Si algo hemos descubierto con esta pandemia es que las nuevas tecnologías podrían transformar el mundo rural de un día para otro: facilitan el teletrabajo y permiten potenciar alimentos de la máxima calidad fuera del ámbito comarcal para que el conjunto de la población pueda disfrutar de esos sabores que creíamos que dejaron de existir.

Pero para ello primero ha de llegar la conexión, cerrar la brecha digital.

Para el mundo rural es determinante. Hay muchísimos trámites relacionados con la Administración que solamente se pueden hacer a través de internet y con un certificado digital. Por ejemplo, nos encontramos con la paradoja de haya gestiones que solo se pueden realizar a través de internet, pero que haya muchos usuarios que no tienen acceso ni cobertura en sus domicilios. Se necesita una solución urgente: necesitamos que llegue esa comunicación y que lo haga, además, de una manera accesible. 

¿Qué puede aportar el mundo rural a la recuperación post-COVID?

Puede aportar todo. Durante esta pandemia ha seguido aportando todos esos alimentos sanos, seguros y de calidad. No se ha roto en ningún momento la cadena alimentaria y eso es algo que debemos tener en cuenta y reconsiderar. En esta transición ecológica de la que se está hablando, con los planes de reconstrucción que se están presentando, el mundo rural puede y debe de jugar un papel clave. La economía verde, circular o azul podrían servir para que los territorios rurales encuentren una fuente y una oportunidad económica para desarrollarse, generar riqueza y vertebrar. 

Por otro lado, otro de los objetivos prioritarios es avanzar en la cohesión territorial. La despoblación es grave: el 80% del territorio es rural, pero solamente el 20% de la población vive en él. Se trata de un desequilibrio demográfico que tendremos que corregir. Por tanto, tenemos que centrar los esfuerzos hacia la generación de oportunidades y facilitar que quienes ahora ya están en el mundo rural, se puedan quedar allí. Si algo están demostrando las mujeres rurales es que tienen muchísimas ganas, empeño, emprenden… y lo que necesitan es que deje de haber trabas a la hora de poner en marcha esos emprendimientos, que se facilite desde el punto de vista de las políticas públicas, y que se apoye el acceso a la financiación. Con todo eso conseguiríamos impulsar de verdad la actividad económica de estas zonas, además de todo lo que se pueda generar a raíz del impulso de las nuevas tecnologías que son determinantes para transformar el mundo rural.

Reducir la brecha digital, apoyar el emprendimiento local y la innovación social…  ¿qué más es necesario para repoblar la España vaciada?

Los servicios: nada de esto podrá hacerse realidad si a los habitantes del mundo rural se nos trata como ciudadanos de segunda. En demasiadas ocasiones se están utilizando protocolos obsoletos, porque se diseñaron en un momento en el que el perfil poblacional era totalmente distinto y, por lo tanto, tenemos que adaptarlos y tener en cuenta esas nuevas tecnologías. 

“Cuando los servicios públicos de cuidado no llegan, son las mujeres las que se ocupan de prestarlos en el seno de la familia”

No olvidemos que cuando los servicios públicos de cuidado, tanto de mayores como de menores, no llegan, son las mujeres las que se ocupan de prestarlos en el seno de la familia. Es una deuda y una triple jornada que está echando para atrás a muchas mujeres que deciden irse, porque buscan tener un desarrollo pleno personal y familiar, pero también profesional. 

¿Sale especialmente dañada la mujer rural de la COVID-19?

Las mujeres hemos sido las grandes afectadas por esta pandemia y en el mundo rural, con las peculiaridades que tiene, más. Cuando hablamos de mujer rural siempre decimos que hay una doble discriminación: por ser mujer y por vivir en un territorio con menos servicios. A lo mejor en una ciudad es más sencillo organizarse y facilitar que los niños pudieran seguir haciendo los deberes conectados de alguna manera con el colegio, utilizando nuevas tecnologías, con una cobertura adecuada… en el mundo rural ha sido mucho más complicado. Determinados servicios se han tenido que suplir de una manera más imaginativa y muchas veces han sido las madres las encargadas de poner en marcha esa creatividad y han acabado por diseñar sistemas más complejos: carteros rurales que llegaban con los deberes, o el alcalde o la alcaldesa. A esto hay que añadirle que hemos sufrido el cierre de los centros de salud de atención primaria: se han reorganizado los servicios comarcales, lo que provocó que las mujeres se vieran obligadas a hacerse cargo de los cuidados del día a día y de los transportes, con dificultades añadidas cuando convives con personas mayores. 

¿Qué mensaje le lanzas a las niñas, pero también a los niños, de nuestros pueblos?

El mundo rural tiene futuro: que piensen y que sueñen qué es lo que quieren hacer y en qué quieren ver convertido su propio pueblo. Durante demasiado tiempo se ha inculcado la idea de que para tener un futuro prometedor había que emigrar. Ahora, estamos convencidas de que el mañana de las próximas generaciones va a pasar por el mundo rural.

Alimentos Solidarios: alianza contra la COVID

En uno de los momentos más duros de la pandemia, Fademur y Red Eléctrica unieron sus esfuerzos para poner en marcha la iniciativa #Alimentos_Solidarios. Teresa López explica que este proyecto “nació para dar una respuesta inmediata a dos situaciones comprometidas: la de las explotaciones que proporcionan productos de la máxima calidad, pero cuyos canales de comercialización se habían visto interrumpidos, y la de los colectivos más vulnerables, aislados en pueblos muy pequeños en plena pandemia”. 

La iniciativa, de la que López hace un balance “extraordinario”, ha repartido 135.300 raciones de comida en 24 provincias de 13 comunidades autónomas con el apoyo de 71 organizaciones, desde ONG hasta hospitales o servicios sociales, y de 70 productoras locales o familiares. Así, se dio salida a un producto perecedero cuyo coste de mantenimiento era imposible de asumir para los agricultores y ganaderos, a la vez que se ayudó a personas en una situación complicada que podría haber sido crítica sin esta iniciativa.

Antonio Calvo: “Las empresas debemos asumir que la sostenibilidad es una condición sine qua non”

Antonio Calvo

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible cumplen cinco años en un contexto de máximo compromiso institucional y empresarial, en el que la Agenda 2030 marca el rumbo. Hablamos con Antonio Calvo Roy, director de Sostenibilidad del Grupo Red Eléctrica sobre cómo se integra esta hoja de ruta verde en la compañía con motivo del primer aniversario del blog Red 2030. Para Calvo Roy, la creación de este espacio que da voz a la sostenibilidad dentro y fuera de la empresa, “fue muy relevante porque no solo es importante hacer cosas sino contarlas. Hace ya tiempo que el buen paño no se vende en ningún arca”.

Este año iba a ser el comienzo de la Década de Acción para los ODS. Sin embargo, la irrupción de la COVID-19 ha hecho saltar por los aires todas las certezas. ¿Cuál es el impacto de la crisis sanitaria y económica en la consecución de la agenda para el desarrollo sostenible?

Todos estamos, primero, tratando de encajar el golpe que supuso la pandemia y el cierre de la sociedad en su conjunto, de buena parte de la economía … con la necesidad de tener que aprender a trabajar de otra manera, desde lejos, con sus ventajas e inconvenientes. Como poco, supondrá un retraso notable y distraerá de muchos objetivos. Nos va a pasar como siempre: que lo urgente no deja paso a lo importante. Desde luego es urgente e importante combatir esta pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas, pero si eso hace que se retrase, por ejemplo, el combate contra el cambio climático –que es imprescindible– o algún otro aspecto de los ODS –también esenciales–, tendrá consecuencias negativas a futuro.

¿Crees que llegaremos a tiempo de cumplir con esa agenda global con horizonte 2030?

Soy optimista, pero no creo que, en su conjunto, lleguemos a la Agenda 2030. Pero sí en algunas cuestiones concretas. Algunas empresas llegarán más que otras, algunas lo harán en unos aspectos y otras, en otros. Lo importante no es tanto llegar como recorrer el camino marcado y no dar pasos hacia atrás. El problema de la crisis puede ser no solo que nos desviemos del camino, sino que retrocedamos en algunas exigencias, porque pensemos que no es el momento o que hay otras prioridades. Ese es el gran riesgo. Tenemos que tratar de seguir pensando que lo vamos a cumplir y que tenemos que hacerlo. Luego, cuando lleguemos al 2030, ya veremos de lo que hemos sido capaces, celebraremos aquello que hayamos conseguido y deberemos ser más exigentes en lo que no. Porque lo que probablemente nos ocurra es que algunos de esos objetivos se cumplan con creces y, por lo tanto, a mitad de camino –en 2025 o 2026– haya que hacer una revisión para ser más exigentes con ellos.

“Todas las empresas deberían pensar que la sostenibilidad es una condición sine qua non

¿Qué papel deben ejercer las empresas para contribuir a la consecución de la Agenda 2030 en estos momentos?

Las empresas no podemos olvidar qué es lo importante, ni los objetivos que nos habíamos marcado. Probablemente habrá que hacer algo más de trabajo, porque tampoco podemos dejar de estar en guardia contra la pandemia y llevar a cabo todas las medidas necesarias para erradicar y controlar la enfermedad. Pero eso tenemos que hacerlo sin descuidar todo lo demás. Ese es el papel de las empresas ahora: no desviarnos del camino que nos habíamos marcado y asumir que la sostenibilidad es una condición sine qua non. Y En Red Eléctrica estamos verdaderamente convencidos de ello, no es una pose.

¿En qué ámbitos de los ODS se enfoca el Grupo Red Eléctrica? ¿Cuáles son sus prioridades? 

En Red Eléctrica hemos hecho el ejercicio de analizar en qué ODS impactamos más. Es un ejercicio muy sano y que se debería extender, porque es evidente que todos tenemos que tratar de favorecer los 17 objetivos en su conjunto. Pero también parece claro que una empresa como Red Eléctrica puede hacer mucho más en el ámbito de la energía sostenible que en cualquier otro, porque es su principal área de trabajo y ahí tendrá una repercusión social muchísimo más importante. Por eso, destacamos una serie de objetivos en los que nuestro impulso iba a ser más eficaz. Eso no quiere decir que no debamos trabajar en los demás, sino que los esfuerzos que hagamos en esos objetivos en concreto, para la sociedad en su conjunto, van a ser mucho más rentables. Y, por lo tanto, si cada empresa hace el mismo ejercicio, entre todas cubriremos todos los ODS de una manera mucho más eficaz que si todos dedicamos el mismo esfuerzo a los 17.

"Nos hemos propuesto en una década alcanzar el vertido cero o eliminar la brecha digital"

¿Cuál es la hoja de ruta del Grupo en materia de sostenibilidad y cómo mide sus avances y el cumplimiento del camino trazado? 

Nosotros hemos dedicado esfuerzos a encontrar métricas, para medir de una manera eficaz lo que hacemos. Y el pasado año presentamos una lista de once objetivos con horizonte 2030 que concretan las cuatro prioridades de sostenibilidad del Grupo: descarbonización de la economía, cadena de valor responsable, contribución al desarrollo del entorno y anticipación y acción para el cambio. En cada una de estas áreas a su vez hemos definido dos o tres metas concretas de forma que podremos fiscalizarlas, medirlas, podremos ver si avanzamos correctamente. Por ejemplo, nos hemos propuesto en una década alcanzar el vertido cero o eliminar la brecha digital en el entorno de nuestras instalaciones. Estos 11 objetivos y las métricas asociadas nos permitirán analizar si estamos en el camino correcto y si nuestros esfuerzos están obteniendo los resultados esperados.

A la hora de hablar de la salida de la crisis se habla de dos mega tendencias: sostenibilidad y digitalización. ¿Por qué?

La digitalización ayuda mucho a la sostenibilidad porque evita derroches y facilita nuestro día a día. Lo hemos visto durante el confinamiento. Gracias a la digitalización entendida en sentido amplio, incluyendo las telecomunicaciones, hemos podido trabajar en remoto. Aunque ha sido el efecto de una situación trágica, quizás sirva para empezar a tomarnos esta nueva forma de trabajo que hace que haya menos desplazamientos, menos tráfico, menos contaminación. Y esto es solo un ejemplo. Hay que aprender de la digitalización y hay que sacarle todo el jugo que se pueda porque es una gran aliada de la sostenibilidad. 

Hace no tanto, hablábamos de responsabilidad social corporativa (RSC). Ahora, lo hacemos de sostenibilidad y el término está en boca de todos. ¿A qué se debe este cambio? ¿Hay algo de moda en este renovado impulso?

En su momento la responsabilidad social fue un buen avance con el que las empresas se dieron cuenta de que no bastaba con cumplir la ley, que había que ir un poquito más allá. El concepto de sostenibilidad es mucho más amplio que el de RSC porque incluye todos los factores que tienen que ver con el desarrollo de la empresa y de la sociedad en su conjunto. Es una mirada más aguda, que lleva más lejos, y que al mismo tiempo está más atenta a los detalles próximos. Pero hay que tener cuidado porque hay un riesgo grande de sucumbir a esa tendencia de ‘pintarse de verde’. Por eso, es importante que haya índices y escrutinios y que las empresas se sometan a ellos para demostrar que es verdad lo que dicen y que todos sus comportamientos son sostenibles. De hecho, los inversores ya se están tomando muy en serio estos estándares.

5º Aniversario de los ODS: “17 dedos sobre 17 llagas”

Como cada 25 de septiembre desde 2015, los ODS celebran su aniversario, este año el quinto. Para Antonio Calvo Roy, se ha avanzado mucho en los últimos tres en su visibilidad, “pero hace falta que se conozcan mejor, por lo que significan como toma de conciencia personal de la finitud del planeta y la necesidad que tenemos todos de hacer cosas y de trabajar para poder seguir viviendo como hasta ahora”.  Y añade: “los ODS ponen 17 dedos en 17 llagas y en todas ellas hay que trabajar de la manera más eficaz posible. En este sentido, lo que falta es que se haga todavía más conocidos, más populares y nos responsabilicemos todos empresarialmente, pero también personalmente, del cumplimiento de un comportamiento acorde a lo que reflejan”.

Juan Carlos del Olmo: “No podemos afrontar la crisis climática sin propuestas ni presupuestos”

biodiversidad

La comunidad científica advierte: el cambio climático ya está aquí y, con él, la pérdida de la biodiversidad y la degradación del entorno se aceleran. Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF, nos recuerda: “frenar esta situación depende de lo que hagamos en las próximas décadas”. Conversamos con él para conocer qué debemos cambiar para garantizar la supervivencia del planeta, y de la especie humana.

Diversos estudios, entre ellos el Informe Planeta Vivo y el informe IPBES, alertan de que la biodiversidad mundial disminuye a ritmos alarmantes ¿Qué podemos hacer para frenar la degradación del entorno natural?

El informe IPBES sobre la pérdida de biodiversidad ha puesto de manifiesto que estamos en medio de una crisis climática muy grave, porque no solo estamos hablando de que un millón de especies de esas ocho millones conocidas desaparecerán, sino de que esas especies son los resortes que hacen que funcionen los ecosistemas y de que, además, son la base nuestra economía. Estamos poniendo en riesgo los fundamentos de la sociedad. Como dice Greta Thunberg, no hay que entrar en pánico: todavía hay tiempo para revertir la situación. En primer lugar, lo que podemos hacer es tomárnoslo en serio. En general, nuestros líderes políticos no lo hacen. Es lamentable que estén mirando al corto plazo y no de cara a 2050 o 2100. En segundo lugar, las empresas tienen que darse cuenta de que no pueden seguir como hasta ahora, basando sus negocios en la explotación de la naturaleza y la biodiversidad. Si no quieren desaparecer, deben transformarse muy rápidamente.

¿Qué papel debería ocupar el cambio climático en las prioridades de los partidos políticos?

Algunos partidos políticos, como el partido socialista y, en general, los partidos de izquierdas, han situado la transición ecológica y la lucha contra la destrucción de la naturaleza entre sus prioridades. Luego ya veremos si las políticas se trasladan en presupuestos concretos y, sobre todo, en acciones. Pero es importante que esté en sus agendas. No podemos afrontar la crisis climática que viene sin propuestas, pero tampoco sin presupuestos ni funcionarios técnicos trabajando en las estructuras. Mucho peor es que hay otros partidos que entienden el problema del cambio climático y la cuestión de la naturaleza como algo menor. Algunos ni siquiera lo incluyen en sus programas y eso es una irresponsabilidad, como lo fue la suspensión de Madrid Central, que me parece una medida que refleja exactamente el corto de miras de quienes no ven que estamos ante un cambio de paradigma y a las puertas de algo muy importante.

Para frenar el aumento de la temperatura del planeta, urge un cambio en el modelo energético que permita la descarbonización de las economías. ¿Cómo debería ser esa transición?

Debe ser lo más rápida posible porque no hay tiempo. Y remarco el “posible” porque hay que hacerla bien; evitando los daños colaterales y reduciendo al máximo los efectos que esa transición pueda tener, sobre todo, en el sector de los combustibles fósiles que acabarán por desaparecer. De la misma manera, hay que mirar que los nuevos proyectos de energías renovables estén bien calibrados. Además, tiene que ser un modelo democrático descentralizado. No puede ser que las empresas que provocaron que nos encontremos en esta situación sean las que controlen las energías renovables. Desde WWF apostamos por un modelo donde las personas, la sociedad organizada, tenga un papel principal en el futuro de las energías renovables.

“El movimiento de los jóvenes evidencia la importancia de que la sociedad sea quien lidere el cambio”

Cada minuto se vierten 33.800 botellas de plástico al mar Mediterráneo. La Unión Europa prevé suprimir los plásticos de un solo uso de cara a 2021. ¿Es la regulación legislativa la solución?

El problema de los plásticos es solo una evidencia más, aunque muy notoria y visual, del modelo de consumo contaminante y excesivamente desmedido que tenemos y que conlleva un incremento del CO2 en la atmósfera. Todo nuestro modelo de consumo está disparatado: vemos bosques tropicales que están desapareciendo por la explotación del aceite de palma y los mares cada vez más degradados por la pesca intensiva. Este año presentamos un informe sobre la huella ecológica y, en el mes de mayo, Europa ya había consumido todo su capital natural. A partir de ese momento ya se empieza a consumir el agua, la madera y demás recursos naturales de otros países. Este es un modelo económico ilimitado que se basa únicamente en seguir creciendo económicamente a costa del planeta.

¿Qué rol tiene la ciudadanía en esta transición?

El papel de la ciudadanía es vital: lo poco o lo mucho que avanzamos se debe a la movilización de la sociedad. Si el Parlamento Europeo votó por mayoría aplastante eliminar los plásticos de un solo uso, es porque los la sociedad estaba presionando a los grupos políticos. Eso antes no pasaba. Se trata de un cambio perceptible de una sociedad organizada en un sistema inmunológico conectado a través de las redes sociales que fusiona conocimiento e innovación. Además, ahora ha empezado a sumarse gente joven, lo que evidencia la importancia de que sea la sociedad la que lidere el cambio. Solo así habrá esperanza para el planeta.

Ese cambio de mentalidad que mencionas se ha hecho evidente con la aparición de movimientos como Fridays for Future.

No ha ocurrido de forma espontánea, sino que hay un trabajo detrás. En WWF llevamos 50 años trabajando, junto con organizaciones ecologistas, para crear una sociedad cada vez más formada y concienciada. Es consecuencia de un proceso de años, pero es verdad que nunca la evidencia fue tan clara como ahora, que tenemos los datos encima de la mesa. Ya no son las organizaciones como la nuestra las que advierten de la degradación del planeta, ahora son los paneles de Naciones Unidas los que dan la voz de alerta. Sin embargo, tenemos el problema delante, no puede ser más claro, y no estamos actuando como deberíamos. Por eso la reacción de la gente joven es tan necesaria: vienen a sacudir esa normalización de las amenazas. Han hecho muy bien en organizarse y en salir a recordarnos esa realidad. Todos aquellos partidos políticos que hacen oídos sordos a ese movimiento de gente de 16 o 17 años que tienen en su ADN la protección y defensa del medio ambiente se equivocan. Esas personas serán las que, en el mejor de los casos, en las próximas elecciones votarán de una manera más consciente.

Sin ese cambio necesario, las perspectivas de futuro son descorazonadoras. ¿Hay motivos para ser optimistas?

Hace 20 años nos decían que era utópico cambiar el modelo energético y ahora esa utopía es lo que nos hace movernos porque es la única realidad posible para el futuro. Nuestro futuro va a depender de lo que hagamos en las próximas décadas, de si le damos una vuelta al modelo de producción y consumo. Soy optimista en cuanto a la actual movilización de la sociedad, pero tenemos que sacar a nuestros líderes empresariales de la realidad sesgada en la que se encuentran en este momento.


Fotografías: Alejandra Espino

"Es absurdo entender la energía solo como un negocio: el ciudadano tiene que estar en el centro"

transicion energertica

¿Cómo podemos acelerar la transición energética? Con esta pregunta como motor, Fernando Ferrando lleva la batuta de Fundación Renovables desde 2017. Ingeniero industrial de profesión, Ferrando ha trabajado en el sector energético durante más de tres décadas. Ahora, introducir las energías limpias en el mundo eléctrico y hacerlo de manera justa se ha convertido en una de las principales líneas de actuación de la entidad que preside. Consciente de que el camino está todavía por trazar, el experto sugiere un primer paso: convertir la energía en un derecho que sitúe al ciudadano en el centro.

Para garantizar la sostenibilidad del planeta, el futuro energético se prevé 100% renovable. Sin embargo, según los últimos datos de la Oficina Europea de Estadística, solo en España los combustibles fósiles representan cerca del 74% del consumo de energía actual. ¿Qué estamos haciendo mal?

Hasta ahora hemos favorecido lo que no tenemos: los combustibles fósiles. Por eso, el primer paso para dar el salto es gravar el uso de los combustibles, porque si quieres favorecer la electricidad pero es más cara que el gasóleo, la gente acaba consumiendo gasóleo. El segundo paso es el de apostar por lo que sí tenemos, que es energía renovable,  y bajar los precios para fomentar el consumo de electricidad. La electricidad está en ese futuro.

¿Cómo transitar hacia esa sociedad más electrificada?

Primero hay que hacer la electricidad más barata. También, si por ejemplo quieres cambiar la calefacción, se deberían garantizar unas ayudas para sustituir una caldera de gas por una bomba de calor. Luego, no debería hacerse publicidad de combustibles fósiles: nos venden que utilizar calderas de gas natural es apostar por un combustible limpio y, en realidad, son mentiras que solo provocan un aumento del consumo no responsable. La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) debería regular eso. Al final no se trata de un componente fiscal o de precio, sino de un paquete global que debe dirigirse a dar facilidades de acceso para consumir y utilizar electricidad. Por ejemplo, el caso de los vehículos es paradigmático: si todas las ciudades pusieran trabas, como se está empezando a hacer con los coches de combustión interna, todo el mundo utilizaría el transporte público o vehículos eléctricos.

De entre los actores sociales, el ciudadano es al final uno de los más perjudicados por los estragos del aumento de la temperatura planetaria.

El ciudadano tiene un papel total en el desarrollo de todas las energías renovables porque es el que consume. Por eso debemos colocar al ciudadano, a los consumidores, en el centro del modelo y preguntarles cómo quieren abastecer sus necesidades. Lo que es un absurdo es que en estos momentos entendemos la energía únicamente como un negocio: cuando se habla de energía se hace referencia sobre todo a las empresas, pero nunca se habla de las personas que hay detrás. Hay que enfocarla hacia el ciudadano. Se tiene que cambiar esa idea de que la energía es oferta y no demanda, y enfocar la cultura de la energía hacia el que la consume, no al que la vende.

“La transición energética debe ser justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro”

El pasado 2018 el Gobierno de España derogó el conocido como ‘Impuesto al sol’, derribando así las trabas burocráticas de las instalaciones de autoconsumo. ¿Qué papel juega el autoconsumo en el cambio de modelo energético?

El autoconsumo es un ejemplo más de que el consumidor está en el centro. La Directiva Europea de Renovables ya recoge que el consumidor tiene derecho a comprar y vender, a generar y empaquetar. Se trata de un derecho innato: igual que tú tienes el derecho de comprarle la energía a quien quieras, también tienes el derecho de poder producirla. El autoconsumo es la máxima expresión de libertad y de la recuperación de los derechos de los consumidores.

Según datos de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), los sistemas de autoconsumo se han disparado en un 94% desde la derogación del “impuesto al sol”. Aunque los datos son positivos, la generación de energía renovable en el país no supera el 40% y queda lejos de ser el principal modelo energético. ¿Se está avanzando lo suficientemente rápido?

El Real Decreto de autoconsumo 244 se aprobó hace pocos meses. No se puede pretender un cambio radical tras cinco años de presión y multas: es como pasar de una dictadura a una democracia, y acabar siendo Suecia en dos días. Aún así, hay un crecimiento del sector muy por encima de lo esperado.

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 se propone descarbonizar la economía de cara a 2030 y cumplir así con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero ¿cómo lograr una transición energética justa que no deje a nadie atrás?

Se tiene que entender la transición justa en su máxima expresión. Debe ser una transición intergeneracional, para no dejar a los que vienen detrás una hipoteca como los niveles actuales de CO2. Además, desde un punto de vista territorial, está muy bien llegar a un acuerdo con las fuentes mineras, pero no puedes aplazar siete años el cierre de las centrales nucleares, porque eso de transición justa tiene poco y un cambio de modelo productivo real pasa también por tener una administración de los afectados. Luego, a la prohibición de actividades debe seguirle la propuesta de alternativas: no se puede sancionar la entrada a una ciudad con coche diésel y no reforzar los aparcamientos disuasorios o el transporte público. De la misma manera, la transición tiene que ser tecnológica y basarse en invertir en I+D. Tampoco hay que olvidar las necesidades del sector eléctrico, porque si este se niega a cambiar el modelo, iremos a una velocidad mucho más lenta. Así que por supuesto que tiene que ser una transición justa, pero para todos y con la vista puesta en el futuro.