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«El futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás»

El debate sobre la brecha digital, el uso que hacemos de la tecnología o el papel de la inteligencia digital en nuestras vidas está cada día más presente. Hablamos con Antonio Pulido, responsable de Incidencia Social y Política Pública de la Fundación Cibervoluntarios, de cómo podemos disfrutar con salud y buen hacer de la tecnología. 


¿Por qué es necesaria hoy una entidad como Fundación Cibervoluntarios?

La digitalización ya no es solo una cuestión tecnológica, sino que afecta al acceso a derechos, al empleo, a la educación, a la salud, a la participación ciudadana y a la autonomía personal. El problema es que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de muchas personas para entenderla, usarla con seguridad y aprovecharla. Ahí es donde una entidad como Fundación Cibervoluntarios es necesaria: acompañamos a las personas para que la tecnología no sea una barrera, sino una oportunidad real.

Cuando hablamos de brecha digital, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿A qué segmento afecta?

La brecha digital no es solo tener o no tener Internet. Hoy tiene varias capas. La primera es el acceso: conexión, dispositivos, cobertura. Pero después vienen otras brechas igual de importantes: saber usar la tecnología, entenderla, protegerse, hacer trámites, distinguir información fiable, crear contenidos, encontrar empleo o participar en igualdad de condiciones.

«La brecha digital es el acceso a la tecnología, pero también es saber usarla, entenderla y protegerse»

Afecta especialmente a personas mayores, población rural, mujeres en determinados entornos, personas migrantes, personas con discapacidad, familias con menos recursos, jóvenes vulnerables, pequeñas empresas, autónomos, entidades sociales y personas con bajo nivel de competencias digitales.

¿La tecnología y las redes sociales nos están afectando a la hora de relacionarnos? ¿Tiene esto consecuencias en la atención o el bienestar emocional?

Claro que nos están afectando, aunque no siempre para mal. La tecnología nos permite mantener vínculos, crear comunidad, aprender, participar o encontrar apoyo.

El problema aparece cuando el uso deja de ser consciente y se convierte en exposición constante, dependencia o consumo pasivo. Las notificaciones, el scroll infinito, la comparación social o la presión por estar siempre disponible pueden afectar a la atención, al descanso, a la autoestima y al bienestar emocional.

Después de más de 20 años de Internet en los hogares, ¿hemos aprendido a convivir con el mundo digital? ¿Qué carencias siguen existiendo?

Hemos aprendido a usar muchas herramientas, pero no siempre hemos aprendido a convivir de forma crítica, segura y equilibrada con ellas.

«El debate no es si la IA es buena o mala, sino quién puede usarla, para qué, con qué datos, con qué garantías y con qué capacidad crítica»

La gran carencia sigue siendo educativa y social: necesitamos formación digital a lo largo de toda la vida, no solo en la escuela, y necesitamos que esa formación llegue también a quienes no suelen estar en los espacios donde se habla de tecnología.

¿Qué consecuencias tiene el uso intensivo de pantallas, redes sociales y estímulos constantes? ¿Varían según la edad?

Las consecuencias pueden variar mucho según la edad, el contexto, el tipo de uso y el acompañamiento. En niños y niñas preocupa especialmente cómo afecta al desarrollo de hábitos, sueño, juego, atención y regulación emocional. En adolescentes, además, entra en juego la identidad, la autoestima, la presión del grupo, la validación social, el ciberacoso o la exposición a contenidos inapropiados.

¿Qué papel tiene la educación digital para evitar que la tecnología se convierta en una fuente de aislamiento o dependencia?

Tiene un papel central. La educación digital es la diferencia entre usar la tecnología por inercia y usarla con criterio. No basta con prohibir ni con entregar dispositivos. Hay que enseñar a comprender cómo funcionan las plataformas, cómo se protegen los datos, cómo se detecta una estafa, cómo se verifica una noticia, cómo se gestiona el tiempo de pantalla, cómo se convive en redes y cómo se pide ayuda cuando algo no va bien.

¿Puede la IA ayudar a reducir desigualdades digitales o existe el riesgo de que las amplíe?

Puede hacer las dos cosas. La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para acercar conocimiento, adaptar aprendizajes, facilitar trámites, traducir información, mejorar la accesibilidad o apoyar a pequeñas empresas y entidades sociales.

Pero también puede ampliar desigualdades si solo acceden a ella quienes ya tienen competencias digitales, buen nivel educativo, conectividad, dispositivos adecuados y capacidad para entender sus límites.

¿Qué competencias digitales son hoy imprescindibles?

Hoy necesitamos competencias digitales básicas, pero también competencias críticas. Saber buscar, interpretar y verificar información. Comunicarse y colaborar en entornos digitales. Hacer trámites online con seguridad. Proteger contraseñas, datos e identidad digital. Detectar fraudes, bulos y discursos de odio. Entender cómo funcionan los algoritmos y la IA.

¿Qué oportunidades ofrece un programa como Eje Digital, impulsado junto a Red Eléctrica?

Eje Digital es un ejemplo muy claro de cómo la formación digital puede convertirse en cohesión territorial. La oportunidad principal es que lleva la formación allí donde más falta hace, con cursos gratuitos, adaptados a distintos niveles y necesidades reales.

Si pudierais lanzar un mensaje a instituciones, familias y ciudadanía sobre el futuro digital, ¿cuál sería?

Que el futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás. A las instituciones les diríamos que la digitalización no puede medirse solo por cuántos trámites se ponen online, sino por cuántas personas pueden realizarlos con autonomía y seguridad.

Necesitamos una tecnología al servicio de las personas, abierta, ética, inclusiva, segura y sostenible. Y necesitamos una ciudadanía que no solo consuma tecnología, sino que la comprenda, la cuestione, la use para mejorar su vida y participe en cómo quiere que sea el mundo digital.

Andreu Escrivà: «Estamos colonizando el futuro y limitando las posibilidades de la vida»

En el libro La Tierra no es tu planeta planteas que hemos vivido como si la Tierra nos perteneciera. ¿Por qué crees que nos cuesta tanto asumir que somos solo una especie más dentro de la red de la vida? 

Creo que por tres cuestiones. La primera es que tenemos una cierta ceguera hacia el resto de la vida. Nos parece que somos los únicos que pensamos, que tenemos expresiones culturales o sociedades avanzadas, cuando hay muchos animales, no solo primates, que también experimentan todo eso.  La segunda es que tenemos una comprensión muy pobre de las coordenadas espaciales y temporales de la vida y de nuestro planeta. 

Y, por último, creo que nos cuesta asumirlo por una cuestión de identidad humana que emana de determinados textos religiosos. Por ejemplo, el Génesis 1:26 nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y que, por tanto, estamos por encima del resto de especies. 

Si juntamos todo esto —la incapacidad para detectar en otras especies comportamientos que pensamos humanos, esta ignorancia sobre qué es la vida y la legitimación religiosa del orden biológico—, al final nos parece que estamos en un peldaño por encima de todo. Y esta sensación de superioridad que tenemos nos permite explotar y dominar la naturaleza tal y como lo hacemos, lo que también es muy conveniente para el sistema capitalista. 

En el libro hablas de devolver espacio a la vida y de «descolonizar el futuro». ¿Cómo definirías este concepto de «descolonización»?

La colonización es un proceso que solemos ubicar en el plano espacial, es un concepto que no solemos pensar a futuro. Lo que tenemos que entender es que, con nuestras acciones de hoy, estamos colonizando el futuro y limitando las posibilidades de la vida. 

Estamos aplastando la vida futura con nuestras acciones presentes. Por eso, lo que propongo en el libro, siguiendo al filósofo Roman Krznaric, es ser unos buenos antepasados: retirarnos del futuro. Es una decisión que condicionará todos los futuros de todas las personas y todas las especies que van a vivir en este planeta a partir de ahora. Necesitamos entender esa responsabilidad.

La pérdida acelerada de biodiversidad ha llevado a hablar de una sexta extinción. ¿Puedes hablarnos de los factores que están causando este fenómeno y por qué es esencial que la sociedad comprenda su magnitud y sus consecuencias?

Estamos produciendo una erosión del tejido vivo de nuestro planeta que nos lleva a pensar que estamos entrando en la sexta extinción masiva. En la historia de la Tierra ha habido cinco momentos en los que la vida se ha desplomado; el último es el de los dinosaurios. Son episodios en los que más del 75% de las especies han desaparecido y, ahora, tenemos clarísimo que las especies no se están extinguiendo a un ritmo natural, sino a un ritmo muchísimo más elevado como consecuencia de las acciones humanas. 

«Tenemos que llevar la naturaleza a la ciudad»

Aún se habla poco de «sexta extinción» porque requiere cierto conocimiento y no acabamos de percibirla. El cambio climático se percibe con facilidad: basta salir a la calle. En Valencia, por ejemplo, se nota un clima distinto al de hace 20 años, con temperaturas más altas o fenómenos como la DANA. Con la biodiversidad no ocurre lo mismo. Aunque vivimos en ciudades grises, en los últimos años han mejorado con más zonas verdes y espacios renaturalizados y, por tanto, vemos que ha habido una mejora. Pero, al estar desconectados de la naturaleza, nos cuesta detectar las señales de alarma y entender aspectos básicos de los ecosistemas, como qué implica una especie invasora o un paisaje fragmentado. Además, debemos acudir a datos, inventarios e informes para entender hasta qué punto están disminuyendo las especies o en qué grado de amenaza se encuentran.

Se habla mucho de sostenibilidad, pero, desde tu experiencia, ¿qué está fallando en la educación ambiental respecto al conocimiento específico sobre biodiversidad? ¿Qué cambios serían necesarios para mejorarla?

En el sistema educativo español, lamentablemente, se pueden abandonar las materias científicas en una etapa muy temprana. Evidentemente, a nadie se le ocurriría dejar de estudiar a una cierta edad, por ejemplo, lengua. Sin embargo, millones de personas cada año dejan de tener contacto con cuestiones científicas a una edad tempranísima, en la primera adolescencia. Esto nos lleva a una cierta incapacidad para comprender procesos físicos, geológicos, biológicos… y también a una sensación de que es un campo del conocimiento que no necesitan conocer si no se quieren dedicar a la ciencia. 

¿Cómo encaja la crisis de biodiversidad con los discursos actuales sobre la crisis climática? ¿Crees que se ha descuidado uno de estos frentes en las políticas públicas o en la comunicación científica?

Cuando muchas empresas hablan de sostenibilidad en sus reportes, se fijan en las emisiones de la energía o transporte y, después, de algunos materiales o tasas de reciclaje. Se evalúa este desempeño ambiental a través de una métrica que es importante, pero que no lo recoge todo. Habría que ampliar el foco de ese «túnel de carbono» para poder ver el resto de cosas que importan de esa realidad ambiental. 

«La fortaleza real de los seres humanos está en los cuidados»

De hecho, también tenemos un Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, muy centrado en la cuestión energética, que es muy importante, pero habría que recuperar el Ministerio de Medio Ambiente, modernizado, para darle un impulso decidido a las políticas de restauración de la biodiversidad, a las políticas costeras, políticas del agua… Estas cuestiones siguen ahí, pero en un plano más secundario. 

En tu libro explicas que la teoría de la evolución se ha malinterpretado y ha alimentado ideas como el darwinismo social. Sin embargo, en la naturaleza también abundan las relaciones de cooperación. ¿Podrías darnos algunos ejemplos?

La teoría de la evolución se ha malinterpretado. No favorece al más fuerte: el survival of the fittest se refiere a quien deja más descendencia, no necesariamente al más fuerte ni al más competitivo. La idea de la evolución como legitimación de la competición surge a finales del siglo XIX, en paralelo a la expansión del capitalismo, a partir de lecturas interesadas. 

En el caso de los seres humanos, es la cooperación la que ha permitido desarrollar sociedades complejas. No hemos llegado donde estamos por la competición, sino porque hemos cooperado. El registro cultural, antropológico e incluso fisiológico de las poblaciones humanas muestra cómo nos hemos organizado en grupos que cuidaban incluso de quienes tenían dificultades. A mí me impactó mucho el caso de una niña de 12 años en Atapuerca que tenía una discapacidad y no se explica que alcanzase esa edad sin los cuidados de otras personas. 

Otro de los ejemplos que más me sorprendió es la reacción de unos macacos tras el paso de un huracán en Puerto Rico, que se quedaron prácticamente sin árboles y con un calor insoportable. Tenían dos opciones: pelear por la sombra o compartirla. Lo que hicieron fue organizarse y compartir ese recurso escaso. Por eso, conviene insistir en que ni en el mundo natural ni en el humano la competición es la vía por la que progresan las sociedades. Es la cooperación. Al final, la fortaleza real de los seres humanos está en los cuidados. 

¿Qué papel pueden jugar las ciudades y la planificación de los espacios urbanos en la protección de la biodiversidad?

En vez de sacar a la gente de la ciudad para que experimente el contacto con la naturaleza, tenemos que llevar la naturaleza a la ciudad. Es decir, las ciudades no pueden expulsar la naturaleza. Necesitamos más naturaleza, más verde, más animales, más cantos, más sonidos no humanos. No creo que haya alguien que prefiera un martillo neumático al canto de un pájaro. Tenemos que traer verde a las ciudades para poder experimentar esa fascinación por la naturaleza. También debería haber zonas de descubrimiento, que no sea una naturaleza domesticada, como los jardines donde tiene que estar todo perfecto, sino espacios de bosques, de descubrimiento de charcos, ríos…  

Muchas personas pueden sentirse paralizadas por la magnitud de la crisis ecológica. ¿Qué tipo de respuestas prácticas propones para quienes quieren actuar?

Tenemos que abandonar las soluciones simplistas y dejar de dar voz a iniciativas que prometen solucionarlo todo. Debemos dejar de creernos los mesías y abrir conversaciones incómodas para entender que sí hay cosas que podemos hacer. Al final, todo está relacionado con la explotación de la tierra y con este sistema económico, el capitalismo, que busca la acumulación del capital y no el sostenimiento de la vida. Gran parte de los problemas ambientales se deben al sobreconsumo.

Tenemos que cuestionar el sistema, pero no como algo abstracto. Hay que buscar grietas en el sistema para actuar en nuestro entorno, como crear huertos comunitarios o resistir la mercantilización de la naturaleza. 

«No podemos desligar las cuestiones climáticas de la desigualdad social y económica»

También hay confusión con la sobrepoblación. El problema no es cuántas personas somos, sino cómo consumimos. Un estudio de Jason Hickel y Dylan Sullivan, que cito en el libro, muestra que con un 30% de los recursos naturales y energía utilizados actualmente se podría ofrecer unos estándares de vida digna a todas las personas, algo de lo que ahora mismo carece el 80% de la población. No podemos desligar las cuestiones climáticas de la desigualdad social y económica.

Por otra parte, necesitamos tener más herramientas prácticas, que es algo que traté de ofrecer en mi libro Y ahora yo qué hago. Podemos reducir el consumo de carne o evitar comprar fast fashion, pero sobre todo necesitamos tener conocimientos básicos para tomar mejores decisiones. Por ejemplo, tenemos que saber en qué fijarnos en las etiquetas cuando vayamos a comprar y no consumir un producto que ha recorrido miles de kilómetros y que, en realidad, no necesitamos.

En el libro escribes: «La vida es agradecida y también resistente. A pesar de todo, a pesar de nosotros, del humo, el asfalto, la motosierra, la escopeta y el lodo tóxico». A pesar de los daños que hemos causado, ¿qué señales de recuperación de la naturaleza te parecen hoy más esperanzadoras?

Puede parecer contradictorio con el mensaje de la sexta extinción, pero es que la vida es agradecida. Si un barrio se une y decide naturalizar sus calles, parques o solares, el retorno es casi inmediato. Y, además, cuando dejamos de molestar un poco a la naturaleza, la naturaleza vuelve con mucha fuerza. Por eso creo que es agradecida. Y es ahí donde creo que hay una buena oportunidad para estos proyectos de restauración de ecosistemas o de reintroducción de algunas especies.

Aitor Francesena, el campeón mundial que surfeó el destino

Pionero del surf adaptado en España y referente internacional, Aitor Francesena ha convertido el mar en un espacio de autonomía y superación. En su trayectoria, el esfuerzo personal se ha convertido también en un impulso colectivo.


Desde tus primeros años en el surf hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado el reconocimiento y la inclusión del surf adaptado en España?

Yo perdí la vista en 2012. Tengo 55 años, así que durante mucho tiempo pude ver y surfear como cualquier otra persona. Entonces casi nadie con discapacidad practicaba surf, ni a nivel nacional ni mundial. A partir de 2015, la situación empezó a cambiar. Ahora el surf adaptado es algo que se está construyendo muy rápido. Hemos conseguido logros importantes, como proclamarnos campeones del mundo en 2020 con la selección nacional. Y, sobre todo, estamos demostrando que cualquier persona, con cualquier discapacidad, puede surfear. En las escuelas ya se nos tiene en cuenta en la enseñanza. Cada vez lo practica más gente a nivel nacional.

El surf es un deporte profundamente sensorial. ¿Cómo ha cambiado tu manera de percibir el mar desde que perdiste la vista?

El mar es una pasada. Lo que te da, tengas discapacidad o no, es increíble. Cuando me quedé ciego, pensaba que me iba a marear sobre algo en movimiento, que no iba a poder, pero me di cuenta de que sí se puede. 

Mi manera de percibir el mar cambió completamente. Creía que perdería información, pero en realidad el mar me da muchos datos. Según cómo venga la ondulación y dónde me golpee la ola en el cuerpo, sé hacia dónde estoy orientado. Luego está el sonido. Con los dos oídos puedo saber cuándo viene una ola, su altura y su fuerza. Todo está en estéreo. Percibo cómo subo y bajo sobre la ola, cómo puedo hacer maniobras. Todo son sensaciones puras. Por eso, surfear sin ver es una experiencia muy potente. Cuando ejecutas la ola te acompaña, es lo más. Es una sensación difícil de explicar.

«Con los dos oídos puedo saber cuándo viene una ola, su altura y su fuerza»

Tardé muchísimo en adaptarme. Un año y medio, casi dos. Y no hablo de adaptarme a un nivel básico, sino a sentirme en el agua como una persona que ve. Hoy me dejan en la orilla y puedo irme a surfear solo, coger olas, volver y recolocarme en el sitio. Pero eso llevó tiempo. Al principio solo podía estar quince minutos en el agua. La concentración que necesitaba era enorme. Cuando ves, recibes muchísima información de golpe. Cuando no ves, tienes que estar atento a todo lo demás: el sonido, el movimiento, el contacto del agua. Eso exige mucha atención, pero también te conecta muchísimo más con el mar.

Para competir en condiciones de seguridad y alto rendimiento, ¿qué recursos humanos y técnicos necesitas? 

Al final, una persona ciega, esté donde esté, tiene que mapear el entorno. ¿Qué significa mapear? Que antes estás con alguien que ve y te da datos: referencias, distancias, corrientes, orientación. Con esa información construyes un mapa mental y luego verificas si lo que sientes coincide con lo que te han dicho. Hasta que llega un punto en que el mapa está consolidado y puedes moverte solo.

En el mar es exactamente lo mismo. Al principio dependes de otras personas. Te dan datos y tú compruebas si encajan con tus sensaciones. Pero además cada guía es diferente. En competición, por ejemplo, no siempre tienes a la misma persona. Cada uno tiene su ritmo, su manera de contar. Tienes que adaptarte a su cadencia, entender su margen de error. Lo mismo cuando te dicen «cuidado, la corriente tira mucho». ¿Qué es mucho para él? Tienes que traducir esa información a tu propio sistema de referencias. Es un proceso de ajuste constante entre lo que te dicen y lo que tú percibes.

En tu día a día como surfista, ¿qué te ayuda a mantener la motivación? 

Lo más grande y lo más bonito ha sido aprender a surfear solo. Yo había surfeado toda mi vida, luego me quedé ciego. Por eso, mi percepción del surf es totalmente diferente a la de alguien que nunca ha visto. El estilo, la manera de moverme en el mar, cómo interpretar las olas… todo eso lo aprendí antes de perder la vista. Además, poder surfear solo me ha ayudado muchísimo. Tener un guía facilita las cosas, pero poder manejarme por mi cuenta da una sensación de libertad enorme. 

«Nadie sabe dónde está el techo de nadie»

En la tierra tengo obstáculos, pero para mí en el mar hay menos. Puede haber gente, pero les aviso de que no veo y respetan mi espacio. Cuando hay buenas olas durante el día y luego voy solo por la noche… ¡Es la gloria! Conozco el tipo de ola, cómo tira la corriente. Me muevo solo, sin chocar con nadie. Esa autonomía es increíble.

Tu último libro, Surfear la vida, nace después de otros dos textos centrados en el surf. ¿Qué te llevó a escribir una obra con un enfoque más vital y reflexivo?

Yo había escrito dos manuales de surf, porque toda mi vida me he dedicado al surf y la enseñanza. Después de eso, el Grupo Planeta me llamó para escribir un libro que pudiera ayudar a la gente joven, contando mi vida de manera que muestre que, pase lo que pase, siempre hay una salida. Fue una sorpresa que me lo pidieran. El libro se llama Surfear la vida porque hace un símil entre el surf y la vida. Cada ola es diferente, cada día es diferente y lo importante es levantarse después de caerse. 

El libro gira en torno a conceptos como miedo, perseverancia, disciplina o gratitud. ¿Cómo elegiste esos ejes? 

Son temas que hay que poner en mayúsculas en la vida. Para mí, la vida sigue siendo igual que cuando era joven. Los problemas siguen siendo problemas, las pérdidas siguen siendo pérdidas. Lo importante es enfrentarlos, aprender y seguir. Todo eso intento reflejarlo en el libro, con historias de mi propia experiencia: desde el coronavirus, que casi me mata, hasta la ceguera y los viajes por los circuitos mundiales de surf. Cada experiencia te enseña algo, y ese es el espíritu que quería transmitir.

¿Hasta qué punto el entorno puede condicionar la actitud y la preparación deportiva?

El entorno puede ayudar mucho, pero depende de ti. Puedes tener gente maravillosa a tu alrededor que te da consejos, pero si no los escuchas, no aprendes nada. Lo importante es saber a quién realmente le importa tu progreso, a quién consideras que lo que te dice vale. He aprendido de mis padres, mis abuelos, de genios que he conocido… Esas son las personas que te evitan malos tragos y te preparan para lo que viene. Lo demás, lo que no aporta, lo apartas y sigues con tu camino.

A lo largo de tu trayectoria, también habrás tenido que enfrentarte a comentarios o prejuicios sobre lo que podías hacer. ¿Cómo los has gestionado?

Cuando tienes el objetivo claro y real, no te afectan. Sigues adelante con tu plan, y eso forma parte de la personalidad y de la fuerza para superar los retos.

¿Qué barreras sociales crees que siguen existiendo hoy para que las personas con discapacidad puedan practicar deporte en igualdad de condiciones?

Hay muchas barreras sociales todavía, aunque las cosas han mejorado mucho. Antes, cuando alguien tenía un hijo con discapacidad, casi lo escondía. La sociedad te hacía sentir que debías quedarte quieto. Hoy eso ha cambiado. Puedes salir, practicar deporte, participar. Si alguien no lo hace, suele ser por actitud o por cómo le han educado, pero las oportunidades existen.

Aun así, queda margen de mejora. El deporte adaptado no está al mismo nivel que el deporte convencional: premios, visibilidad y consideración aún son diferentes. Pero hemos avanzado mucho en poco tiempo. Hace 15 años, ni siquiera existía prácticamente, y poco a poco se van corrigiendo las cosas. No podemos quedarnos en la queja, yo prefiero seguir haciendo y aportando.

Redeia está apoyando la Escuela de Surf de Sopelana para promover la inclusión y la cohesión social a través del deporte y que cada vez más personas con discapacidad puedan unirse al programa de surf adaptado en la costa vasca. Como referente del surf adaptado, ¿qué factores son clave para que iniciativas como esta funcionen a largo plazo y logren una inclusión real?

Lo más importante es que haya un verdadero interés por el deporte sin buscar el beneficio económico. Para que un programa funcione, tiene que mantenerse en el tiempo y permitir que cada vez más personas practiquen surf y disfruten. A partir de ahí, va rodado. Y hoy todo va mucho mejor que hace años. Se ha avanzado muchísimo en oportunidades y visibilidad y cada vez más gente puede disfrutar de este deporte. 

¿Hay algún momento o experiencia en tu carrera que te haya hecho sentir que tu esfuerzo no es solo personal, sino que puede inspirar cambios en la forma en que la sociedad ve la discapacidad y el deporte?

Más de una vez, mi pareja y mucha otra gente, se asombra de la cantidad de cosas hago al cabo del año. Cuando llegan las Navidades suelo hacer repaso y ahí es cuando yo mismo me doy cuenta. Soy una persona muy activa y me encanta hacer millones de cosas siempre con un propósito. Y una de las cosas que más me llena es demostrar a la gente que la vida es maravillosa, que se pueden hacer muchísimas cosas y que las puede hacer cualquiera. Que nadie sabe dónde está el techo de nadie.

Félix Romero: «La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda»

Cuál es la importancia del capital natural o qué beneficios nos aportan los bosques. A estas y otras cuestiones da respuesta en esta entrevista Félix Romero, director de la Fundación Biodiversidad (MITECO).


Desde la Fundación Biodiversidad habéis mejorado el estado de conservación de especies emblemáticas como el lince ibérico, el oso pardo, el águila imperial, la tortuga boba o la posidonia. ¿Qué acciones clave habéis llevado a cabo para alcanzar esta mejora?

Entre las acciones clave destacaría la restauración y conservación de hábitats y ecosistemas para estas especies. También es esencial contar con el mejor conocimiento científico disponible, por lo que las acciones de investigación y seguimiento han tenido una gran relevancia, con monitorización de las poblaciones y estudios sobre diferentes variables para ajustar las estrategias de conservación. También se han llevado a cabo diferentes medidas para la vigilancia y el control de amenazas como la contaminación o la caza furtiva. Todo ello complementado con campañas de educación ambiental y sensibilización de los actores más implicados, así como de la ciudadanía general. La alianza con administraciones, tercer sector ambiental, sector científico y socioeconómico y la sociedad civil ha sido clave para la recuperación de estas especies. Y no habríamos podido conseguirlo sin el apoyo de fondos europeos como el Programa LIFE o, más recientemente, los fondos Next Generation. 

¿Qué valor tienen los bosques como activos estratégicos en la lucha contra el cambio climático?

Los bosques cubren aproximadamente un 30 % de la superficie terrestre, pero su impacto en la biodiversidad y la vida humana es inmenso. Actúan como sumideros al absorber grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera (alrededor de un tercio de las emisiones de CO₂ generadas por las actividades humanas cada año), lo que los convierte en una herramienta clave para mitigar el calentamiento global. Asimismo, los bosques influyen en los ciclos del agua y en la temperatura, mantienen la humedad y protegen los suelos de la erosión. Por último, desde una perspectiva económica, los bosques representan un activo natural, pues nos proveen de recursos, como madera, alimentos o medicinas, y generan empleo verde en el mundo rural.

¿Por qué es importante poner en valor el capital natural? ¿Qué cree que hace falta para que en España se valore igual que el capital financiero o tecnológico?

La naturaleza nos proporciona bienes y servicios esenciales para nuestra propia existencia y para llevar a cabo cualquier actividad económica. Regula el clima y los ciclos hidrológicos, purifica el agua y el aire, protege y fertiliza el suelo y poliniza cultivos, entre otras funciones. Dependemos de la naturaleza para obtener alimentos, medicamentos o fibras, activos todos ellos críticos para grandes sectores económicos. La naturaleza es una fuente de soluciones clave en la transición ecológica. Sin embargo, en las últimas décadas la degradación de la naturaleza avanza a un ritmo sin precedentes, lo que conlleva consecuencias ambientales, económicas y sociales.

Poner todos esos aspectos en valor significa reconocer que los servicios que ofrece la naturaleza son esenciales y medibles, al igual que los activos financieros o tecnológicos. Para ello, necesitamos impulsar una cultura ambiental que muestre la dependencia de nuestro sistema económico de la naturaleza y crear incentivos financieros que premien la conservación, como los pagos por servicios ambientales. Todo ello acompañado de ciencia que respalde las decisiones y políticas públicas y gobernanza efectiva.

Aunque a muchos les parece que la sostenibilidad y la economía son conceptos contradictorios, desde la Fundación habéis impulsado la economía verde, gestionando fondos estructurales europeos. ¿Cómo pueden la economía y el cuidado del medio ambiente estar alineados?

Durante décadas se pensó que el crecimiento económico y la conservación de la naturaleza eran objetivos opuestos. Sin embargo, hoy sabemos que la sostenibilidad ambiental es una condición necesaria para la prosperidad económica a largo plazo y que ambas pueden alinearse si se integran los límites ecológicos dentro de los modelos de desarrollo y producción.

La Fundación Biodiversidad, mediante la plataforma de Iniciativa Española Empresa y Biodiversidad (IEEB), establece una alianza estratégica con empresas y entidades financieras que quieran contribuir a los objetivos de restauración y conservación de la naturaleza. Busca promover un modelo económico que valore y preserve los servicios ecosistémicos de los que depende más del 50% del PIB mundial, como la regulación del clima, la purificación del agua o la polinización. 

Una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable

Por otro lado, también impulsamos el Programa Empleaverde+, cofinanciado por el Fondo Social Europeo+, y gestionamos la Red Emprendeverde, ambas con el objetivo de capacitar a las personas y promover el empleo y el emprendimiento verde. 

Además, contamos con más de 70 proyectos en marcha de tres convocatorias de ayudas para el fomento de la bioeconomía y la bioeconomía forestal, dotadas con más de 140 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

En la Fundación tenemos  una línea de trabajo centrada en el sector forestal para la puesta en valor y gestión sostenible de los recursos forestales. Con ella no solo generamos nuevas capacidades laborales y empleo verde, sino que contribuimos a la conservación de nuestros ecosistemas forestales, para que nuestras masas forestales sean más resilientes a los impactos del cambio climático. Con nuestras ayudas se financian proyectos que fomentan la industria de la madera; se apoya el emprendimiento y se identifican otros productos forestales de alto valor añadido, como la resina, el corcho, los frutos, las setas, el biochar o los aceites esenciales. La bioeconomía y las SbN asociadas contribuyen a la fijación de población en entornos rurales mediante  el fomento del emprendimiento y la generación de empleo,  así como al empoderamientodel tejido social.

¿Cómo se pueden monetizar los servicios ecosistémicos de los bosques? ¿Cuál es el valor en euros de una hectárea de bosque?

Los beneficios que los bosques proporcionan a la sociedad son muy variados.  Por un lado, hay productos tangibles como madera, resinas, frutos o setas, cuyo valor se calcula a  precio de mercado. Pero hay muchos otros servicios intangibles, como la regulación del clima o el papel como sumideros de carbono. En estos casos, su monetización se realiza a través de mercados de carbono con créditos que se compran y venden y de pagos por servicios ambientales, con los que los propietarios reciben compensaciones económicas por mantener los bosques en un buen estado.

Poner un valor en euros a una hectárea de bosque es complicado, pues son muchos los factores a tener en cuenta. Lo que sí podemos afirmar es que una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable.

¿Qué lecciones nos deja esta reciente campaña de incendios que ha superado con creces las peores cifras de las últimas décadas?

La ola de incendios que asoló nuestro país el pasado verano nos dejó varias lecciones importantes y nos recuerda que no se trata de eventos aislados, sino de una tendencia creciente vinculada al cambio climático. Una de ellas es la importancia de la prevención, de impulsar una gestión forestal durante todo el año que reduzca la probabilidad de incendios o la intensidad y la propagación del fuego en caso de producirse.  

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales.

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales. En este sentido, las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) son eficaces y costo efectivas. Por ejemplo, los bosques juegan un papel crucial en la purificación del aire y del agua, en la protección contra la erosión y los deslizamientos de tierra y en la absorción de carbono. Mantener o restaurar la cubierta vegetal de las cabeceras de las cuencas puede ser una medida de adaptación ante la sequía, que permita aumentar la infiltración y disminuir la escorrentía del agua de lluvia. Es urgente trabajar para mitigar estos efectos porque la salud y la integridad nos va en ello. 

Trabajáis en torno a seis líneas de actuación: ecosistemas terrestres, ecosistemas marinos, entornos urbanos, generación y gestión del conocimiento, causas de pérdida de la biodiversidad y participación del sector privado en la transición ecológica. ¿Cuál de ellas considera la más complicada de abordar y por qué? ¿Hay alguna que sea especialmente estratégica para los próximos años?

Cada una de las líneas de actuación en las que trabajamos tiene sus oportunidades y sus retos. Lo más urgente para la Fundación Biodiversidad en la actualidad es ejecutar con éxito los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y la intervención en proyectos estratégicos como Doñana o el Mar Menor, promoviendo el uso sostenible del territorio. 

Pero, sin duda, uno de los campos más innovadores en los que trabajará la Fundación Biodiversidad en los próximos años es en la valoración de los servicios ecosistémicos, cuantificando beneficios como la captación de CO2, la regulación hídrica o la prevención de la erosión. Este enfoque permite diseñar mecanismos económicos que compensen a quienes gestionan el territorio de manera sostenible. Ya estamos trabajando en proyectos piloto en esta línea y esperamos consolidar modelos escalables en colaboración con el sector privado y la ciencia.

Otros focos incluyen la interacción del sector empresarial en la conservación, la contribución al desarrollo de herramientas como el Sistema Integrado de Información de la Biodiversidad, la bioeconomía o la gestión sostenible de los bosques. 

¿Qué relación existe entre el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad? ¿Es una de sus principales causas? ¿Cuáles son las otras?

La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda y tienen origen común en un modelo económico que no respeta los límites de la naturaleza. El cambio climático acelera la pérdida de biodiversidad al aumentar las temperaturas, y al alterar los patrones de lluvias y la frecuencia de fenómenos extremos. Todo ello modifica los hábitats y pone en peligro la supervivencia de muchas especies. La pérdida de biodiversidad, a su vez, agrava el cambio climático porque reduce la capacidad de los ecosistemas de absorber CO₂ y regular el clima.

Según la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), el cambio climático es la tercera causa de pérdida de biodiversidad, pero no la única. Se añaden el cambio en los usos del suelo, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

En el contexto de la transición energética, ¿qué se debe tener en cuenta en los proyectos renovables para no dañar la biodiversidad o los ecosistemas?

En primer lugar, dejemos claro que la descarbonización de nuestro sistema energético es necesaria, aunque es imprescindible hacer bien las cosas desde el punto de vista ambiental y territorial. Los proyectos renovables deben partir de una planificación adecuada para evitar ubicaciones en zonas de alto valor ecológico o corredores de biodiversidad.

Por ello, es clave realizar evaluaciones de impacto ambiental que tengan en cuenta los efectos acumulativos y sinérgicos de varios proyectos en una misma zona. Además, hay que priorizar el uso de espacios ya antropizados —como zonas ya afectadas por infraestructuras, cubiertas de edificios o suelos degradados— frente a la ocupación de ecosistemas bien conservados.

Otro aspecto fundamental es el diseño de los proyectos, incorporando medidas de evitación, corrección y compensación realistas: adaptación del trazado, protección de fauna, restauración de hábitats y seguimiento ambiental a largo plazo.

En definitiva, la transición energética debe ser también una transición ecológica y social: actuar frente al cambio climático de la mano de la conservación de la biodiversidad y del respeto al territorio.

Íñigo Vila: «La polarización no va a cambiar nuestra forma de trabajar»

El número de personas migrantes que llegaron a Canarias en 2024 marcó un récord histórico. Íñigo Vila, director de Socorros de Cruz Roja, explica cómo la organización trabaja para adaptar su intervención a cada contexto y dar respuesta a una crisis que exige coordinación, recursos y un enfoque en derechos humanos.


El número de personas migrantes que llegó a Canarias en 2024 fue el mayor registrado en su historia, un total de 46.843 personas. ¿Cómo ha respondido Cruz Roja ante esta situación? ¿Qué refuerzos han sido necesarios?

Tratamos de reforzar nuestros equipos para realizar una mejor atención a la llegada, dependiendo de las necesidades. Nuestro trabajo es el mismo, tenemos una metodología estandarizada, pero la adaptamos a las particularidades de cada ubicación y de cada momento. Desde 2022, nos encontramos con un aumento en el número de llegadas en Canarias y nos hemos ido adaptando. ¿Cómo va a evolucionar este fenómeno a lo largo de 2025? No lo sabemos. El último mes de enero, en comparación con el año pasado, ha sido más bajo, pero hay muchos factores que condicionan.

Una de cada siete personas de las que habéis rescatado en 2024 era menor de edad. ¿Qué impacto tienen estas cifras en la capacidad de respuesta ante la emergencia humanitaria?

En realidad, para nuestro trabajo de rescate a pie de playa no es algo que marque tanto la diferencia, cambia más en la gestión posterior, donde las competencias con menores las asumen las comunidades autónomas. En general, lo que más influye en el primer rescate es la vulnerabilidad de las personas que llegan o las condiciones en las que desembarcan y, en este caso, damos prioridad a una serie de perfiles. Por ejemplo, alrededor del 90% de las personas que llegan son hombres. En el caso de que hubiera un vuelco y llegaran muchas más mujeres, quizás habría más diferencias en este primer rescate. Tenemos protocolos para actuar en cada caso y coordinarnos con las instituciones públicas. 

En el contexto de Canarias y el socorro y atención humanitaria a personas migrantes, ¿cómo habéis logrado movilizar y formar al voluntariado para poder atender este incremento de llegadas?

El voluntariado es una pieza clave en la labor de Cruz Roja. Gracias a su participación, podemos adaptarnos con flexibilidad a las necesidades del momento, ampliando o reduciendo los equipos según la demanda. En cada una de nuestras 16 ubicaciones, contamos con equipos de gestión estables que trabajan previamente con el voluntariado para garantizar que, en caso de emergencia, todo esté preparado para actuar de manera eficaz.

«Trabajar en situaciones de emergencia es una carrera de fondo»

La formación es fundamental. El voluntariado debe conocer el protocolo sanitario, la distribución del trabajo y las responsabilidades de cada rol. Aunque seguimos un modelo estandarizado en todas las ubicaciones, ajustamos la estructura en función de la presión que afronta cada isla, escalonando los equipos según sea necesario. Además, cada punto de intervención tiene sus particularidades. Por eso, reforzamos la capacitación en los periodos de menor actividad e impulsamos intercambios entre ubicaciones, permitiendo que el voluntariado conozca diferentes realidades y pueda adaptarse mejor a distintos contextos.

¿Cómo trabajáis para apoyar el bienestar emocional y psicológico del personal y voluntariado que trabaja en situaciones de emergencia?

Este es un aspecto clave en nuestra labor, sin importar cuál sea la emergencia. El apoyo a los equipos intervinientes es fundamental, ya que enfrentan situaciones de gran complejidad y estrés. Por ello, trabajamos de forma continua con pequeños grupos en los que abordamos, entre otros temas, los primeros auxilios psicológicos. Nuestro objetivo es que el personal aprenda a identificar momentos críticos y sepa cómo gestionarlos. Estas sesiones se realizan de manera periódica o cuando se presenta una situación especialmente difícil. Además, hemos llevado a cabo charlas con el personal de Salvamento Marítimo, con quienes colaboramos estrechamente. Cuidar a quienes cuidan es una prioridad. También promovemos la rotación del personal y la gestión de descansos, ya que este trabajo es una carrera de fondo, y tratamos de mantener un equilibrio entre personas con experiencia y con menos. Todo esto ayuda a hacer nuestro trabajo más sostenible. 

Una de las preocupaciones es la saturación de los recursos de acogida en las islas. ¿Cuáles son los mayores desafíos en este sentido? ¿Qué diferencias hay entre las distintas islas?

La insularidad, tanto en Canarias como en Baleares, supone un reto logístico evidente, igual que en Ceuta y Melilla. Es más fácil desplegar recursos en el sur de la península que en una isla. Siempre digo al equipo que tenemos que hacer el mismo trabajo, pero con diferentes cartas: estas son nuestras cartas y con ellas tenemos que trabajar. Por eso, es tan importante saber cómo actuar en cada ubicación, aunque partamos del mismo protocolo. No podemos cambiar las circunstancias logísticas de un territorio. Por ejemplo, en algunos casos, nos gustaría que hubiera un aeropuerto internacional en El Hierro o que hubiera más frecuencia de ferris, pero el espacio es el que es y la isla tiene el tamaño que tiene. Debemos entender las limitaciones. Por otro lado, no se trata de tener a mucha gente trabajando, sino a la adecuada, de modo que todo sea más fluido y poder coordinarnos con rapidez cuando llegan muchas personas para que puedan ser trasladadas cuando se sobrepasan ciertos umbrales. 

Aunque solemos hablar de la ruta marítima, la ruta migratoria de las personas que llegan a nuestro país es más larga. ¿Qué impacto tiene esto en la salud de las personas rescatadas? 

Los factores que influyen en cómo llegan son muchos y las condiciones del trayecto varían muchísimo, como el número de días, las condiciones en las que han viajado o el estado de salud inicial. Algunas personas llegan caminando desde el interior del continente africano, otras puede que hayan cogido un medio de transporte y no hayan tenido ningún problema y luego, por el contrario, tienen una mala travesía marítima porque se ha estropeado un motor o no llevaban víveres suficientes. Y, por el contrario, hay quien no ha tenido ningún incidente en su travesía. 

¿En qué medida difieren los motivos de migración entre hombres y mujeres? Aunque el porcentaje de mujeres y niñas que llegan es menor, ¿qué necesidades específicas deben cubrirse en su caso?

Los motivos pueden variar mucho dependiendo de los países de origen. Pueden ir desde conflictos armados o crisis sociales a sequías. Su migración, al final, es por una búsqueda de oportunidades, dado que en su lugar de origen no las tienen. Vemos también un poco la fluctuación de diferentes nacionalidades dependiendo de si hay mayores tensiones políticas y sociales o conflictos armados. Por eso también insistimos tanto en la importancia de invertir en los países de origen para que haya mejores condiciones de vida.

«Nadie quiere abandonar su lugar de nacimiento, donde está todo su tejido social, e irse a un país diferente donde no tiene tanta red»

Nadie quiere abandonar su casa, el pueblo o ciudad donde ha nacido si allí está bien. Por otro lado, en el caso de las mujeres, también tenemos protocolos específicos. Por ejemplo, las mujeres embarazadas son evacuadas automáticamente, aunque estén en buen estado de salud, para hacerles un reconocimiento médico en un hospital. También si vemos algún indicador de que sean víctimas de trata y estén migrando de manera forzada. 

Aunque se hable de crisis migratoria, estamos ante un fenómeno estructural muy complejo. ¿Cómo crees que se podría cambiar esta situación? ¿Cómo , podemos fomentar la integración en los territorios de acogida?

El fenómeno de las migraciones ha existido siempre y siempre existirá. España también fue un país migrante. Al final son situaciones que se dan y la gente sale a buscar oportunidades si no las tiene. De ahí que la necesidad de inversión en los países de origen, en proyectos de desarrollo que les permita tener una nueva situación distinta a la actual, sea fundamental. Nadie quiere abandonar su lugar de nacimiento, donde está todo su tejido social, e irse a un país diferente donde no tiene tanta red. Creemos que es importante invertir en oportunidades de desarrollo, en educación, para que pueda haber oportunidades de futuro. Por otro lado, aquí, tenemos que mejorar la inclusión. En Cruz Roja, facilitamos la adaptación a través de apoyo a cuestiones básicas, como aprender español o saber cómo funciona el sistema, y ofrecemos orientación legal en cuestiones de derechos humanos. 

En un momento de gran polarización, en el que circulan bulos y discursos de odio sobre la migración y otros asuntos relacionados con los derechos humanos, ¿habéis notado un impacto en la labor de Cruz Roja? ¿Esto ha afectado a los fondos para emergencias o a la percepción de vuestro trabajo?

Nuestra forma de trabajar va a seguir siendo la misma, a pesar de las desinformaciones que haya alrededor. Esto no va a hacer que cambiemos nuestra forma de trabajo. Tenemos una historia de 160 años y hemos vivido muchos conflictos, guerras y crisis, momentos de menos y mayor bonanza, y hemos seguido trabajando siempre de la misma manera. Nos regimos por siete principios fundamentales y el primero es la humanidad. Vamos a atender a toda persona que nos necesite sin mirar su origen, su raza o su región. Esta polarización no va a cambiar nuestra forma de trabajar. Además, vemos que, en muchos casos, no ha afectado a la ayuda que recibimos. Hemos tenido la mayor recaudación de fondos durante la DANA para ayudar a la gente de Valencia y estamos ejecutando un plan a tres años. No se trata de estar en las primeras semanas, es un trabajo a largo plazo. Por ejemplo, también seguimos trabajando con la gente afectada por el volcán de la Palma, que ya muchos han olvidado. 

En un contexto global marcado por crisis climáticas y conflictos, ¿cómo crees que evolucionará el fenómeno migratorio en los próximos años?

El contexto global actual  toca a todo el mundo y también afecta a las migraciones. Siempre ha habido sequías más prolongadas, quizás no con esta frecuencia o intensidad, pero no es algo nuevo. Sin embargo, ahora tenemos una posición distinta para poder adaptarnos y buscar alternativas, precisamente, para que el cambio climático tenga el menor impacto. Por otro lado, lo que ha cambiado es que antes veíamos fenómenos muy lejos, como El Niño, y ahora los estamos viendo aquí. Por eso, aunque no es algo nuevo, las personas están más sensibilizadas. Tenemos que aprovechar esta alerta generalizada para buscar soluciones. 

José Miguel Viñas: «El arte es una herramienta muy efectiva para acercar la ciencia»

©RTVE

José Miguel Viñas (@divulgameteo), físico y meteorólogo de Meteored, une ciencia y arte en su libro Los cielos retratados. Con más de 20 años de experiencia en medios como RNE y COPE, explora cómo los fenómenos meteorológicos se reflejan en la pintura y su impacto cultural.


¿Qué te inspiró a conectar la meteorología con la pintura y escribir Los cielos retratados?

Todo comenzó con mis intervenciones en No es un día cualquiera, de RNE. Tras completar las dos primeras temporadas del programa, entre 2004 y 2006, me di cuenta de que los temas transversales ligados al tiempo y al clima daban mucho juego. Entonces, comencé a visitar con asiduidad el Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza, poniendo mi foco de atención en los cielos de los paisajes. Se abrió ante mí un fascinante campo de estudio, en el que sigo embarcado, y que he podido divulgar a través de la radio, artículos y conferencias. Todo ese trabajo ha culminado en este libro.

¿Las pinturas captan cambios climáticos o meteorológicos significativos que ahora podemos analizar científicamente?  

Pintores –y artistas en general– no pueden desvincularse de sus vivencias atmosféricas y lo terminan reflejando, en mayor o menor medida, en sus obras. Los crudos inviernos que se vivieron entre los siglos XVI y XIX han quedado retratados fielmente en la pintura, ya que influyeron notablemente en las sociedades de esas épocas. Ahora, el calentamiento global es una circunstancia que también comienza a afectar a nuestras vidas. Esta nueva realidad no está siendo ajena a las distintas manifestaciones artísticas. Empezamos a ver que el cambio climático también capta la atención de artistas contemporáneos. 

¿Qué nubes suelen aparecer con más frecuencia en las pinturas? ¿Qué crees que simbolizan?

Al recorrer las salas de una pinacoteca, es fácil comprobar que las nubes que más abundan en los cuadros son las de tipo cúmulo: las típicas nubes de algodón, blancas y de contornos redondeados. Esto es así porque son las nubes que con mayor frecuencia hay en los cielos primaverales y de verano, que es cuando los pintores suelen salir al aire libre a abocetar o a pintar al natural, mientras que los meses invernales se dedican al trabajo en el taller. Esto ha sido una constante a lo largo de la historia, especialmente, en épocas más frías que la actual, cuando en el periodo invernal apenas se podía salir a pintar al exterior. Esto ha cambiado en la actualidad debido a que la suavidad térmica está presente muchos días de invierno.

¿Cómo se expresan fenómenos como el viento o las tormentas? ¿Existen patrones comunes en el arte?

El viento comenzó a pintarse a través de representaciones mitológicas, como dioses, diosas, ninfas o angelotes. Posteriormente, las obras muestran los efectos que provoca en los diferentes elementos del paisaje, como las ramas de los árboles o el humo. Este último aparece representado magistralmente en Juana la Loca, de Francisco Pradilla, que podemos admirar en el Museo del Prado. Las tormentas son un elemento clásico en la pintura para dar dramatismo a una escena. En cuadros de temática religiosa, suelen simbolizar el mal, el infierno o el pecado, frente a los cielos azules que representan lo contrario: el bien, el paraíso, el reino de Dios en el cristianismo.

¿Hay algún periodo artístico que tenga una conexión especial con fenómenos meteorológicos?

En el Romanticismo, tenemos ejemplos notables de cielos retratados. Aparte de las tormentas y los ambientes tempestuosos, también brillan con luz propia los cuadros de Caspar David Friedrich, en particular los que incluyen nieblas que pintó con reiteración, como su famoso Caminante sobre el mar de niebla. Para este pintor romántico alemán, la niebla tenía un carácter místico, al igual que la naturaleza, que le invitaba a reflexionar sobre nuestra propia existencia. Se juntan en este artista su visión profunda, espiritual, en torno al medio natural y una técnica pictórica sobresaliente.

¿Cómo influyen las erupciones volcánicas en los colores de ciertos cielos pintados?

Las grandes erupciones volcánicas lanzan a la alta atmósfera una enorme cantidad de aerosoles que, dispersados por los fuertes vientos, forman un velo que afecta al planeta de dos formas. Por un lado, al bloquear parte de la radiación solar, se produce un descenso transitorio de la temperatura y, por otro, esos aerosoles alteran la dispersión de la luz, lo que intensifica los colores de menores longitudes de onda, como los rojos, naranjas o amarillos. Este fenómeno provoca crepúsculos más intensos durante semanas, meses o, incluso, años, algo que no escapa a la atenta mirada de paisajistas. Lo vemos en pintores como Turner, que, sin duda, quedó impresionado por los cielos encendidos que se vieron en Europa y otras zonas del mundo tras la erupción del volcán Tambora, en 1815.

Las artistas siempre han tenido menos visibilidad que sus colegas hombres. En el contexto de la representación de los cielos, ¿qué pintora crees que debería ser más reconocida por su trabajo?

Sin duda, las mujeres en el mundo artístico no han gozado del reconocimiento que merecen y es difícil obtener información de su obra pictórica. Visibilizar su legado es una tarea pendiente, igual que el de otras tantas mujeres de otros ámbitos. En el caso de la pintura de paisajes, en donde aparecen cielos, me gustaría destacar a la pintora noruega Kitty Lange Kielland y a la pintora impresionista austriaca Tina Blau.

Como puente entre la ciencia y el público general, ¿cómo se puede fomentar un mayor interés por las ciencias atmosféricas? 

El tiempo y el clima tienen la ventaja de ser temas de conversación cotidiana, pero el tratamiento que suelen recibir no siempre es el adecuado. Existe una falta de cultura meteorológica, y aquí es donde la divulgación científica desempeña un papel clave. Personalmente, me gusta resaltar lo atractivo de este campo de estudio en todo lo que hago, porque sé que esto despierta la curiosidad del público.

¿Crees que el arte puede ser una herramienta efectiva en este sentido?

Sin duda. Cada vez hay más ejemplos de que esta fórmula funciona. En mi experiencia, cuando utilizo una pintura conocida para explicar un fenómeno meteorológico, noto cómo se despierta un mayor interés. Por ejemplo, los cuadros de Canaletto con vistas de Venecia son muy conocidos. Si cuento que, gracias a ellos, se puede obtener un indicador del cambio climático, la primera reacción es de sorpresa. Cuando, a continuación, explico que hace unos años unos científicos se dieron cuenta de que las marcas de las algas de las fachadas de los edificios están situadas, en promedio, unos 60 centímetros por debajo que las marcas en esos mismos edificios en la actualidad, crece su interés y quieren saber más. Objetivo cumplido.

A lo largo de tu carrera, ¿has notado un cambio en la percepción de las personas sobre el clima y la meteorología?

El interés por el clima siempre ha existido, pero ahora vivimos un bombardeo de información, especialmente ante grandes catástrofes meteorológicas. El cambio climático ya forma parte de nuestras vidas y esto es otra gran diferencia con respecto a lo que pasaba cuando comencé mi trayectoria profesional en los 90. Aunque ya se hablaba del tema, no se hacía como ahora, ni su magnitud era comparable. La mayoría de las personas son conscientes del proceso de cambio en el que estamos inmersos y de que cada vez nuestras vidas se verán más afectadas por él.

¿Hay algún fenómeno meteorológico que todavía te sorprenda o te fascine y que quisieras explorar en futuros proyectos?

A lo largo de mi vida, me he interesado por infinidad de fenómenos meteorológicos y he presenciado muchos, pero no todos los que me gustaría. Tengo pendiente un fenómeno mitad meteorológico, mitad astronómico: las auroras polares. No he tenido ocasión de contemplarlas desde latitudes altas, pero confío en poder hacerlo. Quizás surja la oportunidad en el marco de un proyecto científico en 2025. Ojalá que todo vaya para adelante y pueda ser partícipe de esa experiencia, no solo observacional sino de conocimiento científico.

Marina Palacios: «Los arrecifes de coral ocupan el 1% del planeta y albergan el 25% de la vida marina»

Jose Salido - Coral Soul

Marina Palacios Miñambres es una científica marina y ambientóloga que cofundó y dirige Coral Soul, asociación que trabaja por la recuperación de los arrecifes de coral del Mediterráneo y que cuenta con un proyecto pionero para la restauración y protección de los mismos. Este programa ha sido financiado durante 3 años por Coral Guardian y en los próximos 18 meses será cofinanciado por el FEMPA (Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura) dentro de la Convocatoria Pleamar de la Fundación Biodiversidad. Hablamos con ella de dicha iniciativa y de la importancia de los arrecifes de coral para la conservación de la biodiversidad marina.


Además de científica marina y ambientóloga, eres una experta buceadora. ¿Tu fascinación por los ecosistemas marinos comenzó a través de dicha actividad o venía de antes?

La verdad es que mi amor hacia el mar comienza desde pequeñita. Mis primeros recuerdos son en la playa, con mis padres, que también son grandes amantes del mar. Y siempre tuve claro que quería trabajar protegiéndolo. En cuanto cumplí 17 años me fui a estudiar a Cádiz, y desde entonces todos los pasos de mi carrera profesional se han orientado hacia la conservación de la biodiversidad marina, y especialmente de los corales.

Desde Coral Soul trabajáis por la conservación marina a través de la restauración de arrecifes de coral que se encuentran amenazados. ¿Qué  papel juegan dichos arrecifes en la protección de la biodiversidad marina?

Los arrecifes son elementos fundamentales en la vida marina porque nos dan una serie de servicios ecosistémicos. Son generadores de vida por su capacidad de concentración de especies, que hace que cientos de ellas dependan de los corales. Si los corales desaparecen, también lo harían muchas especies marinas. Además, actúan como sumideros de CO2, por lo que ayudan a combatir el cambio climático. Y no podemos olvidar que son bioindicadores que registran cualquier cambio que se produce en el ecosistema, por lo que monitorizarlos permite controlar los cambios de nuestros ecosistemas marinos. Por último, son motores socioeconómicos de numerosas poblaciones, tanto a nivel pesquero como turístico.

¿Cuáles son los principales riesgos que corren los arrecifes de coral?

Los principales riesgos son el estrés térmico por el aumento de la temperatura de las aguas, la sobrepesca, la acumulación incontrolada de todo tipo de residuos, físicos y químicos, e incluso el coleccionismo, que en algunas zonas está acabando con los arrecifes. 

«Los proyectos de Coral Soul se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización»

En 2021, desde Coral Soul lanzasteis Deep Core Project, un plan pionero en la recuperación de arrecifes. ¿En qué consiste el proyecto?

En Coral Soul trabajamos con los denominados arrecifes profundos, en este caso los que se sitúan a entre 30 y 60 metros de profundidad. El proyecto Deep Core Project surge como una necesidad imperativa de actuar ante la desaparición de un ecosistema dominado por una población única de coral candelabro en los arrecifes profundos de la Zona de Especial Conservación de los acantilados y fondos marinos de la Punta de la Mona en la costa de Almuñécar, Granada. A pesar de ser una zona protegida, no se le ha otorgado ningún plan de ordenación de los recursos y sufre un impacto de años por el abandono accidental de elementos propios de la pesca y el fondeo de embarcaciones como redes, anclas y cadenas. Lo primero que hicimos fue crear una red científica, junto con diversas instituciones públicas y privadas, para estudiar el ecosistema desde todos los puntos posibles. Desarrollamos desde estudios genéticos y de ADN hasta otros poblacionales de las especies que vivían en los arrecifes, pasando por  investigar la hidrodinámica de las corrientes y los parámetros ambientales y, sobre todo, un estudio geomorfológico. A partir de ahí arranca un programa de saneamiento para retirar todos los residuos, y aquellos corales fracturados y, por tanto, heridos, se trasladan a las guarderías de corales.

¿Qué es exactamente una guardería de corales?

Cuando el coral se parte o fisura se produce una herida que es colonizada por parásitos. Estos les provocan enfermedades que, poco a poco, acaban con su vida. Es imprescindible, para que puedan repoblarse, someterlos a un tratamiento previo que pueda curar las patologías que tienen. Hemos logrado detectar hasta ocho patologías distintas. Una vez el coral está totalmente curado se devuelve de nuevo al arrecife, insertándolo en zonas estratégicas previamente estudiadas donde tiene asegurada su total recuperación. En eso consisten las guarderías de coral, en espacios habilitados en la misma profundidad en que estos habitan para poder tratarlos y curarlos. El proyecto cuenta con tres, cada una para un rango de profundidad.

¿Los resultados de las acciones desarrolladas hasta la fecha dentro de Deep Core Project son positivos?

Desde que arrancamos el proyecto la abundancia de peces en la zona ha aumentado en un 75%, la de invertebrados y fauna asociada en un 42% y, tras tres años de seguimiento, hay un 91% de supervivencia de los corales tratados.

¿Es extrapolable este proyecto a otros territorios marinos, a nivel global?

Sí, hemos comprobado que las técnicas empleadas son replicables e incluso adaptables a otros tipos de corales. Concretamente, tras el éxito de Deep Core Project, arrancamos un proyecto con el apoyo de la Unión Europea en Cerdeña para recuperar corales sometidos a estrés térmico, y otro conjuntamente con la Universidad del Algarve, en Portugal, para recuperar corales de sus costas.

Sin duda, para facilitar la conservación de los arrecifes de coral, son imprescindibles las labores de conservación e investigación que realizáis. Pero, ¿qué importancia tiene en dicha conservación la sensibilización social?

Muchísima. Los proyectos que desarrollamos se basan en tres pilares básicos: la investigación científica, la acción directa de recuperación de arrecifes y la sensibilización. Trabajamos para involucrar a la población local, al sector pesquero, con el que realizamos sesiones de trabajo para transmisión de conocimientos horizontales, a las administraciones y a la ciudadanía en general, incluso con programas de sensibilización para menores de edad que desarrollamos en toda España, no sólo en poblaciones costeras.

«Los principales riesgos que corren los arrecifes de coral son el estrés térmico, la sobrepesca, la acumulación de residuos, e incluso el coleccionismo»

¿Cómo puede contribuir un ciudadano de a pie a la conservación y la recuperación de corales? ¿Qué actividades ciudadanas generan más impacto sobre ellos?

Lo primero es el apoyo y la colaboración con entidades y proyectos de recuperación. Lo segundo es la sensibilización, ser conscientes del valor que tienen los arrecifes de coral y el peligro que corren, por desgracia. Y, por último, el conocimiento de la importancia de las pequeñas acciones. Tenemos que tener siempre presente el poder que tenemos cada uno de nosotros. Algunas actividades que podemos realizar son apostar por un consumo adecuado de los recursos marinos, una correcta gestión del agua, el reciclaje o la disminución del uso de cualquier tipo de residuos. Y por supuesto, impulsar planes de gestión para que áreas marinas protegidas sirvan como zonas resilientes y como el corazón para recuperar y para mantener los ecosistemas.

Entiendo que también es importante la participación de las administraciones públicas. ¿Existe normativa legal orientada a la protección de los arrecifes de coral?

Sí, nuestros arrecifes forman parte de zonas catalogadas como Hábitat de Interés Comunitario (HIC) para los que la Unión Europea quiere garantizar la conservación, o ya a nivel estatal como Zona de Especial Conservación (ZEC) o Parque Natural. El problema surge cuando, a pesar de pertenecer a zonas protegidas, no se desarrollan planes de gestión adecuados para asegurar tal protección.

Por último, ¿podrías facilitarnos algún dato que confirme la aportación a la biodiversidad marina de los arrecifes de coral restaurados?

El dato más relevante es la constatación de que los arrecifes de coral tan solo ocupan el 1% de la superficie del planeta, pero albergan el 25% de la vida marina. A día de hoy, hemos perdido casi la mitad de los arrecifes de coral a nivel global. De continuar así, en 2050 habremos perdido más del 70%, por lo que es vital para la vida en nuestro planeta el seguir trabajando en su conservación.

Claudio Barría: «Nuestro vínculo con el mar y su importancia en nuestras vidas es innegable»

El 70% de la superficie del planeta es mar. Un mar en el que, como explica Claudio Barría, «hay una diversidad que ni siquiera somos capaces de imaginar». Doctor en Ciencias del Mar, profesor de la UAB, miembro del grupo de expertos de la UICN y cofundador de Catsharks, Claudio Barría nos habla de la importancia de la biodiversidad marina. Es experto en tiburones y rayas y su investigación la ha desarrollado en diferentes lugares, como el Océano Pacífico, el Atlántico y el Mar Mediterráneo. 


¿Qué te motivó a especializarte en biología marina y, en particular, en tiburones y rayas?

Mi familia se dedica a la pesca y crecí en un ambiente marino. Siempre he sentido atracción hacia el mar y todo lo que habita en él. ¿Por qué no dedicarme a explorar lo que se encuentra en sus profundidades y trabajar para conservarlo? Mi fascinación por los tiburones y las rayas comenzó cuando, de niño, encontré un tiburón pequeño en el bote de pesca de mi familia, era una musola. Tenía las aperturas branquiales descubiertas, dientes diferentes y cuerpo alargado. En ese momento surgió mi amor por descubrir más sobre este grupo de peces tan particular. Posteriormente, ya en la universidad, me di cuenta de que los tiburones son animales bastante estigmatizados y sentí que alguien debía hacer algo para evitar que desaparecieran.

¿Qué proyectos de investigación científica estáis desarrollando actualmente en Catsharks?

Acabamos de obtener un proyecto nacional, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y en colaboración con la Universidad de Oviedo, para investigar si se están comercializando especies en peligro de extinción y qué podemos hacer para reducir esta práctica. Vamos a identificar las especies presentes en el Mediterráneo y en el Atlántico a través de análisis de ADN y de visitas a las lonjas. También tenemos un proyecto para establecer protocolos básicos para mantener a los tiburones en cautiverio, con el objetivo de recuperar algunas poblaciones que están a punto de desaparecer. Además, participamos en el proyecto «Tiburones y Rayas», dentro de la iniciativa Observadores del Mar, que involucra a la ciudadanía en la identificación de lugares prioritarios para la conservación de tiburones y rayas en España. 

«Los tiburones son animales bastante estigmatizados y sentí que alguien debía hacer algo para evitar que desaparecieran»

Uno de vuestros últimos estudios aborda los niveles de concentración de metales pesados en tiburones, rayas y quimeras del Mediterráneo occidental. ¿Cuáles son los principales hallazgos de este estudio? 

Este estudio fue desarrollado por Pol Carrasco, socio de Catsharks, como parte de su trabajo de máster, que tuve el honor de dirigir. Es el análisis de metales pesados que ha abarcado la mayor cantidad de especies de tiburones, rayas y quimeras en todo el Mediterráneo: se analizaron 116 muestras de tejido muscular de 17 especies de condrictios del Mediterráneo occidental. Los tiburones mostraban mayores concentraciones de cadmio y cobre y las quimeras presentaban la mayor concentración de plomo. Dentro del grupo de condrictios, las rayas eran las que tenían menores concentraciones de metales pesados. A nivel de especies, el tiburón negrito (Etmopterus spinax) presentaba las concentraciones más elevadas de cadmio y cobre y la quimera (Chimaera monstrosa) tenía las mayores concentraciones de plomo. Ambas superaban los niveles permitidos por la UE, por lo que no se recomienda el consumo. Sin embargo, aún quedan especies por evaluar, muchas de ellas se consumen habitualmente. 

¿Qué importancia tienen los tiburones, rayas y quimeras para el equilibrio del medio marino? ¿Cuáles son las principales amenazas a las que se enfrentan actualmente?

Los tiburones y rayas son depredadores y cumplen un rol fundamental en la estructuración de las cadenas alimenticias marinas, influyendo en ellas desde arriba hacia abajo. Para explicarlo mejor, suelo utilizar el modelo del castillo de naipes, que representa nuestra red trófica marina. Si retiramos las cartas basales, el castillo se derrumba: es lo que ocurriría si hubiera alteraciones en el plancton. Si quitamos las cartas superiores, el castillo de naipes también puede colapsar y sería lo que ocurriría con la desaparición de tiburones y rayas. Este colapso podría ocurrir por la sobrepesca, el uso de artes de pesca poco amigables con el medio ambiente, la contaminación, la degradación de hábitats o el cambio climático.

¿Cómo está afectando el cambio climático y la sobrepesca a estas especies marinas?

Aunque es difícil evaluar la situación de las 1.200 especies de tiburones y rayas, casi la mitad están amenazadas o cerca de la amenaza de extinción. La sobrepesca ha reducido las poblaciones de tiburones en algunas zonas en más del 70% en los últimos 50 años, y otras especies están al borde de la extinción. Se estima que más de 100 millones de tiburones mueren cada año como resultado de la pesca dirigida y accidental en todo el mundo. El cambio climático está provocando un aumento del nivel del mar, olas de calor marinas, anomalías térmicas, acidificación del océano y cambios en las corrientes marinas. Estos cambios han afectado al metabolismo de algunos tiburones y sus crías y es probable que muchos tiburones se vean obligados a cambiar sus rutas migratorias o a desplazarse hacia aguas más profundas en busca de mejores condiciones para su supervivencia.

«Se estima que más de 100 millones de tiburones mueren cada año como resultado de la pesca dirigida y accidental en todo el mundo»

¿Qué podemos hacer la ciudadanía para no contribuir a la pesca de especies amenazadas?

El papel de la ciudadanía es fundamental. Una persona informada tiene el poder de decidir si quiere consumir especies en peligro de extinción o no. Se están dando pasos para aumentar la sensibilización y la información disponible sobre la situación de estas especies, lo que permitirá a la ciudadanía tomar decisiones más conscientes y responsables. Vamos en esa dirección, pero aún queda mucho por hacer.

¿Qué papel tiene la ciencia en la creación de políticas de conservación efectivas?

Desempeña un papel crucial, ya que permite a las administraciones implantar acciones de manejo adecuadas. Es fundamental que se trabaje de manera conjunta y continua en procesos que son cada vez más urgentes, como la adopción de medidas efectivas a través de un plan de acción nacional, integral y con recursos en el tiempo. Este plan debería incluir la recuperación de las poblaciones, la divulgación científica, la educación, el seguimiento de los planes de acción y la fiscalización, entre otras prioridades. 

¿Cómo se está abordando la conservación de los elasmobranquios en otras partes del mundo?

Por ejemplo, en Estados Unidos se realizan seguimientos detallados de la pesca recreativa; en Colombia, se prohíbe la pesca de tiburones y rayas; en Chile, se realizan pescas exploratorias de rayas para evaluar sus abundancias; y en Reino Unido o Maldivas, se promueven actividades de ecoturismo. En Suecia y Suiza, el etiquetado de productos pesqueros es mucho más riguroso. En lugares como Isla Cocos o Indonesia, se han establecido áreas protegidas donde las poblaciones de tiburones han comenzado a recuperarse tras una tendencia a la baja. Existen diversas medidas de gestión que pueden ser efectivas, pero es crucial que se adapten a las necesidades específicas de cada país.

¿Qué actividades turísticas, como el buceo o la pesca recreativa, tienen mayor impacto en los elasmobranquios? 

Con una buena regulación, el buceo no genera ningún impacto negativo en tiburones y rayas. En el caso de España, las actividades de observación contribuyen a la ciencia ciudadana y deberían potenciarse para promover el conocimiento de nuestra biodiversidad. En cambio, la pesca recreativa tiene un impacto sobre las especies capturadas y su ecosistema. Solo en Baleares existen más de 49.000 licencias de pesca recreativa, pero los datos de estas pescas no llegan a ningún repositorio público. Aunque existen pescadores responsables e informados, esta actividad debería estar mejor regulada. 

Como divulgador, ¿por qué crees que la ciudadanía debería interesarse por la biología marina y la protección de los océanos?

Aproximadamente la mitad de la población mundial vive en zonas costeras; nuestro vínculo con el mar y su importancia en nuestras vidas es innegable. Disfrutamos este privilegio casi todo el año, especialmente en primavera y verano. Además, del mar extraemos alimentos y generamos productos farmacéuticos. El mar regula las temperaturas de muchas ciudades y del planeta en general, ayuda a mitigar la erosión costera, actúa como un importante sumidero de carbono y nos ofrece beneficios turísticos, culturales, recreativos, estéticos y espirituales. El 70% de la superficie del planeta es mar y bajo esa superficie hay una diversidad que ni siquiera somos capaces de imaginar.

«La educación es un derecho inalienable»

educación

Pilar Orenes es directora general de Educo, organización de cooperación al desarrollo con enfoque en la educación y acción humanitaria con presencia en 18 países de América, África, y Asia. Gracias a sus más de 200 proyectos de acción humanitaria han logrado llegar a más de un millón de niños, niñas y adolescentes para garantizar una educación ininterrumpida, hasta en las situaciones más desafiantes.


¿Por qué Educo?

La educación es una de las principales maneras de reducir las desigualdades sociales y erradicar la pobreza, por eso trabajamos por los derechos y el bienestar de la infancia. Trabajamos en 18 países y en cada uno aplicamos estrategias acotadas al contexto de ese lugar. Si bien las intervenciones pueden ser diferentes, el hilo conductor siempre es el mismo: una educación de calidad garantizada como derecho humano para todos los niños y niñas, independientemente del contexto. 

¿Qué tipo de estrategias implementáis?

Trabajamos con las instituciones educativas de cada país, con las escuelas públicas y con el profesorado para reforzar la estrategia educativa del país y asegurar el acceso a la escuela. También lo hacemos cerca de los padres de familia, ya que los entornos protectores son una prioridad. Lo cierto es que cada país nos ofrece contextos diferentes, pero en todos procuramos asegurar una educación de calidad, y espacios en los que el niño y la niña pueda participar y expresar sus opiniones.

«Estamos en una sociedad adultocéntrica que está diseñada sin tener en cuenta un porcentaje muy alto de la población que son los niños»

Desde Guatemala a Burkina Faso… ¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis?

Hay que señalar que cuando hablamos del derecho a la educación, este no solamente es habilitador de otros derechos, sino que es un derecho inalienable, que no se pierde y que no se puede dejar de dar estés donde estés. Entonces, cuando hablamos de países en la región del Sahel, en África, estamos hablando principalmente de contextos de emergencia. Se trata de situaciones en las que las familias deben desplazarse por seguridad o a consecuencia del cambio climático. Ahí los niños no siempre tienen una escuela fija, sino que deben adaptarse. 

En el caso de Centroamérica, por ejemplo, trabajamos en el área del Corredor Seco, donde también hay desplazamientos por hambruna; o Bangladesh, donde las olas de calor hacen que se cierren las escuelas. Por eso nuestra seña de identidad es asegurar que la educación se mantenga en todos los contextos. 

Siguiendo esa línea, ¿qué tipo de innovaciones educativas realizáis para este tipo de contextos?

En la educación las metodologías son claves. Innovar es aplicar metodologías en las que el niño y la niña y sus necesidades están en el centro, gracias a que son activamente escuchados y son ellos mismos quienes influyen en su currícula. En España, por ejemplo, uno de los proyectos que hemos realizado sobre comedores escolares fue hablando con ellos sobre cómo sería su comedor ideal. 

Estamos en una sociedad adultocéntrica que está diseñada sin tener en cuenta un porcentaje muy alto de la población que son los niños. Por eso es importante entender qué están diciendo y cómo lo están diciendo, ya que no van a usar ni las mismas palabras ni los mismos razonamientos que un adulto. Nosotros adaptamos nuestra manera de trabajar a su manera de comunicarse y esto es algo muy innovador.

Lleváis 30 años trabajando, ¿qué sabéis ahora que no sabíais entonces?

El sector general de la cooperación y la acción humanitaria en 30 años ha evolucionado muchísimo. Hemos aprendido la importancia de asegurar que los cambios que promueves sean sostenibles en el tiempo, una vez que ya no estemos ahí. Es importante no estar continuamente poniendo parches, sino tener una mirada a largo plazo. Y eso se consigue cuando hay cambios en las prácticas, pero también en los sistemas, y los valores. Por ejemplo, si pones un pozo, cambias la vida de la gente porque tienen agua, pero ¿cómo desarrollas una política pública alrededor de una correcta gestión del recurso? 

​​En estos 30 años hemos aprendido que tenemos que hacer análisis, investigaciones, trabajar con datos y hacer incidencia política. Es fundamental reunirnos con los gobiernos locales, autonómicos y estatales y convencer a la ciudadanía, ya que a los políticos les interesa lo que le interesa a la ciudadanía. Es por eso que las ONG hacemos campañas. Hemos aprendido que tenemos que unirnos y que, por muy grande que sea una ONG, no va a poder cambiar nada si no trabaja con otros actores.

«La educación es una herramienta para frenar el matrimonio infantil»

En el caso de países como Nicaragua, donde se han ilegalizado cerca de 3.600 ONG, ¿de qué manera impacta una buena o mala calidad democrática en los derechos de las infancias y en la labor de una organización como Educo?

Nosotros realizamos un análisis de la situación de cada país y nos preguntamos cuál es el valor agregado que, dentro de ese contexto, Educo puede aportar. Es ahí donde cambian también nuestras intervenciones. Hay países donde nuestras estrategias tienen que ser más operativas, enfocadas en un trabajo de primera línea, entonces estamos presentes en las escuelas. Hay otros países en los que trabajamos en incidencia pública, y otros donde vemos más posibilidades de cambio a través de la influencia.

Según Naciones Unidas, el 40% de los países no han logrado la paridad de género en la educación primaria. ¿Cómo se puede implementar una perspectiva de género en la educación para poder cumplir con el ODS 4?

Desgraciadamente todavía estamos lejos de alcanzar esa paridad y todas nuestras estrategias deben llevar un enfoque de género. En países con altas tasas de matrimonio infantil, la educación se ve totalmente interrumpida, pero a su vez, la educación es una herramienta para frenar esos matrimonios. Una de las cuestiones que sucedió durante el covid-19 fue el cierre de las escuelas y esto disparó las cifras de matrimonio y trabajo infantil, ya que hubo niñas que nunca volvieron a escolarizarse tras la pandemia.

Olivier Longué: «El hambre nunca debe usarse como arma de guerra»

© May Mahmoud para Acción contra el Hambre

Olivier Longué, director general de Acción contra el Hambre en España, es el rostro visible de una organización que cada año pone todos sus recursos al servicio de un único objetivo: la erradicación del hambre en el mundo. Charlamos con él a propósito de la situación actual, de la inflación del precio de los alimentos y de qué podemos hacer desde casa y desde las instituciones para detener este problema.


Para hablar con propiedad, ¿qué es el hambre? ¿Es lo mismo que la desnutrición? ¿Y la inseguridad alimentaria?

El hambre se asocia con la falta de alimentos y conlleva periodos en los que las personas sufren una grave inseguridad alimentaria, es decir, que pasan días enteros sin comer por falta de dinero, acceso a alimentos u otros recursos. La desnutrición es una condición más amplia que incluye no solo el hambre, sino también la falta de nutrientes esenciales, lo cual puede causar problemas de salud. Por su parte, la inseguridad alimentaria es la falta de acceso regular a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para llevar una vida saludable. Esta situación puede ser temporal o crónica. Es importante destacar que, en esta ecuación, debemos integrar en las soluciones el acceso a los cuidados dados tanto por el sistema de salud como por la familia.

¿Cuál es la situación del hambre en este momento en el mundo?

Se calcula que padecen hambre en el mundo 783 millones de personas, siendo los niños, niñas y mujeres los que se ven más afectados. Además de los efectos de la emergencia climática y las crisis económicas, las guerras y los conflictos siguen siendo las principales causas del hambre en el mundo.

En el escenario actual, corremos el riesgo de perder la línea de mejora que empezábamos a tener en los últimos años. La globalización económica y política de los problemas conlleva que debamos tener en cuenta lo que sucede en cada espacio y su repercusión a nivel mundial. La comunidad internacional debe actuar ya con urgencia para evitar que millones de personas sigan muriendo de hambre.

Y en España, ¿se pasa hambre? ¿El descenso del poder adquisitivo y la inflación han afectado a la dieta de los españoles?

En España, aunque no se vive una crisis de hambre comparable a la de algunos países en desarrollo, sí existen problemas de inseguridad alimentaria. La crisis financiera de 2009, la crisis generada por la pandemia de covid-19 y la guerra de Ucrania han impactado en nuestro país al producirse una reducción de los ingresos de los hogares y un incremento de precios de productos esenciales, con el consiguiente impacto negativo en los niveles de inseguridad alimentaria.

En España, un 13,3% de los hogares españoles experimentaron algún nivel de inseguridad alimentaria, es decir, más de 6 millones de personas. De todas ellas, casi 2 millones y medio sufren inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que implica que han tenido que reducir su ingesta de alimentos por falta de recursos. Padecer inseguridad alimentaria significa no poder acceder de forma regular a alimentos suficientes en calidad y cantidad, y esto perjudica en la salud y en el desarrollo. 

Además, en nuestro país, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) una de cada diez personas en edad de trabajar se encuentra en situación de desempleo o vulnerabilidad. Por esta razón, en Acción contra el Hambre abordamos el problema de la seguridad alimentaria en España desde un enfoque multifacético, desarrollando programas que mejoren la situación económica y nutricional de las familias, impulsando la empleabilidad de las personas más vulnerables y la formación de personas en desempleo, y trabajando en programas de detección de la inseguridad alimentaria.

¿Cómo habéis vivido desde la organización el aumento del precio de los alimentos? ¿Se han presentado retos que no teníais anteriormente? ¿Son realmente posibles medidas como limitar el precio máximo de los alimentos de primera necesidad? ¿Qué pueden hacer los gobiernos?

El aumento del precio de los alimentos ha supuesto retos significativos para organizaciones como Acción contra el Hambre, dificultando el acceso a suministros esenciales y aumentando la inseguridad alimentaria. Medidas como limitar el precio máximo de los alimentos de primera necesidad son complejas y requieren una cuidadosa consideración. Otras medidas importantes serían la gestión de los excedentes de producción, garantizar que todas las personas tengan acceso a una canasta básica de alimentos y promocionar una alimentación consciente y responsable.

Otro de los grandes retos del panorama mundial actual son los conflictos bélicos que se están desarrollando en zonas como Ucrania y Palestina. ¿Cómo se plantea el trabajo de vuestra organización en estos espacios?

En zonas afectadas por conflictos como Ucrania y el Territorio Palestino Ocupado, donde llevamos más de 20 años trabajando, Acción contra el Hambre adapta su trabajo a las condiciones locales, priorizando la seguridad de nuestro personal humanitario y las necesidades más urgentes de la población. Nuestra organización lleva a cabo actividades de emergencia para proporcionar alimentos, agua potable, servicios de salud y apoyo psicológico, entre otras. La colaboración con socios locales y la comunidad internacional es clave para asegurar la eficiencia y sostenibilidad de las intervenciones en estos contextos complejos y cambiantes.

También seguimos defendiendo los derechos de las poblaciones afectadas por crisis y continuamos apelando a todas las partes en conflicto para que se cumpla el Derecho Internacional Humanitario y la resolución 2417 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: el hambre nunca debe usarse como arma de guerra.

La acción climática es también la lucha por gestionar los recursos naturales adecuadamente. ¿Cómo impacta el cambio climático en el acceso a los alimentos y al agua potable y segura?

El cambio climático afecta gravemente el acceso a alimentos y agua potable. Las variaciones extremas del clima, como sequías o inundaciones, reducen la producción agrícola, afectan a las cosechas y provocan desplazamientos de población, incrementando la inseguridad alimentaria. Además, estas condiciones extremas pueden contaminar fuentes de agua, dificultando el acceso a agua potable y segura. La gestión sostenible de los recursos naturales y la adaptación a los impactos climáticos son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y el acceso a agua potable en el futuro.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 «Hambre cero» y la Agenda 2030 buscan poner fin al hambre. ¿Es esta meta posible a día de hoy con esa fecha en mente?

Alcanzar este objetivo para 2030 presenta desafíos muy importantes debido a factores como el cambio climático, los conflictos, las crisis económicas y la pandemia de covid-19, que han incrementado la inseguridad alimentaria. Aunque se han logrado avances, la meta de «Hambre cero» para 2030 sigue siendo ambiciosa y requiere un esfuerzo global coordinado e intensificado para ser alcanzada​. Desde Acción contra el Hambre sabemos cómo alcanzar el objetivo y trabajamos cada día para ello.

Desde casa, ¿qué podemos hacer a título individual para contribuir a la lucha contra el hambre?

Primero, informarnos. Conocer el problema y concienciarnos es fundamental para poder cumplir con nuestra responsabilidad como personas y como sociedades. Y siempre se puede poner un grano de arena en la lucha contra el hambre.