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«El futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás»

El debate sobre la brecha digital, el uso que hacemos de la tecnología o el papel de la inteligencia digital en nuestras vidas está cada día más presente. Hablamos con Antonio Pulido, responsable de Incidencia Social y Política Pública de la Fundación Cibervoluntarios, de cómo podemos disfrutar con salud y buen hacer de la tecnología. 


¿Por qué es necesaria hoy una entidad como Fundación Cibervoluntarios?

La digitalización ya no es solo una cuestión tecnológica, sino que afecta al acceso a derechos, al empleo, a la educación, a la salud, a la participación ciudadana y a la autonomía personal. El problema es que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de muchas personas para entenderla, usarla con seguridad y aprovecharla. Ahí es donde una entidad como Fundación Cibervoluntarios es necesaria: acompañamos a las personas para que la tecnología no sea una barrera, sino una oportunidad real.

Cuando hablamos de brecha digital, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿A qué segmento afecta?

La brecha digital no es solo tener o no tener Internet. Hoy tiene varias capas. La primera es el acceso: conexión, dispositivos, cobertura. Pero después vienen otras brechas igual de importantes: saber usar la tecnología, entenderla, protegerse, hacer trámites, distinguir información fiable, crear contenidos, encontrar empleo o participar en igualdad de condiciones.

«La brecha digital es el acceso a la tecnología, pero también es saber usarla, entenderla y protegerse»

Afecta especialmente a personas mayores, población rural, mujeres en determinados entornos, personas migrantes, personas con discapacidad, familias con menos recursos, jóvenes vulnerables, pequeñas empresas, autónomos, entidades sociales y personas con bajo nivel de competencias digitales.

¿La tecnología y las redes sociales nos están afectando a la hora de relacionarnos? ¿Tiene esto consecuencias en la atención o el bienestar emocional?

Claro que nos están afectando, aunque no siempre para mal. La tecnología nos permite mantener vínculos, crear comunidad, aprender, participar o encontrar apoyo.

El problema aparece cuando el uso deja de ser consciente y se convierte en exposición constante, dependencia o consumo pasivo. Las notificaciones, el scroll infinito, la comparación social o la presión por estar siempre disponible pueden afectar a la atención, al descanso, a la autoestima y al bienestar emocional.

Después de más de 20 años de Internet en los hogares, ¿hemos aprendido a convivir con el mundo digital? ¿Qué carencias siguen existiendo?

Hemos aprendido a usar muchas herramientas, pero no siempre hemos aprendido a convivir de forma crítica, segura y equilibrada con ellas.

«El debate no es si la IA es buena o mala, sino quién puede usarla, para qué, con qué datos, con qué garantías y con qué capacidad crítica»

La gran carencia sigue siendo educativa y social: necesitamos formación digital a lo largo de toda la vida, no solo en la escuela, y necesitamos que esa formación llegue también a quienes no suelen estar en los espacios donde se habla de tecnología.

¿Qué consecuencias tiene el uso intensivo de pantallas, redes sociales y estímulos constantes? ¿Varían según la edad?

Las consecuencias pueden variar mucho según la edad, el contexto, el tipo de uso y el acompañamiento. En niños y niñas preocupa especialmente cómo afecta al desarrollo de hábitos, sueño, juego, atención y regulación emocional. En adolescentes, además, entra en juego la identidad, la autoestima, la presión del grupo, la validación social, el ciberacoso o la exposición a contenidos inapropiados.

¿Qué papel tiene la educación digital para evitar que la tecnología se convierta en una fuente de aislamiento o dependencia?

Tiene un papel central. La educación digital es la diferencia entre usar la tecnología por inercia y usarla con criterio. No basta con prohibir ni con entregar dispositivos. Hay que enseñar a comprender cómo funcionan las plataformas, cómo se protegen los datos, cómo se detecta una estafa, cómo se verifica una noticia, cómo se gestiona el tiempo de pantalla, cómo se convive en redes y cómo se pide ayuda cuando algo no va bien.

¿Puede la IA ayudar a reducir desigualdades digitales o existe el riesgo de que las amplíe?

Puede hacer las dos cosas. La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para acercar conocimiento, adaptar aprendizajes, facilitar trámites, traducir información, mejorar la accesibilidad o apoyar a pequeñas empresas y entidades sociales.

Pero también puede ampliar desigualdades si solo acceden a ella quienes ya tienen competencias digitales, buen nivel educativo, conectividad, dispositivos adecuados y capacidad para entender sus límites.

¿Qué competencias digitales son hoy imprescindibles?

Hoy necesitamos competencias digitales básicas, pero también competencias críticas. Saber buscar, interpretar y verificar información. Comunicarse y colaborar en entornos digitales. Hacer trámites online con seguridad. Proteger contraseñas, datos e identidad digital. Detectar fraudes, bulos y discursos de odio. Entender cómo funcionan los algoritmos y la IA.

¿Qué oportunidades ofrece un programa como Eje Digital, impulsado junto a Red Eléctrica?

Eje Digital es un ejemplo muy claro de cómo la formación digital puede convertirse en cohesión territorial. La oportunidad principal es que lleva la formación allí donde más falta hace, con cursos gratuitos, adaptados a distintos niveles y necesidades reales.

Si pudierais lanzar un mensaje a instituciones, familias y ciudadanía sobre el futuro digital, ¿cuál sería?

Que el futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás. A las instituciones les diríamos que la digitalización no puede medirse solo por cuántos trámites se ponen online, sino por cuántas personas pueden realizarlos con autonomía y seguridad.

Necesitamos una tecnología al servicio de las personas, abierta, ética, inclusiva, segura y sostenible. Y necesitamos una ciudadanía que no solo consuma tecnología, sino que la comprenda, la cuestione, la use para mejorar su vida y participe en cómo quiere que sea el mundo digital.

COP30, entre las promesas y la acción

Foto: Raimundo Pacco/COP30

La Cumbre del Clima de Brasil, celebrada en el décimo aniversario del Acuerdo de París, acaba sin el compromiso de reducir la explotación y uso de los combustibles fósiles, siendo estos los mayores causantes del cambio climático.


Brasil ha liderado una COP de gran relevancia, marcada por el décimo aniversario del Acuerdo de París. La ha presidido posicionándose abierta y firmemente en un lugar de conciencia, compromiso y defensa del medio natural y en la lucha para mitigar las consecuencias del cambio climático. Así, aprovechó el espacio para presentar su nuevo proyecto, uno de los fondos climáticos más importantes del mundo: el Fondo Bosques Tropicales para Siempre. Al inicio de la cumbre, el gobierno brasileño había recaudado más de cuatro millones y medio de euros para la causa.

Los combustibles fósiles fueron el gran protagonista de la COP, precisamente por el tabú que supusieron. Frente a la Cumbre de Dubai, en el año 2023, donde se mencionó de forma explícita una transición para su abandono, en 2025 no se ha hecho mención alguna en el documento final del encuentro.

La COP30 se celebra en el año más cálido desde que hay registros y finaliza sin un acuerdo acerca de los combustibles fósiles

Los compromisos alcanzados, y aquellos no alcanzados, suponen la hoja de ruta a nivel mundial en materia climática para los próximos 12 meses. Resulta paradójico que, en el décimo aniversario del Acuerdo de París, en el cual se adoptó, no sin esfuerzo, el compromiso de trabajar de manera conjunta para no superar el famoso 1.5ºC de aumento de temperatura al final de este siglo frente a niveles preindustriales, no se haya podido llegar a un consenso en lo que respecta al futuro más inmediato de los combustibles fósiles. Es importante recordar que, según la Organización de Naciones Unidas, estos recursos suponen «más del 75% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) y casi el 90% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2)». Y esto ocurre, aumentando la contradicción, en el año más cálido desde que hay registros.

Esta falta de consenso estuvo, además, marcada por la ausencia de actores clave como Estados Unidos, China o Rusia, lo cual evidenció la ruptura del diálogo y trabajo conjunto en materia climática.

La COP30 pasará a la historia como aquella que dio voz, pero no voto, a las comunidades indígenas

La COP30 también marcó un hito en la historia de las cumbres, pues por primera vez se dio voz a 3.000 indígenas, la mayoría de la Amazonía. Se les dio voz pero no voto, y a pesar de este tímido avance, se dejaron de lado sus reclamaciones, como la protección de sus territorios frente a los macroproyectos que los amenazan, según denuncian algunas de las asociaciones representantes.

El último punto clave es el acuerdo para avanzar hacia una transición justa ante la crisis climática. La sostenibilidad no puede entenderse sin la dimensión de la justicia social, por lo que este acuerdo marca un antes y un después, garantizando la posición central de los derechos humanos dentro de la agenda climática.

Más allá de las COP, el mutirão por la acción climática continúa fuera de los despachos, en manos de una ciudadanía que sostiene la transición hacia un modelo más sostenible, justo y democrático.

La inteligencia artificial, una tecnología clave para mejorar la inclusión

‘Apps’ que describen objetos, transcriben conversaciones o asisten en la conducción muestran cómo el avance de la IA está mejorando la vida de muchas personas con diferentes discapacidades.


En solo unos años, la inteligencia artificial (IA) se ha posicionado como una herramienta tecnológica con un increíble potencial para garantizar la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad, que representan el 16% de la población mundial. Esto se muestra tanto en el diagnóstico como en la asistencia diaria o en la mejora en el acceso a la información o la comunicación. 

En el ámbito de la discapacidad visual, por ejemplo, existen aplicaciones que, mediante el uso de esta tecnología, leen en voz alta textos impresos; plataformas de navegación guiada por voz; o herramientas que permiten a personas ciegas o con baja visión reconocer objetos como billetes, libros o prendas de vestir. En el seminario How can AI help disabled people? se compartieron algunas aplicaciones de «visión asistida», como Seein AI o Be My Eyes («sé mis ojos» en inglés), que describen el entorno o leen textos en tiempo real mediante cámaras e IA. «Como persona ciega, no puedo enfatizar lo suficiente el gran impacto que la IA está teniendo en personas con discapacidades», declaró Robin Christopherson, director de Inclusión Digital en AbilityNet, durante la sesión. 

Tasmin Keyes: «La capacidad de aprender patrones individuales de actividad y adaptarse a las diferencias personales puede ser una verdadera fortaleza y ventaja de la IA»

También hay soluciones para la discapacidad auditiva: aplicaciones que subtitulan conversaciones en tiempo real, algoritmos que interpretan el lenguaje de señas o sistemas que traducen alertas sonoras en señales visuales. Algunos ejemplos de estas aplicaciones son Ava/Roger Voice, un transcriptor de conversaciones; HeardThat, que filtra el ruido de fondo; o el audífono inteligente Orka Two.  

En cuanto a la discapacidad física o motora, la tecnología que utiliza la IA también ha implementado avances innovadores, como prótesis y exoesqueletos inteligentes, sillas de ruedas autónomas o robots de asistencia que ayudan a personas de movilidad reducida en tareas como abrir puertas o alcanzar objetos. 

La IA también puede ser un aliado para las personas con discapacidad cognitiva o intelectual. La aplicación Google Lens utiliza la cámara de los dispositivos para ayudar a identificar objetos, textos y lugares, y proporcionar información sobre ellos; Helpicto traduce textos en imágenes para facilitar su comprensión; Goblin Tools simplifica listas de tareas; y los asistentes de inteligencia artificial de PLACEAT adaptan textos con ChatGPT para convertirlos en lectura accesible. 

Para 2050, 3,5 mil millones de personas necesitarán uno o más productos de asistencia. Uno de los principales desafíos que tiene la IA es no dejar a nadie atrás.

Finalmente, en los casos de daño cerebral, la IA puede ayudar a paliar problemas relacionados como la pérdida de memoria, la fatiga o la dificultad para establecer metas. «La capacidad de aprender patrones individuales de actividad y adaptarse a las diferencias personales puede ser una verdadera fortaleza y ventaja de la IA», subraya Tasmin Keyes, directora de la Brain Injury Association. Un ejemplo de ello, son los vehículos automatizados, ya que conducir se convierte en una actividad muy difícil cuando se tiene una lesión cerebral, puesto que requiere combinar habilidades como mantener la atención o reaccionar ante peligros en muy poco tiempo. Asimismo, los asistentes digitales o las tecnologías inteligentes para el hogar (enchufes, cerraduras y electrodomésticos) son útiles para preservar la seguridad doméstica de personas con daño cerebral. También existen aplicaciones que ayudan a la comunicación con personas con parálisis cerebral, como los proyectos Euphonia/Relate o Parrotron. 

Estas tecnologías también presentan riesgos para las personas con discapacidad: problemas de accesibilidad, algoritmos sesgados, discriminación de grupos vulnerables o sistemas incapaces de comprender la diversidad humana o comunicativa. En este sentido, uno de los principales desafíos que tiene la IA es que la transformación que supone no deje a nadie atrás en un mundo muy desigual, y en el que para 2050 se prevé que 3,5 mil millones de personas necesitarán uno o más productos de asistencia. Sin embargo, y aun reconociendo los dilemas éticos de este campo en rapidísima evolución, «la IA tiene un gran potencial y posibilidades», concluye Keyes. 

El amor por el medioambiente, ¿punky?

Contrastando con el cyberpunk, varios movimientos y corrientes literarias buscan salir de la negatividad por el futuro y crear mundos alternativos sostenibles, donde darle a la naturaleza el espacio que se merece.


Ante la crisis medioambiental, varios estudiosos insisten en la idea de que la culpabilización y la llamada al esfuerzo no son una vía efectiva para promover la acción. Lo que sí se cree más eficaz es imaginar un futuro mejor, e intentar llegar a él. En ese camino están el solarpunk, el greenpunk y el tidalpunk.

Historias como las de Blade Runner, Matrix o Terminator forman parte de lo que se denomina cyberpunk. Este movimiento de ficción ha creado distopías en las que las personas estamos en constante conflicto con la tecnología, y la naturaleza ha quedado completamente relegada. Dejando a un lado su valor creativo y capacidad de entretenimiento, estas historias ficticias más que animarnos a construir un futuro mejor, nos amedrentan y producen inseguridades. 

En los últimos años están cogiendo fuerza corrientes culturales y subgéneros de la ficción especulativa como el solarpunk, el greenpunk y el tidalpunk

Afortunadamente, en los últimos años están cogiendo fuerza otras corrientes culturales y subgéneros de la ficción especulativa. Estos movimientos imaginan futuros sostenibles, felices y justos, donde la tecnología sirve para mejorar la vida de las personas y es, además, necesaria para enfrentarse a los grandes desafíos de la humanidad.

El término solarpunk aparece por primera vez en 2008, e intenta imaginarse de una forma más o menos realista una civilización futura sostenible y en armonía con la naturaleza. En el 2019 vio la luz el primer Manifiesto Solarpunk, firmado por una comunidad del mismo nombre. En él se define el solarpunk tanto como un movimiento como un género literario, y se defiende la ciencia ficción como una forma de activismo, ya que para construir un mundo mejor primero hay que pensarlo e imaginarlo.

En los mundos imaginados dentro del solarpunk, nunca faltan los jardines o las placas solares, y las ciudades verdes con agricultura urbana son una de las metas a conseguir.

En una línea muy parecida nació hacia la década del 2010 el greenpunk. Es, al igual que el solarpunk, un movimiento a favor de un futuro natural pero tecnológicamente avanzado, aunque tiene sus pequeños matices. 

La ciencia ficción puede ser una forma de activismo, ya que para construir un mundo mejor primero hay que pensarlo e imaginarlo

A diferencia del solarpunk que se enfoca más en el uso de energías renovables y tecnologías limpias, el greenpunk se centra en la lucha medioambiental. A menudo se presenta como una visión más realista que la del solarpunk. En las obras dentro de la corriente greenpunk se aprecia un notable protagonismo de la naturaleza, junto con una sociedad ecologista que vive dentro de las leyes naturales. Destacan en este movimiento literario la novela de J. G. Ballard, The Drowned World o la producción filmográfica de Hayao Miyazaki, entre otros.

De la tierra al mar, el tidalpunk se apropia de la conciencia ambiental y la tecnología del solarpunk y elige como escenario el alta mar. A causa de la subida del nivel del mar provocada por el cambio climático y la sobrepoblación en tierra firme, el tidalpunk imagina posibles alternativas futuras. Esta situación utópica pretende impulsar iniciativas como el uso de veleros gigantes como buques de carga, la implantación de la agricultura oceánica o la propulsión de la energía eólica marina.

Ciudades con jardines, agricultura urbana, edificios rodeados de naturaleza, energía verde… Puede parecer ficticio, pero podríamos estar más cerca de lo que imaginamos; y puestos a imaginar, ¿por qué no crear mundos mejores?

Insecticultura: la práctica de cultivar bichos

La insecticultura o ganadería de insectos está en auge y no es de extrañar. Integrar los insectos en nuestra dieta diaria puede ayudar a mitigar el cambio climático, además de ser beneficioso para la salud. 


El inicio de la agricultura fue uno de los eventos más importantes en la historia de la humanidad. Nos permitió producir nuestro propio alimento y controlar las cosechas. Actualmente, otra nueva práctica se está extendiendo por todo el mundo, una que, en un contexto de crisis climática, puede llegar a modificar nuestra forma de alimentarnos. Hablamos de la insecticultura o ganadería de insectos.

En muchos países, los bichos son un alimento muy común. Aunque en España esta práctica aún produce choque cultural, en nuestro país existen ejemplos de ganadería de insectos, y muchas de estas empresas forman parte de Apoinsecta, la Asociación Profesional Nacional para la insecticultura en España. Pero ¿qué es exactamente la insectitultura? 

La ingesta de insectos como fuente de proteína reduciría en gran cantidad los gases de efecto invernadero

Esta práctica consiste en criar y producir insectos de manera controlada y a gran escala. Los insectos se almacenan comúnmente en bandejas o contenedores que se van apilando de forma vertical. Junto con los insectos, se va añadiendo el pienso del que se alimentan para crecer, y se controlan la temperatura y la humedad para optimizar su correcto desarrollo. 

¿Y por qué comer insectos? Según los expertos, sustituir ciertos alimentos por bichos nos podría aportar beneficios en varios aspectos. Por un lado, la ingesta de insectos como fuente de proteína reduciría en gran cantidad los gases de efecto invernadero. Según la Organización de las Naciones Unidas, más de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que producimos está relacionada con los alimentos. De estos alimentos, especialmente las carnes rojas se asocian con mayores tasas de emisión de gases de efecto invernadero. En cambio, las proteínas procedentes de insectos ofrecen perspectivas prometedoras, ya que su producción requiere un menor consumo de alimentos, agua y terreno y, además, genera menos cantidad de gases de efecto invernadero.

Los insectos se pueden transformar en harinas y suplementos alimentarios, o añadirlos en piensos

Pero, además de los beneficios medioambientales que nos puede aportar la insecticultura, los insectos también pueden ser un alimento muy saludable. Ya hemos mencionado su alto contenido proteico, que puede rondar entre 40 o 50 gramos por cada 100 gramos de insecto. Además, ciertas especies también son ricas en Omega 3, fibra y micronutrientes.

Dicho esto, el destino de los insectos producidos por la insecticultura no siempre es el paladar humano, y ni siquiera a veces la ingesta íntegra del animal. Por medio de distintos procesos, se pueden hacer harinas, suplementos alimenticios, e incluso se pueden utilizar los insectos como alimento vivo para otros animales y para producción de piensos. 

Hoy por hoy, existen más de 2.000 especies comestibles de insectos y arácnidos conocidas, y es de esperar que el número aumente si la insecticultura sigue en auge. La forma en la que nos alimentamos influye directamente en la Tierra, y buscar alternativas más sostenibles y eficientes es y será una buena herramienta para hacer frente a la crisis climática y a la inseguridad alimentaria. 

El patrimonio cultural y ambiental, y la necesidad de protegerlos por igual

El avance hacia la sostenibilidad ambiental y la transición energética debe ser necesariamente compatible con la protección y conservación del patrimonio ambiental y cultural como un legado histórico común a preservar. Las actuaciones llevadas a cabo y analizadas en las Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética, coorganizadas por el Museo Arqueológico Nacional y Red Eléctrica, han demostrado que fomentar la protección y difusión del patrimonio arqueológico aporta un gran impacto neto positivo en el entorno.


El patrimonio cultural y el natural comparten un valor irreemplazable. El primero se relaciona con bienes materiales como monumentos u obras de arte, y el segundo, con ecosistemas y biodiversidad. Pero ambos enfrentan amenazas comunes como el cambio climático, el turismo masivo e irresponsable, la contaminación y los cambios en los usos del suelo y el territorio.

Por ello, tejer alianzas para fomentar la conservación, investigación y difusión del patrimonio tanto natural como arqueológico adquiere cada vez una mayor importancia a la hora de demostrar un compromiso real con la sostenibilidad desde las empresas y las instituciones públicas. El objetivo es garantizar que el desarrollo de infraestructuras necesarias para avanzar en la transición ecológica, como las energéticas, es totalmente compatible con la conservación del patrimonio natural y cultural.

Este es uno de los motivos por los que, en la planificación de proyectos, se estudian todos los aspectos culturales y patrimoniales en las evaluaciones de impacto ambiental, de manera que permita garantizar que no se dañen sitios históricos y que no afecten negativamente al entorno natural.

Tejer alianzas para conservar, investigar y difundir el patrimonio arqueológico refuerza el compromiso con la sostenibilidad

La protección del patrimonio cultural es un aspecto fundamental en el diseño y construcción de instalaciones de Red Eléctrica, que aplica su metodología en la gestión y protección del tesoro común que es el patrimonio arqueológico. Así, antes de iniciar cualquier movimiento de tierras, la compañía hace una prospección arqueológica del terreno y diseña sus infraestructuras de manera que el trazado se integre de manera respetuosa en el entorno, minimizando cualquier posible impacto. Un ejemplo de buenas prácticas para la conservación del patrimonio tanto cultural como ambiental en este sentido es Redeia que, a través de su filial  Red Eléctrica,  y en el marco de su actividad en la operación del sistema eléctrico, ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales a lo largo de todo el territorio nacional y ha descubierto más de 40 yacimientos relevantes pertenecientes a diferentes épocas históricas en los últimos años.

Este asunto se ha puesto sobre la mesa en las primeras Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética organizadas por la filial de Redeia y el Ministerio de Cultura. En el marco incomparable del Museo Arqueológico Nacional, más de 25 ponentes y más de 200 participantes procedentes de diversos sectores han abordado alianzas que permitan proteger con las máximas garantías el patrimonio cultural y, al mismo tiempo, facilitar las infraestructuras que permitan impulsar la transición ecológica.

La directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Ángeles Albert; la directora del MAN, Isabel Izquierdo, y la presidenta de Redeia, Beatriz Corredor, acompañadas por representantes de Redeia en el Museo Arqueológico Nacional.

Avanzar hacia la mejora de la calidad de vida y hacia la transición energética no es incompatible con cuidar y proteger los entornos que nos rodean, ya sea en su faceta puramente natural o en la creada por la mano del hombre. Por otro lado, también existen beneficios a la hora de generar impacto positivo en el territorio y en la sociedad, beneficios que son posibles de la mano de la integración y preservación del patrimonio cultural y ambiental a través del desarrollo e integración de infraestructuras. Por ejemplo, Redeia ha recuperado y musealizado en Fuerteventura, para disfrute y aprendizaje del conjunto de la sociedad, un conjunto de casamatas, las únicas baterías de defensa aérea que existen de la Segunda Guerra Mundial en España contra Alemania. Acciones como esta permiten no sólo conservar y proteger el patrimonio y el legado histórico, sino que también se convierten en un recurso cultural y pueden contribuir positivamente a la economía local del lugar.

Además, Redeia hace posible  iniciativas de conservación, restauración y musealización de yacimientos o bienes culturales. Así, durante la celebración de las jornadas, su presidenta, Beatriz Corredor, destacó el compromiso de la compañía con «la protección y conservación del patrimonio arqueológico, etnográfico y cultural como un aspecto fundamental» en el desarrollo de sus infraestructuras eléctricas, un factor que aporta un gran impacto neto positivo en el entorno, según el último informe de Sostenibilidad.

Red Eléctrica ha desplegado en los últimos años más de 300 actuaciones patrimoniales en el territorio nacional

Para muestra, un botón. Entre los hallazgos más destacados, Redeia ha destacado las  huellas de dinosaurios descubiertas en la provincia de Soria, restos de la ciudad romana de Isturgi, en Jaén, y evidencias de, al menos, cinco yacimientos de diferentes épocas, desde la romana hasta la Segunda Guerra Mundial. Estos vestigios se detectaron gracias al cuidado en las prospecciones que lleva a cabo Redeia, que cuenta con arqueólogos que se encargan de detectar, documentar y salvaguardar este patrimonio para el futuro.

Está claro que estas actuaciones, hallazgos e inversiones permiten no solo cuidar y transmitir a las generaciones venideras un legado de un valor incalculable, sino también avanzar de la mano en la protección patrimonial y en la sostenibilidad ambiental, así como encarar los retos a los que se enfrenta el proceso de transición energética, convirtiéndose el fomento de la promoción del patrimonio cultural en un agente de lucha contra el cambio climático.

Durante estas primeras  Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética ha quedado demostrado que es posible proteger el medioambiente y avanzar en la transición energética sin renunciar al magnífico legado histórico y cultural español.

Ciudades que luchan por no desaparecer

El cambio climático está acelerando un fenómeno alarmante en varias grandes urbes del mundo: el hundimiento del suelo combinado con la subida del nivel del mar. Factores como la extracción excesiva de agua subterránea, el peso de los edificios y el deshielo polar están acelerando este binomio letal que podría enterrar ciudades icónicas como Nueva York, Venecia o Yakarta. 


El suelo se hunde bajo nuestros pies. Se trata de un fenómeno conocido como subsidencia, que ocurre de manera natural, pero se ha visto acelerado durante las últimas décadas por la actividad humana. En muchas ciudades, la extracción excesiva de agua subterránea, petróleo o gas natural, la minería o las grandes excavaciones y voladuras están provocando el hundimiento del suelo. Cuando se extrae demasiada agua del subsuelo, por ejemplo, los acuíferos se vacían y el suelo se compacta, lo que provoca que la superficie de la ciudad descienda. Según los expertos, en 2040 aproximadamente el 19% de la población mundial podría verse afectada por el hundimiento de tierras.

Yakarta, la capital de Indonesia, es la ciudad que más rápido se está hundiendo del mundo, debido a la extracción de agua potable y al peso de sus grandes edificaciones. En algunas zonas del norte de la ciudad, el hundimiento supera los 25 centímetros anuales. De no tomarse medidas, partes de esta megalópolis podrían quedar completamente sumergidas para 2050. La situación es tan grave que el gobierno de Indonesia ha tomado la drástica decisión de trasladar la capital a una nueva ubicación en la isla de Borneo.

La subsidencia es el hundimiento paulatino del suelo, normalmente debido a causas naturales pero acelerado por la acción del hombre

Otro ejemplo extremo es Ciudad de México, que al estar construida sobre los sedimentos de un antiguo lago es particularmente vulnerable a la subsidencia. Según estudios recientes, algunas partes de la ciudad se hunden hasta 50 centímetros al año debido a la extracción de agua subterránea.

El suelo se hunde, pero no es ese el único problema al que se enfrentan estos territorios. El suelo baja y, además, el agua sube. El cambio climático está provocando un aumento del nivel del mar debido al derretimiento de los glaciares y a la expansión térmica del agua. Se estima que el nivel del mar podría aumentar entre 60 y 110 centímetros para finales del siglo XXI, lo que tendrá un impacto devastador, especialmente en las ciudades costeras.

Cada vez son más los titulares que alertan de que Venecia se está hundiendo en su propia laguna. Las “alta acqua”, o mareas altas, no son nuevas en la ciudad. Llevan siglos produciéndose cuando se juntan tres factores: la marea astronómica, el viento de siroco y la presión. Sin embargo, recientemente el fenómeno ha tomado por sorpresa hasta a los propios habitantes de la Signoria. Los expertos alertan de que para 2100 la ciudad podría quedar completamente sepultada bajo el mar. 

El hundimiento del suelo y la subida del nivel del mar se han incrementado por el cambio climático

Nueva York es otro claro ejemplo de metrópoli amenazada por la subida del nivel del mar. La ciudad ya vivió una situación extrema durante el huracán Sandy en 2012, cuando el aumento del nivel del mar intensificó las inundaciones, causando daños masivos. A pesar de las medidas de protección implementadas tras el desastre, como muros de contención y sistemas de drenaje mejorados, la amenaza sigue latente.

Enfrentando la amenaza

A nivel global, las ciudades más amenazadas han comenzado a adoptar medidas que van desde el uso de tecnologías innovadoras hasta infraestructuras sostenibles. En Ciudad de México se trabaja en reducir la extracción de agua subterránea mediante alternativas como la recolección de lluvia y el tratamiento de aguas residuales. Por su parte, en Yakarta se está construyendo un gran dique para frenar las inundaciones y en Nueva York se ha desarrollado el proyecto Big U, un sistema de diques y parques que busca proteger Manhattan y crear espacios resilientes frente al cambio climático.

Es fundamental que los gobiernos, las empresas y la sociedad civil trabajen juntos para desarrollar soluciones sostenibles que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, protejan los ecosistemas naturales y mejoren la resiliencia de las ciudades. La inversión en infraestructura verde, el uso responsable de los recursos y la planificación urbana adaptativa serán claves para evitar el hundimiento y la pérdida irreversible de nuestras urbes.

El cambio climático, el fantasma de las Navidades futuras

La típica estampa navideña podría cambiar con la emergencia climática: los abetos, la nieve, la iluminación callejera y hasta los alimentos que ingerimos en estas fechas podrían verse alterados por el aumento de las temperaturas.


Con la llegada de la Navidad, las luces en las calles hacen que todo parezca más alegre. Sin embargo, el cambio climático, ajeno al espíritu navideño, sigue su avance. ¿Hasta qué punto cambiará las Navidades en el futuro? ¿Tendremos abetos navideños? ¿Será más difícil conseguir algunos alimentos festivos? ¿Ya no habrá nieve?

Los árboles de Navidad son el símbolo más reconocible de este periodo del año. Pero la emergencia climática está afectando su producción. Las altas temperaturas han desplazado las nevadas masivas que normalmente experimentaban países como Nueva Escocia y Canadá en otoño. Sin heladas previas que endurezcan al abeto balsámico, difícilmente podrán conservar sus agujas mucho tiempo después de ser cortados. Además, el aumento de las plagas de insectos también afecta a esta producción, sobre todo en México. «Solo se puede actuar teniendo recursos humanos capacitados para contener las plagas», señala el director de Inspección de Vida Silvestre y Fitosanitaria en Puertos, Aeropuertos y Frontera de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, Javier Navarrete

Los cambios de temperatura afectan la duración de la temporada de nieve y el volumen de nieve acumulada

En cuanto a la nieve, la modificación de la temperatura causada por el cambio climático impacta sobre las nevadas, la duración de la temporada de nieve y el volumen de nieve acumulada. En este sentido, existe consenso en la comunidad científica sobre que el calentamiento global está adelantando la fusión de la nieve. Algunos estudios han demostrado que el 78% de las zonas de montaña a escala global desde hace dos décadas están experimentando una disminución en la superficie nevada. 

Al respecto de la típica decoración estacional, el riesgo que supone el cambio climático sobre la seguridad energética podría llevar a replantear la iluminación navideña en las calles. Miles de millones de bombillas consumen una energía cada vez más valiosa y que no siempre procede de fuentes renovables. Según la Organización Meteorológica Mundial, el suministro de electricidad procedente de fuentes de energía limpia debe duplicarse en los próximos ocho años para limitar el aumento de la temperatura mundial y evitar socavar la seguridad energética e, incluso, poner en peligro el suministro de energías renovables. 

Los efectos del cambio climático afectan gravemente la producción de ciertos alimentos, como el trigo, la cebada, el cacao, el café y la miel

Por otro lado, es posible que, en apenas unas décadas, los alimentos de nuestros platos navideños cambien. Los efectos del cambio climático afectan gravemente a la producción de ciertos alimentos, como el trigo o la cebada, pero también el cacao, el café y la miel. Además, las regiones vinícolas como Sudáfrica, Chile, Australia, España e Italia ya se han visto golpeadas por el cambio climático. La Organización Internacional de la Viña y el Vino afirma que en 2023 la bebida alcanzó su nivel más bajo desde 1962. Según un informe de la entidad, esto se debe a las condiciones ambientales extremas, incluidas las sequías y los incendios. 

Estos datos nos invitan a reflexionar sobre cómo queremos que sean las Navidades futuras así como a plantearnos qué pasos son necesarios para conseguir que los árboles, las luces, las nieve y las comidas tradicionales no desaparezcan de la estampa navideña.

COP29: invertir en la sostenibilidad del planeta

Entre el 11 y el 24 de noviembre se celebró en Bakú (Azerbaiyán) la XXIX Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP29). En la agenda de los casi 200 países representados, el objetivo clave era incrementar la financiación para combatir el cambio climático.


El pasado 24 de noviembre finalizó la COP29, esto es, la vigésimo novena reunión de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que congregó en Bakú (Azerbaiyán) a representantes de casi 200 países. La prioridad máxima de este encuentro, de vital importancia para el futuro de nuestro planeta, era alcanzar un objetivo de financiación ambicioso que garantice a todos los países los medios necesarios para frenar el cambio climático.

El acuerdo alcanzado sitúa en 300.000 millones de dólares anuales el capital que aportarán los países desarrollados en 2035 para financiar la lucha contra el cambio climático y permitir a los países en vías de desarrollo adoptar medidas que reduzcan sus emisiones de CO2.

Ampliar la financiación climática es imprescindible para que los países en vías de desarrollo puedan implementar medidas que mitiguen la emisión de CO2

Pero la Conferencia, que tenía fijada su fecha de finalización el viernes 22, no concluyó hasta dos días después. Esta demora está empezando a convertirse en costumbre dada la dificultad para alcanzar consenso en los últimos años y porque las delegaciones no desisten hasta concluir la reunión con acuerdo, que debe alcanzarse por unanimidad El motivo fueron las duras negociaciones que se entablaron entre los congregados, debido a que la financiación acordada queda muy lejos de las expectativas de los países en vías de desarrollo. Estos consideraban imprescindible llegar a 1,3 billones de dólares anuales, una cantidad que no ha sido aprobada, aunque el acuerdo incluye una mención al desarrollo de una hoja de ruta que permita alcanzarla. Los acuerdos sobre financiación, de hecho, suelen ser uno de los aspectos más complejos en las COP.

Los países de Europa, Estados Unidos y Canadá son las economías desarrolladas que aportarán estos fondos, pero no lo harán los países del golfo Pérsico, cuyas economías se basan en los combustibles fósiles, y China, el segundo país más contaminante del planeta. Una vez más, Europa ve desatendida una de sus principales demandas.

La cuestión de los combustibles fósiles es, también desde hace años, otra de las claves de estas conferencias, pero en la COP29 no se han logrado acuerdos para cumplir la promesa de la pasada COP28 de ir abandonando gradualmente dichos combustibles y triplicar la capacidad de las energías renovables en la presente década. 

En la COP29 se alcanzó un acuerdo que permite el funcionamiento de un mercado del carbono que penalice a los países más contaminantes

Sí ha resultado positivo el acuerdo logrado para que los países comiencen a establecer créditos de carbono para financiarse o compensar sus emisiones. Se abre la puerta, por tanto, a un mercado del carbono. Estos créditos son permisos de emisiones de CO2, de los que cada país cuenta con un número limitado. Para adquirir nuevos créditos es imprescindible comprarlos a otro país u obtenerlos invirtiendo en proyectos que mitiguen la emisión de gases de efecto invernadero. Este mercado del carbono que penaliza a los países más contaminantes es una demanda que viene de lejos, y por vez primera se ha acordado establecer las normas para regularlo.

También ha resultado muy positivo el seguimiento de los informes de transparencia que presentan los países en materia de políticas climáticas. Hasta la fecha, 13 de los países partes han presentado su primer Informe Bienal de Transparencia. Estos se someterán a un estricto proceso de revisión, por parte de expertos técnicos, que ayude a la puesta en común de los progresos realizados y la implementación de las necesarias mejoras.

Aunque se considera que esta Conferencia ha logrado únicamente un acuerdo de mínimos, supone una transición positiva para la COP30, que se celebrará en 2025 en Belém (Brasil) y constatará si las medidas adoptadas han sido efectivas para avanzar en la necesaria lucha contra el cambio climático.