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Ángeles Alvariño: la mujer que cambió la forma de entender los océanos

Dedicada a la investigación y a la divulgación de la vida en los océanos, la calidad de su trabajo le llevó a lo más alto y a merecer las máximas distinciones, como la de ser la única investigadora española incluida en la Encyclopedia of World Scientists. La vida submarina, sin ella, definitivamente no sería la que conocemos hoy.

El 3 de octubre de 2021, Google le dedicó un doodle por el aniversario 105 de su nacimiento. Nadie cuya vida y obra no hayan cambiado la historia merecen esa distinción en estos tiempos digitales. Sin ella, sin su obra, su vocación y entrega absoluta al estudio del mar yy de quienes habitan en él, las ciencias oceanográficas hoy estarían incompletas. Gracias a su trabajo, veintidós especies marinas son conocidas, y, como reconocimiento, su apellido forma parte de la taxonomía de algunas medusas y otros animales que forman parte del placton. Ella es, sin duda alguna, una de las glorias científicas de España, y para muestra de ello basta con constatar que ha sido la única mujer de los cuatro científicos españoles con el honor de estar incluida en la Encyclopedia of World Scientists, un prestigioso compendio en el que se destacan los nombres de los mil científicos más prestigiosos e importantes de la historia. 

Alvariño es la única investigadora española incluida en la prestigiosa Encyclopedia of World Scientists, en la que están los nombres de los mil científicos más importantes de la historia

María de los Ángeles Alvariño (Serantes, 1916 - La Jolla, California, 2005) fue una precursora en toda regla. Nacida en la Galicia profunda, estuvo en contacto con la ciencia y las artes desde muy pequeña: fue la hija del médico del pueblo, y su madre era pianista; y a los tres años, ya sabía leer y escribir y tenía conocimientos de piano y teoría musical. Esa, quizá, fue la semilla que sembraron sus padres en ella y que germinó en la pasión por la ciencia, una virtud que no tardó en dar los frutos que cambiaron la historia de la investigación oceanográfica en el mundo. 

De vocación científica innegable, cursó estudios de Bachillerato Universitario de Ciencias y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, los cuales concluyó exitosamente con los trabajos titulados Insectos sociales y Las mujeres en el Quijote. Pero sus ímpetus académicos no estaban saciados, así que decidió seguir su formación en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid. No obstante, aquellos estudios quedaron interrumpidos debido al estallido de la Guerra Civil, una situación que la obligó a radicarse nuevamente en su Galicia natal. Durante esos días tan convulsos, Alvariño aprovechó el tiempo para estudiar inglés, francés y alemán, pero también descubrió su pasión investigadora volcada en las aguas gallegas. 

Cuando aquel negro episodio en la historia del país finalizó Ángeles Alvariño regresó a la capital para culminar sus estudios y se casó con Eugenio Leira Manso, un capitán de la Marina de Guerra Española, y Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Continuó con sus investigaciones y finalmente fue admitida (a pesar de que en aquel entonces el acceso a las mujeres no estaba permitido) en el Instituto Español de Oceanografía. 

En 1952 obtuvo una plaza como investigadora en el Centro Oceanográfico de Vigo, donde comenzó a investigar en profundidad el zooplancton (un tema en el que se especializaría más tarde y en el que quedarían muchas de sus mayores aportaciones a las ciencias del mar).

Su carrera fue meteórica. Gracias a la calidad de su trabajo, en 1953, el British Council le concedió una beca para seguir con sus investigaciones acerca del zooplancton en el Laboratorio inglés de Plymouth. Ese hecho le valió otro hito en su vida: convertirse en la primera científica en subirse a un buque oceanográfico británico, el Sarsia.

Un referente en Estados Unidos, pero con bandera gallega

Llegó el momento en que el viejo mundo le quedó pequeño a una mujer que nació para dedicar todos sus talentos al conocimiento de los mares, y en 1956 ya había cruzado el Atlántico para instalarse en Estados Unidos, país en el que obtuvo la nacionalidad y los máximos reconocimientos científicos. Todo fue gracias a una subvención de la Comisión Fullbright, con la que pudo continuar con sus investigaciones en el Instituto Oceanográfico Woods Hole (Massachusetts). Y, no mucho más tarde, bajo una recomendación de la prestigiosa oceanógrafa Mary Sears, Alvariño llegó al Scripps Institution of Oceanography en La Jolla (San Diego, California). 

En 1967 obtuvo el doctorado y en 1969 publicó sus últimas investigaciones para el Instituto Español Oceanográfico, un compilado de sus trabajos realizados entre 1952 y 1965 titulado Los quetognatos del Atlántico, distribución y notas esenciales, en la que ilustra detalladamente más de treinta especies marinas descubiertas por ella.

Su carrera investigadora recibió reconocimientos y distinciones en ambos lados del Atlántico. Uno de ellos fue el cargo que obtuvo como bióloga investigadora en la agencia Southwest Fisheries Center (SWFC, donde desarrolló estudios esenciales sobre la albacora, un pez que hoy conocemos como bonito del norte. 

Fue una precursora en las ciencias del mar y en la lucha por la igualdad de oportunidades de la mujer, tanto en España como en Estados Unidos

Aun así, a pesar de haber tenido una carrera meteórica y brillante, Alvariño padeció la discriminación por cuestiones de género. Y eso mismo fue lo que denunció ante el Gobierno de Estados Unidos, en 1977, mediante una carta que llevaba una copia dirigida al mismo Jimmy Carter (presidente estadounidense en aquel entonces). Durante los siete años que trabajó en el SWFC, ella misma constató que todos los cargos superiores siempre eran ocupados por hombres, y en su denuncia fue clara y contundente: la cuestión era “discriminación por género”. Aquel alzamiento de voz la convirtió en un referente de la defensa de los derechos laborales de las mujeres. Sí, una gallega, investigadora de primer nivel, defendió a sus compañeras científicas hace más de cuarenta años. 

Muchos años antes de su muerte en 2005, María de los Ángeles Alvariño ya era considerada como la máxima autoridad respecto al zooplancton. Y por toda su brillante carrera recibió, desde 1976, incontables distinciones en el mundo entero y por parte de prestigiosas instituciones académicas como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de San Diego, el Instituto Politécnico Nacional (México), la Universidad Federal de Panamá, entre otras. Y su tierra no fue la excepción, pues la Real Academia Gallega de Ciencias le rindió un homenaje el Día de la Ciencia en Galicia (celebrado el 1 de junio). Y, por si fuera poco, su nombre quedó inmortalizado en un buque oceanográfico que entró en servicio en 2012.

Su nombre, en la historia de la investigación científica de los océanos, está escrito con letras de oro. Su vida y obra, inspiradoras en todo rubro, son un ejemplo para las nuevas generaciones de investigadores e investigadoras en el mundo entero pero, sobre todo, en España y en Estados Unidos, los dos países en los que Ángeles Alvariño creció, se formó y desarrolló una brillante carrera que hoy nos permite entender las ciencias oceanográficas con mayor profundidad. 

Miguel Delibes de Castro: el hombre con la última palabra sobre el lince ibérico y Doñana

Hacia finales de los años ochenta, Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) jugaba con una frase que sugería que el Parque de Doñana «servía» para lo mismo que el Museo del Prado; en pocas palabras: «Para nada». Por supuesto, se trataba de una broma con una buena dosis de ironía con la que exaltaba la innegable importancia de ambos: «Doñana es un patrimonio mundial, un patrimonio de la humanidad, una herencia natural, porque no solo las culturales son herencias que hay que respetar», zanjaba en una entrevista para Canal Sur en 1989.

El distinguido biólogo y experto en la conservación del Parque de Doñana como patrimonio de la humanidad participa en la mesa redonda «Cambio climático y biodiversidad, dos caras de la misma moneda» de las Jornadas de Sostenibilidad de Redeia.

Sin embargo, más allá de aquella puntiaguda broma con la que Delibes intentaba poner sobre la mesa el inmenso e irrenunciable valor patrimonial que tiene el que está considerado como uno de los santuarios naturales de España, su opinión se centraba también en la importancia de una las especies más emblemáticas del sur de Europa, es decir, del lince ibérico. «Si alguien dice que al lince le ha llegado su hora, y que qué más da que se extinga, pues sería como perder a Mozart. Nadie se murió por la falta de Mozart, y nadie se va a morir por la falta de linces, pero el mundo y la humanidad sí que estarían perdiendo una parte muy importante de sí mismos sin ellos», agregó por aquel entonces.

Delibes de Castro es la máxima autoridad en el país sobre el lince ibérico, pues fue, durante doce años, director de la Estación Biológica de Doñana. Además, es un reconocido biólogo, profesor e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre las distinciones que ha recibido por su dilatada carrera divulgativa y científica se encuentran el Premio Nacional de Medio Ambiente (2001), el Premio Rey Jaime I de Protección del Medio Ambiente (2003), el Premio nacional de Investigación Alejandro Malaspina (2005), además de es parte de la Selección Española de la Ciencia (2016). También ha sido distinguido con el Premio del Mérito de la Conservación del WWF International, y fue merecedor de la Medalla de Andalucía al Mérito Medioambiental (2022).

Miguel Delibes de Castro es la máxima autoridad en cuanto al lince ibérico y la Estación Biológica de Doñana

Un dato interesante sobre su trayectoria es que, cuando hacía su tesis, trabajó con Félix Rodríguez de la Fuente (el gran referente español de la divulgación ambientalista y naturalista de las últimas décadas gracias a su programa El hombre y la Tierra), y fue precisamente él quien le mostró cómo escribir para que sus historias llegaran a la gente y se interesaran cada vez más por las cuestiones medioambientales. No mucho más tarde llegaría a la mencionada Estación de Doñana, pero antes de eso, en 1983, fue uno de los firmantes del Manifiesto de Tenerife: el texto precursor del ecologismo político en España.

Entrar en su obra publicada merecería un texto aparte; aun así, cualquier perfil biográfico suyo quedaría incompleto sin citar obras como La naturaleza en peligro (Destino, 2005), La tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos? (Destino, 2005), una pieza elaborada con la coautoría de su padre, el novelista Miguel Delibes, y Cuaderno de campo de la naturaleza española (J. M. Reyero, 1995). Cabe mencionar que durante su juventud fue redactor de la Enciclopedia Salvat de la fauna, cuya dirección y coordinación estuvo a cargo del mismo Rodríguez de la Fuente.

Y es que son décadas las que lleva Miguel Delibes de Castro luchando por la conservación del lince ibérico. Hoy, los números del que está considerado como el felino más preciado de España y Portugal son alentadores, y sugieren que su recuperación en la naturaleza está siendo todo un éxito, pero no siempre fue así. A principios de este siglo estuvo a punto de extinguirse (en 2002 quedaban menos de 100 ejemplares). En una entrevista de 2003 del diario ABC, Delibes llegó a sostener que, de no ponerse en marcha con urgencia un plan para la cría y conservación del lince, sería prácticamente «un muerto viviente». Afortunadamente, ahora mismo, en 2022, la realidad ya es otra: en uno de los últimos censos realizados, el número de linces fue de 1400 (se calcula que para que esté fuera de peligro son necesarios entre 3000 y 3500 ejemplares).

El lince ibérico vive un «milagro», pues sus números se han recuperado notablemente después de haber sorteado la extinción a principios de siglo

El espacio natural de Doñana es, sin duda alguna, uno de los corazones silvestres de nuestro país y representa a la naturaleza peninsular en su estado más puro. No obstante, es un sitio que ha sufrido, por ejemplo, incendios, como el del trágico junio de 2017. Además, esta «joya» medioambiental es uno de los lugares más afectados por el impacto del cambio climático. Hoy, gracias a los incontables esfuerzos de las administraciones y de la sociedad civil, se recupera y aparece como un santuario para el lince.

Es precisamente el calentamiento global lo que está definiendo las agendas internacionales de muchos países europeos, y España no es la excepción, pues es una de las grandes causas de la desertificación. Por eso mismo, la extensa labor que Miguel Delibes de Castro lleva haciendo desde hace más de cuatro décadas para conservar y mantener sanos los ecosistemas más preciados del país resulta una labor invaluable hoy más que nunca.