Categoría: Agenda 2030

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales. 

Zoos, ¿transformación o fin?

Desde los espectáculos romanos hasta los primeros zoológicos, la interacción humana con animales con el fin de exhibirlos ha evolucionado a lo largo de la historia. Hoy, en un contexto de creciente conciencia sobre el bienestar animal, los zoos redefinen su propósito, convirtiéndose en centros cruciales para la investigación científica, la recuperación de especies y la educación ambiental, como demuestran los esfuerzos del Zoo de Praga, el de Jersey o el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria. 


La utilización de los animales como espectáculo viene de largo. Desde los combates del Coliseo romano hasta los números de circo, los animales salvajes han sido utilizados durante siglos como entretenimiento humano. También, en la misma línea, surgieron los zoológicos modernos, concebidos inicialmente como colecciones privadas de animales exóticos traídos de otros continentes. Durante buena parte del siglo XX, el objetivo principal de los zoológicos era mostrar especies exóticas, muchas veces en condiciones precarias, despertando la curiosidad del público sin una preocupación explícita por el bienestar o la conservación de las especies.

Hoy, sin embargo, el paradigma ha empezado a cambiar debido a una mayor conciencia medioambiental, lo que ha obligado a los zoos a reconsiderar a fondo su papel. En España, donde existen unos 119 centros, la Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos establece una serie de medidas que estos deben cumplir para desempeñar su papel primordial en la conservación de la biodiversidad y contribuir a la protección del medioambiente. En un extracto de la Guía de aplicación de esta ley, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, podemos ver cuáles son algunas de estas áreas de transformación necesarias, como la planificación de la colección zoológica, la adecuación de las instalaciones y de las técnicas de manejo empleadas, la cualificación del personal técnico y auxiliar, la planificación de las tareas desarrolladas o la ordenación de los recursos materiales y espaciales disponibles, entre otras. Así, muchos centros se definen ahora como espacios de conservación activa, educación ambiental y divulgación científica, desempeñando un papel clave en la sensibilización del público. 

Zoológicos como el de Praga, clave en la recuperación del caballo de Przewalski, y el de Jersey, esencial para el ferreret mallorquín, lideran la conservación de especies

Por otro lado, organizaciones globales como la World Association of Zoos and Aquariums (WAZA), que agrupa a los principales parques del mundo, han establecido un claro y ambicioso objetivo para 2030: contribuir activamente a «detener las extinciones, revertir las disminuciones, restaurar las poblaciones y asegurar el futuro de las especies amenazadas», lo que se traduce en que los miembros de WAZA «documenten e informen sobre sus esfuerzos de conservación».

En ese sentido, podemos destacar zoológicos como el de Praga, que ha liderado un exitoso programa de recuperación del caballo de Przewalski, una especie que estuvo cerca de extinguirse en los años sesenta, o el zoo de Jersey, clave en la recuperación del ferreret mallorquín, un anfibio endémico de Mallorca. Asimismo, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, ejemplifica un modelo donde la semilibertad de los animales facilita la investigación conductual y reproductiva, a la vez que sensibiliza al público. Estos tres casos ilustran la capacidad transformadora de estos centros en la conservación de especies y divulgación científica. 

Laura Benito: «En las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento».

Laura Benito, bióloga y guía de naturaleza, reflexiona desde su experiencia: «Durante años, mi relación con la fauna se ha basado en la observación respetuosa y el aprendizaje desde la libertad. Esa es precisamente la gran diferencia con los zoos tradicionales: en las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento. Es cierto que no se garantiza que vayas a verlos, pero eso también forma parte de la experiencia. En un zoológico, por mucho que se mejoren los recintos, las condiciones nunca reproducen del todo su ecosistema».

El debate sobre el futuro de los zoológicos es complejo y la tensión ética inherente a la cautividad persiste, generando diversas perspectivas sobre su viabilidad a largo plazo. Así, el devenir de estos espacios dependerá de un delicado equilibrio entre bienestar animal y la innegable contribución científica y educativa que algunos centros desarrollan para la biodiversidad.

Los campos de concentración no son cosas del pasado

Los campos de concentración no constituyen una realidad pasada, sino que su existencia continúa hoy, oculta a plena luz del día, en estados autoritarios que niegan a su población los derechos humanos más básicos.  


Zygmunt Bauman bautizó el siglo XX como «el siglo de los campos» debido a la triste proliferación de los campos de concentración nazis y de los gulags soviéticos. La existencia de estos lugares reveló al ser humano su capacidad para la crueldad y la autodestrucción, y, una vez clausurados los campos, parecía inimaginable que algo así pudiera volver a suceder. 

Sin embargo, los campos de detención, trabajo y reeducación en los que cualquier idea de derechos humanos es inconcebible siguen existiendo en distintos países como Corea del Norte, China o Eritrea. 

«Los campos de concentración son experimentos de aniquilación del hombre. Que hayan existido es una mancha para la humanidad; que sigan existiendo es una acusación contra nuestras bellas pretensiones de derechos humanos universales. ¿Debería alarmarnos que el siglo XXI vaya a convertirse de nuevo en un siglo de campos?», se pregunta Dan Stone en su libro Campos de concentración. Una breve introducción. 

Los campos de concentración modernos 

«Hasta la fecha, ni las Naciones Unidas ni ninguna otra delegación internacional han podido comprobar por sí mismas el alcance del genocidio», escribe la periodista Rozenn Morgat sobre la represión masiva que China lleva a cabo contra la etnia uigur. 

Morgat recoge en el libro El gulag chino el testimonio de Gulbahar Haitiwaji, la primera uigur que Francia consiguió liberar. En él quedan recogidos los rasgos que comparten estos lugares de internamiento: la arbitrariedad en las detenciones, la ausencia de un juicio y de cualquier tipo de garantía, la brutalidad del trato hacia los presos y su explotación laboral para beneficio del estado.  

La misma experiencia describe el ex preso norcoreano Shin Dong-Hyuk en Evasión del Campo 14,  escrito por el periodista Blaine Harden, que subraya que «los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis». 

Blaine Harden: «Los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis»

El gobierno de Corea del Sur calcula que hay unos 154.000 prisioneros en los campos, mientras que el Departamento de Estado estadounidense y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos elevan la cifra hasta unos 200.000. Existen seis campos, según los servicios secretos de Corea del Sur y algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos radicadas en ese mismo país. El más grande tiene cincuenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho, es decir, abarca un área más extensa que la de la ciudad de Los Ángeles.

Un informe del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte concluye que «el sistema de campos de trabajo para prisioneros, tal y como ha funcionado en la RPDC durante unos cincuenta años, y como sigue funcionando hoy en día, constituye un claro y masivo crimen contra la humanidad».

Otro informe similar de la Comisión de Investigación de la ONU sobre los Derechos Humanos en Eritrea declara que «en los últimos 25 años se han cometido de forma generalizada y sistemática crímenes de lesa humanidad en centros de detención, campos de entrenamiento militar y otros lugares de Eritrea». 

«Se han cometido crímenes de esclavitud, encarcelamiento, desapariciones forzadas, tortura, persecución, violación, asesinato y otros actos inhumanos como parte de una campaña para infundir miedo, disuadir de la oposición y, en última instancia, controlar a la población civil eritrea desde que las autoridades eritreas tomaron el control del territorio en 1991», describe el documento.  

Los testimonios de los supervivientes, clave para la denuncia 

En Eichmann en Jerusalen, Hannah Arendt deja un espacio a la esperanza al concluir que el terror nunca logrará imponerse del todo puesto que «siempre quedará un hombre para contar lo que pasó». 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror, lo que permite recopilar pruebas que presentar frente a la negación permanente de los países que los albergan, lo que permite romper el muro del silencio que pretenden imponer. 

El testimonio de Shin, por ejemplo, fue clave en la comisión de investigación de la ONU que concluyó que Corea del Norte ha cometido crímenes contra la humanidad. 

También gracias a las manifestaciones de uigures en el exilio, que comenzaron a producirse de manera más organizada en 2018, la ONU reconoció y condenó la existencia de los campos de concentración en China. 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror

«A principios de 2018, un mundo atónito se enteró de las “escuelas” de Xinjiang. Las organizaciones de derechos humanos ya no eran las únicas que daban la voz de alarma. La perfecta superficie de China, protegida hasta ahora por su Gran Cortafuegos, comenzó a resquebrajarse cuando empezaron a aparecer en la prensa relatos dispersos de supervivientes e imágenes de denunciantes dieron la vuelta al mundo, de Canadá a China pasando por Estados Unidos. Miembros de la diáspora uigur se manifestaron en capitales europeas. Entre las banderas celestes del Turkestán Oriental, portaban fotos ampliadas de seres queridos desaparecidos desde hacía meses o incluso años», relata Gulbahar Haitiwaji. 

Es necesario seguir amplificando la voz de aquellos que más sufren la represión porque, como ya advirtió Primo Levi, «puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar».  

Erin Brockovich, la 'miss' que quiso proteger el agua

Una mujer sin formación ni experiencia previa en derecho lideró una de las mayores batallas medioambientales de Estados Unidos. La historia de Erin Brockovich se convirtió en símbolo de justicia ambiental y empoderamiento femenino.


Cuando Erin Brockovich, madre soltera, divorciada y participante habitual de concursos de belleza, comenzó a trabajar como asistente legal en un pequeño despacho de abogados de California, lo hizo sin saber que estaba a punto de destapar uno de los mayores escándalos ambientales del país. En 1993, revisando unos archivos de la empresa Pacific Gas and Electric Company (PG&E), descubrió numerosas facturas médicas asociadas a casos de personas enfermas que vivían en Hinkley, una pequeña localidad en el desierto de Mojave, en California.

Todos los casos tenían algo en común: los residentes sufrían enfermedades graves como cáncer de pulmón, problemas gástricos, trastornos reproductivos y fallos hepáticos. La empresa, encargada de una planta compresora de gas, había estado utilizando cromo hexavalente como inhibidor de corrosión en sus sistemas de refrigeración. Esta sustancia, altamente tóxica y cancerígena, se había filtrado al agua subterránea durante más de 30 años. Brockovich  se dedicó a estudiar los documentos, analizar las pruebas médicas y a entrevistar a las personas afectadas, descubriendo que la compañía sabía de la contaminación desde hacía años, pero había ocultado esta información tanto a las autoridades como a la comunidad. Lo que parecía un caso aislado se transformó rápidamente en una denuncia a gran escala contra la negligencia de PG&E que llegó a los tribunales.

Una indemnización histórica

Gracias a la perseverancia de Brockovich y del abogado Ed Masry, en 1996, tras un largo proceso judicial, PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua. Este acuerdo se convirtió en uno de los mayores pagos en concepto de daños por contaminación ambiental en la historia de Estados Unidos y supuso una media de más de medio millón de dólares por demandante, aunque las cantidades variaron según el grado de afectación. La indemnización cubría no solo los gastos médicos y pérdidas económicas de los afectados, sino también daños morales y psicológicos. Sin embargo, más allá de la compensación económica, el caso sentó un precedente en la lucha contra la contaminación industrial y en la defensa de las comunidades vulnerables ante grandes corporaciones.

PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua

El trabajo incansable de Brockovich, quien fue considerada una heroína por los afectados, dio visibilidad a los problemas ambientales que enfrentan muchas comunidades a nivel mundial e impulsó reformas en la vigilancia de contaminantes en el agua, presionó a agencias federales para aumentar la transparencia medioambiental y se convirtió en referente global del activismo ciudadano. La exposición mediática de la historia culminó con la película Erin Brockovich, protagonizada por Julia Roberts, quien ganaría el Óscar a Mejor Actriz, lo que amplificó aún más su mensaje de lucha por los derechos ambientales. 

Un modelo de activismo empoderado

Erin Brockovich ha seguido firme en su lucha como activista medioambiental, involucrándose en numerosos casos de contaminación industrial tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Actualmente, lidera Brockovich Research & Consulting, una firma dedicada a asesorar a comunidades afectadas por la contaminación, que brinda apoyo y orientación legal a quienes enfrentan situaciones de injusticia medioambiental. Además, colabora estrechamente con el bufete de abogados Weitz & Luxenberg en Nueva York y mantiene una alianza con Shine Lawyers en Australia, abordando denuncias sobre abusos medioambientales y la contaminación industrial.

Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios

En 2020 publicó Superman's Not Coming, un libro donde advierte que no podemos esperar que las instituciones solucionen todos nuestros problemas. Con un enfoque pragmático y directo, Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios, a pedir informes, entender las etiquetas, hablar con los vecinos y exigir responsabilidades. La historia de Brockovich es también un reflejo de la importancia de las mujeres en la lucha por la justicia y de romper estereotipos desde el primer minuto. En un mundo en el que la credibilidad parecía estar reservada a quienes ostentan diplomas o trajes de chaqueta, ella reivindicó la fuerza del sentido común, la intuición y la indignación bien canalizada. Lo hizo con vaqueros y sin pedir permiso: su historia nos recuerda que los héroes del siglo XXI están más cerca de lo que pensamos.

El idioma: una frontera más para los migrantes

Han cruzado montañas, mares y desiertos con el objetivo de alcanzar un lugar seguro, reencontrarse con sus seres queridos, o persiguiendo una oportunidad laboral. Sin embargo, al llegar, muchas personas migrantes se encuentran con una nueva barrera inesperada: el idioma. Cuando uno no habla la lengua del país de acogida, todo se complica aún más, y el acceso a derechos básicos, como la sanidad, la educación o el empleo, se ve altamente limitado.


Cuando uno llega al país de acogida, suele pensar que lo más difícil ya ha pasado, que la peor de las travesías ya se ha quedado atrás. Sin embargo, existen fronteras más allá de lo geográfico, fronteras menos visibles, pero igual de limitantes. Una de ellas es la del idioma. Actualmente, en España hay 6.947.711 residentes extranjeros, es decir, el 14,13% del total de población. De esta cifra, hay un elevado porcentaje de personas que proceden de países de habla no hispana como, por ejemplo, Siria, Ucrania, Italia, Palestina o Marruecos, entre otros. Algunas de ellas llegan huyendo de conflictos en sus países de origen. En 2024, España registró un total de 167.366 solicitudes de asilo. Otras por motivos laborales, de estudio o por reagrupación familiar. Y todas se enfrentan a esta barrera que condiciona su vida diaria y sus oportunidades de integración.

La falta de conocimientos lingüísticos puede llevar a las personas a una situación de extrema vulnerabilidad. En el ámbito sanitario, por ejemplo, esta barrera puede dificultar los diagnósticos, entre otras cosas. En el año 2024, la ONG Accem, junto con la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, crearon un servicio de interpretación para paliar las consecuencias de la falta de una comunicación adecuada. Entre enero y noviembre del mismo año, el servicio atendió a más de 8.000 personas, lo que da cuenta de su utilidad. Lenguas como el bambara, el wólof o el soninké son las más solicitadas, según Accem.

Muchas de las personas migrantes en España proceden de países de habla no hispana como Siria, Ucrania, Argelia, Palestina o Marruecos, entre otros

El idioma también juega un papel crucial tanto en el ámbito laboral como en el educativo. Muchos empleos requieren el dominio del idioma local, por lo que muchas personas migrantes quedan excluidas de los trabajos más cualificados o con mejores condiciones laborales. La hostelería, la construcción y la agricultura son los sectores que más se nutren de trabajadores extranjeros. A pesar de que muchas personas llegan al país de acogida con formación y experiencia laboral adquirida en su país de origen, la dificultad para homologarlos hace que sus capacidades profesionales no lleguen a ser reconocidas. La UNESCO alerta de que solo un 7% de los refugiados en el mundo accede a educación superior, debido a factores como la falta de recursos y de soporte lingüístico o a la burocracia a la hora de homologar o reconocer credenciales previas.

Solo un 7% de los refugiados en todo el mundo acceden a educación superior debido, entre otras cuestiones, a la falta de recursos y de soporte lingüístico

La integración lingüística no es solo una herramienta práctica, sino también humana. Entender y ser entendido es un elemento clave para crear vínculos sociales y generar una red de apoyo y contactos, más allá del ámbito laboral. No poder comunicarse con compañeros o profesores impide crear redes de apoyo, lo que puede llevar a las personas migrantes a sentirse excluidas o dependientes. El aislamiento social, la sensación de soledad, la ansiedad o una baja autoestima son algunas de las consecuencias emocionales que puede provocar la barrera lingüística. 

 

El idioma forma parte de nuestra identidad, y nos aporta un lugar y un reconocimiento en la sociedad. Es una manera de estar presente, de tener voz, de sentirnos escuchados, valorados y comprendidos. Programas de aprendizaje, generar conciencia y empatía por parte de la población local y los servicios de interpretación son algunas de las acciones que pueden ayudar a mitigar el impacto que genera esta barrera. Así, poco a poco, conseguiremos que la integración de los migrantes sea más completa y el camino un poco más llano.

«La arqueología puede aportar muchísimo en la transición energética»

Patrimonio cultural, sostenibilidad, innovación tecnológica, medio ambiente, educación, territorio, responsabilidad social. Con Isabel Izquierdo –arqueóloga, investigadora, experta en cultura ibérica y museología– los temas se entremezclan hasta casi confundirse. Pero como en una buena receta, el resultado es más interesante que cualquier ingrediente por separado. 


El Museo Arqueológico Nacional y Red Eléctrica celebrararon a finales de abril por primera vez y de manera conjunta las Jornadas Patrimonio Arqueológico y Transición Energética. ¿Cuál era el principal objetivo de organizar este encuentro?

Como casa común que somos de la arqueología, el objetivo era generar un espacio para que los distintos agentes implicados en la transición energética y en su relación con la arqueología pudieran conversar y conectar. Incorporar la arqueología a este diálogo en torno a sostenibilidad y energías renovables, conectar a los distintos interlocutores, escuchar algunos casos de éxito interesantes y ofrecer una panorámica de los distintos temas que conciernen a esa relación entre el patrimonio arqueológico y la transición energética. 

¿Cuáles han sido las principales enseñanzas y conclusiones derivadas de estas jornadas?

La verdad es que han sido muchísimas las conclusiones, pero yo creo que la principal es la necesidad de incorporar la arqueología a ese diálogo. También han surgido ideas muy interesantes en el terreno de la formación y de la documentación y los datos. Por ejemplo, sobre cómo se tiene que acomodar el programa universitario a las nuevas necesidades de la arqueología de campo o la necesidad de tener bases de datos cada vez más completas y accesibles. Asimismo se ha destacado la importancia de concienciación social y educación en torno al patrimonio arqueológico, que es un recurso finito que debemos cuidar entre todos.

«Las sociedades preindustriales vivían de una manera sostenible, explotaban el medio ambiente, pero de una manera más equilibrada y armónica»

Y, finalmente, se ha hablado de innovación y arqueología, y de las distintas herramientas que han surgido en la increíble revolución tecnológica que hemos vivido en las últimas décadas. Estoy muy satisfecha porque todos los objetivos que nos habíamos marcado se han cumplido con creces. Tanto es así que ya nos hemos emplazado con Red Eléctrica a hacer una próxima  edición.

Aunque puedan parecer cuestiones independientes, ya que una se relaciona con el pasado y otra con el futuro, ¿qué conexión existe entre ellas?

La arqueología está absolutamente conectada con el presente y con el futuro, y puede aportar muchísimo en esa transición energética. En primer lugar, tiene una visión totalmente diacrónica, es decir, tiene una visión de la historia profunda y un valor de la memoria. Desde la arqueología se estudian temas muy diversos, que van desde los orígenes de los tiempos hasta nuestros días, y aporta una información increíble precisamente sobre cómo el medio ambiente ha ido evolucionando.

«El respeto a la naturaleza era muy importante para la cultura griega, y para la cultura antigua en general»

Luego, la arqueología tiene un concepto del patrimonio y del paisaje cultural muy moderno, que también incorpora visiones críticas: sociales, patrimoniales, participativas, contemporáneas… La arqueología comprende una enorme variedad de temas, está integrada en muchísimos debates y reflexiones sobre la actualidad y es muy pertinente en ese diálogo.

¿Qué lecciones podemos extraer de las sociedades del pasado para afrontar la actual transición energética?

No sé si hay alguna que podamos tomar como referente. Yo creo que la arqueología nos muestra cómo las sociedades del pasado son sociedades resilientes. Es decir, son culturas que se van adaptando a los tiempos, a los contextos, a los territorios, a la evolución de la vida económica, política, social... Y, sobre todo, yo creo que hay un hito muy importante que es la Revolución Industrial, porque transforma muchísimas cosas de la vida cotidiana y de las organizaciones sociopolíticas y económicas. Las sociedades preindustriales lo que hacen es trabajar o vivir de una manera sostenible, es decir, en armonía con el medio ambiente. Es lo que llamamos ahora kilómetro cero, productos de cercanía, redes controladas… Explotaban el medio ambiente, evidentemente, pero de una manera más equilibrada y más armónica. 

¿Hay alguna civilización que podamos decir que era más sostenible, o más eficiente, desde el punto de vista energético?

Nosotros ahora hemos tenido en el Museo Arqueológico Nacional una exposición temporal que se llamaba «Entre caos y cosmos», y lo que exploraba era el lugar central que la naturaleza ocupaba para los antiguos griegos. Hablamos de animales, de plantas, de bosques, de montañas, de ríos, y de ese respeto y ese equilibrio. Porque de la naturaleza dependía el sustento, los dones divinos, los dones humanos. Ese respeto es un tema muy importante para la cultura griega, para la cultura antigua en general. Y ahora mismo ese mensaje es un discurso muy pertinente ante las tragedias que están sucediendo fruto del cambio climático, que es un desequilibrio con el medio.

¿De qué manera pueden educar los museos como el MAN sobre sostenibilidad y transición energética?

Yo creo que los museos pueden educar en muchos sentidos, porque son instituciones referenciales. Lo que hacemos es contar historias. En las actividades didácticas, en los talleres, en las visitas, se pueden lanzar muchos conceptos que tienen que ver con el presente. Nosotros contamos todas estas historias de resiliencia y de adaptación al medio que se han dado a lo largo del tiempo. Y hay actividades específicas que ahondan en temas como, por ejemplo, el reciclaje, la alimentación a partir de alimentos kilómetro cero en las sociedades preindustriales, o la adaptación y el equilibrio con el medio ambiente.  

¿Puede un museo ser un ejemplo de buenas prácticas energéticas para la ciudadanía?

Por supuesto. Nosotros tenemos un edificio muy grande, de casi 30.000 metros cuadrados construidos. El año pasado, sustituimos toda la climatización por un sistema más eficiente que contribuye a la descarbonización, por el que además nos han premiado. Por otra parte, estamos transformando toda la iluminación a LEDs y tenemos un sistema de climatización domótico que también insiste en la eficiencia energética. 

Además, todas estas ideas en torno a la sostenibilidad se deslizan y se incorporan en todo el programa educativo, didáctico y de accesibilidad del museo. Aquí, con nuestros medios, intentamos contribuir en la medida de nuestras posibilidades. Es un acto de responsabilidad. 

¿Por qué es importante la labor que lleva a cabo Red Eléctrica, la filial de Redeia encargada de la operación y el transporte del sistema eléctrico, de considerar el patrimonio cultural a la hora de planificar e instalar infraestructuras energéticas?

Hemos encontrado un punto de confluencia con Red Eléctrica. Nosotros trabajamos en distintos territorios en materia de arqueología y ellos nos ayudan a aportar recursos e innovación. Compartimos los valores del rigor, la excelencia científica, la ética, y la preocupación y cariño por el patrimonio arqueológico.

¿Qué beneficios puede aportar una alianza público-privada entre el sector cultural y el sector energético a la conservación del patrimonio?

Yo creo que nuestro país tiene una potencia arqueológica de tal calibre, como todos los países que nos rodean en el Mediterráneo, que es imprescindible la colaboración público-privada. Esta puede ser beneficiosa a la hora de aportar conocimiento, innovación, facilitar también la transición hacia energías renovables a algunas instituciones y en recursos económicos. Puede haber una aportación y un enriquecimiento mutuo muy significativo.

Helen Keller, la mujer sordociega que promovió la acción social aislada del mundo

A pesar de no poder ver ni oír casi desde su nacimiento, Helen Keller desafió los contratiempos de ser mujer, universitaria y con discapacidad en los Estados Unidos de principios del siglo XX, convirtiéndose en la persona sordociega más conocida de la historia. 


Que el 27 de junio sea el Día de las Personas Sordociegas no es casualidad, sino un reconocimiento a Helen Keller, una activista, escritora y oradora de Alabama (Estados Unidos) que demostró ser un ejemplo de superación personal y de lucha continua frente a las adversidades. La vida de Helen Keller parecía condenada a la marginación, pues, con dos años recién cumplidos, una enfermedad la dejó sorda y ciega. Crecer sin poder oír ni ver limitó gravemente su capacidad para comunicarse, generando frustración tanto en su entorno como en ella misma, y obligándola a reconocer el mundo a través del tacto. Todo cambió en 1887, cuando conoció a Anne Sullivan, una joven maestra que empleó el método manual del alfabeto en palma, una técnica basada en deletrear palabras en la mano. A partir de aquí, Keller aprendió el sistema braille, la escritura dactilográfica, y finalmente a hablar, dominando el francés, el alemán, el latín y el griego. Se graduó cum laude en la Universidad de Radcliffe en 1904, lo que la convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

La capacidad de superación y el activismo

Más allá de su desarrollo personal, Keller no se conformó con ser un ejemplo de superación antes de las adversidades, sino que se implicó activamente en causas como el derecho al voto femenino, la abolición de la segregación racial y, sobre todo, la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Entendió que las discapacidades no eran únicamente una cuestión médica, sino también una cuestión de derechos, lo que la llevó a implicarse activamente en la defensa del acceso a la educación, al trabajo y a una vida digna para las personas ciegas, sordas y sordociegas. Trabajó para la American Foundation for the Blind durante más de 40 años y fue una de las principales impulsoras de leyes que ampliaron el acceso a la educación y al trabajo para personas sordas y ciegas. 

Helen Keller contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades

Su lucha contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades. En 1915 Keller fundó la organización Helen Keller International (HKI), centrada en un principio en la ceguera, pero que comenzó a desarrollar programas nutricionales al actuar contra uno de los desencadenantes de esta, la falta de vitamina A. Actualmente, lleva a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación actual en visión, salud y nutrición. Pero su compromiso no se detuvo ahí, ya que Keller fue sufragista, pacifista, socialista y defensora de los derechos civiles. Denunció las condiciones laborales injustas y apoyó a huelguistas y presos políticos mientras participaba en movimientos que luchaban por la erradicación de la pobreza y la segregación racial. 

Un reconocimiento a su determinación

Con el paso del tiempo Helen Keller se convirtió en un referente y visitó más de 35 países como embajadora de la American Foundation for the Blind. Además, escribió más de una docena de libros, incluyendo su famosa autobiografía La historia de mi vida, cientos de artículos, y también ofreció infinidad de conferencias y pronunció discursos que conmovieron a miles de personas. Según el National Women's History Museum, sus intervenciones ayudaron a cambiar la percepción pública sobre las personas con discapacidad, que pasaron de ser vistas como sujetos pasivos de caridad a ser reconocidas como ciudadanos con derechos. 

Fundó la organización Helen Keller International, donde actualmente se llevan a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación en visión, salud y nutrición

Tal fue la repercusión de su vida y su obra que Keller recibió numerosos reconocimientos a nivel internacional, incluyendo títulos honoríficos de prestigiosas universidades extranjeras. En 1964, fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil otorgado en Estados Unidos, de manos del presidente Lyndon B. Johnson. Un año más tarde, en 1965, fue elegida para formar parte del Salón de la Fama de la Mujer durante la Feria Mundial de Nueva York, consolidando su legado como una de las figuras más admiradas del siglo XX. Estos homenajes reflejan el impacto global de su lucha y de su inquebrantable convicción de que el verdadero progreso se mide por la inclusión y la dignidad de todas las personas.

Rewilding, o cómo renaturalizar el planeta

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Este término, acuñado en los años 90 por Dave Foreman y refinado por biólogos como Michael Soulé y Reed Noss, se refiere a una estrategia de conservación ambiental que busca restaurar ecosistemas degradados para devolverles su equilibrio natural y biodiversidad, reduciendo al mínimo la intervención humana.