Categoría: Agenda 2030

«La arqueología puede aportar muchísimo en la transición energética»

Patrimonio cultural, sostenibilidad, innovación tecnológica, medio ambiente, educación, territorio, responsabilidad social. Con Isabel Izquierdo –arqueóloga, investigadora, experta en cultura ibérica y museología– los temas se entremezclan hasta casi confundirse. Pero como en una buena receta, el resultado es más interesante que cualquier ingrediente por separado. 


El Museo Arqueológico Nacional y Red Eléctrica celebrararon a finales de abril por primera vez y de manera conjunta las Jornadas Patrimonio Arqueológico y Transición Energética. ¿Cuál era el principal objetivo de organizar este encuentro?

Como casa común que somos de la arqueología, el objetivo era generar un espacio para que los distintos agentes implicados en la transición energética y en su relación con la arqueología pudieran conversar y conectar. Incorporar la arqueología a este diálogo en torno a sostenibilidad y energías renovables, conectar a los distintos interlocutores, escuchar algunos casos de éxito interesantes y ofrecer una panorámica de los distintos temas que conciernen a esa relación entre el patrimonio arqueológico y la transición energética. 

¿Cuáles han sido las principales enseñanzas y conclusiones derivadas de estas jornadas?

La verdad es que han sido muchísimas las conclusiones, pero yo creo que la principal es la necesidad de incorporar la arqueología a ese diálogo. También han surgido ideas muy interesantes en el terreno de la formación y de la documentación y los datos. Por ejemplo, sobre cómo se tiene que acomodar el programa universitario a las nuevas necesidades de la arqueología de campo o la necesidad de tener bases de datos cada vez más completas y accesibles. Asimismo se ha destacado la importancia de concienciación social y educación en torno al patrimonio arqueológico, que es un recurso finito que debemos cuidar entre todos.

«Las sociedades preindustriales vivían de una manera sostenible, explotaban el medio ambiente, pero de una manera más equilibrada y armónica»

Y, finalmente, se ha hablado de innovación y arqueología, y de las distintas herramientas que han surgido en la increíble revolución tecnológica que hemos vivido en las últimas décadas. Estoy muy satisfecha porque todos los objetivos que nos habíamos marcado se han cumplido con creces. Tanto es así que ya nos hemos emplazado con Red Eléctrica a hacer una próxima  edición.

Aunque puedan parecer cuestiones independientes, ya que una se relaciona con el pasado y otra con el futuro, ¿qué conexión existe entre ellas?

La arqueología está absolutamente conectada con el presente y con el futuro, y puede aportar muchísimo en esa transición energética. En primer lugar, tiene una visión totalmente diacrónica, es decir, tiene una visión de la historia profunda y un valor de la memoria. Desde la arqueología se estudian temas muy diversos, que van desde los orígenes de los tiempos hasta nuestros días, y aporta una información increíble precisamente sobre cómo el medio ambiente ha ido evolucionando.

«El respeto a la naturaleza era muy importante para la cultura griega, y para la cultura antigua en general»

Luego, la arqueología tiene un concepto del patrimonio y del paisaje cultural muy moderno, que también incorpora visiones críticas: sociales, patrimoniales, participativas, contemporáneas… La arqueología comprende una enorme variedad de temas, está integrada en muchísimos debates y reflexiones sobre la actualidad y es muy pertinente en ese diálogo.

¿Qué lecciones podemos extraer de las sociedades del pasado para afrontar la actual transición energética?

No sé si hay alguna que podamos tomar como referente. Yo creo que la arqueología nos muestra cómo las sociedades del pasado son sociedades resilientes. Es decir, son culturas que se van adaptando a los tiempos, a los contextos, a los territorios, a la evolución de la vida económica, política, social... Y, sobre todo, yo creo que hay un hito muy importante que es la Revolución Industrial, porque transforma muchísimas cosas de la vida cotidiana y de las organizaciones sociopolíticas y económicas. Las sociedades preindustriales lo que hacen es trabajar o vivir de una manera sostenible, es decir, en armonía con el medio ambiente. Es lo que llamamos ahora kilómetro cero, productos de cercanía, redes controladas… Explotaban el medio ambiente, evidentemente, pero de una manera más equilibrada y más armónica. 

¿Hay alguna civilización que podamos decir que era más sostenible, o más eficiente, desde el punto de vista energético?

Nosotros ahora hemos tenido en el Museo Arqueológico Nacional una exposición temporal que se llamaba «Entre caos y cosmos», y lo que exploraba era el lugar central que la naturaleza ocupaba para los antiguos griegos. Hablamos de animales, de plantas, de bosques, de montañas, de ríos, y de ese respeto y ese equilibrio. Porque de la naturaleza dependía el sustento, los dones divinos, los dones humanos. Ese respeto es un tema muy importante para la cultura griega, para la cultura antigua en general. Y ahora mismo ese mensaje es un discurso muy pertinente ante las tragedias que están sucediendo fruto del cambio climático, que es un desequilibrio con el medio.

¿De qué manera pueden educar los museos como el MAN sobre sostenibilidad y transición energética?

Yo creo que los museos pueden educar en muchos sentidos, porque son instituciones referenciales. Lo que hacemos es contar historias. En las actividades didácticas, en los talleres, en las visitas, se pueden lanzar muchos conceptos que tienen que ver con el presente. Nosotros contamos todas estas historias de resiliencia y de adaptación al medio que se han dado a lo largo del tiempo. Y hay actividades específicas que ahondan en temas como, por ejemplo, el reciclaje, la alimentación a partir de alimentos kilómetro cero en las sociedades preindustriales, o la adaptación y el equilibrio con el medio ambiente.  

¿Puede un museo ser un ejemplo de buenas prácticas energéticas para la ciudadanía?

Por supuesto. Nosotros tenemos un edificio muy grande, de casi 30.000 metros cuadrados construidos. El año pasado, sustituimos toda la climatización por un sistema más eficiente que contribuye a la descarbonización, por el que además nos han premiado. Por otra parte, estamos transformando toda la iluminación a LEDs y tenemos un sistema de climatización domótico que también insiste en la eficiencia energética. 

Además, todas estas ideas en torno a la sostenibilidad se deslizan y se incorporan en todo el programa educativo, didáctico y de accesibilidad del museo. Aquí, con nuestros medios, intentamos contribuir en la medida de nuestras posibilidades. Es un acto de responsabilidad. 

¿Por qué es importante la labor que lleva a cabo Red Eléctrica, la filial de Redeia encargada de la operación y el transporte del sistema eléctrico, de considerar el patrimonio cultural a la hora de planificar e instalar infraestructuras energéticas?

Hemos encontrado un punto de confluencia con Red Eléctrica. Nosotros trabajamos en distintos territorios en materia de arqueología y ellos nos ayudan a aportar recursos e innovación. Compartimos los valores del rigor, la excelencia científica, la ética, y la preocupación y cariño por el patrimonio arqueológico.

¿Qué beneficios puede aportar una alianza público-privada entre el sector cultural y el sector energético a la conservación del patrimonio?

Yo creo que nuestro país tiene una potencia arqueológica de tal calibre, como todos los países que nos rodean en el Mediterráneo, que es imprescindible la colaboración público-privada. Esta puede ser beneficiosa a la hora de aportar conocimiento, innovación, facilitar también la transición hacia energías renovables a algunas instituciones y en recursos económicos. Puede haber una aportación y un enriquecimiento mutuo muy significativo.

Helen Keller, la mujer sordociega que promovió la acción social aislada del mundo

A pesar de no poder ver ni oír casi desde su nacimiento, Helen Keller desafió los contratiempos de ser mujer, universitaria y con discapacidad en los Estados Unidos de principios del siglo XX, convirtiéndose en la persona sordociega más conocida de la historia. 


Que el 27 de junio sea el Día de las Personas Sordociegas no es casualidad, sino un reconocimiento a Helen Keller, una activista, escritora y oradora de Alabama (Estados Unidos) que demostró ser un ejemplo de superación personal y de lucha continua frente a las adversidades. La vida de Helen Keller parecía condenada a la marginación, pues, con dos años recién cumplidos, una enfermedad la dejó sorda y ciega. Crecer sin poder oír ni ver limitó gravemente su capacidad para comunicarse, generando frustración tanto en su entorno como en ella misma, y obligándola a reconocer el mundo a través del tacto. Todo cambió en 1887, cuando conoció a Anne Sullivan, una joven maestra que empleó el método manual del alfabeto en palma, una técnica basada en deletrear palabras en la mano. A partir de aquí, Keller aprendió el sistema braille, la escritura dactilográfica, y finalmente a hablar, dominando el francés, el alemán, el latín y el griego. Se graduó cum laude en la Universidad de Radcliffe en 1904, lo que la convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

La capacidad de superación y el activismo

Más allá de su desarrollo personal, Keller no se conformó con ser un ejemplo de superación antes de las adversidades, sino que se implicó activamente en causas como el derecho al voto femenino, la abolición de la segregación racial y, sobre todo, la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Entendió que las discapacidades no eran únicamente una cuestión médica, sino también una cuestión de derechos, lo que la llevó a implicarse activamente en la defensa del acceso a la educación, al trabajo y a una vida digna para las personas ciegas, sordas y sordociegas. Trabajó para la American Foundation for the Blind durante más de 40 años y fue una de las principales impulsoras de leyes que ampliaron el acceso a la educación y al trabajo para personas sordas y ciegas. 

Helen Keller contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades

Su lucha contribuyó a sembrar las bases de lo que hoy conocemos como educación especial moderna, que promueve la personalización del aprendizaje para todos los estudiantes, sin importar sus capacidades. En 1915 Keller fundó la organización Helen Keller International (HKI), centrada en un principio en la ceguera, pero que comenzó a desarrollar programas nutricionales al actuar contra uno de los desencadenantes de esta, la falta de vitamina A. Actualmente, lleva a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación actual en visión, salud y nutrición. Pero su compromiso no se detuvo ahí, ya que Keller fue sufragista, pacifista, socialista y defensora de los derechos civiles. Denunció las condiciones laborales injustas y apoyó a huelguistas y presos políticos mientras participaba en movimientos que luchaban por la erradicación de la pobreza y la segregación racial. 

Un reconocimiento a su determinación

Con el paso del tiempo Helen Keller se convirtió en un referente y visitó más de 35 países como embajadora de la American Foundation for the Blind. Además, escribió más de una docena de libros, incluyendo su famosa autobiografía La historia de mi vida, cientos de artículos, y también ofreció infinidad de conferencias y pronunció discursos que conmovieron a miles de personas. Según el National Women's History Museum, sus intervenciones ayudaron a cambiar la percepción pública sobre las personas con discapacidad, que pasaron de ser vistas como sujetos pasivos de caridad a ser reconocidas como ciudadanos con derechos. 

Fundó la organización Helen Keller International, donde actualmente se llevan a cabo más de 120 programas basados en la evidencia científica y en la investigación en visión, salud y nutrición

Tal fue la repercusión de su vida y su obra que Keller recibió numerosos reconocimientos a nivel internacional, incluyendo títulos honoríficos de prestigiosas universidades extranjeras. En 1964, fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil otorgado en Estados Unidos, de manos del presidente Lyndon B. Johnson. Un año más tarde, en 1965, fue elegida para formar parte del Salón de la Fama de la Mujer durante la Feria Mundial de Nueva York, consolidando su legado como una de las figuras más admiradas del siglo XX. Estos homenajes reflejan el impacto global de su lucha y de su inquebrantable convicción de que el verdadero progreso se mide por la inclusión y la dignidad de todas las personas.

Rewilding, o cómo renaturalizar el planeta

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Este término, acuñado en los años 90 por Dave Foreman y refinado por biólogos como Michael Soulé y Reed Noss, se refiere a una estrategia de conservación ambiental que busca restaurar ecosistemas degradados para devolverles su equilibrio natural y biodiversidad, reduciendo al mínimo la intervención humana.

«Espigar es aprender con las manos, el corazón y la tierra»

Espigoladors nació para combatir una doble injusticia: el desperdicio de alimentos y las barreras de acceso a una alimentación digna. Hoy, su modelo inspira cambios en campos, ciudades y políticas públicas. 


Mireia Barba es presidenta y cofundadora de Espigoladors, una fundación que desde 2014 lucha contra el desperdicio alimentario con una mirada profundamente social. Graduada en Ciencias Empresariales y Educación Social, Mireia Barba ha desarrollado su trayectoria entre la gestión de proyectos públicos y privados, siempre convencida de que la ciudadanía organizada puede transformar realidades. En esta entrevista, analiza cómo el espigueo –la recuperación de alimentos descartados– puede ser también una vía hacia un sistema alimentario más justo y sostenible.

Espigoladors nació en 2014 con la idea de recuperar alimentos descartados. ¿Cómo surgió esta iniciativa? ¿En qué territorios trabajáis actualmente? 

Nació como respuesta a una doble injusticia: la pérdida y el desperdicio de alimentos y la dificultad de muchas personas para acceder a una alimentación saludable. Recuperamos la práctica tradicional del espigueo desde una perspectiva innovadora, social, ambiental y educativa. Nuestro modelo busca dignificar la labor de los productores en el sector primario, empoderar a colectivos vulnerables y sensibilizar y concienciar a la ciudadanía sobre el valor de los alimentos. Comenzamos en el Baix Llobregat y, actualmente, trabajamos en la mayoría de los territorios de la comunidad de Cataluña. También trabajamos en otras comunidades de España y a nivel europeo. Nuestro objetivo es que el modelo sea replicable y adaptable a otras realidades locales.

El desperdicio alimentario es un problema global con implicaciones ambientales, sociales y económicas. ¿La sociedad es hoy más consciente de este problema?

Hemos notado un aumento de la concienciación en la última década. Cada vez hay más iniciativas, investigaciones y políticas públicas que abordan esta problemática. La ciudadanía también muestra más interés en temas como el consumo responsable o el impacto ambiental de la alimentación. Pero es necesario ir más allá de las campañas. La pedagogía ha de seguir y generar cambios estructurales en la forma en que producimos, distribuimos y consumimos los alimentos. 

Además de evitar la pérdida de alimentos, utilizáis el espigueo como herramienta educativa. ¿Cómo transforma esta experiencia la percepción del desperdicio en quienes participan?

El espigueo es mucho más que una actividad de aprovechamiento: es una experiencia transformadora que educa, sensibiliza y moviliza. Se dirige a una gran diversidad de públicos –desde personas voluntarias, escuelas, entidades sociales y colectivos en situación de vulnerabilidad, hasta empresas y ciudadanía en general–, generando en todos ellos una profunda toma y cambio de conciencia. Al participar en un espigueo, las personas se conectan de forma directa con el origen de los alimentos, descubren el valor del trabajo del campo y reflexionan sobre las múltiples injusticias que atraviesan el sistema alimentario.

«Nuestro objetivo es que el modelo sea replicable y adaptable a otras realidades locales»

Además, el espigueo también tiene un gran valor como herramienta de diagnóstico: permite cuantificar las pérdidas que se producen en el campo y recoger datos reales sobre sus causas y magnitud. Y por otro lado, espigar es una manera de visibilizar la labor de la producción y romper con la desconexión histórica entre el mundo rural y el urbano, promoviendo una cultura alimentaria más respetuosa, consciente y sostenible. Espigar es, en definitiva, aprender con las manos, el corazón y la tierra.

A través de es im-perfect® elaboráis conservas con productos vegetales descartados del circuito comercial. ¿Qué criterios llevan a excluir estas frutas y verduras del mercado pese a ser perfectamente aptas para el consumo?

Principalmente, el aspecto visual. Muchos productos se descartan por no cumplir con ciertos estándares de forma, tamaño o color, aunque estén en perfecto estado para el consumo. También influyen las dinámicas del mercado: si hay sobreproducción, baja demanda o costes de recolección elevados, los productos pueden no llegar a cosecharse. Estas frutas y verduras no tienen nada de «imperfectas» desde el punto de vista nutricional, pero son invisibilizadas por un sistema que prioriza la estética y el beneficio económico inmediato. En el centro de producción es im-perfect® se da una segunda oportunidad a frutas y verduras y también a personas excluidas del mercado, que elaboran conservas con un alto impacto social y medioambiental. Esta actividad económica genera un cambio positivo y un producto de alto valor. 

La economía social y solidaria es clave en vuestro modelo de trabajo. ¿Cómo ha sido la relación con el sector privado?

Desde Espigoladors, siempre hemos apostado por una economía social y solidaria como vía para transformar el sistema alimentario desde la raíz. Entendemos la economía no solo como un mecanismo de generación de beneficios, sino como una herramienta al servicio de las personas y del planeta. Nuestro modelo combina la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario a través de diferentes actuaciones como la investigación, la sensibilización, el espigueo y la transformación alimentaria, generando oportunidades de inserción laboral de personas en situación de vulnerabilidad.

Hemos tejido relaciones con empresas del sector privado que comparten esta visión y están dispuestas a implicarse desde la corresponsabilidad. Estas alianzas se han materializado en múltiples formas: compra de productos para campañas como las cestas de Navidad, distribución de nuestras conservas en circuitos comerciales, apoyo a proyectos compartidos.... 

¿Qué papel puede jugar la nueva legislación en la expansión del modelo de Espigoladors?

La reciente aprobación de la Ley estatal de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario (2025) representa un hito importante. No solo reconoce formalmente la práctica del espigueo como una herramienta legítima y regulada de prevención, sino que también reconoce los modelos de economía social e inserción laboral como parte activa de la solución. Esto abre una oportunidad para reforzar nuestra labor, generar alianzas más sólidas con el sector privado y escalar el modelo a nuevos territorios.

«Sí existen empresas dispuestas a transitar hacia un nuevo paradigma económico más justo y sostenible»

Sin embargo, para alcanzar un impacto real y estructural, necesitamos pasar de las buenas prácticas a políticas públicas ambiciosas, alianzas estratégicas a largo plazo y una inversión decidida en la economía del bien común. Escalar el modelo significa poder replicarlo en otros territorios, pero también consolidarlo donde ya existe. Solo con la implicación conjunta de administraciones, empresas y sociedad civil podremos avanzar.

La economía del futuro no puede construirse sin valores, y el compromiso social y ambiental no es una opción: es el camino necesario para garantizar la vida digna de las personas y la salud del entorno. 

¿Qué cambios estructurales serían necesarios en la cadena alimentaria para reducir estas pérdidas y garantizar el derecho a una dieta equilibrada?

Garantizar una alimentación saludable y sostenible para toda la población requiere transformar profundamente nuestro sistema alimentario. No se trata solo de evitar que los alimentos se pierdan o desperdicien, sino de asegurar que todas las personas puedan acceder, de forma digna y justa, a alimentos frescos, nutritivos y culturalmente adecuados. La Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario es un avance importante pero, para que tenga un impacto real, es fundamental que esta ley se implemente con ambición, recursos y visión de justicia alimentaria.

Reducir las pérdidas pasa por proteger al sector primario, garantizar precios justos, fomentar la recogida y aprovechamiento de excedentes, y facilitar la transformación de productos descartados pero aptos para el consumo. También debemos crear canales de distribución alternativos, accesibles y de proximidad, que conecten directamente al campesinado con la ciudadanía, y que prioricen el producto local, de temporada y con menor huella ecológica.

Además, necesitamos repensar los sistemas de distribución y comercialización para que no sean las exigencias estéticas o logísticas las que determinen qué se vende y qué se descarta. 

Todo ello debe ir acompañado de educación alimentaria, fiscalidad verde, formación para el cambio de hábitos y el impulso de modelos como el nuestro. Solo con una mirada sistémica y comprometida podremos avanzar hacia un modelo que alimente a las personas sin agotar el planeta.

El proyecto Urban(eat)a apuesta por el aprovechamiento de los frutos del arbolado urbano. ¿Cómo surgió esta idea? 

Nace de una idea sencilla pero transformadora: cambiar la visión de los árboles urbanos públicos, de elementos meramente decorativos a fuentes productivas de alimentos. En muchas ciudades, estos árboles generan frutos que acaban cayendo al suelo y desaprovechándose. Vimos una oportunidad clara para vincular el aprovechamiento alimentario con la gestión comunitaria, la inclusión social y la sostenibilidad urbana. Así empezó nuestra apuesta por las ciudades comestibles.

Mediante el espigueo urbano, involucramos a la ciudadanía –incluidas personas en situación de vulnerabilidad– en la recolección, transformación y valorización de los frutos de los árboles públicos. Esto reduce el desperdicio alimentario y conecta a las personas con su entorno urbano desde una lógica de cuidado y corresponsabilidad.

¿Qué papel han tenido los ayuntamientos en el desarrollo de este proyecto?

La colaboración con los ayuntamientos ha sido clave. Gracias a su apoyo, hemos podido organizar espigueos en el espacio público, diseñar estrategias legales para regular esta práctica y desarrollar herramientas que permiten su implementación en al menos 20 municipios. También hemos realizado más de 90 talleres educativos sobre sostenibilidad y prevención del desperdicio, e implicado a más de 700 personas en acciones directas. 

El proyecto (S)àvies reconoce a las personas mayores como agentes de cambio. ¿Qué aporta su experiencia frente al desperdicio alimentario? ¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad y en qué medida contribuye a luchar contra el edadismo? 

(S)àvies nace del convencimiento de que la sabiduría de las personas mayores es un bien común que debemos preservar, cuidar y proyectar. Recuperamos saberes tradicionales, recetas de aprovechamiento y trucos de cocina cotidiana que se están perdiendo con el ritmo acelerado de la sociedad. Se trata también de poner a las personas mayores en el centro, como agentes de cambio, transmisoras de cultura, valores y resiliencia. No solo cocinan, sino que enseñan, cuentan historias, crean comunidad y generan vínculos. Gracias a su implicación, se crean espacios intergeneracionales de aprendizaje mutuo y cuidado colectivo, donde personas de todas las edades redescubren el valor del tiempo, la memoria y la alimentación consciente.

La respuesta ha sido muy positiva. En cada encuentro, se genera una energía única, cargada de emoción, reconocimiento y escucha. Y sí, creemos que es también una forma de combatir el edadismo, desmontando la idea de que envejecer es sinónimo de pasividad o dependencia. 

Espigoladors se ha consolidado como referente en la lucha contra el desperdicio alimentario. ¿Cuáles son los próximos retos y qué sueño te gustaría ver cumplido en los próximos años?

Después de diez años, nuestro gran reto es claro: replicar el modelo Espigoladors en otras partes de España y del mundo. Lo que hacemos aquí no es exclusivo de nuestro territorio, y muchas ciudades y comunidades pueden adaptar el modelo para luchar contra el desperdicio alimentario y generar impacto social, ambiental y económico positivo. Trabajamos en muchas direcciones al mismo tiempo: desde el espigueo hasta la transformación alimentaria con empleo inclusivo, pasando por la educación y sensibilización, la investigación o la incidencia política. Cada una de estas líneas se puede adaptar a diferentes realidades locales y queremos ayudar a que eso pase.

Y si hablamos de sueños… El más grande es que un día Espigoladors deje de existir. Que no haga falta espigar porque no se desperdician alimentos, porque todo el mundo tiene acceso a una alimentación saludable, y porque los modelos sociales, justos y sostenibles ya están plenamente integrados en el sistema. Mientras tanto, seguiremos espigando, cocinando, formando y tejiendo redes. Porque sabemos que el cambio se construye desde abajo, pero también soñando en grande.

¿Cuánto contamina una guerra?

El uso de armas o la violencia son algunas de las causas directas de la pérdida de vidas humanas durante los conflictos. Sin embargo, los daños a los ecosistemas y la contaminación también pueden tener un grave impacto en las víctimas.


Según un estudio de Scientists for Global Responsibility y el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, se calcula que los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Los efectos de un conflicto sobre el medio ambiente provocan una serie de problemas de salud, seguridad alimentaria y desplazamientos forzosos –entre otros– para las víctimas, que, dependiendo de su intensidad, pueden incluso seguir cobrándose vidas después de terminado el enfrentamiento. 

Perjudicar al medioambiente es perjudicar a la población civil  

Debido a cuestiones de seguridad y a la propia complejidad de los conflictos, es difícil estimar la contaminación causada por un enfrentamiento bélico. La guerra de Ucrania está siendo uno de los primeros conflictos en los que los efectos contaminantes están siendo registrados casi en tiempo real. 

Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la guerra, la reconstrucción de edificios, los incendios de paisajes, los daños a la infraestructura energética, los refugiados y el desplazamiento aumentaron un 30% desde que comenzó la invasión, según un informe de Ecoaction. Un total que equivale a las emisiones anuales de Austria, Hungría, República Checa y Eslovaquia juntas o las emisiones anuales de 120 millones de automóviles de combustible fósil.  

Los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero

La guerra de Ucrania también revela cómo el ataque a infraestructuras esenciales tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente y perjudica a quienes dependen de estos servicios para sobrevivir.  Un estudio de la revista Science investigó el impacto de la destrucción de la presa en Ucrania y advierte que se liberaron contaminantes –entre los que se encontraron 83.300 toneladas de metales pesados como plomo, cadmio y níquel y otros elementos como el nítrogeno y el fósforo– que se habían acumulado en los sedimentos del embalse, creando una fuente de contaminantes a largo plazo que podrían propagarse en futuras inundaciones.

En el Líbano, el medioambiente también ha sufrido daños por valor de casi 200 millones de euros debido a la degradación de los recursos naturales y el impacto sobre la infraestructuras de gestión de los residuos sólidos a raíz del conflicto actual entre Israel y Hezbolá, según un informe del Banco Mundial.  

La ONU también documenta las consecuencias de la degradación en Gaza: «Se han colapsado los sistemas e instalaciones de alcantarillado, aguas residuales y gestión de residuos sólidos. La destrucción de edificios, carreteras y otras infraestructuras ha generado millones de toneladas de escombros, algunos de los cuales están contaminados con municiones sin detonar, amianto y otras sustancias peligrosas».  

Por otro lado, los propios recursos naturales pueden ser la causa del enfrentamiento. Según el Programa de Medio Ambiente de la ONU, al menos el 40% de todos los conflictos están vinculados con la explotación de madera, oro, petróleo, el agua o la tierra. 

Actualmente, las prácticas insostenibles de minería, tala y caza furtiva siguen perpetuando la violencia y devastando el medio ambiente en países como la República Democrática del Congo, donde la extracción de cobalto y coltán para pilas recargables alimenta el conflicto en el este del país.

La pérdida de vidas humanas no cesa tras el conflicto 

Cuando el enfrentamiento termina, la devastación sigue dejando su huella en la vida diaria de la población civil y de las generaciones futuras.

La contaminación provocada por una guerra sigue siendo responsable de la pérdida de vidas humanas incluso cuando el conflicto ha terminado

Los informes señalan el efecto especialmente perjudicial de las minas terrestres, que siguen matando personas mucho tiempo después de haber sido depositadas. También causan la degradación de la tierra en la que están y limitan el acceso a territorios seguros, lo que lleva a la sobreexplotación de otros. Inundaciones en Bosnia, Ucrania, Libia y Líbano han desenterrado este tipo de explosivos. 

Además, los bombardeos o el uso de armas incendiarias liberan metales pesados como el cadmio, el plomo o el arsénico, que provocan problemas de salud a largo plazo. En Irak, el aumento del cáncer, las malformaciones congénitas y otras afecciones se han asociado a los daños medioambientales y la inhalación de toxinas del polvo levantado por los vehículos militares.

Estos análisis ponen de manifiesto que los efectos de la guerra sobre el medio ambiente causan una pérdida de vidas humanas que no siempre se tiene en cuenta en la contabilización de las víctimas.  

Algo que tienen presente los países, pero sobre lo que no se tiene pensado actuar: el programa de investigación de la Universidad de Notre Dame que supervisa la aplicación de acuerdos de paz integrales en 34 países de todo el mundo señala que prácticamente ninguno contiene disposiciones relativas a la gestión de los recursos naturales o a la adopción de medidas de protección del medioambiente. 

Aunque, al hablar de guerra, el foco debe estar siempre sobre las víctimas humanas, no debemos dejar a un lado el tratamiento de los recursos naturales, en tanto que, si estos se contaminan o sufren daños, las consecuencias las pagará también la población.  

¿Cómo se vive el autismo en el medio rural?

Aunque es un entorno más amigable para ellos, el medio rural puede ser un hándicap para las personas con Trastorno del Espector Autista que habitan en él debido a la escasez de recursos como profesionales especialistas, buenas comunicaciones o la dependencia del transporte en su día a día. 


El escaso nivel de ruido y el bajo nivel de estímulos, entre otros factores, pueden hacer pensar en un primer momento que el medio rural es el entorno ideal en el que vivir para una persona con TEA (Trastorno del Espectro Autista).

No obstante, a pesar de las ventajas que un entorno tranquilo como lo son las zonas rurales puede proporcionar a las personas con autismo, vivir alejado de la ciudad también implica dificultades.

La falta de recursos especializados cercanos, la necesidad de desplazamiento para su atención y la accesibilidad limitada del transporte son algunos de los retos que deben enfrentar a diario las personas con TEA que viven en un medio rural. Además de limitar su calidad de vida, estas circunstancias pueden llegar a suponer un riesgo de exclusión. 

Según estimaciones de la Confederación Autismo España, alrededor de 74.700 personas con TEA podrían estar viviendo en zonas rurales de nuestro país

La presidenta de la asociación TEA Zamora, Maribel Ramos, hace hincapié en que lo que «más sufren» las personas con autismo en una provincia eminentemente rural son los desplazamientos  –sobre todo, para aquellos que viven en poblaciones pequeñas–, ya que en la ciudad es donde todos los servicios se encuentran centralizados: psicólogo, apoyo escolar, fisioterapeuta… Además, la presidenta añade que sería «muy costoso» que los servicios se desplacen hasta estas poblaciones porque habría que poner profesionales itinerantes y hay zonas muy lejanas y que no disponen de muy buenas comunicaciones con la capital.

Esta escasez de recursos que conllevan desafíos significativos diarios para las personas con TEA suele venir dada por la dispersión de la población y por las características físicas o de orografía de los entornos del medio rural, lo que puede dificultar el acceso a esos ya de por sí mencionados escasos servicios, como ejemplifica Maribel Ramos.

A estas características intrínsecas al lugar se suman en no pocas ocasiones la falta de profesionales especializados y la escasez de figuras de cuidado no profesionales que se deben, generalmente, a la dispersión de las familias y a los gastos extra que aquellas suponen.

Las personas con Trastorno del Espectro Autista que viven en las áreas rurales suelen tener un nivel educativo inferior en comparación con las que viven en las áreas urbanas, lo que puede reducir sus posibilidades de lograr un empleo

Asimismo, y en relación con este último factor, las personas con esta condición del espectro autista que viven en las áreas rurales suelen tener un nivel educativo inferior en comparación con las que viven en las áreas urbanas, lo que puede llegar a reducir sus posibilidades de lograr un empleo, según la Asociación Autismo España.

La AAE expone que los datos muestran que la ruralidad pueden ser un factor que multiplica las situaciones de discriminación. Por ello, la Confederación Autismo España, con el apoyo del Fondo Social Europeo Plus y  junto con otras entidades, puso en marcha la iniciativa +RuralTEA, con el objetivo de marcar un cambio significativo en la vida de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que residen en la España rural.

Según estimaciones de la Confederación Autismo España, alrededor de 74.700 personas con TEA podrían estar viviendo en zonas rurales de nuestro país. Este proyecto se enfoca en brindar soluciones personalizadas para superar las barreras que enfrentan estas personas en municipios alejados de los servicios especializados.

El proyecto +RuralTEA también busca como objetivo prioritario cambiar esta realidad de las personas con autismo, a través de un enfoque integral que incluye la detección de necesidades, la implementación de acciones concretas y el acompañamiento continuo a las familias, de manera que factores como carecer de infraestructuras adecuadas y servicios de transporte no supongan una diferencia en la calidad de vida con respecto a aquellas personas con la misma condición que habitan en un entorno urbano para que, así, las zonas rurales puedan seguir siendo un entorno amigable para ellas.

En este sentido, destaca también Redeia que, en el marco de su compromiso con la lucha contra la desigualdad y la mitigación de los desequilibrios territoriales, ha apoyado la iniciativa social de la asociación El Remós (Huesca). Esta entidad atiende a 22 usuarios, a quienes proporciona formación y la oportunidad de un proyecto laboral, favoreciendo su inclusión activa en la comunidad.

Mediante el acondicionamiento y asfaltado del camino que lleva hasta el centro, la compañía promueve la relación y la integración de las personas con discapacidad en su entorno social.

Iniciativas como estas, que contribuyen a reducir los desequilibrios urbano-rurales, son necesarias para que las personas con TEA puedan adaptarse a su entorno sin tener que abandonarlo por falta de recursos. Garantizar una atención inclusiva en cualquier punto del territorio no solo mejora su calidad de vida, sino que también fortalece el tejido social de las zonas rurales.

Asunción Ruiz: «Ante el negacionismo de los problemas ambientales, necesitamos el ‘afirmacionismo’ de la ciencia»

Las aves son indicadores clave de la salud del planeta y su estado refleja una crisis ambiental y social. Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, habla sobre los retos urgentes de la conservación y la necesidad de respuestas colectivas.


Asunción Ruiz es ambientóloga y directora ejecutiva de la Sociedad Española de Ornitología-SEO/BirdLife, una ONG dedicada a la conservación de las aves y sus hábitats en España desde 1954. Con una trayectoria en proyectos de conservación a nivel nacional e internacional, ha contribuido a la investigación y divulgación científica a través de artículos, monografías e inventarios. Bajo su dirección, SEO/BirdLife trabaja en la protección de especies amenazadas, la monitorización de poblaciones y la sensibilización sobre la importancia de la biodiversidad.

SEO/BirdLife es la organización ambientalista más antigua de España. ¿Qué logros destacarías de sus 70 años de historia? 

SEO/BirdLife ha sido fundamental en la defensa y conservación ambiental, desde su participación en el Convenio Ramsar, en una España no democrática, hasta el reciente reconocimiento del derecho a un medio ambiente sano como derecho humano en 2022.

En este tiempo, con muchos pájaros en la cabeza, pero con los pies en la tierra, hemos podido influir en todos los poderes del Estado para tener una mejor sociedad. Hemos sido parte fundamental de la regulación ambiental, como la Directiva Aves o la Directiva Hábitats. Nuestro inventario de Áreas importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad sirvió de base para la designación de espacios protegidos dentro de la Red Natura 2000. Todo esto sin dejar de trabajar sobre el terreno y sin perder nuestro origen científico. Seguimos siendo esa rara avis que combina conservación y ciencia, algo fundamental en el contexto actual. 

¿Por qué el seguimiento de aves es tan importante para entender la salud de nuestra biodiversidad?

Las aves han sido observadas y registradas a lo largo de la historia y esto nos permite contar con datos científicos muy antiguos. Además, están presentes en prácticamente todos los ecosistemas y son fáciles de observar, lo que facilita su monitoreo. Gracias a estos registros a largo plazo, las aves funcionan como indicadores clave de la salud de los ecosistemas y de los cambios ambientales, también los efectos del cambio climático. Su estudio no solo nos ayuda a entender el estado de la biodiversidad, sino también a promover soluciones para conservarla.

En un contexto de creciente preocupación por la biodiversidad, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta en la actualidad? ¿Qué transformaciones estructurales se requieren para garantizar su preservación en las próximas décadas?

Los retos hoy van más allá de lo ambiental: estamos ante una crisis social que exige cooperación y respuestas colectivas. La conservación no es solo un tema ecológico, sino también una cuestión de calidad de vida y bienestar para toda la sociedad. El gran desafío es transformar nuestros entornos en espacios donde podamos vivir en armonía.

«Las aves funcionan como indicadores clave de la salud de los ecosistemas y de los cambios ambientales»

En SEO/BirdLife siempre hemos sabido adaptarnos a cada momento, y ahora enfrentamos el mayor desafío: nos quedamos sin tiempo. Debemos acercarnos a la sociedad y demostrar que el bienestar no depende de acumular bienes materiales, sino de fortalecer nuestros vínculos y recuperar la conexión con la naturaleza.

El Pacto Verde representaba una luz al final del túnel, pero el panorama ha cambiado y nos obliga a replantear estrategias. Por eso, estamos trabajando mucho con proyectos demostrativos que ponen encima de la mesa lo importante que es la biodiversidad para toda la sociedad. Ante el negacionismo de los problemas ambientales, necesitamos el ‘afirmacionismo’ de la ciencia.

¿Qué zonas de España reconocidas por su valor medioambiental necesitan especial atención actualmente?

Tenemos que preocuparnos por los espacios protegidos por obligación legal, son los deberes que nos hemos puesto y es algo que tenemos que hacer sí o sí. Sin embargo, el verdadero reto es mayor. Debemos cuidar de todo el territorio. No podemos limitarnos a eliminar el uso de sustancias contaminantes dentro de las áreas protegidas mientras seguimos degradando el entorno fuera de ellas. Debemos mantener y respetar la totalidad del territorio y lo que está clarísimo es que la protección no ha sido suficiente para la conservación que necesitamos.

Tenemos muchas aves endémicas en España, ¿cuáles están en peligro de extinción?

Las especies endémicas de España que están en peligro de extinción incluyen aves como la pardela balear o el urogallo cantábrico. También hay especies más emblemáticas, como el águila imperial ibérica cuya conservación siempre ha sido prioritaria. Sin embargo, es importante entender dónde estamos ahora. La crisis actual exige una mirada más amplia porque lo común ha dejado de serlo. Estamos perdiendo gorriones, vencejos y golondrinas a un ritmo alarmante. Los principales focos de este declive son los entornos agrarios, donde están desapareciendo casi un 60% de sus efectivos y los núcleos urbanos, donde la caída ronda el 40%. Si a las aves de los espacios que nos dan de comer y de los lugares donde vivimos no les va bien, deberíamos reflexionar sobre lo que eso significa para el conjunto de la sociedad.

¿Qué efectos tiene el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas en las aves? 

El uso de pesticidas, fertilizantes y otras sustancias químicas agresivas tiene un efecto directo en la disminución de las aves y otros grupos faunísticos, como los artrópodos, en los entornos agrarios. Sin embargo, el problema no se limita a la fauna: estos productos también están deteriorando los suelos, empobreciéndolos y reduciendo su capacidad de producción. Y si la tierra produce menos, también estamos empobreciendo a las y los agricultores.  

Se ha creado una dependencia de estos productos, que cada vez son más caros porque en muchos derivan del petróleo, y esto hace que el sector agrícola también tenga más gastos. En sectores como el olivar, el cereal o el viñedo estamos viendo que la mejor aliada del campo es la biodiversidad. Un entorno rico en vida reduce la necesidad de insumos y permite mantener cosechas sin depender de sustancias que, a largo plazo, ponen en riesgo la producción y el equilibrio del ecosistema.

¿Cómo está afectando el cambio climático a las aves migratorias que pasan temporadas en España? 

España es un país con una enorme riqueza en biodiversidad y un punto clave en las rutas migratorias de muchas aves. Lugares como el estrecho de Gibraltar atraen a personas de todo el mundo para observar su paso hacia África. Sin embargo, el cambio climático está haciendo que cada vez más aves modifiquen sus viajes o lleguen a su destino cuando los recursos que necesitan ya no están disponibles. Estos desequilibrios aumentan el esfuerzo energético de la migración y afectan la supervivencia de muchas especies.

Nuestro país, además, es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. La desertificación avanza a un ritmo galopante y ya se observa la presencia de especies africanas que antes no pasaban tanto tiempo aquí, como el corredor sahariano, que hoy se encuentra asentado en España.

Desde SEO/BirdLife analizamos estos cambios: cuándo viajan las aves, cuánto duran sus desplazamientos, qué países cruzan y cómo están variando sus puntos de descanso. Este estudio no solo nos ayuda a protegerlas, sino que también nos permite comprender mejor los efectos del cambio climático y cómo adaptarnos a ellos.

¿Cómo ha tenido que adaptar SEO/BirdLife sus estrategias de conservación frente a los retos actuales? 

Las campañas que hemos puesto en marcha reflejan muy bien esta evolución. En la estrategia anterior, hasta 2022, el lema fue Contagiar naturaleza, con el objetivo de involucrar a toda la sociedad en la conservación del medio natural. Nunca pudimos imaginar hasta qué punto esto se volvería crucial, pero la pandemia dejó claro que la relación con la naturaleza es fundamental en todos los ámbitos.

Ahora, el lema ha evolucionado a Revivir naturaleza. Más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y, sin embargo, estamos agotando nuestros recursos. Si nuestra economía y bienestar dependen de ella, tenemos que revivirla. Esto significa actuar en todos los frentes: en las ciudades, en el campo y dentro y fuera de los espacios protegidos. También significa devolver la conexión con la naturaleza a las personas. Queremos demostrar que una naturaleza bien conservada mejora nuestra vida. 

¿Cómo podemos fortalecer la relación entre ciencia, política y sociedad para proteger la biodiversidad?

Para que la ciencia transforme la realidad, no puede ser escuchada solo cuando su mensaje resulta políticamente conveniente. Debe ser una base constante para la toma de decisiones. En SEO/BirdLife trabajamos al más alto nivel en incidencia política para contribuir a la definición de normativas, regulaciones y estrategias de conservación. Pero la incidencia política, por sí sola, no es suficiente: necesitamos una sociedad civil organizada, informada y activa.

«Trabajamos para dar alas a la sociedad civil, para que pueda hacer de contrapeso a los bulos y a las amenazas que ponen en riesgo el futuro del planeta»

En el contexto actual, donde los intereses económicos condicionan muchas decisiones, es imprescindible que la ciudadanía refuerce su capacidad de acción. Una sociedad civil fuerte es la mejor defensa contra la desinformación y la inacción. Desde SEO/BirdLife trabajamos para dar alas a la sociedad civil, para que pueda hacer de contrapeso a los bulos y a las amenazas que ponen en riesgo el futuro del planeta. Proteger la naturaleza va mucho más allá de salvar pájaros y flores: es una cuestión de calidad de vida, justicia ambiental y justicia social.

Después de lo que hemos vivido una pandemia o fenómenos climáticos extremos como la DANA, no podemos permitir que todo este sufrimiento quede en el olvido. Es el momento de traducir esos aprendizajes en acción. Aunque la situación es compleja, el activismo sigue siendo una herramienta clave. Puede que no cambie de inmediato el rumbo del mundo ni la actitud de ciertos líderes, pero sí puede influir en la dirección que tomemos como sociedad. El futuro que queremos depende de lo que hagamos hoy.

Matrimonio infantil forzado: un nuevo caso cada 3 segundos

El matrimonio infantil es todo matrimonio formal o unión informal entre un menor de 18 años y un adulto u otro menor y es considerado por la Organización de Naciones Unidas como un tipo de matrimonio forzado. Aun así, sigue formando parte de la vida de muchas niñas y niños en el mundo. 


La infancia y la adolescencia son dos etapas determinantes en el desarrollo de cualquier ser humano, ya que a esas edades empezamos a dar forma a la hoja de ruta que vamos a seguir para convertirnos en personas adultas. Sin embargo, esto sólo puede cumplirse si nos dejan vivir nuestra infancia y adolescencia en toda su plenitud, algo que no es posible para aquellas personas que son obligadas a contraer matrimonio siendo todavía menores. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada año 12 millones de niñas son forzadas a casarse, lo que supone que su desarrollo se frene en seco, a la vez que su salud y su seguridad son puestas en peligro.

En 2014, la Asamblea General de la ONU adoptó la primera resolución sobre el matrimonio infantil precoz y forzado y un año más tarde, todos los estados miembros votaron a favor de que la erradicación de esta grave vulneración a los derechos de la infancia se convirtiera en una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030. Por eso, en 2016 UNICEF y la UNFPA pusieron en marcha el Programa Mundial para Acelerar las Medidas Encaminadas a Poner Fin al Matrimonio Infantil. 

Este programa ha sido impulsado principalmente en los 12 países donde la práctica es más elevada: Bangladesh, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, India, Mozambique, Nepal, Níger, Sierra Leona, Uganda, Yemen y Zambia. Sin embargo, cabe destacar que se producen matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas en todo el mundo, incluyendo países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido o España. Por tanto, es una lacra que debe combatirse de forma global. 

La mayoría de organizaciones implicadas en acabar con esta situación coinciden en que una de sus causas principales es la arraigada desigualdad de género todavía existente en gran parte del mundo, que hace que a las mujeres no se les reconozca el derecho a tomar decisiones sobre sus propias vidas. Esto explica que el problema afecte de una forma mucho mayor a las niñas que a los niños, ya que la tasa del matrimonio infantil de los menores varones equivale a tan solo una quinta parte de la tasa de las niñas, según UNICEF.

La tasa del matrimonio infantil de los menores varones equivale a tan solo una quinta parte de la tasa de las niñas, según UNICEF

No obstante, el matrimonio infantil es un problema con muchos otros orígenes, entre los cuales se cuentan la falta de recursos y oportunidades educativas, el acceso limitado a la asistencia sanitaria y la fuerte influencia de algunas costumbres y tradiciones, que acaban haciendo que muchas familias opten por casar a sus hijas a una edad temprana, pensando que de este modo están garantizándoles un futuro mejor tanto a sus hijas como al resto de la familia. 

En muchos países, la pobreza también es una condición inseparable de esta situación. De hecho, casi el 40% de las niñas en los países más pobres del mundo son obligadas a casarse, el doble del promedio mundial. Y ese porcentaje podría verse agravado por las crisis humanitarias causadas por conflictos armados y la violencia, el cambio climático y por brotes de enfermedades, tal como pasó en su día con la pandemia de COVID-19. 

En el momento en que una niña se convierte en esposa, la infancia se acaba de golpe para ella. Con frecuencia, estas jóvenes se quedan embarazadas cuando su cuerpo aún no se ha desarrollado por completo, lo que puede suponer muchas complicaciones para su salud y la de su futuro bebé. Además, en algunos países el matrimonio supone pasar a formar parte de la familia del marido y, en muchas ocasiones, eso las aísla y aleja de su propia familia, de sus amistades y de la comunidad. Todo ello deja en ellas unas profundas heridas psicológicas, que pueden acabar desembocando en trastornos de estrés postraumático, baja autoestima, depresión y ansiedad.   

Las niñas que contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica y tienen menos probabilidades de seguir asistiendo a la escuela

Pero el matrimonio infantil no solo es un problema de carácter social, ya que a la larga se convierte también en un problema económico para los países en los que se practica. Según UNICEF, las niñas que contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica y tienen menos probabilidades de seguir asistiendo a la escuela, lo que hace que las posibilidades de prosperar sean menores tanto para ellas como para su descendencia, perpetuando la situación de pobreza en la que viven estas familias y a la vez, dificultando aún más la capacidad de estos países para proporcionar una mejor asistencia educativa y sanitaria a su población. 

Por lo que respecta al marco legal, Amnistía Internacional informa de que la Convención de los Derechos del Niño recomienda que todos los países firmantes fijen los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer recoge que este tipo de uniones no tendrán efecto jurídico. Pero en la práctica, estos acuerdos y convenciones entran en conflicto con las leyes y tradiciones de los países en los que más se practica y, en consecuencia, los acuerdos internacionales acaban pasándose por alto.  

Aunque es importante que los países legislen en contra del matrimonio infantil, la realidad nos deja claro que la ley por sí sola no será capaz de acabar con una práctica tan arraigada socioculturalmente. El matrimonio infantil debe ser abordado desde múltiples prismas de forma simultánea. 

Desde 2014 hasta hoy, los avances han sido significativos: si hace diez años 1 de cada 4 niñas eran obligadas a casarse, en la actualidad la proporción ha descendido a 1 de cada 5 niñas. Pero aún estamos muy lejos de llegar a cero: en la actualidad, cada tres segundos una niña contrae matrimonio en contra de su voluntad. Una de cada tres niñas en el mundo se va a casar antes de cumplir 18 años y el 14% de las niñas de países en vías de desarrollo se casarán antes de cumplir los 15 años. Y ante esta realidad, es necesario plantear nuevas estrategias en las que más allá de los gobiernos, se tenga en cuenta a los principales afectados por esta práctica: las niñas. 

En los últimos años, los esfuerzos del Programa Mundial impulsado por UNICEF y la UNFPA se han encaminado a brindar un apoyo efectivo a las jóvenes en situación de riesgo de contraer matrimonio a través formación en competencias para la vida, educación sexual y el fomento de la asistencia escolar. Garantizar el derecho a la educación y a la información de estas niñas es quizá una de las medidas más contundentes que se pueden tomar, porque nadie mejor que ellas conoce su contexto. Tomar sus inquietudes, opiniones y propuestas en consideración puede ser, sin duda, una buena estrategia para acelerar el avance hacia la eliminación total del matrimonio infantil.

Íñigo Vila: «La polarización no va a cambiar nuestra forma de trabajar»

El número de personas migrantes que llegaron a Canarias en 2024 marcó un récord histórico. Íñigo Vila, director de Socorros de Cruz Roja, explica cómo la organización trabaja para adaptar su intervención a cada contexto y dar respuesta a una crisis que exige coordinación, recursos y un enfoque en derechos humanos.


El número de personas migrantes que llegó a Canarias en 2024 fue el mayor registrado en su historia, un total de 46.843 personas. ¿Cómo ha respondido Cruz Roja ante esta situación? ¿Qué refuerzos han sido necesarios?

Tratamos de reforzar nuestros equipos para realizar una mejor atención a la llegada, dependiendo de las necesidades. Nuestro trabajo es el mismo, tenemos una metodología estandarizada, pero la adaptamos a las particularidades de cada ubicación y de cada momento. Desde 2022, nos encontramos con un aumento en el número de llegadas en Canarias y nos hemos ido adaptando. ¿Cómo va a evolucionar este fenómeno a lo largo de 2025? No lo sabemos. El último mes de enero, en comparación con el año pasado, ha sido más bajo, pero hay muchos factores que condicionan.

Una de cada siete personas de las que habéis rescatado en 2024 era menor de edad. ¿Qué impacto tienen estas cifras en la capacidad de respuesta ante la emergencia humanitaria?

En realidad, para nuestro trabajo de rescate a pie de playa no es algo que marque tanto la diferencia, cambia más en la gestión posterior, donde las competencias con menores las asumen las comunidades autónomas. En general, lo que más influye en el primer rescate es la vulnerabilidad de las personas que llegan o las condiciones en las que desembarcan y, en este caso, damos prioridad a una serie de perfiles. Por ejemplo, alrededor del 90% de las personas que llegan son hombres. En el caso de que hubiera un vuelco y llegaran muchas más mujeres, quizás habría más diferencias en este primer rescate. Tenemos protocolos para actuar en cada caso y coordinarnos con las instituciones públicas. 

En el contexto de Canarias y el socorro y atención humanitaria a personas migrantes, ¿cómo habéis logrado movilizar y formar al voluntariado para poder atender este incremento de llegadas?

El voluntariado es una pieza clave en la labor de Cruz Roja. Gracias a su participación, podemos adaptarnos con flexibilidad a las necesidades del momento, ampliando o reduciendo los equipos según la demanda. En cada una de nuestras 16 ubicaciones, contamos con equipos de gestión estables que trabajan previamente con el voluntariado para garantizar que, en caso de emergencia, todo esté preparado para actuar de manera eficaz.

«Trabajar en situaciones de emergencia es una carrera de fondo»

La formación es fundamental. El voluntariado debe conocer el protocolo sanitario, la distribución del trabajo y las responsabilidades de cada rol. Aunque seguimos un modelo estandarizado en todas las ubicaciones, ajustamos la estructura en función de la presión que afronta cada isla, escalonando los equipos según sea necesario. Además, cada punto de intervención tiene sus particularidades. Por eso, reforzamos la capacitación en los periodos de menor actividad e impulsamos intercambios entre ubicaciones, permitiendo que el voluntariado conozca diferentes realidades y pueda adaptarse mejor a distintos contextos.

¿Cómo trabajáis para apoyar el bienestar emocional y psicológico del personal y voluntariado que trabaja en situaciones de emergencia?

Este es un aspecto clave en nuestra labor, sin importar cuál sea la emergencia. El apoyo a los equipos intervinientes es fundamental, ya que enfrentan situaciones de gran complejidad y estrés. Por ello, trabajamos de forma continua con pequeños grupos en los que abordamos, entre otros temas, los primeros auxilios psicológicos. Nuestro objetivo es que el personal aprenda a identificar momentos críticos y sepa cómo gestionarlos. Estas sesiones se realizan de manera periódica o cuando se presenta una situación especialmente difícil. Además, hemos llevado a cabo charlas con el personal de Salvamento Marítimo, con quienes colaboramos estrechamente. Cuidar a quienes cuidan es una prioridad. También promovemos la rotación del personal y la gestión de descansos, ya que este trabajo es una carrera de fondo, y tratamos de mantener un equilibrio entre personas con experiencia y con menos. Todo esto ayuda a hacer nuestro trabajo más sostenible. 

Una de las preocupaciones es la saturación de los recursos de acogida en las islas. ¿Cuáles son los mayores desafíos en este sentido? ¿Qué diferencias hay entre las distintas islas?

La insularidad, tanto en Canarias como en Baleares, supone un reto logístico evidente, igual que en Ceuta y Melilla. Es más fácil desplegar recursos en el sur de la península que en una isla. Siempre digo al equipo que tenemos que hacer el mismo trabajo, pero con diferentes cartas: estas son nuestras cartas y con ellas tenemos que trabajar. Por eso, es tan importante saber cómo actuar en cada ubicación, aunque partamos del mismo protocolo. No podemos cambiar las circunstancias logísticas de un territorio. Por ejemplo, en algunos casos, nos gustaría que hubiera un aeropuerto internacional en El Hierro o que hubiera más frecuencia de ferris, pero el espacio es el que es y la isla tiene el tamaño que tiene. Debemos entender las limitaciones. Por otro lado, no se trata de tener a mucha gente trabajando, sino a la adecuada, de modo que todo sea más fluido y poder coordinarnos con rapidez cuando llegan muchas personas para que puedan ser trasladadas cuando se sobrepasan ciertos umbrales. 

Aunque solemos hablar de la ruta marítima, la ruta migratoria de las personas que llegan a nuestro país es más larga. ¿Qué impacto tiene esto en la salud de las personas rescatadas? 

Los factores que influyen en cómo llegan son muchos y las condiciones del trayecto varían muchísimo, como el número de días, las condiciones en las que han viajado o el estado de salud inicial. Algunas personas llegan caminando desde el interior del continente africano, otras puede que hayan cogido un medio de transporte y no hayan tenido ningún problema y luego, por el contrario, tienen una mala travesía marítima porque se ha estropeado un motor o no llevaban víveres suficientes. Y, por el contrario, hay quien no ha tenido ningún incidente en su travesía. 

¿En qué medida difieren los motivos de migración entre hombres y mujeres? Aunque el porcentaje de mujeres y niñas que llegan es menor, ¿qué necesidades específicas deben cubrirse en su caso?

Los motivos pueden variar mucho dependiendo de los países de origen. Pueden ir desde conflictos armados o crisis sociales a sequías. Su migración, al final, es por una búsqueda de oportunidades, dado que en su lugar de origen no las tienen. Vemos también un poco la fluctuación de diferentes nacionalidades dependiendo de si hay mayores tensiones políticas y sociales o conflictos armados. Por eso también insistimos tanto en la importancia de invertir en los países de origen para que haya mejores condiciones de vida.

«Nadie quiere abandonar su lugar de nacimiento, donde está todo su tejido social, e irse a un país diferente donde no tiene tanta red»

Nadie quiere abandonar su casa, el pueblo o ciudad donde ha nacido si allí está bien. Por otro lado, en el caso de las mujeres, también tenemos protocolos específicos. Por ejemplo, las mujeres embarazadas son evacuadas automáticamente, aunque estén en buen estado de salud, para hacerles un reconocimiento médico en un hospital. También si vemos algún indicador de que sean víctimas de trata y estén migrando de manera forzada. 

Aunque se hable de crisis migratoria, estamos ante un fenómeno estructural muy complejo. ¿Cómo crees que se podría cambiar esta situación? ¿Cómo , podemos fomentar la integración en los territorios de acogida?

El fenómeno de las migraciones ha existido siempre y siempre existirá. España también fue un país migrante. Al final son situaciones que se dan y la gente sale a buscar oportunidades si no las tiene. De ahí que la necesidad de inversión en los países de origen, en proyectos de desarrollo que les permita tener una nueva situación distinta a la actual, sea fundamental. Nadie quiere abandonar su lugar de nacimiento, donde está todo su tejido social, e irse a un país diferente donde no tiene tanta red. Creemos que es importante invertir en oportunidades de desarrollo, en educación, para que pueda haber oportunidades de futuro. Por otro lado, aquí, tenemos que mejorar la inclusión. En Cruz Roja, facilitamos la adaptación a través de apoyo a cuestiones básicas, como aprender español o saber cómo funciona el sistema, y ofrecemos orientación legal en cuestiones de derechos humanos. 

En un momento de gran polarización, en el que circulan bulos y discursos de odio sobre la migración y otros asuntos relacionados con los derechos humanos, ¿habéis notado un impacto en la labor de Cruz Roja? ¿Esto ha afectado a los fondos para emergencias o a la percepción de vuestro trabajo?

Nuestra forma de trabajar va a seguir siendo la misma, a pesar de las desinformaciones que haya alrededor. Esto no va a hacer que cambiemos nuestra forma de trabajo. Tenemos una historia de 160 años y hemos vivido muchos conflictos, guerras y crisis, momentos de menos y mayor bonanza, y hemos seguido trabajando siempre de la misma manera. Nos regimos por siete principios fundamentales y el primero es la humanidad. Vamos a atender a toda persona que nos necesite sin mirar su origen, su raza o su región. Esta polarización no va a cambiar nuestra forma de trabajar. Además, vemos que, en muchos casos, no ha afectado a la ayuda que recibimos. Hemos tenido la mayor recaudación de fondos durante la DANA para ayudar a la gente de Valencia y estamos ejecutando un plan a tres años. No se trata de estar en las primeras semanas, es un trabajo a largo plazo. Por ejemplo, también seguimos trabajando con la gente afectada por el volcán de la Palma, que ya muchos han olvidado. 

En un contexto global marcado por crisis climáticas y conflictos, ¿cómo crees que evolucionará el fenómeno migratorio en los próximos años?

El contexto global actual  toca a todo el mundo y también afecta a las migraciones. Siempre ha habido sequías más prolongadas, quizás no con esta frecuencia o intensidad, pero no es algo nuevo. Sin embargo, ahora tenemos una posición distinta para poder adaptarnos y buscar alternativas, precisamente, para que el cambio climático tenga el menor impacto. Por otro lado, lo que ha cambiado es que antes veíamos fenómenos muy lejos, como El Niño, y ahora los estamos viendo aquí. Por eso, aunque no es algo nuevo, las personas están más sensibilizadas. Tenemos que aprovechar esta alerta generalizada para buscar soluciones.