El idioma: una frontera más para los migrantes

Han cruzado montañas, mares y desiertos con el objetivo de alcanzar un lugar seguro, reencontrarse con sus seres queridos, o persiguiendo una oportunidad laboral. Sin embargo, al llegar, muchas personas migrantes se encuentran con una nueva barrera inesperada: el idioma. Cuando uno no habla la lengua del país de acogida, todo se complica aún más, y el acceso a derechos básicos, como la sanidad, la educación o el empleo, se ve altamente limitado.


Cuando uno llega al país de acogida, suele pensar que lo más difícil ya ha pasado, que la peor de las travesías ya se ha quedado atrás. Sin embargo, existen fronteras más allá de lo geográfico, fronteras menos visibles, pero igual de limitantes. Una de ellas es la del idioma. Actualmente, en España hay 6.947.711 residentes extranjeros, es decir, el 14,13% del total de población. De esta cifra, hay un elevado porcentaje de personas que proceden de países de habla no hispana como, por ejemplo, Siria, Ucrania, Italia, Palestina o Marruecos, entre otros. Algunas de ellas llegan huyendo de conflictos en sus países de origen. En 2024, España registró un total de 167.366 solicitudes de asilo. Otras por motivos laborales, de estudio o por reagrupación familiar. Y todas se enfrentan a esta barrera que condiciona su vida diaria y sus oportunidades de integración.

La falta de conocimientos lingüísticos puede llevar a las personas a una situación de extrema vulnerabilidad. En el ámbito sanitario, por ejemplo, esta barrera puede dificultar los diagnósticos, entre otras cosas. En el año 2024, la ONG Accem, junto con la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, crearon un servicio de interpretación para paliar las consecuencias de la falta de una comunicación adecuada. Entre enero y noviembre del mismo año, el servicio atendió a más de 8.000 personas, lo que da cuenta de su utilidad. Lenguas como el bambara, el wólof o el soninké son las más solicitadas, según Accem.

Muchas de las personas migrantes en España proceden de países de habla no hispana como Siria, Ucrania, Argelia, Palestina o Marruecos, entre otros

El idioma también juega un papel crucial tanto en el ámbito laboral como en el educativo. Muchos empleos requieren el dominio del idioma local, por lo que muchas personas migrantes quedan excluidas de los trabajos más cualificados o con mejores condiciones laborales. La hostelería, la construcción y la agricultura son los sectores que más se nutren de trabajadores extranjeros. A pesar de que muchas personas llegan al país de acogida con formación y experiencia laboral adquirida en su país de origen, la dificultad para homologarlos hace que sus capacidades profesionales no lleguen a ser reconocidas. La UNESCO alerta de que solo un 7% de los refugiados en el mundo accede a educación superior, debido a factores como la falta de recursos y de soporte lingüístico o a la burocracia a la hora de homologar o reconocer credenciales previas.

Solo un 7% de los refugiados en todo el mundo acceden a educación superior debido, entre otras cuestiones, a la falta de recursos y de soporte lingüístico

La integración lingüística no es solo una herramienta práctica, sino también humana. Entender y ser entendido es un elemento clave para crear vínculos sociales y generar una red de apoyo y contactos, más allá del ámbito laboral. No poder comunicarse con compañeros o profesores impide crear redes de apoyo, lo que puede llevar a las personas migrantes a sentirse excluidas o dependientes. El aislamiento social, la sensación de soledad, la ansiedad o una baja autoestima son algunas de las consecuencias emocionales que puede provocar la barrera lingüística. 

 

El idioma forma parte de nuestra identidad, y nos aporta un lugar y un reconocimiento en la sociedad. Es una manera de estar presente, de tener voz, de sentirnos escuchados, valorados y comprendidos. Programas de aprendizaje, generar conciencia y empatía por parte de la población local y los servicios de interpretación son algunas de las acciones que pueden ayudar a mitigar el impacto que genera esta barrera. Así, poco a poco, conseguiremos que la integración de los migrantes sea más completa y el camino un poco más llano.