Karl Heinrich Ulrichs: pionero de derechos LGBTQ+

Mucho antes de las legislaciones contemporáneas, el jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs ya cuestionaba las leyes que castigaban las conductas homosexuales. Su voz abrió una conversación sobre derechos e igualdad que tardaría décadas en encontrar eco.


El 30 de noviembre de 1857, la trayectoria del jurista alemán Karl Heinrich Ulrichs cambió para siempre. Formado en Derecho y Teología por la Universidad de Gotinga, y en Historia por la Universidad de Berlín, el joven de 30 años ejercía en los tribunales del Reino de Hannover. Pese a que su expediente profesional era intachable, una posible destitución se cernió sobre él: sus superiores recibieron informes que detallaban su actividad homosexual. La legislación de Hannover no criminalizaba estas conductas, pero la normativa de la función pública exigía un estricto código de conducta moral a sus miembros. Ante la probable apertura de un proceso disciplinario, Ulrichs optó por presentar su renuncia.

Desafío penal e igualdad legal

Una vez alejado de los tribunales, el jurista se estableció en Fráncfort del Meno. Allí trabajó en el entorno diplomático de la Confederación Germánica como secretario de uno de sus miembros y, en paralelo, ejerció el periodismo en las páginas del Allgemeine Zeitung. Entre 1864 y 1865, y con el seudónimo de Numa Numantius, publicó cinco ensayos monográficos aunados bajo el título Estudios sobre el misterio del amor masculino. Así, en palabras del historiador estadounidense Hubert Kennedy, Ulrichs se convirtió en el «primer teórico de la homosexualidad».

A partir de estos análisis, el jurista defendió que la ley debía amparar la dignidad de todo individuo con independencia de su condición, lo que le llevó a examinar las contradicciones del código penal de la Alemania del siglo XIX: mientras algunos territorios de influencia napoleónica no penalizaban las relaciones consentidas entre hombres, potencias como Prusia las castigaban con la prisión y la pérdida de derechos civiles. Ante esta disparidad, Ulrichs sostenía que la reforma debía debatirse de forma pública y jurídica, rebatiendo la posición dominante con argumentos de derecho natural, ciencia y teología. 

Con ese propósito, el 29 de agosto de 1867, Ulrichs llevó sus demandas ante el Sexto Congreso de Juristas Alemanes en Múnich. Su intervención fue la primera en la Europa moderna en que un hombre abiertamente homosexual denunciaba la desigualdad legal de su colectivo. Los abucheos de los quinientos asistentes le impidieron terminar y tuvo que abandonar el estrado.

El exilio y el latín como último refugio

La unificación alemana de 1871 y la creación de un Estado nacional extendió a todo el país las leyes más restrictivas. Con sus libros confiscados, Ulrichs se exilió en 1880 a Italia y se instaló en la ciudad de L'Aquila, donde el marqués Niccolò Persichetti lo acogió en su residencia. Allí editó Alaudae, una revista dedicada a la preservación del latín, hasta su muerte en 1895. Aunque en sus últimas cartas se describía a sí mismo con amargura como un exul et pauper (exiliado y pobre), sus admiradores internacionales le costearon una digna sepultura de mármol en el cementerio de la ciudad.

Su legado trascendió los últimos años de su vida y hoy Ulrichs es considerado por historiadores como el pionero en la lucha por los derechos civiles de los homosexuales en Europa. Su renuncia forzada en Hannover no supuso el fin de su actividad intelectual, sino el inicio de un debate sobre los límites del derecho penal en materia sexual y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que, hasta más de un siglo después, no se reflejaría en la legislación de la mayoría de los países europeos.