En caso de emergencia, contacte ¿a un animal?

El perro que ayudó a un joven a sobrevivir durante dos semanas bajo los escombros en Venezuela tras los devastadores terremotos es solo uno de los muchos ejemplos que demuestran que la relación entre humanos y animales puede convertirse en un recurso decisivo en situaciones de emergencia, pero también en la vida cotidiana.


Un joven permaneció catorce días atrapado bajo los escombros de un edificio derrumbado por los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio. Cuando la esperanza de que fuera localizado casi se había extinguido, aún había alguien que no se iba de su lado, su perro. Tras el rescate de ambos, dos semanas después, el superviviente explicó cómo el animal le había ayudado a resistir durante aquellos días: «Mi perro fue quien me mantuvo con vida».

La historia conmovió por el desenlace, pero también recordó una realidad que los equipos de emergencias conocen desde hace años, que los animales pueden desempeñar un papel fundamental cuando la vida está en riesgo.

La capacidad de los animales para ayudar en una emergencia no nace solo del entrenamiento, sino también del vínculo que construyen con las personas

En España, la Escuela Nacional de Protección Civil forma unidades caninas especializadas en localizar supervivientes y víctimas mortales tras catástrofes como terremotos, incendios o derrumbes. Gracias a un olfato extraordinario, los perros son capaces de detectar a alguien atrapado bajo toneladas de escombros y acceder a lugares donde las personas apenas pueden moverse. 

Su trabajo, sin embargo, no depende únicamente de sus capacidades naturales. Detrás de cada intervención existe un largo entrenamiento conjunto entre el animal y su guía, un binomio basado en la confianza y el aprendizaje mutuo. Así, guía y perro funcionan como una única unidad, construida durante años de entrenamiento y confianza. 

Ese vínculo también explica algunos de los casos de heroísmo animal más conocidos, como el de la labradora Frida, integrante de la Marina mexicana, que participó en numerosos operativos de búsqueda y rescate tras terremotos, logrando salvar doce vidas. O el del gorila Jambo, que en 1986 protegió a un niño que había caído a su recinto hasta que llegaron los cuidadores. Y, durante el tsunami del Índico de 2004, un elefante llamado Ning Nong llevó a una niña británica hasta una zona elevada antes de que la alcanzara la primera gran ola.

La ayuda de los animales va más allá de las catástrofes: perros guía, animales de asistencia y terapias asistidas demuestran cada día el valor de esta relación

Pero la ayuda de los animales no se limita a las grandes catástrofes. Cada día, perros guía permiten a personas con discapacidad visual desplazarse con seguridad, incluso en situaciones de evacuación. Otros animales de asistencia son capaces de detectar crisis epilépticas o bajadas bruscas de glucosa antes de que aparezcan los primeros síntomas. 

A ello se suma la terapia asistida con animales, una intervención que ha demostrado reducir el estrés y la ansiedad y mejorar el bienestar emocional de personas que atraviesan enfermedades, accidentes o experiencias traumáticas.

La importancia de esa relación ha comenzado incluso a reflejarse en la legislación. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales obliga a que los planes de protección civil contemplen el rescate conjunto de las personas y sus animales de compañía, un reconocimiento que va más allá del afecto. Cuando todo se derrumba, ese vínculo puede convertirse también en una herramienta para sobrevivir.