Desde los espectáculos romanos hasta los primeros zoológicos, la interacción humana con animales con el fin de exhibirlos ha evolucionado a lo largo de la historia. Hoy, en un contexto de creciente conciencia sobre el bienestar animal, los zoos redefinen su propósito, convirtiéndose en centros cruciales para la investigación científica, la recuperación de especies y la educación ambiental, como demuestran los esfuerzos del Zoo de Praga, el de Jersey o el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria.
La utilización de los animales como espectáculo viene de largo. Desde los combates del Coliseo romano hasta los números de circo, los animales salvajes han sido utilizados durante siglos como entretenimiento humano. También, en la misma línea, surgieron los zoológicos modernos, concebidos inicialmente como colecciones privadas de animales exóticos traídos de otros continentes. Durante buena parte del siglo XX, el objetivo principal de los zoológicos era mostrar especies exóticas, muchas veces en condiciones precarias, despertando la curiosidad del público sin una preocupación explícita por el bienestar o la conservación de las especies.
Hoy, sin embargo, el paradigma ha empezado a cambiar debido a una mayor conciencia medioambiental, lo que ha obligado a los zoos a reconsiderar a fondo su papel. En España, donde existen unos 119 centros, la Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos establece una serie de medidas que estos deben cumplir para desempeñar su papel primordial en la conservación de la biodiversidad y contribuir a la protección del medioambiente. En un extracto de la Guía de aplicación de esta ley, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, podemos ver cuáles son algunas de estas áreas de transformación necesarias, como la planificación de la colección zoológica, la adecuación de las instalaciones y de las técnicas de manejo empleadas, la cualificación del personal técnico y auxiliar, la planificación de las tareas desarrolladas o la ordenación de los recursos materiales y espaciales disponibles, entre otras. Así, muchos centros se definen ahora como espacios de conservación activa, educación ambiental y divulgación científica, desempeñando un papel clave en la sensibilización del público.
Zoológicos como el de Praga, clave en la recuperación del caballo de Przewalski, y el de Jersey, esencial para el ferreret mallorquín, lideran la conservación de especies
Por otro lado, organizaciones globales como la World Association of Zoos and Aquariums (WAZA), que agrupa a los principales parques del mundo, han establecido un claro y ambicioso objetivo para 2030: contribuir activamente a «detener las extinciones, revertir las disminuciones, restaurar las poblaciones y asegurar el futuro de las especies amenazadas», lo que se traduce en que los miembros de WAZA «documenten e informen sobre sus esfuerzos de conservación».
En ese sentido, podemos destacar zoológicos como el de Praga, que ha liderado un exitoso programa de recuperación del caballo de Przewalski, una especie que estuvo cerca de extinguirse en los años sesenta, o el zoo de Jersey, clave en la recuperación del ferreret mallorquín, un anfibio endémico de Mallorca. Asimismo, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, ejemplifica un modelo donde la semilibertad de los animales facilita la investigación conductual y reproductiva, a la vez que sensibiliza al público. Estos tres casos ilustran la capacidad transformadora de estos centros en la conservación de especies y divulgación científica.
Laura Benito: «En las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento».
Laura Benito, bióloga y guía de naturaleza, reflexiona desde su experiencia: «Durante años, mi relación con la fauna se ha basado en la observación respetuosa y el aprendizaje desde la libertad. Esa es precisamente la gran diferencia con los zoos tradicionales: en las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento. Es cierto que no se garantiza que vayas a verlos, pero eso también forma parte de la experiencia. En un zoológico, por mucho que se mejoren los recintos, las condiciones nunca reproducen del todo su ecosistema».
El debate sobre el futuro de los zoológicos es complejo y la tensión ética inherente a la cautividad persiste, generando diversas perspectivas sobre su viabilidad a largo plazo. Así, el devenir de estos espacios dependerá de un delicado equilibrio entre bienestar animal y la innegable contribución científica y educativa que algunos centros desarrollan para la biodiversidad.

