Categoría: Agenda 2030

La ingeniería también tiene nombre de mujer

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Eva Pagán y Sara Gómez son ingenieras. La primera es directora general de Transporte de Red Eléctrica de España; la segunda, directora general de Universidades de la Comunidad de Madrid. En un mundo tradicionalmente masculino, han conseguido abrirse camino y llegar a lo más alto. En este diálogo conversan sobre las dificultades a las que se han enfrentado y analizan cuáles son los principales desafíos para que mujer e ingeniería sean compañeras inseparables en el viaje hacia un futuro digital.

Sara Gómez. La falta de mujeres en la ingeniería –solo representan un 25% del alumnado en este tipo de carreras STEM–, es un problema global, no local. Sin embargo, estas cifras enmascaran de alguna manera la realidad: hay carreras universitarias como la ingeniería biomédica o la bioingeniería donde ahora encontramos una igualdad casi total entre hombres y mujeres. En el otro extremo hay ingenierías como la informática o la electrotecnia, que es la que tú hiciste, en las que la presencia femenina está a punto de pasar a un dígito. ¿Por qué sucede eso?

Eva Pagán. El problema viene desde antes de la universidad, del período de madurez, de la adolescencia, cuando tomas la decisión de si prefieres estudiar matemáticas y física en vez de literatura o historia. Y en esas edades el papel de los educadores es clave.

Sara Gómez. Por eso es tan importante enamorarte de estas profesiones cuando tienes cinco o seis años. Cuando los niños y niñas están en infantil, los profesores –en su mayoría mujeres– tienen muy poca formación en STEM. Por eso es un problema estructural: o cambiamos la formación de los formadores o será difícil que luego las niñas escojan física o matemáticas. Porque las dos sabemos que, si no te gustan los números, hacer ingeniería no es una buena opción.

Sara Gómez: "Hay que acabar con los mitos que rodean la ingeniería e impiden ver la vertiente social y eso a las mujeres nos importa"

Eva Pagán. No es solo la formación de los docentes, debería cambiar también la idea que hay de que para hacer una ingeniería tienes que ser muy listo, porque también tienes que serlo para convertirte en un buen abogado o un buen periodista. Se transmite que la ingeniería es algo que haces solo, en un sitio cerrado, peleándote con las máquinas, y a lo mejor las mujeres, que somos más sensibles a tener trato con los demás, esa imagen que se da nos condiciona. Además, la realidad es que un equipo de ingeniería siempre es multidisciplinar: ya sea para construir un puente, una instalación eléctrica o una gran infraestructura, necesitas un equipo.

Sara Gómez. Fíjate, una de las razones por las que estoy peleando por evangelizar, como yo lo llamo, para que haya más vocaciones STEM en general –y en niñas y chicas en particular–, es precisamente porque desde las ingenierías hemos comunicado mal lo que hacemos. En mis visitas a los colegios, les preguntaba a las niñas qué creían que hacemos los ingenieros o las ingenieras y me decían: “No lo sé, pero sois un poco raros”. Y esa percepción de que somos muy empollones o solitarios y que no tenemos vida social, pesa. Hay que romper los falsos mitos, primero, porque impide que se vea la vertiente social de la ingeniería y eso a las mujeres nos importa; y, segundo, porque no deja avanzar. La ingeniería, la ciencia en general, es la palanca de transformación más poderosa del mundo, y más en este momento.

Eva Pagán. ¿Y no es ahí donde tenemos que involucrarnos más las que ya tenemos experiencia en el mundo de la ingeniería? Deberíamos decirles a las niñas: “Oye, bueno, soy rara, pero de una rareza media, más o menos como cualquier otro”. No hay que tenerle miedo y hay que ser un referente. Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres? Esos filtros los ponemos nosotros, y son los que nos llevan a pensar que una profesora educación infantil es más cosa de mujeres y que ser ingeniero es más de hombres.

Sara Gómez. ¿De dónde crees que vienen esos prejuicios?

Eva Pagán. Creo que de la infancia, están incluso en los juegos mismos. Recuerdo que, cuando era pequeña, me regalaron por mi comunión uno de los primeros bebés que hablaban y lloraban a la vez. A mí me gustaban mucho las muñecas, pero cuando me dieron eso, en cuanto me quedé sola, la curiosidad me llevó a coger un cuchillo y abrirlo para ver por qué demonios aquel muñeco lloraba, para disgusto de mi madre. Pero es que yo creo que una muñeca es jugar, pero también es descubrir por qué llora.

Eva Pagán: "Si te gusta trabajar con piezas, ¿por qué no vas a poder hacerlo, si las piezas no saben de mujeres ni de hombres?"

Sara Gómez. Exacto. Los porcentajes existentes sobre el tiempo que las mujeres dedicamos a cuidar de los demás son altísimos, por eso hay que fomentar en las niñas el desarrollo de habilidades que van más allá de lo social, como las de descubrir por qué pasan las cosas. ¿Tú crees que las mujeres somos más timoratas? Hay algunos estudios, como el de una universidad americana, en el que se hace una oferta de empleo con una serie de indicaciones que los candidatos han de cumplir. Hicieron una muestra bastante equilibrada entre hombres y mujeres y vieron cómo los varones aplicaban cuando cumplían un 40 o 50% de los requisitos, pensando “lo que no sé, ya me lo enseñarán”. Sin embargo, las mujeres, no lo hacían hasta que no estaban seguras de poder cumplir el 80 o el 90% de las especificaciones. ¿De dónde nos viene esto?

Eva Pagán. Quizá de la autoexigencia, de las inseguridades… Esa inseguridad es la que nos hace pensar “no voy a poder con las matemáticas” o “no voy a poder resolverlo porque mis compañeros van a hacerlo mejor… Quizá quitando eso seríamos conscientes de que no te van a considerar rara, que eres tan capaz como cualquier otro. ¿Tú has tenido muchas dificultades para abrirte camino en este sector tan mayoritariamente masculino?

Sara Gómez. Yo diría que sí. Empecé teniéndolas incluso a la hora de hacer la carrera. Vengo de un pueblo de Segovia, de una familia muy tradicional, donde mi padre quería que yo hiciera farmacia –o medicina, o magisterio– y mi hermano ingeniería. Así que cuando dije que quería hacer una ingeniería, el primer choque lo tuve en casa. Luego, cuando empiezas a trabajar, vas sumando anécdotas. Recuerdo que, la primera vez que estuve en obra, estábamos haciendo una zanja para hacer los cimientos y había una piedra de dimensiones gigantescas. El jefe de obra vino y me dijo: “Ingeniera, ¿qué hacemos con esta piedra?”. Y no tenía ni idea, pero sabía que con ese comentario me estaba midiendo, poniéndome a prueba.

Eva Pagán. Eso sí que nos ha pasado a todas: el escuchar un “¡Buah!” cuando te ven llegar y eres una mujer. Para eso quizá el mejor antídoto es dar seguridad y perseverar, perseverar y perseverar…

Sara Gómez. Y organizarnos. Las administraciones, las empresas y la sociedad en general debe tomarse el tema de la igualdad en serio. El diagnóstico lo tenemos bastante acertado, ahora tenemos que empezar el tratamiento. De ahí que ese movimiento feminista –hablo de feminismo en términos de igualdad, no de posiciones radicales– robusto y solvente sea imprescindible y debemos seguir ahí perseverando, hablando de los problemas con naturalidad. En eso soy optimista porque gracias a ello ahora soy más consciente de algunas situaciones o comentarios fuera de lugar a los que antes no les daba importancia.

Sara Gómez: "Sí que he tenido que utilizar alguna técnica bastante masculina para hacerme un hueco"

Eva Pagán. ¿Has llegado al punto de adoptar actitudes “más masculinas” para que te tomen en serio?

Sara Gómez. La verdad es que yo no he tenido nunca una mujer jefa, probablemente por lo que decíamos antes de que estamos en un mundo muy masculino. Pero cuando he tenido yo ese liderazgo, sí que he utilizado alguna técnica o algún método bastante masculino, para hacerme un hueco. Es más, en alguna reunión he llegado a dar un puñetazo físico encima de la mesa porque estaban midiéndome una vez más. Después de eso todos nos dimos cuenta de que estábamos haciendo el tonto y que no podíamos seguir jugando a esto. También es verdad que creo que, en general, las mujeres escuchamos más de lo que nos escuchan, o al menos yo tengo esa impresión.

Eva Pagán. Yo también lo he notado. Además es algo que se acentúa cuando juntas dos cosas: juventud y que seas mujer. Quizá con los años consigues ganarte algo más de respeto y que te escuchen más.

Sara Gómez. Por mi experiencia creo que con el paso del tiempo tomas conciencia de cosas como que antes te interrumpían más los discursos. Algo parecido sucede con la brecha salarial, que es otro de los grandes mantras que tenemos hoy que las mujeres y que hasta hace poco no se había denunciado. Además, es algo que está cuantificado: ante el mismo desempeño profesional, nos pagan menos. Lo curioso es que hace poco en un debate comentaban que las profesiones que están feminizadas –hablamos de ejemplos como medicina o las enseñanzas– se pagan menos a medida que se van feminizando. Esto rompía una de mis teorías, ya que yo pensaba que si éramos más en las carreras STEM, la brecha se reduciría; pero si acabamos siendo el 70% en estas carreras y lo que hacemos es bajar el sueldo… Debe hacerse algo más desde el punto de vista sociológico, que no sea solamente responder a la oferta y demanda.

Eva Pagán . Yo creo que en ese punto hay que tener en cuenta cómo es el profesional que se demanda en el futuro. Si vivimos en una sociedad que se está digitalizando, si estamos hablando constantemente de crear modelos digitales de todos nuestros procesos … ¿Cuáles van a ser las cifras de empleo de las mujeres? Porque si, para demandar eso vamos a ir a las universidades tecnológicas o a las carreras STEM, ahí los porcentajes son demasiado bajos. Debemos resolver el problema respondiendo a lo que espera la sociedad, viendo qué es lo que tenemos ahora y cómo lo proyectamos de cara a 2030. ¿Cuál crees tú que es el camino a seguir?

Sara Gómez. No creo que exista una receta mágica: es un problema estructural y complejo y debe abordarse como tal. Eso sí, debemos ser capaces de decirles también a los hombres de que el problema es de los dos. Es decir, hay encrucijadas en la vida de una mujer que no están en la vida de un hombre y debemos acabar con ello. Si tuviera que dar alguna clave esta sería la educación en igualdad y la educación sin perjuicios y sin estereotipos. Es responsabilidad de todos conseguirlo.

Eva Pagán: "Hay que aplicar medidas de choque, porque no podemos esperar 150 años para alcanzar la igualdad"

Eva Pagán. En mi opinión deberían aplicarse también medidas de choque que nos ayuden a trabajar en el largo plazo, porque no podemos esperar 150 años, que es cuando dicen los organismos internacionales que alcanzaremos la igualdad total, y aún menos a la velocidad que vamos.

Sara Gómez. Sin duda, la velocidad inicial tiene que ser muy fuerte. Pero creo que nos encontramos en este momento en el que estamos convencidos de que tenemos que cambiar. ¿No ves tú un entorno de convencimiento?

Eva Pagán. Es como lo que nos está sucediendo en el ámbito energético, en el que ya no queda nadie por convencer del cambio climático y de que tenemos que hacer una transición. Ahora lo que estamos discutiendo cómo somos capaces de alcanzar esos objetivos de descarbonización. Yo creo que esto es algo parecido: caminamos en el buen sentido pero ahora debemos debatir cómo lo hacemos para que el cambio sea rápido, eficiente y sin que nadie se descuelgue, porque eso sería un fracaso.

Sara Gómez. Para eso debemos estar convencidos que la diversidad enriquece. Tenemos el qué: que es que debemos ser diversos. ¿Y el cómo? Es lo que nos falta por definir, pero yo creo que estamos en camino.

Madrid, capital de la moda sostenible

La primera edición de la Semana de la Moda Sostenible de Madrid llega pisando fuerte. Enmarcada dentro del festival Madrid Es Moda, la alfombra roja de la sostenibilidad se desplegará mañana y hasta el próximo 9 de febrero en la capital. El evento contará con desfiles de más de 30 diseñadores nacionales e internacionales, que se servirán de las pasarelas para reivindicar una manera de crear más respetuosa con el medioambiente. Muchas de las propuestas que se verán en los próximos días ya hicieron su aparición en el off de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (MBFWM), la gran muestra de la moda española que se celebró a finales de enero.

Respetar el medioambiente es el gran desafío al que se enfrenta la industria de la moda. El reto es complicado: redefinir el modelo de negocio por completo hasta convertirlo en uno más sostenible sin que esto signifique renunciar a la creatividad. No hay que olvidar que se trata de la segunda industria más contaminante del mundo: es responsable directa del 10% de las emisiones globales de CO2 y del 20% de los vertidos tóxicos en las aguas. Pese a estos datos, la producción de ropa aumenta exponencialmente año tras año, y con ella, suben también las emisiones y los residuos.

Ante este escenario, la propia industria se presenta como un motor esencial para el cambio. Pero no es la única: el papel de los consumidores se antoja crucial para garantizar el futuro de la moda y del planeta. "La sociedad vive en una contradicción: quiere preservar el medioambiente, pero consume de manera irresponsable", sostiene Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España. Por eso, son muchos los diseñadores que aprovechan sus creaciones para lanzar un mensaje a los ciudadanos e instarlos a adoptar unos hábitos de consumo más responsables.

Diseños para el planeta

Una de las diseñadoras “de moda” en el sector es María Lafuente, la primera en crear un vestido fabricado íntegramente en fibra de carbono en 2016. Durante la Fashion Week de este año, Lafuente presentó una colección fabricada con materiales reciclados, entre los que se encontraban las lonas que decoraron la fachada del Museo del Prado durante la celebración de su bicentenario. A esta revolucionaria propuesta se le une la del peletero Jesús Lorenzo, que refuerza la apuesta por la economía circular, dando a las pieles de colecciones pasadas una segunda vida. "Lo necesario lo hacemos práctico, con diseño y buscando la forma de ser respetuosos con el medioambiente", explica el diseñador.

Casi el 73% de los españoles tiene en cuenta aspectos éticos y ecológicos a la hora de comprar

La firma Otrura comparte ese mismo espíritu. Sus creadores, Verónica Abián y Sergio de Lázaro, defienden una moda conceptual y arquitectónica, pero sobre todo, "modesta, sostenible y artesana". Con su nueva línea ‘Potencia’, los diseñadores buscan recuperar la esencia de las casas de costura de antaño que mimaban todo hasta el último detalle. "Es un ejercicio de conciencia para hacer comprender la importancia de una prenda, lo que es y lo que puede llegar a ser tanto estética como conceptualmente", comenta Lázaro sobre su trabajo.

Afortunadamente, ya son muchos los que apuestan por la moda sostenible. Según el último informe elaborado por OCU y NESI, casi el 73% de los españoles tienen en cuenta aspectos éticos y ecológicos a la hora de hacer sus compras. Estos datos reflejan un número cada vez más elevado de personas que se alzan frente a la sobreproducción y el hiperconsumismo que representa la industria de la fast fashion. Quizá un modelo más sostenible de consumo en el mundo de la moda se está acabando de confeccionar, pero a día de hoy, las advertencias son claras: el tiempo corre en contra y el planeta no puede esperar más.

Viajar sin contaminar: el gran desafío de la década

turismo

El turismo es la gallina de los huevos de oro de la economía de muchos países. Sin turismo no salen las cuentas: es uno de los sectores que más aporta a la economía a nivel mundial. Nunca falla. Como tampoco lo hace FITUR, la feria de turismo española por antonomasia y una de las más importantes del mundo que este año celebra su 40 aniversario. Durante esta semana y hasta el próximo 26 de enero la feria abre sus puertas en el Palacio de Congresos de Madrid, donde se reunirán los profesionales más destacados del sector.

Según los últimos datos de la Organización Mundial del Turismo, cerca de 1.600 millones de personas harán las maletas en algún momento de este 2020. Esta cifra subraya el gran impacto del turismo en la economía mundial: es responsable directo del 10% del PIB del planeta y genera 1 de cada 10 empleos en el mundo. A pesar de los beneficios que el turismo tiene para la economía, cabe recordar que todos los desplazamientos dejan huella en nuestro planeta.

El turismo es responsable directo del 10% del PIB del planeta

Sin ir más lejos, la Agencia Europea del Medio Ambiente estima que un vuelo de Madrid a Barcelona con 100 pasajeros emite cerca de 14 toneladas de CO2. El mismo trayecto, con el mismo número de viajeros, pero en tren, produce 7.000 kilogramos del mismo gas. Datos de este organismo señalan al avión como el medio de transporte más dañino con el planeta. Y es que llega a contaminar hasta 20 veces más que otros medios. A pesar de los esfuerzos — de momento, insuficientes— del sector para reducir sus niveles de contaminación, la realidad es que a día de hoy es el responsable del 2,5% de los gases invernadero. Y eso no es todo. De seguir con los ritmos actuales, se calcula que para el 2050 las emisiones procedentes de los vuelos aumentarán en un 300%.

Por ello, el turismo juega un papel clave en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, ya que tiene el potencial para contribuir de manera decisiva en la consecución de los grandes desafíos de la década. Bajo esta perspectiva, ya son varios los países que han empezado ya a “viajar” hacia un turismo más sostenible con medidas que van desde la aplicación de tasas económicas al visitante hasta la limitación del número de turistas permitidos o la eliminación de los vuelos de corta distancia. Todas ellas están orientadas a buscar un equilibrio entre potenciar el turismo y garantizar la sostenibilidad del entorno.

Asia

Bután es un claro ejemplo de cómo apostar por el turismo sin que el ecosistema salga perdiendo. Bajo la política “valor alto, impacto bajo”, el pequeño estado budista del sudeste asiático ha limitado el número de visitantes anuales que pueden acceder al país para así controlar y minimizar el impacto medioambiental. Entre las medidas aplicadas se encuentra el pago de una tasa diaria de 200 euros por persona que incluye el alojamiento y la obligación de llegar al país a través de una agencia de viajes autorizada por el Gobierno. Estas soluciones han hecho de Bután un referente a nivel mundial en turismo sostenible.

Un grupo de espectadores observan un baile tradicional de Bután

La recientemente renombrada como República de Palau, el país formado por islas volcánicas que se encuentra al oeste de Filipinas, también ha dado un paso más en el campo del ecoturismo. A través de la firma de la “promesa de Palau”, una especie de contrato redactado por los niños y niñas del país, los turistas se comprometen a cumplir una serie de indicaciones a la hora de visitar el país. El objetivo, según las autoridades nacionales, es que el visitante sienta que es su deber proteger y preservar el entorno.

Latinoamérica

En latinoamérica también se encuentran ejemplos de Gobiernos que han decidido priorizar la supervivencia del entorno natural frente a los beneficios del turismo. Las islas Galápagos, situadas en el océano Pacífico a casi 1000 km de las costas de Ecuador, llevan desde hace años restringiendo el número de visitantes por cuestiones medioambientales. Además, las autoridades ecuatorianas han implementado una tasa para los turistas de 100 dólares por persona y han limitado también la presencia de visitantes en determinadas áreas con el objetivo de luchar contra la degradación del ecosistema.

Fernando de Noronha, otro archipiélago de islas situado en el nordeste de Brasil, tiene un límite diario de turistas fijado en 450. Sin embargo, esta cifra no siempre se respeta debido a la histórica flexibilidad de las autoridades brasileñas en temas de protección del medio ambiente. El Gobierno de la zona también ha fijado una tasa de 20 euros por persona y día que se emplea para llevar a cabo proyectos orientados a preservar la biodiversidad.

España

Dentro de nuestras fronteras, Barcelona, que desde hace años se enfrentado a las consecuencias de un turismo masificado, ha tomado medidas contra uno de los medios de transporte más dañinos: los cruceros. Con una media de 750 escalas diarias en el puerto de Barcelona, en temporada alta llegan a coincidir en aguas catalanas hasta diez naves de gran tamaño. Por este motivo, el Ayuntamiento de Barcelona está a punto de aprobar un paquete de medidas que limitará el número de cruceros en la capital catalana.

Turistas reunidos en la Fuente Mágica de Montjuïc, en Barcelona

Por último, en las Islas Baleares se instauró en el año 2018 un impuesto conocido como ecotasa. Desde entonces, los turistas que visiten alguna de las islas deberán abonar un pago que puede llegar a ascender hasta 4 euros por persona y día dependiendo del establecimiento en el que se alojen. En el año 2019, gracias al Impuesto del Turismo Sostenible, el Gobierno balear recaudó más de 100 millones de euros que, según las autoridades, están destinados a mejorar la calidad de vida en las islas con proyectos enfocados a crear infraestructuras más sostenibles.

Biotecnología: una revolución que ya está aquí

biotecnología

Erradicar el hambre en el mundo, combatir enfermedades cuya cura aún se desconoce, reducir las emisiones de CO2 para frenar el cambio climático y garantizar la conservación del medio ambiente. El siglo XXI se enfrenta a estos y una larga lista de grandes desafíos. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas se encargan de recordarnos que debemos trabajar sin descanso para hacerles frente.

Pero para abordar retos de tal magnitud se requieren nuevas estrategias y disciplinas científicas. Y es que las tecnologías utilizadas hasta ahora parecen ser ineficaces o, en el mejor de los escenarios, incompletas. Por eso, la esperanza está puesta en el desarrollo de revolucionarias técnicas. Entre todas ellas destaca la biotecnología, una disciplina que, según define la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), “emplea los principios de la ciencia y la tecnología a los organismos vivos y los productos derivados de los mismos para alterar materiales vivos o no, con el fin de producir conocimientos, bienes o servicios”. Dicho de otro modo, es la aplicación de la biología para el beneficio humano y del medio ambiente.

El secretario general de EuropaBio (Asociación Europea de Bionindustrias), John Brennan, da un paso más allá en su definición. Según expone en un artículo publicado por European Biotechnology, “la biotecnología es capaz de acabar con las enfermedades a través de medicinas innovadoras, mejorar el suministro energético y la seguridad, ayudar a mitigar el cambio climático y contribuir al crecimiento económico y, al mismo tiempo, favorecer la creación de empleo”.

La biotecnología ya es una realidad en sectores como la agricultura o la asistencia sanitaria

Sin embargo, cabe preguntarse cuáles son sus aplicaciones específicas. Y más importante aún: ¿qué soluciones ya en marcha podrían ayudarnos a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de cara a 2030?

Biotecnología contra el hambre

Poner fin a la pobreza y al hambre –el primero y segundo de los ODS– son quizá unos de los objetivos más ambiciosos. El incremento de las necesidades de consumo de una población mundial también en expansión implica que garantizar el suministro alimentario sea una tarea cada vez más difícil de llevar a cabo. Por eso, Naciones Unidas pone el foco no solo en el aumento de las cantidades de alimento, sino también en la mejora y viabilidad de su distribución. Desde la entidad señalan que esta labor requerirá de la aplicación de la biotecnología en la agricultura, el medio ambiente y el cuidado de la salud humana sin riesgo ecológico. Y como es tiempo de actuar, ya son muchos los sectores que han comenzado a desarrollarse en esta dirección.

El agrícola es uno de los que más ha apostado en los últimos años por las soluciones biotecnológicas. Muchos agricultores utilizan bionutrientes y biofertilizantes (bacterias, hongos, levaduras) como sustitutos de los químicos y tóxicos que afectan tanto a la salud medioambiental como a la de las personas. Pero eso no es todo. La aplicación de la biotecnología en la agricultura permite aumentar el rendimiento y convertir el modelo productivo en uno más sostenible. Un ejemplo de ello es la modificación de cultivos como el maíz o la soja para que sean más resistentes a las sequías, más tolerantes a las plagas o, sencillamente, tengan unas mejores cualidades nutricionales. Estos avances, todavía en desarrollo, podrían contribuir a que en lugares como el continente africano –uno de los más afectados por las sequías–, las plantaciones no se echen a perder tan rápidamente. Además, las mejoras en las propiedades de los cultivos contribuirían a reducir la malnutrición y a acabar con el hambre en el mundo.

La biomedicina, otro campo de batalla

En el ámbito de la medicina, los profesionales también aplican estas nuevas técnicas para mejorar la calidad de vida y la salud de las personas y promover el bienestar para todos en todas las edades (Objetivo 3). “Actualmente se están utilizando las herramientas de la bioingeniería (una rama de la biotecnología) para una mejor comprensión de la conducta de las proteínas, las células, los tejidos y los órganos del cuerpo”, explican desde el Institute of Bioengineering of Catalonia. Los especialistas de este centro son capaces, entre otras cosas, de desarrollar soluciones como “nanocápsulas para la administración dirigida de medicamentos” y de estudiar de manera más exhaustiva “la invasión celular colectiva en el cáncer”. De esta manera, pueden realizar diagnósticos más personalizados y aplicar innovadoras terapias.

Otro de los campos de aplicación de la biotecnología es la regeneración y sustitución de tejidos. Conocida en este caso como ingeniería de biomateriales, esta técnica permite sintetizar y procesar materiales que puedan servir como soporte físico para los nuevos tejidos desarrollados en el laboratorio. Aunque suene a ciencia ficción, ya hay muchos proyectos en marcha que empiezan, no solo a dar resultados viables, sino a usarse en terapias de rutina.

Esta técnica permite regenerar tejidos, aplicar innovadoras terapias y realizar diagnósticos más acertados

Nieves Cubo, científica e investigadora del CSIC y miembro del Instituto de Ciencia y Tecnología de Polímeros, lleva varios años dedicada a la creación de piel humana mediante la técnica de la impresión 3D. “Antes, cuando un paciente tenía quemaduras grandes se tenían que extraer extensas áreas de piel para poder regenerar toda la superficie quemada. Ahora, con estos nuevos métodos, a partir de un centímetro cuadrado de piel somos capaces de generar metros y metros de piel en pocas semanas”, explicó durante su charla TED en Madrid.

Fuera de nuestras fronteras, la empresa argentina Life SI se dedica a la impresión 3D de órganos y tejidos. “Esta línea de trabajo busca resolver dos de las problemáticas de mayor impacto a la hora de hacer un trasplante. Por un lado, si logramos crear el órgano que el paciente necesita ya no dependemos de un donante específico. Por otro lado, si ese órgano se crea con las células del mismo paciente disminuimos drásticamente la probabilidad de rechazo”, explica en un vídeo Aden Díaz Nocera, fundador de la compañía.

Hacia la regeneración del medio ambiente

Más allá de las aplicaciones médicas, la biotecnología también es una técnica muy útil a la hora de mejorar el estado ecológico de los ríos y de estabilizar los márgenes fluviales. En este caso, como cuenta la Confederación Hidrográfica del Ebro en su blog, la bioingeniería “combina materiales vivos como semillas, plantas, partes de plantas y comunidades vegetales con materiales inertes como piedras, tierra, madera, hierro, acero” para consolidar los taludes, controlar la erosión y proteger el medio ambiente. Esto permite, no solo proteger, estabilizar y regenerar los suelos de una manera más rentable, sino embellecer el paisaje.

Siete 'imprescindibles' que no pueden faltar este 2020 en el armario de la sostenibilidad

Ilustración: Valeria Cafagna

El Año Nuevo trae consigo un cambio de década. Acabamos de estrenar los flamantes –¿y felices?– años 20 del siglo XXI, una época marcada, sin duda, por la lucha contra la emergencia climática. Aunque los negacionistas se siguen empeñando en disfrazar la realidad, las empresas tienen que adquirir responsabilidades. No importa su tamaño o su localización, es tarea de todos ponernos manos a la obra para ganar la partida y hacer posible el reto de la transición ecológica.

Por eso, empezamos 2020 recordando siete ‘imprescindibles’ que no pueden faltar en el ‘armario’ de las compañías que quieran liderar la batalla contra el calentamiento global. Estos son nuestros must have de 2020? ¿Te apuntas?

1. Pon en marcha la calculadora que mide tu huella ecológica (y sé ecoeficiente)

A todos se nos da muy bien definir metas. Dejar de fumar, acudir al gimnasio, cambiar el estilo de vida… Sin embargo, ¿quién las cumple? Algo similar ocurre en el mundo empresarial. Por eso, más allá de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al capítulo de estrategias anuales, es imperativo que las compañías midan sus compromisos, para que todos conozcamos hasta qué punto son capaces de cumplirlos.

Un primer paso para conseguir alcanzar los objetivos de sostenibilidad pasa porque todos los empleados sean conscientes del rastro que deja la huella de carbono en la actividad diaria. Para ello, el Ministerio de Transición Ecológica ofrece una herramienta que ayuda a estimar las emisiones directas e indirectas de gases de efecto invernadero de una organización.

De esta manera, resulta mucho más sencillo elaborar un plan de acción que reduzca el impacto medioambiental de la actividad económica y marque la senda para ser más eficientes y ecológicos.

2. Apuesta por la tecnología sostenible y garantiza el mejor futuro para el progreso

Vivimos en la era de la digitalización y la cuarta revolución industrial avanzará con brío durante este 2020. Por eso, no podemos olvidarnos del motor que mueve (y moverá) el mundo: la tecnología –y si es sostenible, mucho mejor–.

Las tecnologías serán sostenibles si son capaces de emplear menos energía y consumir menos recursos para ejecutar las mismas labores. Además, deberán poder reciclarse, o reutilizarse, una vez concluido su ciclo de vida.
Digitalización, sí, pero respetuosa con el medio ambiente. Como aconseja la Organización de Estados Iberoamericanos "potenciemos tecnologías básicas susceptibles de favorecer un desarrollo sostenible que tenga en cuenta, a la vez, la dimensión local y global de los problemas".

3. Cuida el capital natural, la naturaleza es ese bien propiedad de todos

El capital natural es el ecosistema que sustenta una economía sostenible y respetuosa con el hombre. Su protección marca, o debería marcar, la viabilidad de una empresa o negocio.

Sin embargo, tal y como asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el actual modelo económico descuida nuestro entorno, olvida la naturaleza y muchas veces relega a un segundo plano el cuidado de los medios naturales buscando solo el éxito o la rentabilidad inmediata. Por suerte, cada vez son más las organizaciones que entienden lo limitados que son los recursos de la Tierra. Para tomar cartas en el asunto, la FAO ha creado un protocolo de capital natural como herramienta para que las empresas tomen conciencia de la repercusión de su actividad en el entorno. ¿Serán capaces todas ellas de incorporarlo y marcar la diferencia?

4. Dale una vuelta de tuerca a la economía circular

La mentalidad de usar y tirar está en peligro de extinción. Los jóvenes ya han empezado a apostar por una cultura de la reutilización que está permeando todas las actividades de la sociedad y, cada vez más, la de las empresas. La verdad es que las señales que nos envía el planeta son claras: necesitamos reciclar y reutilizar, dejar de desechar todo aquello a lo que aún se le puede dar vida y frenar el consumismo voraz que ha caracterizado las últimas décadas.

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica —derivada de la actividad humana— provoca siete millones de muertes anuales, lo que corresponde al 12% de los fallecimientos en todo el mundo. Además, la ONU estima que la población mundial seguirá creciendo hasta los 8.600 millones durante los próximos diez años. La lógica utilizada hasta ahora nos dice que a más población, más contaminación, lo que provocará que los estragos del cambio climático sean mayores y, por tanto, el número de refugiados y desplazados climáticos podría aumentar hasta los 200 millones de individuos en los próximos 30 años.

Si analizamos fríamente esta cifra, parece adecuado afirmar que repensar la economía circular podría ser una manera de darle un respiro a un planeta cada vez más asfixiado por nuestro comportamiento consumista. Lo vintage, lo slow (sea fashion, arquitectura o vida), el reciclaje y la reutilización serán clave en el desarrollo de las empresas y de nuestro día a día en 2020.

5. Apúntate a la moda ecofriendly: aunque no lo parezca, hay vida más allá del plástico

2020 es el año en el que toca aprender a ser eficientes ecológicamente hablando. Como individuos, nuestro paso por el planeta deja una huella similar a la que trazan nuestras pisadas sobre la nieve, el barro o la arena mojada, pero más devastadora. Por eso, llevar una vida ecofriendly tiene que convertirse en nuestro principal propósito tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Para ello, Oxfam Intermón aconseja que se empiece por reducir el desperdicio de comida y el derroche de electricidad con gestos tan sencillos como apagar la luz al salir de una habitación, tener en cuenta las fechas de caducidad a la hora de hacer la compra o aprovechar al máximo los alimentos a la hora de cocinar. Además, el reciclado de los envases y la reducción del uso de los mismos son clave a la hora de adquirir hábitos sostenibles.

Estos tips también se aplican al lugar de trabajo: optar por transporte poco contaminante o público, reutilizar los tuppers y cubiertos, adecuar la vestimenta a la época del año para evitar subir las temperaturas de calefacciones y aires acondicionados y prolongar la vida de los aparatos electrónicos con un uso y cuidado adecuados son acciones sencillas y mucho más eficaces de lo que pudieran parecer a simple vista. Es más, si tienes hijos, recuerda que eres su modelo a seguir: lo que tú hagas será lo que ellos repliquen. Así que es esencial apostar por un ocio familiar sostenible, enseñar a amar la naturaleza y fomentar la donación de juguetes que ya no se van a utilizar.

6. Pon tu capital al servicio de los proyectos más sociales de la comunidad

Los bonos verdes y las inversiones con impacto social están cada vez más de moda. Muchos grandes inversores ya buscan que su dinero se ponga al servicio de proyectos socialmente relevantes. Según la agencia Moody’s este tipo de bonos apenas representaba el 0,4% sobre el total de emisiones globales a principios de 2015, mientras que en 2019 ascendieron al 4%. Es más, en el primer trimestre del año pasado la emisión mundial de bonos verdes fue de 47.200 millones, un 40% más que en el mismo periodo del año anterior.

Además, España ocupa ya un honroso séptimo lugar en el mundo como país emisor de este tipo de activos. Está claro que las inversiones socialmente responsables son el futuro, pero ¿en qué consisten? En realidad, se parecen mucho a las inversiones de toda la vida, pero con un objetivo que va más allá del lucro del inversor: exigen que los proyectos que se financien estén alineados con los ODS y generen un impacto positivo en la comunidad. Lo más habitual es que se trate de proyectos de energías renovables, eficiencia energética, transporte verde o limpio, prevención o lucha contra la contaminación o gestión sostenible de recursos. Hay mejor manera de invertir el dinero?

7. Hablar en “verde”, porque el lenguaje también importa

La manera en que hablamos y escribimos sobre asuntos tan relevantes como la emergencia climática condiciona (y determina) nuestra manera de afrontar la crisis. Por eso, son muchos los medios de comunicación, instituciones académicas y empresas que reivindican una nueva narrativa medioambiental.

Diarios tan relevantes como el británico The Guardian han hecho un alto en el camino de la actualidad para reflexionar y repensar cómo tratar e ilustrar las noticias relacionadas con la crisis climática. Y no son los únicos. 2019 se despidió con una nueva narrativa en la que ya no se habla de cambio climático sino de emergencia o crisis, y los negacionistas son eso, y no escépticos o críticos con el problema medioambiental.

Además, el arte y la ficción se asocian al movimiento ciudadano para concienciarnos, con su propio lenguaje, en la lucha climática. Un ejemplo lo tenemos muy cerca. En España, el Instituto Mutante de Narrativas Ambientales de Matadero (Madrid) impulsa proyectos sobre la crisis planetaria desde un punto de vista artístico, argumentando que “los actuales retos planetarios requieren saberes basados en la inteligencia colectiva que exceden las disciplinas, capaces de provocar y acompañar transformaciones culturales y políticas”. Ciencia, innovación tecnológica y arte unen sus manos con el storytelling y las humanidades para crear soluciones creativas a la emergencia a la que nos enfrentamos.

¿Son posibles unas Navidades razonables?

Ilustración: Valeria Cafagna

Tenemos tan interiorizado que las Navidades son una época de excesos que ya apenas nos cuestionamos otras posibilidades. Es como si el final del puente de la Constitución marcara el pistoletazo de salida de un periodo de gracia en el que se permite casi todo. Según el último informe de Deloitte sobre consumo navideño, los españoles gastaremos una media de 554 euros durante estas fiestas, un 2,4% más que el año pasado. Una cifra que se sitúa bastante por encima de los 461 euros que sacarán de su cartera nuestros vecinos europeos. ¿En qué nos gastamos la paga extra? Según los datos de esta consultora, los regalos se llevan la palma con una media de 238 euros. Comida (173 €), ocio (79 €) y viajes (64 €) completan la lista.

Los españoles gastaremos una media de 554 euros durante estas fiestas

La expresión “un día es un día” es probablemente una de las más escuchadas durante el tiempo que separa la segunda semana de diciembre y el último bocado al roscón de Reyes, que marca el final de las vacaciones. Pero los excesos navideños no se circunscriben a la alegría con la que los españoles sacamos a pasear la tarjeta de crédito. Las comidas abundantes y calóricas, el consumo de energía o la generación de desperdicios también se disparan en estas fechas. El exceso también pasa factura a nuestro planeta. Para evitar este daño y el posterior arrepentimiento, a continuación, presentamos una serie de consejos que nos pueden ayudar a pasar unas Navidades más “eco-friendly”.


1) Diseña un presupuesto navideño. Prever y planificar los gastos que vamos a tener durante este periodo puede ayudarnos a consumir de manera responsable y a dejarnos llevar por los excesos. Una vez marcados los límites, trata de ajustarte a ellos y, si hay algún imprevisto, inclúyelo en el presupuesto y vuelve a hacer la prueba del algodón.

2) Regala con mesura. Comprar por comprar es uno de los hábitos que habría que desterrar con más urgencia. En su lugar, lo mejor es dedicar tiempo a investigar y pensar en un obsequio que realmente pueda gustarle a esa persona. De esta forma, no solo gastarás tu dinero más a gusto, sino que de manera indirecta, contribuirás a reducir el gasto de esos recursos que se han empleado en la fabricación y el transporte del objeto en cuestión.

3) Explora el comercio justo. Ya que gastar dinero es casi inevitable, siempre puedes ampliar tu espectro de opciones hacia empresas con valores similares a los tuyos. Porque sus materias primas son naturales o autóctonas de una determinada parte del mundo; porque sus procesos de producción son respetuosos con el medio ambiente y con los trabajadores; porque sus productos o servicios tienen una trazabilidad contrastada, poseen un componente educativo o solidario, o por cualquier otra cuestión con la que te sientas identificado.

4) Reduce los homenajes gastronómicos. Nótese que esto no significa “eliminar”, solo “reducir”. En este tiempo es inevitable evitar los tradicionales dulces y alguna comida copiosa pero las citas navideñas se multiplican y la ingesta es imparable. Al margen del factor económico, esa dieta hipercalórica no conduce a nada bueno. Según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) durante las Navidades, los españoles engordamos de media entre 3 y 5 kg.

5) Aprovecha las sobras. Según datos de la FAO, en España se tiran al año se tiran cerca de 7,7 millones de toneladas de alimentos. Y la Navidad es la época del año en la que se compra un mayor volumen de comida y más se desperdicia. Apostar por la comida de aprovechamiento y utilizar la comida sobrante para elaborar nuevos platos no solo es una manera de dar alas a la imaginación culinaria, sino también de reducir el despilfarro de comida.

6) Recicla. Si algo tienen las Navidades es que son cíclicas. Ocurrirán el año que viene con total seguridad, de forma que hay muchos elementos navideños que podemos reutilizar, sin necesidad de incurrir en más gastos ni en un mayor desperdicio. Desde el árbol hasta los adornos o el Belén, pasando por las botellas de vino sin abrir que nos esperan desde la cesta pasada. Y qué decir de esas ingentes cantidades de papel de regalo hecho trizas que tiramos a la basura tras la visita de Papa Noel o los Reyes Magos. ¡Reutiliza!

7) Sé solidario. Es un tópico y más en estas fechas pero si sirve para remover conciencias y hacer algo útil por los demás, bienvenido sea. Practicar la solidaridad, prestando nuestro tiempo o recursos a alguna causa justa y a quien más lo necesita es un favor que, más que a los demás, nos hacemos a nosotros mismos. Nos permite respirar, coger perspectiva y salir de la inercia de la rutina.

La salud del planeta exige una nueva receta alimentaria

Dieta y salud. Durante décadas este binomio ganador marcó la agenda de los Gobiernos occidentales y sus programas de educación nutricional. Se trataba, fundamentalmente, de frenar el avance de las pandemias modernas, la obesidad y el cáncer, y de fomentar los hábitos de alimentación y vida saludables. Por eso, los nutricionistas alertaban sobre el consumo excesivo de carbohidratos, lípidos y alimentos y bebidas procesadas, y promovían como contrapunto la ingesta de verduras y frutas.

Sin embargo, hace apenas diez años todo esto cambió. La dieta saludable dejó de cocinarse con los nutrientes tradicionales y la pirámide alimentaria comenzó a cimentarse sobre los indicadores que alertan del cambio climático, las emisiones GEI y el CO2, entre otros.

Lo que estaba en juego ya no era la salud de los individuos, o no sólo eso, lo que estaba en entredicho era la salud del planeta. “La salud de la civilización humana y el estado de los sistemas naturales de los que depende”, tal y como dejaron escrito a principios de 2019 los 37 expertos de 16 países que redactaron, como integrantes de la Comisión EAT-Lancet, el informe “Alimentos, Planeta y Salud”, el primer intento de establecer objetivos científicos universales para el sistema alimentario desde disciplinas tan diversas como la salud humana, las ciencia políticas, la agricultura y la sostenibilidad ambiental.

España es el país con más superficie dedicada a agricultura ecológica de la Unión Europea y cuarto a nivel mundial

La dieta planetaria, como ya se conoce entre los expertos en sostenibilidad la producción sostenible de alimentos y su correlato dietético, también ha sido objeto de debate y reflexión en la COP25, que estos días se celebra en Madrid. Allí se habló de fomentar el consumo de los productos locales y de temporada, de la importancia de duplicar el consumo mundial de frutas, vegetales, semillas y legumbres, de reducir en más  de un 50% el consumo de carnes rojas y azúcares y de la necesidad de atajar de una vez por todas el gravísimo problema de los desperdicios alimentarios.

La jornada ‘Cambio climático y biodiversidad. Hacia una revolución del sistema alimentario’, organizada este jueves por el Ministerio para la Transición Ecológica y la revista Ethic, puso de relieve, entre otras muchas cosas, que la salud del planeta exige una nueva receta alimentaria. El éxito de los ODS y el Acuerdo de París dependen de la adopción global de una dieta sostenible.

El campo y la gastronomía, aliados de la sostenibilidad

La jornada contó, entre otros, con la presencia de Teresa Ribera, ministra en funciones para la Transición Ecológica, quien destacó la importancia del sector agroalimentario para combatir los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

 La agricultura ecológica, la ganadería sostenible y la gastronomía son tres aliados clave para frenar la pérdida de biodiversidad y fijar población en el entorno rural. La agricultura constituye un sector estratégico para nuestro país, que aporta un gran valor económico, social, territorial y medioambiental.

España es el país con más superficie dedicada a agricultura ecológica de la Unión Europea y cuarto a nivel mundial. La superficie de agricultura ecológica en España se situó en 2.246.474,5 hectáreas en 2018, lo que supone un incremento de un 8% sobre el año anterior. En los últimos 10 años la extensión dedicada a la producción biológica no ha parado de crecer, con casi un millón de hectáreas de incremento en el periodo 2008-2018.

Las prácticas de enriquecimiento de los suelos benefician a la fauna y la flora del suelo, mejoran la formación de éste y su estructura, propiciando sistemas más estables y reduciendo la erosión. Según la FAO, la biodiversidad hace que los sistemas de producción y los medios de vida sean más resilientes a las perturbaciones y los factores adversos, incluidos los efectos del cambio climático.

Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluido el de la tierra y el alimentario, es el único modo de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C.

El desperdicio alimentario y su huella de carbono

También la apuesta por la ganadería sostenible contribuye a la seguridad alimentaria, a la mitigación de la pobreza y a la lucha contra el calentamiento global. La ganadería sostenible es capaz de mantener un nivel de producción que no perjudique el medio ambiente o al ecosistema reduciendo así el impacto ambiental y el uso de recursos. Es una de las claves para combatir el cambio climático al ser un buen aliado para frenar la pérdida de biodiversidad y fijar a la población, al abrir una nueva ventana de oportunidades laborales en el mundo rural.

La producción mundial de ganado contribuye al 18% de las emisiones de gases con efecto invernadero. La carne de vacuno y el queso son los productos que mayor impacto causan sobre el clima debido a la enorme cantidad de pienso que es consumido por las vacas y a la producción de metano en sus sistemas digestivos. Reducir o eliminar la cantidad de carne que consumimos ayudaría en gran medida a reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.

El desperdicio alimentario tiene también una considerable huella de carbono debido a las emisiones asociadas con la producción alimentaria y su descomposición en vertederos, generando cantidades considerables de metano y dióxido de carbono. Se estima que aproximadamente 100 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente en la UE (unas 227 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalentes31) a través de todas las etapas de la cadena de producción de alimentos hasta su post-consumo. La producción de los alimentos desperdiciados en todo el mundo equivale al 24% del total de recursos de agua fresca, 23% de la tierra de cultivo y 23% del uso de fertilizantes.

Salvar la tierra, salvar el clima

Estrategia 1. Compromiso mundial para hacer accesibles y asequibles los alimentos saludables

Estrategia 2. Cambiar las prioridades agrícolas y producir menos alimentos y más saludables

Estrategia 3. Intensificar la producción de alimentos de alta calidad

Estrategia 4. Gestión firme y coordinada de la tierra y los océanos

Estrategia 5. Reducir a la mitad la pérdida y desperdicio de alimentos

Los educadores, una figura clave para el desarrollo

profesor

En todo el mundo, más de 265 millones de niños no están escolarizados. De ellos, la mitad viven en zonas afectadas por conflictos. Además, del total de jóvenes que van a la escuela, 617 millones carecen de los conocimientos básicos en aritmética y de un nivel mínimo de alfabetización. Ante estos datos, no es de extrañar que uno de los Objetivo de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (el número 4) sea el de garantizar que, de aquí a 2030, todos los niños y niñas tengan acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Con ese propósito en el horizonte, cada vez más profesionales de la educación buscan nuevas herramientas que permitan mejorar no solo el acceso, sino también la calidad de un derecho básico como es la educación. Un caso ejemplar es del del profesor keniano Peter Tabichi, ganador del Global Teacher Prize 2019, conocido como el ‘Nobel de la Educación’.

Vestido con los hábitos propios de la orden franciscana de la que forma parte, Tabichi ha recogido este año el galardón, dotado con un millón de dólares, que desde 2014 entrega la fundación Varkey de Dubái. ¿Su logro? Conseguir que una pequeña escuela del valle del Rift se posicione entre los mejores centros educativos públicos del país a través de un revolucionario método de enseñanza. En 2018, el profesor keniata logró crear un Club de Ciencia para que los alumnos del centro, que cuentan únicamente con un ordenador y una precaria conexión a Internet, tuviesen un espacio para diseñar sus proyectos de investigación. La exitosa iniciativa consiguió que el club fuese seleccionado para participar en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Arizona (Estados Unidos) tras crear un dispositivo que permitía a personas ciegas medir objetos.

"Invitemos a los niños a participar en la sociedad. Tienen mucho que decir y mucho que aportar"

César Bona

La apuesta de Tabichi por la tecnología y su voluntad de motivar a los estudiantes han sido clave para trasladar los estándares de una educación de calidad a una de las regiones más desconectadas del planeta. En esta misma línea han trabajado profesores españoles como César Bona y David Calle, ambos finalistas del Global Teacher Prize en otras ediciones.

Para César Bona, candidato en los Global Teacher Prize de la edición de 2014 y reconocido como mejor profesor de España, estimular la creatividad de los alumnos y darles voz para que compartan sus inquietudes son dos requisitos imprescindibles para formar a los más jóvenes. “Invitemos a los niños a participar en la sociedad. Tienen mucho que decir y mucho que aportar”, detalla en su cuenta de Twitter. Autor de varios libros sobre educación, Bona defiende una enseñanza basada en la empatía, la escucha activa y la capacidad de los educadores para conectar con los alumnos y detectar lo que les falta. Utilizar la música, el emprendimiento, el cine o el teatro son, a su juicio, las herramientas ideales para crear un espacio abierto que permita combatir el absentismo escolar y el analfabetismo.

 En la misma línea, el ingeniero de telecomunicaciones David Calle ha hecho de las redes sociales un instrumento de aprendizaje y de transmisión de valores. Sin ser profesor, Calle estuvo nominado al Global Teacher Prize en 2017 y ha sido reconocido por la revista Forbes como una de las personas más creativas del mundo. Su canal de Youtube, Unicoos, donde enseña física y matemáticas, acumula más de un millón de suscriptores. La mayoría de ellos, jóvenes y adolescentes que buscan apoyo extraescolar en la web. Según él mismo explica, el objetivo de este nuevo formato didáctico de enseñanza es conseguir que los alumnos sean capaces de pensar en grande, de ir más allá de lo establecido.

Sin duda, los tres educadores –cada uno con su propia historia de éxito– están ayudando a reconfigurar la  imagen que presenta Naciones Unidas sobre el estado de la educación en el mundo. No obstante, más allá de nombres propios y galardones, no hay que olvidar que luchar por una educación de calidad en todos los rincones del planeta es, como apuntan desde Naciones Unidas, una tarea de todos.  

Las tres regiones del mundo en las que es más complicado ser niño

niño

Imagina que tienes ocho años y experimentas el hambre y la sed casi a diario. Imagina que no dispones de un hogar en el que refugiarte de las inclemencias del tiempo ni de unas instalaciones sanitarias básicas. Imagina que vives con tu familia en una zona de conflicto y no tienes acceso a un servicio de salud. Imagina que careces de un sistema educativo en el que desarrollar tus aptitudes o que la sociedad en la que vives reserva para ti un papel de sumisión por el hecho de ser niña. Imagina que estas líneas no son un ejercicio de reflexión, sino la realidad que a diario viven niños y niñas de todo el mundo.

Neide es una de ellas. Nacida en Angola y procedente de una familia de limitados recursos económicos vivió de niña en su propia piel la malnutrición y la enfermedad. Hace unos años, la fiebre se llevó a su hermana menor y a su padre, lo que la llevaron a ella y a su familia a escapar de un país golpeado por una violenta guerra civil. Tras solicitar asilo en Namibia, Neide decidió emprender el camino hacia Europa en busca de las oportunidades que se le negaron en Angola, considerado por la organización Save The Children como uno de los peores países para ser niño junto con Níger, Mali, República Centroafricana, Somalia y Chad.

Neide decidió emprender el camino hacia Europa en busca de las oportunidades que se le negaron en Angola

  Unicef, a través de su informe anual Estado Mundial de la Infancia (EMI), también hace un balance de la situación mundial de la infancia. Y los últimos datos no son halagüeños. Actualmente las mayores amenazas para la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños del mundo son, por orden de incidencia: la mortalidad neonatal, la escasez de agua y saneamiento, la falta de vacunación, la malnutrición, la inseguridad en zonas de conflicto, la falta de educación, protección (matrimonio infantil, mutilación genital femenina, trabajo infantil, etc.) y la falta de empoderamiento de la mujer.  

NIños
Fuente: Unicef

Concretamente, este 2019 Unicef centra su análisis en la situación de la nutrición infantil en el mundo. El informe, titulado Infancia, alimentación y nutrición: creciendo bien en un mundo cambiante, trata esta dimensión que amenaza directamente la supervivencia de los niños y niñas del mundo. Las cifras nos muestran un panorama global preocupante.

En la actualidad, casi 200 millones de niños sufren desnutrición crónica y aguda en todo el mundo. Sin olvidar que cerca de 340 millones de infantes sufren “hambre oculta”, es decir, una deficiencia crónica de vitaminas y nutrientes esenciales. La mayoría de los niños con este tipo de carencia nutricional, especialmente dañina en los niños de menos de cinco años, viven en el continente africano, en el sudeste asiático y en algunas regiones del norte de Latinoamérica.

Históricamente, el continente africano ha sido uno de los más golpeados por la malnutrición. Si bien los índices de inanición se han reducido considerablemente en las últimas décadas, en muchos países de África Occidental y Oriental sigue siendo uno de los principales problemas sociales. De la misma manera, Yemen, en situación de guerra desde 2015, presenta unos índices muy altos de desnutrición crónica.

En Asia, países como India, Pakistán, Afganistán, Indonesia o Filipinas también muestran unos niveles muy altos, lo cual incide directamente en la salud y el desarrollo de niños y adolescentes.

Un tercer foco de malnutrición se encuentra en Latinoamérica. Países como Guatemala, Honduras o Ecuador presentan una situación alimentaria muy adversa, generalmente debido los altos índices de desigualdad y pobreza que sufre su población.

En definitiva, los datos pintan un panorama desolador que solo puede combatirse con colaboración y determinación internacional. Sin ir más lejos, los Objetivos de Desarrollo Sostenible 1 y 2 proponen poner fin a la pobreza y acabar con el hambre en el mundo de cara a 2030. La infancia es nuestro futuro. Pongámoslo en práctica.

Cómo utilizar la tecnología 5G para implementar la Agenda 2030

En 2024, cerca del 40% de la población mundial tendrá conexión 5G. Al menos así lo recoge la última edición del Ericsson Mobility Report, un estudio que estima que en los próximos cuatro años esta tecnología permitirá crear una gigantesca red de entre 1.000 y 1.900 millones de conexiones de telefonía de quinta generación desplegada por todo el planeta. Estas previsiones hacen que, ante su inminente llegada, el debate acerca de la nueva tecnología masiva esté servido. Ventajas, prestaciones, oportunidades o recursos y costes aparejados al gigantesco negocio de la red universal son los ítems estrella que concentran el discurso de los expertos. En cambio, otros como su aplicación e implicaciones en cuestiones sociales, sostenibles o medioambientales parecen discurrir en un discreto segundo plano.

Pero basta cruzar el advenimiento de la tecnología 5G con otro de los asuntos mainstream del momento como es la Agenda 2030 de Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para darse cuenta de que ambos tienen mucho territorio por delante para explorar juntos. De hecho, en todos y cada uno de los 17 ODS, sin excepción, los desarrollos 5G se presentan como un acelerador de esos compromisos. Veamos algunos ejemplos de por qué no faltan razones para apoyar esa hipotética joint venture.

La universalidad de conexión, la velocidad de transmisión y la baja latencia son las grandes promesas de la nueva cobertura móvil. O, dicho de un modo más sencillo: la transmisión de datos a través de esta red se hará a tal velocidad que hará que nuestros actuales dispositivos parezcan carros tirados por bueyes. Son precisamente estas características las que convierten a la tecnología 5G en una herramienta capaz de acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Salud y bienestar

El campo de la salud es uno de los que más se puede beneficiar de esta revolución. La posibilidad de realizar intervenciones quirúrgicas en remoto, en las que un cirujano experto guíe la operación realizada por un equipo médico local a un paciente situado a miles de kilómetros, ha dejado de ser una quimera. La versatilidad y la ultra definición de los nuevos dispositivos 5G, capaces de transmitir en streaming imágenes de alta definición desde múltiples ángulos, y el gran ancho de banda que posibilita una transmisión en tiempo real y sin desfases de estas imágenes fuera del quirófano, lo hacen posible.

El desarrollo de esta tecnología permitiría no solo optimizar los sistemas de telemedicina ya existentes, sino que contribuiría a mejorar el acceso a la asistencia sanitaria de los habitantes de lugares en situaciones de conflicto o países en vías de desarrollo. Actualmente, según datos de la ONU, 5 millones de niños mueren cada año antes de cumplir cinco años de vida por falta de vacunas, medicinas y una insuficiente cobertura médica. Uno de los motivos es que, frecuentemente, los sanitarios no pueden acudir hasta el lugar donde se encuentran los pacientes por la inseguridad o el mal estado de las infraestructuras. Así, una sanidad ‘digitalizada’ contribuiría al cumplimiento del Objetivo (número 3) de garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades.

Una educación de calidad para todos

La educación es otro de los ámbitos en los que la aplicación del 5G puede provocar profundas transformaciones. Sin ir más lejos, un estudio realizado por la organización británica Jisc ha analizado de qué manera esta tecnología impactará en la educación. Los resultados son sorprendentes: se espera que esta hiperconectividad impulse la utilización de la realidad virtual y aumentada que, irremediablemente, cambiará el modelo de aprendizaje hacia uno más inmediato, visual e interactivo. Pero eso no es todo.

La creación de entornos digitales facilitará el camino hacia el cumplimiento del ODS 4, orientado a garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos. Actualmente, según datos de la ONU, 57 millones de niños en edad de escolarización primaria siguen sin asistir a la escuela. Más de la mitad de ellos viven en el África Subsahariana, una de las regiones más empobrecidas del mundo y donde el acceso a las zonas rurales supone un gran desafío. Aunque en algunos lugares la educación en remoto ya es una realidad, el 5G mejoraría la calidad del aprendizaje gracias a su velocidad de conexión que permitirá un intercambio de información instantánea. Esta permitiría a los niños aprender a través de clases en vivo y no únicamente con vídeos.

Creación de ciudades inteligentes

Aunque el Internet de las Cosas (IoT) y el relato futurista de sus múltiples aplicaciones ya lleva un tiempo entre nosotros, todo parece indicar que será con la tecnología 5G cuando alcance su máximo potencial. Uno de los campos que más posibilidades ofrece en este terreno es de las ciudades inteligentes y sostenibles (ODS 11), para las que contar con el soporte vital de una red de alcance verdaderamente global supondrá un punto de inflexión.

La ventana global que supone la tecnología 5G aumentará las posibilidades de gestión de los entornos urbanos. La gestión del agua, del transporte y de los residuos podrían optimizarse con un control inteligente que retransmitiese información en directo. Se mejorarían así proyectos como el puesto en marcha por el Ayuntamiento de Girona, que este año ha desplegado un sistema de contenedores de basura inteligente con la intención de fomentar y aumentar la recogida selectiva de residuos.

Una agricultura más sostenible

La transformación digital que supone el 5G no es exclusivo de los entornos metropolitanos. Las zonas rurales también pueden verse ‘reconectadas’, visibilizadas y reivindicadas gracias a la hiperconectividad. El acceso a medicinas o productos transportados vía drones, o el impulso de proyectos de emprendimiento de carácter medioambiental son otras derivadas de la nueva era 5G.

Pero hay más. En alimentación, la posibilidad de monitorizar cultivos y explotaciones ganaderas a través del Internet de las Cosas puede racionalizar enormemente la producción agrícola. Algo que no solo tendría un efecto beneficioso en términos de ahorro de costes o de acercar la producción al consumo local. También reduciría el impacto medioambiental de estas explotaciones, lo que contribuiría a combatir el cambio climático y sus efectos (ODS 13).

El acceso de los agricultores y ganaderos a redes informadas, en las que compartir información y mejores prácticas con otros profesionales y agentes del sector, también puede mejorar sensiblemente su capacidad de reacción ante amenazas como plagas, enfermedades animales o cambios en el mercado. O, dicho de otro modo: la posibilidad de compartir información sobre el ganado o los cultivos optimizaría el rendimiento, ralentizaría la degradación de la tierra y contribuir así con el Objetivo 15 de preservar la vida en la tierra.