Categoría: Agenda 2030

¿El cambio climático es una cuestión de género?

género

Según la Organización de Naciones Unidas, el 80% de las personas desplazadas por desastres relacionados con el clima son mujeres, quienes también enfrentan mayores riesgos y cargas debido al cambio climático. Adoptar una perspectiva de género puede transformar a las mujeres de víctimas a agentes de cambio, acelerando una transición no solo verde, sino también socialmente justa.


El cambio climático es una amenaza global, aunque no afecta a todos por igual: exacerba desigualdades estructurales preexistentes y afecta desproporcionadamente a los grupos más vulnerables. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), las mujeres, junto con los niños, tienen 14 veces más probabilidades de morir que los hombres cuando se dan desastres climáticos extremos. De las 230.000 personas que murieron en el tsunami del Océano Índico en 2004, el 70% eran mujeres. Además, la violencia de genero se agrava en el contexto del cambio climático, y la vulnerabilidad en aspectos de salud y seguridad impide a muchas mujeres escapar de situaciones adversas. El UNFPA descubrió que, por ejemplo, la trata sexual se disparó después de que ciclones y tifones azotaran la región de Asia y el Pacífico, y que la violencia de pareja aumentó durante la sequía en África oriental.

Las mujeres no solo sufren mayores riesgos, sino también más cargas para hacer frente a las consecuencias del cambio climático. Una de ellas, procede de los roles tradicionales que desempeñan, como la recolección de agua y alimentos. En el Sur Global desempeñan el 60% del trabajo agrícola, produciendo el 80% de los alimentos

Las mujeres trabajan en las tierras más pequeñas, menos productivas, sin ser propietarias de ellas y sin acceso a recursos esenciales para la agricultura

No obstante, las mujeres trabajan en las tierras más pequeñas y menos productivas, sin ser propietarias y sin acceso a recursos esenciales para la agricultura. Además, encargadas de ir a por agua en el 80% de los hogares donde hace falta, se enfrentan a los efectos de su escasez, con un 30% más de trabajo, caminando cada vez más lejos. Por otro lado, en situaciones desesperadas, pueden llegar a recurrir a la prostitución, para sobrevivir. Este círculo vicioso de exigencias contrapuestas y falta de acceso a recursos perpetúa su vulnerabilidad e impide el acceso a oportunidades que podrían mejorar su situación.

La adaptación al cambio climático requiere más que tecnología y medidas verdes. Las mujeres desempeñan roles cruciales en sus comunidades, como cuidadoras, gestionan recursos naturales y aseguran la supervivencia de sus familias frente a las adversidades. Como expertas productoras de alimentos poseen un conocimiento valioso que puede enriquecer las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático. Sin embargo, su conocimiento y experiencia suelen ser ignorados en las políticas y estrategias climáticas: solo 55 países tienen medidas específicas de adaptación que hacen referencia a la igualdad de género y únicamente 23 países reconocen a las mujeres como agentes de cambio para acelerar el progreso en los compromisos climáticos.

Tal y como declaró Nisreen Elsaim, presidenta del UN Secretary General’s Youth Advisory Group on Climate Change, se debe cambiar el discurso de «no dejar a nadie atrás» a «poner a las personas al frente». La participación femenina en el liderazgo climático y en la financiación es un agente de cambio crucial.

Enfocar la acción climática desde una perspectiva de género, lejos de limitar, amplía el alcance y la profundidad de las políticas climáticas

Tal y como remarca la organización She Changes Climate, las mujeres representan la mitad de la población mundial y, aun así, siguen estando infrarrepresentadas en las negociaciones dirigidas a combatir el cambio climático, enfrentándose a obstáculos como el techo de cristal o las barreras de financiación. De las 28 presidencias de la Conferencia de las Partes de Cambio Climático de la ONU (COP), solo 5 han sido mujeres, la participación femenina en delegaciones se ha mantenido alrededor 30% en los últimos 10 años, según WEDO, y el acceso a financiación climática se limita a un 1% de organizaciones lideradas por mujeres.

Enfocar la acción climática desde una perspectiva de género, lejos de limitar, amplía el alcance y la profundidad de las políticas climáticas.

Medidas como el sistema de cuotas o la copresidencia son a veces percibidas como inclusión artificial. Sin embargo, en el ámbito político, se ha demostrado que el liderazgo femenino está relacionado con medidas más efectivas contra el cambio climático

Por ejemplo, los países con mayorías parlamentarias de mujeres tienden a ratificar más tratados ambientales, crear áreas protegidas y adoptar políticas climáticas estrictas. La inclusión de mujeres en estos espacios no solo es justa, sino también estratégica para enfrentar el cambio climático de manera integral. Según la Guía Práctica: Igualdad de género e inclusión para una transición justa en la acción climática de la OMT, en 2021, por cada 100 hombres considerados como «talento verde» entre más de 800 millones de usuarios, solo había 62 mujeres. Mantener una posición neutral de género puede excluir a las mujeres de oportunidades económicas también en el futuro, en sectores emergentes, más estables y lucrativos, como la transición energética. 

Como el resto de formas de desigualdad social, el género y el cambio climático son cuestiones inseparables. Reconocer y abordar estas intersecciones, desde la evaluación de necesidades y el diseño de soluciones, hasta la medida de impacto, es fundamental para asegurar que las políticas climáticas beneficien a todos, especialmente a los más vulnerables. Al hacerlo, no solo se promueve la igualdad de género, sino que también se fortalece la capacidad global para enfrentar uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, apostando por una acción climática verdaderamente efectiva y justa.

Florence Nightingale, la «dama de la lámpara» que sentó las bases de la enfermería

Florence Nightingale

Florence Nightingale, conocida como la «dama de la lámpara», es una figura icónica en el sector de la salud. Su vida y trabajo no solo transformaron la enfermería, sino que también sentaron las bases de la sanidad moderna, poniendo un énfasis vital en la higiene y el cuidado integral de los pacientes.


Nacida el 12 de mayo de 1820 en Florencia (Italia) en el seno de una familia acomodada británica, Florence Nightingale desafió las expectativas sociales de su época. En un tiempo donde se esperaba que las mujeres de su estatus se dedicaran a labores domésticas y sociales, encontró su vocación en la enfermería, una profesión poco valorada en la sociedad victoriana. Desde muy joven, Nightingale mostró un interés profundo por el bienestar de los demás. A pesar de la fuerte oposición de su familia, que consideraba la enfermería una ocupación inadecuada para una mujer de su clase, perseveró y estudió en el Instituto de Diaconisas Protestantes en Kaiserswerth (Alemania), continuando su formación en hospitales en Francia, donde adquirió conocimientos esenciales que más tarde aplicaría en su carrera.

Impulsó que todas las generaciones de enfermeras descubrieran el concepto de «cuidar de uno mismo, del entorno y al paciente»

La dama de la lámpara

El punto de inflexión en la vida de Florence Nightingale llegó con la Guerra de Crimea (1853-1856). Enviada a un hospital militar británico en Scutari (Turquía), Nightingale quedó horrorizada por las condiciones insalubres y caóticas que encontró. Las tasas de mortalidad eran alarmantemente altas, no solo por las heridas de guerra, sino también por las enfermedades infecciosas que proliferaban en un entorno de higiene deficiente. Con determinación y una visión clara, implementó una serie de reformas que transformaron radicalmente el hospital, realizando prácticas de limpieza estrictas, mejorando la ventilación y estableciendo un sistema de alimentación y ropa limpia para los pacientes. Su impacto fue inmediato consiguiendo que la tasa de mortalidad se redujera drásticamente. Fue durante este tiempo que recibió el apodo de «la dama de la lámpara», ya que se la veía haciendo rondas nocturnas con una lámpara para atender a los heridos, brindándoles no solo cuidados médicos, sino también consuelo y esperanza. 

En 1860, fundó la Escuela Nightingale de Enfermería en el Hospital St. Thomas, en Londres

La mejora de la sanidad

El trabajo de Florence Nightingale no terminó con la guerra. A su regreso a Inglaterra, se dedicó a la reforma de la sanidad pública y la profesionalización de la enfermería. En 1860, fundó la Escuela Nightingale de Enfermería en el Hospital St. Thomas, en Londres. Esta fue la primera escuela laica de enfermería en el mundo, y su enfoque en la formación rigurosa y ética profesional sentó las bases para la enfermería moderna. Tuvo un gran impulso en todas las generaciones de enfermeras para que descubrieran el concepto de «cuidar de uno mismo, del entorno y al paciente, a través de toda su obra. Nightingale también fue una pionera en el uso de la estadística para mejorar los cuidados de la salud ya que utilizó gráficos y datos para demostrar la efectividad de sus métodos, influenciando a políticos y líderes de salud pública a implementar sus recomendaciones.

La vida de Florence Nightingale es un testimonio de la fuerza del compromiso y la compasión y su legado perdura en cada hospital, en cada práctica de salud y en cada enfermera formada bajo los principios que ella estableció. Como pionera de la enfermería moderna, no solo salvó innumerables vidas, sino que también dignificó una profesión crucial, mostrando al mundo el poder transformador del cuidado y la dedicación. Su historia inspira a seguir luchando por la excelencia en la atención médica, recordándonos que un solo individuo, con pasión y determinación, puede cambiar el curso de la historia.

Energía verde e inteligente: la IA al servicio de las renovables

renovables

Aplicar la inteligencia artificial en el sector de la energía verde permite optimizar procesos, corregir problemas y explorar nuevas potencialidades. Así, las renovables multiplican su capacidad y, por ende, su valor.  


Son dos de las tendencias de moda: La inteligencia artificial está dominando la conversación en el ámbito tecnológico, con sus grandes capacidades de análisis en ingentes volúmenes de datos y la automatización de operaciones. Las renovables son casi un imperativo cuando se trata de energía, sobre todo en el actual contexto en el que se demandan alternativas limpias para reducir la dependencia de otras formas más contaminantes y finitas. Parecían predestinadas a encontrarse. 

¿Para qué se puede utilizar entonces la IA cuando se habla de la optimización del desarrollo en las renovables? La respuesta corta es: para casi todo y en todas las fases del proceso. 

Anticiparse a posibles picos de demanda permite redistribuir la energía para destinar más recursos allí donde sean necesarios

En una primera fase, por ejemplo, el análisis inteligente de datos meteorológicos permite estudiar las localizaciones idóneas para ubicar nuevas instalaciones. Una vez en funcionamiento, en la generación de suministro, al cruzar las previsiones del tiempo con los datos del propio parque, se puede conocer si van a producirse fenómenos adversos y predecir cuánta energía se va a generar. También mediante la monitorización en la red de transporte: Red Eléctrica ha implantado en varias líneas aéreas 750 sistemas DLR (Dynamic Line Rating). Estos constan de sensores y estaciones meteorológicas con tecnología IoT e inteligencia artificial, para predecir de forma precisa la capacidad de transporte de las líneas y optimizar su uso: se puede llegar a incrementar hasta un 30% su capacidad. 

También en las instalaciones, independientemente de su tipo, el empleo de analítica predictiva permite adelantarse a la hora de realizar tareas de mantenimiento, al calcular los límites de uso de cada dispositivo o estructura. Además, otra de las funcionalidades que está permitiendo la IA aplicada a las energías renovables es la creación de smart grids o redes de distribución inteligentes, en las que se realiza análisis en tiempo real. Esto posibilita conocer los patrones de uso de los consumidores finales, de tal modo que se pueden controlar posibles fraudes o facilitar una gestión personalizada del consumo eléctrico. Proyectos como el de Elewit, utilizan técnicas de análisis de datos para elaborar modelos de predicción de producción y demanda, mejorando así la cobertura: anticiparse a posibles picos de demanda permite redistribuir la energía de modo que se destinen más recursos allí donde sean necesarios. 

Entrenar un algoritmo de procesamiento del lenguaje natural emite el mismo CO2 que cinco vidas útiles de un coche

Tareas pendientes

Sin embargo, las ventajas en la aplicación de tecnologías inteligentes tienen una contra: su coste medioambiental. Entrenar un algoritmo de procesamiento del lenguaje natural emite el mismo CO2 que cinco vidas útiles de un coche. Asimismo, los centros de datos consumen ya más electricidad que la mayor parte de países del mundo, además de necesitar grandes cantidades de agua para refrescar las instalaciones. 

El sector tecnológico es consciente de este problema y está buscando vías para mitigarlo, como el desarrollo de software verde, que se preocupa tanto por el impacto final de la herramienta como por lo que consume. Se trata de una forma de utilizar la tecnología que, además, se alinea con los principios sobre los que operan las energías renovables.

Pellets de plástico: de la industria al océano (y a nuestros alimentos)

microplásticos

Los microplásticos son esenciales para fabricar productos que usamos a diario, pero, por errores en su manipulación y transporte, muchas veces terminan vertidos en el medio ambiente, con efectos nocivos para la biosfera y la salud. Una nueva regulación de la UE intenta reducir su impacto. 


Cada año se producen y manipulan enormes cantidades de granzas o pellets de plástico.  En la Unión Europea, al ser la materia prima de artículos de uso cotidiano como botellas, tapones, envases y bolsas, y productos industriales y médicos, la cifra llega a más de 57 millones de toneladas. Pero, debido a la inadecuada gestión de su producción y transporte, millones se pierden en el proceso. 

Se calcula que se vierten al medio ambiente entre 52.000 y 184.000 toneladas de pellets cada año en la Unión Europea –el equivalente a unos 2.100 a 7.300 camiones repletos. Las granzas, llamadas «lágrimas de sirena», son consideradas unas de las principales fuentes de liberación no intencional de microplásticos.

Cada año, en la Unión Europea se vierte al medio ambiente el equivalente a unos 2.100 a 7.300 camiones repletos de pellets de plástico

Los pellets son granos de entre 2 y 5 milímetros de polietileno, polipropileno y otros plásticos o resinas sintéticas. Se caracterizan por su gran movilidad, adaptabilidad y resistencia, por lo que se desplazan con facilidad en aguas superficiales y corrientes marinas; y, al no ser biodegradables, permanecen en el tiempo. Pueden cargar toxinas y son ingeridos por diversas especies costeras (como crustáceos y tortugas y aves marinas) y causarles daños físicos o incluso la muerte.

Al contaminar la cadena trófica, se bioacumulan en los tejidos de los seres vivos y pueden llegar a nuestros alimentos. Aunque el impacto directo en la salud está siendo investigado, la exposición a microplásticos en estudios de laboratorio se ha relacionado con efectos tóxicos en los organismos vivos. Además, los microplásticos contribuyen al cambio climático, pues emiten gases de efecto invernadero e interfieren en la capacidad de los océanos para absorber y capturar dióxido de carbono. 

Y España no es ajena a esta realidad. En Cataluña, donde se concentra una buena parte de la industria del plástico del país, la granza es un problema cotidiano. Organizaciones han denunciado, con estudios sobre terreno, que desde Tarragona a Barcelona las playas están invadidas de pellets. La península también está en riesgo ante un posible vertido accidental a gran escala como ocurrió el invierno pasado cuando un buque perdió 25 toneladas de pellets camino a Portugal, y las «lágrimas de sirena» llegaron hasta Galicia y Asturias.

Al contaminar la cadena trófica, los microplásticos se bioacumulan en los tejidos de los seres vivos y pueden llegar a nuestros alimentos

No hay que dejar de lado que la fuga de pellets implica, además, una pérdida de materia prima y económica para la industria. A nivel mundial, el sector ha impulsado la iniciativa Operation Clean Sweep (OCS), un programa de certificaciones voluntarias para reducir la fuga, al que la industria española se adhirió en 2016 con el compromiso de la Asociación Española de Industriales de Plástico (ANAIP), y que desde 2021 tiene el respaldo del Ministerio para la Transición Ecológica. 

La Unión Europea ha implementado numerosas iniciativas para reducir la contaminación con plásticos, pero en el último año puso el foco en los pellets. Primero aprobó el reglamento REACH, que limita los microplásticos agregados a productos. Luego, en abril, estableció una nueva reglamentación con requisitos obligatorios de manipulación para toda la cadena –desde la producción, la conversión y el transporte hasta la gestión de residuos–. Se espera que esta entre en vigor a lo largo de 2024.

El tiburón ballena, «gigante gentil» en peligro de extinción

tiburón ballena

A pesar de ser el pez más grande del mundo, este animal se enfrenta a graves amenazas como la caza ilegal y el cambio climático, que requieren esfuerzos de conservación para garantizar su supervivencia a largo plazo.


En las profundidades del Mar Rojo, el Golfo de México y las costas australianas viven los llamados «gigantes gentiles», criaturas de 15 metros de largo y 20 toneladas de peso que, aunque ellos no lo sepan, son el pez más grande el mundo.

Hablamos de los tiburones ballena, fácilmente reconocibles por su piel llena de puntos blancos y líneas horizontales sobre un fondo gris oscuro. Ahora bien, son reconocibles en las fotografías, pues bajo el mar es precisamente este patrón de formas y colores lo que les permite camuflarse. Una particularidad de este animal es que, a pesar de su tamaño, se alimenta principalmente de plancton y peces pequeños, y no representa una amenaza para los humanos que intentan interactuar con ellos. De hecho, el tiburón ballena tiene unos dientes tan pequeños que no puede morder ni masticar, y eso que su boca mide más de un metro de ancho. Asimismo, son peces tremendamente longevos: ¡pueden vivir hasta 150 años! Desafortunadamente, se especula que menos del 10% sobrevivehasta la edad adulta. Hoy por hoy, el tiburón ballena es una especie en peligro de extinción. Su población se ha reducido un 50 % en los últimos 75 años y se estima que actualmente ronda entre 7.000 y 12.000 ejemplares. 

La población de esta especie se ha reducido un 50 % en los últimos 75 años y se estima que actualmente ronda entre 7.000 y 12.000 ejemplares

Si realmente son tan respetados en el fondo marino y tampoco ponen en peligro a los humanos, ¿por qué cada vez quedan menos? La caza ilegal de tiburones ballena para conseguir su carne, aletas y aceite son algunas de las  razones principales. Aunque existen leyes internacionales para evitarlo, la demanda en algunos mercados persiste. Por otro lado, la degradación de los ecosistemas marinos debido a la contaminación, el desarrollo costero y el cambio climático también está afectando a las áreas de alimentación y reproducción del animal. Además, el cambio climático es el gran factor del siglo XXI. Tanto las alteraciones en las corrientes oceánicas como la distribución de plancton influyen directamente la disponibilidad de alimento para estos gigantes del mar al tiempo que  los cambios en la temperatura del agua pueden alterar los patrones migratorios y los hábitats adecuados para esta especie.

Dicho lo cual, no hace falta ser cazador furtivo para que, a nivel individual, pongamos en peligro al tiburón ballena. En muchas regiones del mundo, el buceo con estos peces se ha convertido en actividad turística por excelencia, y esta práctica lucrativa contribuye a su desaparición. Varias agrupaciones de biólogos denuncian que la interacción constante con humanos puede influir en el comportamiento y hábitos de los animales. La constante cercanía de personas y embarcaciones no solo aumenta su estrés, sino que puede aumentar el riesgo de lesiones, ya sea por contacto con las hélices o por el comportamiento imprudente de algunos turistas. Además, la concentración de actividad humana en áreas específicas puede degradar el hábitat natural, lo que afecta la disponibilidad de alimento y la calidad del agua.

El buceo turístico en muchas regiones del mundo se ha convertido en un factor que contribuye a la desaparición del tiburón ballena

En conclusión, no por ser el pez más grande del mundo se está a salvo. El tiburón ballena se enfrenta múltiples amenazas que han llevado a su inclusión en la lista de especies en peligro de extinción, y por ello se requiere una acción inmediata. Los esfuerzos globales de conservación, la protección legislativa, la investigación científica y la sensibilización pública ofrecen una esperanza para la preservación de esta especie tan icónica. Debemos asegurarnos de queen las profundidades del Mar Rojo, el Golfo de México y las costas australianas sigan viviendo los «gigantes gentiles» por muchos siglos más.

Tres inventos que ya mejoran la producción y el consumo de energía en las ciudades

ciudades

Cada vez son más las ciudades de todo el mundo que buscan soluciones para ser más sostenibles, ya sea mediante el desarrollo de nuevas fórmulas para generar energía limpia o invirtiendo en sistemas que permiten minimizar su consumo e incluso absorber las emisiones de CO2 que se derivan del mismo.


Ocupan solo un 3% de la superficie de la Tierra y, sin embargo, son ya responsables de entre un 60 y un 80% del consumo de energía y tres cuartas partes de las emisiones globales de gases contaminantes a la atmósfera. En palabras de Naciones Unidas, las ciudades se han convertido en «una de las principales causas del cambio climático», pero también podrían ser un aliado fundamental para combatir sus efectos. 

Por eso, más allá de la adaptación de soluciones ya existentes –como los paneles solares o los aerogeneradores– al contexto urbano, empresas y administraciones de todo el mundo trabajan, desde hace años, para desarrollar soluciones innovadoras que permitan mejorar la producción y el consumo de energía en las ciudades.

La energía que hay en una pisada

Una de esas soluciones son los pavimentos cinéticos y piezoeléctricos. Aunque basados en tecnologías diferentes, ambos generan energía a partir de los desplazamientos de personas y vehículos sobre ellos

El primero utiliza un mecanismo de resortes y palancas por el que cada paso produce una pequeña cantidad de electricidad. La empresa británica Pavegen lleva años instalándolo en lugares como el estadio olímpico de Londres o el aeropuerto de Heathrow. El segundo, por su parte, aprovecha la capacidad de ciertos materiales –como algunos cristales y cerámicas– para generar corrientes eléctricas cuando son sometidos a presión mecánica. Esta tecnología se utiliza en carreteras de Tel Aviv y en las escaleras de la estación de metro de Odenplan de Estocolmo.

Los sistemas de bioluminiscencia permiten iluminar las ciudades sin necesidad de conectarse a la red eléctrica

Iluminar las ciudades sin electricidad 

Buena parte de la electricidad que generan esos nuevos pavimentos va destinada a alimentar sistemas de iluminación, como farolas o señales de tráfico. Sin embargo, existen alternativas para iluminar las ciudades sin necesidad de conectarse a la red eléctrica, como la bioluminiscencia.

La francesa Glowee fue una de las primeras en conseguir iluminar escaparates, pasos de peatones y mobiliario urbano en pueblos como Rambouillet y la propia París copiando un proceso que puede observarse en seres vivos como las luciérnagas y muchos animales marinos. Desarrolló lámparas e instalaciones que reproducen las condiciones que la bacteria Aliivibrio fischeri necesita para «brillar» –y nunca mejor dicho– en toda su plenitud. 

Aun así, no hace falta trasladarse al país galo para encontrar soluciones de este tipo. Aquí, en nuestro país, Bioo ya integra hongos bioluminiscentes naturales en entornos urbanos y experimenta, además, con la obtención de energía de las mismas plantas, como ya hizo en su momento la empresa belga Plant-e. Este modelo aprovecha la corriente eléctrica que generan los microorganismos presentes en la tierra al descomponer el material orgánico. 

Ya hay baldosas que pueden generar energía con nuestras pisadas o absorber el exceso de CO2 del aire de las ciudades

Baldosas que capturan CO2

Pero no se trata solo de buscar nuevas fuentes de energía o de intentar reducir su consumo, también existen soluciones para minimizar el impacto de las emisiones de gases contaminantes que puedan derivarse de la actividad de las ciudades. 

Bilbao se convirtió hace unos años en la primera ciudad española en instalar las baldosas ecológicas de la empresa zamorana Trenza Metal. Estas losetas, muy similares en apariencia a las que solemos encontrar en las aceras de otros tantos núcleos urbanos, contienen en su composición un activo adicional: hidróxido de carbono. Cada metro cuadrado de este pavimento tiene capacidad para absorber el exceso de CO2 contenido en 5.000 metros cúbicos de aire. 

Estas tres iniciativas son algunos ejemplos de soluciones que ayudan a las ciudades no solo a cumplir sus objetivos de sostenibilidad medioambiental, sino también a mejorar la calidad de vida y el bienestar de sus vecinos, de forma que la innovación queda al servicio de las personas.

El agua potable y segura no es una realidad para todo el mundo

agua potable

Una de cada cuatro personas en el mundo no tiene acceso a agua segura. El cambio climático y la superpoblación empeoran la situación, especialmente en las zonas menos desarrolladas.


En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho fundamental al acceso al agua limpia para su consumo. Sin embargo, más de una década después, esta declaración sigue siendo una ilusión para una parte considerable de la población mundial. La escasez de agua y la contaminación continúan afectando a más de 2.000 millones de personas, y solo un 73% de la población se hidrata de forma segura, con las consecuencias para la salud y el desarrollo que eso supone, según alerta la Organización Mundial de la Salud

En África subsahariana, solo el 31% de la población tiene acceso a agua potable, frente al 97% de Norteamérica

La escasez de agua es un problema crítico en muchas partes del mundo. En grandes regiones como el África subsahariana, la aridez natural combinada con el crecimiento poblacional y una inadecuada gestión de los recursos hídricos han llevado a una crisis de disponibilidad de agua. Es la región donde, a día de hoy, menos población tiene acceso al agua potable: un 31%, lejos del 93% de Europa o el 97% de América del Norte. Asia es la región donde más ha crecido este porcentaje en las últimas décadas, pasando del 56% al 75% de la población que puede acceder a agua limpia, según datos de la OMS y UNICEF.

 

El cambio climático está empeorando esta situación. Los patrones de lluvia cada vez más irregulares y el aumento de las sequías están reduciendo las fuentes de agua dulce disponibles. Además, en algunas regiones, los glaciares que proporcionan agua a ríos y lagos se están derritiendo rápidamente, lo que reduce las reservas de agua a largo plazo. La ONU alerta de que, de seguir así, para 2050 hasta 2.400 millones de personas (1,7 veces la población de China) podrían enfrentarse a la escasez de agua.

Tener acceso al agua no garantiza tampoco su uso seguro. Al menos 1.700 millones de personas en todo el mundo toman agua de fuentes contaminadas con heces, lo que provoca enfermedades como el cólera, la disentería y la fiebre tifoidea. Estas enfermedades transmitidas por el agua son responsables de la muerte de más de 485.000 personas cada año, la mayoría de ellas niños y niñas menores de cinco años.

En zonas rurales de países en desarrollo, la falta de infraestructuras básicas de saneamiento obliga a las comunidades a depender de ríos, lagos y pozos contaminados. En Bangladesh, por ejemplo, muchas fuentes de agua están contaminadas con arsénico, un problema que afecta a unos 20 millones de personas y provoca graves problemas de salud a largo plazo, como cáncer de piel y enfermedades cardiovasculares. La contaminación industrial y agrícola también contribuye a la degradación de la calidad del agua, afectando tanto a la salud humana como a los ecosistemas.

Cada año 485.000 personas mueren por enfermedades relacionadas con la calidad del agua, la mayoría niños y niñas menores de cinco años

Además, cuanto menos desarrollada es la región, más diferencia hay entre la población que vive en las ciudades y la que lo hace en el campo. Así en África subsahariana, solo el 15% de las personas que viven en zonas rurales tiene acceso a agua segura para beber, mientras que en las zonas urbanas sube al 53%. En Europa, sin embargo, la brecha es solo de 8 puntos, del 87% al 95%. 

Para abordar esta crisis, es esencial una combinación de inversiones en infraestructuras, políticas de gestión sostenible del agua y educación comunitaria. La construcción de sistemas de saneamiento adecuados y la protección de las fuentes de agua existentes son pasos cruciales. Por eso, poner en marcha iniciativas para tratar de cumplir el ODS 6 de la ONU, que busca garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos, son fundamentales.

Así es la radiografía de la brecha digital en el mundo

Un tercio de la población mundial vive sin acceso a internet, lo que genera una profunda brecha digital que ahonda la desigualdad en ámbitos como el laboral o el educativo.


La era digital ha traído consigo avances sin precedentes, conectando a miles de millones de personas en todo el mundo y transformando la forma en que vivimos, trabajamos y aprendemos. Sin embargo, esta revolución tecnológica no ha sido equitativa. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de la ONU, el 33% de la población mundial, 2.600 millones de personas, no tiene acceso a internet o nunca lo ha usado. Esta cifra revela una profunda brecha digital que afecta desproporcionadamente a ciertas regiones y grupos demográficos, exacerbando las desigualdades existentes y creando nuevas barreras para el desarrollo.

El continente africano destaca como la región más afectada por la brecha digital. En África oriental, solo el 23% de la población tiene acceso a Internet, una cifra que refleja la disparidad tecnológica con otras partes del mundo. Le sigue África Meridional con menos del 28% de la población conectada y el sudeste asiático, con un 47,7%. 

Varios factores contribuyen a esta desigualdad digital. La infraestructura es uno de los más críticos. En muchas regiones rurales, aisladas de los núcleos urbanos, la falta de redes de telecomunicaciones adecuadas impide el acceso a internet. Además, el coste del acceso es prohibitivo para muchas personas. La ONU recomienda que el coste de internet no supere el 2% del ingreso medio mensual para que sea asequible, pero en 2020 aún 107 países en todo el mundo superaban ese umbral. Algunos de manera desproporcionada, como es el caso de Yemen, donde el coste de un pack de internet supone el 42.665% del sueldo medio, o Mauritania,  donde representa el 7.812%, según la organización NetCredit.

La alfabetización digital y la educación también juegan un papel crucial en el acceso a la red global. En muchas comunidades, especialmente en áreas rurales, la falta de educación básica y de habilidades digitales impide que las personas puedan utilizar la tecnología de manera efectiva. Y es una lacra que afecta especialmente a las mujeres: dentro de la brecha digital existe otra de género. En todo el mundo, el 70% de los hombres utilizan Internet, frente al 65% de las mujeres. Y la cantidad de mujeres que están desconectadas en todo el mundo es un 17% mayor que la de hombres, según datos de la UIT en 2023

Hay que tener en cuenta que, en el ámbito laboral, la falta de acceso a internet limita las oportunidades de empleo y el desarrollo profesional. En una economía global cada vez más digitalizada, las habilidades tecnológicas son esenciales para acceder a empleos bien remunerados y participar en el mercado laboral, por lo que las mujeres y los ciudadanos de zonas rurales juegan en desventaja respecto a los que sí están conectados. 

La brecha digital también tiene profundas implicaciones en el ámbito educativo, como pudo verse durante la pandemia de COVID-19, cuando el cierre de escuelas obligó a millones de estudiantes a recurrir a la educación en línea. La UNESCO estima que aproximadamente 1.570 millones de estudiantes en todo el mundo se vieron afectados por el cierre de escuelas, y los estudiantes de comunidades con menos acceso a la tecnología fueron los más perjudicados. Aquellos sin acceso a internet quedaron en desventaja, exacerbando las desigualdades educativas y repercutiendo en su futuro a nivel social y laboral.

Cuando el bullying se esconde tras la pantalla

ciberacoso

En el ciberacoso, los medios digitales son la vía a través de la cual los agresores hacen daño a sus víctimas. Este tipo de violencia online se asocia frecuentemente a los jóvenes menores de edad, aunque sucede también en adultas.


Dejar de usar el móvil o la tablet, cerrar las redes sociales, aislarse de la gente, cambiar de conducta, reaccionar a la defensiva: si conoces a alguien que esté experimentando estos síntomas, cuando antes no era así, es posible que estés frente a una víctima de ciberacoso o ciberbullying

Este problema va de la mano de la popularización del uso de dispositivos móviles entre la juventud. Se calcula que prácticamente uno de cada diez adolescentes en España ha sufrido esta forma de violencia, que se da cuando se utilizan medios online para hacer daño de forma consciente y reiterada a otras personas. La estadística se duplica entre el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. En la educación primaria, el porcentaje es similar, con un 9,2% de víctimas entre los estudiantes de este nivel. 

Se calcula que uno de cada diez adolescentes en España ha sufrido violencia cibernética

En los últimos años, además, se está percibiendo un incremento vinculado al mal uso de la inteligencia artificial con la creación de deepfakes o montajes falsos con fotografías de la víctima. Esta es una de las formas que adopta el ciberbullying, pero no la única. Otras pueden ser colgar fotos o vídeos sin permiso, ofendiendo o agrediendo a la víctima; enviar mensajes insultándola o humillándola; o el grooming, cuando una persona adulta engaña a una menor a través de redes, generalmente con motivos sexuales.

Cómo actuar frente al ciberbullying

Cuando se sufre ciberacoso, es habitual no saber qué hacer, a quién acudir o cómo gestionarlo porque este tipo de ataques pueden acarrear también abusos emocionales o chantajes que hacen que la víctima sienta que es mejor no decir nada o incluso que no hay ninguna salida. 

Lo primero que hay que hacer es mentalizarse de que no hay porqué aguantar esta situación, que sí hay salida y que no hay que buscarla solo o sola. Para esto, se aconseja pedir ayuda a una persona de confianza, entre la familia o el profesorado, por ejemplo. Se puede bloquear a la persona que acosa en redes o denunciar la publicación para que la plataforma la elimine, pero antes es conveniente hacer capturas para poder demostrar el acoso si fuera necesario; y también si es por otras vías, como la mensajería instantánea.

En los últimos años, se está percibiendo un incremento vinculado al mal uso de la inteligencia artificial (IA) con la creación de deepfakes

Cuando se tiene conocimiento de un caso de ciberacoso, es importante seguir tres claves para evitar que el problema vaya a más: siempre intervenir, hacerlo de forma rápida y manteniendo la calma. Otras recomendaciones son comunicarse con el centro docente, la persona agresora y su familia y buscar ayuda especializada para la víctima. 

Cuando no se ha conseguido solucionar el problema por otra vía, hay que acudir a las autoridades, dado que el ciberacoso es un delito recogido en el Código Penal y en la Ley de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia. Hay varias alternativas: además de ir directamente a la Policía (nacional, local o autonómica) o a la Guardia Civil, está el teléfono 900 018 018 de atención ante casos de acoso. También se puede contactar vía chat o formulario. Cualquier modalidad sirve, siempre que la víctima deje de pasar por una situación que nunca debió sufrir.

¿Cómo afecta la pobreza al resto de ODS?

El aumento de la pobreza provocado por la pandemia ha traído consigo un retroceso en los objetivos marcados para 2030 de erradicar marcadores de desigualdad como el hambre, la no escolarización o la dificultad de acceso al agua potable.


En el año 2022, se alcanzaron los 712 millones de personas que viven en situación de pobreza extrema en todo el mundo. O lo que es lo mismo, el 9% de la población mundial vive con menos de 2,15 dólares diarios, el umbral que marca la pobreza más dramática, según el Banco Mundial. Son 23 millones de personas más que en 2019, antes de la pandemia; un incremento alarmante en una histórica senda de descenso que conlleva, a su vez, otro repunte en la desigualdad que retrasa significativamente el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), comprometiendo metas esenciales como el acceso al agua potable, la educación, la salud o la erradicación de la pobreza infantil. 

La relación entre la pobreza y un futuro sostenible es intrínseca y multifacética, ya que la carencia material afecta profundamente a la estabilidad y el desarrollo de las sociedades. El primer y más evidente impacto es en la lucha contra el hambre, el ODS 2, marcado por más de 150 jefes de Estado y de Gobierno en 2015 para mejorar la igualdad en el mundo. Según la ONU, en 2022, aproximadamente 735 millones de personas padecían una alimentación deficiente. Además, las familias en situación de pobreza extrema a menudo no pueden permitirse alimentos nutritivos, lo que agrava la desnutrición y las tasas de mortalidad infantil. 

En términos de salud (ODS 3), la pobreza extrema limita el acceso a servicios sanitarios básicos. Las personas sin recursos económicos suelen vivir en condiciones insalubres y en muchas ocasiones carecen de acceso a atención médica. Esto no solo aumenta las tasas de enfermedades prevenibles, sino que también reduce la esperanza de vida. La media mundial de los nacidos en 2022 es de 72 años, un año menos que antes de la pandemia, aunque según el Banco Mundial la expectativa de vida de los países pobres es de hasta 20 años menos que en los ricos, como puede verse en el mapa. 

La educación de calidad (ODS 4) es otro de los objetivos que se ve gravemente afectado por la pobreza, ya que en esos contextos los niños y niñas a menudo deben abandonar la escuela para trabajar y contribuir a los ingresos familiares. La Unesco asegura que 258 millones de niños y jóvenes no asistían a la escuela en 2022, especialmente las regiones de Asia central y meridional, África del Norte y Asia Occidental, donde el 20,2% y el 12,2% de los menores no están escolarizados, respectivamente. 

La falta de acceso a agua potable y saneamiento (ODS 6) es otra consecuencia directa de la pobreza extrema. Las comunidades pobres suelen depender de fuentes de agua contaminadas, lo que desemboca en enfermedades graves como el cólera y la disentería. La OMS estima que 2,2 mil millones de personas carecen de acceso a agua gestionada de manera segura, una situación que prevalece en regiones con altos índices de pobreza, exacerbando las crisis de salud pública. Zonas como Chad son las más afectadas, con índices que alcanzan a prácticamente la totalidad de su población.

España, a pesar de ser una economía desarrollada, enfrenta una preocupante tasa de pobreza infantil. Según Eurostat, el país tiene una de las tasas de pobreza infantil más altas de la Unión Europea, con más del 32% de los menores de 11 años en riesgo de pobreza o exclusión social en 2023, solo por detrás de Bulgaria y Rumanía y un punto más que en 2019. Esta realidad desafía la percepción de prosperidad y destaca la necesidad de políticas más efectivas para abordar la desigualdad desde la infancia.