«El futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás»

El debate sobre la brecha digital, el uso que hacemos de la tecnología o el papel de la inteligencia digital en nuestras vidas está cada día más presente. Hablamos con Antonio Pulido, responsable de Incidencia Social y Política Pública de la Fundación Cibervoluntarios, de cómo podemos disfrutar con salud y buen hacer de la tecnología. 


¿Por qué es necesaria hoy una entidad como Fundación Cibervoluntarios?

La digitalización ya no es solo una cuestión tecnológica, sino que afecta al acceso a derechos, al empleo, a la educación, a la salud, a la participación ciudadana y a la autonomía personal. El problema es que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de muchas personas para entenderla, usarla con seguridad y aprovecharla. Ahí es donde una entidad como Fundación Cibervoluntarios es necesaria: acompañamos a las personas para que la tecnología no sea una barrera, sino una oportunidad real.

Cuando hablamos de brecha digital, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿A qué segmento afecta?

La brecha digital no es solo tener o no tener Internet. Hoy tiene varias capas. La primera es el acceso: conexión, dispositivos, cobertura. Pero después vienen otras brechas igual de importantes: saber usar la tecnología, entenderla, protegerse, hacer trámites, distinguir información fiable, crear contenidos, encontrar empleo o participar en igualdad de condiciones.

«La brecha digital es el acceso a la tecnología, pero también es saber usarla, entenderla y protegerse»

Afecta especialmente a personas mayores, población rural, mujeres en determinados entornos, personas migrantes, personas con discapacidad, familias con menos recursos, jóvenes vulnerables, pequeñas empresas, autónomos, entidades sociales y personas con bajo nivel de competencias digitales.

¿La tecnología y las redes sociales nos están afectando a la hora de relacionarnos? ¿Tiene esto consecuencias en la atención o el bienestar emocional?

Claro que nos están afectando, aunque no siempre para mal. La tecnología nos permite mantener vínculos, crear comunidad, aprender, participar o encontrar apoyo.

El problema aparece cuando el uso deja de ser consciente y se convierte en exposición constante, dependencia o consumo pasivo. Las notificaciones, el scroll infinito, la comparación social o la presión por estar siempre disponible pueden afectar a la atención, al descanso, a la autoestima y al bienestar emocional.

Después de más de 20 años de Internet en los hogares, ¿hemos aprendido a convivir con el mundo digital? ¿Qué carencias siguen existiendo?

Hemos aprendido a usar muchas herramientas, pero no siempre hemos aprendido a convivir de forma crítica, segura y equilibrada con ellas.

«El debate no es si la IA es buena o mala, sino quién puede usarla, para qué, con qué datos, con qué garantías y con qué capacidad crítica»

La gran carencia sigue siendo educativa y social: necesitamos formación digital a lo largo de toda la vida, no solo en la escuela, y necesitamos que esa formación llegue también a quienes no suelen estar en los espacios donde se habla de tecnología.

¿Qué consecuencias tiene el uso intensivo de pantallas, redes sociales y estímulos constantes? ¿Varían según la edad?

Las consecuencias pueden variar mucho según la edad, el contexto, el tipo de uso y el acompañamiento. En niños y niñas preocupa especialmente cómo afecta al desarrollo de hábitos, sueño, juego, atención y regulación emocional. En adolescentes, además, entra en juego la identidad, la autoestima, la presión del grupo, la validación social, el ciberacoso o la exposición a contenidos inapropiados.

¿Qué papel tiene la educación digital para evitar que la tecnología se convierta en una fuente de aislamiento o dependencia?

Tiene un papel central. La educación digital es la diferencia entre usar la tecnología por inercia y usarla con criterio. No basta con prohibir ni con entregar dispositivos. Hay que enseñar a comprender cómo funcionan las plataformas, cómo se protegen los datos, cómo se detecta una estafa, cómo se verifica una noticia, cómo se gestiona el tiempo de pantalla, cómo se convive en redes y cómo se pide ayuda cuando algo no va bien.

¿Puede la IA ayudar a reducir desigualdades digitales o existe el riesgo de que las amplíe?

Puede hacer las dos cosas. La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para acercar conocimiento, adaptar aprendizajes, facilitar trámites, traducir información, mejorar la accesibilidad o apoyar a pequeñas empresas y entidades sociales.

Pero también puede ampliar desigualdades si solo acceden a ella quienes ya tienen competencias digitales, buen nivel educativo, conectividad, dispositivos adecuados y capacidad para entender sus límites.

¿Qué competencias digitales son hoy imprescindibles?

Hoy necesitamos competencias digitales básicas, pero también competencias críticas. Saber buscar, interpretar y verificar información. Comunicarse y colaborar en entornos digitales. Hacer trámites online con seguridad. Proteger contraseñas, datos e identidad digital. Detectar fraudes, bulos y discursos de odio. Entender cómo funcionan los algoritmos y la IA.

¿Qué oportunidades ofrece un programa como Eje Digital, impulsado junto a Red Eléctrica?

Eje Digital es un ejemplo muy claro de cómo la formación digital puede convertirse en cohesión territorial. La oportunidad principal es que lleva la formación allí donde más falta hace, con cursos gratuitos, adaptados a distintos niveles y necesidades reales.

Si pudierais lanzar un mensaje a instituciones, familias y ciudadanía sobre el futuro digital, ¿cuál sería?

Que el futuro digital no puede construirse dejando a nadie atrás. A las instituciones les diríamos que la digitalización no puede medirse solo por cuántos trámites se ponen online, sino por cuántas personas pueden realizarlos con autonomía y seguridad.

Necesitamos una tecnología al servicio de las personas, abierta, ética, inclusiva, segura y sostenible. Y necesitamos una ciudadanía que no solo consuma tecnología, sino que la comprenda, la cuestione, la use para mejorar su vida y participe en cómo quiere que sea el mundo digital.