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El amor por el medioambiente, ¿punky?

Contrastando con el cyberpunk, varios movimientos y corrientes literarias buscan salir de la negatividad por el futuro y crear mundos alternativos sostenibles, donde darle a la naturaleza el espacio que se merece.


Ante la crisis medioambiental, varios estudiosos insisten en la idea de que la culpabilización y la llamada al esfuerzo no son una vía efectiva para promover la acción. Lo que sí se cree más eficaz es imaginar un futuro mejor, e intentar llegar a él. En ese camino están el solarpunk, el greenpunk y el tidalpunk.

Historias como las de Blade Runner, Matrix o Terminator forman parte de lo que se denomina cyberpunk. Este movimiento de ficción ha creado distopías en las que las personas estamos en constante conflicto con la tecnología, y la naturaleza ha quedado completamente relegada. Dejando a un lado su valor creativo y capacidad de entretenimiento, estas historias ficticias más que animarnos a construir un futuro mejor, nos amedrentan y producen inseguridades. 

En los últimos años están cogiendo fuerza corrientes culturales y subgéneros de la ficción especulativa como el solarpunk, el greenpunk y el tidalpunk

Afortunadamente, en los últimos años están cogiendo fuerza otras corrientes culturales y subgéneros de la ficción especulativa. Estos movimientos imaginan futuros sostenibles, felices y justos, donde la tecnología sirve para mejorar la vida de las personas y es, además, necesaria para enfrentarse a los grandes desafíos de la humanidad.

El término solarpunk aparece por primera vez en 2008, e intenta imaginarse de una forma más o menos realista una civilización futura sostenible y en armonía con la naturaleza. En el 2019 vio la luz el primer Manifiesto Solarpunk, firmado por una comunidad del mismo nombre. En él se define el solarpunk tanto como un movimiento como un género literario, y se defiende la ciencia ficción como una forma de activismo, ya que para construir un mundo mejor primero hay que pensarlo e imaginarlo.

En los mundos imaginados dentro del solarpunk, nunca faltan los jardines o las placas solares, y las ciudades verdes con agricultura urbana son una de las metas a conseguir.

En una línea muy parecida nació hacia la década del 2010 el greenpunk. Es, al igual que el solarpunk, un movimiento a favor de un futuro natural pero tecnológicamente avanzado, aunque tiene sus pequeños matices. 

La ciencia ficción puede ser una forma de activismo, ya que para construir un mundo mejor primero hay que pensarlo e imaginarlo

A diferencia del solarpunk que se enfoca más en el uso de energías renovables y tecnologías limpias, el greenpunk se centra en la lucha medioambiental. A menudo se presenta como una visión más realista que la del solarpunk. En las obras dentro de la corriente greenpunk se aprecia un notable protagonismo de la naturaleza, junto con una sociedad ecologista que vive dentro de las leyes naturales. Destacan en este movimiento literario la novela de J. G. Ballard, The Drowned World o la producción filmográfica de Hayao Miyazaki, entre otros.

De la tierra al mar, el tidalpunk se apropia de la conciencia ambiental y la tecnología del solarpunk y elige como escenario el alta mar. A causa de la subida del nivel del mar provocada por el cambio climático y la sobrepoblación en tierra firme, el tidalpunk imagina posibles alternativas futuras. Esta situación utópica pretende impulsar iniciativas como el uso de veleros gigantes como buques de carga, la implantación de la agricultura oceánica o la propulsión de la energía eólica marina.

Ciudades con jardines, agricultura urbana, edificios rodeados de naturaleza, energía verde… Puede parecer ficticio, pero podríamos estar más cerca de lo que imaginamos; y puestos a imaginar, ¿por qué no crear mundos mejores?