Pablo Giménez Olavarría: «Restaurar es importante, pero aún más lo es conservar»

Desde dibujar los paisajes campestres de Valladolid hasta cargar con una botella de oxígeno para trazar en tiempo récord el fondo marino, Pablo Giménez tiene clara la necesidad de proteger a la que siempre ha sido su gran musa: la naturaleza. Una idea que ha defendido durante su intervención en el II Seminario científico Bosque Marino, organizado por Redeia en el Oceanogràfic València, donde científicos y representantes de administraciones públicas y de organizaciones sociales y sectoriales han discutido sobre los retos que enfrenta el océano y las soluciones más innovadoras para garantizar su conservación y restauración.


Antes de pintar paisajes submarinos estuvo mucho tiempo pintando los campos. ¿Qué le llevó a dar este giro hacia el fondo del mar? 

A mí lo que me gusta es pintar la naturaleza, dentro de ella. No pinto nunca de foto, porque lo que me interesa es estar allí y tratar de plasmar en un cuadro el misterio del medio natural. Yo no sé lo que voy a pintar, no sé qué va a pasar, y esa es un poco la gracia del asunto. Si te gusta el campo y te gusta pintar, lo normal es que pintes en el campo, y si te gusta bucear y te gusta pintar, es casi obligatorio pintar debajo del agua, porque es un paisaje como otro cualquiera.

Lo único que hay que superar son algunas complicaciones logísticas, pero si te apetece, puedes hacerlo. Esa es la suerte que tenemos los artistas: a diferencia de biólogos o ingenieros, que trabajan con datos y en temas más prácticos, nosotros no tenemos que hacer nada más que inquietar e inspirar nuevas ideas.

«Soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza»

En esta línea, ¿cuál es el papel del arte en materia de educación?

Hasta hace bien poco, el artista era lo que ahora se llamaría un comunicador. Piensa que Velázquez, máximo referente del artista, en realidad lo que hacía era comunicar lo que pasaba en el palacio. Así que podríamos decir que yo soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza.

Por eso creo que el deber del arte no es educar como tal, sino sugerir y estirar la mirada. Yo tengo la suerte de que puedo estar durante 20 horas mirando una cosa. Y una persona que dedica mucho tiempo a mirar tiene mucho que decir, porque tiene una visión más profunda y reforzada de las cosas.

Ha pintado en el campo y en el fondo marino. ¿Qué diferencias y similitudes hay entre ambos? 

Tienen mucho en común. En Valladolid, donde yo vivo, el paisaje es muy parecido al mar: es infinito y muy llano. Pero también hay contrastes. Cuando estás pintando en el mar te das cuenta de lo extraño que es estar metido en un líquido.

«El deber del arte es sugerir y estirar la mirada»

Por ejemplo, al pintar al aire libre aprecias lo limpia que está la atmósfera. Aunque en el Mediterráneo el agua es muy clara, cuando estás dentro del mar la mirada se difumina, la luz se atenúa y los colores se desvanecen con mucha rapidez. Por ejemplo, si te sumerges un poco más de la cuenta, el color rojo desaparece. Y como no lo ves, al mezclar los colores bajo el agua, sigues añadiendo rojo. Y más y más. Y cuando sacas el cuadro es completamente rojo.

También es complicado sujetar las cosas. ¿Cómo haces que los pinceles no floten, que el lienzo no flote, que el caballete no flote? Es muy complicado. Y aún así, perdí un montón de cosas, porque cuando me daba cuenta ya se habían ido flotando.

Y, ¿cómo se aseguraba de no alterar el medio ambiente (uso de materiales, manejo de las aletas, instalación del equipo)?

Al usar óleo, la base es aceite y no se disuelve en el agua, entonces técnicamente no tiene ningún problema. Sobre los materiales, a todo lo que flotaba le ponía una pastilla de plomo y para los pinceles, como no sabíamos muy bien qué hacer, inventamos un portapinceles que en realidad era un trozo de cámara de bicicleta con unos agujeros para encajarlos.

Al final trabaja la imaginación.

Sí, es muy pesado, pero tiene mucha gracia porque te enfrentas a cosas que no has hecho nunca.

Y, aparte de tener que idear soluciones, ¿qué más le ha enseñado esta experiencia? 

Me llamó mucho la atención, por ejemplo, ver en el Cabo de Palos la cantidad de gente que pasaba buceando. Era una romería. Somos mucha gente y hemos de tener cuidado con lo que hacemos. El mundo es para disfrutarlo y por ello hay que tratarlo bien. O al menos dejarlo como está. Como se ha hablado en el Seminario de Bosque Marino de Redeia, restaurar es importante, pero aún más lo es conservar.