Las lombrices de tierra aportan múltiples beneficios para la biodiversidad y la estructura del suelo a la vez que sirven de alimento para especies como aves, topos, tejones y zorros. Son algunos de los motivos por los cuales Charles Darwin señaló que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo».
Categoría: Agenda 2030
Paracelso, el renacentista que hizo magia con la medicina
Considerado un visionario para algunos y un loco para otros, Paracelso fue una figura clave del Renacimiento que transformó la medicina y la química con ideas revolucionarias.
Entre los genios incomprendidos del Renacimiento, el nombre de Paracelso resuena con una intensidad peculiar. Médico, astrólogo y alquimista, Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, su verdadero nombre, nació en Suiza en 1493 y es sin duda una de las figuras más importantes de la medicina, considerado por muchos como el padre de la farmacología y la toxicología modernas. Formado en universidades prestigiosas como las de Basilea, Viena y Ferrara, Paracelso adquirió una sólida base académica que, sin embargo, nunca encajó con el rigor dogmático de la época.
Paracelso fue uno de los primeros médicos en emplear sustancias químicas en sus tratamientos
«En las correas de mis zapatos hay más sabiduría que en todos esos libros», afirmó durante una festividad estudiantil, pues consideraba que el conocimiento estaba más allá de unos libros viejos. Y es que Paracelso se oponía a la enseñanza reglada de la medicina, ya que opinaba que solo los médicos con talento innato debían practicar la medicina y ponerse al servicio de las personas y no de las instituciones. Sus ideas y su carácter reivindicativo provocaron que tuviera muchos enemigos en todo el ámbito académico.
Conocimiento en pequeñas dosis
Paracelso fue más que un médico: era también un trotamundos que recorrió Europa recopilando conocimientos de campesinos, alquimistas y curanderos. Se ganó la fama de buen médico y tuvo mucha popularidad. Fue uno de los primeros doctores en emplear sustancias químicas como mercurio, azufre y hierro en sus tratamientos, una práctica que hoy puede parecer controvertida pero que en su momento abrió nuevas vías en la farmacología.
Algunos consideran a Paracelso el padre de la toxicología al ser el primero en considerar que cada enfermedad debía tener su tratamiento
Algunos consideran a Paracelso el padre de la toxicología por haber sido el primero en entender que cada enfermedad debía tener su tratamiento y que ciertos venenos, administrados en pequeñas dosis, podrían funcionar como medicamentos. «Solo la dosis hace al veneno» («Dosis sola facit venenum»), afirmó, reflexionando sobre que cualquier sustancia podía ser un remedio o un veneno dependiendo de la dosis administrada.
El arte de la medicina
Paracelso entendía que sanar era un arte que requería empatía y humildad y creía que los seres humanos son un microcosmos, por lo que un buen médico no es el que más se prepara académicamente, sino el que mejor entiende la naturaleza y el orden cósmico. Esto lo convierte en un mediador entre la naturaleza y el paciente, un visionario con la capacidad de ver lo invisible. Aunque murió joven, su legado ha resistido el paso del tiempo. Entre los escritos de Paracelso destaca La gran cirugía (Die Grosse Wundartzney), tal vez su obra más importante, pero también escribió tratados sobre enfermedades como la sífilis o las dolencias respiratorias que sufrían los mineros, y obras que describen la visión de su sistema humano y cosmológico, como Liber Paragranum (1530) y Opus Paramirum (1532). Su vida es un recordatorio de que la innovación suele nacer en los márgenes, allí donde las normas se ponen en tela de juicio y el conocimiento se atreve a soñar.
Las formaciones geográficas más grandes del mundo
Cuando nos paramos a analizar con atención nuestra geografía nos damos cuenta de lo impresionantes que pueden llegar a ser algunos de sus elementos: lagos, montañas, mares, islas, volcanes... Por eso, en este vídeo exploramos las formaciones naturales que ostentan el récord de ser las más grandes del mundo, así como sus características.
¿Qué pueblos indígenas aún no han sido contactados?
«Existen otros mundos, pero están en éste». Esta célebre frase del poeta francés Paul Éluard encaja a la perfección si pensamos en los más de 150 pueblos indígenas no contactados que existen en el mundo, cuya supervivencia peligra por el avance del desarrollismo desmedido y la falta de una protección real.
En unas sociedades cada vez más desconectadas del estado primitivo y natural de la vida, las comunidades indígenas no contactadas suponen una seguridad global en cuanto a la conservación de la naturaleza. Ubicadas principalmente en la región amazónica, Nueva Guinea y algunas islas de Indonesia, estos pueblos conservan en gran medida sus formas de vida originarias y nos recuerdan que el ser humano posee capacidades innatas fundamentales para su supervivencia.
Dos ejemplos ubicados en la Amazonia son las tribus de los Mashco-Piro, en Perú, o los Korubo, de Brasil. De los primeros, se calcula que existen unas 750 personas que viven a lo largo de las cuencas medias y altas de los ríos que atraviesan los departamentos de Ucayali y Madre de Dios. En el caso de la tribu brasileña Korubo, no fue contactada hasta el año 1996 por la Funai (Fundación Nacional del Indio) y suma unos 200 miembros.
Ambas tribus viven en la selva y su supervivencia depende completamente de ella. Utilizan los recursos de manera sostenible, practicando la pesca y la caza con herramientas básicas. En general, poseen un vasto conocimiento del medio y se sirven de las plantas como remedios medicinales.
La tribu Korowai vive en casas construidas en la copa de los árboles, en grupos de 10 o 12 personas
En el sureste de Nueva Guinea Occidental, se calcula que hay aproximadamente 3.000 personas que pertenecen a la tribu Korowai. Una de sus principales características es que viven en casas construidas en la copa de los árboles, en grupos de 10 o 12 personas. Entre los vecinos se ayudan y participan en la construcción de las diferentes viviendas familiares. El hecho de vivir en lo alto de los árboles les ofrece protección contra los depredadores, además de simbolizar una existencia en simbiosis con la naturaleza.
En Indonesia, cerca de la costa del oeste de Sumatra, se encuentra la tribu Mentawai, originaria de las islas con ese mismo nombre. Está integrada por unos 64.000 individuos repartidos por todas sus islas, todos ellos cazadores seminómadas.
De los mentawai destaca su profunda espiritualidad. Practican una religión llamada Arat Sabulungan de tipo animista, que vincula el poder sobrenatural de los espíritus ancestrales con la naturaleza que les rodea en la selva tropical. Los seres vivos e inertes tienen una esencia espiritual que debe ser respetada.
A pesar de la relativa seguridad que ofrece el aislamiento a todos estos pueblos, están lejos de estar a salvo. La deforestación, la minería, la agricultura extensiva o los planes de empresas privadas apoyadas por diferentes gobiernos para construir carreteras y otras infraestructuras ponen en peligro su hábitat y, con él, su medio de vida.
Una vez situados en el mapa, es más sencillo reconocer todo lo perteneciente a una comunidad de habitantes: su existencia y sus derechos
Para evitarlo, la tecnología está jugando un papel fundamental de salvaguarda. La forma más eficiente de proteger a estos territorios de la vorágine desarrollista es registrando su ubicación por medio de GPS para, de esta forma, marcar y documentar los límites de su territorio y poder emplear estas coordenadas, en casos de litigios legales.
Eso fue lo ocurrido en la parroquia de Yurimaguas, en el Amazonas peruano. La ONG Pastoral de la Tierra formó a un equipo de nativos en el empleo del GPS para registrar las fuentes de agua ante la autoridad Nacional de Aguas del Estado.
Aunque sea un proceso largo y en ocasiones peligroso –pues hay que enfrentarse a las hostilidades de la selva amazónica– esta fue la mejor manera que encontraron para poder obtener el título de propiedad comunal, sin el cual las comunidades y sus hábitats están totalmente desprotegidas.
Aunque pueda parecer mentira que la tecnología es la mejor herramienta de las comunidades indígenas para protegerse, parece que así es. El empleo del GPS, la implicación de la ONG y la colaboración de los propios nativos fue, en este caso, la única forma de defender esta área de bosque amazónico.
Una vez situados en el mapa, es más sencillo reconocer todo lo perteneciente a una comunidad de habitantes: su existencia y sus derechos. Con ello, se hace presión y resistencia ante los diferentes proyectos que hoy amenazan la vida de una parte importante de estas tribus.
No deja de ser paradójico que el desarrollismo, al tiempo que amenaza a estas culturas milenarias, nos brinde herramientas como la tecnología para intentar preservarlas. Pero esta es solo una de las muchas contradicciones que acompañan a la innovación.
Así se diferencian las distintas lluvias de estrellas
Leónidas, Gemínidas, Perseidas, Dracónidas... Todos estos eventos meteorológicos son similares y consisten en restos de cometa atravesando la atmósfera terrestre. Sin embargo, hay diferencias entre ellas: su intensidad, su origen o la época del año en la que se dan.
Las enfermedades de transmisión sexual, ¿cosa del pasado?
A pesar de la concienciación que se generó en los años 80 por la epidemia del VIH, los casos de infecciones de transmisión sexual están creciendo en todo el mundo.
El VIH azotó al mundo en los años 80 y marcó un antes y un después en la percepción social de las infecciones de transmisión sexual. En EE.UU., campañas como el icónico cartel Silence=Death (Silencio=muerte) buscaban no solo visibilizar la gravedad de esta nueva epidemia, sino también derribar tabúes sobre la salud sexual. En España, la primera iniciativa de concienciación fue la del famoso eslogan «SiDa/NoDa», aunque llegó en 1988, siete años después de registrarse el primer caso de contagio, que se produjo en el Hospital Vall d’Hebron. Sin embargo, los avances médicos parecen haber alejado la preocupación por las ITS, lo que ha provocado un alarmante aumento de casos en la última década a nivel nacional y mundial.
El VIH alcanzó su punto álgido en los años 90, con millones de personas afectadas en todo el mundo, muchas de ellas con un destino fatal. La llegada de terapias antirretrovirales en los años 90 y 2000 redujo significativamente las muertes, aunque la incidencia ha seguido siendo preocupante durante años, especialmente en los países más vulnerables socioeconómicamente. En 2022, ONUSIDA estimó que 39,9 millones de personas vivían con VIH, con concentraciones más altas en África subsahariana. En países occidentales, los contagios han disminuido gracias a estrategias como la PrEP (profilaxis preexposición), aunque algunos colectivos, como el de hombres que tienen sexo con hombres, siguen presentando una incidencia del 7,7%.
En España, según el Informe de Vigilancia Epidemiológica del VIH (2022), se notificaron cerca de 2.786 nuevos diagnósticos en 2021, casi el doble que en 2003, cuando se registraron 1.514, lo que pone de relieve la necesidad de fortalecer campañas de prevención, especialmente entre los jóvenes, donde se registró una tasa del 19,4 por cada 100.000 habitantes, la más alta de todos los grupos de edad. Además, los hombres representan el 86% de los casos.
Pero el VIH ya no es la única infección que preocupa a los expertos. Según la OMS, enfermedades como la sífilis, la gonorrea y la clamidia están en auge, con más de 374 millones de nuevos casos cada año a nivel mundial. En España, los casos de sífilis han aumentado un 124% en la última década, mientras que las infecciones por clamidia se han triplicado entre 2015 y 2021.
Este repunte se atribuye a una percepción de menor riesgo entre la población joven, a la falta de educación sexual integral en algunos países y al descenso en el uso del preservativo, que sigue siendo una de las herramientas más efectivas para prevenir las ITS.
La diferencia entre países occidentales y el resto también es notable. La región africana, por ejemplo, registra casi el mismo número de casos que todo el continente americano y la región europea junta (96 millones frente a 97), mientras que el sudeste asiático y el pacífico occidental tienen, de media, 60 y 86 millones respectivamente, según datos de la OMS en 2020.
Para evitar un retroceso en los hitos logrados en salud sexual durante las últimas décadas, es crucial reactivar las campañas de concienciación, adaptándolas a las nuevas generaciones. La educación sexual en las escuelas, el acceso universal a métodos de prevención y el diagnóstico temprano deben ser pilares fundamentales de las políticas públicas, especialmente en los países menos desarrollados.
Dorothy Day, la activista santa que quiso poner fin a la pobreza
Desde el corazón de Brooklyn, Dorothy Day dedicó su vida a combatir la desigualdad. Activista, periodista y católica comprometida, fundó el Catholic Worker Movement para dar esperanza a los más desfavorecidos.
Conocida como «La Radical Piadosa», Dorothy Day fue una escritora norteamericana, defensora de los derechos de la mujer y de los obreros que se convirtió en una de las figuras más influyentes del activismo social en Estados Unidos. Nacida en 1897 en Brooklyn (Nueva York), creció en una familia de ascendencia irlandesa y británica, y desde muy joven se sintió atraída por la literatura y las causas sociales, dos intereses que definirían su camino.
Dorothy Day canalizó toda su energía hacia la acción comunitaria y la solidaridad con los más vulnerables
Y es que, en un momento de profunda incertidumbre en Estados Unidos, Day trabajó como periodista en publicaciones que promovían el socialismo y el cambio social, defendiendo activamente los derechos de la mujer, el amor libre y el aborto. Sin embargo, la transformación más profunda de su vida llegó en 1927, cuando decidió convertirse al catolicismo. A partir de ese momento, la escritora canalizó toda su energía hacia la acción comunitaria y la solidaridad con los más vulnerables, inspirada por los valores cristianos de compasión y justicia. Encontró en la fe una razón para luchar contra la pobreza y la exclusión y, junto al filósofo Peter Maurin, fundó en 1933 el Movimiento del Trabajador Católico (Catholic Worker Movement).
Esta iniciativa nació en pleno corazón de la Gran Depresión, un periodo en el que millones de estadounidenses perdieron sus trabajos y sus hogares. Day y Maurin crearon casas de acogida donde todo el que lo necesitara podía encontrar un plato de comida caliente y un lugar donde dormir. Era una respuesta directa y tangible a la pobreza, y también una declaración política, pues la sociedad no podía dar la espalda a los más desfavorecidos.
El Catholic Worker Movement sigue funcionando actualmente, inspirando a nuevas generaciones a trabajar por una sociedad más justa
El Catholic Worker Movement se construyó sobre los principios de la no violencia y la acción directa, ya que Day rechazaba la guerra y el uso de la violencia, convencida de que el cambio verdadero solo podía lograrse a través del amor y la solidaridad. Su compromiso con la paz la llevó a participar en diversas manifestaciones y a ser arrestada en varias ocasiones. Sobrevivió a una huelga de hambre en prisión por oponerse a la entrada de su país en la Primera Guerra Mundial y por la cuestión del voto femenino. «A mi alrededor solo percibía oscuridad y desolación», reflejó en su autobiografía, La larga soledad.
De radical a santa
Aunque Dorothy Day nunca quiso ser considerada una santa, su vida estuvo marcada por una búsqueda constante de la justicia y el amor al prójimo. Para ella, la fe no era algo abstracto, sino una llamada a la acción. En 1980, a los 83 años, Dorothy Day falleció, tras una vida llena de pobreza voluntaria. Sin embargo, el Movimiento del Trabajador Católico sigue funcionando actualmente, inspirando a nuevas generaciones a luchar contra la pobreza y a trabajar por una sociedad más justa.
Day demostró que una vida dedicada a los demás, a los pobres y desfavorecidos, puede ser una inspiración en tiempos de desesperanza. La activista que quiso poner fin a la pobreza sigue siendo un ejemplo de cómo la compasión y la acción comunitaria pueden transformar la sociedad desde sus cimientos.
Cuando la solidaridad ciudadana salva vidas
El apoyo entre particulares ha sido crucial tras la DANA en Valencia, recordando cómo en momentos críticos la unión y la cooperación vecinal pueden marcar la diferencia.
En Valencia, miles de personas se movilizaron tras la devastadora DANA que dejó pueblos inundados y calles cubiertas de barro. Vecinos de todas las edades trabajaron hombro con hombro para limpiar, rescatar y asistir a los más afectados, dejando claro que, en situaciones límite -y sin entrar en cuestiones antipolíticas ni partidistas-, el lema de «el pueblo salva al pueblo» nos dice que la solidaridad ciudadana puede ser tan importante como los recursos oficiales.
Este fenómeno no es nuevo. En las últimas décadas, las grandes crisis han demostrado que la acción ciudadana es, en muchos casos, un salvavidas esencial. Desde desastres naturales hasta emergencias sanitarias, el esfuerzo colectivo de los voluntarios ha mitigado daños y salvado vidas, mostrando que la cooperación no entiende de fronteras ni circunstancias.
En desastres como el del vertido del Prestige en 2002, el terremoto de Lorca en 2011 o la nevada histórica de Filomena en 2021 se vio el poder de la solidaridad
En España, de hecho, ya conocíamos la mejor cara de la ciudadanía que, en desastres como el del vertido del Prestige en 2002, el terremoto de Lorca en 2011 o la nevada histórica de Filomena en 2021, se movilizó para limpiar playas, atender a los heridos y proteger a los más vulnerables.
Héroes cotidianos en las mayores tragedias
La historia reciente está llena de ejemplos en los que la ayuda desinteresada de ciudadanos cambió el curso de los acontecimientos.
Tras el terremoto y el tsunami que causaron el accidente nuclear en Fukushima (2011), un grupo conocido como los 50 de Fukushima se ofreció como voluntario para entrar en la planta y contener la emergencia, asumiendo riesgos mortales. Su valentía evitó una catástrofe de mayores dimensiones.
El caso reciente de la DANA en Valencia nos recuerda que, aunque la acción de las instituciones es indispensable, la unión vecinal es fundamental
En África Occidental, miles de voluntarios locales y extranjeros trabajaron en condiciones extremas para atender a los enfermos durante la crisis del ébola en 2014 y evitar la propagación del virus. Su labor fue determinante para frenar una pandemia que amenazaba con extenderse globalmente.
Y en nuestra memoria todavía es reciente el papel durante la pandemia de covid-19 de muchísimas personas que de forma voluntaria asumieron tareas de distribución de alimentos o confección de mascarillas, entre muchas otras, demostrando en barrios y ciudades que la resiliencia comienza en la comunidad.
Más allá de la tragedia
Las crisis, aunque devastadoras, han evidenciado que el voluntariado puede marcar la diferencia entre la condena y la recuperación. El caso reciente de la DANA en Valencia nos recuerda que, aunque la acción de las instituciones es indispensable, la unión vecinal también es fundamental.
Y, aunque la acción voluntaria no siempre es organizada y profesional, la mera presencia de una mano en una zona devastada hace mucho por las víctimas. Muchas veces, el papel más importante que desempeñan los ciudadanos es el de ser capaces de transmitirles a los afectados el mensaje de que no están solos.
Tal y como recuerda esta frase atribuida a Homero, «llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga».
Catástrofes naturales: ¿cómo se recupera la vida entre los afectados?
Cuando pensamos en una catástrofe natural lo primero que se nos viene a la mente es el desastre inmediato pérdidas humanas, materiales y económicas. ¿Qué viene después? ¿Cómo se recupera la vida en las poblaciones afectadas?
Theresa Zabell: «Tenemos la misión de proteger nuestra casa, que es más agua que tierra»
Fundada en 1999 por Theresa Zabell, la Fundación Ecomar es una organización sin fines de lucro comprometida con la conservación y preservación de los mares. Su misión es proteger y restaurar los ecosistemas marinos, cuidando de la biodiversidad, combatiendo la contaminación, sensibilizando a la población y promoviendo un estilo de vida saludable y sostenible.
Cuando se creó Ecomar, en 1999, no había la misma concienciación que en la actualidad sobre la importancia de cuidar los mares y el medio ambiente. ¿Cuáles fueron las razones que la llevaron a crear la Fundación?
Ecomar nació después de una carrera deportiva de más de 20 años navegando por todos los mares del mundo, que me sirvió para darme cuenta de que mi terreno de juego, el mar, estaba enfrentándose a retos cada vez más difíciles. Sentí que tenía la responsabilidad de trasladar a la sociedad estos mensajes y empezar a formar parte de la solución. Fue la realización de un sueño que comencé a tener cuando era adolescente y no entendía por qué el mar tenía cosas flotando que no eran suyas. Me propuse ayudarle y ya llevamos 25 años haciéndolo.
¿Qué retos había entonces y qué retos hay ahora? ¿Han cambiado mucho las necesidades del mar?
Hace 25 años el gran reto era conseguir que la población entendiera que nuestros mares estaban en peligro y que teníamos que actuar. Nuestros mares y océanos eran tan inmensos que nos parecía que eran capaces de «tragar» todo lo que les mandábamos. Desde Ecomar hemos trabajado con más de 2,5 millones de personas a través de las cuales educamos, concienciamos, actuamos y reparamos todo lo que podemos. La tarea es enorme, pero anima mucho ver cómo niños que han pasado por nuestros programas educativos están ahora en puestos de toma de decisión.
Después de 25 años, ¿cuál considera el mayor logro de la fundación?
Una fundación no cumple 25 años si no sirve a la sociedad y a las personas. Ecomar llegó para demostrar que las cosas también se podían hacer de otra manera, de forma inclusiva, contando con las empresas, las instituciones y las personas, centrándonos no solo en el qué sino también en el cómo. Lo que nosotros llamamos la «filosofía azul». Nuestra manera de hacer las cosas ha calado muy hondo, y servido de modelo para muchos otros que siguen nuestra estela. Se han subido a nuestra ola y la siguen surfeando. Sin ninguna duda, esto y los más de dos millones y medio de personas que han pasado por nuestras actividades son los mayores logros de la Fundación Ecomar.
Una parte muy importante del trabajo de Ecomar es la educación y sensibilización. ¿Cuáles son las principales actividades educativas que llevan a cabo y qué resultados han observado?
Nuestro primer proyecto educativo fue un concurso escolar en el que los mejores eran premiados con una Semana del Mar. Con la crisis económica nos tuvimos que reinventar y ahora hemos volcado toda nuestra experiencia y conocimiento en una plataforma digital con la que llegamos a muchos más niños, niñas y adolescentes. Conseguimos, a través de todos nuestros programas, que los participantes conozcan el papel fundamental que juegan nuestros mares y océanos en nuestra supervivencia en este planeta, el problema al que nos enfrentamos como humanidad. Conseguimos también que quieran ponerle solución. Asimismo, tenemos el programa educativo de la Grímpola Ecomar, que está implantado en un centenar de clubes de España y Portugal en los que los niños que van a aprender un deporte náutico también aprenden lo que les da y cómo cuidar su terreno de juego.
¿Qué papel cree que juegan adolescentes y personas jóvenes en este proceso? ¿Cómo fomenta Ecomar su participación?
Las nuevas generaciones juegan un papel importantísimo. De lo que aprendan ahora depende el futuro del planeta. Ecomar les educa y conciencia en cada uno de sus programas. Les hacemos partícipes de actividades como una limpieza de costas para que vean de primera mano la realidad de la situación. A partir de ese momento se quieren involucrar más y acaban siendo nuestros «embajadores».
Uno de sus proyectos recientes es la plataforma Bosque Marino, en colaboración con Redeia. ¿Cómo surge esta iniciativa y en qué consiste?
Después de años estudiando cómo dar un paso al frente en la recuperación de ecosistemas marinos para ser más útiles a la sociedad y el planeta, nos aliamos con Redeia, que lleva 10 años trabajando una iniciativa pionera. En la Fundación Ecomar nos gusta trabajar en equipo y sumar esfuerzos para conseguir mayores resultados con menor inversión, y por ello nos juntamos para constituir la plataforma Bosque Marino. No solo se trata de restaurar las praderas de posidonia, que también, sino de implantar una manera de hacerlo junto con la comunidad científica y la colaboración público-privada, que la iniciativa sea escalable, y así conseguir en un futuro un verdadero cambio. Además, haremos talleres en colegios e institutos para que los más jóvenes aprendan a identificar y valorar esta planta, sean partícipes del proyecto y crezcan sabiendo cómo cuidarla.
A partir de vuestra experiencia colaborando con Redeia, ¿qué papel juega el sector privado en la conservación de los ecosistemas marinos?
El capital privado es fundamental para la conservación y el equilibrio de nuestro planeta en general, y en la Fundación Ecomar involucramos al sector privado en todas nuestras actividades. Sin su apoyo no habríamos sobrevivido. Todos estamos en el mismo barco, metafóricamente hablando, y debemos remar en la única dirección posible: la de proteger nuestra casa que, dicho sea de paso, es más agua que tierra. Con Redeia participamos en un proyecto muy innovador, que estoy segura va a sorprender gratamente a muchos.
Una de las primeras acciones del proyecto Bosque Marino es la restauración de posidonia oceanica en las aguas de la Comunitat Valenciana. ¿Cuál es la finalidad de esta iniciativa?
Empezar a regenerar los fondos marinos del Mediterráneo, que están muy deteriorados por diferentes razones. El objetivo es restaurar 30 hectáreas de aquí al 2030 en línea con la reciente Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea y con los objetivos globales de biodiversidad y conservación marina de la ONU.
¿Cómo seleccionan las áreas donde desarrollan proyectos como Bosque Marino?
Los científicos y expertos en la materia con los que trabajamos hacen estudios exhaustivos, bajan a examinar los fondos y valoran el número de plantaciones que hay que realizar. A partir de ahí se valora la viabilidad y se eligen las localizaciones en función de la necesidad y de dónde se estima que pueda haber una mayor tasa de supervivencia.
¿Es parecido este proyecto a otros como Acción Posidonia? ¿Qué diferencias o similitudes destacaría de ambos?
Son proyectos paralelos con un mismo objetivo. En el proyecto Acción Posidonia, Redeia es uno de los socios, además de un apoyo fundamental. El objetivo es mejorar la salud ambiental de las praderas de posidonia oceanica involucrando al sector pesquero, a los científicos y a la ciudadanía, promoviendo a su vez la sensibilización ambiental de la sociedad y la I+D en la mitigación del cambio climático. Acción Posidonia forma parte del Programa Pleamar de Fundación Biodiversidad y cuenta con fondos de la Unión Europea.
Su vida siempre ha estado muy ligada al mar y al deporte. ¿Cómo puede promover el deporte una mayor concienciación y compromiso con el medio ambiente?
Me gusta decir que el deporte es la mejor escuela para la vida, ya que a través de él aprendemos una serie de valores que difícilmente podríamos adquirir de otra manera. Los deportes practicados en la naturaleza, además, te enseñan la importancia de tu «terreno de juego», en mi caso el mar. Al final todos cuidamos aquello que amamos, y es un buen comienzo para empezar a cuidar nuestro entorno.
Para quienes tengan interés en contribuir a la conservación marina, pero no saben por dónde empezar, ¿qué consejo daría?
Los cambios empiezan por pequeñas acciones, decisiones que tomas en tu día a día, como lo que consumes y su procedencia. Los animaría a que sigan nuestros diferentes canales de comunicación para aprender gestos que puedan impactar positivamente en el estado de nuestro planeta, y a que se hagan Socios Ecomar con una pequeña cuota que es 80% desgravable, que además de ser una gran ayuda para nosotros, sirve para que puedan participar en nuestras actividades.