El uso de armas o la violencia son algunas de las causas directas de la pérdida de vidas humanas durante los conflictos. Sin embargo, los daños a los ecosistemas y la contaminación también pueden tener un grave impacto en las víctimas.
Según un estudio de Scientists for Global Responsibility y el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, se calcula que los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Los efectos de un conflicto sobre el medio ambiente provocan una serie de problemas de salud, seguridad alimentaria y desplazamientos forzosos –entre otros– para las víctimas, que, dependiendo de su intensidad, pueden incluso seguir cobrándose vidas después de terminado el enfrentamiento.
Perjudicar al medioambiente es perjudicar a la población civil
Debido a cuestiones de seguridad y a la propia complejidad de los conflictos, es difícil estimar la contaminación causada por un enfrentamiento bélico. La guerra de Ucrania está siendo uno de los primeros conflictos en los que los efectos contaminantes están siendo registrados casi en tiempo real.
Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la guerra, la reconstrucción de edificios, los incendios de paisajes, los daños a la infraestructura energética, los refugiados y el desplazamiento aumentaron un 30% desde que comenzó la invasión, según un informe de Ecoaction. Un total que equivale a las emisiones anuales de Austria, Hungría, República Checa y Eslovaquia juntas o las emisiones anuales de 120 millones de automóviles de combustible fósil.
Los ejércitos son responsables del 5,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero
La guerra de Ucrania también revela cómo el ataque a infraestructuras esenciales tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente y perjudica a quienes dependen de estos servicios para sobrevivir. Un estudio de la revista Science investigó el impacto de la destrucción de la presa en Ucrania y advierte que se liberaron contaminantes –entre los que se encontraron 83.300 toneladas de metales pesados como plomo, cadmio y níquel y otros elementos como el nítrogeno y el fósforo– que se habían acumulado en los sedimentos del embalse, creando una fuente de contaminantes a largo plazo que podrían propagarse en futuras inundaciones.
En el Líbano, el medioambiente también ha sufrido daños por valor de casi 200 millones de euros debido a la degradación de los recursos naturales y el impacto sobre la infraestructuras de gestión de los residuos sólidos a raíz del conflicto actual entre Israel y Hezbolá, según un informe del Banco Mundial.
La ONU también documenta las consecuencias de la degradación en Gaza: «Se han colapsado los sistemas e instalaciones de alcantarillado, aguas residuales y gestión de residuos sólidos. La destrucción de edificios, carreteras y otras infraestructuras ha generado millones de toneladas de escombros, algunos de los cuales están contaminados con municiones sin detonar, amianto y otras sustancias peligrosas».
Por otro lado, los propios recursos naturales pueden ser la causa del enfrentamiento. Según el Programa de Medio Ambiente de la ONU, al menos el 40% de todos los conflictos están vinculados con la explotación de madera, oro, petróleo, el agua o la tierra.
Actualmente, las prácticas insostenibles de minería, tala y caza furtiva siguen perpetuando la violencia y devastando el medio ambiente en países como la República Democrática del Congo, donde la extracción de cobalto y coltán para pilas recargables alimenta el conflicto en el este del país.
La pérdida de vidas humanas no cesa tras el conflicto
Cuando el enfrentamiento termina, la devastación sigue dejando su huella en la vida diaria de la población civil y de las generaciones futuras.
La contaminación provocada por una guerra sigue siendo responsable de la pérdida de vidas humanas incluso cuando el conflicto ha terminado
Los informes señalan el efecto especialmente perjudicial de las minas terrestres, que siguen matando personas mucho tiempo después de haber sido depositadas. También causan la degradación de la tierra en la que están y limitan el acceso a territorios seguros, lo que lleva a la sobreexplotación de otros. Inundaciones en Bosnia, Ucrania, Libia y Líbano han desenterrado este tipo de explosivos.
Además, los bombardeos o el uso de armas incendiarias liberan metales pesados como el cadmio, el plomo o el arsénico, que provocan problemas de salud a largo plazo. En Irak, el aumento del cáncer, las malformaciones congénitas y otras afecciones se han asociado a los daños medioambientales y la inhalación de toxinas del polvo levantado por los vehículos militares.
Estos análisis ponen de manifiesto que los efectos de la guerra sobre el medio ambiente causan una pérdida de vidas humanas que no siempre se tiene en cuenta en la contabilización de las víctimas.
Algo que tienen presente los países, pero sobre lo que no se tiene pensado actuar: el programa de investigación de la Universidad de Notre Dame que supervisa la aplicación de acuerdos de paz integrales en 34 países de todo el mundo señala que prácticamente ninguno contiene disposiciones relativas a la gestión de los recursos naturales o a la adopción de medidas de protección del medioambiente.
Aunque, al hablar de guerra, el foco debe estar siempre sobre las víctimas humanas, no debemos dejar a un lado el tratamiento de los recursos naturales, en tanto que, si estos se contaminan o sufren daños, las consecuencias las pagará también la población.