Categoría: Agenda 2030

Julia Wolfe: reivindicar a través de melodías

Desde las minas de carbón hasta la emergencia climática, la compositora Julia Wolfe ha hecho de la música un espacio de denuncia y movilización colectiva.


La música lleva siglos demostrando su poder transformador. Más allá de una expresión artística, la composición musical se ha convertido en una herramienta para entender lo que nos rodea. Ha servido para contar historias, dar voz a diferentes realidades y conectar a personas con contextos muy distintos. Decía Beethoven: «Toma la música en serio porque es una revelación más alta que la filosofía». Esta idea sigue vigente en compositoras como Julia Wolfe (1958, Pennsylvania), que ha hecho de la música una forma de cuestionar el mundo actual y una herramienta para movilizar conciencias en torno a los grandes retos sociales de nuestro tiempo. Con una música frecuentemente categorizada como postminimalismo, Wolfe ha construido una trayectoria en la que la creación artística y el compromiso social avanzan de la mano, dando forma a obras que se inspiran en historias reales.

La composición como discurso

Cofundadora del colectivo Bang on a Can, una de las plataformas más influyentes de la música experimental en Estados Unidos, Wolfe ha impulsado un lenguaje propio que mezcla minimalismo, rock y tradición clásica, rompiendo las barreras entre géneros y acercando la música contemporánea a nuevos públicos. Pero lo que realmente define su trayectoria es su capacidad para convertir la composición en una herramienta narrativa. 

Con su obra Anthracite Fields, la compositora se sumerge en la vida de los mineros del carbón en Estados Unidos, recuperando sus voces a través de textos documentales, nombres propios y sonidos industriales. El resultado es una pieza que trasciende lo musical y que en 2015 recibió el Premio Pulitzer de Música. 

En los últimos años, su mirada se ha desplazado hacia otro de los grandes retos de nuestro tiempo: la crisis climática. Su obra Unearth aborda la relación entre el ser humano y el planeta desde una perspectiva sensorial donde combina relatos antiguos, palabras de protesta y la poesía de Emily Dickinson para crear una llamada de emergencia. Aquí, la música funciona como una advertencia, pero también como una invitación a repensar nuestro papel en el mundo. La pieza combina voces, percusión y electrónica para construir un paisaje sonoro que interpela directamente al espectador.

Un compromiso desde la partitura

Si hay algo que define su recorrido es una combinación entre creación y compromiso. Formada como compositora en la Universidad de Princeton, Wolfe ha compaginado su carrera artística con la docencia. Pasó por la Manhattan School of Music y, desde 2009, es profesora en la Universidad de Nueva York, donde trabaja con nuevas generaciones de compositores. A través de la trayectoria de Julia Wolfe se demuestra que la música puede ser una forma de reivindicación y una herramienta para acercarse a temas complejos sin simplificarlos. Entender el mundo también implica parar, escuchar y hacerse preguntas, y la música siempre ha tenido ese poder transformador para conseguirlo.

Lecciones de los montes nubosos

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El Bosque de Monteverde en Costa Rica, la Sierra de las Minas en Guatemala o los bosques andinos en Ecuador son algunos ejemplos de montes nubosos. Unos ecosistemas caracterizados por su alta humedad constante, la neblina persistente y una inmensa biodiversidad, que deben ser protegidos por su aporte al equilibrio ecológico.

Comidas escolares que fomentan el aprendizaje

La nutrición en los centros educativos es clave para la salud, el aprendizaje y la igualdad infantil, influyendo tanto en el desarrollo físico de los niños y niñas como en su maduración cerebral y rendimiento académico.


El mundo del mañana se forja en las manos de los niños y niñas de hoy, mientras que el futuro de estos, a su vez, depende en gran medida de algo tan básico como la alimentación. Sin una nutrición adecuada, no hay salud; sin salud, disminuye la capacidad de aprendizaje; y sin aprendizaje, las oportunidades se reducen drásticamente. 

Esta cadena de evidencias explica por qué los comedores escolares han dejado de ser un simple servicio complementario para convertirse en un eje estratégico dentro del sistema educativo. Lejos de la visión asistencialista de años atrás, hoy resulta evidente que lo que ocurre en el plato también repercute en el aula y, en última instancia, en el desarrollo integral de la infancia.

Invertir en alimentación infantil, además de ser una cuestión de salud pública, es una estrategia de educación

Cochrane, una red internacional independiente dedicada a producir y difundir evidencia científica para mejorar la toma de decisiones en salud, publicó a finales del año pasado una revisión sistemática sobre el impacto que tienen los programas de alimentación escolar. El análisis examinó hasta qué punto estas iniciativas pueden mejorar la salud física y psicológica de la infancia, especialmente entre quienes viven en contextos de vulnerabilidad socioeconómica. Para muchas familias, garantizar a sus hijos una alimentación nutritiva y equilibrada está lejos de ser una tarea sencilla, lo que convierte a los comedores de los colegios en una herramienta clave no solo para combatir la desigualdad, sino también para promover un desarrollo más saludable y equitativo. 

Son muchos los estudios que llevan años demostrando que una buena nutrición incide directamente en el rendimiento escolar, la concentración o la memoria. Revistas científicas han publicado investigaciones en las que se avala que una alimentación con un alto consumo de frutas, verduras, proteínas de calidad y micronutrientes esenciales (como el hierro y el omega-3) supone mejores resultados en matemáticas, comprensión lectora o pruebas de atención. Por el contrario, dietas basadas en ultraprocesados o en comidas con déficits nutricionales pueden repercutir negativamente en la memoria y la concentración. 

A partir de abril una nueva normativa fijará estándares nutricionales para los menús de los centros educativos

Estar en edad escolar supone encontrarse en pleno desarrollo, un fenómeno que también afecta al cerebro, ya que en los primeros años de funcionamiento precisa de un suministro constante de energía y nutrientes. Solo así puede consolidar conexiones neuronales, regular estados de ánimo y sostener una gran actividad intelectual. Por ello, invertir en alimentación infantil, además de ser una cuestión de salud pública, es una estrategia educativa que está íntimamente ligada con el futuro del mundo. 

En poco más de un mes, España dará un paso significativo a favor de la alimentación y el rendimiento escolar. En abril entrará en vigor un nuevo real decreto que establece normas de nutrición para los menús de los centros educativos. La norma toma como referencia iniciativas que ya han demostrado su eficacia, como los ​​«Ecocomedores de Canarias», un programa que desde hace una década mejora la calidad de la comida escolar al tiempo que promueve valores educativos y hábitos saludables a partir de una producción agraria ecológica y local. Este parece ser, sin duda, el nuevo rumbo a seguir: convertir la alimentación en una herramienta de equidad y en una inversión directa de la que depende el futuro de toda una generación.

Aitor Francesena, el campeón mundial que surfeó el destino

Pionero del surf adaptado en España y referente internacional, Aitor Francesena ha convertido el mar en un espacio de autonomía y superación. En su trayectoria, el esfuerzo personal se ha convertido también en un impulso colectivo.


Desde tus primeros años en el surf hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado el reconocimiento y la inclusión del surf adaptado en España?

Yo perdí la vista en 2012. Tengo 55 años, así que durante mucho tiempo pude ver y surfear como cualquier otra persona. Entonces casi nadie con discapacidad practicaba surf, ni a nivel nacional ni mundial. A partir de 2015, la situación empezó a cambiar. Ahora el surf adaptado es algo que se está construyendo muy rápido. Hemos conseguido logros importantes, como proclamarnos campeones del mundo en 2020 con la selección nacional. Y, sobre todo, estamos demostrando que cualquier persona, con cualquier discapacidad, puede surfear. En las escuelas ya se nos tiene en cuenta en la enseñanza. Cada vez lo practica más gente a nivel nacional.

El surf es un deporte profundamente sensorial. ¿Cómo ha cambiado tu manera de percibir el mar desde que perdiste la vista?

El mar es una pasada. Lo que te da, tengas discapacidad o no, es increíble. Cuando me quedé ciego, pensaba que me iba a marear sobre algo en movimiento, que no iba a poder, pero me di cuenta de que sí se puede. 

Mi manera de percibir el mar cambió completamente. Creía que perdería información, pero en realidad el mar me da muchos datos. Según cómo venga la ondulación y dónde me golpee la ola en el cuerpo, sé hacia dónde estoy orientado. Luego está el sonido. Con los dos oídos puedo saber cuándo viene una ola, su altura y su fuerza. Todo está en estéreo. Percibo cómo subo y bajo sobre la ola, cómo puedo hacer maniobras. Todo son sensaciones puras. Por eso, surfear sin ver es una experiencia muy potente. Cuando ejecutas la ola te acompaña, es lo más. Es una sensación difícil de explicar.

«Con los dos oídos puedo saber cuándo viene una ola, su altura y su fuerza»

Tardé muchísimo en adaptarme. Un año y medio, casi dos. Y no hablo de adaptarme a un nivel básico, sino a sentirme en el agua como una persona que ve. Hoy me dejan en la orilla y puedo irme a surfear solo, coger olas, volver y recolocarme en el sitio. Pero eso llevó tiempo. Al principio solo podía estar quince minutos en el agua. La concentración que necesitaba era enorme. Cuando ves, recibes muchísima información de golpe. Cuando no ves, tienes que estar atento a todo lo demás: el sonido, el movimiento, el contacto del agua. Eso exige mucha atención, pero también te conecta muchísimo más con el mar.

Para competir en condiciones de seguridad y alto rendimiento, ¿qué recursos humanos y técnicos necesitas? 

Al final, una persona ciega, esté donde esté, tiene que mapear el entorno. ¿Qué significa mapear? Que antes estás con alguien que ve y te da datos: referencias, distancias, corrientes, orientación. Con esa información construyes un mapa mental y luego verificas si lo que sientes coincide con lo que te han dicho. Hasta que llega un punto en que el mapa está consolidado y puedes moverte solo.

En el mar es exactamente lo mismo. Al principio dependes de otras personas. Te dan datos y tú compruebas si encajan con tus sensaciones. Pero además cada guía es diferente. En competición, por ejemplo, no siempre tienes a la misma persona. Cada uno tiene su ritmo, su manera de contar. Tienes que adaptarte a su cadencia, entender su margen de error. Lo mismo cuando te dicen «cuidado, la corriente tira mucho». ¿Qué es mucho para él? Tienes que traducir esa información a tu propio sistema de referencias. Es un proceso de ajuste constante entre lo que te dicen y lo que tú percibes.

En tu día a día como surfista, ¿qué te ayuda a mantener la motivación? 

Lo más grande y lo más bonito ha sido aprender a surfear solo. Yo había surfeado toda mi vida, luego me quedé ciego. Por eso, mi percepción del surf es totalmente diferente a la de alguien que nunca ha visto. El estilo, la manera de moverme en el mar, cómo interpretar las olas… todo eso lo aprendí antes de perder la vista. Además, poder surfear solo me ha ayudado muchísimo. Tener un guía facilita las cosas, pero poder manejarme por mi cuenta da una sensación de libertad enorme. 

«Nadie sabe dónde está el techo de nadie»

En la tierra tengo obstáculos, pero para mí en el mar hay menos. Puede haber gente, pero les aviso de que no veo y respetan mi espacio. Cuando hay buenas olas durante el día y luego voy solo por la noche… ¡Es la gloria! Conozco el tipo de ola, cómo tira la corriente. Me muevo solo, sin chocar con nadie. Esa autonomía es increíble.

Tu último libro, Surfear la vida, nace después de otros dos textos centrados en el surf. ¿Qué te llevó a escribir una obra con un enfoque más vital y reflexivo?

Yo había escrito dos manuales de surf, porque toda mi vida me he dedicado al surf y la enseñanza. Después de eso, el Grupo Planeta me llamó para escribir un libro que pudiera ayudar a la gente joven, contando mi vida de manera que muestre que, pase lo que pase, siempre hay una salida. Fue una sorpresa que me lo pidieran. El libro se llama Surfear la vida porque hace un símil entre el surf y la vida. Cada ola es diferente, cada día es diferente y lo importante es levantarse después de caerse. 

El libro gira en torno a conceptos como miedo, perseverancia, disciplina o gratitud. ¿Cómo elegiste esos ejes? 

Son temas que hay que poner en mayúsculas en la vida. Para mí, la vida sigue siendo igual que cuando era joven. Los problemas siguen siendo problemas, las pérdidas siguen siendo pérdidas. Lo importante es enfrentarlos, aprender y seguir. Todo eso intento reflejarlo en el libro, con historias de mi propia experiencia: desde el coronavirus, que casi me mata, hasta la ceguera y los viajes por los circuitos mundiales de surf. Cada experiencia te enseña algo, y ese es el espíritu que quería transmitir.

¿Hasta qué punto el entorno puede condicionar la actitud y la preparación deportiva?

El entorno puede ayudar mucho, pero depende de ti. Puedes tener gente maravillosa a tu alrededor que te da consejos, pero si no los escuchas, no aprendes nada. Lo importante es saber a quién realmente le importa tu progreso, a quién consideras que lo que te dice vale. He aprendido de mis padres, mis abuelos, de genios que he conocido… Esas son las personas que te evitan malos tragos y te preparan para lo que viene. Lo demás, lo que no aporta, lo apartas y sigues con tu camino.

A lo largo de tu trayectoria, también habrás tenido que enfrentarte a comentarios o prejuicios sobre lo que podías hacer. ¿Cómo los has gestionado?

Cuando tienes el objetivo claro y real, no te afectan. Sigues adelante con tu plan, y eso forma parte de la personalidad y de la fuerza para superar los retos.

¿Qué barreras sociales crees que siguen existiendo hoy para que las personas con discapacidad puedan practicar deporte en igualdad de condiciones?

Hay muchas barreras sociales todavía, aunque las cosas han mejorado mucho. Antes, cuando alguien tenía un hijo con discapacidad, casi lo escondía. La sociedad te hacía sentir que debías quedarte quieto. Hoy eso ha cambiado. Puedes salir, practicar deporte, participar. Si alguien no lo hace, suele ser por actitud o por cómo le han educado, pero las oportunidades existen.

Aun así, queda margen de mejora. El deporte adaptado no está al mismo nivel que el deporte convencional: premios, visibilidad y consideración aún son diferentes. Pero hemos avanzado mucho en poco tiempo. Hace 15 años, ni siquiera existía prácticamente, y poco a poco se van corrigiendo las cosas. No podemos quedarnos en la queja, yo prefiero seguir haciendo y aportando.

Redeia está apoyando la Escuela de Surf de Sopelana para promover la inclusión y la cohesión social a través del deporte y que cada vez más personas con discapacidad puedan unirse al programa de surf adaptado en la costa vasca. Como referente del surf adaptado, ¿qué factores son clave para que iniciativas como esta funcionen a largo plazo y logren una inclusión real?

Lo más importante es que haya un verdadero interés por el deporte sin buscar el beneficio económico. Para que un programa funcione, tiene que mantenerse en el tiempo y permitir que cada vez más personas practiquen surf y disfruten. A partir de ahí, va rodado. Y hoy todo va mucho mejor que hace años. Se ha avanzado muchísimo en oportunidades y visibilidad y cada vez más gente puede disfrutar de este deporte. 

¿Hay algún momento o experiencia en tu carrera que te haya hecho sentir que tu esfuerzo no es solo personal, sino que puede inspirar cambios en la forma en que la sociedad ve la discapacidad y el deporte?

Más de una vez, mi pareja y mucha otra gente, se asombra de la cantidad de cosas hago al cabo del año. Cuando llegan las Navidades suelo hacer repaso y ahí es cuando yo mismo me doy cuenta. Soy una persona muy activa y me encanta hacer millones de cosas siempre con un propósito. Y una de las cosas que más me llena es demostrar a la gente que la vida es maravillosa, que se pueden hacer muchísimas cosas y que las puede hacer cualquiera. Que nadie sabe dónde está el techo de nadie.

Mamá, quiero un juguete inclusivo

A la hora de socializar y desarrollarse, el juego desempeña un papel esencial en la vida de los niños, pero ¿pueden los juguetes impulsar también la integración social y la diversidad?


Los juguetes que hemos tenido en nuestra infancia nos han dejado una huella que va mucho más allá de los momentos de ocio, aunque quizá no seamos del todo conscientes de ello. Su papel es clave en el desarrollo de todo ser humano, ya que contribuyen a adquirir habilidades sociales y emocionales desde las primeras etapas de la infancia. 

Ya a principios del siglo XX, con el surgimiento de nuevas corrientes educativas como Montessori o Waldorf, comenzó a cambiar la concepción del juego, que empezó a entenderse como un espacio para la creatividad, la imaginación y la libre expresión, convirtiendo los juguetes en nuevas herramientas de aprendizaje. Tal es su importancia que en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó el «juego» a la categoría de derecho de la infancia y estableció el deber de los adultos de protegerlo. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos aspectos como la inclusión o la diversidad quedan relegados a un segundo plano en los juguetes que encontramos en el mercado, pese a su relevancia a la hora de que los niños construyan su identidad social.

¿Qué es un juguete inclusivo?

Ana Mata, coordinadora de la Guía de AIJU Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, define los juguetes inclusivos como «aquellos accesibles, adaptativos y que permiten una interrelación entre los niños sin los prejuicios de la discriminación, mostrando la diversidad como algo natural».

El juguete inclusivo es accesible, adaptativo y permite establecer relaciones en la infancia sin los prejuicios de la discriminación

Los primeros esfuerzos de los fabricantes de juguetes para poder ofrecer juguetes inclusivos se dirigieron a reducir los sesgos de género. Así, compañías como Moltó, El Corte Inglés o incluso la empresa de productos de limpieza y del hogar Vileda incorporan desde hace varios años la imagen tanto de niños como de niñas en sus campañas publicitarias de juguetes simbólicos como cocinitas, planchas, supermercados o sets de limpieza, desvinculando así estos productos de los estereotipos de género.

La diversidad racial también es cada vez más habitual en los estantes de las jugueterías. Un ejemplo de ello es Mattel con su muñeca Barbie, que ya cuenta con 22 versiones de diferentes etnias, 35 tonos de piel y nueve tipos de cuerpo distintos. Otra línea de muñecas de este fabricante, Monster High, pone el foco en la diversidad de sus personajes con el «objetivo de crear un mundo en el que todos y todas puedan sentirse orgullosos de ser ellos mismos». Una misión que refuerzan mediante iniciativas como el Proyecto Pertenencia, que proporciona ayuda a los niños y niñas para conectar con sus comunidades y crear vínculos, o su asociación con organizaciones como la Fundación Anar, que busca educar a niños y niñas en la tolerancia y el respeto.

La diversidad más allá del género y la raza

Han transcurrido ya más de diez años desde que la empresa Famosa lanzara al mercado «La Consulta Médica de Nenuco», que consistía en un muñeco con ambliopía (ojo vago) al que había que tratar con un parche y gafas correctoras. Con el tiempo, este juguete evolucionó, dando lugar a nuevas versiones, como bebés con implantes cocleares o con síndrome de Down. 

A pesar de la mayor presencia de juguetes inclusivos en el mercado, todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social

Pero no es la única compañía que ha incorporado diversidades funcionales y sanitarias en sus muñecos a lo largo de los años. Marcas como Miniland cuentan con juguetes en los que los más pequeños pueden ver reflejadas realidades como el vitíligo, la discapacidad motora —con muñecos en silla de ruedas— o la discapacidad visual. Otros fabricantes también han lanzado al mercado ediciones de su muñeca con diferentes patologías, como la diabetes.

Aunque estos juguetes inclusivos han ayudado a normalizar la diversidad y fomentar la empatía, a día de hoy aún hay niños y niñas que se ven excluidos de los juguetes que existen en el mercado. Así lo afirma un estudio de 2024 de la Confederación de Organizaciones Familiares de la Unión Europea (COFACE Families Europe), que pone de manifiesto que los juguetes inclusivos no son lo suficientemente accesibles y que todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social. 

Este hecho demuestra que, pese a los pasos dados por la industria hacia la diversidad y la inclusión, aún son casos minoritarios que requieren mayor presencia y protagonismo para integrarse plenamente en la realidad social que representan. Solo así conseguiremos que algún día la etiqueta de «juguete inclusivo» desaparezca para convertirse simplemente en lo que siempre debieron ser: juguetes.

Máquinas expendedoras de salud

Los productos alimenticios que encontramos en las máquinas de vending tradicionales son en su gran mayoría poco saludables. Pero cada día son más las empresas del sector que optan por productos ricos en nutrientes y sostenibles.


Si nos acercamos a una máquina de vending, es muy probable que los productos alimentarios que encontremos sean, en su gran mayoría, poco saludables: alimentos ultraprocesados, altamente calóricos, con elevados contenidos de azúcares y grasas, o refrescos y bebidas energéticas con altos niveles de carbohidratos y sin rastro de vitaminas ni minerales. Podrían salvarse de tan bajo perfil nutricional los frutos secos, pero en su mayoría están fritos o con añadidos de sal. El consumo habitual de productos de este tipo supone riesgos para la salud que van desde la obesidad y la diabetes a diversas enfermedades cardiovasculares.

No solo los lugares de ocio o tránsito cuentan con máquinas de vending, sino también centros sanitarios y educativos, lo que obliga a la necesidad de encontrar alternativas más saludables. Por ello, desde la sociedad civil se lleva tiempo denunciando el actual sistema con el ánimo de lograr que la industria encargada de estas máquinas incluya en las mismas productos que aseguren la salud alimentaria.

En las máquinas de vending tradicionales encontramos alimentos altamente calóricos y con elevados contenidos de azúcares y grasas nocivos para nuestra salud

En 2003, el Servicio Catalán de Salud aprobó una instrucción para que las máquinas de vending ubicadas en hospitales y el resto de centros sanitarios ofrecieran al menos un 75% de productos alimenticios saludables. Se pretendía así iniciar una transición que permitiera encontrar en estas máquinas fruta, leche, zumos naturales, yogures sin azúcares, frutos secos no procesados y bajos en sal, y toda una amplia gama de alimentos que no supongan consecuencias negativas en el bienestar de los usuarios. Un centro sanitario debe preocuparse por la salud de los ciudadanos, pero también transmitir un mensaje de prevención de prácticas que la afecten. Algo que, por desgracia, queda desvirtuado con los productos que dispensan la mayoría de estas máquinas.

Del mismo modo, los centros escolares, que están al cargo de la educación de las nuevas generaciones. Esta educación no solo debe pasar por lo académico, sino abarcar también aspectos vitales y de nuestro día a día, como es el caso claro de la alimentación. En esta línea, el Gobierno aprobó en 2025 un real decreto para asegurar que todos los centros educativos que cuenten con máquinas de vending prohíban en estas las bebidas energéticas, la bollería industrial o cualquier otro producto que incumpla las recomendaciones de la OMS sobre los límites en la ingesta de grasas, azúcares y sal.

La legislación y la concienciación social están favoreciendo la transformación del sector del vending con productos sanos, envases reciclables y cadenas de producción sostenibles

Por otro lado, el Gobierno tramita además un nuevo decreto ley que garantice también la alimentación sostenible y saludable en hospitales y residencias. Respecto a las máquinas de vending, esta nueva norma pretende asegurar que al menos el 80% de los productos que dispensen sean igualmente saludables.

La sociedad está también cada día más concienciada con la necesidad de mantener una dieta saludable, y es por ello por lo que el sector del vending lleva años adaptándose a este necesario cambio. En la actualidad, ya hay varias las empresas del sector que solo dispensan en sus máquinas productos sin aditivos ni conservantes, frutos secos sin procesar, ensaladas frescas, postres sin azúcares añadidos o zumos naturales. 

Más allá de lo saludable de dichos productos, algunas empresas prestan también atención a otros aspectos, como la sostenibilidad, utilizando envases reciclables y contando con cadenas de producción sostenibles que incorporan a pequeños productores locales para fomentar, de esta manera, la economía circular. 

Estas alternativas están favoreciendo que empresas, estaciones de transporte, gimnasios, establecimientos hoteleros o incluso centros comerciales se unan al cambio. Como ciudadanos y consumidores cada día más concienciados e informados, tenemos capacidad para lograr la transformación de un sector que, tradicionalmente, ha sido poco beneficioso para nuestra salud alimentaria.

¿En qué consiste la pobreza menstrual?

La menstruación puede ser un lujo para millones de mujeres en todo el mundo, un fenómeno con graves consecuencias para su salud, educación y participación social.


La menstruación acompaña a las mujeres durante 38 años de su vida, según el Banco Mundial. En ese periodo, en promedio, cada una consumirá más de 10.000 productos relacionados con su menstruación. Esto es, claro, si puede conseguirlos. Porque, según la organización, más de 500 millones de mujeres en todo el mundo no pueden acceder de forma adecuada a compresas, tampones, ropa interior, analgésicos o agua limpia para su higiene diaria.

Cuando el acceso a productos higiénicos femeninos se convierte en un lujo, las mujeres corren más riesgo de sufrir infecciones, problemas dermatológicos o dolor crónico. Y no solo eso, la pobreza menstrual trasciende como desafío para la salud y puede llegar a ser un obstáculo también para la plena inclusión de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. 

Brechas sociales y geográficas en el acceso a productos menstruales

En situación de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y, en el caso de adultas, a reducir su participación en el trabajo o en la vida social, lo que convierte un problema de higiene y salud en una cuestión de derechos humanos. 

Hay países en los que este problema se hace más evidente en la brecha entre el entorno rural y el urbano: según datos de la OMS y UNICEF, una de cada cinco adolescentes y mujeres en las zonas rurales de Etiopía no utiliza ningún producto, en comparación con la proporción de una de cada veinte en las zonas urbanas.  

A lo largo de toda su vida, una mujer puede llegar a necesitar más de 10.000 productos relacionados con la menstruación

Y también se producen desigualdades por nivel socioeconómico en países aparentemente ricos. En Estados Unidos, una de cada cuatro adolescentes y una de cada tres adultas tiene dificultades para asumir el precio de los productos menstruales. Este fenómeno se da sobre todo en las familias de menores ingresos.

En España, esta realidad también está presente, aunque con matices distintos. Estudios de Period Spain y del Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria IDIAP Jordi Gol estiman que entre el 20% y el 22% de las mujeres han experimentado algún tipo de dificultad económica para adquirir productos menstruales.  

Las más afectadas son las mujeres jóvenes, con bajos ingresos o en un escenario de mayor vulnerabilidad social, como aquellas que se encuentran en situación de calle. En estos casos, la pobreza menstrual suele ser el síntoma de un marco de exclusión más amplio. 

Soluciones posibles y el debate sobre el «impuesto rosa»

La causa de este fenómeno se encuentra en una combinación entre el estigma, situaciones de vulnerabilidad o contextos desfavorecidos, los elevados precios de los productos menstruales y la falta de infraestructuras de agua y saneamiento. 

En situaciones de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y mujeres adultas a su puesto de trabajo

Frente a esta realidad, las soluciones existen y requieren acción conjunta. Algunas comunidades y organizaciones han implementado programas de distribución gratuita de productos menstruales en colegios, universidades y centros de atención social.

Por otro lado, también ha recibido numerosas críticas el llamado «impuesto rosa», que consiste en el sobrecoste que pagan las mujeres por productos o servicios equivalentes a los de los hombres simplemente por estar dirigidos a un público femenino. Hay quienes abogan por que estos productos se adquieran con la misma asequibilidad que los medicamentos necesarios.

En definitiva, la menstruación no debería ser un privilegio, sino una cuestión básica de salud y dignidad. Sin acceso a productos higiénicos adecuados, las mujeres no están lidiando solo con una necesidad física, sino con toda una serie de barreras para estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.

Ser mujer no debería ser sinónimo de limitaciones o estigmas. La menstruación no es enfermedad ni vergüenza, y atender esta necesidad básica es reconocer la dignidad de todas.

Félix Romero: «La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda»

Cuál es la importancia del capital natural o qué beneficios nos aportan los bosques. A estas y otras cuestiones da respuesta en esta entrevista Félix Romero, director de la Fundación Biodiversidad (MITECO).


Desde la Fundación Biodiversidad habéis mejorado el estado de conservación de especies emblemáticas como el lince ibérico, el oso pardo, el águila imperial, la tortuga boba o la posidonia. ¿Qué acciones clave habéis llevado a cabo para alcanzar esta mejora?

Entre las acciones clave destacaría la restauración y conservación de hábitats y ecosistemas para estas especies. También es esencial contar con el mejor conocimiento científico disponible, por lo que las acciones de investigación y seguimiento han tenido una gran relevancia, con monitorización de las poblaciones y estudios sobre diferentes variables para ajustar las estrategias de conservación. También se han llevado a cabo diferentes medidas para la vigilancia y el control de amenazas como la contaminación o la caza furtiva. Todo ello complementado con campañas de educación ambiental y sensibilización de los actores más implicados, así como de la ciudadanía general. La alianza con administraciones, tercer sector ambiental, sector científico y socioeconómico y la sociedad civil ha sido clave para la recuperación de estas especies. Y no habríamos podido conseguirlo sin el apoyo de fondos europeos como el Programa LIFE o, más recientemente, los fondos Next Generation. 

¿Qué valor tienen los bosques como activos estratégicos en la lucha contra el cambio climático?

Los bosques cubren aproximadamente un 30 % de la superficie terrestre, pero su impacto en la biodiversidad y la vida humana es inmenso. Actúan como sumideros al absorber grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera (alrededor de un tercio de las emisiones de CO₂ generadas por las actividades humanas cada año), lo que los convierte en una herramienta clave para mitigar el calentamiento global. Asimismo, los bosques influyen en los ciclos del agua y en la temperatura, mantienen la humedad y protegen los suelos de la erosión. Por último, desde una perspectiva económica, los bosques representan un activo natural, pues nos proveen de recursos, como madera, alimentos o medicinas, y generan empleo verde en el mundo rural.

¿Por qué es importante poner en valor el capital natural? ¿Qué cree que hace falta para que en España se valore igual que el capital financiero o tecnológico?

La naturaleza nos proporciona bienes y servicios esenciales para nuestra propia existencia y para llevar a cabo cualquier actividad económica. Regula el clima y los ciclos hidrológicos, purifica el agua y el aire, protege y fertiliza el suelo y poliniza cultivos, entre otras funciones. Dependemos de la naturaleza para obtener alimentos, medicamentos o fibras, activos todos ellos críticos para grandes sectores económicos. La naturaleza es una fuente de soluciones clave en la transición ecológica. Sin embargo, en las últimas décadas la degradación de la naturaleza avanza a un ritmo sin precedentes, lo que conlleva consecuencias ambientales, económicas y sociales.

Poner todos esos aspectos en valor significa reconocer que los servicios que ofrece la naturaleza son esenciales y medibles, al igual que los activos financieros o tecnológicos. Para ello, necesitamos impulsar una cultura ambiental que muestre la dependencia de nuestro sistema económico de la naturaleza y crear incentivos financieros que premien la conservación, como los pagos por servicios ambientales. Todo ello acompañado de ciencia que respalde las decisiones y políticas públicas y gobernanza efectiva.

Aunque a muchos les parece que la sostenibilidad y la economía son conceptos contradictorios, desde la Fundación habéis impulsado la economía verde, gestionando fondos estructurales europeos. ¿Cómo pueden la economía y el cuidado del medio ambiente estar alineados?

Durante décadas se pensó que el crecimiento económico y la conservación de la naturaleza eran objetivos opuestos. Sin embargo, hoy sabemos que la sostenibilidad ambiental es una condición necesaria para la prosperidad económica a largo plazo y que ambas pueden alinearse si se integran los límites ecológicos dentro de los modelos de desarrollo y producción.

La Fundación Biodiversidad, mediante la plataforma de Iniciativa Española Empresa y Biodiversidad (IEEB), establece una alianza estratégica con empresas y entidades financieras que quieran contribuir a los objetivos de restauración y conservación de la naturaleza. Busca promover un modelo económico que valore y preserve los servicios ecosistémicos de los que depende más del 50% del PIB mundial, como la regulación del clima, la purificación del agua o la polinización. 

Una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable

Por otro lado, también impulsamos el Programa Empleaverde+, cofinanciado por el Fondo Social Europeo+, y gestionamos la Red Emprendeverde, ambas con el objetivo de capacitar a las personas y promover el empleo y el emprendimiento verde. 

Además, contamos con más de 70 proyectos en marcha de tres convocatorias de ayudas para el fomento de la bioeconomía y la bioeconomía forestal, dotadas con más de 140 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

En la Fundación tenemos  una línea de trabajo centrada en el sector forestal para la puesta en valor y gestión sostenible de los recursos forestales. Con ella no solo generamos nuevas capacidades laborales y empleo verde, sino que contribuimos a la conservación de nuestros ecosistemas forestales, para que nuestras masas forestales sean más resilientes a los impactos del cambio climático. Con nuestras ayudas se financian proyectos que fomentan la industria de la madera; se apoya el emprendimiento y se identifican otros productos forestales de alto valor añadido, como la resina, el corcho, los frutos, las setas, el biochar o los aceites esenciales. La bioeconomía y las SbN asociadas contribuyen a la fijación de población en entornos rurales mediante  el fomento del emprendimiento y la generación de empleo,  así como al empoderamientodel tejido social.

¿Cómo se pueden monetizar los servicios ecosistémicos de los bosques? ¿Cuál es el valor en euros de una hectárea de bosque?

Los beneficios que los bosques proporcionan a la sociedad son muy variados.  Por un lado, hay productos tangibles como madera, resinas, frutos o setas, cuyo valor se calcula a  precio de mercado. Pero hay muchos otros servicios intangibles, como la regulación del clima o el papel como sumideros de carbono. En estos casos, su monetización se realiza a través de mercados de carbono con créditos que se compran y venden y de pagos por servicios ambientales, con los que los propietarios reciben compensaciones económicas por mantener los bosques en un buen estado.

Poner un valor en euros a una hectárea de bosque es complicado, pues son muchos los factores a tener en cuenta. Lo que sí podemos afirmar es que una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable.

¿Qué lecciones nos deja esta reciente campaña de incendios que ha superado con creces las peores cifras de las últimas décadas?

La ola de incendios que asoló nuestro país el pasado verano nos dejó varias lecciones importantes y nos recuerda que no se trata de eventos aislados, sino de una tendencia creciente vinculada al cambio climático. Una de ellas es la importancia de la prevención, de impulsar una gestión forestal durante todo el año que reduzca la probabilidad de incendios o la intensidad y la propagación del fuego en caso de producirse.  

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales.

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales. En este sentido, las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) son eficaces y costo efectivas. Por ejemplo, los bosques juegan un papel crucial en la purificación del aire y del agua, en la protección contra la erosión y los deslizamientos de tierra y en la absorción de carbono. Mantener o restaurar la cubierta vegetal de las cabeceras de las cuencas puede ser una medida de adaptación ante la sequía, que permita aumentar la infiltración y disminuir la escorrentía del agua de lluvia. Es urgente trabajar para mitigar estos efectos porque la salud y la integridad nos va en ello. 

Trabajáis en torno a seis líneas de actuación: ecosistemas terrestres, ecosistemas marinos, entornos urbanos, generación y gestión del conocimiento, causas de pérdida de la biodiversidad y participación del sector privado en la transición ecológica. ¿Cuál de ellas considera la más complicada de abordar y por qué? ¿Hay alguna que sea especialmente estratégica para los próximos años?

Cada una de las líneas de actuación en las que trabajamos tiene sus oportunidades y sus retos. Lo más urgente para la Fundación Biodiversidad en la actualidad es ejecutar con éxito los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y la intervención en proyectos estratégicos como Doñana o el Mar Menor, promoviendo el uso sostenible del territorio. 

Pero, sin duda, uno de los campos más innovadores en los que trabajará la Fundación Biodiversidad en los próximos años es en la valoración de los servicios ecosistémicos, cuantificando beneficios como la captación de CO2, la regulación hídrica o la prevención de la erosión. Este enfoque permite diseñar mecanismos económicos que compensen a quienes gestionan el territorio de manera sostenible. Ya estamos trabajando en proyectos piloto en esta línea y esperamos consolidar modelos escalables en colaboración con el sector privado y la ciencia.

Otros focos incluyen la interacción del sector empresarial en la conservación, la contribución al desarrollo de herramientas como el Sistema Integrado de Información de la Biodiversidad, la bioeconomía o la gestión sostenible de los bosques. 

¿Qué relación existe entre el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad? ¿Es una de sus principales causas? ¿Cuáles son las otras?

La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda y tienen origen común en un modelo económico que no respeta los límites de la naturaleza. El cambio climático acelera la pérdida de biodiversidad al aumentar las temperaturas, y al alterar los patrones de lluvias y la frecuencia de fenómenos extremos. Todo ello modifica los hábitats y pone en peligro la supervivencia de muchas especies. La pérdida de biodiversidad, a su vez, agrava el cambio climático porque reduce la capacidad de los ecosistemas de absorber CO₂ y regular el clima.

Según la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), el cambio climático es la tercera causa de pérdida de biodiversidad, pero no la única. Se añaden el cambio en los usos del suelo, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

En el contexto de la transición energética, ¿qué se debe tener en cuenta en los proyectos renovables para no dañar la biodiversidad o los ecosistemas?

En primer lugar, dejemos claro que la descarbonización de nuestro sistema energético es necesaria, aunque es imprescindible hacer bien las cosas desde el punto de vista ambiental y territorial. Los proyectos renovables deben partir de una planificación adecuada para evitar ubicaciones en zonas de alto valor ecológico o corredores de biodiversidad.

Por ello, es clave realizar evaluaciones de impacto ambiental que tengan en cuenta los efectos acumulativos y sinérgicos de varios proyectos en una misma zona. Además, hay que priorizar el uso de espacios ya antropizados —como zonas ya afectadas por infraestructuras, cubiertas de edificios o suelos degradados— frente a la ocupación de ecosistemas bien conservados.

Otro aspecto fundamental es el diseño de los proyectos, incorporando medidas de evitación, corrección y compensación realistas: adaptación del trazado, protección de fauna, restauración de hábitats y seguimiento ambiental a largo plazo.

En definitiva, la transición energética debe ser también una transición ecológica y social: actuar frente al cambio climático de la mano de la conservación de la biodiversidad y del respeto al territorio.

La hora «silenciosa» en la que todos somos iguales

Hay momentos del día en los que el mundo baja el volumen. Algunos comercios y espacios públicos reducen luces, música y avisos sonoros para crear un entorno accesible para todos. 


Para muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el exceso de estímulos no es una molestia puntual, sino una barrera real. Sonidos inesperados, luces intensas o entornos visualmente saturados pueden generar ansiedad, desorientación o incluso dolor físico. Según Autismo España, las personas dentro del espectro autista presentan algún tipo de alteración en el procesamiento sensorial. Reducir estímulos se convierte en una medida de accesibilidad que permite participar en actividades tan básicas como hacer la compra, pasear o disfrutar del ocio en igualdad de condiciones. «La Hora Silenciosa», por ejemplo, es una iniciativa que nació con el objetivo de adaptar temporalmente los entornos comerciales y públicos, apagando la megafonía, reduciendo la intensidad lumínica y minimizando ruidos, para que personas con Trastorno del Espectro Autista o con hipersensibilidad sensorial puedan desenvolverse con mayor autonomía y tranquilidad, sin tener que renunciar a espacios pensados, en teoría, para todos.

Formar parte de todo(s)

Todas las personas, independientemente de su condición, tienen derecho a vivir experiencias agradables y cotidianas como hacer la compra, desplazarse en transporte público o disfrutar de una actividad cultural sin que el entorno se convierta en una fuente de estrés. Cuando hablamos de inclusión en el ocio es imprescindible ir más allá de las barreras físicas y atender a otras menos visibles, como las sensoriales, que siguen dejando fuera a muchas personas. Con este contexto, Autismo España impulsó la «Guía de Ocio Inclusivo para personas autistas», un documento que invita a repensar cómo se diseñan las propuestas culturales y recreativas para que sean más accesibles, flexibles y respetuosas con la diversidad sensorial. La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables en las que ya existen (horarios tranquilos, reducción de estímulos, información anticipada o espacios de descanso), que amplíen las posibilidades de participación para incluir a todas las personas.

La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables que amplíen las posibilidades de participación

Algunas iniciativas ya están marcando el camino, como es el caso de las fiestas silenciosas (silent disco), uno de los ejemplos más conocidos donde todos los asistentes escuchan la misma música a través de auriculares inalámbricos, pero cada persona regula el volumen o incluso el canal según su sensibilidad. Desde fuera, el espacio parece calmado pero dentro, la experiencia es personalizable, sin imponer una única forma de disfrutar. Este enfoque se está extendiendo a otros ámbitos culturales, como los museos que programan visitas con aforo reducido, iluminación estable y sin estímulos sonoros inesperados. También los cines que apuestan por pases adaptados con volumen más bajo, luces tenues encendidas y libertad de movimiento. Y las bibliotecas o centros culturales que amplían zonas de silencio o crean franjas horarias de baja estimulación. El impacto de estas medidas es significativo, pues según Autismo Europa, más del 80% de las personas con TEA afirma que evitaría menos actividades sociales si los entornos fueran sensorialmente accesibles. 

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos

Pensar desde los sentidos

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos. La pregunta es: ¿cuántos espacios de nuestro día a día están diseñados teniendo en cuenta cómo los percibimos sensorialmente? Tanto «La Hora Silenciosa» como el resto de iniciativas son medidas creadas para repensar cómo diseñamos tiendas, calles, transportes o eventos. A veces, cuando bajan el volumen o reducen la iluminación, nos recuerda que no existe una única forma de habitar el mundo y que la verdadera igualdad pasa por ofrecer condiciones que permitan a cada persona participar como todos los demás.