Categoría: Agenda 2030

Máquinas expendedoras de salud

Los productos alimenticios que encontramos en las máquinas de vending tradicionales son en su gran mayoría poco saludables. Pero cada día son más las empresas del sector que optan por productos ricos en nutrientes y sostenibles.


Si nos acercamos a una máquina de vending, es muy probable que los productos alimentarios que encontremos sean, en su gran mayoría, poco saludables: alimentos ultraprocesados, altamente calóricos, con elevados contenidos de azúcares y grasas, o refrescos y bebidas energéticas con altos niveles de carbohidratos y sin rastro de vitaminas ni minerales. Podrían salvarse de tan bajo perfil nutricional los frutos secos, pero en su mayoría están fritos o con añadidos de sal. El consumo habitual de productos de este tipo supone riesgos para la salud que van desde la obesidad y la diabetes a diversas enfermedades cardiovasculares.

No solo los lugares de ocio o tránsito cuentan con máquinas de vending, sino también centros sanitarios y educativos, lo que obliga a la necesidad de encontrar alternativas más saludables. Por ello, desde la sociedad civil se lleva tiempo denunciando el actual sistema con el ánimo de lograr que la industria encargada de estas máquinas incluya en las mismas productos que aseguren la salud alimentaria.

En las máquinas de vending tradicionales encontramos alimentos altamente calóricos y con elevados contenidos de azúcares y grasas nocivos para nuestra salud

En 2003, el Servicio Catalán de Salud aprobó una instrucción para que las máquinas de vending ubicadas en hospitales y el resto de centros sanitarios ofrecieran al menos un 75% de productos alimenticios saludables. Se pretendía así iniciar una transición que permitiera encontrar en estas máquinas fruta, leche, zumos naturales, yogures sin azúcares, frutos secos no procesados y bajos en sal, y toda una amplia gama de alimentos que no supongan consecuencias negativas en el bienestar de los usuarios. Un centro sanitario debe preocuparse por la salud de los ciudadanos, pero también transmitir un mensaje de prevención de prácticas que la afecten. Algo que, por desgracia, queda desvirtuado con los productos que dispensan la mayoría de estas máquinas.

Del mismo modo, los centros escolares, que están al cargo de la educación de las nuevas generaciones. Esta educación no solo debe pasar por lo académico, sino abarcar también aspectos vitales y de nuestro día a día, como es el caso claro de la alimentación. En esta línea, el Gobierno aprobó en 2025 un real decreto para asegurar que todos los centros educativos que cuenten con máquinas de vending prohíban en estas las bebidas energéticas, la bollería industrial o cualquier otro producto que incumpla las recomendaciones de la OMS sobre los límites en la ingesta de grasas, azúcares y sal.

La legislación y la concienciación social están favoreciendo la transformación del sector del vending con productos sanos, envases reciclables y cadenas de producción sostenibles

Por otro lado, el Gobierno tramita además un nuevo decreto ley que garantice también la alimentación sostenible y saludable en hospitales y residencias. Respecto a las máquinas de vending, esta nueva norma pretende asegurar que al menos el 80% de los productos que dispensen sean igualmente saludables.

La sociedad está también cada día más concienciada con la necesidad de mantener una dieta saludable, y es por ello por lo que el sector del vending lleva años adaptándose a este necesario cambio. En la actualidad, ya hay varias las empresas del sector que solo dispensan en sus máquinas productos sin aditivos ni conservantes, frutos secos sin procesar, ensaladas frescas, postres sin azúcares añadidos o zumos naturales. 

Más allá de lo saludable de dichos productos, algunas empresas prestan también atención a otros aspectos, como la sostenibilidad, utilizando envases reciclables y contando con cadenas de producción sostenibles que incorporan a pequeños productores locales para fomentar, de esta manera, la economía circular. 

Estas alternativas están favoreciendo que empresas, estaciones de transporte, gimnasios, establecimientos hoteleros o incluso centros comerciales se unan al cambio. Como ciudadanos y consumidores cada día más concienciados e informados, tenemos capacidad para lograr la transformación de un sector que, tradicionalmente, ha sido poco beneficioso para nuestra salud alimentaria.

¿En qué consiste la pobreza menstrual?

La menstruación puede ser un lujo para millones de mujeres en todo el mundo, un fenómeno con graves consecuencias para su salud, educación y participación social.


La menstruación acompaña a las mujeres durante 38 años de su vida, según el Banco Mundial. En ese periodo, en promedio, cada una consumirá más de 10.000 productos relacionados con su menstruación. Esto es, claro, si puede conseguirlos. Porque, según la organización, más de 500 millones de mujeres en todo el mundo no pueden acceder de forma adecuada a compresas, tampones, ropa interior, analgésicos o agua limpia para su higiene diaria.

Cuando el acceso a productos higiénicos femeninos se convierte en un lujo, las mujeres corren más riesgo de sufrir infecciones, problemas dermatológicos o dolor crónico. Y no solo eso, la pobreza menstrual trasciende como desafío para la salud y puede llegar a ser un obstáculo también para la plena inclusión de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. 

Brechas sociales y geográficas en el acceso a productos menstruales

En situación de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y, en el caso de adultas, a reducir su participación en el trabajo o en la vida social, lo que convierte un problema de higiene y salud en una cuestión de derechos humanos. 

Hay países en los que este problema se hace más evidente en la brecha entre el entorno rural y el urbano: según datos de la OMS y UNICEF, una de cada cinco adolescentes y mujeres en las zonas rurales de Etiopía no utiliza ningún producto, en comparación con la proporción de una de cada veinte en las zonas urbanas.  

A lo largo de toda su vida, una mujer puede llegar a necesitar más de 10.000 productos relacionados con la menstruación

Y también se producen desigualdades por nivel socioeconómico en países aparentemente ricos. En Estados Unidos, una de cada cuatro adolescentes y una de cada tres adultas tiene dificultades para asumir el precio de los productos menstruales. Este fenómeno se da sobre todo en las familias de menores ingresos.

En España, esta realidad también está presente, aunque con matices distintos. Estudios de Period Spain y del Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria IDIAP Jordi Gol estiman que entre el 20% y el 22% de las mujeres han experimentado algún tipo de dificultad económica para adquirir productos menstruales.  

Las más afectadas son las mujeres jóvenes, con bajos ingresos o en un escenario de mayor vulnerabilidad social, como aquellas que se encuentran en situación de calle. En estos casos, la pobreza menstrual suele ser el síntoma de un marco de exclusión más amplio. 

Soluciones posibles y el debate sobre el «impuesto rosa»

La causa de este fenómeno se encuentra en una combinación entre el estigma, situaciones de vulnerabilidad o contextos desfavorecidos, los elevados precios de los productos menstruales y la falta de infraestructuras de agua y saneamiento. 

En situaciones de pobreza menstrual, muchas adolescentes se ven obligadas a faltar al colegio y mujeres adultas a su puesto de trabajo

Frente a esta realidad, las soluciones existen y requieren acción conjunta. Algunas comunidades y organizaciones han implementado programas de distribución gratuita de productos menstruales en colegios, universidades y centros de atención social.

Por otro lado, también ha recibido numerosas críticas el llamado «impuesto rosa», que consiste en el sobrecoste que pagan las mujeres por productos o servicios equivalentes a los de los hombres simplemente por estar dirigidos a un público femenino. Hay quienes abogan por que estos productos se adquieran con la misma asequibilidad que los medicamentos necesarios.

En definitiva, la menstruación no debería ser un privilegio, sino una cuestión básica de salud y dignidad. Sin acceso a productos higiénicos adecuados, las mujeres no están lidiando solo con una necesidad física, sino con toda una serie de barreras para estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.

Ser mujer no debería ser sinónimo de limitaciones o estigmas. La menstruación no es enfermedad ni vergüenza, y atender esta necesidad básica es reconocer la dignidad de todas.

Félix Romero: «La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda»

Cuál es la importancia del capital natural o qué beneficios nos aportan los bosques. A estas y otras cuestiones da respuesta en esta entrevista Félix Romero, director de la Fundación Biodiversidad (MITECO).


Desde la Fundación Biodiversidad habéis mejorado el estado de conservación de especies emblemáticas como el lince ibérico, el oso pardo, el águila imperial, la tortuga boba o la posidonia. ¿Qué acciones clave habéis llevado a cabo para alcanzar esta mejora?

Entre las acciones clave destacaría la restauración y conservación de hábitats y ecosistemas para estas especies. También es esencial contar con el mejor conocimiento científico disponible, por lo que las acciones de investigación y seguimiento han tenido una gran relevancia, con monitorización de las poblaciones y estudios sobre diferentes variables para ajustar las estrategias de conservación. También se han llevado a cabo diferentes medidas para la vigilancia y el control de amenazas como la contaminación o la caza furtiva. Todo ello complementado con campañas de educación ambiental y sensibilización de los actores más implicados, así como de la ciudadanía general. La alianza con administraciones, tercer sector ambiental, sector científico y socioeconómico y la sociedad civil ha sido clave para la recuperación de estas especies. Y no habríamos podido conseguirlo sin el apoyo de fondos europeos como el Programa LIFE o, más recientemente, los fondos Next Generation. 

¿Qué valor tienen los bosques como activos estratégicos en la lucha contra el cambio climático?

Los bosques cubren aproximadamente un 30 % de la superficie terrestre, pero su impacto en la biodiversidad y la vida humana es inmenso. Actúan como sumideros al absorber grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera (alrededor de un tercio de las emisiones de CO₂ generadas por las actividades humanas cada año), lo que los convierte en una herramienta clave para mitigar el calentamiento global. Asimismo, los bosques influyen en los ciclos del agua y en la temperatura, mantienen la humedad y protegen los suelos de la erosión. Por último, desde una perspectiva económica, los bosques representan un activo natural, pues nos proveen de recursos, como madera, alimentos o medicinas, y generan empleo verde en el mundo rural.

¿Por qué es importante poner en valor el capital natural? ¿Qué cree que hace falta para que en España se valore igual que el capital financiero o tecnológico?

La naturaleza nos proporciona bienes y servicios esenciales para nuestra propia existencia y para llevar a cabo cualquier actividad económica. Regula el clima y los ciclos hidrológicos, purifica el agua y el aire, protege y fertiliza el suelo y poliniza cultivos, entre otras funciones. Dependemos de la naturaleza para obtener alimentos, medicamentos o fibras, activos todos ellos críticos para grandes sectores económicos. La naturaleza es una fuente de soluciones clave en la transición ecológica. Sin embargo, en las últimas décadas la degradación de la naturaleza avanza a un ritmo sin precedentes, lo que conlleva consecuencias ambientales, económicas y sociales.

Poner todos esos aspectos en valor significa reconocer que los servicios que ofrece la naturaleza son esenciales y medibles, al igual que los activos financieros o tecnológicos. Para ello, necesitamos impulsar una cultura ambiental que muestre la dependencia de nuestro sistema económico de la naturaleza y crear incentivos financieros que premien la conservación, como los pagos por servicios ambientales. Todo ello acompañado de ciencia que respalde las decisiones y políticas públicas y gobernanza efectiva.

Aunque a muchos les parece que la sostenibilidad y la economía son conceptos contradictorios, desde la Fundación habéis impulsado la economía verde, gestionando fondos estructurales europeos. ¿Cómo pueden la economía y el cuidado del medio ambiente estar alineados?

Durante décadas se pensó que el crecimiento económico y la conservación de la naturaleza eran objetivos opuestos. Sin embargo, hoy sabemos que la sostenibilidad ambiental es una condición necesaria para la prosperidad económica a largo plazo y que ambas pueden alinearse si se integran los límites ecológicos dentro de los modelos de desarrollo y producción.

La Fundación Biodiversidad, mediante la plataforma de Iniciativa Española Empresa y Biodiversidad (IEEB), establece una alianza estratégica con empresas y entidades financieras que quieran contribuir a los objetivos de restauración y conservación de la naturaleza. Busca promover un modelo económico que valore y preserve los servicios ecosistémicos de los que depende más del 50% del PIB mundial, como la regulación del clima, la purificación del agua o la polinización. 

Una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable

Por otro lado, también impulsamos el Programa Empleaverde+, cofinanciado por el Fondo Social Europeo+, y gestionamos la Red Emprendeverde, ambas con el objetivo de capacitar a las personas y promover el empleo y el emprendimiento verde. 

Además, contamos con más de 70 proyectos en marcha de tres convocatorias de ayudas para el fomento de la bioeconomía y la bioeconomía forestal, dotadas con más de 140 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

En la Fundación tenemos  una línea de trabajo centrada en el sector forestal para la puesta en valor y gestión sostenible de los recursos forestales. Con ella no solo generamos nuevas capacidades laborales y empleo verde, sino que contribuimos a la conservación de nuestros ecosistemas forestales, para que nuestras masas forestales sean más resilientes a los impactos del cambio climático. Con nuestras ayudas se financian proyectos que fomentan la industria de la madera; se apoya el emprendimiento y se identifican otros productos forestales de alto valor añadido, como la resina, el corcho, los frutos, las setas, el biochar o los aceites esenciales. La bioeconomía y las SbN asociadas contribuyen a la fijación de población en entornos rurales mediante  el fomento del emprendimiento y la generación de empleo,  así como al empoderamientodel tejido social.

¿Cómo se pueden monetizar los servicios ecosistémicos de los bosques? ¿Cuál es el valor en euros de una hectárea de bosque?

Los beneficios que los bosques proporcionan a la sociedad son muy variados.  Por un lado, hay productos tangibles como madera, resinas, frutos o setas, cuyo valor se calcula a  precio de mercado. Pero hay muchos otros servicios intangibles, como la regulación del clima o el papel como sumideros de carbono. En estos casos, su monetización se realiza a través de mercados de carbono con créditos que se compran y venden y de pagos por servicios ambientales, con los que los propietarios reciben compensaciones económicas por mantener los bosques en un buen estado.

Poner un valor en euros a una hectárea de bosque es complicado, pues son muchos los factores a tener en cuenta. Lo que sí podemos afirmar es que una hectárea de bosque perdida representa una pérdida económica, ambiental y social irrecuperable.

¿Qué lecciones nos deja esta reciente campaña de incendios que ha superado con creces las peores cifras de las últimas décadas?

La ola de incendios que asoló nuestro país el pasado verano nos dejó varias lecciones importantes y nos recuerda que no se trata de eventos aislados, sino de una tendencia creciente vinculada al cambio climático. Una de ellas es la importancia de la prevención, de impulsar una gestión forestal durante todo el año que reduzca la probabilidad de incendios o la intensidad y la propagación del fuego en caso de producirse.  

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales.

Los ecosistemas sanos nos proporcionan respuestas para abordar los retos ambientales. En este sentido, las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) son eficaces y costo efectivas. Por ejemplo, los bosques juegan un papel crucial en la purificación del aire y del agua, en la protección contra la erosión y los deslizamientos de tierra y en la absorción de carbono. Mantener o restaurar la cubierta vegetal de las cabeceras de las cuencas puede ser una medida de adaptación ante la sequía, que permita aumentar la infiltración y disminuir la escorrentía del agua de lluvia. Es urgente trabajar para mitigar estos efectos porque la salud y la integridad nos va en ello. 

Trabajáis en torno a seis líneas de actuación: ecosistemas terrestres, ecosistemas marinos, entornos urbanos, generación y gestión del conocimiento, causas de pérdida de la biodiversidad y participación del sector privado en la transición ecológica. ¿Cuál de ellas considera la más complicada de abordar y por qué? ¿Hay alguna que sea especialmente estratégica para los próximos años?

Cada una de las líneas de actuación en las que trabajamos tiene sus oportunidades y sus retos. Lo más urgente para la Fundación Biodiversidad en la actualidad es ejecutar con éxito los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y la intervención en proyectos estratégicos como Doñana o el Mar Menor, promoviendo el uso sostenible del territorio. 

Pero, sin duda, uno de los campos más innovadores en los que trabajará la Fundación Biodiversidad en los próximos años es en la valoración de los servicios ecosistémicos, cuantificando beneficios como la captación de CO2, la regulación hídrica o la prevención de la erosión. Este enfoque permite diseñar mecanismos económicos que compensen a quienes gestionan el territorio de manera sostenible. Ya estamos trabajando en proyectos piloto en esta línea y esperamos consolidar modelos escalables en colaboración con el sector privado y la ciencia.

Otros focos incluyen la interacción del sector empresarial en la conservación, la contribución al desarrollo de herramientas como el Sistema Integrado de Información de la Biodiversidad, la bioeconomía o la gestión sostenible de los bosques. 

¿Qué relación existe entre el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad? ¿Es una de sus principales causas? ¿Cuáles son las otras?

La pérdida de biodiversidad y el cambio climático son dos caras de la misma moneda y tienen origen común en un modelo económico que no respeta los límites de la naturaleza. El cambio climático acelera la pérdida de biodiversidad al aumentar las temperaturas, y al alterar los patrones de lluvias y la frecuencia de fenómenos extremos. Todo ello modifica los hábitats y pone en peligro la supervivencia de muchas especies. La pérdida de biodiversidad, a su vez, agrava el cambio climático porque reduce la capacidad de los ecosistemas de absorber CO₂ y regular el clima.

Según la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), el cambio climático es la tercera causa de pérdida de biodiversidad, pero no la única. Se añaden el cambio en los usos del suelo, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

En el contexto de la transición energética, ¿qué se debe tener en cuenta en los proyectos renovables para no dañar la biodiversidad o los ecosistemas?

En primer lugar, dejemos claro que la descarbonización de nuestro sistema energético es necesaria, aunque es imprescindible hacer bien las cosas desde el punto de vista ambiental y territorial. Los proyectos renovables deben partir de una planificación adecuada para evitar ubicaciones en zonas de alto valor ecológico o corredores de biodiversidad.

Por ello, es clave realizar evaluaciones de impacto ambiental que tengan en cuenta los efectos acumulativos y sinérgicos de varios proyectos en una misma zona. Además, hay que priorizar el uso de espacios ya antropizados —como zonas ya afectadas por infraestructuras, cubiertas de edificios o suelos degradados— frente a la ocupación de ecosistemas bien conservados.

Otro aspecto fundamental es el diseño de los proyectos, incorporando medidas de evitación, corrección y compensación realistas: adaptación del trazado, protección de fauna, restauración de hábitats y seguimiento ambiental a largo plazo.

En definitiva, la transición energética debe ser también una transición ecológica y social: actuar frente al cambio climático de la mano de la conservación de la biodiversidad y del respeto al territorio.

La hora «silenciosa» en la que todos somos iguales

Hay momentos del día en los que el mundo baja el volumen. Algunos comercios y espacios públicos reducen luces, música y avisos sonoros para crear un entorno accesible para todos. 


Para muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el exceso de estímulos no es una molestia puntual, sino una barrera real. Sonidos inesperados, luces intensas o entornos visualmente saturados pueden generar ansiedad, desorientación o incluso dolor físico. Según Autismo España, las personas dentro del espectro autista presentan algún tipo de alteración en el procesamiento sensorial. Reducir estímulos se convierte en una medida de accesibilidad que permite participar en actividades tan básicas como hacer la compra, pasear o disfrutar del ocio en igualdad de condiciones. «La Hora Silenciosa», por ejemplo, es una iniciativa que nació con el objetivo de adaptar temporalmente los entornos comerciales y públicos, apagando la megafonía, reduciendo la intensidad lumínica y minimizando ruidos, para que personas con Trastorno del Espectro Autista o con hipersensibilidad sensorial puedan desenvolverse con mayor autonomía y tranquilidad, sin tener que renunciar a espacios pensados, en teoría, para todos.

Formar parte de todo(s)

Todas las personas, independientemente de su condición, tienen derecho a vivir experiencias agradables y cotidianas como hacer la compra, desplazarse en transporte público o disfrutar de una actividad cultural sin que el entorno se convierta en una fuente de estrés. Cuando hablamos de inclusión en el ocio es imprescindible ir más allá de las barreras físicas y atender a otras menos visibles, como las sensoriales, que siguen dejando fuera a muchas personas. Con este contexto, Autismo España impulsó la «Guía de Ocio Inclusivo para personas autistas», un documento que invita a repensar cómo se diseñan las propuestas culturales y recreativas para que sean más accesibles, flexibles y respetuosas con la diversidad sensorial. La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables en las que ya existen (horarios tranquilos, reducción de estímulos, información anticipada o espacios de descanso), que amplíen las posibilidades de participación para incluir a todas las personas.

La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables que amplíen las posibilidades de participación

Algunas iniciativas ya están marcando el camino, como es el caso de las fiestas silenciosas (silent disco), uno de los ejemplos más conocidos donde todos los asistentes escuchan la misma música a través de auriculares inalámbricos, pero cada persona regula el volumen o incluso el canal según su sensibilidad. Desde fuera, el espacio parece calmado pero dentro, la experiencia es personalizable, sin imponer una única forma de disfrutar. Este enfoque se está extendiendo a otros ámbitos culturales, como los museos que programan visitas con aforo reducido, iluminación estable y sin estímulos sonoros inesperados. También los cines que apuestan por pases adaptados con volumen más bajo, luces tenues encendidas y libertad de movimiento. Y las bibliotecas o centros culturales que amplían zonas de silencio o crean franjas horarias de baja estimulación. El impacto de estas medidas es significativo, pues según Autismo Europa, más del 80% de las personas con TEA afirma que evitaría menos actividades sociales si los entornos fueran sensorialmente accesibles. 

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos

Pensar desde los sentidos

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos. La pregunta es: ¿cuántos espacios de nuestro día a día están diseñados teniendo en cuenta cómo los percibimos sensorialmente? Tanto «La Hora Silenciosa» como el resto de iniciativas son medidas creadas para repensar cómo diseñamos tiendas, calles, transportes o eventos. A veces, cuando bajan el volumen o reducen la iluminación, nos recuerda que no existe una única forma de habitar el mundo y que la verdadera igualdad pasa por ofrecer condiciones que permitan a cada persona participar como todos los demás.

COP30, entre las promesas y la acción

Foto: Raimundo Pacco/COP30

La Cumbre del Clima de Brasil, celebrada en el décimo aniversario del Acuerdo de París, acaba sin el compromiso de reducir la explotación y uso de los combustibles fósiles, siendo estos los mayores causantes del cambio climático.


Brasil ha liderado una COP de gran relevancia, marcada por el décimo aniversario del Acuerdo de París. La ha presidido posicionándose abierta y firmemente en un lugar de conciencia, compromiso y defensa del medio natural y en la lucha para mitigar las consecuencias del cambio climático. Así, aprovechó el espacio para presentar su nuevo proyecto, uno de los fondos climáticos más importantes del mundo: el Fondo Bosques Tropicales para Siempre. Al inicio de la cumbre, el gobierno brasileño había recaudado más de cuatro millones y medio de euros para la causa.

Los combustibles fósiles fueron el gran protagonista de la COP, precisamente por el tabú que supusieron. Frente a la Cumbre de Dubai, en el año 2023, donde se mencionó de forma explícita una transición para su abandono, en 2025 no se ha hecho mención alguna en el documento final del encuentro.

La COP30 se celebra en el año más cálido desde que hay registros y finaliza sin un acuerdo acerca de los combustibles fósiles

Los compromisos alcanzados, y aquellos no alcanzados, suponen la hoja de ruta a nivel mundial en materia climática para los próximos 12 meses. Resulta paradójico que, en el décimo aniversario del Acuerdo de París, en el cual se adoptó, no sin esfuerzo, el compromiso de trabajar de manera conjunta para no superar el famoso 1.5ºC de aumento de temperatura al final de este siglo frente a niveles preindustriales, no se haya podido llegar a un consenso en lo que respecta al futuro más inmediato de los combustibles fósiles. Es importante recordar que, según la Organización de Naciones Unidas, estos recursos suponen «más del 75% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) y casi el 90% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2)». Y esto ocurre, aumentando la contradicción, en el año más cálido desde que hay registros.

Esta falta de consenso estuvo, además, marcada por la ausencia de actores clave como Estados Unidos, China o Rusia, lo cual evidenció la ruptura del diálogo y trabajo conjunto en materia climática.

La COP30 pasará a la historia como aquella que dio voz, pero no voto, a las comunidades indígenas

La COP30 también marcó un hito en la historia de las cumbres, pues por primera vez se dio voz a 3.000 indígenas, la mayoría de la Amazonía. Se les dio voz pero no voto, y a pesar de este tímido avance, se dejaron de lado sus reclamaciones, como la protección de sus territorios frente a los macroproyectos que los amenazan, según denuncian algunas de las asociaciones representantes.

El último punto clave es el acuerdo para avanzar hacia una transición justa ante la crisis climática. La sostenibilidad no puede entenderse sin la dimensión de la justicia social, por lo que este acuerdo marca un antes y un después, garantizando la posición central de los derechos humanos dentro de la agenda climática.

Más allá de las COP, el mutirão por la acción climática continúa fuera de los despachos, en manos de una ciudadanía que sostiene la transición hacia un modelo más sostenible, justo y democrático.

María Corina Machado, la Nobel amenazada por el régimen venezolano

Reconocida con el Premio Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos civiles, María Corina Machado se ha convertido en un símbolo global de resistencia cívica. 


Cuando en octubre de 2025 se anunció que María Corina Machado recibiría el Premio Nobel de la Paz, muchos interpretaron aquel gesto como algo más que un reconocimiento personal: era una señal de respaldo a millones de venezolanos que llevan años reclamando un horizonte democrático. A sus 58 años, la dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro, una posición que ha sostenido pese a inhabilitaciones, amenazas y un hostigamiento constante. Su liderazgo, forjado en el activismo ciudadano, ha evolucionado hasta situarse como una figura central de la política venezolana.

Con un estilo directo y una defensa firme de las libertades individuales, logró conectar con un electorado que buscaba alternativas frente al estancamiento económico. Ese protagonismo también la convirtió en uno de los principales objetivos del Gobierno, que ha intentado apartarla de la vida pública mediante restricciones legales e impedimentos administrativos.

Compromiso desde los inicios

Ingeniera industrial por la Universidad Católica Andrés Bello y con formación en finanzas, Machado inició su trayectoria pública a comienzos de los años 2000 convencida de que la participación ciudadana era clave para preservar las instituciones.

La dirigente liberal se ha consolidado como la voz más visible de la oposición a Nicolás Maduro

En 2002 cofundó Súmate, organización dedicada a promover la transparencia electoral, la educación cívica y la vigilancia del voto. La iniciativa se convirtió en un referente del activismo democrático y situó su nombre en el centro del debate público. El impulso al referéndum revocatorio de 2004 la proyectó internacionalmente y marcó sus primeros choques con el Gobierno. A partir de entonces, comenzó a participar en foros y organismos internacionales, donde expuso la compleja situación política del país.

La candidata que no pudo ser

Su salto formal a la política institucional llegó en 2010, cuando fue elegida diputada a la Asamblea Nacional con una de las votaciones más altas del país. Desde allí denunció la concentración de poder en el Ejecutivo y el deterioro de la separación de poderes. En 2013 fundó Vente Venezuela, su principal plataforma política, con una agenda basada en la libertad económica, la institucionalidad democrática y la autonomía ciudadana. Bajo su liderazgo, el partido se convirtió en un referente de la oposición, especialmente entre quienes reclamaban una postura firme frente al régimen.

El anuncio del Premio Nobel de la Paz despertó gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país

El conflicto con el Gobierno se intensificó en 2014, cuando la Asamblea Nacional decidió destituirla tras su intervención ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como representante  alterna de Panamá. En 2023, el Tribunal Supremo ratificó una inhabilitación que le impedía competir en las presidenciales de 2024. Aun así, ganó las primarias de la oposición con un apoyo abrumador, consolidándose como la figura más representativa del movimiento democrático. Ante la imposibilidad legal de ser candidata, respaldó la postulación de Edmundo González Urrutia, manteniendo un rol clave en la estrategia opositora.

Reconocimiento internacional

El anuncio del premio despertó un  gran entusiasmo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Para muchos, fue una confirmación de que la lucha democrática puede ser lenta, pero nunca desaparece. No sorprende, por tanto, que el Comité Nobel justificara su decisión «por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica hacia la democracia», una distinción que amplifica su voz en un momento decisivo para el futuro del país.

Las actividades extraescolares, un indicador de desigualdad

En España, la falta de refuerzo gratuito en los centros educativos alimenta un mercado de clases privadas que excluye a los niños de rentas más baja. Instituciones y familias recuerdan que una mayor oferta pública ayudaría a cerrar la brecha de desigualdad.


Cuando termina la jornada escolar de la mañana, empieza otra que no todos los estudiantes pueden permitirse. España es uno de los países desarrollados que menos clases de repaso gratuitas ofrece: lo hace el 40% de los centros de secundaria, 25 puntos por debajo de la media de la OCDE. Esta falta de oferta pública engorda el sector de las extraescolares privadas, al que las familias destinaron 1.700 millones de euros en 2021, mientras deja a muchos chicos y chicas fuera. Madrid es un ejemplo: tras recortar el presupuesto destinado a estas clases, este curso solo han accedido a ellas un 21% del alumnado. 

La mayoría de los estudiantes (76,7%) realiza alguna actividad extraescolar hasta cuatro días por semana, solo un 26,7% en su propia escuela. Las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso. En Cataluña, por ejemplo, el 45% de niños y adolescentes con menor nivel económico no hace ninguna actividad extraescolar deportiva, y un 70% no hace extraescolares no deportivas. Entre las familias favorecidas, esos porcentajes se invierten: el 80% hace deporte y el 55% participa en alguna extraescolar de otro tipo.

La mayoría de los estudiantes realiza alguna actividad extraescolar, pero las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso

Un estudio de Esade de 2013 ya mostraba que la renta condiciona el tipo de actividad: mientras las familias de ingresos bajos centran sus esfuerzos en igualarse con clases de refuerzo educativo, las de rentas medias y altas eligen actividades que aporten oportunidades de crecimiento y diferenciación (idiomas, artes, deportes especializados…). «Las personas con menor nivel económico tienen mayor riesgo de fracaso escolar; por tanto, serían potencialmente quienes tendrían mayor necesidad de acceder a estos servicios de refuerzo. Al tratarse de servicios caros son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destacó Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona, durante la presentación del informe de Esade. 

«El éxito educativo no debería depender del bolsillo de las familias», añade Mª Carmen Morillas, de la Asociación de Padres y Madres Giner de los Ríos, que cree que todo lo académico debería resolverse dentro del centro, un espacio en el que tendría que haber igualdad de condiciones. Critica que España tenga uno de los horarios lectivos más largos de Europa, algo que vulnera el derecho de la infancia al ocio y al juego. «Hay niños y niñas que tienen jornadas más amplias que las laborales de los adultos», explica. 

«Las personas con menor nivel económico son quienes tendrían mayor necesidad de refuerzo, pero son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destaca Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona

La OCDE señala que invertir en educación temprana y programas extraescolares públicos reduce desigualdades. Las actividades extraescolares no solo sirven de repaso: son un espacio donde practicar el derecho a la participación infantil, como recuerda Save The Children, algo fundamental teniendo en cuenta que la exclusión temprana fomenta la desafección con los centros educativos.

El papel de la administración local

María Truñó, del Ayuntamiento de Barcelona, señala que la desigualdad es doble: de acceso y de elección, y reclama políticas que refuercen el papel igualador de la educación. Su consistorio impulsa la Estrategia de tardes educativas, que garantiza dos tardes semanales de actividades para niños de 6 a 16 años, priorizando a los más vulnerables. Truñó explica que tratan de garantizar diversidad, calidad, asequibilidad (mediante becas públicas) y proximidad para fortalecer la comunidad y mitigar la segregación. 

A escala estatal, destaca el programa PROA/PROA+, orientado a centros con mayor complejidad educativa y financiado con fondos europeos. Fuera de España, otros países muestran caminos posibles: EE. UU., con programas como After School All Stars; India, con fundaciones como Parikrma; o varios países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Chipre y Portugal con modelos de escuela de jornada completa que integran actividades adicionales y cuidado y apoyo extracurricular, favoreciendo un acceso universal que lime las desigualdades desde la escuela.

El robo del patrimonio cultural también lo es de la identidad colectiva

El robo de patrimonio histórico y artístico ha plagado de trágicos episodios la historia de la humanidad. Conocer el daño e impacto global que estas acciones generan en la sociedad resulta fundamental para entender el fenómeno y sus consecuencias.


El romanticismo que envuelve al robo de arte ha sido alimentado por múltiples historias cinematográficas que, calando en todos los públicos, han llegado a generar una idílica concepción del delincuente de cuello blanco, encarnado por reconocidos rostros como Sean Connery, Catherine Zeta-Jones, George Clooney o Pierce Brosnan, entre otros muchos de la historia del cine. 

Pero cuando el robo de patrimonio artístico sucede no ya en la ficción, sino en la realidad, genera un importante impacto en la memoria colectiva. El patrimonio cultural, histórico y artístico constituye un hondo tejido identitario y un testimonio esencial de cualquier sociedad. Es una memoria ancestral que nos dibuja y recuerda los esbozos más esenciales de nuestro ser como individuos y como sociedad; la llave maestra para entender de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Un delito recurrente en la historia de la humanidad

El pasado 19 de octubre, en el Museo del Louvre de París se produjo, en tan solo ocho minutos, la sustracción de ocho piezas de joyería pertenecientes a la Corona francesa y al Imperio Napoleónico, todas ellas de un incalculable valor tanto económico como social y cultural. «Un golpe al corazón del patrimonio nacional»: esa fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó a este robo. 

«Un golpe al corazón del patrimonio nacional» fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó al reciente robo ocurrido en el Museo del Louvre

Este hecho sucedido en Louvre no ha sido ni el único ni el más importante en lo que se refiere a la historia de los robos de arte. En el robo en el Grünes Gewölbe (Bóveda Verde) del Castillo de Dresde (Alemania) en 2019, los ladrones lograron apoderarse de numerosas piezas de la joyería real sajona, como broches de diamantes pertenecientes a la monarquía polaco-sajona de los siglos XVIII y XIX. Destacado también por su incalculable valor y daño espiritual al país fue el saqueo de la Bóveda Real de Kandy (Sri Lanka, 1961), donde la corona del rey Rajasinghe II, la pieza central del legado monárquico cingalés, desapareció.

En nuestro país también hemos tenido emblemáticos episodios de robos patrimoniales. Ejemplo de ello fue la sustracción en 2011 del Códice Calixtino  en  la Catedral de Santiago, un incunable del siglo XII, referente bibliográfico del Camino de Santiago que desapareció del archivo catedralicio. Se recuperó un año después: estaba en el garaje de un antiguo empleado de la Catedral.

La importancia de la protección de la identidad cultural

Este tipo de actos son un claro atentado contra las raíces de un pueblo. Privan a las sociedades de sus referentes, destruyen contextos y generan una grieta irreconstruible entre generaciones. Reconocer la importancia y el valor histórico de una obra artística emblemática, un yacimiento arqueológico o una obra pictórica de renombre es tan importante como reconocernos a nosotros mismos como pueblo y como cultura. Es asumir que todos los elementos que integran este patrimonio se constituyen en una memoria tangible de identidad colectiva.

La desaparición de obras de arte, bienes culturales o históricos priva a las sociedades de sus referentes, destruye contextos y genera una grieta irreconstruible entre generaciones

Por ello, cada vez más instituciones públicas y privadas han comenzado a realizar una labor de adecuación y protección de nuestro patrimonio histórico, estableciendo alianzas comprometidas con su defensa y protección. Ejemplo de ello son las actuaciones llevadas a cabo por Red Eléctrica, que ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales en todo el territorio nacional en los últimos años. Gracias a ellas, se han hallado más de 40 yacimientos arqueológicos relevantes. Una labor que incluye desde prospecciones y controles arqueológicos y paleontológicos; sondeos y excavaciones; acciones de puesta en valor de elementos patrimoniales; restauración y musealización. De esta forma se establece la protección del patrimonio cultural artístico e histórico del país como elemento clave y fundamental en el diseño y construcción de las instalaciones de las redes eléctricas nacionales.

Fruto de esta estrategia de impacto integral, desde Red Eléctrica se han promovido iniciativas como la reciente colaboración con el Museo Arqueológico Nacional en la difusión de la cultura de Argar de la Edad de Bronce, a través de la exposición La Princesa de los Cárpatos. Oro argárico de San Antón. En este marco de trabajo, a lo largo de 2025 Red Eléctrica ha contribuido a la adquisición de la mayor colección en manos privadas de objetos de la cultura argárica, con 3.000 elementos, para ponerla a disposición del público a través de un convenio de colaboración con el Centro de Interpretación de la Cultura del Argar en Antas, Almería.

Mar Aguilera: «Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas»

La soledad no deseada y la falta de vínculos reales se han convertido en uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo. Desde la Fundación Vivofácil, Mar Aguilera reflexiona sobre un modelo de bienestar que combina tecnología, cercanía y cuidado mutuo.


La soledad no deseada se ha convertido en un problema transversal que tiene muchas caras, desde mayores que viven sin compañía a personas jóvenes rodeadas de gente. Mar Aguilera, directora general de la Fundación Vivofácil (antes Fundación Alares), reflexiona sobre la necesidad de tejer redes que nos ayuden a vivir mejor. 

«Ilumina una Vida» se ha convertido en uno de los proyectos más importantes de la Fundación Vivofácil. ¿Cómo nació y cómo ha evolucionado desde entonces?

Empezamos trabajando la soledad con personas mayores en sus domicilios, algo que seguimos haciendo. No se trata de personas dependientes, sino de personas autónomas que, por distintas circunstancias, se encuentran solas. Esa falta de contacto acaba generando aislamiento. En esas visitas, hacemos lo que la persona necesita o desea: desde ver una película y comentarla, a idear el menú semanal o acompañarla fuera del domicilio. Con la pandemia, tuvimos que interrumpir las visitas, pero activamos en menos de 24 horas la línea gratuita Ilumina una Vida, que sigue disponible 24 horas los 365 días del año. Empezó como una forma de mantener el contacto con las personas mayores, pero gracias a una campaña de televisión, el teléfono se difundió por todo el país y empezaron a llamarnos cientos de personas de todas las edades. Mantenemos la línea abierta (900 877 037) con personal formado para escuchar y detectar posibles situaciones de vulnerabilidad. Cuando se detecta algo grave, lo dirigimos a nuestro equipo de profesionales. Lo importante es que nadie se quede sin alguien al otro lado.

La soledad no deseada de las personas mayores a veces se aborda desde una perspectiva asistencial o incluso paternalista. ¿Crees que esto refleja los prejuicios que aún existen sobre la vejez?

Totalmente. Hay muchos prejuicios. En La sociedad de la soledad, el documental que hemos producido, una persona mayor dice algo que me parece muy revelador: «Cuando yo era joven, hacía lo que decían mis padres; ahora, hago lo que dicen mis hijos». Pensamos que ya no pueden decidir, que ya no pueden aprender… y eso es falso. Nos cuesta aceptar que envejecer también es vivir. Eso tiene consecuencias. Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas. Creen que sus hijos o hijas pueden decidir llevarlas a una residencia o, incluso, sienten vergüenza por lo que pueda pensar la gente. Se callan por miedo al juicio. A veces no piden ayuda por eso, aunque estén sufriendo.

Según el único informe mundial que existe sobre el edadismo, realizado por Naciones Unidas en 2021, la mitad de la población tiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. ¿Cómo se manifiesta esto en su vida cotidiana?

El edadismo está en todas partes. Desde los iconos que usamos –cuando ves un cartel de «personas mayores» siempre aparece alguien con bastón y encorvado– hasta el mercado laboral. Parece que a los 50, o incluso antes, ya no servimos, cuando en realidad es cuando más experiencia tenemos. Por otro lado, al jubilarte, parece que tu vida ya está «acabada». Conozco a personas de 65 años que dicen «ya solo me queda esperar a morir». Y no: con 65 años se pueden hacer muchísimas cosas. Tenemos que romper esa idea de que envejecer es dejar de vivir.

El mismo informe señala que la creación de espacios intergeneracionales es una de las mejores formas para combatir el edadismo. ¿Se rompen muchos estereotipos cuando se generan relaciones entre distintas generaciones?

Totalmente. En la fundación procuramos que los acompañamientos a mayores los realicen personas jóvenes, porque ahí se genera un intercambio muy bonito. Cuando una persona joven comparte tiempo con una mayor, se rompen muchos prejuicios: descubren que la edad no es una barrera; que pueden aprender mucho la una de la otra. Esa relación se convierte en un vínculo afectivo real, donde ambas partes aprenden y se sienten acompañadas. Al final, el aprendizaje es mutuo y el resultado, precioso.

A través de vuestro trabajo, ¿habéis detectado diferencias entre hombres y mujeres mayores? ¿Viven la soledad de manera distinta?

Hay más mujeres que viven solas porque vivimos más años, pero gestionamos mejor la soledad. Tenemos más recursos emocionales y relacionales: pedimos ayuda, buscamos compañía, participamos en actividades. Los hombres, en cambio, en términos generales tienden mucho más a encerrarse. Piden menos ayuda, no acuden a servicios sociales ni a actividades comunitarias. Tiene mucho que ver con cómo se han educado las generaciones que hoy son mayores. El hombre ha crecido con el rol de proveedor, de tener que sacar la casa adelante y, cuando llega la jubilación o se queda viudo, siente que ha perdido su función. Nosotras lo vivimos de otra manera: nos duele la soledad, pero la compartimos y buscamos redes. Afortunadamente, creo que las nuevas generaciones lo vivirán distinto. Hay un cambio cultural importante.

Se habla mucho de la soledad no deseada de las personas mayores, pero también afecta a los jóvenes. ¿Qué factores influyen en este problema? ¿Qué soluciones son más eficaces?

Cuando abrimos la línea ‘Ilumina una Vida’ y vimos que llamaban tanta gente joven, hicimos un estudio en todo el país, dividiendo por franjas de edad. La sorpresa fue que el 75% de personas de entre 18 y 35 años declaran que su estado de ánimo se ha visto alterado por encontrarse en una situación de soledad. No se trata de una soledad física, sino emocional. Además, el 62,5% sale de ocio con su grupo de amistades ninguna o solo una vez a la semana. La tecnología tiene mucho que ver. A las personas mayores las conecta, pero a las jóvenes, en exceso, las desconecta. Por eso creamos el programa desCONECTAD@S, liderado por Nacho Dean. Con colegios, con y sin alumnado con discapacidad, salimos a la naturaleza a caminar, a hacer actividades, a respirar aire puro. Y, en ese tiempo que estamos fuera, no pueden utilizar el móvil. Al principio protestan, pero al final se divierten y descubren que pueden relacionarse sin pantallas. No buscamos que dejen la tecnología, sino que aprendan a usarla con responsabilidad.

Aunque el uso de la tecnología entre las personas mayores ha aumentado, todavía existe una brecha. También trabajáis para combatirla. ¿Qué necesidades habéis detectado con vuestro programa de autonomía tecnológica?

Hemos formado ya a más de 500 personas mayores en tecnología. Ofrecemos talleres para utilizar el teléfono de forma segura, reconocer la ciberdelincuencia y aprender funciones cotidianas como hacer videollamadas o usar las redes sociales. La tecnología, bien utilizada, ayuda mucho. Además, estos talleres también se convierten en una herramienta de conexión social, se crean vínculos entre personas que viven en la misma zona, pero no se conocían. A veces esas relaciones continúan más allá del programa.

La sociedad a menudo subestima el potencial de las personas mayores. ¿Cómo podríamos aprovechar mejor su experiencia y conocimiento?

Primero, dándoles espacio y escuchándolas. En las empresas, por ejemplo, se está perdiendo mucho talento porque se da por hecho que una persona de 50 o 55 años ya no puede innovar. Y es falso. La combinación entre juventud y experiencia es potentísima: la gente joven aporta frescura, pero la experiencia da perspectiva y calma. También necesitamos romper con la idea de que las personas mayores no quieren aprender. Hay gente que empieza la universidad con 80 años. Hay que seguir aprendiendo durante toda la vida.

La actividad durante la vejez es clave para la salud y la autonomía. ¿Qué iniciativas impulsa la Fundación para que las personas mayores participen activamente en la sociedad?

Trabajamos para que las personas mayores sigan participando. A través de los acompañamientos y talleres fomentamos que mantengan rutinas, que salgan de casa, que se relacionen. También colaboramos con redes municipales de soledad en Madrid, Cádiz, Barcelona, Sevilla o Galicia, entre otras. Nos apoyamos mucho en el trabajo conjunto con la administración pública y otras entidades. 

¿Qué factores hacen que estas colaboraciones sean más eficaces?

Cuando se trabaja en el ámbito social, no hay competencia: compartimos conocimientos y sumamos esfuerzos. Esa colaboración es la que permite llegar más lejos. Lo importante es entender que cada cual tiene algo que aportar. Con las empresas, por ejemplo, proyectamos el documental sobre la soledad y luego abrimos un debate. Porque la soledad también existe dentro de las empresas: en el directivo que tiene que tomar una decisión difícil, en la persona que teletrabaja sola o en quien no puede compartir sus dificultades por miedo. La colaboración funciona cuando hay empatía y objetivos comunes. Al final, se trata de sumar entre administraciones, empresas y ciudadanía para construir una sociedad más conectada, más humana y menos sola.