Categoría: Agenda 2030

Juan Carlos del Olmo: “No podemos afrontar la crisis climática sin propuestas ni presupuestos”

biodiversidad

La comunidad científica advierte: el cambio climático ya está aquí y, con él, la pérdida de la biodiversidad y la degradación del entorno se aceleran. Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF, nos recuerda: “frenar esta situación depende de lo que hagamos en las próximas décadas”. Conversamos con él para conocer qué debemos cambiar para garantizar la supervivencia del planeta, y de la especie humana.

Diversos estudios, entre ellos el Informe Planeta Vivo y el informe IPBES, alertan de que la biodiversidad mundial disminuye a ritmos alarmantes ¿Qué podemos hacer para frenar la degradación del entorno natural?

El informe IPBES sobre la pérdida de biodiversidad ha puesto de manifiesto que estamos en medio de una crisis climática muy grave, porque no solo estamos hablando de que un millón de especies de esas ocho millones conocidas desaparecerán, sino de que esas especies son los resortes que hacen que funcionen los ecosistemas y de que, además, son la base nuestra economía. Estamos poniendo en riesgo los fundamentos de la sociedad. Como dice Greta Thunberg, no hay que entrar en pánico: todavía hay tiempo para revertir la situación. En primer lugar, lo que podemos hacer es tomárnoslo en serio. En general, nuestros líderes políticos no lo hacen. Es lamentable que estén mirando al corto plazo y no de cara a 2050 o 2100. En segundo lugar, las empresas tienen que darse cuenta de que no pueden seguir como hasta ahora, basando sus negocios en la explotación de la naturaleza y la biodiversidad. Si no quieren desaparecer, deben transformarse muy rápidamente.

¿Qué papel debería ocupar el cambio climático en las prioridades de los partidos políticos?

Algunos partidos políticos, como el partido socialista y, en general, los partidos de izquierdas, han situado la transición ecológica y la lucha contra la destrucción de la naturaleza entre sus prioridades. Luego ya veremos si las políticas se trasladan en presupuestos concretos y, sobre todo, en acciones. Pero es importante que esté en sus agendas. No podemos afrontar la crisis climática que viene sin propuestas, pero tampoco sin presupuestos ni funcionarios técnicos trabajando en las estructuras. Mucho peor es que hay otros partidos que entienden el problema del cambio climático y la cuestión de la naturaleza como algo menor. Algunos ni siquiera lo incluyen en sus programas y eso es una irresponsabilidad, como lo fue la suspensión de Madrid Central, que me parece una medida que refleja exactamente el corto de miras de quienes no ven que estamos ante un cambio de paradigma y a las puertas de algo muy importante.

Para frenar el aumento de la temperatura del planeta, urge un cambio en el modelo energético que permita la descarbonización de las economías. ¿Cómo debería ser esa transición?

Debe ser lo más rápida posible porque no hay tiempo. Y remarco el “posible” porque hay que hacerla bien; evitando los daños colaterales y reduciendo al máximo los efectos que esa transición pueda tener, sobre todo, en el sector de los combustibles fósiles que acabarán por desaparecer. De la misma manera, hay que mirar que los nuevos proyectos de energías renovables estén bien calibrados. Además, tiene que ser un modelo democrático descentralizado. No puede ser que las empresas que provocaron que nos encontremos en esta situación sean las que controlen las energías renovables. Desde WWF apostamos por un modelo donde las personas, la sociedad organizada, tenga un papel principal en el futuro de las energías renovables.

“El movimiento de los jóvenes evidencia la importancia de que la sociedad sea quien lidere el cambio”

Cada minuto se vierten 33.800 botellas de plástico al mar Mediterráneo. La Unión Europa prevé suprimir los plásticos de un solo uso de cara a 2021. ¿Es la regulación legislativa la solución?

El problema de los plásticos es solo una evidencia más, aunque muy notoria y visual, del modelo de consumo contaminante y excesivamente desmedido que tenemos y que conlleva un incremento del CO2 en la atmósfera. Todo nuestro modelo de consumo está disparatado: vemos bosques tropicales que están desapareciendo por la explotación del aceite de palma y los mares cada vez más degradados por la pesca intensiva. Este año presentamos un informe sobre la huella ecológica y, en el mes de mayo, Europa ya había consumido todo su capital natural. A partir de ese momento ya se empieza a consumir el agua, la madera y demás recursos naturales de otros países. Este es un modelo económico ilimitado que se basa únicamente en seguir creciendo económicamente a costa del planeta.

¿Qué rol tiene la ciudadanía en esta transición?

El papel de la ciudadanía es vital: lo poco o lo mucho que avanzamos se debe a la movilización de la sociedad. Si el Parlamento Europeo votó por mayoría aplastante eliminar los plásticos de un solo uso, es porque los la sociedad estaba presionando a los grupos políticos. Eso antes no pasaba. Se trata de un cambio perceptible de una sociedad organizada en un sistema inmunológico conectado a través de las redes sociales que fusiona conocimiento e innovación. Además, ahora ha empezado a sumarse gente joven, lo que evidencia la importancia de que sea la sociedad la que lidere el cambio. Solo así habrá esperanza para el planeta.

Ese cambio de mentalidad que mencionas se ha hecho evidente con la aparición de movimientos como Fridays for Future.

No ha ocurrido de forma espontánea, sino que hay un trabajo detrás. En WWF llevamos 50 años trabajando, junto con organizaciones ecologistas, para crear una sociedad cada vez más formada y concienciada. Es consecuencia de un proceso de años, pero es verdad que nunca la evidencia fue tan clara como ahora, que tenemos los datos encima de la mesa. Ya no son las organizaciones como la nuestra las que advierten de la degradación del planeta, ahora son los paneles de Naciones Unidas los que dan la voz de alerta. Sin embargo, tenemos el problema delante, no puede ser más claro, y no estamos actuando como deberíamos. Por eso la reacción de la gente joven es tan necesaria: vienen a sacudir esa normalización de las amenazas. Han hecho muy bien en organizarse y en salir a recordarnos esa realidad. Todos aquellos partidos políticos que hacen oídos sordos a ese movimiento de gente de 16 o 17 años que tienen en su ADN la protección y defensa del medio ambiente se equivocan. Esas personas serán las que, en el mejor de los casos, en las próximas elecciones votarán de una manera más consciente.

Sin ese cambio necesario, las perspectivas de futuro son descorazonadoras. ¿Hay motivos para ser optimistas?

Hace 20 años nos decían que era utópico cambiar el modelo energético y ahora esa utopía es lo que nos hace movernos porque es la única realidad posible para el futuro. Nuestro futuro va a depender de lo que hagamos en las próximas décadas, de si le damos una vuelta al modelo de producción y consumo. Soy optimista en cuanto a la actual movilización de la sociedad, pero tenemos que sacar a nuestros líderes empresariales de la realidad sesgada en la que se encuentran en este momento.


Fotografías: Alejandra Espino

Las empresas, un potente agente de cambio e inclusión social

agenda 2030

Vivimos en un mundo en constante cambio que nos presenta un futuro incierto desde una visión “distópica” cargada de amenazas individuales y colectivas. Un mundo donde las personas pierden protagonismo y el papel de las instituciones queda relegado a un segundo plano. Estas incertidumbres generan desafección ciudadana hacia el sistema actual y desconfianza hacia las instituciones, tanto públicas como privadas. Las empresas no solo no están exentas de esta ruptura social sino que, además, frecuentemente se convierten en las causantes y beneficiarias de una estructura desigual.

Afortunadamente, hoy estamos en disposición de generar nuevas oportunidades y nuevos marcos que hagan del planeta un lugar gobernado por la justicia social; un lugar donde nadie quede atrás. Sin embargo, la mejor manera de predecir el futuro es liderarlo. Y hacerlo, no desde una visión jerarquizada de la toma de decisiones, sino desde una perspectiva compartida de colaboración radical. Para ello, debemos aprender a establecer unos ecosistemas que definan los marcos de actuación que permitan a ciudadanos, administraciones e instituciones, unidos bajo un mismo lenguaje universal, encontrar la suma ganadora que lleve a un enriquecimiento colectivo. No se trata de filantropía, se trata de integrar todas las acciones bajo el paraguas de una alianza forjada a base de cooperaciones blandas para un futuro sostenible.

La Agenda 2030, aprobada por 193 países, representa ese nuevo lenguaje universal que engloba en al conjunto de la sociedad en un único camino hacia ese futuro deseado. Es una agenda humanista, un pacto global que que va más allá de aportar el conocimiento necesario para avanzar. Al final, su pretensión trasciende la ambición de convertirse en la conceptualización de los valores de la ilustración y busca reafirmarse como estandarte de los derechos humanos.

Recogida en 17 objetivos y 169 metas, el pacto global implica necesariamente repensar nuestra manera de actuar y comprender que de nada sirve ponerle parches a un mal desarrollo. La Agenda nos marca un camino donde quedan señaladas acciones a corto plazo que, sin embargo, tienen la vista puesta en una futura alianza global donde todos los agentes sociales sean co-creadores. Porque todos somos parte del problema, pero también, somos el todo de la solución: nuestra misión es aportar ideas que permitan afrontar las metas y objetivos planteados. Inevitablemente, se ha de sustituir el egoísmo individual por la solidaridad como valor intrínseco.

«Las empresas deben encontrar su ethos empresarial en un marco común construido a base de alianzas»

La solidaridad no puede ser solo la expresión de un ejemplo de buenas prácticas. Ante todo, es un valor individual y colectivo que permite generar alianzas más allá de los intereses de los contrayentes. Es una manera de ser, de actuar, de entender el mundo en que vivimos y de ser copartícipe del beneficio de una sociedad que piensa en el aquí y en el ahora, tanto como en el allá y el mañana. Las empresas deben encontrar su propósito más sostenible, su ethos empresarial, en ese marco común construido a base de alianzas. Al mismo tiempo, deben convertirse en proveedoras de servicios y soluciones de un futuro ligado a los valores que representan los diferentes objetivos.

De esta manera, la contribución del sector empresarial se transforma en un compromiso compartido que impregna toda la cadena de valor y no es, en absoluto, un subproducto del modelo de negocio tradicional. El propósito de acción sostenible tiene que impactar positivamente en todos los aspectos de la empresa, tanto en su acción interna como externa. Sin olvidar que la generación de beneficios económicos y sociales necesitan estar orientados al empoderamiento de las personas.

Las empresas demandan marcos estables que propicien el cambio y entornos favorables para la implementación de medidas transformadoras dentro de la cultura empresarial. La Agenda 2030 está precisamente para ofrecer marcos de certidumbre compartida. Pero al final es la ciudadanía la que exige un cambio radical en el modelo de producción y consumo. Demandan una economía que vaya más allá de medir el crecimiento como un incremento del Producto Interior Bruto, y que se relacione a la mejora real de la calidad de vida de las personas.

No hay que olvidar que las personas somos la base del sistema. Por ello, las empresas que apuestan por apoyar el desarrollo del talento y a la vez ofrecen productos y servicios que giran en torno a las necesidades de los consumidores –cada vez más exigentes y comprometidos con el desarrollo sostenible–, se convierten en poderosos agentes de transformación.

Estamos ante un cambio inexorable: hasta ahora los diferentes actores sociales no habían trabajado conjuntamente con un fin común. La desigualdad es uno de los efectos negativos que ha traído la globalización y la consecuente crisis económicas. De ahí que nuestro reto estribe en la necesidad de generar acciones coordinadas para evitar que el crecimiento económico produzca beneficiarios y perjudicados. Porque si algo genera desigualdad son los modelos insostenibles tanto económica como socialmente. Las bases de una sociedad avanzada deben asentarse en unas conexiones que garanticen la protección de las personas y además refuercen la apuesta por el empoderamiento ciudadano.

«La Agenda 2030 está para ofrecer marcos de certidumbre compartida y construir entornos favorables para el cambio»

El sector empresarial es una fuerza dinámica que genera grandes beneficios tanto para su propia actividad como para la sociedad. Su papel es, a través del trabajo, liderazgo y talento, convertirse en ejemplo de referencia de una ciudadanía global comprometida con un desarrollo sostenible global.

De cara a 2030, el propósito está claro: las empresas tienen que ser motivadoras de la voluntad y satisfactoras de la demanda de una ciudadanía que desea cooperar en un mundo distinto. La economía sosteniblemente ética es posible y se traduce en beneficios tangibles e intangibles que retroalimentan el compromiso empresarial con un desarrollo inclusivo. Su liderazgo nace de entender que la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras no solo repercute en la cuenta de resultados de la empresa, sino que además, mejora el entorno social y económico.

El nuevo contrato social global que representa la Agenda 2030 reclama la creación de marcos de acción que converjan en un alianza win-win-win definida por una visión colectiva de las necesidades compartidas. No hay otro plan: no podemos perder la oportunidad que nos brinda la visión multilateral renovada gracias a los 17 objetivos y las 169 metas de la Agenda 2030. En un mundo que requiere de nuevas narrativas y actuaciones conjuntas, hemos de aprovechar los beneficios de ese lenguaje universal de progreso e inclusividad.

Transformar el mundo en que vivimos requiere de una voluntad firme de la situar la solidaridad en el centro de nuestros movimientos como ciudadanos globales. Las empresas, generadoras de una cultura de la colaboración se convierten el vectores transformación esenciales para salvaguardar el futuro de un planeta que ya no solo necesita protección, sino también una vuelta al pasado: que se reviertan las actuaciones que nos han llevado a la devastación de recursos.

Así pues, emprendamos esta transición hacia una economía con propósito, donde las empresas sean el agente imprescindible para alcanzar un modelo económico justo, inclusivo y sostenible.

Federico Buyolo es director general de la Oficina de la Alta Comisionada para la Agenda 2030

Un ‘sprint’ por el futuro

Si tuviéramos una máquina del tiempo, ¿podríamos evitar el cambio climático? Aunque esa pregunta no podremos resolverla, lo que sí sabemos es que en los últimos años ha crecido la conciencia medioambiental y, con ella, los compromisos internacionales adquiridos para intentar limitar el imparable aumento de la temperatura global. Desde el año 2015 en el que se firmaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible a este 2019 protagonizado por una nueva y mediática Cumbre del Clima, estos son algunos de los hitos más relevantes en la batalla verde por salvar el planeta.

  • El papa Francisco presentó en junio su encíclica ‘Laudato Si‘, una carta inédita en la que pedía a los católicos de todo el mundo que uniesen sus fuerzas a la lucha contra el cambio climático.
  • En diciembre, 195 países firmaron el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima en la Conferencia de París sobre el Clima (COP21). El objetivo quedó bien definido: limitar el aumento de las temperaturas planetarias a 1,5 °C y evitar así que las consecuencias del cambio climático sean irreversibles.
  • De los Acuerdos de París nació, de manera casi natural, la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU, un programa que pretende transformar el mundo de cara a 2030. Para ello, los líderes mundiales definieron 17 objetivos que sirven de guía universal para poner fin a la pobreza y proteger el planeta.
  • En el Foro de Davos (World Economic Forum) se puso de manifiesto por primera vez que el cambio climático es uno de los mayores riesgos para la economía mundial.

 

  • Bajo el movimiento estudiantil Fridays For Future, liderado por la activista Greta Thunberg, jóvenes de todo el mundo comenzaron a manifestarse semanalmente para reclamar una mayor implicación política en la lucha contra el cambio climático.
  • Larry Fink, presidente de BlackRock, la empresa de gestión de inversiones más grande del mundo, lanza una pregunta a los CEO de las empresas en su carta anual: «¿Qué papel jugamos en la comunidad? ¿Cómo gestionamos nuestro impacto en el medio ambiente?»
  • Como respuesta a las manifestaciones juveniles, la sede de la Organización de las Naciones Unidas acogerá durante esta semana la llamada Cumbre de Acción Climática, en la que participarán mandatarios internacionales, pero también representantes de grandes compañías y figuras comprometidas con la causa. La cumbre extraordinaria parte de la premisa de que los esfuerzos que están realizando los países para paralizar la crisis climática no son suficientes.
  • Según la organización sin ánimo de lucro Climate Bonds Initiative (CBI), en lo que llevamos de 2019, la emisión global de bonos verdes llegó a los 150.000 millones de dólares y para el conjunto de este año se espera que superen los 250.000 millones, un 50% más que el anterior.