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La hora «silenciosa» en la que todos somos iguales

Hay momentos del día en los que el mundo baja el volumen. Algunos comercios y espacios públicos reducen luces, música y avisos sonoros para crear un entorno accesible para todos. 


Para muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el exceso de estímulos no es una molestia puntual, sino una barrera real. Sonidos inesperados, luces intensas o entornos visualmente saturados pueden generar ansiedad, desorientación o incluso dolor físico. Según Autismo España, las personas dentro del espectro autista presentan algún tipo de alteración en el procesamiento sensorial. Reducir estímulos se convierte en una medida de accesibilidad que permite participar en actividades tan básicas como hacer la compra, pasear o disfrutar del ocio en igualdad de condiciones. «La Hora Silenciosa», por ejemplo, es una iniciativa que nació con el objetivo de adaptar temporalmente los entornos comerciales y públicos, apagando la megafonía, reduciendo la intensidad lumínica y minimizando ruidos, para que personas con Trastorno del Espectro Autista o con hipersensibilidad sensorial puedan desenvolverse con mayor autonomía y tranquilidad, sin tener que renunciar a espacios pensados, en teoría, para todos.

Formar parte de todo(s)

Todas las personas, independientemente de su condición, tienen derecho a vivir experiencias agradables y cotidianas como hacer la compra, desplazarse en transporte público o disfrutar de una actividad cultural sin que el entorno se convierta en una fuente de estrés. Cuando hablamos de inclusión en el ocio es imprescindible ir más allá de las barreras físicas y atender a otras menos visibles, como las sensoriales, que siguen dejando fuera a muchas personas. Con este contexto, Autismo España impulsó la «Guía de Ocio Inclusivo para personas autistas», un documento que invita a repensar cómo se diseñan las propuestas culturales y recreativas para que sean más accesibles, flexibles y respetuosas con la diversidad sensorial. La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables en las que ya existen (horarios tranquilos, reducción de estímulos, información anticipada o espacios de descanso), que amplíen las posibilidades de participación para incluir a todas las personas.

La clave no está en crear actividades paralelas, sino en introducir ajustes razonables que amplíen las posibilidades de participación

Algunas iniciativas ya están marcando el camino, como es el caso de las fiestas silenciosas (silent disco), uno de los ejemplos más conocidos donde todos los asistentes escuchan la misma música a través de auriculares inalámbricos, pero cada persona regula el volumen o incluso el canal según su sensibilidad. Desde fuera, el espacio parece calmado pero dentro, la experiencia es personalizable, sin imponer una única forma de disfrutar. Este enfoque se está extendiendo a otros ámbitos culturales, como los museos que programan visitas con aforo reducido, iluminación estable y sin estímulos sonoros inesperados. También los cines que apuestan por pases adaptados con volumen más bajo, luces tenues encendidas y libertad de movimiento. Y las bibliotecas o centros culturales que amplían zonas de silencio o crean franjas horarias de baja estimulación. El impacto de estas medidas es significativo, pues según Autismo Europa, más del 80% de las personas con TEA afirma que evitaría menos actividades sociales si los entornos fueran sensorialmente accesibles. 

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos

Pensar desde los sentidos

Diseñar el mundo desde la diversidad es entender la inclusión como la manera más justa de construir espacios donde quepamos todos. La pregunta es: ¿cuántos espacios de nuestro día a día están diseñados teniendo en cuenta cómo los percibimos sensorialmente? Tanto «La Hora Silenciosa» como el resto de iniciativas son medidas creadas para repensar cómo diseñamos tiendas, calles, transportes o eventos. A veces, cuando bajan el volumen o reducen la iluminación, nos recuerda que no existe una única forma de habitar el mundo y que la verdadera igualdad pasa por ofrecer condiciones que permitan a cada persona participar como todos los demás.