Los productos alimenticios que encontramos en las máquinas de vending tradicionales son en su gran mayoría poco saludables. Pero cada día son más las empresas del sector que optan por productos ricos en nutrientes y sostenibles.
Si nos acercamos a una máquina de vending, es muy probable que los productos alimentarios que encontremos sean, en su gran mayoría, poco saludables: alimentos ultraprocesados, altamente calóricos, con elevados contenidos de azúcares y grasas, o refrescos y bebidas energéticas con altos niveles de carbohidratos y sin rastro de vitaminas ni minerales. Podrían salvarse de tan bajo perfil nutricional los frutos secos, pero en su mayoría están fritos o con añadidos de sal. El consumo habitual de productos de este tipo supone riesgos para la salud que van desde la obesidad y la diabetes a diversas enfermedades cardiovasculares.
No solo los lugares de ocio o tránsito cuentan con máquinas de vending, sino también centros sanitarios y educativos, lo que obliga a la necesidad de encontrar alternativas más saludables. Por ello, desde la sociedad civil se lleva tiempo denunciando el actual sistema con el ánimo de lograr que la industria encargada de estas máquinas incluya en las mismas productos que aseguren la salud alimentaria.
En las máquinas de vending tradicionales encontramos alimentos altamente calóricos y con elevados contenidos de azúcares y grasas nocivos para nuestra salud
En 2003, el Servicio Catalán de Salud aprobó una instrucción para que las máquinas de vending ubicadas en hospitales y el resto de centros sanitarios ofrecieran al menos un 75% de productos alimenticios saludables. Se pretendía así iniciar una transición que permitiera encontrar en estas máquinas fruta, leche, zumos naturales, yogures sin azúcares, frutos secos no procesados y bajos en sal, y toda una amplia gama de alimentos que no supongan consecuencias negativas en el bienestar de los usuarios. Un centro sanitario debe preocuparse por la salud de los ciudadanos, pero también transmitir un mensaje de prevención de prácticas que la afecten. Algo que, por desgracia, queda desvirtuado con los productos que dispensan la mayoría de estas máquinas.
Del mismo modo, los centros escolares, que están al cargo de la educación de las nuevas generaciones. Esta educación no solo debe pasar por lo académico, sino abarcar también aspectos vitales y de nuestro día a día, como es el caso claro de la alimentación. En esta línea, el Gobierno aprobó en 2025 un real decreto para asegurar que todos los centros educativos que cuenten con máquinas de vending prohíban en estas las bebidas energéticas, la bollería industrial o cualquier otro producto que incumpla las recomendaciones de la OMS sobre los límites en la ingesta de grasas, azúcares y sal.
La legislación y la concienciación social están favoreciendo la transformación del sector del vending con productos sanos, envases reciclables y cadenas de producción sostenibles
Por otro lado, el Gobierno tramita además un nuevo decreto ley que garantice también la alimentación sostenible y saludable en hospitales y residencias. Respecto a las máquinas de vending, esta nueva norma pretende asegurar que al menos el 80% de los productos que dispensen sean igualmente saludables.
La sociedad está también cada día más concienciada con la necesidad de mantener una dieta saludable, y es por ello por lo que el sector del vending lleva años adaptándose a este necesario cambio. En la actualidad, ya hay varias las empresas del sector que solo dispensan en sus máquinas productos sin aditivos ni conservantes, frutos secos sin procesar, ensaladas frescas, postres sin azúcares añadidos o zumos naturales.
Más allá de lo saludable de dichos productos, algunas empresas prestan también atención a otros aspectos, como la sostenibilidad, utilizando envases reciclables y contando con cadenas de producción sostenibles que incorporan a pequeños productores locales para fomentar, de esta manera, la economía circular.
Estas alternativas están favoreciendo que empresas, estaciones de transporte, gimnasios, establecimientos hoteleros o incluso centros comerciales se unan al cambio. Como ciudadanos y consumidores cada día más concienciados e informados, tenemos capacidad para lograr la transformación de un sector que, tradicionalmente, ha sido poco beneficioso para nuestra salud alimentaria.