Categoría: Agenda 2030

Las actividades extraescolares, un indicador de desigualdad

En España, la falta de refuerzo gratuito en los centros educativos alimenta un mercado de clases privadas que excluye a los niños de rentas más baja. Instituciones y familias recuerdan que una mayor oferta pública ayudaría a cerrar la brecha de desigualdad.


Cuando termina la jornada escolar de la mañana, empieza otra que no todos los estudiantes pueden permitirse. España es uno de los países desarrollados que menos clases de repaso gratuitas ofrece: lo hace el 40% de los centros de secundaria, 25 puntos por debajo de la media de la OCDE. Esta falta de oferta pública engorda el sector de las extraescolares privadas, al que las familias destinaron 1.700 millones de euros en 2021, mientras deja a muchos chicos y chicas fuera. Madrid es un ejemplo: tras recortar el presupuesto destinado a estas clases, este curso solo han accedido a ellas un 21% del alumnado. 

La mayoría de los estudiantes (76,7%) realiza alguna actividad extraescolar hasta cuatro días por semana, solo un 26,7% en su propia escuela. Las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso. En Cataluña, por ejemplo, el 45% de niños y adolescentes con menor nivel económico no hace ninguna actividad extraescolar deportiva, y un 70% no hace extraescolares no deportivas. Entre las familias favorecidas, esos porcentajes se invierten: el 80% hace deporte y el 55% participa en alguna extraescolar de otro tipo.

La mayoría de los estudiantes realiza alguna actividad extraescolar, pero las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso

Un estudio de Esade de 2013 ya mostraba que la renta condiciona el tipo de actividad: mientras las familias de ingresos bajos centran sus esfuerzos en igualarse con clases de refuerzo educativo, las de rentas medias y altas eligen actividades que aporten oportunidades de crecimiento y diferenciación (idiomas, artes, deportes especializados…). «Las personas con menor nivel económico tienen mayor riesgo de fracaso escolar; por tanto, serían potencialmente quienes tendrían mayor necesidad de acceder a estos servicios de refuerzo. Al tratarse de servicios caros son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destacó Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona, durante la presentación del informe de Esade. 

«El éxito educativo no debería depender del bolsillo de las familias», añade Mª Carmen Morillas, de la Asociación de Padres y Madres Giner de los Ríos, que cree que todo lo académico debería resolverse dentro del centro, un espacio en el que tendría que haber igualdad de condiciones. Critica que España tenga uno de los horarios lectivos más largos de Europa, algo que vulnera el derecho de la infancia al ocio y al juego. «Hay niños y niñas que tienen jornadas más amplias que las laborales de los adultos», explica. 

«Las personas con menor nivel económico son quienes tendrían mayor necesidad de refuerzo, pero son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destaca Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona

La OCDE señala que invertir en educación temprana y programas extraescolares públicos reduce desigualdades. Las actividades extraescolares no solo sirven de repaso: son un espacio donde practicar el derecho a la participación infantil, como recuerda Save The Children, algo fundamental teniendo en cuenta que la exclusión temprana fomenta la desafección con los centros educativos.

El papel de la administración local

María Truñó, del Ayuntamiento de Barcelona, señala que la desigualdad es doble: de acceso y de elección, y reclama políticas que refuercen el papel igualador de la educación. Su consistorio impulsa la Estrategia de tardes educativas, que garantiza dos tardes semanales de actividades para niños de 6 a 16 años, priorizando a los más vulnerables. Truñó explica que tratan de garantizar diversidad, calidad, asequibilidad (mediante becas públicas) y proximidad para fortalecer la comunidad y mitigar la segregación. 

A escala estatal, destaca el programa PROA/PROA+, orientado a centros con mayor complejidad educativa y financiado con fondos europeos. Fuera de España, otros países muestran caminos posibles: EE. UU., con programas como After School All Stars; India, con fundaciones como Parikrma; o varios países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Chipre y Portugal con modelos de escuela de jornada completa que integran actividades adicionales y cuidado y apoyo extracurricular, favoreciendo un acceso universal que lime las desigualdades desde la escuela.

El robo del patrimonio cultural también lo es de la identidad colectiva

El robo de patrimonio histórico y artístico ha plagado de trágicos episodios la historia de la humanidad. Conocer el daño e impacto global que estas acciones generan en la sociedad resulta fundamental para entender el fenómeno y sus consecuencias.


El romanticismo que envuelve al robo de arte ha sido alimentado por múltiples historias cinematográficas que, calando en todos los públicos, han llegado a generar una idílica concepción del delincuente de cuello blanco, encarnado por reconocidos rostros como Sean Connery, Catherine Zeta-Jones, George Clooney o Pierce Brosnan, entre otros muchos de la historia del cine. 

Pero cuando el robo de patrimonio artístico sucede no ya en la ficción, sino en la realidad, genera un importante impacto en la memoria colectiva. El patrimonio cultural, histórico y artístico constituye un hondo tejido identitario y un testimonio esencial de cualquier sociedad. Es una memoria ancestral que nos dibuja y recuerda los esbozos más esenciales de nuestro ser como individuos y como sociedad; la llave maestra para entender de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Un delito recurrente en la historia de la humanidad

El pasado 19 de octubre, en el Museo del Louvre de París se produjo, en tan solo ocho minutos, la sustracción de ocho piezas de joyería pertenecientes a la Corona francesa y al Imperio Napoleónico, todas ellas de un incalculable valor tanto económico como social y cultural. «Un golpe al corazón del patrimonio nacional»: esa fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó a este robo. 

«Un golpe al corazón del patrimonio nacional» fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó al reciente robo ocurrido en el Museo del Louvre

Este hecho sucedido en Louvre no ha sido ni el único ni el más importante en lo que se refiere a la historia de los robos de arte. En el robo en el Grünes Gewölbe (Bóveda Verde) del Castillo de Dresde (Alemania) en 2019, los ladrones lograron apoderarse de numerosas piezas de la joyería real sajona, como broches de diamantes pertenecientes a la monarquía polaco-sajona de los siglos XVIII y XIX. Destacado también por su incalculable valor y daño espiritual al país fue el saqueo de la Bóveda Real de Kandy (Sri Lanka, 1961), donde la corona del rey Rajasinghe II, la pieza central del legado monárquico cingalés, desapareció.

En nuestro país también hemos tenido emblemáticos episodios de robos patrimoniales. Ejemplo de ello fue la sustracción en 2011 del Códice Calixtino  en  la Catedral de Santiago, un incunable del siglo XII, referente bibliográfico del Camino de Santiago que desapareció del archivo catedralicio. Se recuperó un año después: estaba en el garaje de un antiguo empleado de la Catedral.

La importancia de la protección de la identidad cultural

Este tipo de actos son un claro atentado contra las raíces de un pueblo. Privan a las sociedades de sus referentes, destruyen contextos y generan una grieta irreconstruible entre generaciones. Reconocer la importancia y el valor histórico de una obra artística emblemática, un yacimiento arqueológico o una obra pictórica de renombre es tan importante como reconocernos a nosotros mismos como pueblo y como cultura. Es asumir que todos los elementos que integran este patrimonio se constituyen en una memoria tangible de identidad colectiva.

La desaparición de obras de arte, bienes culturales o históricos priva a las sociedades de sus referentes, destruye contextos y genera una grieta irreconstruible entre generaciones

Por ello, cada vez más instituciones públicas y privadas han comenzado a realizar una labor de adecuación y protección de nuestro patrimonio histórico, estableciendo alianzas comprometidas con su defensa y protección. Ejemplo de ello son las actuaciones llevadas a cabo por Red Eléctrica, que ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales en todo el territorio nacional en los últimos años. Gracias a ellas, se han hallado más de 40 yacimientos arqueológicos relevantes. Una labor que incluye desde prospecciones y controles arqueológicos y paleontológicos; sondeos y excavaciones; acciones de puesta en valor de elementos patrimoniales; restauración y musealización. De esta forma se establece la protección del patrimonio cultural artístico e histórico del país como elemento clave y fundamental en el diseño y construcción de las instalaciones de las redes eléctricas nacionales.

Fruto de esta estrategia de impacto integral, desde Red Eléctrica se han promovido iniciativas como la reciente colaboración con el Museo Arqueológico Nacional en la difusión de la cultura de Argar de la Edad de Bronce, a través de la exposición La Princesa de los Cárpatos. Oro argárico de San Antón. En este marco de trabajo, a lo largo de 2025 Red Eléctrica ha contribuido a la adquisición de la mayor colección en manos privadas de objetos de la cultura argárica, con 3.000 elementos, para ponerla a disposición del público a través de un convenio de colaboración con el Centro de Interpretación de la Cultura del Argar en Antas, Almería.

Mar Aguilera: «Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas»

La soledad no deseada y la falta de vínculos reales se han convertido en uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo. Desde la Fundación Vivofácil, Mar Aguilera reflexiona sobre un modelo de bienestar que combina tecnología, cercanía y cuidado mutuo.


La soledad no deseada se ha convertido en un problema transversal que tiene muchas caras, desde mayores que viven sin compañía a personas jóvenes rodeadas de gente. Mar Aguilera, directora general de la Fundación Vivofácil (antes Fundación Alares), reflexiona sobre la necesidad de tejer redes que nos ayuden a vivir mejor. 

«Ilumina una Vida» se ha convertido en uno de los proyectos más importantes de la Fundación Vivofácil. ¿Cómo nació y cómo ha evolucionado desde entonces?

Empezamos trabajando la soledad con personas mayores en sus domicilios, algo que seguimos haciendo. No se trata de personas dependientes, sino de personas autónomas que, por distintas circunstancias, se encuentran solas. Esa falta de contacto acaba generando aislamiento. En esas visitas, hacemos lo que la persona necesita o desea: desde ver una película y comentarla, a idear el menú semanal o acompañarla fuera del domicilio. Con la pandemia, tuvimos que interrumpir las visitas, pero activamos en menos de 24 horas la línea gratuita Ilumina una Vida, que sigue disponible 24 horas los 365 días del año. Empezó como una forma de mantener el contacto con las personas mayores, pero gracias a una campaña de televisión, el teléfono se difundió por todo el país y empezaron a llamarnos cientos de personas de todas las edades. Mantenemos la línea abierta (900 877 037) con personal formado para escuchar y detectar posibles situaciones de vulnerabilidad. Cuando se detecta algo grave, lo dirigimos a nuestro equipo de profesionales. Lo importante es que nadie se quede sin alguien al otro lado.

La soledad no deseada de las personas mayores a veces se aborda desde una perspectiva asistencial o incluso paternalista. ¿Crees que esto refleja los prejuicios que aún existen sobre la vejez?

Totalmente. Hay muchos prejuicios. En La sociedad de la soledad, el documental que hemos producido, una persona mayor dice algo que me parece muy revelador: «Cuando yo era joven, hacía lo que decían mis padres; ahora, hago lo que dicen mis hijos». Pensamos que ya no pueden decidir, que ya no pueden aprender… y eso es falso. Nos cuesta aceptar que envejecer también es vivir. Eso tiene consecuencias. Hay personas mayores que tienen miedo a decir que se sienten solas. Creen que sus hijos o hijas pueden decidir llevarlas a una residencia o, incluso, sienten vergüenza por lo que pueda pensar la gente. Se callan por miedo al juicio. A veces no piden ayuda por eso, aunque estén sufriendo.

Según el único informe mundial que existe sobre el edadismo, realizado por Naciones Unidas en 2021, la mitad de la población tiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. ¿Cómo se manifiesta esto en su vida cotidiana?

El edadismo está en todas partes. Desde los iconos que usamos –cuando ves un cartel de «personas mayores» siempre aparece alguien con bastón y encorvado– hasta el mercado laboral. Parece que a los 50, o incluso antes, ya no servimos, cuando en realidad es cuando más experiencia tenemos. Por otro lado, al jubilarte, parece que tu vida ya está «acabada». Conozco a personas de 65 años que dicen «ya solo me queda esperar a morir». Y no: con 65 años se pueden hacer muchísimas cosas. Tenemos que romper esa idea de que envejecer es dejar de vivir.

El mismo informe señala que la creación de espacios intergeneracionales es una de las mejores formas para combatir el edadismo. ¿Se rompen muchos estereotipos cuando se generan relaciones entre distintas generaciones?

Totalmente. En la fundación procuramos que los acompañamientos a mayores los realicen personas jóvenes, porque ahí se genera un intercambio muy bonito. Cuando una persona joven comparte tiempo con una mayor, se rompen muchos prejuicios: descubren que la edad no es una barrera; que pueden aprender mucho la una de la otra. Esa relación se convierte en un vínculo afectivo real, donde ambas partes aprenden y se sienten acompañadas. Al final, el aprendizaje es mutuo y el resultado, precioso.

A través de vuestro trabajo, ¿habéis detectado diferencias entre hombres y mujeres mayores? ¿Viven la soledad de manera distinta?

Hay más mujeres que viven solas porque vivimos más años, pero gestionamos mejor la soledad. Tenemos más recursos emocionales y relacionales: pedimos ayuda, buscamos compañía, participamos en actividades. Los hombres, en cambio, en términos generales tienden mucho más a encerrarse. Piden menos ayuda, no acuden a servicios sociales ni a actividades comunitarias. Tiene mucho que ver con cómo se han educado las generaciones que hoy son mayores. El hombre ha crecido con el rol de proveedor, de tener que sacar la casa adelante y, cuando llega la jubilación o se queda viudo, siente que ha perdido su función. Nosotras lo vivimos de otra manera: nos duele la soledad, pero la compartimos y buscamos redes. Afortunadamente, creo que las nuevas generaciones lo vivirán distinto. Hay un cambio cultural importante.

Se habla mucho de la soledad no deseada de las personas mayores, pero también afecta a los jóvenes. ¿Qué factores influyen en este problema? ¿Qué soluciones son más eficaces?

Cuando abrimos la línea ‘Ilumina una Vida’ y vimos que llamaban tanta gente joven, hicimos un estudio en todo el país, dividiendo por franjas de edad. La sorpresa fue que el 75% de personas de entre 18 y 35 años declaran que su estado de ánimo se ha visto alterado por encontrarse en una situación de soledad. No se trata de una soledad física, sino emocional. Además, el 62,5% sale de ocio con su grupo de amistades ninguna o solo una vez a la semana. La tecnología tiene mucho que ver. A las personas mayores las conecta, pero a las jóvenes, en exceso, las desconecta. Por eso creamos el programa desCONECTAD@S, liderado por Nacho Dean. Con colegios, con y sin alumnado con discapacidad, salimos a la naturaleza a caminar, a hacer actividades, a respirar aire puro. Y, en ese tiempo que estamos fuera, no pueden utilizar el móvil. Al principio protestan, pero al final se divierten y descubren que pueden relacionarse sin pantallas. No buscamos que dejen la tecnología, sino que aprendan a usarla con responsabilidad.

Aunque el uso de la tecnología entre las personas mayores ha aumentado, todavía existe una brecha. También trabajáis para combatirla. ¿Qué necesidades habéis detectado con vuestro programa de autonomía tecnológica?

Hemos formado ya a más de 500 personas mayores en tecnología. Ofrecemos talleres para utilizar el teléfono de forma segura, reconocer la ciberdelincuencia y aprender funciones cotidianas como hacer videollamadas o usar las redes sociales. La tecnología, bien utilizada, ayuda mucho. Además, estos talleres también se convierten en una herramienta de conexión social, se crean vínculos entre personas que viven en la misma zona, pero no se conocían. A veces esas relaciones continúan más allá del programa.

La sociedad a menudo subestima el potencial de las personas mayores. ¿Cómo podríamos aprovechar mejor su experiencia y conocimiento?

Primero, dándoles espacio y escuchándolas. En las empresas, por ejemplo, se está perdiendo mucho talento porque se da por hecho que una persona de 50 o 55 años ya no puede innovar. Y es falso. La combinación entre juventud y experiencia es potentísima: la gente joven aporta frescura, pero la experiencia da perspectiva y calma. También necesitamos romper con la idea de que las personas mayores no quieren aprender. Hay gente que empieza la universidad con 80 años. Hay que seguir aprendiendo durante toda la vida.

La actividad durante la vejez es clave para la salud y la autonomía. ¿Qué iniciativas impulsa la Fundación para que las personas mayores participen activamente en la sociedad?

Trabajamos para que las personas mayores sigan participando. A través de los acompañamientos y talleres fomentamos que mantengan rutinas, que salgan de casa, que se relacionen. También colaboramos con redes municipales de soledad en Madrid, Cádiz, Barcelona, Sevilla o Galicia, entre otras. Nos apoyamos mucho en el trabajo conjunto con la administración pública y otras entidades. 

¿Qué factores hacen que estas colaboraciones sean más eficaces?

Cuando se trabaja en el ámbito social, no hay competencia: compartimos conocimientos y sumamos esfuerzos. Esa colaboración es la que permite llegar más lejos. Lo importante es entender que cada cual tiene algo que aportar. Con las empresas, por ejemplo, proyectamos el documental sobre la soledad y luego abrimos un debate. Porque la soledad también existe dentro de las empresas: en el directivo que tiene que tomar una decisión difícil, en la persona que teletrabaja sola o en quien no puede compartir sus dificultades por miedo. La colaboración funciona cuando hay empatía y objetivos comunes. Al final, se trata de sumar entre administraciones, empresas y ciudadanía para construir una sociedad más conectada, más humana y menos sola.

El valor de las finanzas en un futuro sostenible

El capital financiero ha pasado a convertirse en un pilar estratégico en el camino hacia la sostenibilidad y la reindustrialización verde en Europa. Un tema que pusieron sobre la mesa los expertos Antonio Garamendi y Rafael Doménech en el marco de las Jornadas de Sostenibilidad de Redeia 2025.


La necesidad de invertir en la transición ecológica y digital es innegable y, en ese sentido, es crucial el papel del capital financiero para mejorar el déficit de financiación que presenta España para alcanzar los objetivos de los próximos años. Los esfuerzos a nivel europeo, como el Pacto Industrial Limpio y las iniciativas nacionales, buscan precisamente movilizar los recursos necesarios para mejorar estos datos.

La sostenibilidad, impulsada por la financiación adecuada, es un motor de competitividad y productividad. Un punto en común que defendieron Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, en la mesa Capital financiero: el valor de las finanzas en un futuro sostenible, que compartieron durante las Jornadas de Sostenibilidad 2025 de Redeia.

Durante la misma, Garamendi explicó que la sostenibilidad es un hecho fundamental en la actualidad y que el compromiso empresarial en este ámbito es ya un factor de competitividad para inversores y clientes. 

Doménech: «El papel del sector financiero es como la grasa que ayuda a que el motor funcione adecuadamente»

Un hecho que respaldó Doménech, quien destacó que la transición energética, vista como una oportunidad, ya está generando ventajas competitivas. Por ejemplo, la gran penetración de las renovables ha permitido a España desacoplarse de la crisis energética europea, confirmando una ventaja para la industria. En sus palabras: «El papel del sector financiero es como la grasa que permite que el motor funcione adecuadamente y también es el facilitador que ayuda a que las inversiones se materialicen».

Para acceder a las oportunidades de inversión, que se estiman en unos seis puntos de PIB anuales hasta 2050 en España, el país debe convertirse en un polo de atracción para el capital privado. Garamendi explicó que «España es hoy un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico». Sin embargo, enfatizó que, para garantizar la llegada y permanencia de este capital, necesitamos tres pilares: seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma. La estabilidad a largo plazo, entendida como trascendente a próximas legislaturas, es esencial, y aboga por grandes Pactos de Estado en este sentido. Además, señaló en este punto la necesidad de simplificar la burocracia debido a los costes administrativos y las demoras en los proyectos, ya que reducen su rentabilidad.

Garamendi: «España es un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico, pero para garantizar la llegada y permanencia de ese capital necesitamos seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma»

Por otro lado, Rafael Doménech hizo una invitación a repensar las políticas públicas, otorgando posiblemente más peso a los incentivos por descarbonización, en línea con el enfoque del Pacto Industrial Limpio. «También lo mencionaba el Informe Letta, Europa lleva un tiempo en proceso de reflexión y es importante la escucha al sector privado porque es la manera de potenciar la mayor parte de las inversiones. Lo que tenemos que pensar es cuál es la estrategia para maximizar, por un lado, el volumen de esas inversiones y sus efectos económicos y, por otro, qué podemos aprender de la experiencia comparada con otros países». Además, Doménech pone el foco en cómo incentivar que el exceso de ahorro que España exporta actualmente se invierta en el propio país, fortaleciendo la unión entre ahorro e inversión.

A modo de conclusión de la jornada se subrayó que la financiación sostenible no es una opción, sino que más bien es una palanca estratégica para la competitividad y el futuro de Europa. La movilización del capital financiero, tanto privado como público, junto con la estabilidad regulatoria y la reducción de la burocracia, se configura como el camino ineludible para que España aproveche al máximo su potencial y cumpla los objetivos de sostenibilidad.

Pablo Giménez Olavarría: «Restaurar es importante, pero aún más lo es conservar»

Desde dibujar los paisajes campestres de Valladolid hasta cargar con una botella de oxígeno para trazar en tiempo récord el fondo marino, Pablo Giménez tiene clara la necesidad de proteger a la que siempre ha sido su gran musa: la naturaleza. Una idea que ha defendido durante su intervención en el II Seminario científico Bosque Marino, organizado por Redeia en el Oceanogràfic València, donde científicos y representantes de administraciones públicas y de organizaciones sociales y sectoriales han discutido sobre los retos que enfrenta el océano y las soluciones más innovadoras para garantizar su conservación y restauración.


Antes de pintar paisajes submarinos estuvo mucho tiempo pintando los campos. ¿Qué le llevó a dar este giro hacia el fondo del mar? 

A mí lo que me gusta es pintar la naturaleza, dentro de ella. No pinto nunca de foto, porque lo que me interesa es estar allí y tratar de plasmar en un cuadro el misterio del medio natural. Yo no sé lo que voy a pintar, no sé qué va a pasar, y esa es un poco la gracia del asunto. Si te gusta el campo y te gusta pintar, lo normal es que pintes en el campo, y si te gusta bucear y te gusta pintar, es casi obligatorio pintar debajo del agua, porque es un paisaje como otro cualquiera.

Lo único que hay que superar son algunas complicaciones logísticas, pero si te apetece, puedes hacerlo. Esa es la suerte que tenemos los artistas: a diferencia de biólogos o ingenieros, que trabajan con datos y en temas más prácticos, nosotros no tenemos que hacer nada más que inquietar e inspirar nuevas ideas.

«Soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza»

En esta línea, ¿cuál es el papel del arte en materia de educación?

Hasta hace bien poco, el artista era lo que ahora se llamaría un comunicador. Piensa que Velázquez, máximo referente del artista, en realidad lo que hacía era comunicar lo que pasaba en el palacio. Así que podríamos decir que yo soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza.

Por eso creo que el deber del arte no es educar como tal, sino sugerir y estirar la mirada. Yo tengo la suerte de que puedo estar durante 20 horas mirando una cosa. Y una persona que dedica mucho tiempo a mirar tiene mucho que decir, porque tiene una visión más profunda y reforzada de las cosas.

Ha pintado en el campo y en el fondo marino. ¿Qué diferencias y similitudes hay entre ambos? 

Tienen mucho en común. En Valladolid, donde yo vivo, el paisaje es muy parecido al mar: es infinito y muy llano. Pero también hay contrastes. Cuando estás pintando en el mar te das cuenta de lo extraño que es estar metido en un líquido.

«El deber del arte es sugerir y estirar la mirada»

Por ejemplo, al pintar al aire libre aprecias lo limpia que está la atmósfera. Aunque en el Mediterráneo el agua es muy clara, cuando estás dentro del mar la mirada se difumina, la luz se atenúa y los colores se desvanecen con mucha rapidez. Por ejemplo, si te sumerges un poco más de la cuenta, el color rojo desaparece. Y como no lo ves, al mezclar los colores bajo el agua, sigues añadiendo rojo. Y más y más. Y cuando sacas el cuadro es completamente rojo.

También es complicado sujetar las cosas. ¿Cómo haces que los pinceles no floten, que el lienzo no flote, que el caballete no flote? Es muy complicado. Y aún así, perdí un montón de cosas, porque cuando me daba cuenta ya se habían ido flotando.

Y, ¿cómo se aseguraba de no alterar el medio ambiente (uso de materiales, manejo de las aletas, instalación del equipo)?

Al usar óleo, la base es aceite y no se disuelve en el agua, entonces técnicamente no tiene ningún problema. Sobre los materiales, a todo lo que flotaba le ponía una pastilla de plomo y para los pinceles, como no sabíamos muy bien qué hacer, inventamos un portapinceles que en realidad era un trozo de cámara de bicicleta con unos agujeros para encajarlos.

Al final trabaja la imaginación.

Sí, es muy pesado, pero tiene mucha gracia porque te enfrentas a cosas que no has hecho nunca.

Y, aparte de tener que idear soluciones, ¿qué más le ha enseñado esta experiencia? 

Me llamó mucho la atención, por ejemplo, ver en el Cabo de Palos la cantidad de gente que pasaba buceando. Era una romería. Somos mucha gente y hemos de tener cuidado con lo que hacemos. El mundo es para disfrutarlo y por ello hay que tratarlo bien. O al menos dejarlo como está. Como se ha hablado en el Seminario de Bosque Marino de Redeia, restaurar es importante, pero aún más lo es conservar.

Jane Goodall, la mujer que defiende el planeta entre chimpancés

Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que si hay alguien que haya conocido el comportamiento de los chimpancés a la perfección ha sido, sin duda, Jane Goodall. Habiendo fallecido a sus 91 años, la etóloga pasó parte de su vida dedicada a la investigación, la educación y el activismo del medio ambiente. Como ella misma declaró su vida había estado llena de hazañas: «Mi próxima gran aventura, a los 90 años, va a ser morir. O no hay nada o algo. Si no hay nada no hay nada, ya está. Si hay algo, no se me ocurre mayor aventura que descubrir qué es. Sucede que pienso que hay algo debido a las experiencias que he tenido, a las experiencias que han tenido otras personas. Unas muy poderosas».

En contacto estrecho con los chimpancés, Goodall aprendió sus costumbres y patrones de comportamiento en su entorno natural. Sus estudios arrojaron luz sobre la naturaleza de su comunicación, su alimentación y su cultura y son referentes para la investigación en primatología.

Nacida en Hampstead (Reino Unido) en 1934, Jane Goodall siempre tuvo una fascinación especial por los animales. Desde pequeña mostró una curiosidad innata por la naturaleza y sobre todo por África. A los 23 años logró hacer su sueño realidad cuando viajó a Kenia, donde trabajó con el famoso antropólogo británico Louis Leakey. En 1960 llegó al Parque Nacional Gombe Stream, en Tanzania, con el objetivo de observar el comportamiento de los chimpancés y comprender mejor la evolución humana.

Goodall descubrió que los chimpancés tienen personalidades individuales, emociones complejas y una capacidad sorprendente para crear y utilizar herramientas

Tras más de cinco décadas estudiando a los primates en su hábitat natural,  observó a generaciones enteras crecer y desarrollarse. Entre muchas conclusiones, Goodall descubrió que los chimpancés tienen personalidades individuales, emociones complejas y una capacidad sorprendente para crear y utilizar herramientas. Actualmente, su investigación, pionera, sigue siendo el estudio de chimpancés salvajes más amplio del mundo.

Los incalculables datos recopilados durante sus estudios influyeron para la creación en 1965 del Centro de Investigación de Gombe Stream. En 1977 se fundó el Instituto Jane Goodall, una organización dedicada a la conservación e investigación de primates.

Una voz destacada en la conservación del medio ambiente

Goodall también es conocida por su activismo a nivel global en defensa de los derechos de los animales y la conservación del medio ambiente. La etóloga ha trabajado de manera incansable para transmitir al mundo la importancia de la conservación y el cuidado de la naturaleza, lo que se ha traducido en la creación de santuarios y reservas de la vida silvestre en todo el planeta.

El legado de Goodall es un recordatorio del poder de la determinación y la pasión en la lucha por causas importantes para el planeta

Su labor ha inspirado a jóvenes líderes en todo el mundo como fuerza impulsora del cambio social y ambiental. Los jóvenes son el futuro porque entienden los problemas del planeta y se sienten empoderados para cambiar el curso de la historia”, dijo en una ocasión.

En un mundo donde la degradación ambiental y el cambio climático cada vez tienen más protagonismo, el mensaje de Goodall es más relevante que nunca. Su lucha y esfuerzo nos recuerdan que cada uno de nosotros tiene el poder de marcar una diferencia positiva en el planeta, y que el cambio comienza con la acción individual.

Un trabajo reconocido en todo el mundo

Doctora en Etología por la Universidad de Cambridge, Goodall es Doctora Honoris Causa por más de 45 universidades en todo el mundo. Además, ha sido distinguida con más de 100 premios internacionales, entre los que se incluyen la Orden del Imperio Británico, la Medalla Benjamin Franklin, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica o la Medalla Hubbard de la National Geographic Society.

En abril de 2002, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, nombró a Goodall Mensajera de la Paz de la Organización de las Naciones Unidas, convirtiéndose en la primera persona en recibir este honor en calidad de defensora de los animales y el medio ambiente. Goodall ha colaborado con la ONU en la promoción de la conservación y la protección de la biodiversidad, así como en el fomento de la paz y la concienciación sobre los peligros a los que se enfrenta el medio ambiente y la importancia de la acción global para abordar estos desafíos.

 

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales.