Categoría: Agenda 2030

El valor de las finanzas en un futuro sostenible

El capital financiero ha pasado a convertirse en un pilar estratégico en el camino hacia la sostenibilidad y la reindustrialización verde en Europa. Un tema que pusieron sobre la mesa los expertos Antonio Garamendi y Rafael Doménech en el marco de las Jornadas de Sostenibilidad de Redeia 2025.


La necesidad de invertir en la transición ecológica y digital es innegable y, en ese sentido, es crucial el papel del capital financiero para mejorar el déficit de financiación que presenta España para alcanzar los objetivos de los próximos años. Los esfuerzos a nivel europeo, como el Pacto Industrial Limpio y las iniciativas nacionales, buscan precisamente movilizar los recursos necesarios para mejorar estos datos.

La sostenibilidad, impulsada por la financiación adecuada, es un motor de competitividad y productividad. Un punto en común que defendieron Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, en la mesa Capital financiero: el valor de las finanzas en un futuro sostenible, que compartieron durante las Jornadas de Sostenibilidad 2025 de Redeia.

Durante la misma, Garamendi explicó que la sostenibilidad es un hecho fundamental en la actualidad y que el compromiso empresarial en este ámbito es ya un factor de competitividad para inversores y clientes. 

Doménech: «El papel del sector financiero es como la grasa que ayuda a que el motor funcione adecuadamente»

Un hecho que respaldó Doménech, quien destacó que la transición energética, vista como una oportunidad, ya está generando ventajas competitivas. Por ejemplo, la gran penetración de las renovables ha permitido a España desacoplarse de la crisis energética europea, confirmando una ventaja para la industria. En sus palabras: «El papel del sector financiero es como la grasa que permite que el motor funcione adecuadamente y también es el facilitador que ayuda a que las inversiones se materialicen».

Para acceder a las oportunidades de inversión, que se estiman en unos seis puntos de PIB anuales hasta 2050 en España, el país debe convertirse en un polo de atracción para el capital privado. Garamendi explicó que «España es hoy un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico». Sin embargo, enfatizó que, para garantizar la llegada y permanencia de este capital, necesitamos tres pilares: seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma. La estabilidad a largo plazo, entendida como trascendente a próximas legislaturas, es esencial, y aboga por grandes Pactos de Estado en este sentido. Además, señaló en este punto la necesidad de simplificar la burocracia debido a los costes administrativos y las demoras en los proyectos, ya que reducen su rentabilidad.

Garamendi: «España es un país muy interesante para invertir por su mix tecnológico, pero para garantizar la llegada y permanencia de ese capital necesitamos seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y calidad de la norma»

Por otro lado, Rafael Doménech hizo una invitación a repensar las políticas públicas, otorgando posiblemente más peso a los incentivos por descarbonización, en línea con el enfoque del Pacto Industrial Limpio. «También lo mencionaba el Informe Letta, Europa lleva un tiempo en proceso de reflexión y es importante la escucha al sector privado porque es la manera de potenciar la mayor parte de las inversiones. Lo que tenemos que pensar es cuál es la estrategia para maximizar, por un lado, el volumen de esas inversiones y sus efectos económicos y, por otro, qué podemos aprender de la experiencia comparada con otros países». Además, Doménech pone el foco en cómo incentivar que el exceso de ahorro que España exporta actualmente se invierta en el propio país, fortaleciendo la unión entre ahorro e inversión.

A modo de conclusión de la jornada se subrayó que la financiación sostenible no es una opción, sino que más bien es una palanca estratégica para la competitividad y el futuro de Europa. La movilización del capital financiero, tanto privado como público, junto con la estabilidad regulatoria y la reducción de la burocracia, se configura como el camino ineludible para que España aproveche al máximo su potencial y cumpla los objetivos de sostenibilidad.

Pablo Giménez Olavarría: «Restaurar es importante, pero aún más lo es conservar»

Desde dibujar los paisajes campestres de Valladolid hasta cargar con una botella de oxígeno para trazar en tiempo récord el fondo marino, Pablo Giménez tiene clara la necesidad de proteger a la que siempre ha sido su gran musa: la naturaleza. Una idea que ha defendido durante su intervención en el II Seminario científico Bosque Marino, organizado por Redeia en el Oceanogràfic València, donde científicos y representantes de administraciones públicas y de organizaciones sociales y sectoriales han discutido sobre los retos que enfrenta el océano y las soluciones más innovadoras para garantizar su conservación y restauración.


Antes de pintar paisajes submarinos estuvo mucho tiempo pintando los campos. ¿Qué le llevó a dar este giro hacia el fondo del mar? 

A mí lo que me gusta es pintar la naturaleza, dentro de ella. No pinto nunca de foto, porque lo que me interesa es estar allí y tratar de plasmar en un cuadro el misterio del medio natural. Yo no sé lo que voy a pintar, no sé qué va a pasar, y esa es un poco la gracia del asunto. Si te gusta el campo y te gusta pintar, lo normal es que pintes en el campo, y si te gusta bucear y te gusta pintar, es casi obligatorio pintar debajo del agua, porque es un paisaje como otro cualquiera.

Lo único que hay que superar son algunas complicaciones logísticas, pero si te apetece, puedes hacerlo. Esa es la suerte que tenemos los artistas: a diferencia de biólogos o ingenieros, que trabajan con datos y en temas más prácticos, nosotros no tenemos que hacer nada más que inquietar e inspirar nuevas ideas.

«Soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza»

En esta línea, ¿cuál es el papel del arte en materia de educación?

Hasta hace bien poco, el artista era lo que ahora se llamaría un comunicador. Piensa que Velázquez, máximo referente del artista, en realidad lo que hacía era comunicar lo que pasaba en el palacio. Así que podríamos decir que yo soy una especie de cronista de lo que pasa en la naturaleza.

Por eso creo que el deber del arte no es educar como tal, sino sugerir y estirar la mirada. Yo tengo la suerte de que puedo estar durante 20 horas mirando una cosa. Y una persona que dedica mucho tiempo a mirar tiene mucho que decir, porque tiene una visión más profunda y reforzada de las cosas.

Ha pintado en el campo y en el fondo marino. ¿Qué diferencias y similitudes hay entre ambos? 

Tienen mucho en común. En Valladolid, donde yo vivo, el paisaje es muy parecido al mar: es infinito y muy llano. Pero también hay contrastes. Cuando estás pintando en el mar te das cuenta de lo extraño que es estar metido en un líquido.

«El deber del arte es sugerir y estirar la mirada»

Por ejemplo, al pintar al aire libre aprecias lo limpia que está la atmósfera. Aunque en el Mediterráneo el agua es muy clara, cuando estás dentro del mar la mirada se difumina, la luz se atenúa y los colores se desvanecen con mucha rapidez. Por ejemplo, si te sumerges un poco más de la cuenta, el color rojo desaparece. Y como no lo ves, al mezclar los colores bajo el agua, sigues añadiendo rojo. Y más y más. Y cuando sacas el cuadro es completamente rojo.

También es complicado sujetar las cosas. ¿Cómo haces que los pinceles no floten, que el lienzo no flote, que el caballete no flote? Es muy complicado. Y aún así, perdí un montón de cosas, porque cuando me daba cuenta ya se habían ido flotando.

Y, ¿cómo se aseguraba de no alterar el medio ambiente (uso de materiales, manejo de las aletas, instalación del equipo)?

Al usar óleo, la base es aceite y no se disuelve en el agua, entonces técnicamente no tiene ningún problema. Sobre los materiales, a todo lo que flotaba le ponía una pastilla de plomo y para los pinceles, como no sabíamos muy bien qué hacer, inventamos un portapinceles que en realidad era un trozo de cámara de bicicleta con unos agujeros para encajarlos.

Al final trabaja la imaginación.

Sí, es muy pesado, pero tiene mucha gracia porque te enfrentas a cosas que no has hecho nunca.

Y, aparte de tener que idear soluciones, ¿qué más le ha enseñado esta experiencia? 

Me llamó mucho la atención, por ejemplo, ver en el Cabo de Palos la cantidad de gente que pasaba buceando. Era una romería. Somos mucha gente y hemos de tener cuidado con lo que hacemos. El mundo es para disfrutarlo y por ello hay que tratarlo bien. O al menos dejarlo como está. Como se ha hablado en el Seminario de Bosque Marino de Redeia, restaurar es importante, pero aún más lo es conservar.

Jane Goodall, la mujer que defiende el planeta entre chimpancés

Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que si hay alguien que haya conocido el comportamiento de los chimpancés a la perfección ha sido, sin duda, Jane Goodall. Habiendo fallecido a sus 91 años, la etóloga pasó parte de su vida dedicada a la investigación, la educación y el activismo del medio ambiente. Como ella misma declaró su vida había estado llena de hazañas: «Mi próxima gran aventura, a los 90 años, va a ser morir. O no hay nada o algo. Si no hay nada no hay nada, ya está. Si hay algo, no se me ocurre mayor aventura que descubrir qué es. Sucede que pienso que hay algo debido a las experiencias que he tenido, a las experiencias que han tenido otras personas. Unas muy poderosas».

En contacto estrecho con los chimpancés, Goodall aprendió sus costumbres y patrones de comportamiento en su entorno natural. Sus estudios arrojaron luz sobre la naturaleza de su comunicación, su alimentación y su cultura y son referentes para la investigación en primatología.

Nacida en Hampstead (Reino Unido) en 1934, Jane Goodall siempre tuvo una fascinación especial por los animales. Desde pequeña mostró una curiosidad innata por la naturaleza y sobre todo por África. A los 23 años logró hacer su sueño realidad cuando viajó a Kenia, donde trabajó con el famoso antropólogo británico Louis Leakey. En 1960 llegó al Parque Nacional Gombe Stream, en Tanzania, con el objetivo de observar el comportamiento de los chimpancés y comprender mejor la evolución humana.

Goodall descubrió que los chimpancés tienen personalidades individuales, emociones complejas y una capacidad sorprendente para crear y utilizar herramientas

Tras más de cinco décadas estudiando a los primates en su hábitat natural,  observó a generaciones enteras crecer y desarrollarse. Entre muchas conclusiones, Goodall descubrió que los chimpancés tienen personalidades individuales, emociones complejas y una capacidad sorprendente para crear y utilizar herramientas. Actualmente, su investigación, pionera, sigue siendo el estudio de chimpancés salvajes más amplio del mundo.

Los incalculables datos recopilados durante sus estudios influyeron para la creación en 1965 del Centro de Investigación de Gombe Stream. En 1977 se fundó el Instituto Jane Goodall, una organización dedicada a la conservación e investigación de primates.

Una voz destacada en la conservación del medio ambiente

Goodall también es conocida por su activismo a nivel global en defensa de los derechos de los animales y la conservación del medio ambiente. La etóloga ha trabajado de manera incansable para transmitir al mundo la importancia de la conservación y el cuidado de la naturaleza, lo que se ha traducido en la creación de santuarios y reservas de la vida silvestre en todo el planeta.

El legado de Goodall es un recordatorio del poder de la determinación y la pasión en la lucha por causas importantes para el planeta

Su labor ha inspirado a jóvenes líderes en todo el mundo como fuerza impulsora del cambio social y ambiental. Los jóvenes son el futuro porque entienden los problemas del planeta y se sienten empoderados para cambiar el curso de la historia”, dijo en una ocasión.

En un mundo donde la degradación ambiental y el cambio climático cada vez tienen más protagonismo, el mensaje de Goodall es más relevante que nunca. Su lucha y esfuerzo nos recuerdan que cada uno de nosotros tiene el poder de marcar una diferencia positiva en el planeta, y que el cambio comienza con la acción individual.

Un trabajo reconocido en todo el mundo

Doctora en Etología por la Universidad de Cambridge, Goodall es Doctora Honoris Causa por más de 45 universidades en todo el mundo. Además, ha sido distinguida con más de 100 premios internacionales, entre los que se incluyen la Orden del Imperio Británico, la Medalla Benjamin Franklin, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica o la Medalla Hubbard de la National Geographic Society.

En abril de 2002, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, nombró a Goodall Mensajera de la Paz de la Organización de las Naciones Unidas, convirtiéndose en la primera persona en recibir este honor en calidad de defensora de los animales y el medio ambiente. Goodall ha colaborado con la ONU en la promoción de la conservación y la protección de la biodiversidad, así como en el fomento de la paz y la concienciación sobre los peligros a los que se enfrenta el medio ambiente y la importancia de la acción global para abordar estos desafíos.

 

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.

Cuando la arquitectura es hostil

No siempre es visible: a veces son pinchos o bancos incómodos; otras, la simple imposibilidad de sentarse sin pagar. La arquitectura hostil se cuela en nuestras calles para expulsar a quienes no entran en moldes herméticos y termina erosionando el derecho a la ciudad. 

En una escena de la miniserie noruega Architekten (2023), una sátira sobre la crisis de vivienda y el urbanismo excluyente, el personaje interpretado por Ingrid Giæver destruye una barra de un banco público que impide que la gente se tumbe. Autodenominada «activista contra la arquitectura hostil», la joven tiene una motivación personal: conseguir que su padre, un hombre sin hogar, encuentre un sitio donde dormir en la ciudad. 

A la arquitectura hostil o defensiva solemos asociarla con este tipo de bancos diseñados para dificultar o incomodar su uso original –el de ofrecer asiento– para impedir que pernocten o descansen en ellos las personas sin hogar. Ese urbanismo ideado para «ahuyentar» puede manifestarse de varias formas: alféizares inclinados, formas extremas, vallas, púas, triángulos metálicos o asientos donde solo cabe una persona. El banco Candem es el diseño antisocial más reconocido. Parece que casi cualquier idea sirve para repeler a los colectivos indeseados: llegó a comercializarse en Reino Unido un dispositivo de «mosquito» cuyo sonido ahuyentaba a los jóvenes, aunque fue prohibido en 2010 por el Consejo de Europa.

Este tipo de urbanismo incluye la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes

Sin embargo, este tipo de urbanismo excluyente también incluye aspectos que no vemos, como la sensación de que el entorno urbano está diseñado para el consumo y el turismo y no para los residentes. Cuando se animó a un grupo de jóvenes madrileños a fotografiar lo que resultara «hostil» en sus barrios para un informe, no solo identificaron los mencionados bancos anti-homeless; también elementos como el exceso de tráfico, la falta de espacios verdes, la carencia de sombras o fuentes y un espacio público invadido por el uso comercial. Todo esto les generaba malestar, limitaba su ocio saludable y promovía un estilo de vida individualista. 

¿Por qué diseñar una ciudad así? Según J. Petty, la motivación está en explotar la rentabilidad de los espacios. Esta lógica neoliberal obliga a restringir el acceso a todas aquellas personas que no puedan aportar económicamente. Además, añadir a los espacios públicos elementos que dificulten su uso favorece el consumo en establecimientos privados porque reorienta a las personas hacia este tipo de lugares, limitando el ocio y forzando a permanecer en casa si no se gasta dinero, además de funcionar como método de control social

La arquitectura hostil perjudica a unos colectivos más que a otros. Tiene un impacto negativo en la gente joven, que ve limitada su autonomía y su capacidad de participación en la vida pública. Un estudio realizado en Nueva York mostró una reducción en el acceso de los jóvenes al espacio público por culpa de la comercialización y la privatización de las actividades de ocio. 

Los más afectados por la arquitectura hostil son la gente sin hogar y las personas con discapacidad

Análisis realizados en España revelan que a menudo se usan estos elementos para evitar que los jóvenes se agrupen en el espacio público y lleven a cabo actividades de ocio y sociabilidad que se alejen de las pautas del consumo. Sin embargo, las más afectadas son las personas sin hogar y las personas con discapacidad. Las personas con movilidad reducida (por ejemplo, aquellas que usan silla de ruedas) no solo se encuentran con obstáculos físicos que les impiden el paso, sino también con un entorno inhóspito que afecta a su bienestar mental. 

En última instancia, no obstante, este tipo de arquitectura nos afecta a todos: socava nuestro derecho a la ciudad, un concepto de Henri Lefebvre que implica la posibilidad de participar plenamente en la vida urbana y de acceder a los espacios públicos de manera equitativa. Para garantizar o recuperar este derecho debemos replantear el diseño urbano para priorizar la habitabilidad, la inclusión y la interacción social, en lugar de la mercantilización y la turistificación. Y para ello hacen falta la participación y propuestas de todos los ciudadanos.  

Los derechos LGTBIQ+ más allá del Orgullo

En 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo ilegales y en siete de ellos incluso pueden castigarse con la pena de muerte. Mientras algunas naciones avanzan hacia la igualdad, otras retroceden, endureciendo sus leyes y provocando un aumento de los discursos de odio. 


Millones de personas celebran cada mes de junio en todo el mundo el Mes del Orgullo para visibilizar al coletivo LGTBIQ+, reclamar sus derechos y celebrar la diversidad. Sin embargo, la realidad global sigue marcada por una profunda desigualdad. Según el último informe de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, ILGA World, en 64 países las relaciones entre personas del mismo sexo son delito, y en siete de ellos la ley contempla incluso la pena de muerte. La mayoría de estas normativas represivas se concentran en Oriente Medio, África y Asia, donde las estructuras sociales y políticas mantienen fuertes resistencias a la diversidad sexual y de género.  

En algunos casos, estas políticas han alcanzado extremos alarmantes, como es el caso de Uganda, donde se aprobó en 2023 una ley que criminaliza el «intento» de mantener relaciones homosexuales y que prevé cadena perpetua o ejecución en casos considerados como «homosexualidad agravada». La legislación también castiga con multas y cárcel a quienes promuevan o defiendan los derechos del colectivo. Otros países africanos como Malí o Ghana han endurecido los últimos años sus códigos penales contra la homosexualidad. Por su parte, en el caso de Trinidad y Tobago, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación ante la decisión de la Corte de Apelaciones del país de volver a criminalizar las relaciones sexuales consentidas entre adultos del mismo sexo. 

Uganda aprobó en 2023 una de las leyes más duras del mundo contra la homosexualidad, con prisión perpetua o pena de muerte

La represión legal se suma a la violencia en las calles y la comunidad trans en particular afronta una doble discriminación. Según el informe de Transgender Europe (TGEU), desde 2008, se han documentado más de 5.000 asesinatos de personas trans en el mundo, de los cuales 350 ocurrieron entre 2023 y 2024. América Latina y el Caribe concentran la mayor parte de estos crímenes, con Brasil a la cabeza, representando el 31% de los casos registrados en 2023. La mayoría de las víctimas son mujeres trans en situación de exclusión social y muchas de ellas, trabajadoras sexuales. 

La hostilidad también se manifiesta a través de leyes que buscan borrar la presencia LGTBIQ+ del espacio público. Como el caso de Rusia y la conocida «ley contra la propaganda homosexual», que prohíbe cualquier representación positiva o neutral de estas personas en medios, escuelas o redes sociales, restringiendo la libertad de expresión. En Europa, países como Hungría y Polonia han impuesto restricciones alegando la defensa de «valores tradicionales», recortando derechos y generando un clima de intolerancia. 

En España, los delitos de odio contra el colectivo LGTBIQ+ se han duplicado en un año y una de cada cuatro personas sufre discriminación

Estos retrocesos no solo afectan directamente al colectivo, sino que legitiman los discursos de odio. España cuenta con un marco legal avanzado en materia de derechos LGTBIQ+ y, aun así, los delitos de odio aumentan cada año. Así lo indica el informe Estado del Odio LGTBI+ 2025 que ha presentado este año la Federación Estatal LGTBI+ señalando que una de cada cuatro personas del colectivo sufre discriminación en España, así como el incremento del número de agresiones, que se han duplicado en un año. Este informe también muestra que «las personas LGTBIQ+ que viven en entornos no urbanos y en pequeños municipios tienen un menor acceso a recursos e información y, por ello, más riesgo y mayor desprotección». 

Frente a este panorama, la visibilidad y la celebración del Orgullo siguen siendo herramientas poderosas de denuncia y afirmación. Pero también es necesario mirar más allá del mes de junio: los derechos LGTBIQ+ son una cuestión de diversidad, justicia social y derechos humanos fundamentales. 

Zoos, ¿transformación o fin?

Desde los espectáculos romanos hasta los primeros zoológicos, la interacción humana con animales con el fin de exhibirlos ha evolucionado a lo largo de la historia. Hoy, en un contexto de creciente conciencia sobre el bienestar animal, los zoos redefinen su propósito, convirtiéndose en centros cruciales para la investigación científica, la recuperación de especies y la educación ambiental, como demuestran los esfuerzos del Zoo de Praga, el de Jersey o el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria. 


La utilización de los animales como espectáculo viene de largo. Desde los combates del Coliseo romano hasta los números de circo, los animales salvajes han sido utilizados durante siglos como entretenimiento humano. También, en la misma línea, surgieron los zoológicos modernos, concebidos inicialmente como colecciones privadas de animales exóticos traídos de otros continentes. Durante buena parte del siglo XX, el objetivo principal de los zoológicos era mostrar especies exóticas, muchas veces en condiciones precarias, despertando la curiosidad del público sin una preocupación explícita por el bienestar o la conservación de las especies.

Hoy, sin embargo, el paradigma ha empezado a cambiar debido a una mayor conciencia medioambiental, lo que ha obligado a los zoos a reconsiderar a fondo su papel. En España, donde existen unos 119 centros, la Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos establece una serie de medidas que estos deben cumplir para desempeñar su papel primordial en la conservación de la biodiversidad y contribuir a la protección del medioambiente. En un extracto de la Guía de aplicación de esta ley, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, podemos ver cuáles son algunas de estas áreas de transformación necesarias, como la planificación de la colección zoológica, la adecuación de las instalaciones y de las técnicas de manejo empleadas, la cualificación del personal técnico y auxiliar, la planificación de las tareas desarrolladas o la ordenación de los recursos materiales y espaciales disponibles, entre otras. Así, muchos centros se definen ahora como espacios de conservación activa, educación ambiental y divulgación científica, desempeñando un papel clave en la sensibilización del público. 

Zoológicos como el de Praga, clave en la recuperación del caballo de Przewalski, y el de Jersey, esencial para el ferreret mallorquín, lideran la conservación de especies

Por otro lado, organizaciones globales como la World Association of Zoos and Aquariums (WAZA), que agrupa a los principales parques del mundo, han establecido un claro y ambicioso objetivo para 2030: contribuir activamente a «detener las extinciones, revertir las disminuciones, restaurar las poblaciones y asegurar el futuro de las especies amenazadas», lo que se traduce en que los miembros de WAZA «documenten e informen sobre sus esfuerzos de conservación».

En ese sentido, podemos destacar zoológicos como el de Praga, que ha liderado un exitoso programa de recuperación del caballo de Przewalski, una especie que estuvo cerca de extinguirse en los años sesenta, o el zoo de Jersey, clave en la recuperación del ferreret mallorquín, un anfibio endémico de Mallorca. Asimismo, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, ejemplifica un modelo donde la semilibertad de los animales facilita la investigación conductual y reproductiva, a la vez que sensibiliza al público. Estos tres casos ilustran la capacidad transformadora de estos centros en la conservación de especies y divulgación científica. 

Laura Benito: «En las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento».

Laura Benito, bióloga y guía de naturaleza, reflexiona desde su experiencia: «Durante años, mi relación con la fauna se ha basado en la observación respetuosa y el aprendizaje desde la libertad. Esa es precisamente la gran diferencia con los zoos tradicionales: en las rutas por la naturaleza, los animales son libres, no se alteran sus ritmos ni se interactúa de forma directa en su comportamiento. Es cierto que no se garantiza que vayas a verlos, pero eso también forma parte de la experiencia. En un zoológico, por mucho que se mejoren los recintos, las condiciones nunca reproducen del todo su ecosistema».

El debate sobre el futuro de los zoológicos es complejo y la tensión ética inherente a la cautividad persiste, generando diversas perspectivas sobre su viabilidad a largo plazo. Así, el devenir de estos espacios dependerá de un delicado equilibrio entre bienestar animal y la innegable contribución científica y educativa que algunos centros desarrollan para la biodiversidad.

Los campos de concentración no son cosas del pasado

Los campos de concentración no constituyen una realidad pasada, sino que su existencia continúa hoy, oculta a plena luz del día, en estados autoritarios que niegan a su población los derechos humanos más básicos.  


Zygmunt Bauman bautizó el siglo XX como «el siglo de los campos» debido a la triste proliferación de los campos de concentración nazis y de los gulags soviéticos. La existencia de estos lugares reveló al ser humano su capacidad para la crueldad y la autodestrucción, y, una vez clausurados los campos, parecía inimaginable que algo así pudiera volver a suceder. 

Sin embargo, los campos de detención, trabajo y reeducación en los que cualquier idea de derechos humanos es inconcebible siguen existiendo en distintos países como Corea del Norte, China o Eritrea. 

«Los campos de concentración son experimentos de aniquilación del hombre. Que hayan existido es una mancha para la humanidad; que sigan existiendo es una acusación contra nuestras bellas pretensiones de derechos humanos universales. ¿Debería alarmarnos que el siglo XXI vaya a convertirse de nuevo en un siglo de campos?», se pregunta Dan Stone en su libro Campos de concentración. Una breve introducción. 

Los campos de concentración modernos 

«Hasta la fecha, ni las Naciones Unidas ni ninguna otra delegación internacional han podido comprobar por sí mismas el alcance del genocidio», escribe la periodista Rozenn Morgat sobre la represión masiva que China lleva a cabo contra la etnia uigur. 

Morgat recoge en el libro El gulag chino el testimonio de Gulbahar Haitiwaji, la primera uigur que Francia consiguió liberar. En él quedan recogidos los rasgos que comparten estos lugares de internamiento: la arbitrariedad en las detenciones, la ausencia de un juicio y de cualquier tipo de garantía, la brutalidad del trato hacia los presos y su explotación laboral para beneficio del estado.  

La misma experiencia describe el ex preso norcoreano Shin Dong-Hyuk en Evasión del Campo 14,  escrito por el periodista Blaine Harden, que subraya que «los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis». 

Blaine Harden: «Los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis»

El gobierno de Corea del Sur calcula que hay unos 154.000 prisioneros en los campos, mientras que el Departamento de Estado estadounidense y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos elevan la cifra hasta unos 200.000. Existen seis campos, según los servicios secretos de Corea del Sur y algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos radicadas en ese mismo país. El más grande tiene cincuenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho, es decir, abarca un área más extensa que la de la ciudad de Los Ángeles.

Un informe del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte concluye que «el sistema de campos de trabajo para prisioneros, tal y como ha funcionado en la RPDC durante unos cincuenta años, y como sigue funcionando hoy en día, constituye un claro y masivo crimen contra la humanidad».

Otro informe similar de la Comisión de Investigación de la ONU sobre los Derechos Humanos en Eritrea declara que «en los últimos 25 años se han cometido de forma generalizada y sistemática crímenes de lesa humanidad en centros de detención, campos de entrenamiento militar y otros lugares de Eritrea». 

«Se han cometido crímenes de esclavitud, encarcelamiento, desapariciones forzadas, tortura, persecución, violación, asesinato y otros actos inhumanos como parte de una campaña para infundir miedo, disuadir de la oposición y, en última instancia, controlar a la población civil eritrea desde que las autoridades eritreas tomaron el control del territorio en 1991», describe el documento.  

Los testimonios de los supervivientes, clave para la denuncia 

En Eichmann en Jerusalen, Hannah Arendt deja un espacio a la esperanza al concluir que el terror nunca logrará imponerse del todo puesto que «siempre quedará un hombre para contar lo que pasó». 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror, lo que permite recopilar pruebas que presentar frente a la negación permanente de los países que los albergan, lo que permite romper el muro del silencio que pretenden imponer. 

El testimonio de Shin, por ejemplo, fue clave en la comisión de investigación de la ONU que concluyó que Corea del Norte ha cometido crímenes contra la humanidad. 

También gracias a las manifestaciones de uigures en el exilio, que comenzaron a producirse de manera más organizada en 2018, la ONU reconoció y condenó la existencia de los campos de concentración en China. 

Es el valor de los supervivientes para contar su historia lo que permite que se conozca la existencia de estos lugares de horror

«A principios de 2018, un mundo atónito se enteró de las “escuelas” de Xinjiang. Las organizaciones de derechos humanos ya no eran las únicas que daban la voz de alarma. La perfecta superficie de China, protegida hasta ahora por su Gran Cortafuegos, comenzó a resquebrajarse cuando empezaron a aparecer en la prensa relatos dispersos de supervivientes e imágenes de denunciantes dieron la vuelta al mundo, de Canadá a China pasando por Estados Unidos. Miembros de la diáspora uigur se manifestaron en capitales europeas. Entre las banderas celestes del Turkestán Oriental, portaban fotos ampliadas de seres queridos desaparecidos desde hacía meses o incluso años», relata Gulbahar Haitiwaji. 

Es necesario seguir amplificando la voz de aquellos que más sufren la represión porque, como ya advirtió Primo Levi, «puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar».  

Erin Brockovich, la 'miss' que quiso proteger el agua

Una mujer sin formación ni experiencia previa en derecho lideró una de las mayores batallas medioambientales de Estados Unidos. La historia de Erin Brockovich se convirtió en símbolo de justicia ambiental y empoderamiento femenino.


Cuando Erin Brockovich, madre soltera, divorciada y participante habitual de concursos de belleza, comenzó a trabajar como asistente legal en un pequeño despacho de abogados de California, lo hizo sin saber que estaba a punto de destapar uno de los mayores escándalos ambientales del país. En 1993, revisando unos archivos de la empresa Pacific Gas and Electric Company (PG&E), descubrió numerosas facturas médicas asociadas a casos de personas enfermas que vivían en Hinkley, una pequeña localidad en el desierto de Mojave, en California.

Todos los casos tenían algo en común: los residentes sufrían enfermedades graves como cáncer de pulmón, problemas gástricos, trastornos reproductivos y fallos hepáticos. La empresa, encargada de una planta compresora de gas, había estado utilizando cromo hexavalente como inhibidor de corrosión en sus sistemas de refrigeración. Esta sustancia, altamente tóxica y cancerígena, se había filtrado al agua subterránea durante más de 30 años. Brockovich  se dedicó a estudiar los documentos, analizar las pruebas médicas y a entrevistar a las personas afectadas, descubriendo que la compañía sabía de la contaminación desde hacía años, pero había ocultado esta información tanto a las autoridades como a la comunidad. Lo que parecía un caso aislado se transformó rápidamente en una denuncia a gran escala contra la negligencia de PG&E que llegó a los tribunales.

Una indemnización histórica

Gracias a la perseverancia de Brockovich y del abogado Ed Masry, en 1996, tras un largo proceso judicial, PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua. Este acuerdo se convirtió en uno de los mayores pagos en concepto de daños por contaminación ambiental en la historia de Estados Unidos y supuso una media de más de medio millón de dólares por demandante, aunque las cantidades variaron según el grado de afectación. La indemnización cubría no solo los gastos médicos y pérdidas económicas de los afectados, sino también daños morales y psicológicos. Sin embargo, más allá de la compensación económica, el caso sentó un precedente en la lucha contra la contaminación industrial y en la defensa de las comunidades vulnerables ante grandes corporaciones.

PG&E accedió a un acuerdo extrajudicial en el que debía pagar 333 millones de dólares a las 634 personas afectadas por la contaminación del agua

El trabajo incansable de Brockovich, quien fue considerada una heroína por los afectados, dio visibilidad a los problemas ambientales que enfrentan muchas comunidades a nivel mundial e impulsó reformas en la vigilancia de contaminantes en el agua, presionó a agencias federales para aumentar la transparencia medioambiental y se convirtió en referente global del activismo ciudadano. La exposición mediática de la historia culminó con la película Erin Brockovich, protagonizada por Julia Roberts, quien ganaría el Óscar a Mejor Actriz, lo que amplificó aún más su mensaje de lucha por los derechos ambientales. 

Un modelo de activismo empoderado

Erin Brockovich ha seguido firme en su lucha como activista medioambiental, involucrándose en numerosos casos de contaminación industrial tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Actualmente, lidera Brockovich Research & Consulting, una firma dedicada a asesorar a comunidades afectadas por la contaminación, que brinda apoyo y orientación legal a quienes enfrentan situaciones de injusticia medioambiental. Además, colabora estrechamente con el bufete de abogados Weitz & Luxenberg en Nueva York y mantiene una alianza con Shine Lawyers en Australia, abordando denuncias sobre abusos medioambientales y la contaminación industrial.

Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios

En 2020 publicó Superman's Not Coming, un libro donde advierte que no podemos esperar que las instituciones solucionen todos nuestros problemas. Con un enfoque pragmático y directo, Brockovich anima a las personas a convertirse en «detectives ambientales» de sus propios barrios, a pedir informes, entender las etiquetas, hablar con los vecinos y exigir responsabilidades. La historia de Brockovich es también un reflejo de la importancia de las mujeres en la lucha por la justicia y de romper estereotipos desde el primer minuto. En un mundo en el que la credibilidad parecía estar reservada a quienes ostentan diplomas o trajes de chaqueta, ella reivindicó la fuerza del sentido común, la intuición y la indignación bien canalizada. Lo hizo con vaqueros y sin pedir permiso: su historia nos recuerda que los héroes del siglo XXI están más cerca de lo que pensamos.

El idioma: una frontera más para los migrantes

Han cruzado montañas, mares y desiertos con el objetivo de alcanzar un lugar seguro, reencontrarse con sus seres queridos, o persiguiendo una oportunidad laboral. Sin embargo, al llegar, muchas personas migrantes se encuentran con una nueva barrera inesperada: el idioma. Cuando uno no habla la lengua del país de acogida, todo se complica aún más, y el acceso a derechos básicos, como la sanidad, la educación o el empleo, se ve altamente limitado.


Cuando uno llega al país de acogida, suele pensar que lo más difícil ya ha pasado, que la peor de las travesías ya se ha quedado atrás. Sin embargo, existen fronteras más allá de lo geográfico, fronteras menos visibles, pero igual de limitantes. Una de ellas es la del idioma. Actualmente, en España hay 6.947.711 residentes extranjeros, es decir, el 14,13% del total de población. De esta cifra, hay un elevado porcentaje de personas que proceden de países de habla no hispana como, por ejemplo, Siria, Ucrania, Italia, Palestina o Marruecos, entre otros. Algunas de ellas llegan huyendo de conflictos en sus países de origen. En 2024, España registró un total de 167.366 solicitudes de asilo. Otras por motivos laborales, de estudio o por reagrupación familiar. Y todas se enfrentan a esta barrera que condiciona su vida diaria y sus oportunidades de integración.

La falta de conocimientos lingüísticos puede llevar a las personas a una situación de extrema vulnerabilidad. En el ámbito sanitario, por ejemplo, esta barrera puede dificultar los diagnósticos, entre otras cosas. En el año 2024, la ONG Accem, junto con la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, crearon un servicio de interpretación para paliar las consecuencias de la falta de una comunicación adecuada. Entre enero y noviembre del mismo año, el servicio atendió a más de 8.000 personas, lo que da cuenta de su utilidad. Lenguas como el bambara, el wólof o el soninké son las más solicitadas, según Accem.

Muchas de las personas migrantes en España proceden de países de habla no hispana como Siria, Ucrania, Argelia, Palestina o Marruecos, entre otros

El idioma también juega un papel crucial tanto en el ámbito laboral como en el educativo. Muchos empleos requieren el dominio del idioma local, por lo que muchas personas migrantes quedan excluidas de los trabajos más cualificados o con mejores condiciones laborales. La hostelería, la construcción y la agricultura son los sectores que más se nutren de trabajadores extranjeros. A pesar de que muchas personas llegan al país de acogida con formación y experiencia laboral adquirida en su país de origen, la dificultad para homologarlos hace que sus capacidades profesionales no lleguen a ser reconocidas. La UNESCO alerta de que solo un 7% de los refugiados en el mundo accede a educación superior, debido a factores como la falta de recursos y de soporte lingüístico o a la burocracia a la hora de homologar o reconocer credenciales previas.

Solo un 7% de los refugiados en todo el mundo acceden a educación superior debido, entre otras cuestiones, a la falta de recursos y de soporte lingüístico

La integración lingüística no es solo una herramienta práctica, sino también humana. Entender y ser entendido es un elemento clave para crear vínculos sociales y generar una red de apoyo y contactos, más allá del ámbito laboral. No poder comunicarse con compañeros o profesores impide crear redes de apoyo, lo que puede llevar a las personas migrantes a sentirse excluidas o dependientes. El aislamiento social, la sensación de soledad, la ansiedad o una baja autoestima son algunas de las consecuencias emocionales que puede provocar la barrera lingüística. 

 

El idioma forma parte de nuestra identidad, y nos aporta un lugar y un reconocimiento en la sociedad. Es una manera de estar presente, de tener voz, de sentirnos escuchados, valorados y comprendidos. Programas de aprendizaje, generar conciencia y empatía por parte de la población local y los servicios de interpretación son algunas de las acciones que pueden ayudar a mitigar el impacto que genera esta barrera. Así, poco a poco, conseguiremos que la integración de los migrantes sea más completa y el camino un poco más llano.