Autor: Ana García Abad

Basuras sin fronteras: el auge del tráfico ilegal de residuos

Este negocio clandestino se basa en trasladar desechos desde países ricos a regiones más vulnerables, gracias a rutas ocultas que ponen en jaque la protección del medioambiente y la salud a nivel mundial.


«Operación Custos Viridis» es el nombre de la mayor actuación internacional realizada hasta la fecha contra el tráfico ilegal de residuos, un negocio global que mueve desechos a menudo peligrosos a través de sofisticadas rutas intercontinentales, para reducir costes, eludir controles ambientales y maximizar beneficios. 

La Guardia Civil, con la coordinación de Europol, lideró una operación de tres años de investigación y culminada en 2025 que logró desarticular redes criminales dedicadas al tráfico de residuos en los cinco continentes. El balance, hecho público el mes pasado, deja cifras contundentes: 127.000 toneladas de desechos incautados valorados en 31 millones de euros y 337 detenciones, 41 de ellas en España. 

En una operación internacional se han incautado 127.000 toneladas de residuos ilegales, con un valor estimado de 31 millones de euros

Las investigaciones confirman que el tráfico ilegal de residuos opera a escala global gracias a circuitos paralelos. Según las autoridades, estas redes delictivas no solo se encargan de gestionar de manera irregular residuos urbanos e industriales, sino que además utilizan de forma sistemática la falsificación de documentos y prácticas fraudulentas para trasladar materiales peligrosos, lo que provoca un impacto ambiental significativo y supone un riesgo para la salud pública.

Entre los fenómenos detectados, destacan el aumento del comercio ilícito de gases refrigerantes procedentes de Asia y la exportación ilegal desde la Unión Europea de vehículos al final de su vida útil, textiles y residuos electrónicos hacia África, Asia e Iberoamérica. A nivel mundial, se incautaron 602 toneladas de agentes contaminantes, incluyendo mercurio, productos fitosanitarios y gases de efecto invernadero. 

Solo en España se intervinieron 250 vehículos importados de manera ilícita y más de 3.000 certificados falsos de descontaminación, además de más de 5 toneladas de gases refrigerantes y 77 de residuos ilegales. Según los informes policiales, el país desempeña «un rol estratégico complejo en este entramado, actuando simultáneamente como origen, tránsito y destino de residuos». Los puertos de Algeciras, Barcelona, Valencia y Santander son puntos críticos de entrada y salida de estas mercancías.

Las redes criminales no solo gestionan desechos, también falsifican documentos para mover materiales peligrosos

El pasado febrero, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publicó el informe Delitos y trata de residuos. En él se denuncia que estamos ante algo «increíblemente difícil de detectar, investigar y procesar» y que tiene graves consecuencias para el medioambiente, como la contaminación del agua, el suelo y los océanos, y la salud pública. 

Un paso decisivo para combatir este problema global pasaría por la creación de un marco sancionador común. Aunque instrumentos como el Convenio de Basilea (suscrito por más de 170 países) establecen principios compartidos, las diferencias entre legislaciones nacionales en cuanto a sanciones, controles y capacidad de aplicación siguen generando vacíos que aprovechan las redes ilegales. La implantación de un sistema homogéneo de infracciones y penas no solo contribuiría a cerrar estas brechas, sino que también evitaría el desplazamiento de residuos hacia países con leyes más laxas.

En un contexto de creciente presión ambiental y normativa, mientras muchos ciudadanos suman su colaboración para mejorar la gestión de los residuos, el tráfico ilegal de estos supone uno de los grandes retos más inmediatos. Es necesaria una respuesta coordinada, sanciones más homogéneas y una vigilancia real sobre las cadenas globales de producción y desecho para que, en la práctica, no resulte más barato traficar con residuos que cumplir la ley. 

Comidas escolares que fomentan el aprendizaje

La nutrición en los centros educativos es clave para la salud, el aprendizaje y la igualdad infantil, influyendo tanto en el desarrollo físico de los niños y niñas como en su maduración cerebral y rendimiento académico.


El mundo del mañana se forja en las manos de los niños y niñas de hoy, mientras que el futuro de estos, a su vez, depende en gran medida de algo tan básico como la alimentación. Sin una nutrición adecuada, no hay salud; sin salud, disminuye la capacidad de aprendizaje; y sin aprendizaje, las oportunidades se reducen drásticamente. 

Esta cadena de evidencias explica por qué los comedores escolares han dejado de ser un simple servicio complementario para convertirse en un eje estratégico dentro del sistema educativo. Lejos de la visión asistencialista de años atrás, hoy resulta evidente que lo que ocurre en el plato también repercute en el aula y, en última instancia, en el desarrollo integral de la infancia.

Invertir en alimentación infantil, además de ser una cuestión de salud pública, es una estrategia de educación

Cochrane, una red internacional independiente dedicada a producir y difundir evidencia científica para mejorar la toma de decisiones en salud, publicó a finales del año pasado una revisión sistemática sobre el impacto que tienen los programas de alimentación escolar. El análisis examinó hasta qué punto estas iniciativas pueden mejorar la salud física y psicológica de la infancia, especialmente entre quienes viven en contextos de vulnerabilidad socioeconómica. Para muchas familias, garantizar a sus hijos una alimentación nutritiva y equilibrada está lejos de ser una tarea sencilla, lo que convierte a los comedores de los colegios en una herramienta clave no solo para combatir la desigualdad, sino también para promover un desarrollo más saludable y equitativo. 

Son muchos los estudios que llevan años demostrando que una buena nutrición incide directamente en el rendimiento escolar, la concentración o la memoria. Revistas científicas han publicado investigaciones en las que se avala que una alimentación con un alto consumo de frutas, verduras, proteínas de calidad y micronutrientes esenciales (como el hierro y el omega-3) supone mejores resultados en matemáticas, comprensión lectora o pruebas de atención. Por el contrario, dietas basadas en ultraprocesados o en comidas con déficits nutricionales pueden repercutir negativamente en la memoria y la concentración. 

A partir de abril una nueva normativa fijará estándares nutricionales para los menús de los centros educativos

Estar en edad escolar supone encontrarse en pleno desarrollo, un fenómeno que también afecta al cerebro, ya que en los primeros años de funcionamiento precisa de un suministro constante de energía y nutrientes. Solo así puede consolidar conexiones neuronales, regular estados de ánimo y sostener una gran actividad intelectual. Por ello, invertir en alimentación infantil, además de ser una cuestión de salud pública, es una estrategia educativa que está íntimamente ligada con el futuro del mundo. 

En poco más de un mes, España dará un paso significativo a favor de la alimentación y el rendimiento escolar. En abril entrará en vigor un nuevo real decreto que establece normas de nutrición para los menús de los centros educativos. La norma toma como referencia iniciativas que ya han demostrado su eficacia, como los ​​«Ecocomedores de Canarias», un programa que desde hace una década mejora la calidad de la comida escolar al tiempo que promueve valores educativos y hábitos saludables a partir de una producción agraria ecológica y local. Este parece ser, sin duda, el nuevo rumbo a seguir: convertir la alimentación en una herramienta de equidad y en una inversión directa de la que depende el futuro de toda una generación.