Transición energética a la alemana: una carrera de obstáculos

Pocos días antes de que la activista sueca Greta Thunberg hiciese sonrojar a los líderes mundiales reunidos en Nueva York el pasado mes de septiembre, con motivo de la Cumbre de Acción por el Clima de la ONU, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció la puesta en marcha de un plan nacional de 54.000 millones de euros para combatir el cambio climático. La propuesta –que comprende un total de 70 medidas enfocadas a lograr el objetivo de reducir el 55% de las emisiones de CO2 de cara a la próxima década– fue uno de los planes más completos a nivel internacional presentado pocos meses después en la COP25 de Madrid.

Con el objetivo principal de eliminar el carbón totalmente en el año 2038, Alemania sigue avanzando en el proceso de transición energética que comenzó hace ya más de una década pero que, para algunas voces, no está teniendo ni el éxito ni la velocidad deseados. A continuación, se detallan algunas claves para entender los retos a los que se enfrenta este país centroeuropeo:

1. El Energiewende, de los 80 a la actualidad

En los años 80, Los Verdes acuñaron el término Energiewende para defender el abandono de la energía nuclear. En la actualidad, el concepto define la transición energética de Alemania hacia un modelo más sostenible apoyado en las renovables. No obstante, el verdadero cambio comenzó en 2010 cuando el Ministerio Federal de Economía y Tecnología aprobó el Energy Concept, un ambicioso marco regulatorio con el que el país se comprometía a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con tres horizontes: un 40% para 2020, un 55% para 2030 y alcanzar al menos el 95% en 2050.

Pero diez años después, el país centroeuropeo todavía parece estar demasiado cerca de la línea de salida. Para reactivar la transformación energética, la nueva hoja de ruta presentada por Merkel el año pasado hace hincapié fundamentalmente en un objetivo: impulsar la participación de las energías verdes en el sistema eléctrico germano, de forma que estas representen el 65% en 2035.

Energiewende se acuñó en los 80 para defender el abandono de la energía nuclear

Según datos del Fraunhofer Institute for Solar Energy Systems, en 2010 las renovables suponían el 36% del total del parque generador y generaban casi un 20% de la electricidad del país. ¿Cómo ha evolucionado Alemania durante la última década?

2. Adiós nuclear… ¿adiós carbón?

Tras el accidente nuclear en la central de Fukushima en el año 2011, Merkel decidió llevar a cabo, con el apoyo del 60% de la población, el llamado “Atomausstieg”, o lo que es lo mismo, romper definitivamente con la energía nuclear con una fecha en el horizonte: 2022. Esto ha tenido un claro efecto: en 2010, Alemania contaba con 21,5 GW de potencia nuclear instalada, mientras que en 2019 esa potencia solo sumaba 9,5 GW.

Esta apuesta por el adiós nuclear ha tenido una consecuencia irremediable: ha ralentizado el proceso de descarbonización del sistema eléctrico alemán. Si bien el objetivo del Gobierno alemán en esta década también ha sido reducir la dependencia de este combustible fósil, el apresurado abandono de la energía nuclear lo ha retrasado de forma tangible. En el año 2010, esta fuente tenía una representación en el parque generador alemán del 34% (52,9 GW) en cuanto a potencia instalada y generaba el 43% de la energía eléctrica. Nueve años más tarde, los números no han descendido todo lo deseado. La potencia bajó hasta el 20,8% (43,8 GW) y la generación marcó un 29,1% del total. Estos datos la convierten aún en la tercera fuente energética en potencia instalada y la primera en generación.

El carbón deberá desaparecer de la generación eléctrica en 2038

La fecha del Gobierno alemán para eliminarlo definitivamente de la generación eléctrica se sitúa en 2038 pero la realidad es inequívoca: el carbón sigue siendo imprescindible para la seguridad del suministro en el país alemán.

3. ¡Hola, renovables!

Además de perseguir el abandono de la nuclear y el carbón, el objetivo prioritario del gigante europeo ha sido potenciar las energías renovables, especialmente la eólica que es la principal materia prima del país. Y se ha conseguido en buena parte, ya que a cierre de 2019 estas tecnologías ya representaban el 58% de la potencia total instalada, haciendo posible que las fuentes verdes generasen el 46,1% de la electricidad. Con respecto a los valores de 2010, esto supone un aumento del 61% en potencia y de un 141% de participación en la generación. Además, en 2019 la eólica se ha consolidado como la principal tecnología en capacidad instalada del país por cuarto año consecutivo.

Pero no siempre sopla el viento a favor, ya que los datos de integración de renovables muestran que el crecimiento se ha ralentizado en los últimos tres años y los avances se están produciendo a un ritmo más lento. En el año 2010, Alemania contaba con 27 GW de energía eólica instalada y esta generaba el 7% de la energía eléctrica del país. Durante los siguientes seis años, la presencia de la eólica aumentó de manera exponencial: 55,6 GW de potencia instalada (duplicando la cifra de 2010) y su generación de electricidad se multiplicó por tres (24% del total). Sin embargo, entre 2017 y 2019, solo se integraron 5,2 GW de energía eólica, cuando lo necesario para cumplir el objetivo de 2035 sería crecer esa cifra de manera anual. La tendencia empieza a ser preocupante.

4. Se avecinan problemas… Seguridad del suministro y rechazo ciudadano

Las fuentes de energía verde generan el 46,1% de la electricidad

Pero en Alemania saben que ser verde no es un camino de rosas.  Por un lado, la eólica y, en general el desarrollo de las renovables afronta varios retos. Por un lado, los requisitos administrativos para poner en funcionamiento parques eólicos son cada vez más exigentes. A eso hay que añadir las protestas ciudadanas contra estas mega construcciones: cada obra superior a un gigavatio está condenada a afrontar una larga batalla judicial. En el estado de Baviera, por ejemplo, la ley exige que la distancia entre una turbina y la vivienda más cercana sea de 10 veces la altura del mástil, obligando además a pagar 10.000 euros por turbina instalada a la comunidad más cercana a esta.

Por otro lado, los alemanes también se enfrentan al reto de preservar la seguridad y calidad del suministro eléctrico. A la intermitencia natural que caracteriza a las renovables hay que añadir un factor geográfico: el potencial eólico se concentra en el norte, mientras que el sur del país aglutina a la industria, principal foco de la demanda. Para casar estas dos realidades de forma exitosa, Alemania debe reforzar su red de transporte de electricidad, que ya se encuentra altamente congestionada. Pero no está resultando tarea sencilla ya que existe gran oposición ciudadana –y va en aumento- a la construcción de nuevas líneas.