Autor: Ignacio Hernández

¿Qué hará Europa con respecto al clima en 2021?

El compromiso de la Unión Europea (UE) con el clima, lejos de resquebrajarse por la pandemia, parece haberse fortalecido en los últimos meses. Con un presupuesto de 1,8 billones de euros, la UE ha elaborado su plan de reconstrucción entorno al European Green Deal o Pacto Verde Europeo. Consolidado en 2019, este gran proyecto a largo plazo se plantea como el plan para construir una sociedad «sana, sostenible y próspera con una economía resiliente que trabaje para las personas y la naturaleza», a través de la creación de nuevos empleos verdes, de la restauración de la biodiversidad, de relanzar una industria sostenible y transitar hacia un modelo de economía circular, entre otros objetivos.  Este año supone el pistoletazo de salida para una etapa completamente nueva en la que Europa pretende alcanzar la neutralidad climática para 2050, pero ¿por dónde empezar? 

El Pacto Europeo por el Clima, anima a todos los actores de la sociedad civil a unirse a la lucha climática

Del mismo modo que la colaboración ha sido la única forma de conseguir una vacuna en tiempo récord, la UE entiende que, si queremos lograr una transformación real, debemos remar en la misma dirección. Con esta idea y en el marco del European Green Deal, el pasado mes de diciembre se lanzó el Pacto Europeo por el Clima, una iniciativa que anima a todos los actores de la sociedad civil a unirse a la lucha climática. «El Pacto Europeo por el Clima reunirá a quienes quieran tomar medidas por nuestro planeta. Con el Pacto, queremos ayudar a todas las personas en Europa a actuar en su vida cotidiana y darles la oportunidad de participar en la transición verde e inspirarse mutuamente. Cuando se trata de abordar el cambio climático, cualquiera puede actuar y contribuir», afirma el vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea para el Pacto Verde Europeo, Frans Timmermans.

Esta gran plataforma abierta y en constante evolución pretende fomentar el intercambio de información, el debate y las acciones concretas para apoyar a empresas, gobiernos locales, industrias y ciudadanía en la transformación verde de Europa. En su primera etapa, los esfuerzos se centrarán en cuatro grandes áreas que, según recoge la propia web de la Comisión Europea, «ofrecen beneficios inmediatos no solo para el clima y el medio ambiente, sino también para la salud y el bienestar de los ciudadanos»: zonas verdes, transporte verde, edificios eficientes y habilidades verdes.

Más zonas verdes para combatir el cambio climático

Los árboles son la máquina perfecta en la lucha contra el cambio climático: absorben CO2 y expulsan oxígeno. Por ello, la UE planea plantar al menos tres millones de árboles para 2030. También se impulsan iniciativas como la herramienta Ciudad Verde, que permite a cualquier ciudad autoevaluar su grado de sostenibilidad ofreciendo información, guías y consejos para reinventar el urbanismo en su versión más verde; o el programa LIFE, que este año recibe un 37% más de fondos para poner en marcha 120 proyectos nuevos dirigidos a la restauración medioambiental de Europa.

El impulso del transporte sostenible

La movilidad es una de las áreas que se han visto más afectadas por la pandemia. Un hecho que ha propiciado la aparición de nuevas tendencias, como el resurgir de las bicicletas en muchas ciudades europeas, que plantean la situación actual como un buen punto de partida para reinventar la movilidad de forma sostenible. Este año 2021 ha sido declarado por la Unión Europea como el Año Europeo del Ferrocarril, una iniciativa que pretende estimular la utilización de un medio de transporte electrificado y que apenas representa el 0,4% de las emisiones generadas por el transporte en la UE —que suponen un 25% sobre el total—. Además, esta declaración coincide con la implementación del cuarto paquete ferroviario que busca construir un Espacio Ferroviario Europeo totalmente integrado.

Edificios inteligentes y más eficientes

La UE rehabilitará 35 millones de viviendas para 2030

El temporal Filomena en España ha destapado algunas carencias energéticas y de confort de los hogares. Frente a un futuro en el que presumiblemente pasaremos más tiempo en nuestras casas y en el que los fenómenos extremos proliferarán, el aprovechamiento energético y la reinvención del espacio son dos prioridades clave. 

Según datos de la Comisión Europea, actualmente cerca del 75% del parque de edificios es ineficiente desde el punto de vista energético. Una cifra que pretende revertir mediante la iniciativa Ola de Renovación, que tiene como objetivo rehabilitar 35 millones de edificios para 2030. Por otro lado, se ha puesto en marcha el diseño de la Nueva Bauhaus Europea, un espacio de encuentro para reinventar los espacios para las nuevas formas de vida con la tecnología y la sostenibilidad como pilares.

Nuevos empleos con habilidades verdes

El trabajo se ha llevado una de las peores partes de la pandemia con más de 360.000 empleos destruidos solo en España. Sin embargo, la transformación ecológica, por la que está apostando Europa en su reconstrucción, abrirá nuevas oportunidades que necesitarán una importante fuerza laboral para salir adelante. En este marco, el fomento de capacidades verdes que respondan a las necesidades de estos nuevos empleos será prioritario.

El Fondo Social Europeo se centrará en la recapacitación laboral para la transición verde

Así, en 2021 la Agenda Europea para las Capacidades arranca con el Pacto por las Capacidades, una iniciativa que pone en común a empresas, trabajadores y gobiernos para profundizar en el desarrollo de habilidades ecológicas y empezar a crear un ecosistema europeo de industrias y empleos verdes. Además, el Fondo Social Europeo se centrará en la recapacitación de aquellas personas a las que reinventarse o acceder al mercado laboral les resulte más difícil. Un proyecto que tiene como objetivo formar a cinco millones de personas.

La pequeña isla del Atlántico que intenta proteger los océanos del planeta

En la cumbre del clima de Nueva York de 2019, Greta Thumberg, una adolescente de 16 años, dejó perplejo al mundo con sus palabras a los líderes y altos cargos de decenas de países: “Todavía no son suficientemente maduros como para decir las cosas como son”. Nunca se sabrá el impacto real de ese discurso en las mentes de los gobernantes mundiales, pero ese momento hizo creer que, a veces, los grandes cambios también pueden ser impulsados por actores pequeños. Tristan da Cunha, una pequeña isla en mitad del océano Atlántico Sur y territorio británico de ultramar, con tan solo 246 habitantes, ha anunciado que creará la cuarta área marítima protegida más grande de la Tierra. ¿Cómo una población tan diminuta puede lograr semejante hito?

Tristan da Cunha creará la cuarta área marítima protegida más grande de la Tierra

Este enclave es la isla habitada más remota del planeta, ya que se encuentra a 2.400 kilómetros de tierra firme. Para ponerlo en perspectiva, la extensión de este enclave es una décima parte de la ciudad de Londres. Sin embargo, con sus 740.000 kilómetros cuadrados de zona marítima, ocupa más de tres veces la superficie de todo el Reino Unido. Ahora, el 90% de este vasto territorio oceánico pasa a convertirse en zona protegida.

“Tristan da Cunha es un lugar como ningún otro. Las aguas que rodean este remoto territorio de ultramar del Reino Unido son algunas de las más ricas del mundo”, asevera Beccy Speight, la directora de RSPB, la ONG internacional para la protección de la vida salvaje que lleva trabajando más de 20 años con las autoridades isleñas y británicas, National Geographic y la Blue Marine Foundation para hacer realidad este hito medioambiental. Unas palabras ponen de manifiesto la realidad: la zona del archipiélago que componen la isla principal y sus satélites –declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco–, alberga el 90% de la población global de pingüinos de penacho amarillo norteños y el 80% de los lobos marinos subantárticos. Ambas especies están en peligro de extinción, al igual que las ballenas francas australes y otras aves endémicas que solo existen en la zona, como el petrel de anteojos.

Con la creación de este área, las actividades extractivas como la pesca de arrastre de fondo o la minería en alta mar quedan prohibidas, protegiendo así el sustrato biológico del fondo oceánico, el primer y más importante eslabón para la cadena trófica marina y la supervivencia de la vida marina. Sin embargo, ¿qué pasa con la economía de la isla, que depende prácticamente en su totalidad de la pesca?

Un modelo económico sostenible

“El mar es un recurso vital para nuestra economía y nuestra supervivencia a largo plazo”, explica James Glass, el Gobernador de la Isla, entendiendo que, para preservar su modo de vida en el tiempo, es prioritario proteger la biodiversidad de la zona. “Nuestra vida en Tristan da Cunha siempre se ha basado en nuestra relación con el mar, y eso continúa hoy. La comunidad de Tristan está profundamente comprometida con la conservación”, añade. 

La isla también ha declarado más del 50% de su pequeño territorio zona protegida

De hecho, el compromiso de esta aislada comunidad no solo se limita a las aguas, sino que, de la pequeña porción de tierra que compone la isla, más del 50% ya ha sido declarado zona protegida. Con este escenario, la protección medioambiental complica la supervivencia económica. Según explica Glass, el salario medio en la comunidad, una vez se extraen los impuestos, ronda las 275 libras al mes, a lo que se debe añadir la desventaja de su difícil accesibilidad, que implica un sobrecoste en la importación de bienes de entre un 75% y un 90% con respecto a Londres. Para hacernos una idea de lo aislada que está esta pequeña población,un dato: tan solo viajan a Tristan da Cunha ocho barcos al año con un máximo de 12 pasajeros, trayectos que a partir de ahora serán todavía más reducidos debido a las restricciones.

Por este motivo, se ha decidido que una porción de su territorio marino se destinará a la pesca de la langosta de roca de Tristan (Jasus tristani), una actividad que supone el 80% de los ingresos de la comunidad y que cuenta con el certificado de pesca sostenible de la organización para la protección de los mares Marine Stewardship Council (MSC).

Un ejemplo a seguir

Este aplaudido hito medioambiental podría suponer el principal punto de inflexión en la construcción del Cinturón Azul o Blue Belt, un ambicioso proyecto con el que el Reino Unido pretende construir cuatro millones de kilómetros cuadrados de áreas protegidas a través de sus territorios de ultramar. De esta forma, Londres pretende alcanzar el objetivo de proteger el 30% de los océanos para 2030, una iniciativa a la que esperan se sumen otras potencias en línea con las metas descritas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Londres se fija el objetivo de proteger el 30% de los océanos para 2030

“Nuestro bienestar, futuro económico y supervivencia, dependen de las decisiones que tomemos ahora sobre el mundo natural. Necesitamos políticos que emulen el liderazgo de esta pequeña comunidad para ayudarnos a construir el mundo en el que todos queremos vivir”, reivindica Speight. Tristan da Cunha ha conseguido crear la cuarta área marina protegida más grande de la Tierra, recuperando la idea de que, a veces, son los más pequeños quienes abren los grandes caminos.