Las actividades extraescolares, un indicador de desigualdad

En España, la falta de refuerzo gratuito en los centros educativos alimenta un mercado de clases privadas que excluye a los niños de rentas más baja. Instituciones y familias recuerdan que una mayor oferta pública ayudaría a cerrar la brecha de desigualdad.


Cuando termina la jornada escolar de la mañana, empieza otra que no todos los estudiantes pueden permitirse. España es uno de los países desarrollados que menos clases de repaso gratuitas ofrece: lo hace el 40% de los centros de secundaria, 25 puntos por debajo de la media de la OCDE. Esta falta de oferta pública engorda el sector de las extraescolares privadas, al que las familias destinaron 1.700 millones de euros en 2021, mientras deja a muchos chicos y chicas fuera. Madrid es un ejemplo: tras recortar el presupuesto destinado a estas clases, este curso solo han accedido a ellas un 21% del alumnado. 

La mayoría de los estudiantes (76,7%) realiza alguna actividad extraescolar hasta cuatro días por semana, solo un 26,7% en su propia escuela. Las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso. En Cataluña, por ejemplo, el 45% de niños y adolescentes con menor nivel económico no hace ninguna actividad extraescolar deportiva, y un 70% no hace extraescolares no deportivas. Entre las familias favorecidas, esos porcentajes se invierten: el 80% hace deporte y el 55% participa en alguna extraescolar de otro tipo.

La mayoría de los estudiantes realiza alguna actividad extraescolar, pero las desigualdades económicas marcan fuertemente el acceso

Un estudio de Esade de 2013 ya mostraba que la renta condiciona el tipo de actividad: mientras las familias de ingresos bajos centran sus esfuerzos en igualarse con clases de refuerzo educativo, las de rentas medias y altas eligen actividades que aporten oportunidades de crecimiento y diferenciación (idiomas, artes, deportes especializados…). «Las personas con menor nivel económico tienen mayor riesgo de fracaso escolar; por tanto, serían potencialmente quienes tendrían mayor necesidad de acceder a estos servicios de refuerzo. Al tratarse de servicios caros son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destacó Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona, durante la presentación del informe de Esade. 

«El éxito educativo no debería depender del bolsillo de las familias», añade Mª Carmen Morillas, de la Asociación de Padres y Madres Giner de los Ríos, que cree que todo lo académico debería resolverse dentro del centro, un espacio en el que tendría que haber igualdad de condiciones. Critica que España tenga uno de los horarios lectivos más largos de Europa, algo que vulnera el derecho de la infancia al ocio y al juego. «Hay niños y niñas que tienen jornadas más amplias que las laborales de los adultos», explica. 

«Las personas con menor nivel económico son quienes tendrían mayor necesidad de refuerzo, pero son precisamente quienes tienen más dificultades de acceder», destaca Álvaro Choi, de la Universidad de Barcelona

La OCDE señala que invertir en educación temprana y programas extraescolares públicos reduce desigualdades. Las actividades extraescolares no solo sirven de repaso: son un espacio donde practicar el derecho a la participación infantil, como recuerda Save The Children, algo fundamental teniendo en cuenta que la exclusión temprana fomenta la desafección con los centros educativos.

El papel de la administración local

María Truñó, del Ayuntamiento de Barcelona, señala que la desigualdad es doble: de acceso y de elección, y reclama políticas que refuercen el papel igualador de la educación. Su consistorio impulsa la Estrategia de tardes educativas, que garantiza dos tardes semanales de actividades para niños de 6 a 16 años, priorizando a los más vulnerables. Truñó explica que tratan de garantizar diversidad, calidad, asequibilidad (mediante becas públicas) y proximidad para fortalecer la comunidad y mitigar la segregación. 

A escala estatal, destaca el programa PROA/PROA+, orientado a centros con mayor complejidad educativa y financiado con fondos europeos. Fuera de España, otros países muestran caminos posibles: EE. UU., con programas como After School All Stars; India, con fundaciones como Parikrma; o varios países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Grecia, Chipre y Portugal con modelos de escuela de jornada completa que integran actividades adicionales y cuidado y apoyo extracurricular, favoreciendo un acceso universal que lime las desigualdades desde la escuela.