Autor: Alberto Gago

Mamá, quiero un juguete inclusivo

A la hora de socializar y desarrollarse, el juego desempeña un papel esencial en la vida de los niños, pero ¿pueden los juguetes impulsar también la integración social y la diversidad?


Los juguetes que hemos tenido en nuestra infancia nos han dejado una huella que va mucho más allá de los momentos de ocio, aunque quizá no seamos del todo conscientes de ello. Su papel es clave en el desarrollo de todo ser humano, ya que contribuyen a adquirir habilidades sociales y emocionales desde las primeras etapas de la infancia. 

Ya a principios del siglo XX, con el surgimiento de nuevas corrientes educativas como Montessori o Waldorf, comenzó a cambiar la concepción del juego, que empezó a entenderse como un espacio para la creatividad, la imaginación y la libre expresión, convirtiendo los juguetes en nuevas herramientas de aprendizaje. Tal es su importancia que en 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó el «juego» a la categoría de derecho de la infancia y estableció el deber de los adultos de protegerlo. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos aspectos como la inclusión o la diversidad quedan relegados a un segundo plano en los juguetes que encontramos en el mercado, pese a su relevancia a la hora de que los niños construyan su identidad social.

¿Qué es un juguete inclusivo?

Ana Mata, coordinadora de la Guía de AIJU Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, define los juguetes inclusivos como «aquellos accesibles, adaptativos y que permiten una interrelación entre los niños sin los prejuicios de la discriminación, mostrando la diversidad como algo natural».

El juguete inclusivo es accesible, adaptativo y permite establecer relaciones en la infancia sin los prejuicios de la discriminación

Los primeros esfuerzos de los fabricantes de juguetes para poder ofrecer juguetes inclusivos se dirigieron a reducir los sesgos de género. Así, compañías como Moltó, El Corte Inglés o incluso la empresa de productos de limpieza y del hogar Vileda incorporan desde hace varios años la imagen tanto de niños como de niñas en sus campañas publicitarias de juguetes simbólicos como cocinitas, planchas, supermercados o sets de limpieza, desvinculando así estos productos de los estereotipos de género.

La diversidad racial también es cada vez más habitual en los estantes de las jugueterías. Un ejemplo de ello es Mattel con su muñeca Barbie, que ya cuenta con 22 versiones de diferentes etnias, 35 tonos de piel y nueve tipos de cuerpo distintos. Otra línea de muñecas de este fabricante, Monster High, pone el foco en la diversidad de sus personajes con el «objetivo de crear un mundo en el que todos y todas puedan sentirse orgullosos de ser ellos mismos». Una misión que refuerzan mediante iniciativas como el Proyecto Pertenencia, que proporciona ayuda a los niños y niñas para conectar con sus comunidades y crear vínculos, o su asociación con organizaciones como la Fundación Anar, que busca educar a niños y niñas en la tolerancia y el respeto.

La diversidad más allá del género y la raza

Han transcurrido ya más de diez años desde que la empresa Famosa lanzara al mercado «La Consulta Médica de Nenuco», que consistía en un muñeco con ambliopía (ojo vago) al que había que tratar con un parche y gafas correctoras. Con el tiempo, este juguete evolucionó, dando lugar a nuevas versiones, como bebés con implantes cocleares o con síndrome de Down. 

A pesar de la mayor presencia de juguetes inclusivos en el mercado, todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social

Pero no es la única compañía que ha incorporado diversidades funcionales y sanitarias en sus muñecos a lo largo de los años. Marcas como Miniland cuentan con juguetes en los que los más pequeños pueden ver reflejadas realidades como el vitíligo, la discapacidad motora —con muñecos en silla de ruedas— o la discapacidad visual. Otros fabricantes también han lanzado al mercado ediciones de su muñeca con diferentes patologías, como la diabetes.

Aunque estos juguetes inclusivos han ayudado a normalizar la diversidad y fomentar la empatía, a día de hoy aún hay niños y niñas que se ven excluidos de los juguetes que existen en el mercado. Así lo afirma un estudio de 2024 de la Confederación de Organizaciones Familiares de la Unión Europea (COFACE Families Europe), que pone de manifiesto que los juguetes inclusivos no son lo suficientemente accesibles y que todavía no existe una adecuada representatividad de la diversidad social. 

Este hecho demuestra que, pese a los pasos dados por la industria hacia la diversidad y la inclusión, aún son casos minoritarios que requieren mayor presencia y protagonismo para integrarse plenamente en la realidad social que representan. Solo así conseguiremos que algún día la etiqueta de «juguete inclusivo» desaparezca para convertirse simplemente en lo que siempre debieron ser: juguetes.

El robo del patrimonio cultural también lo es de la identidad colectiva

El robo de patrimonio histórico y artístico ha plagado de trágicos episodios la historia de la humanidad. Conocer el daño e impacto global que estas acciones generan en la sociedad resulta fundamental para entender el fenómeno y sus consecuencias.


El romanticismo que envuelve al robo de arte ha sido alimentado por múltiples historias cinematográficas que, calando en todos los públicos, han llegado a generar una idílica concepción del delincuente de cuello blanco, encarnado por reconocidos rostros como Sean Connery, Catherine Zeta-Jones, George Clooney o Pierce Brosnan, entre otros muchos de la historia del cine. 

Pero cuando el robo de patrimonio artístico sucede no ya en la ficción, sino en la realidad, genera un importante impacto en la memoria colectiva. El patrimonio cultural, histórico y artístico constituye un hondo tejido identitario y un testimonio esencial de cualquier sociedad. Es una memoria ancestral que nos dibuja y recuerda los esbozos más esenciales de nuestro ser como individuos y como sociedad; la llave maestra para entender de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Un delito recurrente en la historia de la humanidad

El pasado 19 de octubre, en el Museo del Louvre de París se produjo, en tan solo ocho minutos, la sustracción de ocho piezas de joyería pertenecientes a la Corona francesa y al Imperio Napoleónico, todas ellas de un incalculable valor tanto económico como social y cultural. «Un golpe al corazón del patrimonio nacional»: esa fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó a este robo. 

«Un golpe al corazón del patrimonio nacional» fue la calificación que el Ministerio de Cultura francés otorgó al reciente robo ocurrido en el Museo del Louvre

Este hecho sucedido en Louvre no ha sido ni el único ni el más importante en lo que se refiere a la historia de los robos de arte. En el robo en el Grünes Gewölbe (Bóveda Verde) del Castillo de Dresde (Alemania) en 2019, los ladrones lograron apoderarse de numerosas piezas de la joyería real sajona, como broches de diamantes pertenecientes a la monarquía polaco-sajona de los siglos XVIII y XIX. Destacado también por su incalculable valor y daño espiritual al país fue el saqueo de la Bóveda Real de Kandy (Sri Lanka, 1961), donde la corona del rey Rajasinghe II, la pieza central del legado monárquico cingalés, desapareció.

En nuestro país también hemos tenido emblemáticos episodios de robos patrimoniales. Ejemplo de ello fue la sustracción en 2011 del Códice Calixtino  en  la Catedral de Santiago, un incunable del siglo XII, referente bibliográfico del Camino de Santiago que desapareció del archivo catedralicio. Se recuperó un año después: estaba en el garaje de un antiguo empleado de la Catedral.

La importancia de la protección de la identidad cultural

Este tipo de actos son un claro atentado contra las raíces de un pueblo. Privan a las sociedades de sus referentes, destruyen contextos y generan una grieta irreconstruible entre generaciones. Reconocer la importancia y el valor histórico de una obra artística emblemática, un yacimiento arqueológico o una obra pictórica de renombre es tan importante como reconocernos a nosotros mismos como pueblo y como cultura. Es asumir que todos los elementos que integran este patrimonio se constituyen en una memoria tangible de identidad colectiva.

La desaparición de obras de arte, bienes culturales o históricos priva a las sociedades de sus referentes, destruye contextos y genera una grieta irreconstruible entre generaciones

Por ello, cada vez más instituciones públicas y privadas han comenzado a realizar una labor de adecuación y protección de nuestro patrimonio histórico, estableciendo alianzas comprometidas con su defensa y protección. Ejemplo de ello son las actuaciones llevadas a cabo por Red Eléctrica, que ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales en todo el territorio nacional en los últimos años. Gracias a ellas, se han hallado más de 40 yacimientos arqueológicos relevantes. Una labor que incluye desde prospecciones y controles arqueológicos y paleontológicos; sondeos y excavaciones; acciones de puesta en valor de elementos patrimoniales; restauración y musealización. De esta forma se establece la protección del patrimonio cultural artístico e histórico del país como elemento clave y fundamental en el diseño y construcción de las instalaciones de las redes eléctricas nacionales.

Fruto de esta estrategia de impacto integral, desde Red Eléctrica se han promovido iniciativas como la reciente colaboración con el Museo Arqueológico Nacional en la difusión de la cultura de Argar de la Edad de Bronce, a través de la exposición La Princesa de los Cárpatos. Oro argárico de San Antón. En este marco de trabajo, a lo largo de 2025 Red Eléctrica ha contribuido a la adquisición de la mayor colección en manos privadas de objetos de la cultura argárica, con 3.000 elementos, para ponerla a disposición del público a través de un convenio de colaboración con el Centro de Interpretación de la Cultura del Argar en Antas, Almería.

Condorcet, el volcán cubierto de nieve precursor de los movimientos sociales

Los movimientos sociales de hoy se conformaron como tenues pero valientes llamas al calor  de la Ilustración de la mano de visionarios como Nicolás de Condorcet.  El Siglo de Luces, y de sombras, del que emanaron ideas de progreso, por las que hoy se sigue luchando.


No todo el mundo puede presumir de tener su nombre en un astro y perpetuar así su identidad a través del tiempo y el espacio. Esto sucedió con Nicolás de Condorcet, un filósofo, científico, matemático y politólogo francés a quien las circunstancias de su tiempo no le fueron lo suficientemente justas, pese a luchar sin denuedo por la igualdad real y la justicia social.  Un legado que quiso reconocer la Unión Astronómica Internacional en 1935 asignado su nombre a un cráter de la cara oculta de la Luna. 

Los comienzos de Condorcet

En el discurrir del Siglo de las Luces, emergieron corrientes, ideas, y profundos cambios sociales inspirados por grandes personajes que hoy siguen influyendo en nuestros días.  Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como Nicolas de Condorcet (1743-1794) fue uno de ellos.

Irrumpió en la escena ilustrada francesa, rompiendo con sus propios moldes familiares. Hijo de militar, del cual quedó huérfano a las pocas semanas de nacer, renunció pronto a la carrera castrense y dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las cuales aplicó a la teoría política, filosofía y a la ciencia social, convirtiéndose en un renombrado filósofo, teórico y humanista.

Como todo ser humano, sus circunstancias vitales fueron las que marcaron su carácter y dirección. Desde muy pequeño fue sometido a una estricta educación jesuita en Reims, donde no solo destacó rápidamente como un gran estudiante, sino que también desarrolló una profunda convicción sobre la necesidad de alejar la religión de la educación.

No hay nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente

Un personaje cuya explosiva personalidad determinó sus planteamientos llegando a ser definido en plena Ilustración francesa como «un volcán cubierto de nieve». Julie de Lespinasse, aristócrata organizadora de célebres reuniones de élites en el París ilustrado del siglo XVIII, afirmó: «Condorcet, esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres...».

Vehemente en sus respuestas pero racional en su contenido, es considerado como uno de los precursores de los grandes movimientos sociales que hoy siguen en lucha. Condorcet defendió el feminismo, la igualdad y la reforma educativa, sugiriendo que la enseñanza, debía de ser pública, gratuita e impartida a niños y niñas por igual, para de esta forma  erradicar la idea de la época de que las mujeres eran menos instruidas.

Igualdad y educación como núcleo central del progreso

No tenemos que mirar muy lejos para hablar del sufragio femenino, teniendo que entrar el siglo XX para que las primeras mujeres europeas pudieran ejercer su derecho a voto.

Sin embargo, ya en 1790 Condorcet publicaba su obra Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, defendiendo la igualdad de mujeres y hombres de forma natural, convirtiéndose en uno de los pioneros del feminismo: «O ningún miembro de la raza humana tiene derechos, o todos tienen los mismos; y cualquiera que vote en contra de los derechos de otro, sea cual sea su religión, color o sexo, pierde automáticamente los suyos»

Su obra resultó determinante para abolir la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas dos siglos después de su muerte

Por ello, este volcán inerte en ocasiones y furioso por momentos, consideró que no había nada más esencial e imprescindible como la educación para que el progreso social y la democracia se desarrollen plenamente. Defendiendo postulados que hoy en día se encuentran en plena actualidad social, Condorcet postulaba una educación igualitaria, pública y obligatoria. Según el autor, la educación serviría de barrera frente al monopolio de valores y pensamientos, y sería la única forma de generar en la ciudadanía un pensamiento ilustrado y dominado por la razón. «Ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos», afirmaba en sus escritos. 

El atrevimiento en los planteamientos que defendía no se frenó aquí. Condorcet también destacó por su ferviente oposición a la esclavitud colonial y su incansable lucha por la abolición de la pena de muerte. Su obra Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicada en 1781, resultó determinante para abolir definitivamente la esclavitud en la Asamblea General de Naciones Unidas en el siglo XX.

Sin embargo, esta implacable defensa de los derechos humanos convirtió a este ilustrado en víctima de la Revolución Francesa. En 1794 fue encontrado muerto de forma misteriosa en su celda, 48 horas después de ser arrestado por los jacobinos en Clamart por, entre otras razones, oponerse a la pena de muerte. Un final que no logró silenciar sus ideas ni enturbiar su legado, que ha llegado hasta nuestros días más vivo y actual que nunca; marcando el inicio de movimientos sociales basados en la igualdad de oportunidades de todos los seres humanos con independencia de su sexo, nacionalidad, origen o condición.