Cómo diseñar una ciudad (energéticamente) inteligente

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«La humanidad se enfrenta al colosal reto de acoger a más de dos mil millones de personas extra en las ciudades en 2050, lo que equivale a crear metrópolis del tamaño de Londres o San Francisco cada mes durante las próximas dos décadas». El Foro Económico Mundial reconoce así la titánica labor a la que tendrán que enfrentarse las grandes urbes en los próximos años para, según se especifica, «dar alojamiento, alimento y trabajo a toda esa gente, las ciudades tendrán que hacer más con menos, tendrán que ser más inteligentes, más verdes y más eficientes». Según Naciones Unidas, en poco más de treinta años la población de las ciudades equivaldrá a la población mundial que había en 2002. Ante este escenario, la innovación se plantea como única vía posible para dar cabida a los nuevos habitantes y a las nuevas estructuras sociales.

En la actualidad, las grandes ciudades están pensadas y diseñadas para los coches. Basta fijarse en los grandes ejes principales de las ciudades, que suelen ser vías con poco espacio para el peatón. Así se idearon las primeras urbes modernas, pero nuestra forma de vida y de entender el entorno ha cambiado radicalmente desde entonces. Ahora, las administraciones buscan adaptarse a las nuevas realidades reestructurando las metrópolis para hacerlas más humanas, más sostenibles e inteligentes. Por ello, la Comisión Global sobre el Futuro de las Ciudades y el Urbanismo del Foro de Davos ha recogido diez iniciativas ya en marcha que están demostrando que las ciudades pueden mejorar la vida de sus residentes a la vez que impulsan de manera sostenible el desarrollo económico.

Del estudio de todos los proyectos, la comisión global extrae cuatro principios fundamentales que se erigen como estrategia sobre la que se deberían cementar todas las soluciones innovadoras para combatir problemas urbanos tan complejos como los altos índices de precariedad, la infravivienda o la gentrificación. En primer lugar, las metrópolis sostenibles del futuro deben fundamentarse en el despliegue de todos los recursos infrautilizados –la economía circular entra aquí en juego: reutilizar, reciclar y suprarreciclar; dándole nuevos usos a los edificios vacíos, por ejemplo–. Pero también en la reducción de los picos de consumo de energía con tecnología que permita gestionar mejor ese 20% de la capacidad energética que permanece inactiva durante la mayor parte del día. Además, el rediseño de las pequeñas infraestructuras cobra en las ciudades del futuro más relevancia que nunca: añadir más (y mejor pensados) carriles bici, fomentar iniciativas de movilidad (ya sean bicicletas, patinetes, coches o motos) compartida o proyectos de siembra de árboles y vegetación adecuada que ayuden a combatir los problemas de contaminación. Todo sin olvidar la importancia de la innovación tecnológica, de servicios y de gobernanza centrada en las personas que no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un medio para dar forma a la urbe y mejorar las vidas de la ciudadanía en su conjunto, sin hacer distinciones por edades o capacidades.

Asimismo, una ciudad (energéticamente) inteligente ha de gestionar no solo la energía, sino también el agua, los residuos y el resto de los recursos, de manera sostenible. En este aspecto, la gestión eficiente del agua es uno de los grandes desafíos que se derivan del cambio climático y de la sobrepoblación de las urbes. Así, sistemas como el waternet o el internet de tuberías se presenta casi como una obligación para cualquier ciudad inteligente. Estos modelos de gestión de agua inteligentes usan sensores en las cañerías que monitorizan el flujo y gestionan el ciclo del agua completo, proporcionando agua sostenible para cubrir tanto las necesidades humanas como las ecológicas. Su éxito es tal que la localidad de Queensland, en Australia, ha conseguido reducir sus pérdidas de agua en mil millones de litros en tan solo un año, es decir, se ahorró 1,9 millones de dólares gracias a un sistema inteligente de gestión.

En esta línea, existen ya proyectos de cogeneración (co-generating), cocalefacción (co-heating), corefrigeración (co-cooling) e instalaciones de captura de CO2 compartido que mejoran la eficiencia de los edificios al aprovechar el calor que se desperdicia al generar energía para calentar o enfriar los hogares. Con todo, cada nueva iniciativa que convierte los núcleos urbanos en lugares más amables y sostenibles hace que las ciudades inteligentes ya no formen parte de un futuro distópico, sino de una realidad cada vez más consolidad.