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Insecticultura: la práctica de cultivar bichos

La insecticultura o ganadería de insectos está en auge y no es de extrañar. Integrar los insectos en nuestra dieta diaria puede ayudar a mitigar el cambio climático, además de ser beneficioso para la salud. 


El inicio de la agricultura fue uno de los eventos más importantes en la historia de la humanidad. Nos permitió producir nuestro propio alimento y controlar las cosechas. Actualmente, otra nueva práctica se está extendiendo por todo el mundo, una que, en un contexto de crisis climática, puede llegar a modificar nuestra forma de alimentarnos. Hablamos de la insecticultura o ganadería de insectos.

En muchos países, los bichos son un alimento muy común. Aunque en España esta práctica aún produce choque cultural, en nuestro país existen ejemplos de ganadería de insectos, y muchas de estas empresas forman parte de Apoinsecta, la Asociación Profesional Nacional para la insecticultura en España. Pero ¿qué es exactamente la insectitultura? 

La ingesta de insectos como fuente de proteína reduciría en gran cantidad los gases de efecto invernadero

Esta práctica consiste en criar y producir insectos de manera controlada y a gran escala. Los insectos se almacenan comúnmente en bandejas o contenedores que se van apilando de forma vertical. Junto con los insectos, se va añadiendo el pienso del que se alimentan para crecer, y se controlan la temperatura y la humedad para optimizar su correcto desarrollo. 

¿Y por qué comer insectos? Según los expertos, sustituir ciertos alimentos por bichos nos podría aportar beneficios en varios aspectos. Por un lado, la ingesta de insectos como fuente de proteína reduciría en gran cantidad los gases de efecto invernadero. Según la Organización de las Naciones Unidas, más de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que producimos está relacionada con los alimentos. De estos alimentos, especialmente las carnes rojas se asocian con mayores tasas de emisión de gases de efecto invernadero. En cambio, las proteínas procedentes de insectos ofrecen perspectivas prometedoras, ya que su producción requiere un menor consumo de alimentos, agua y terreno y, además, genera menos cantidad de gases de efecto invernadero.

Los insectos se pueden transformar en harinas y suplementos alimentarios, o añadirlos en piensos

Pero, además de los beneficios medioambientales que nos puede aportar la insecticultura, los insectos también pueden ser un alimento muy saludable. Ya hemos mencionado su alto contenido proteico, que puede rondar entre 40 o 50 gramos por cada 100 gramos de insecto. Además, ciertas especies también son ricas en Omega 3, fibra y micronutrientes.

Dicho esto, el destino de los insectos producidos por la insecticultura no siempre es el paladar humano, y ni siquiera a veces la ingesta íntegra del animal. Por medio de distintos procesos, se pueden hacer harinas, suplementos alimenticios, e incluso se pueden utilizar los insectos como alimento vivo para otros animales y para producción de piensos. 

Hoy por hoy, existen más de 2.000 especies comestibles de insectos y arácnidos conocidas, y es de esperar que el número aumente si la insecticultura sigue en auge. La forma en la que nos alimentamos influye directamente en la Tierra, y buscar alternativas más sostenibles y eficientes es y será una buena herramienta para hacer frente a la crisis climática y a la inseguridad alimentaria.