Autor: Javier Molina

Electrónica biodegradable, el compromiso de la tecnología con el reciclaje

Con la introducción de la obsolescencia programada la tecnología se convirtió en un obstáculo para la sostenibilidad. Sin embargo, hoy en día se están desarrollando soluciones para hacer que la industria electrónica sea compatible con el medio ambiente.


En el parque de bomberos de Livermore de California (Estados Unidos), se encuentra la bombilla más antigua y famosa del mundo. La conocida como Centennial Light lleva encendida ininterrumpidamente desde que se instaló en 1901, por lo que supera de largo el centenar de años alumbrando el mismo rincón del enclave californiano. Así se fabricaban antes los objetos eléctricos o electrónicos: utilizando los materiales más fiables con el objetivo de proporcionar la mayor durabilidad posible. Con la llegada de la obsolescencia programada, todo cambió, y algunas compañías empezaron a trabajar para limitar la vida útil de sus productos. La obsolescencia programada funciona de manera simple pero efectiva: transcurrido un tiempo predeterminado, los dispositivos dejan de funcionar o quedan obsoletos, lo que obliga a los usuarios a comprar la versión actualizada con el consiguiente impacto medioambiental. 

Crear teléfonos que se descompongan tras su vida útil de manera natural reduciría el impacto climático significativamente

Desde que dispositivos como el ordenador portátil, la tablet o el teléfono móvil conquistaron nuestro día a día hasta convertirse en imprescindibles, el reto se ha multiplicado. La mayoría de los componentes y piezas, incluidas las baterías, resultan complicados de reciclar una vez el dispositivo deja de ser funcional. Alcanzar ese equilibrio es el reto al que se enfrentan los grandes fabricantes de productos electrónicos. Y si la demanda de productos electrónicos no hace sino aumentar, ¿sería posible crearlos con materiales biodegradables?

Bajo la premisa de que el aparato electrónico pueda descomponerse de manera natural después de su uso, minimizando así su impacto ambiental, nace esta alianza entre tecnología y reciclaje. Se basa en el empleo de materiales sostenibles como los bioplásticos, fabricados a partir de materiales orgánicos como el maíz, la caña de azúcar o la patata en lugar del petróleo, y ya se ha utilizado con éxito en el campo médico, con dispositivos que se disuelven en el cuerpo eliminando la necesidad de una segunda cirugía para retirarlos. En el campo medioambiental también se están desarrollando tecnologías similares, como sensores que se descomponen tras recopilar los datos necesarios. 

Una investigación del CSIC ha logrado desarrollar un método que usa únicamente metales que se pueden degradar de forma inocua en la naturaleza

Un estudio del Instituto de Ciencias de Madrid, dependiente del CSIC y liderado por la investigadora María del Puerto Morales, ha conseguido sintetizar nanopartículas de metales para su uso en las nanotintas conductoras que se emplean en la electrónica impresa: «Nuestro proyecto busca hacer electrónica con productos que se descomponen de forma natural sin dejar residuos tóxicos, como sucede con el hierro y el níquel. Usamos estos elementos y sus aleaciones porque son metales biodegradables que están presentes en la naturaleza: desde nuestra propia sangre a la tierra o los alimentos que comemos».

Igualmente, el uso de materiales biodegradables puede marcar un punto de inflexión para los fabricantes a nivel europeo. Y es que la Directiva de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) de la Unión Europea ofrece incentivos económicos para las compañías que utilicen materiales más fáciles de reciclar. Lo mismo sucede con todos los Estados miembros, que anualmente deben cumplir unos objetivos de reciclaje. Así, el impulso para servirse de materiales que se degraden en el medio ambiente de manera inocua se antoja como un pilar fundamental a corto plazo para los países europeos. 

No obstante, el desafío global radica en encontrar la fórmula para manufacturar dispositivos sostenibles a gran escala ofreciendo un precio similar para el consumidor. Aaunque estas iniciativas transitan en la dirección correcta, aún queda mucho camino por recorrer para que tecnología y sostenibilidad formen un binomio consolidado.

'Smart tourism', tecnología al servicio del turismo sostenible

Con el análisis de datos y la Inteligencia Artificial como pilares, los usuarios pueden consultar información en tiempo real y ser partícipes de la preservación del entorno.


Evitar aglomeraciones se convierte, a veces, en un reto dependiendo del destino turístico elegido. Principalmente en verano, ir a la playa se convierte en sinónimo de madrugar para evitar la multitud. No son pocos los municipios que han prohibido aquella vieja tradición de plantar la sombrilla al amanecer para reservar esa parcela de arena que se ocupaba sobre el mediodía. 

Ahora es posible consultar con antelación, en tiempo real y desde el salón de casa, qué escenario se va a encontrar el turista en el lugar a visitar. Con el foco puesto en la sostenibilidad, iniciativas como la Red de Destinos Turísticos Inteligentes abogan por la digitalización y el uso de tecnologías avanzadas para acompañar en la transformación y modernización del sector.

Dentro de esa meta de turismo y ciudades inteligentes, las smart beaches suponen uno de los elementos clave.  Diferentes ideas centradas en mejorar la preservación y la seguridad de las playas mediante aplicaciones móviles que informan sobre todos los aspectos claves en una jornada playera: ocupación, temperatura y calidad del agua y puestos de vigilancia.

El control del agua permite mantener su limpieza, detectando cualquier punto de contaminación

Precisamente el control del agua permite mantener su limpieza y detectar cualquier punto de contaminación. En las playas que cuentan con aparcamiento, la monitorización de plazas libres disponibles ayuda a reducir las emisiones de carbono y contribuye a un entorno más sostenible. Del mismo modo, una menor cantidad de turistas genera menos residuos y se reduce, además, el gasto de agua en las duchas habilitadas.

Conocer con antelación el estado del agua y la ocupación de la playa

Entre las iniciativas más innovadoras destaca Infomedusa, una aplicación gratuita desarrollada por el Aula del Mar de Málaga que, además de utilizar sensores, recopila datos de los propios usuarios para predecir la presencia de medusas. Detalles como cantidad, variedad y peligrosidad de las especies avistadas ofrecen una información detallada cuya precisión aumenta gracias a la participación colectiva. Características similares presenta Medusapp, una iniciativa en la que colaboraron conjuntamente la Universidad de Alicante y la Universitat Politécnica de Valencia.

Infomedusa, además de utilizar sensores, recopila datos de los propios usuarios para predecir la presencia de medusas

En Las Palmas de Gran Canaria, LPA Beach vigila el estado de las playas de Las Canteras, Las Alcaravaneras y La Laja. Una estación videométrica de 10 metros de altura con tres cámaras, que se alimenta de energía solar y está diseñada para resistir la corrosión del mar, analiza las condiciones del agua en términos de mareas, corrientes, zonas de riesgo, arena disponible y ocupación. La recopilación de datos posibilita, igualmente, el seguimiento de la morfología y la hidrodinámica del litoral, la línea de costa y los sedimentos.

A los puestos de socorrismo, algunas ciudades como Sagunto (Valencia) han añadido el uso de drones para garantizar la seguridad. Los aparatos, que cuentan con altavoz y chalecos salvavidas, permiten un tiempo de respuesta mucho más rápido en caso de rescate y ejercen labores de vigilancia y prevención a lo largo del litoral del municipio. 

Otros países como Australia, Estados Unidos, Italia o Portugal también impulsan el desarrollo de esta tecnología para encontrar el anhelado equilibrio entre turismo de masas y protección medioambiental. 

El combate contra la deforestación empieza en las palmeras

La alternativa del carbón de coco, completamente ecológica, está llamada a convertirse en una de las claves para frenar la deforestación a nivel mundial.


Millones de cocoteros forman parte del paisaje habitual en países tropicales y subtropicales. Y son, precisamente, los países con mayor producción de coco los que están explotando este recurso transformándolo en carbón. India es, según el último informe de la ONU, el mayor exportador mundial, con más de 130.000 toneladas. Una cantidad equivalente a la que producen conjuntamente los siguientes países: Filipinas (65.900 t), Sri Lanka (47.720 t) e Indonesia (21.867 t). El fruto que puede esconder la llave que abra la puerta hacia un futuro más sostenible tiene como destino principal Estados Unidos y Japón.

El proceso comienza con la recolección de un fruto en lugar de con la habitual tala de un árbol

Con su recolección, comienza un proceso en el que la materia prima se ha obtenido sin talar ningún árbol. Una vez recogidos los cocos, es necesaria su molienda y trituración para reducir al máximo su tamaño y, de esta manera, facilitar su procesamiento. Completada esta fase, se procede a la carbonización del coco donde las cáscaras se calientan mediante combustión, lo que provoca su deshidratación y solidificación. En la penúltima etapa, el carbón se activa, ampliando la estructura de sus poros. Para finalizar, se procede a su lavado y secado antes de tamizarlo y envasarlo para su posterior distribución.

A pesar del acuerdo sellado en 2022 por más de 100 países –que albergan el 85% de los bosques del mundo–, donde se comprometían a detener y revertir la deforestación para 2030, el problema sigue latente y representa una de las amenazas más significativas para el medio ambiente. A lo largo del pasado año, desaparecieron 3,7 millones de hectáreas de bosque tropical primario, el equivalente a casi 10 campos de fútbol en bosques por minuto. Aun así, la cifra mejora la del curso anterior en un 9%, como recoge el World Resources Institute en su informe anual.

Su versatilidad lo convierte en un recurso muy valioso para diferentes industrias, alcanzando la meta del residuo cero

En esta batalla a largo plazo, el carbón activado de coco es un elemento aprovechable en su totalidad, que logra la meta del residuo cero durante su proceso de fabricación. Las propiedades que posee multiplican su uso en industrias muy dispares. Puede ejercer como agente absorbente en los procesos de fundición y extracción de metales como el oro. Además, actúa como decolorante en la industria alimentaria, haciendo posible la desaparición del color, los olores y los sabores no deseados. De hecho, los filtros de carbón de cáscara de coco se han convertido en una elección óptima para purificar el agua potable. Igualmente, sus propiedades le permiten filtrar micropartículas y residuos de gases tóxicos en el aire. Una versatilidad que alcanza el campo de la cosmética donde se emplea como blanqueador dental o aclarante natural de la piel. Las miradas se dirigen hacia el fruto de las palmeras: el valor del coco puede ser crucial.

El sol y la agricultura: claves para la transición energética

La convergencia entre la energía solar y los cultivos agrícolas dibuja la hoja de ruta hacia un futuro más sostenible con una industria en auge que se presume fundamental en la lucha global contra el cambio climático.


En la carrera contrarreloj que el planeta libra contra el cambio climático, aparece un actor semidesconocido para la gran mayoría de la población: la energía agrovoltaica. Si bien las placas solares son un elemento común y una alternativa sostenible muy utilizada, incluso para el autoconsumo, su aplicación en agricultura y ganadería resulta menos habitual.

La fusión agrovoltaica mantiene frescos los pastos gracias a los paneles que captan la energía del sol

También conocida como agrofotovoltaica, este tipo de energía consiste en algo tan sencillo como aprovechar un mismo terreno para obtener energía solar y cultivar productos agrícolas de forma simultánea. Es lo que se denomina smart farming: promover la agricultura y generar electricidad desde un único lugar. Además, la sombra que ofrecen los paneles mantiene frescos los pastos y ofrece refugio a los animales. Instaladas a varios metros de altura, las placas pueden ver modificada su orientación para maximizar la eficiencia del sistema agrovoltaico. Y, al mismo tiempo, sirven para atraer y proteger a insectos polinizadores, en especial a las abejas, potenciando la biodiversidad.

Aunque fue inventada en 1981, su uso se ha disparado en la última década, experimentando un crecimiento significativo que la convierte en una iniciativa muy interesante para la generación de electricidad sostenible. Los datos así lo indican: España es el cuarto productor de energía fotovoltaica en Europa, detrás de Alemania, Italia y Reino Unido, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés). Y las posibilidades son inmensas ya que el 50% del suelo español se considera superficie agraria útil, unos 23 millones de hectáreas potenciales donde poder implementarla, conforme a los datos del Ministerio para la Transformación Ecológica y el Reto Demográfico.

Los agricultores pueden diversificar sus ingresos y mantener la productividad con plantaciones adecuadas para crecer bajo la sombra de la instalación fotovoltaica

Según datos del informe Overview of the Potential and Challenges for Agri-Photovoltaics in the European Union, si se implementaran sistemas agrovoltaicos en el 1% de la superficie agrícola utilizada de la UE se produciría el 1 TW de capacidad fotovoltaica, muy por encima de los 590 GW previstos para 2030. Por su parte, España, que tiene el segundo objetivo más alto de desarrollo fotovoltaico para 2030 (92 GW), podría quintuplicar su energía si incorporara agrovoltaica en el 1% de su superficie agrícola.

En días nublados, la menor producción de energía se compensa con el uso de la energía almacenada de días soleados. Así, los agricultores pueden diversificar sus ingresos y mantener la productividad con plantaciones adecuadas para crecer bajo la sombra de la instalación fotovoltaica como vides, hongos o plantas aromáticas, entre otras.

A pesar de que construir un futuro sostenible supone un reto mayúsculo, impresiona pensar que, tal y como señala un estudio publicado en la revista Nature, para compensar la demanda mundial de energía con la producción solar bastaría con que menos de un 1% de las tierras de cultivo implantaran un sistema de energía agrovoltaica.

Reciclaje químico, un paso más hacia la economía circular

Esta nueva técnica aborda el problema que conlleva la gran acumulación de plásticos en los vertederos y surge como alternativa complementaria al método tradicional para la continua circulación de residuos.


Las emisiones de carbono se presentan como el mayor reto medioambiental para gobiernos y empresas en los próximos años. El camino hacia la neutralidad climática marcado como objetivo para 2050 obliga, además de a un compromiso global, a la investigación y desarrollo de técnicas que ayuden a alcanzarlo. 

El reciclaje tiene un gran protagonismo dentro de esta lucha contra el cambio climático, al posicionarse como una manera de dar una segunda oportunidad a los residuos y descartes y reducir así la contaminación desmedida. Su desarrollo en el tiempo ha abierto las puertas de la innovación logrando versiones aún más completas de la misma. Es lo que sucede con el reciclaje químico, un innovador procedimiento que puede marcar la diferencia.

Según los datos del informe La economía circular de los plásticos - Una visión europea, elaborado por Plastics Europe, se estima que para 2030 se producirán 3,4 millones de toneladas de plásticos mediante reciclaje químico. Este volumen llevará consigo aparejados unos 7.200 millones de euros de inversión.

El tratamiento incluye diferentes procesos químicos regulados para controlar su impacto al medio ambiente

En el reciclaje tradicional (conocido como mecánico), los residuos plásticos son triturados, lavados, extruidos y paletizados. Una vez completado el ciclo se pueden reutilizar varias veces, aunque sufren una pérdida progresiva de sus propiedades. Sin embargo, hay desechos cuya composición impide su reciclaje a través de este método y acaban apilados en vertederos o son incinerados con un inevitable impacto negativo en el medio ambiente. 

Por eso el desarrollo del reciclaje químico se antoja tan relevante. Los plásticos se componen de distintos monómeros que constituyen y producen la materia prima. Mediante la despolimerización, el residuo separa sus elementos originales, lo que permite la producción de plástico reciclado pero, en esta ocasión, con características idénticas al fabricado originalmente.

Para 2030 se estima una producción de plásticos mediante reciclaje químico de 3,4 millones de toneladas a nivel europeo

No obstante, existe la creencia extendida de que es una técnica perjudicial para el medio ambiente, algo que la Federación Empresarial de la Industria Química en España (FEIQUE) desmiente en su análisis sobre el reciclado químico. Ni se espera que sustituya al reciclaje tradicional ni emite sustancias tóxicas. Se trata de un proceso regulado a nivel nacional y europeo para controlar su impacto al medio ambiente. De hecho, España se ha convertido en el primer país de la Unión Europea en incluir el reciclado químico en el marco legislativo y en aprobar una proposición no de ley para promover el uso de productos creados con esta técnica.

Mediante el reciclaje químico, la actividad de reciclar cobra un nuevo color y protagonismo dentro de la revolución verde. Esta técnica alternativa se posiciona como clave en la reutilización de desechos y, en consecuencia, en la reducción de emisiones de carbono a la atmósfera.