Autor: Manuela Sanoja

Cuatro claves para unas vacaciones sostenibles

Según la Organización Mundial de Turismo, y en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, para ser sostenible, el turismo debe regirse por un equilibrio entre los aspectos medioambientales, económicos y socioculturales. 

En este sentido la organización indica que “el turismo sostenible debe dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, que son un elemento fundamental del desarrollo turístico, manteniendo los procesos ecológicos esenciales y ayudando a conservar los recursos naturales y la diversidad biológica”. Además, debe “respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas, conservar sus activos culturales y arquitectónicos y sus valores tradicionales y contribuir al entendimiento y la tolerancia intercultural. Y, por último, “asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo, que reporten a todos los agentes unos beneficios socioeconómicos bien distribuidos, entre los que se cuenten oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza”.

Pero más allá de lo que respecta al sector, como turistas también tenemos en nuestras manos la posibilidad de plantear vacaciones más sostenibles. Existen algunas claves para conseguirlo: 

Viajar en los transportes menos contaminantes. Los vuelos en avión suponen en torno al 2% de las emisiones de CO2 en el mundo (uno de los principales causantes del calentamiento global y la crisis climática). Es, de hecho, el medio de transporte más contaminante. Existen páginas web en las que es posible comparar las emisiones que genera un viaje en avión frente al mismo desplazamiento en coche o en tren. Por ejemplo, el trayecto desde Madrid a Barcelona en avión supone emitir 114,9 kilos de CO2, en coche 89 kilos, mientras que en tren las emisiones de gases de efecto invernadero se reducen a 17,3 kilos, según ecopassenger.org

El turismo sostenible debe dar un uso óptimo a los recursos medioambientales, un elemento fundamental del desarrollo turístico

Elegir alojamientos sostenibles. El lugar donde nos quedamos durante las vacaciones también tiene un impacto ambiental. Cada vez existen más opciones sostenibles en este sentido. Los hoteles sostenibles son aquellos alojamientos que, independientemente de su clasificación, categoría o ubicación, están diseñados y gestionados en base a los principios económico-estratégicos, medioambientales, sociales y culturales. Entre otras cosas, tienen un menor uso de plásticos, reciclan, obtienen la energía de fuentes renovables, compran la comida y los productos a comerciantes locales…

Comer local. Precisamente la comida es otra de las claves que puede marcar la diferencia entre unas vacaciones más o menos sostenibles. Hacerlo lo mejor posible pasa por una pequeña investigación sobre qué restaurantes utilizan productos de proximidad. Otra opción es cocinar la propia comida aprovechando los mercados de proveedores locales que haya en nuestro destino vacacional. 

Limpia la basura allí donde vayas. Más allá de no dejar ningún tipo de residuo tirado en los parajes naturales (ni en ningún sitio) que visitemos, una buena acción es la de recoger aquello que veamos, aunque no sea nuestro. A día de hoy, es prácticamente imposible visitar una playa o algún campo sin toparse con una buena cantidad de desechos (sobre todo plásticos) tanto en la arena como en el agua. Tener unas vacaciones más sostenibles pasa por recogerlos y tirarlos en el contenedor correspondiente para su reciclaje. 

Más allá de esto, hay que procurar consumir la menor cantidad de plásticos posible, reciclar todo aquello que desperdiciemos y evitar derrochar recursos naturales como el agua. 

¿Por qué habrá más eventos climatológicos extremos?

Australia ardió durante meses entre junio del 2019 y mayo del 2020. La temporada de huracanes del pasado año (entre mayo y noviembre) se cebó con la región del Atlántico hasta tal punto que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) tuvo que tirar de letras del alfabeto griego para denominar a los ciclones, tras quedarse sin nombres en la lista (fue el año en el que más huracanes se formaron desde que se tienen registros). En ese mismo año, China e India sufrieron intensas inundaciones durante la temporada de monzones por las ingentes cantidades de lluvia… La lista podría continuar, pero con esto queda suficientemente claro que las catástrofes climáticas son cada vez más fuertes y frecuentes, y ninguna zona del planeta parece librarse de ellas. 

En los últimos 30 años los fenómenos naturales extremos se han triplicado

En los últimos 30 años este tipo de fenómenos naturales se ha triplicado, según los datos de Oxfam. Uno de los grandes culpables de esto es el cambio climático. La presión a la que los seres humanos hemos sometido al planeta afecta a la temperatura global y altera los patrones de precipitación. Estos cambios tienen consecuencias, que se traducen en tormentas, ciclones, huracanes, incendios, inundaciones, sequías, … Su frecuencia e intensidad son cada vez mayores y los expertos vaticinan un aumento de este tipo de desastres naturales. 

Según las previsiones del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), las distintas regiones del mundo pueden sufrir diferentes cambios climáticos. Por ejemplo, en América del Norte, es posible que disminuya la capa de nieve en las montañas occidentales; en África, que aumente la sequía; Asia puede experimentar más inundaciones; lo mismo en las zonas costeras de Europa (por el aumento del nivel del mar), además existir un riesgo de mayor erosión por tormentas.

El Mediterráneo, zona roja

Aunque ningún lugar del planeta se salva, el Mediterráneo es, según un reciente estudio realizado por Jorge Olcina de la Universidad de Alicante, una de las regiones donde estos problemas se harán cada vez más evidentes. Sobre todo, en el litoral. “Los extremos atmosféricos del clima de esta zona suponen un reto para la ordenación territorial y, en particular, para la planificación del ciclo urbano del agua. Las ciudades mediterráneas deben estar preparadas para soportar meses de escasa precipitación y, en sentido contrario, para aguantar lluvias torrenciales que originan anegamientos e inundaciones”, rezan las conclusiones del trabajo. Desastres climáticos que, a diferencia de otras épocas, no se pueden esperar en un periodo determinado del año, es decir, pueden ocurrir en cualquier momento. 

Los extremos atmosféricos del clima en el Mediterráneo “suponen un reto para la ordenación territorial y la planificación del ciclo urbano del agua”

Por ello, el autor del estudio considera necesaria una eficaz planificación urbana en la que serán necesarias la construcción de colectores de agua pluvial de gran capacidad, la adecuación de los sistemas tradicionales de alcantarillado a lluvias intensas, la creación de espacios públicos —como parques o explanadas— que sean indudables, y un sistema efectivo de alerta a las poblaciones que vivan en zonas con riesgo a inundaciones. 

“Las soluciones a esta cuestión deben plantearse y desarrollarse sin dilación para minimizar los impactos actuales de eventos de lluvia abundante y de intensidad horaria. Pero, además, estas condiciones tenderán a agravarse si se cumplen las previsiones de los modelos de cambio climático para el ámbito Mediterráneo, al prever un incremento en los episodios de precipitación intensa. Un aspecto que ya se manifiesta en los últimos años y que está originando elevados daños económicos y víctimas humanas en este sector peninsular”, concluye el estudio. 

El nuevo plan de la Unión Europea para dejar de contaminar el aire, el agua y el suelo

El pasado 21 de mayo, la Unión Europea adoptó el Plan de acción ‘Hacia una contaminación cero del aire, el agua y el suelo’, una nueva hoja de ruta con la que pretende empezar el camino hacia una Europa con cero contaminación del aire, el agua y el suelo. El motivo está claro: acabar con uno de los problemas que ha generado la grave crisis climática que vivimos, que afecta al medio ambiente, pone en peligro de extinción a una gran cantidad de especies y genera graves problemas de salud en las personas (cada año mueren siete millones de personas por enfermedades derivadas de la polución, según las cifras de la Organización Mundial de la Salud).

Cada año mueren siete millones de personas por enfermedades derivadas de la polución

En el marco del nuevo plan, la Unión Europea se plantea seis objetivos de cara al 2030. El primero es mejorar la calidad del aire para reducir en un 55% el número de muertes prematuras causadas por la contaminación. El segundo, reducir los desechos y el uso de plásticos que dañan el agua del mar en un 50% y los microplásticos que se liberan al medio ambiente en un 30%. El tercero, reducir las pérdidas de nutrientes y el uso de pesticidas químicos en un 50% para cuidar la tierra. El cuarto es el de disminuir en un 25% los ecosistemas contaminantes del aire que suponen una amenaza para la biodiversidad. El quinto consiste en reducir la contaminación acústica en un 30% para una mejor calidad de vida de la población. Y, el sexto y último, es reducir en un 50% los residuos producidos en las urbes.

Las cinco claves del plan

La ambición de la cero contaminación. Se trata, dicen, de “un objetivo transversal que contribuye a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y complementa el objetivo de neutralidad climática”. La manera de hacerlo es a través de un marco legislativo en el que incluir la prevención contra la contaminación en todas las políticas e iniciativas de la Unión. A través de soluciones basadas en la naturaleza y la digitalización, la Unión Europea pretende transformar los modelos de producción y consumo, y apostar por un modelo de negocio de economía circular que sea más limpio.

Mejorar la salud y el bienestar. Es uno de los objetivos principales de todo el plan. Para conseguirlo, la Unión Europea pretende alinear los estándares de calidad del aire con las próximas recomendaciones de las Naciones Unidas, además de proveer a las autoridades locales de los modelos para mantener el aire limpio y ayudar a la monitorización de las emisiones. También aspira a reducir la contaminación del aire en los interiores de los hogares y edificios que provienen de fuentes como los sistemas de calefacción y aire acondicionado, y del tabaquismo.  

Vivir dentro de los límites del planeta. Para conseguirlo, apuntan, “debemos implementar los marcos regulatorios existentes que protegen el aire, las aguas dulces, y los mares y océanos más rápido y mejor, mientras se trabaja urgentemente hacia un nuevo marco. Además de evaluar periódicamente el estado de la tierra para tomar medidas para evitar su daño”. Para conseguirlo, los estados miembros deben cumplir con la normativa que regula la contaminación del aire. Además, se pondrá especial atención en el cuidado del agua de los mares y océanos, promoviendo transportes marinos que no generen emisiones. También pretende eliminar los contaminantes y nutrientes de las aguas residuales para tratarlas y hacer viable su reutilización.

Hacia la cero contaminación de la producción y el consumo. La Unión Europea revisará la Directiva de Emisiones Industriales para acelerar la transición hacia una producción que genere cero emisiones. Además de que los materiales que se usen para bienes de consumo deberán ser lo más sostenibles que sea posible.
Garantizar una implementación y una ejecución de las normas más estricta. Para ello, la Unión Europea pretende promover las relaciones entre las autoridades nacionales y las redes europeas de agencias, inspectores, auditores, policía, fiscales y jueces que trabajan en el área del medio ambiente. Además, insta a la sociedad civil a participar como guardianes de que se cumplan las normativas, garantizando una mayor participación y mayor acceso a la justicia en caso de ser necesario.

España avanza en la Agenda 2030, aunque aún queda mucho por hacer

En septiembre de 2015, la sede de las Naciones Unidas albergó una cumbre histórica en la que más de 150 líderes mundiales se reunieron para organizar una ambiciosa agenda que marcara el camino a seguir para erradicar la pobreza, promover la prosperidad y el bienestar de la población, proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. En ella, los Estados Miembros de la organización alcanzaron un acuerdo con  17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas que los distintos países debían cumplir de cara al año 2030. Cinco años después, un informe de la consultora IndeCity —de la mano del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, la Fundación ONCE, Renfe y SEAT— valora el avance que se ha hecho en el territorio español y determina que, aunque se ha progresado, aún queda camino por recorrer. 

Ninguna capital española cumple al 100% los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Para poder medir el desarrollo de los ODS, IndeCity ha desarrollado el ‘Índice ODS’, una herramienta que permite a las distintas capitales de provincia y a las dos ciudades autónomas analizar, evaluar y comparar qué grado de cumplimiento tienen sobre ellos. Además, sirve de ayuda para identificar las fortalezas y aquellos puntos en los que existe oportunidad de mejora en el desarrollo sostenible. Pasado un lustro desde la cumbre y con nueve años para llegar al 2030, dice el informe que las capitales de provincia españolas ya han logrado superar más de la mitad del camino hacia un desarrollo sostenible completo. De hecho, según los datos recabados, de media, se encuentran a un 60% de su cumplimiento. Sin embargo, aún queda camino por andar: ninguna capital española cumple al 100% ningún ODS.

No obstante son evidentes los avances en algunos objetivos. Es el caso del ODS 3, centrado en la salud y el bienestar, que tiene un cumplimiento medio de 84,72%. No tan avanzados van aquellos relacionados con el medio ambiente, la sostenibilidad y el cambio climático, en los que aún hay un buen margen de mejora. “Se encuentran a medio camino”, reza el texto; que también hace referencia a los márgenes de mejora que se deben impulsar en el entorno de las ciudades: “Es imprescindible mejorar el ejercicio efectivo del derecho a la vivienda (acceso y asequibilidad), una mejora en la integración tarifaria y multimodal en las redes de transporte público urbanas e interurbanas, así como avanzar en estrategias de sostenibilidad ambiental urbana, además de fortalecer la resiliencia de los ecosistemas urbanos”. Sin embargo, donde más esfuerzo queda por hacer es en el ámbito de la accesibilidad universal y en la reducción de grandes brechas en cuestiones relacionadas con la inclusión y la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad. Según el informe, las capitales españolas solo logran un cumplimiento medio del 17% en cuanto a la calidad de datos demográficos de personas con discapacidad, lo que deja entrever la falta de visibilidad de este colectivo.

Los datos previos a la pandemia apuntan que el ODS en que más hemos avanzado es el de la salud y el bienestar

En cuanto al progreso por capitales, el asunto está bastante repartido. San Sebastián  ocupa el primer puesto en cuanto a número de objetivos conseguidos y se pone a la cabeza en tres de ellos: educación de calidad, producción y consumo responsable, y vida de ecosistemas terrestres. Le sigue Barcelona, que se posiciona como la ciudad que más ha avanzado en materia de pobreza e industria, innovación e infraestructura. Los 12 objetivos restantes se reparten de forma diversificada por todo el territorio español.  

España entre los 25 países del mundo con mayor compromiso en ODS

Si ponemos el foco a nivel internacional, España ha pasado de situarse en el puesto 25 a colocarse en el 22 entre 2018 y 2020 en el ranking global del Sustainable Development Report, un informe elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) y la fundación Bertelsmann Stiftung, que analiza el progreso de los ODS en 193 países miembros de la ONU. Una posición exitosa, pero con amplio recorrido de mejora frente a otros países europeos como Francia, Alemania, Países Bajos, Croacia o Eslovenia.

España se encuentra entre los 25 países del mundo con mayor progreso en los ODS

En este contexto, la valoración de las Naciones Unidas es positiva. “Nuestro propósito es mostrar que la transformación es posible y que está ocurriendo en estos momentos de un modo adecuado en muchos lugares y con muchas innovaciones, así como con el compromiso de mucha gente”, aseguraba Antonio Gutierrez, secretario general de la ONU, en el primer Momento ODS celebrado en septiembre, un acto dedicado a impulsar la consecución de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. 

Pero no podemos conformarnos con el camino andado hasta ahora. Los ODS no solo sirven para generar un entorno de bienestar durante épocas buenas, sino también para hacer frente con fortaleza a los problemas que puedan surgir. El ejemplo más claro es la pandemia mundial y sus diversas consecuencias. “La pandemia nos ha empujado hacia la peor recesión en décadas y ha tenido terribles consecuencias para los más vulnerables”, apuntó Gutierrez, quien señaló que la Agenda 2030 está precisamente diseñada para abordar las fragilidades que esta crisis ha expuesto. “En su interior subyace una clara promesa: acabar con la pobreza y no dejar a nadie atrás (…) brinda la orientación que necesitamos para poner fin a la pandemia, responder a sus repercusiones socioeconómicas y trazar el rumbo de una recuperación transformadora”, subrayó el secretario general.