Autor: Sol Acuña

«La educación es un derecho inalienable»

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Pilar Orenes es directora general de Educo, organización de cooperación al desarrollo con enfoque en la educación y acción humanitaria con presencia en 18 países de América, África, y Asia. Gracias a sus más de 200 proyectos de acción humanitaria han logrado llegar a más de un millón de niños, niñas y adolescentes para garantizar una educación ininterrumpida, hasta en las situaciones más desafiantes.


¿Por qué Educo?

La educación es una de las principales maneras de reducir las desigualdades sociales y erradicar la pobreza, por eso trabajamos por los derechos y el bienestar de la infancia. Trabajamos en 18 países y en cada uno aplicamos estrategias acotadas al contexto de ese lugar. Si bien las intervenciones pueden ser diferentes, el hilo conductor siempre es el mismo: una educación de calidad garantizada como derecho humano para todos los niños y niñas, independientemente del contexto. 

¿Qué tipo de estrategias implementáis?

Trabajamos con las instituciones educativas de cada país, con las escuelas públicas y con el profesorado para reforzar la estrategia educativa del país y asegurar el acceso a la escuela. También lo hacemos cerca de los padres de familia, ya que los entornos protectores son una prioridad. Lo cierto es que cada país nos ofrece contextos diferentes, pero en todos procuramos asegurar una educación de calidad, y espacios en los que el niño y la niña pueda participar y expresar sus opiniones.

«Estamos en una sociedad adultocéntrica que está diseñada sin tener en cuenta un porcentaje muy alto de la población que son los niños»

Desde Guatemala a Burkina Faso… ¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis?

Hay que señalar que cuando hablamos del derecho a la educación, este no solamente es habilitador de otros derechos, sino que es un derecho inalienable, que no se pierde y que no se puede dejar de dar estés donde estés. Entonces, cuando hablamos de países en la región del Sahel, en África, estamos hablando principalmente de contextos de emergencia. Se trata de situaciones en las que las familias deben desplazarse por seguridad o a consecuencia del cambio climático. Ahí los niños no siempre tienen una escuela fija, sino que deben adaptarse. 

En el caso de Centroamérica, por ejemplo, trabajamos en el área del Corredor Seco, donde también hay desplazamientos por hambruna; o Bangladesh, donde las olas de calor hacen que se cierren las escuelas. Por eso nuestra seña de identidad es asegurar que la educación se mantenga en todos los contextos. 

Siguiendo esa línea, ¿qué tipo de innovaciones educativas realizáis para este tipo de contextos?

En la educación las metodologías son claves. Innovar es aplicar metodologías en las que el niño y la niña y sus necesidades están en el centro, gracias a que son activamente escuchados y son ellos mismos quienes influyen en su currícula. En España, por ejemplo, uno de los proyectos que hemos realizado sobre comedores escolares fue hablando con ellos sobre cómo sería su comedor ideal. 

Estamos en una sociedad adultocéntrica que está diseñada sin tener en cuenta un porcentaje muy alto de la población que son los niños. Por eso es importante entender qué están diciendo y cómo lo están diciendo, ya que no van a usar ni las mismas palabras ni los mismos razonamientos que un adulto. Nosotros adaptamos nuestra manera de trabajar a su manera de comunicarse y esto es algo muy innovador.

Lleváis 30 años trabajando, ¿qué sabéis ahora que no sabíais entonces?

El sector general de la cooperación y la acción humanitaria en 30 años ha evolucionado muchísimo. Hemos aprendido la importancia de asegurar que los cambios que promueves sean sostenibles en el tiempo, una vez que ya no estemos ahí. Es importante no estar continuamente poniendo parches, sino tener una mirada a largo plazo. Y eso se consigue cuando hay cambios en las prácticas, pero también en los sistemas, y los valores. Por ejemplo, si pones un pozo, cambias la vida de la gente porque tienen agua, pero ¿cómo desarrollas una política pública alrededor de una correcta gestión del recurso? 

​​En estos 30 años hemos aprendido que tenemos que hacer análisis, investigaciones, trabajar con datos y hacer incidencia política. Es fundamental reunirnos con los gobiernos locales, autonómicos y estatales y convencer a la ciudadanía, ya que a los políticos les interesa lo que le interesa a la ciudadanía. Es por eso que las ONG hacemos campañas. Hemos aprendido que tenemos que unirnos y que, por muy grande que sea una ONG, no va a poder cambiar nada si no trabaja con otros actores.

«La educación es una herramienta para frenar el matrimonio infantil»

En el caso de países como Nicaragua, donde se han ilegalizado cerca de 3.600 ONG, ¿de qué manera impacta una buena o mala calidad democrática en los derechos de las infancias y en la labor de una organización como Educo?

Nosotros realizamos un análisis de la situación de cada país y nos preguntamos cuál es el valor agregado que, dentro de ese contexto, Educo puede aportar. Es ahí donde cambian también nuestras intervenciones. Hay países donde nuestras estrategias tienen que ser más operativas, enfocadas en un trabajo de primera línea, entonces estamos presentes en las escuelas. Hay otros países en los que trabajamos en incidencia pública, y otros donde vemos más posibilidades de cambio a través de la influencia.

Según Naciones Unidas, el 40% de los países no han logrado la paridad de género en la educación primaria. ¿Cómo se puede implementar una perspectiva de género en la educación para poder cumplir con el ODS 4?

Desgraciadamente todavía estamos lejos de alcanzar esa paridad y todas nuestras estrategias deben llevar un enfoque de género. En países con altas tasas de matrimonio infantil, la educación se ve totalmente interrumpida, pero a su vez, la educación es una herramienta para frenar esos matrimonios. Una de las cuestiones que sucedió durante el covid-19 fue el cierre de las escuelas y esto disparó las cifras de matrimonio y trabajo infantil, ya que hubo niñas que nunca volvieron a escolarizarse tras la pandemia.

Mónica Rodríguez: «Se debe producir solamente lo que se vaya a vender»

Mónica Rodríguez ha encontrado la forma de reciclar y reutilizar textiles para mantener viva una de las industrias más atractivas, y a la vez más contaminantes, del planeta.


La industria textil es una de las más contaminantes del planeta. El fast fashion y el ultra fast fashion han disparado la producción textil en los últimos años a cifras inimaginables y esto está provocando unas nefastas consecuencias. Según datos del Foro Económico Mundial, la industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). El desperdicio de ropa que se genera con este tipo de producción desmedida se refleja en que un 85% de todos los textiles acaban en el vertedero cada año y cada segundo se quema o deposita en un vertedero el equivalente a un camión de basura lleno de ropa, según esta misma fuente.

En este contexto, ha despertado y prosperado todo un mundo paralelo de moda de segunda mano, upcycling, circularidad y slow fashion, con el fin de evitar que la ropa de la moda rápida tenga la vida demasiado corta y acabe contaminando el planeta. A raíz de esto, tras una larga carrera dentro de una de las gigantes de la moda, Mónica Rodríguez tuvo una idea novedosa: rescatar desechos textiles y venderlos a distintos proveedores. Bajo esta premisa nació la start up, Recovo, de la que hoy ella es CEO, que transforma los desechos de unos en materia prima para otros.

Cada segundo se quema o deposita en un vertedero el equivalente a un camión de basura lleno de ropa

«Contribuimos a la circularidad textil recuperando materiales sobrantes como hilaturas, tejidos o fornituras a los que les hacemos fotos y los escaneamos en 3D para luego ponerlos a disposición de compra de todo tipo de marcas a nivel global. Gracias a esto prolongamos la vida útil de estos materiales», explica la emprendedora. Apoyándose en la digitalización y la tecnología, la empresa es capaz de recuperar información y datos de cada tejido para poder medir el ahorro por tejido utilizado. Sus clientes ven claramente la información de impacto del producto que compran, como por ejemplo su trazabilidad por metro. En ese sentido, la start up ha logrado ahorrar 22 millones de litros de agua, 98.000 kg de CO₂ y 1.400.000 m de residuos textiles.

«Mediante nuestra metodología de trabajo conseguimos que stocks dormidos y parados cobren de nuevo sentido en colecciones nuevas con el valor añadido de que reutilizar en lugar de producir nuevos tejidos ahorra recursos naturales como el agua y, además, con esta fórmula las empresas se ahorran la energía de tener que producirlos por sus propios medios».

Recovo ha logrado ahorrar 22 millones de l de agua, 98.000 kg de CO₂ y 1.400.000 m de residuos textiles

No obstante, para Rodríguez, el sector de la moda todavía necesita avanzar mucho más en cuanto a sostenibilidad y el fast fashion parece el antónimo de ese concepto. «Todo es una cuestión de las prioridades de las grandes corporaciones», explica. Para la experta, el sector de la moda debe limitar su producción, es decir, no sobreproducir. «Se debe producir solamente lo que se vaya a vender; esto es posible saberlo gracias a modelos predictivos, datos, etc. Por otro lado, debemos utilizar solamente materiales amigables con el medio ambiente, así como integrar la circularidad en las operaciones de la empresa para que los residuos que se generen puedan ser reciclados infinitas veces».

Fernando Valladares: «El decrecimiento económico es la auténtica prosperidad»

Fernando Valladares

El conocido científico y divulgador pone sobre la mesa algunos temas incómodos –y menos discutidos– sobre todo aquello que podemos y debemos hacer para mejorar nuestra relación con el medio ambiente.


Para Valladares, el cambio climático, la sobreproducción de alimentos, el mal uso del agua, o el «tecno optimismo» tienen que pasar necesariamente por entre las patas del elefante en la habitación: el decrecimiento económico. Solo limitando la producción y priorizando los derechos humanos por encima de la economía podremos, finalmente, sanear la relación entre el ser humano y la naturaleza para vivir una vida plenamente sostenible.

Sabemos que es indispensable dejar de producir y utilizar combustibles fósiles para revertir el cambio climático, pero, ¿hay algo más que debamos hacer? ¿Algo de lo que no se esté hablando lo suficiente?

Esto es muy interesante, ya que no basta con abordar los combustibles fósiles. Si bien la emergencia climática es quizá lo más apremiante en este momento, no deja de ser uno de los múltiples síntomas de una sociedad insostenible. El sistema alimentario es uno de los grandes problemas de la humanidad. Producimos en exceso, tiramos un tercio de la producción y un 20% genera sobrepeso y problemas de diabetes en el norte global. 

Hablamos de un sistema que es un tremendo fracaso: utiliza 20% del agua, provoca un 8% de las emisiones y ocupa un 13% de la superficie del suelo para que un tercio de esas cosechas acaben en la basura. Producimos en demasía, mal, caro y deslocalizado para, encima, generar hambruna. Además, entre las consecuencias también están las aguas contaminadas por todos los agroquímicos, como en el Mar Menor y en tantos otros lugares.

Por otro lado, está también el uso insostenible del agua. Cataluña está pasando la mayor sequía de toda su historia, lo cual se venía anunciando desde hace décadas. Un tercio de la población mundial no tiene agua suficiente y la Organización Meteorológica Mundial dice que vamos a necesitar un tercio más de agua para el 2050, ¿de dónde la vamos a sacar? Y, por supuesto, la contaminación por los plásticos y la atmosférica generan muchísimas muertes y es algo de lo que no se habla de forma conjunta; todo el modelo civilizatorio es tóxico. Hay millones de muertes evitables todos los años y hay muchísima gente que no es sana ni feliz por este modelo socioeconómico que provoca el deterioro de la biodiversidad, la contaminación, la sobreexplotación del agua y que se multiplica con el cambio climático.

«El capitalismo y el crecimiento indefinido son ingredientes absolutamente insostenibles»

Propones que el gran culpable de la «relación tóxica» de los humanos con la tierra es el fruto directo de la insostenibilidad del modelo capitalista que busca el crecimiento económico desmedido, sin tomar en cuenta las limitaciones de la tierra. ¿Consideras que para poder recuperar una relación de armonía entre seres humanos y la naturaleza se debe abandonar este modelo de sistema económico por completo? ¿Cuál sería la alternativa?
El sistema económico es uno de los graves problemas de la humanidad. El capitalismo y el crecimiento indefinido son ingredientes absolutamente insostenibles. Hemos reventado seis de los nueve límites planetarios. No tenemos todo un sistema alternativo al que saltar como si fuera el sistema operativo de un ordenador, esto no funciona así. Tenemos que aplicar distintas recetas, algunas de ellas tienen diferencias geográficas, por supuesto. 

El norte global tiene que decrecer un 80% - 70% su producción, mientras que el sur global en muchos casos debe aún crecer en algunos aspectos para poder alcanzar el desarrollo que en cuestiones básicas muchos países no han llegado aún. Para que el sur se desarrolle sin pasar por la senda contaminante que ha pasado el norte tenemos que ceder tecnología, algo que se nos da muy mal, como vimos con la vacuna de la covid.

Hay que abandonar el crecimiento ilimitado, enfriar y desescalar la economía progresivamente para que no ocurran recesiones imprevistas y así programar un decrecimiento, tomando medidas acompañantes para los sectores que no puedan reorganizarse por sí mismos. Esto es ineludible, el decrecimiento va a ocurrir, no es algo opcional. Al ritmo al que vamos, reventando muchos límites planetarios, las tensiones geopolíticas, etc., lo que harán es irnos llevando con más frecuencia a recesiones y eventualmente a algunas muy profundas de las que tardaremos muchos años en salir. Entonces, como el decrecimiento va a ocurrir sí o sí, lo único que podemos elegir es adelantarnos, pilotarlo y acomodar un poco las condiciones de la humanidad. ¿Cómo? Poniendo los derechos humanos por delante de la economía.

¿Cómo podemos hablar de decrecimiento económico sin que esto suponga un retroceso económico y social en el imaginario colectivo? ¿O incluso la crispación social entre los más radicales?

No tenemos que ser nosotros mismos los que pongamos la solución política, para eso están los políticos. En buena medida la sociedad, los técnicos, los científicos, incluso los medios de comunicación deben transmitir lo que se sabe, así como los problemas del modelo socioeconómico y el diagnóstico de la situación. Podemos convertir lo que parece un frenazo, un retroceso, una involución en todo lo contrario, porque es justamente eso. El decrecimiento económico es la auténtica prosperidad. Vendrá a medida que apliquemos, sobre todo en el norte global, medidas drásticas de decrecimiento, además de crecer solo en lo importante, como en los valores humanos, en los derechos humanos o en el tiempo para uno mismo. 

Así trabajaremos mucho menos y habrá tiempo para cuidarnos y para hacer muchas cosas que en el norte global estamos subcontratando, como cuidar, cocinar, etc. Ese tiempo se lo restaríamos a la jornada laboral y así podríamos encarrilar entre todos un nuevo modelo de civilización. Todo esto son motivos para la esperanza, tenemos una oportunidad histórica para pilotar un tránsito hacia una sociedad mayoritariamente sana y feliz. La ultraderecha populista no quiere entender este tipo de mensajes. Así que lo que habrá que hacer es ponerles ejemplos de comunidades y soluciones que funcionan y con esa dosis de empatía y de amabilidad espero que los vayamos suavizando.

«Tenemos una oportunidad histórica para pilotar un tránsito hacia una sociedad mayoritariamente sana y feliz» 

A la agonía existencial que provoca el cambio climático, el costo de la vida, etc., se le suma ahora una nueva variante: la inteligencia artificial. Sin embargo, no todo es oscuro. Algunos dicen que la IA será un agente clave para frenar el cambio climático, ¿qué visión tienes acerca de esto?
La IA es una herramienta poderosísima que nos permite entender mejor el clima complejo de la tierra o hacer simulaciones mucho más rápidas de sistemas multivariantes como es el propio cambio climático. Pero debido a su huella energética consume mucha agua y energía, por lo que tenemos que hacer un uso responsable de ella, pero sería la primera vez que hacemos un uso responsable de algo. Quizás sería interesante consultar a la propia inteligencia artificial, sobre cómo hacer un uso responsable climáticamente de la inteligencia artificial.

¿Pueden los individuos y comunidades utilizar la tecnología para mejorar su relación con la naturaleza? ¿O es esto un oxímoron?
El mayor tiro en el pie que nos hemos dado y por el cual no avanzamos es el «tecno optimismo». Es decir, un optimismo exagerado de que la tecnología nos sacará del apuro. Los científicos podemos asegurar que esto no va a ocurrir. La tecnología es una herramienta que nos puede ayudar a salir, pero necesitamos voluntad. Por ejemplo, en el tema energético no basta con las renovables. Tenemos que cambiar el chip y producir y consumir en España concretamente la mitad de la energía, en Europa en promedio un tercio de la energía y en Estados Unidos una quinta parte la energía que actualmente se produce. 

Este es el chip civilizatorio que debe acompañar al cambio del modelo energético, pero la tecnología tiene que estar bajo nuestro control y tenemos que usarla con sensatez. Hay que abandonar los sueños «tecno optimistas» que piensan que «hemos salido de otras». La tecnología no nos salvará porque nunca la humanidad se ha enfrentado a un desafío global del tamaño de la escala espacial temporal que tiene el cambio climático y las otras grandes crisis que estamos generando.

¿Qué podemos hacer, como individuos, familias y comunidades, para decrecer conjuntamente y vivir una vida sostenible?

A la lista habitual de cosas que todos podemos hacer para mejorar nuestra relación con el medio ambiente (comer menos carne, usar bicicleta, hacer uso mínimo del agua, etc.) debemos sumar una activación real de la ciudadanía. Hay que ejercer más democracia participativa y hacer uso de las herramientas que tenemos para ponernos de acuerdo más rápidamente y más drásticamente de forma colectiva. Para ser sostenibles tenemos que consumir críticamente; ver de dónde viene aquello que compramos; luchar contra la obsolescencia programada y votar exigiendo a los políticos que tengan la agenda del cambio climático y la verdadera sostenibilidad como prioridad por encima de la propia economía. 

Por otro lado, como familia tenemos que hablar de política. España es un país con muy poca tradición, posiblemente debido a las heridas de la guerra civil y al periodo de dictadura, pero tenemos que rescatar una vida política que tiene que ser de mucho mejor calidad que la que vemos en la sede parlamentaria o en internet. Tenemos que ser más racionales y capaces de discrepar sin enfadarnos, así como escalar nuestras opiniones y necesidades en el ámbito de la comunidad para lograr cambios de mayor escala. Todo esto es lo que más podemos hacer de cara a acelerar una transición de modelo de civilización.

Salvar la biodiversidad, clave para evitar el colapso ecológico

Biodiversidad

El declive de la biodiversidad es más pronunciado hoy que en cualquier otra época de la historia. Sobrepasar el calentamiento global de 1,5 °C tendrá consecuencias irreversibles y solo la descarbonización puede frenar una potencial catástrofe.


Más de 60 jefes de Estado y unas 1.000 empresas de todo el mundo se congregaron en la edición número 54 del Foro Económico de Davos. Su eje transversal se basó en reconstruir una confianza fragmentada a nivel global y cuyo refuerzo es clave para tejer puentes políticos y sociales que nos ayuden a superar los crecientes desafíos que nos acechan. Uno de ellos es la acelerada pérdida de biodiversidad, clave para el equilibrio ecológico en todo el planeta. Según el informe Global Risk Report, publicado por el Foro Económico Mundial el año pasado, la pérdida acelerada de la biodiversidad es una de las principales preocupaciones mundiales tanto a corto como a largo plazo. 

Durante el Foro Económico de Davos se instó a crear una red para movilizar la inversión en energía limpia en el Sur Global

El declive de la biodiversidad es más pronunciado hoy que en cualquier otra época de la historia. La cadena de reacciones negativas provocadas por la intervención humana ha impactado sobre un equilibrio delicado y perfecto de la naturaleza con preocupantes consecuencias para el futuro. Así, el informe cita la severidad de este problema en la cuarta posición en la última década. «Dado que más de la mitad de la producción económica está estimada a ser entre moderadamente y muy dependiente de la naturaleza, el colapso de los ecosistemas tendrá consecuencias sociales y económicas de alto alcance», sostiene el documento. En ese sentido, las enfermedades zoonóticas, la disminución del resentimiento de los cultivos y su valor nutricional, el creciente estrés hídrico —potencial causa de conflictos violentos—, la pérdida de vidas dependientes de los sistemas alimentarios y los sistemas naturales como la polinización, además de las inundaciones, las subidas del nivel del mar y la erosión y degradación de los sistemas de protección contra inundaciones como praderas marinas y manglares, además de la degradación de los medios marinos, son apenas algunos de los problemas que ya se están desencadenando.

Es crucial comprender la relación directa entre el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. Ahora, más que nunca, es fundamental frenar el colapso ecológico alcanzando las emisiones netas cero. No alcanzar esta meta de sobrepasar el calentamiento global de 1,5 °C tendrá devastadoras consecuencias: el impacto continuado de desastres naturales, los cambios en la temperatura global y los cambios en las precipitaciones se convertirán en la causa dominante de la pérdida de biodiversidad. «Sin medidas políticas significativas o inversiones, las complejas relaciones entre la mitigación del cambio climático, la inseguridad alimentaria y la degradación de la biodiversidad acelerarán el colapso del ecosistema», sentencia el informe. 

Más de 100 empresas se comprometieron a restaurar, conservar y cultivar 12.000 millones de árboles

Así, la reconstrucción de la confianza entre todos los agentes es la base para tomar medidas serias «a tiro hecho». En ese sentido, la élite económica mundial alcanzó algunas conclusiones para el planeta. La plataforma Trillion Trees anunció que más de 100 empresas se comprometieron a restaurar, conservar y cultivar 12.000 millones de árboles. 

También, entre los acuerdos alcanzados se instó a crear una red para movilizar la inversión en energía limpia en el Sur Global, con el fin de desbloquear tres billones de dólares de aquí a 2030 necesarios para la transición energética. Así, la denominada Red para Movilizar Inversiones en Energía Limpia para el Sur Global es una alianza creada en el marco del Foro Económico de Davos, formada por más de 20 directores generales y líderes de los gobiernos de Colombia, Egipto, India, Japón, Malasia, Marruecos, Namibia, Nigeria, Noruega, Kenia y Sudáfrica. La red proporcionará un espacio de colaboración para que sus miembros aceleren las soluciones de capital en energías renovables. 

En esa misma línea, también se anunciaron nuevos compromisos para desbloquear miles de millones de dólares destinados a financiar soluciones para el clima y la naturaleza a través de la iniciativa Giving to Amplify Earth Action (GAEA). GAEA también ha incorporado un nuevo Acelerador de Grandes Apuestas, cuyo fin es amplificar y acelerar las asociaciones público-privadas filantrópicas e innovadoras a nivel mundial para poder alcanzar las emisiones netas cero, revertir la pérdida de biodiversidad y preservar la naturaleza.