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Escuchar el océano para proteger su biodiversidad

ruido marino

La contaminación acústica submarina se ha convertido en una amenaza invisible que altera la comunicación y el comportamiento de numerosas especies. Para conocer mejor sus efectos y contribuir a la conservación de los ecosistemas, el proyecto ‘Ecos del Océano’, impulsado por Redeia y AZTI, monitorizará durante una década el paisaje sonoro del golfo de Bizkaia y la presencia de peces de interés comercial y mamíferos.


A diferencia de los residuos plásticos o los vertidos químicos, el ruido no deja rastro visible, pero puede propagarse a miles de kilómetros bajo el agua y alterar el equilibrio de los ecosistemas marinos. La contaminación acústica submarina se ha convertido así en una amenaza creciente para la biodiversidad, al interferir en la comunicación, la orientación y el comportamiento de numerosas especies. Las aportaciones humanas al paisaje sonoro submarino son las que más pueden alterar el equilibrio acústico del medio.

Las aportaciones humanas al paisaje sonoro submarino son las que más pueden alterar el equilibrio acústico del medio

La preocupación por este problema ha llegado también a la agenda internacional. En 2025, durante la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, Panamá y Canadá lideraron el lanzamiento de la Coalición de Alta Ambición para un Océano Silencioso, la primera alianza política global destinada a mitigar la contaminación acústica submarina provocada por el transporte marítimo y otras actividades humanas. La iniciativa reunió a 35 países, entre ellos los 27 Estados miembros de la Unión Europea.

En este contexto, Redeia presentó, durante el III Seminario Científico Bosque Marino celebrado en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai  a finales de septiembre, una iniciativa que promete ahondar en los orígenes el ruido marino y comenzar a ponerle solución desde un territorio tan emblemático como el golfo de Vizcaya. El proyecto Ecos del Océano, desarrollado por Redeia a través de su filial Red Eléctrica, encargada del transporte y la operación del sistema eléctrico español, en colaboración con el centro tecnológico AZTI, tiene como objetivo estudiar la presencia y distribución de mamíferos marinos y especies de peces de interés comercial en el entorno de la nueva interconexión eléctrica entre Vizcaya y Francia. Esta infraestructura de la red de transporte, diseñada para conectar los sistemas eléctricos de ambos países mediante un enlace submarino y subterráneo, permitirá aumentar la capacidad de intercambio energético y facilitar la integración de energías renovables. La investigación busca conocer mejor las especies que habitan esta zona y su relación con el entorno en el que se despliega la conexión.

Mediciones en el medio marino

La principal acción de Ecos del Océano contempla la monitorización del paisaje sonoro del golfo de Bizkaia durante diez años. La actividad generará una serie temporal de referencia para el seguimiento acústico ambiental de la costa vasca, además de recopilar datos sobre la salinidad, la temperatura del agua y el tráfico marítimo.

Un vehículo submarino poco invasivo grabará los sonidos generados por animales y barcos en el golfo de Vizcaya durante diez años

También se revelará qué especies de mamíferos están presentes y cuándo, así como un mapeado del ruido producido por las distintas embarcaciones. La herramienta de trabajo que permitirá estas líneas de investigación es un glider con hidrófono: un vehículo submarino que contará con una tecnología autónoma, eléctrica, silenciosa y poco invasiva para grabar sonidos. A partir de este dispositivo se podrán elaborar mapas de la abundancia y distribución de la vida marina, que nos ayudarán a saber cuánta vida hay bajo la superficie y cómo se reparte. 

El trabajo de campo comenzará en marzo de 2027 con una primera campaña desde Pasaia (Guipúzcoa), que incluirá un despliegue inicial de diez días para instalar los sistemas de monitorización acústica pasiva y validar su funcionamiento, así como obtener los primeros datos. La información recopilada será clave para comprender mejor el impacto de la actividad humana bajo el agua y avanzar en la protección de unos ecosistemas cuya conservación depende también de lo que no se ve.