La inteligencia artificial, una tecnología clave para mejorar la inclusión

‘Apps’ que describen objetos, transcriben conversaciones o asisten en la conducción muestran cómo el avance de la IA está mejorando la vida de muchas personas con diferentes discapacidades.


En solo unos años, la inteligencia artificial (IA) se ha posicionado como una herramienta tecnológica con un increíble potencial para garantizar la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad, que representan el 16% de la población mundial. Esto se muestra tanto en el diagnóstico como en la asistencia diaria o en la mejora en el acceso a la información o la comunicación. 

En el ámbito de la discapacidad visual, por ejemplo, existen aplicaciones que, mediante el uso de esta tecnología, leen en voz alta textos impresos; plataformas de navegación guiada por voz; o herramientas que permiten a personas ciegas o con baja visión reconocer objetos como billetes, libros o prendas de vestir. En el seminario How can AI help disabled people? se compartieron algunas aplicaciones de «visión asistida», como Seein AI o Be My Eyes («sé mis ojos» en inglés), que describen el entorno o leen textos en tiempo real mediante cámaras e IA. «Como persona ciega, no puedo enfatizar lo suficiente el gran impacto que la IA está teniendo en personas con discapacidades», declaró Robin Christopherson, director de Inclusión Digital en AbilityNet, durante la sesión. 

Tasmin Keyes: «La capacidad de aprender patrones individuales de actividad y adaptarse a las diferencias personales puede ser una verdadera fortaleza y ventaja de la IA»

También hay soluciones para la discapacidad auditiva: aplicaciones que subtitulan conversaciones en tiempo real, algoritmos que interpretan el lenguaje de señas o sistemas que traducen alertas sonoras en señales visuales. Algunos ejemplos de estas aplicaciones son Ava/Roger Voice, un transcriptor de conversaciones; HeardThat, que filtra el ruido de fondo; o el audífono inteligente Orka Two.  

En cuanto a la discapacidad física o motora, la tecnología que utiliza la IA también ha implementado avances innovadores, como prótesis y exoesqueletos inteligentes, sillas de ruedas autónomas o robots de asistencia que ayudan a personas de movilidad reducida en tareas como abrir puertas o alcanzar objetos. 

La IA también puede ser un aliado para las personas con discapacidad cognitiva o intelectual. La aplicación Google Lens utiliza la cámara de los dispositivos para ayudar a identificar objetos, textos y lugares, y proporcionar información sobre ellos; Helpicto traduce textos en imágenes para facilitar su comprensión; Goblin Tools simplifica listas de tareas; y los asistentes de inteligencia artificial de PLACEAT adaptan textos con ChatGPT para convertirlos en lectura accesible. 

Para 2050, 3,5 mil millones de personas necesitarán uno o más productos de asistencia. Uno de los principales desafíos que tiene la IA es no dejar a nadie atrás.

Finalmente, en los casos de daño cerebral, la IA puede ayudar a paliar problemas relacionados como la pérdida de memoria, la fatiga o la dificultad para establecer metas. «La capacidad de aprender patrones individuales de actividad y adaptarse a las diferencias personales puede ser una verdadera fortaleza y ventaja de la IA», subraya Tasmin Keyes, directora de la Brain Injury Association. Un ejemplo de ello, son los vehículos automatizados, ya que conducir se convierte en una actividad muy difícil cuando se tiene una lesión cerebral, puesto que requiere combinar habilidades como mantener la atención o reaccionar ante peligros en muy poco tiempo. Asimismo, los asistentes digitales o las tecnologías inteligentes para el hogar (enchufes, cerraduras y electrodomésticos) son útiles para preservar la seguridad doméstica de personas con daño cerebral. También existen aplicaciones que ayudan a la comunicación con personas con parálisis cerebral, como los proyectos Euphonia/Relate o Parrotron. 

Estas tecnologías también presentan riesgos para las personas con discapacidad: problemas de accesibilidad, algoritmos sesgados, discriminación de grupos vulnerables o sistemas incapaces de comprender la diversidad humana o comunicativa. En este sentido, uno de los principales desafíos que tiene la IA es que la transformación que supone no deje a nadie atrás en un mundo muy desigual, y en el que para 2050 se prevé que 3,5 mil millones de personas necesitarán uno o más productos de asistencia. Sin embargo, y aun reconociendo los dilemas éticos de este campo en rapidísima evolución, «la IA tiene un gran potencial y posibilidades», concluye Keyes.