Autor: María Ramos Domínguez

Energía verde e inteligente: la IA al servicio de las renovables

renovables

Aplicar la inteligencia artificial en el sector de la energía verde permite optimizar procesos, corregir problemas y explorar nuevas potencialidades. Así, las renovables multiplican su capacidad y, por ende, su valor.  


Son dos de las tendencias de moda: La inteligencia artificial está dominando la conversación en el ámbito tecnológico, con sus grandes capacidades de análisis en ingentes volúmenes de datos y la automatización de operaciones. Las renovables son casi un imperativo cuando se trata de energía, sobre todo en el actual contexto en el que se demandan alternativas limpias para reducir la dependencia de otras formas más contaminantes y finitas. Parecían predestinadas a encontrarse. 

¿Para qué se puede utilizar entonces la IA cuando se habla de la optimización del desarrollo en las renovables? La respuesta corta es: para casi todo y en todas las fases del proceso. 

Anticiparse a posibles picos de demanda permite redistribuir la energía para destinar más recursos allí donde sean necesarios

En una primera fase, por ejemplo, el análisis inteligente de datos meteorológicos permite estudiar las localizaciones idóneas para ubicar nuevas instalaciones. Una vez en funcionamiento, en la generación de suministro, al cruzar las previsiones del tiempo con los datos del propio parque, se puede conocer si van a producirse fenómenos adversos y predecir cuánta energía se va a generar. También mediante la monitorización en la red de transporte: Red Eléctrica ha implantado en varias líneas aéreas 750 sistemas DLR (Dynamic Line Rating). Estos constan de sensores y estaciones meteorológicas con tecnología IoT e inteligencia artificial, para predecir de forma precisa la capacidad de transporte de las líneas y optimizar su uso: se puede llegar a incrementar hasta un 30% su capacidad. 

También en las instalaciones, independientemente de su tipo, el empleo de analítica predictiva permite adelantarse a la hora de realizar tareas de mantenimiento, al calcular los límites de uso de cada dispositivo o estructura. Además, otra de las funcionalidades que está permitiendo la IA aplicada a las energías renovables es la creación de smart grids o redes de distribución inteligentes, en las que se realiza análisis en tiempo real. Esto posibilita conocer los patrones de uso de los consumidores finales, de tal modo que se pueden controlar posibles fraudes o facilitar una gestión personalizada del consumo eléctrico. Proyectos como el de Elewit, utilizan técnicas de análisis de datos para elaborar modelos de predicción de producción y demanda, mejorando así la cobertura: anticiparse a posibles picos de demanda permite redistribuir la energía de modo que se destinen más recursos allí donde sean necesarios. 

Entrenar un algoritmo de procesamiento del lenguaje natural emite el mismo CO2 que cinco vidas útiles de un coche

Tareas pendientes

Sin embargo, las ventajas en la aplicación de tecnologías inteligentes tienen una contra: su coste medioambiental. Entrenar un algoritmo de procesamiento del lenguaje natural emite el mismo CO2 que cinco vidas útiles de un coche. Asimismo, los centros de datos consumen ya más electricidad que la mayor parte de países del mundo, además de necesitar grandes cantidades de agua para refrescar las instalaciones. 

El sector tecnológico es consciente de este problema y está buscando vías para mitigarlo, como el desarrollo de software verde, que se preocupa tanto por el impacto final de la herramienta como por lo que consume. Se trata de una forma de utilizar la tecnología que, además, se alinea con los principios sobre los que operan las energías renovables.

Cuando el bullying se esconde tras la pantalla

ciberacoso

En el ciberacoso, los medios digitales son la vía a través de la cual los agresores hacen daño a sus víctimas. Este tipo de violencia online se asocia frecuentemente a los jóvenes menores de edad, aunque sucede también en adultas.


Dejar de usar el móvil o la tablet, cerrar las redes sociales, aislarse de la gente, cambiar de conducta, reaccionar a la defensiva: si conoces a alguien que esté experimentando estos síntomas, cuando antes no era así, es posible que estés frente a una víctima de ciberacoso o ciberbullying

Este problema va de la mano de la popularización del uso de dispositivos móviles entre la juventud. Se calcula que prácticamente uno de cada diez adolescentes en España ha sufrido esta forma de violencia, que se da cuando se utilizan medios online para hacer daño de forma consciente y reiterada a otras personas. La estadística se duplica entre el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. En la educación primaria, el porcentaje es similar, con un 9,2% de víctimas entre los estudiantes de este nivel. 

Se calcula que uno de cada diez adolescentes en España ha sufrido violencia cibernética

En los últimos años, además, se está percibiendo un incremento vinculado al mal uso de la inteligencia artificial con la creación de deepfakes o montajes falsos con fotografías de la víctima. Esta es una de las formas que adopta el ciberbullying, pero no la única. Otras pueden ser colgar fotos o vídeos sin permiso, ofendiendo o agrediendo a la víctima; enviar mensajes insultándola o humillándola; o el grooming, cuando una persona adulta engaña a una menor a través de redes, generalmente con motivos sexuales.

Cómo actuar frente al ciberbullying

Cuando se sufre ciberacoso, es habitual no saber qué hacer, a quién acudir o cómo gestionarlo porque este tipo de ataques pueden acarrear también abusos emocionales o chantajes que hacen que la víctima sienta que es mejor no decir nada o incluso que no hay ninguna salida. 

Lo primero que hay que hacer es mentalizarse de que no hay porqué aguantar esta situación, que sí hay salida y que no hay que buscarla solo o sola. Para esto, se aconseja pedir ayuda a una persona de confianza, entre la familia o el profesorado, por ejemplo. Se puede bloquear a la persona que acosa en redes o denunciar la publicación para que la plataforma la elimine, pero antes es conveniente hacer capturas para poder demostrar el acoso si fuera necesario; y también si es por otras vías, como la mensajería instantánea.

En los últimos años, se está percibiendo un incremento vinculado al mal uso de la inteligencia artificial (IA) con la creación de deepfakes

Cuando se tiene conocimiento de un caso de ciberacoso, es importante seguir tres claves para evitar que el problema vaya a más: siempre intervenir, hacerlo de forma rápida y manteniendo la calma. Otras recomendaciones son comunicarse con el centro docente, la persona agresora y su familia y buscar ayuda especializada para la víctima. 

Cuando no se ha conseguido solucionar el problema por otra vía, hay que acudir a las autoridades, dado que el ciberacoso es un delito recogido en el Código Penal y en la Ley de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia. Hay varias alternativas: además de ir directamente a la Policía (nacional, local o autonómica) o a la Guardia Civil, está el teléfono 900 018 018 de atención ante casos de acoso. También se puede contactar vía chat o formulario. Cualquier modalidad sirve, siempre que la víctima deje de pasar por una situación que nunca debió sufrir.

Palas de madera laminada: hacia una energía eólica totalmente limpia

Las energías renovables no están exentas de la generación de residuos contaminantes. En el caso de la eólica, el desafío pasa por el reciclaje de las palas de los aerogeneradores. Frente a este problema surgen opciones que garantizan una mayor sostenibilidad, como las palas de madera laminada o LVL. 


La energía eólica está experimentando un importante momento de expansión. En 2023 se generaron 1.021 GW por esta vía a nivel mundial. En España, el quinto país del planeta en potencia eólica instalada, es ya la principal fuente de energía, según datos de Red Eléctrica: un 23,5% de la capacidad eléctrica del país en 2023 procedió de aerogeneradores. 

Se estima que los desperdicios de palas alcanzarán las 43 millones de toneladas en 2050

No obstante, este cambio a una energía renovable no implica una producción 100% limpia. Entre un 10 y un 15% de los materiales de un aerogenerador no son reciclables. Los molinos de viento, como cualquier estructura, tienen una vida útil de entre 25 y 30 años. Entre sus componentes no reciclables se encuentran las palas, cuyos desperdicios se estima que alcanzarán los 43 millones de toneladas en 2050. Desde 2019 hasta 2024 se ha previsto el desmantelamiento de un total de 14.000 palas en Europa. Estas cifras dan cuenta de la magnitud del reto de la gestión de la energía eólica al final de la vida útil de sus componentes.

La dificultad de reciclar las palas de los aerogeneradores proviene de que estos segmentos se elaboran con materiales compuestos, principalmente poliéster o epoxi reforzados con fibra de vidrio o de carbono. Su principal ventaja es que permiten estructuras más ligeras y duraderas, aunque tienen un inconveniente: su reciclaje es complejo y costoso. 

Respuestas a un desafío único

Una de las estrategias hacia una eólica totalmente limpia pasa por atajar el problema en origen mediante el empleo de materiales sostenibles. Recientemente, la startup Voodin Blade Technology ha montado en una turbina existente en Breuna, Alemania, unas palas realizadas en LVL, madera laminada enchapada o capas muy finas de madera ensambladas mediante adhesivos. 

La madera laminada es un material 100% biodegradable y tiene un proceso de fabricación más automatizado por la cercanía a parques eólicos

La compañía asegura que es un material 100% biodegradable, lo que minimizaría el problema de gestión una vez finalizado su ciclo de vida.  Otra ventaja: una mayor automatización del proceso de fabricación, gracias a que se producen cerca de los parques eólicos. Esto se traduce, según la startup, en una reducción del 78% las emisiones derivadas de su fabricación y un ahorro del 20% de los costes. 

Otras alternativas pasan por la reutilización de las infraestructuras mediante la venta en otros mercados. El reciclaje mecánico tritura las palas viejas y emplea el resultante en otros productos, como hormigón o aislamientos de construcción. El térmico o químico emplea distintos procesos para reaprovechar las fibras, separándolas de las resinas. 

Los esfuerzos en España en este sector se han incrementado en los últimos 5 años, en parte gracias al apoyo de distintas administraciones; por ejemplo, las ayudas específicas del Gobierno para la creación de plantas de tratamiento de palas. Instalaciones como las de Lumbier y Cortes, en Navarra, o la de León tienen previsto abrir entre 2024 y 2025. 

Precisamente esta última planta está financiada en parte con fondos europeos, a través del consorcio de 14 empresas Blades2Build. Y es que en Europa también se están moviendo iniciativas de interés, como la de Continuum, una empresa que convierte las palas en material reciclable para edificios. Entre sus planes, abrir seis plantas de reciclaje por el continente, empezando por Dinamarca y Reino Unido. La investigación en nuevos materiales, la reutilización de infraestructuras usadas o la apuesta por distintas formas de reciclaje son las respuestas con las que la industria eólica quiere encontrar maneras de reciclar elementos que, hasta hoy, lastraban la etiqueta de energía totalmente limpia.