Autor: Mariana Toro

El nuevo Plan Nacional Integrado de Energía y Clima para dummies

Desde que se desató la crisis energética en 2021, y con el estallido de la guerra de Rusia en Ucrania, la energía es uno de los temas preponderantes de la agenda pública europea. Y España no se ha quedado atrás. Mientras la Comisión Europea avanza en su reforma del mercado eléctrico, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España elaboró un borrador para actualizar su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para elevar las aspiraciones energéticas nacionales y plantear objetivos coherentes con la reducción de emisiones adoptada a nivel europeo de cara a 2030. 

¿Qué es el PNIEC?

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) es la hoja de ruta española en materia de descarbonización y penetración de energías renovables. Originalmente, fue enviado a Bruselas en 2020, que le dio el visto bueno para que se pusiera en marcha en 2021. Sin embargo, ante los nuevos contextos energéticos y las crecientes ambiciones climáticas a nivel europeo, plasmadas en los paquetes «Objetivo 55» y «REPowerEU», el Gobierno ha decidido actualizar el PNIEC. El nuevo borrador fue enviado a la Comisión Europea en julio y estuvo abierto a consulta pública hasta el pasado 4 de septiembre. 

¿Cuáles son sus objetivos principales?

El nuevo PNIEC aspira a concretar un 32% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030

La nueva hoja de ruta aspira a concretar, para 2030, un 32% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990; un 48% de renovables sobre el uso final de la energía; un 44% de mejora de la eficiencia energética en términos de energía final; un 81% de energía renovable en la generación eléctrica; una reducción de la dependencia energética hasta en un 51% (frente al 73% en 2019); disponer de 19 GW de autoconsumo y 22 GW de almacenamiento; y un 43% de reducción de las emisiones de los sectores difusos y un 70% de los sectores bajo el comercio de derechos de emisión con respecto a 2005. 

¿Qué ha cambiado exactamente con respecto a 2021?

La versión de 2021 del PNIEC tenía como objetivos vinculantes principales para 2030 un 23% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990; un 42% de renovables sobre el uso final de la energía; un 39,5% de mejora de la eficiencia energética; y un 74% de energía renovable en la generación eléctrica. 

¿Por qué es importante el PNIEC?

Como bien lo explica el propio Gobierno en su borrador, el nuevo PNIEC establece el marco de actuación español hasta 2030 para cumplir los objetivos de transición ecológica de la Unión Europea, luchar contra el cambio climático y alcanzar la neutralidad climática antes de 2050. 

Aumenta del 74 al 81% el porcentaje de integración de energías renovables en la generación eléctrica

Además, la transición energética “es una oportunidad para la modernización de la economía, la creación de empleo sostenible en el tiempo, el refuerzo de la competitividad y la reducción de la dependencia energética exterior”, además de una oportunidad “para el desarrollo del medio rural, la mejora de la salud de las personas y el medio ambiente, y la justicia social”. 

¿Qué reacciones ha generado el nuevo PNIEC?

El nuevo documento ha despertado tanto reacciones a favor como en contra. Algunas críticas están relacionadas con la concreción numérica, las estimaciones de aportación de algunas energías, la participación social y el almacenamiento. Asimismo, se ha criticado que el incremento en la reducción de emisiones es escaso, si se tiene en cuenta que el compromiso adquirido por la Comisión Europea está en el 55%.

Mientras que la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) aplaude que el borrador haya tenido en cuenta la petición del sector de revisar al alza los objetivos de implementación de energía solar para autoconsumo y plantas en suelo, por su lado, la Asociación para la Transición Energética pide que se tenga más en cuenta la demanda y al consumidor, para que se disponga de energía a un precio competitivo para las empresas y la ciudadanía.

Por su parte, el colectivo de expertos Fundación Renovables valora "positivamente" el incremento en las ambiciones del Gobierno, pero subraya que hace falta un "calendario analizado hasta 2030" para el desarrollo de los objetivos, y considera conveniente aumentar el "grado de concreción, con compromisos numéricos". Además, resalta la necesidad de una oficina de seguimiento y control del PNIEC y de que los diferentes grupos de interés sean incluidos en los procesos de diálogo.

¿Cuándo estaría listo el nuevo PNIEC?

El borrador de la nueva hoja de ruta estuvo abierto para consulta de participación pública hasta el 4 de septiembre y la Moncloa prevé que la versión definitiva del documento sea remitida a la Comisión Europea en junio de 2024. 

El futuro de la sostenibilidad se esconde en el océano

Los mares son esponjas de dióxido de carbono. Su absorción es clave para la mitigación del cambio climático. Según datos de Naciones Unidas, los océanos capturan y secuestran alrededor de un tercio del CO2 producido por la actividad humana. Lo incorporan y almacenan para volverlo bicarbonato, en su reacción con el agua, o carbonato de calcio, presente en corales y moluscos. Pero también juegan un papel importante las algas, pues con su fotosíntesis ayudan a convertir el CO2 en carbono orgánico y paliar los efectos del cambio climático.

En los últimos años se ha comenzado a investigar e invertir en el potencial de las plantas marinas para el futuro de la sostenibilidad. Diversos proyectos, como el Bosque Marino de Red Eléctrica, están apostando, por ejemplo, por el cultivo y la reforestación de las praderas degradadas de posidonia oceánica, un agente natural del secuestro de carbono y de la preservación de los ecosistemas mediterráneos.

Revolución acuática

Varios expertos están trabajando en el cultivo de la Zostera marina, una planta acuática que, además de contribuir a retirar el carbono azul de la atmósfera, evita la erosión de los fondos marinos, beneficia las zonas de refugio y reproducción de la fauna oceánica y reduce la acidificación de los mares. Y también está siendo utilizada en gastronomía.

Los océanos ofrecen oportunidades doradas para el desarrollo de energías renovables y el fortalecimiento de la economía verde

Tras el descubrimiento del chef Ángel León, quien la bautizó el “cereal del mar”, se encontró que las propiedades nutritivas de esta planta, alta en proteínas, vitaminas y minerales, la convierten en un alimento revolucionario que no deja huella hídrica pues no requiere de riego ni abonos.

El biólogo José Lucas Pérez Llorens, quien desarrolla un proyecto de vivero en Cádiz financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación para repoblar parte del litoral, ha explicado que los beneficios de la Zostera marina van aún más lejos. Como dijo a la Agencia Sinc, “hace 14.000 años que las algas se utilizan como medicina, ya sea como cataplasmas para curar heridas o para tratar enfermedades”. Además, se están utilizando en la industria de la cosmecéutica, pues están compuestas de polifenoles, unas moléculas que evitan la oxidación celular.

Algas para la energía limpia

Las algas también se están alzando como material privilegiado para producir sustitutos del plástico y biocombustible, una solución revolucionaria para generar energía verde. A pesar de que su desarrollo es todavía incipiente, se espera que los biocombustibles de biomasa de algas puedan utilizarse de forma generalizada en el transporte, lo que reduce las emisiones de carbono y alivia la dependencia del petróleo. Incluso algunas compañías automotrices como Mazda y Honda han investigado en la materia, y hasta la petrolera Exxon invirtió hace unos años 350 millones de dólares en sus intentos de desarrollar biocarburante a base de algas.

Plantas acuáticas como el llamado "cereal del mar" se alzan como un alimento revolucionario con grandes propiedades y que no dejan huella hídrica

Toda esta innovación científica demuestra que los océanos guardan tesoros para la bioeconomía en sectores tan diversos como la farmacéutica o las energías renovables, y que invertir en la investigación de las algas puede ser la clave para la transición energética y luchar contra el hambre en el mundo. El océano no solo cubre tres cuartas partes del planeta sino que, además, desde ahora, y sobre todo en los próximos años, jugará un rol preponderante para combatir la crisis climática y contribuir al desarrollo social.

Así impacta el ciclo vital del Sol sobre la Tierra

El Sol es una estrella viva. Por ende, pasa por distintos ciclos que duran habitualmente unos 11 años y en los que los polos magnéticos solares se invierten. Entre los giros, la radiación solar total aumenta y disminuye, y esa fluctuación se siente en nuestro planeta. Durante el mínimo solar, es normal que se enfríe la termosfera, una de las capas atmosféricas más alejadas de la superficie terrestre, y que, en el punto máximo del ciclo, se caliente.

Actualmente, la enorme estrella alrededor de la cual orbitamos está pasando por una fase de gran intensidad y está cerca de alcanzar su pico máximo. ¿Qué significa esto? Que han aparecido nuevas manchas de donde surgen llamaradas solares. De acuerdo con la Agencia Espacial Europea, estas erupciones calientan las partículas a millones de grados y producen un estallido de radiación en todo el espectro electromagnético, desde las ondas de radio hasta los rayos X y los rayos gamma.

Aunque a veces aparecen bulos que afirman que las erupciones solares causan el calentamiento global, lo cierto es que estas variaciones en la radiación solar no influyen a largo plazo sobre el clima terrestre

Estos cambios en la meteorología espacial hacen que el llamado viento solar, la gran masa de plasma que sale del Sol, produzca tormentas geomagnéticas en las capas más altas de nuestra atmósfera. Un fenómeno que explica por qué en los últimos meses se han registrado impresionantes imágenes de auroras boreales en latitudes muy lejanas de los polos, como Extremadura o el sur de Estados Unidos.

Pero la alta actividad del Sol también puede producir otros efectos menos vistosos, especialmente cuando lanza erupciones solares de clase X. En febrero, estas ionizaron la capa superior de la atmósfera, llevando a interrupciones en las radiofrecuencias por debajo de los 30 MHz en algunos lugares de Sudamérica.

Y no solo eso. El impacto de este tipo de fulguraciones puede afectar el campo magnético de la Tierra, con el potencial de generar afecciones para infraestructuras  o perturbar las señales de navegación y representar riesgos para los astronautas y las naves espaciales.

Pico máximo

Se estima que el pico del actual ciclo solar ocurra el próximo año o en 2025; no obstante, científicos como Scott W. McIntosh han planteado la posibilidad de que este se adelante y de que a finales de 2023 o comienzos de 2024 se dé un "evento terminator", es decir, el fin abrupto del ciclo solar habitual. Esto explicaría por qué este año estamos siendo testigos de los efectos de uno de los periodos más fuertes del Sol de la última década.

Pero lo cierto es que las tormentas solares y el avistamiento de auroras boreales más cerca del ecuador no es un fenómeno nuevo. En 1859, el llamado evento Carrington —la mayor tormenta solar documentada— quemó la red de telégrafos en EE.UU. y el Reino Unido, y logró que la noche se volviera día en el Caribe y las islas Canarias.

El clima y el Sol

De vez en cuando aparecen bulos que culpan al Sol del inminente cambio climático. Sin embargo, las fluctuaciones producidas por los ciclos solares en la irradiancia total no son lo suficientemente fuertes para influir a largo plazo sobre el clima terrestre. "Los científicos no han podido encontrar pruebas convincentes de que el ciclo de 11 años se refleje en ningún aspecto del clima más allá de la estratosfera, como la temperatura de la superficie, las precipitaciones o los patrones del viento”, sostiene la NASA.

Las tormentas solares tienen el potencial de generar afecciones, entre otras, a señales de navegación

Pero de lo que no cabe duda es que el Sol es esencial para el equilibrio vital de la Tierra. Su radiación electromagnética es fundamental para el funcionamiento de los ecosistemas, la fotosíntesis, los ritmos biológicos y el ciclo del agua, además de que representa una excelente fuente de energía renovable. Sin él, no existirían las condiciones necesarias para sustentar la vida en nuestro planeta. Por eso deben monitorizarse sus ciclos para que seamos más resilientes ante las tormentas solares, y podamos comprender mejor que lo que está mostrando hoy en día la meteorología espacial es una poderosa fase de su ciclo vital.

La salud oceánica, una protección urgente

Más de dos tercios del planeta están cubiertos por agua. Los océanos producen la mitad del oxígeno que respiramos y absorben alrededor del 30% del CO2 producido por los humanos, según datos de las Naciones Unidas. Dependemos de ellos como fuente de vida: albergan el 95% de la biosfera mundial y alimentan a más de mil millones de personas en el mundo.

No obstante, su estado de salud se ha visto afectado a causa del impacto humano. La ONU ha alertado de que el 90% de las grandes especies de peces marítimos están mermadas y el 50% de los arrecifes de coral están destruidos a causa de la sobreexplotación. «Estamos justo en el punto entre continuar con la actitud extractiva de tomar, tomar y tomar de la naturaleza y caer en la cuenta de que lo más importante que le estamos quitando a la naturaleza es nuestra propia existencia», sostiene Sylvia Earle, presidenta del programa conservacionista Mission Blue.

El 90% de las grandes especies de peces marítimos están mermadas y el 50% de los arrecifes de coral están destruidos a causa de la sobreexplotación, según la ONU

Si bien es cierto que varias organizaciones han venido trabajando en los últimos años por la conservación de los océanos, se requiere de un fuerte brazo político para que la tendencia cambie de corriente. El acuerdo entre 193 naciones en la ONU con el Tratado Global de los Océanos es una buena noticia para su protección, teniendo en cuenta especialmente que estos representan el 70% de nuestro planeta. Este tratado es un acuerdo histórico que, después de dos décadas en proceso, busca proteger la alta mar, aquella parte que queda fuera de las fronteras nacionales —es decir, casi dos tercios del océano—.

Es un paso en la dirección correcta hacia una explotación sostenible de los océanos, lo cual podría impactar positivamente sobre el desarrollo mundial. Un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) afirma que el océano ofrece a los países en vía de desarrollo enormes oportunidades para construir economías más innovadoras y resilientes. La economía mundial de los océanos tiene un valor estimado de entre 3 y 6 billones de dólares y por eso la UNCTAD ha instado a crear un «Pacto Azul» global para «encontrar el equilibrio adecuado entre beneficiarnos del océano y al mismo tiempo proteger sus recursos».

La explotación sostenible de los mares podría impactar positivamente sobre el desarrollo, además de producir sustitutos al plástico, uno de los principales contaminantes del océano

No cabe duda de que el cambio climático, la sobrepesca y la contaminación están afectando los ecosistemas marinos. Sin embargo, el «Pacto Azul» podría impulsar las inversiones en sectores emergentes que apuestan por el desarrollo sostenible y que permitirían una mayor protección de la biodiversidad. Por ejemplo, el cultivo de algas marinas como sustituto del plástico está sirviendo para producir alternativas ecológicas a las pajitas y los envoltorios de alimentos; además, no requiere de agua dulce ni fertilizantes. Diversificar las exportaciones de bienes y servicios oceánicos, más allá del marisco, el transporte marítimo y el turismo costero, puede hacer que los países en vía de desarrollo tengan una mayor resiliencia económica ante crisis futuras.

Pero esto también aplica en otros lugares del mundo. A pesar de que la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM) informó que la sobrepesca en el Mediterráneo y el Mar Negro ha disminuido significativamente en los últimos 10 años, el 73% de las especies comerciales siguen sobreexplotadas. Por eso es esencial una ordenación eficaz para que la pesca en nuestros mares sea sostenible, y que incluya zonas de acceso restringido de pesca para la conservación de los ecosistemas de aguas profundas.

Cabe destacar que, en los últimos años, la protección marítima ha adquirido relevancia en el debate internacional, como lo demuestra también la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea, que, para 2030, busca proteger el 30% de la superficie marina del bloque. Sin embargo, aún queda mucho por hacer: actualmente, solo el 8% de los mares en el mundo es área protegida. 

De cara a estas circunstancias, este 8 de junio se celebra el Día Mundial de los Océanos, en el que las Naciones Unidas han hecho un llamado para unir a la población en su gestión sostenible. Y es que la crisis climática, con el derretimiento de los glaciares, el calentamiento de los mares y el blanqueamiento de los corales, está amenazando la biodiversidad oceánica. Pero hay algo que está claro: ese impacto recae también sobre la supervivencia humana.