Autor: Traver Pacheco

Solastalgia, ecocidio y otros términos que nos hablan de medio ambiente

El interés por el medio ambiente y la sostenibilidad no deja de crecer, y con él, aparecen nuevas palabras para explicar fenómenos que ahora entendemos con mayor claridad. En este artículo, exploramos algunos términos clave que reflejan los desafíos del cambio climático y nuestra relación con la naturaleza.


En los últimos años, el interés por el medioambiente y la sostenibilidad ha crecido enormemente, y con él también lo ha hecho nuestro vocabulario. Conceptos nuevos surgen para describir fenómenos complejos que antes no eran tan visibles o comprendidos. En este artículo, repasamos algunos de los términos más interesantes, necesarios y, en ocasiones, desconcertantes que nos ayudan a entender mejor los retos climáticos actuales.

Solastalgia

Imagina sentirte nostálgico por un lugar que no has dejado atrás, sino que ha cambiado radicalmente debido al impacto humano. Ese es el concepto detrás de la solastalgia, un término acuñado por el filósofo ambiental Glenn Albrecht en 2003. Describe la angustia emocional que experimentan las personas cuando su entorno natural se degrada. Por ejemplo, comunidades que ven cómo su región se convierte en desierto o cómo los bosques cercanos desaparecen debido a la deforestación. Según un estudio de The Lancet Planetary Health, este sentimiento afecta especialmente a quienes dependen directamente de su entorno para vivir, como es el caso de los agricultores o pescadores.

Ecocidio

Nos trasladamos al plano legal para hablar de ecocido, que se refiere a los daños graves y deliberados al medioambiente. Aunque no es aún un delito reconocido universalmente, organizaciones como Stop Ecocide trabajan para que se incluya en la Corte Penal Internacional, al igual que el genocidio o los crímenes de guerra. Algunos de los casos más sonados han sido el desastre de Doñana de 1998, cuando una presa minera vertió residuos tóxicos al río Guadiamar o el vertido del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia. 

Si el ecocidio se reconociera como crimen, las empresas y gobiernos serían responsables penalmente por este tipo de acciones

Cambio climático

Aunque es un término ya conocido por muchos, no podía faltar en este glosario. El cambio climático se refiere al calentamiento global causado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO₂ y el metano. Una de las muchas cifras que respaldan su existencia es que, según la ONU, las temperaturas globales ya han subido 1,2 ºC respecto a la era preindustrial, lo que genera fenómenos extremos como huracanes más intensos, olas de calor prolongadas y el deshielo acelerado de los polos.

Huella ecológica

¿Sabías que cada uno de nosotros tiene una «huella» en el planeta? La huella ecológica mide el impacto que nuestras actividades tienen sobre los recursos naturales. Por ejemplo, el transporte que utilizamos, la energía que consumimos o los alimentos que compramos. La Global Footprint Network señala que en 2023, la humanidad consumió en solo ocho meses lo que el planeta puede regenerar en un año completo.

Entender estos términos no es solo cuestión de estar al día, sino también de conectar más profundamente con el entorno y los desafíos que enfrentamos

Antropoceno

Vivimos en el Antropoceno, una era geológica marcada por la influencia humana en la Tierra. Desde la industrialización, los seres humanos hemos alterado significativamente el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. Aunque el término no es oficial, muchos científicos lo utilizan para destacar cómo la actividad humana está remodelando el planeta de forma irreversible.

Entender estos términos no es solo cuestión de estar al día en materia de sostenibilidad, sino también de conectar más profundamente con el entorno y los desafíos de nuestro siglo. Conocer el lenguaje del medio ambiente es dar un primer paso hacia tomar decisiones más conscientes porque nos invita a hacer una reflexión más profunda sobre nuestro impacto y nuestras posibilidades de actuar.

Acuerdos históricos que transformaron la acción climática global

Se empezó a hablar de cambio climático ya en el siglo XIX, pero tuvieron que llegar los tratados internacionales para impulsar una acción global. Desde el Protocolo de Kioto hasta el Pacto Verde Europeo, repasamos los acuerdos clave que han moldeado nuestra respuesta a esta crisis.


La advertencia sobre el cambio climático tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando científicos como Eunice Foote y John Tyndall identificaron la relación entre ciertos gases atmosféricos, como el dióxido de carbono, y la temperatura de la Tierra. Estos descubrimientos sentaron las bases para comprender cómo el aumento de gases de efecto invernadero afecta al clima. Sin embargo, el verdadero avance en la lucha contra el calentamiento global llegó cuando los países comenzaron a coordinar esfuerzos a través de acuerdos internacionales, reconociendo la necesidad de una acción colectiva y sistemática para mitigar sus efectos. Aquí repasamos los más importantes.

El Protocolo de Kioto, firmado en 1997, fue pionero al establecer metas vinculantes de reducción de emisiones para los países desarrollados, marcando un antes y un después en la acción climática global. Sin embargo, su impacto se vio limitado por la exclusión de economías emergentes como China e India, así como por la no ratificación de Estados Unidos, uno de los mayores emisores de gases contaminantes. A pesar de haber logrado avances en algunos países, la retirada de Canadá en 2011 debilitó sus efectos a largo plazo.

El Protocolo de Kioto, firmado en 1997, fue pionero al establecer metas vinculantes de reducción de emisiones para los países desarrollados

Este vacío fue llenado por el Acuerdo de París en 2015, el pacto más inclusivo hasta la fecha. Aprobado por casi 200 países, su principal objetivo es limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2°C, idealmente 1,5°C, sobre niveles preindustriales. Introdujo las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), donde cada nación se compromete a reducir sus emisiones de acuerdo  con sus capacidades, permitiendo así un enfoque flexible pero ambicioso. Gracias a este acuerdo, la comunidad internacional ha puesto en marcha planes de acción que se revisan periódicamente, aunque su implantación efectiva sigue siendo un desafío en muchos países.

En Europa, el Pacto Verde Europeo, lanzado en 2019, busca convertir al continente en el primero climáticamente neutro para 2050. Además de la reducción de emisiones, aborda múltiples áreas clave, como la protección de la biodiversidad, la promoción de una economía circular y la transición hacia energías limpias. Este plan integral no solo busca frenar el cambio climático, sino también transformar la economía europea hacia un modelo más sostenible y resiliente. Con un sólido respaldo financiero, se posiciona como un ejemplo líder en la lucha climática global.

En Europa, el Pacto Verde Europeo, lanzado en 2019, busca convertir al continente en el primero climáticamente neutro para 2050

Un antecedente clave fue el Acuerdo de Montreal de 1987, cuyo objetivo principal era detener el agujero en la capa de ozono mediante la eliminación de los clorofluorocarbonos (CFC), responsables del agujero en la capa. Aunque no se centró directamente en el cambio climático, fue un éxito global en términos de cooperación internacional y restauración ambiental, y ayudó a sentar las bases para futuros acuerdos.

Estos tratados reflejan el poder de la cooperación global en la lucha contra el cambio climático. Cada uno de ellos ha tenido un impacto tangible, pero la urgencia de la crisis climática actual demanda una mayor ambición y un cumplimiento más estricto de los acuerdos. Como ciudadanos, nos corresponde seguir presionando para que estas metas se alcancen: el futuro del planeta está en juego.

Así ayuda la legislación de la pesca de arrastre a proteger el medio marino

La pesca de arrastre, aunque efectiva, causa daños graves en los ecosistemas marinos. Para proteger estos hábitats, se han implementado regulaciones en todo el mundo, incluyendo España, que promueven una pesca más sostenible. Estas medidas buscan equilibrar la explotación de los recursos marinos con la conservación ambiental, inspiradas en la labor de pioneros como Anita Conti.


La pesca de arrastre es una técnica eficaz para capturar peces y mariscos, pero también es una de las más criticadas por su impacto devastador en el medio ambiente marino. Consiste en arrastrar una red pesada por el fondo del mar o a través de la columna de agua. Esto causa daños graves en hábitats como arrecifes de coral, praderas de pastos marinos y montes submarinos, ecosistemas esenciales para la biodiversidad marina al proporcionar refugio y zonas de reproducción para muchas especies. La pesca de arrastre puede destruir estos hábitats en poco tiempo, como se ha observado en los Montes Submarinos del Atlántico Norte, donde los corales de aguas profundas fueron arrasados en horas.

España, como miembro de la UE, ha adoptado estas regulaciones, estableciendo zonas protegidas y limitando la pesca de arrastre en áreas sensibles

Además de destruir hábitats, la pesca de arrastre es altamente no selectiva, ya que se capturan especies no deseadas. Es lo que se conoce como captura incidental o bycatch. Entre estas especies se incluyen tortugas, aves y mamíferos marinos, que a menudo son devueltos al mar muertos o heridos, lo que representa un desafío adicional para la conservación del medio marino.

Para mitigar estos daños, la gestión y la legislación sostenible han sido herramientas fundamentales. En 2016, la Unión Europea (UE) fue pionera en implementar el Reglamento de Protección de los Ecosistemas Marinos Vulnerables para prohibir la pesca de arrastre en profundidades mayores a 800 metros. En 2022, la UE reforzó estas políticas con un reglamento específico para el Mediterráneo Occidental, que buscaba reducir el esfuerzo pesquero en un 40% para 2025.

Conti dedicó su vida a documentar en libros y fotografías los impactos de la pesca industrial y abogó por prácticas sostenibles

España, como miembro de la UE, ha adoptado estas regulaciones, estableciendo zonas protegidas y limitando la pesca de arrastre en áreas sensibles. La Red Natura 2000 es un ejemplo de estos esfuerzos, abarcando áreas marinas donde la pesca de arrastre está restringida para preservar la biodiversidad. Además, proyectos como Indemares han trabajado en identificar y proteger otras áreas marinas ecológicamente importantes en aguas españolas.

A nivel global, otros países también han tomado medidas para restaurar ecosistemas dañados. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, se ha trabajado en la restauración de la Bahía de Hawke, reintroduciendo ostras y creando arrecifes artificiales para recuperar la biodiversidad. Estos esfuerzos muestran que, aunque el daño es significativo, la recuperación es posible con medidas adecuadas.

La Confederación Española de Pesca (Cepesca) ha promovido prácticas más sostenibles en España, como el uso de dispositivos en las redes de arrastre para reducir la captura incidental. Además, Cepesca colabora con científicos para monitorear la salud de los ecosistemas marinos, apoyando un equilibrio entre la explotación y la conservación.

El legado de figuras como Anita Conti, pionera en la lucha por una pesca responsable, han sido fundamentales en este contexto. Conti dedicó su vida a documentar en libros y fotografías los impactos de la pesca industrial y abogó por prácticas sostenibles. Influyó en la conciencia pública y en la formulación de políticas que hoy ayudan a proteger los océanos.

En esta línea, la legislación sobre la pesca de arrastre es crucial para proteger los ecosistemas marinos. Estas regulaciones, junto con proyectos de restauración y la promoción de prácticas sostenibles, están ayudando a preservar la salud de los océanos y a asegurar que la explotación de los recursos marinos sea sostenible para las futuras generaciones.

Un año nuevo y una nueva oportunidad para disminuir la depresión

depresión

En este nuevo año, enfrentamos el reto de disminuir la depresión y fomentar la salud mental. Canalizando esfuerzos en educación, comprensión y compromiso con soluciones efectivas, estamos trazando el camino hacia una sociedad donde cada individuo tenga la oportunidad de vivir una vida emocionalmente saludable.


El comienzo de un nuevo año nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre un aspecto vital que con frecuencia pasa desapercibido: la salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos el 3,8% de la población mundial experimenta depresión, y alarmantemente, esta cifra ha experimentado un aumento del 18% en la última década. Ante este panorama inquietante, surge la urgencia de abordar los factores que han contribuido a este aumento y explorar vías efectivas para prevenir y reducir su incidencia.

En primer lugar, la aparición de la depresión no está influenciada por un único factor, por lo que, en ocasiones, resulta complicado distinguir y comprender cómo los distintos factores que intervienen se relacionan entre sí y con la enfermedad. El estrés crónico, la presión social, la falta de acceso a recursos de salud mental o la creciente incidencia de eventos traumáticos son solo algunas de las causas que han contribuido a esta preocupante tendencia.

El estrés crónico, la presión social, la falta de acceso a recursos de salud mental o la creciente incidencia de eventos traumáticos son solo algunas de las causas que han contribuido a esta preocupante tendencia

Por tanto, prevenir y disminuir la depresión es un desafío colectivo que requiere un enfoque multifacético. Según detalla el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de los Estados Unidos, la agencia federal que dirige las investigaciones sobre trastornos mentales, la promoción de la conciencia sobre la salud mental, la implementación de programas educativos que aborden el estrés y la presión social, o la expansión del acceso a servicios de salud mental son pasos cruciales. La educación desde una edad temprana sobre el manejo emocional y la búsqueda de ayuda puede ser un escudo poderoso contra la aparición de episodios depresivos.

Sin embargo, en ocasiones, la prevención no es suficiente, y es fundamental saber cómo ayudar a quienes ya están lidiando con ella. En España, según detalla la Confederación de Salud Mental, el 88% de las labores de atención y apoyo recaen en el entorno cercano, por lo que mostrar empatía y comprensión son pilares esenciales. Pero, además, fomentar la apertura sobre la salud mental, reducir el estigma y mantener un entorno de apoyo es clave para ayudar a quienes enfrentan cada día esta batalla.

En España, el 88% de las labores de atención y apoyo recaen en el entorno cercano, por lo que mostrar empatía y comprensión son pilares

Por último, no podemos olvidar que evidencias científicas respaldan la noción de que la pobreza y la desigualdad económica constituyen factores de riesgo significativos para el desarrollo de problemas de salud mental. Diversos estudios, como la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que evaluó el bienestar emocional de la población española durante la pandemia, refuerzan esta afirmación. Los resultados de la encuesta revelan que las personas pertenecientes a clases socioeconómicas menos privilegiadas experimentan tasas casi el doble de altas (32,7%) de sentimientos de desánimo, depresión o falta de esperanza en comparación con aquellos identificados en clases más favorecidas (17,1%). En este sentido, es esencial abogar por políticas que aseguren la equidad en la disponibilidad de servicios de salud mental, garantizando que aquellos con recursos limitados no queden excluidos de la ayuda que tanto necesitan.

En definitiva, comprender la depresión es el primer paso para abordarla de manera efectiva, pero fomentar la conciencia pública, desestigmatizar la salud mental y proporcionar recursos accesibles son acciones clave. La terapia, la medicación en casos necesarios y el apoyo comunitario pueden ser también cruciales para hacer frente a esta situación.

Aprovechemos el inicio de este nuevo año para enfrentarnos al desafío colectivo de disminuir la depresión y fomentar la salud mental. A través de la educación, la comprensión y el compromiso con soluciones efectivas, podemos allanar el camino hacia una sociedad más resiliente y solidaria, donde cada individuo tenga la oportunidad de vivir una vida plena y emocionalmente saludable.

COP28: un punto de inflexión para instar a la acción

En el epicentro de la COP28 se encuentra la evaluación global del Acuerdo de París, adoptado en la COP21 de 2015, un pacto que simboliza el compromiso colectivo de la comunidad internacional para abordar la crisis climática y cumplir el objetivo global de limitar el calentamiento a 1,5ºC.

Ante este desafío climático se reunirán desde líderes gubernamentales y representantes de organizaciones internacionales hasta activistas y expertos en sostenibilidad, entre los que se espera la asistencia de figuras de renombre mundial como el presidente de Estados Unidos, Joe Biden; el primer ministro del Reino Unido, Rishi Sunak; o el papa Francisco, lo que subraya la vital importancia de la colaboración para idear soluciones integrales.

En este contexto, la presidencia de la COP28, según lo expresado en su carta a todos los actores implicados, ha presentado los cuatro ejes principales sobre los que tendrá lugar este encuentro.

El foco está en impulsar la transición hacia fuentes de energía más sostenibles y reducir las emisiones para 2030

En primer lugar, el foco está en impulsar la transición hacia fuentes de energía más sostenibles y reducir las emisiones para 2030. Se busca triplicar la capacidad de las energías renovables, reducir significativamente las emisiones de metano y combustibles fósiles, así como duplicar la eficiencia energética y promover la electrificación. Los últimos datos del IPCC indican que las emisiones deben reducirse un 43% para 2030 en comparación con 2019. Por su parte, organizaciones como Amnistía Internacional, en su informe titulado Combustibles letales, piden «un acuerdo para poner fin a la producción y al uso de combustibles fósiles para evitar una catástrofe climática global y que no se agrave una crisis de derechos humanos sin precedentes».

En segundo lugar, la financiación de los países con una mayor capacidad económica juega un papel crucial para satisfacer las necesidades de los países en desarrollo. Un informe de Oxfam Intermón ya reveló en junio de este año que el compromiso establecido por parte de los países con mayores capacidades económicas está muy lejos de la realidad. «La cifra de 83.300 millones de dólares que declaran haber aportado es una sobreestimación, ya que incluye proyectos en los que se ha exagerado el objetivo climático o los préstamos se han contabilizado según su valor nominal», denuncian desde la oenegé. 

En tercer lugar, en el centro de la acción climática se sitúan la naturaleza, las personas y los medios de vida. Se espera que iniciativas como el Fondo para Pérdidas y Daños, aprobado el año pasado, comiencen a operar, junto con la adopción del marco para el Objetivo Global de Adaptación. Además, como novedad, se celebrará la primera reunión ministerial sobre clima y salud.

En esta edición se celebrará la primera reunión ministerial sobre clima y salud

Finalmente, la COP aspira a promover la inclusión, fomentando una mayor participación de jóvenes, delegaciones con representación equitativa de género y la presencia activa de comunidades indígenas.

En conclusión, la COP28 no se limitará a evaluar logros pasados, sino que se presenta como una urgente llamada a la acción. Según un reciente informe de la ONU Cambio Climático, los planes de acción climática de los países aún no satisfacen plenamente los objetivos establecidos en el Acuerdo de París, por lo que se demanda una acción más contundente y urgente. Estamos ante una oportunidad única para trazar un camino hacia un futuro más sostenible y resiliente, donde la colaboración y la determinación colectiva serán las fuerzas impulsoras del cambio.