Autor: Carmen Toro

El patrimonio cultural y ambiental, y la necesidad de protegerlos por igual

El avance hacia la sostenibilidad ambiental y la transición energética debe ser necesariamente compatible con la protección y conservación del patrimonio ambiental y cultural como un legado histórico común a preservar. Las actuaciones llevadas a cabo y analizadas en las Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética, coorganizadas por el Museo Arqueológico Nacional y Red Eléctrica, han demostrado que fomentar la protección y difusión del patrimonio arqueológico aporta un gran impacto neto positivo en el entorno.


El patrimonio cultural y el natural comparten un valor irreemplazable. El primero se relaciona con bienes materiales como monumentos u obras de arte, y el segundo, con ecosistemas y biodiversidad. Pero ambos enfrentan amenazas comunes como el cambio climático, el turismo masivo e irresponsable, la contaminación y los cambios en los usos del suelo y el territorio.

Por ello, tejer alianzas para fomentar la conservación, investigación y difusión del patrimonio tanto natural como arqueológico adquiere cada vez una mayor importancia a la hora de demostrar un compromiso real con la sostenibilidad desde las empresas y las instituciones públicas. El objetivo es garantizar que el desarrollo de infraestructuras necesarias para avanzar en la transición ecológica, como las energéticas, es totalmente compatible con la conservación del patrimonio natural y cultural.

Este es uno de los motivos por los que, en la planificación de proyectos, se estudian todos los aspectos culturales y patrimoniales en las evaluaciones de impacto ambiental, de manera que permita garantizar que no se dañen sitios históricos y que no afecten negativamente al entorno natural.

Tejer alianzas para conservar, investigar y difundir el patrimonio arqueológico refuerza el compromiso con la sostenibilidad

La protección del patrimonio cultural es un aspecto fundamental en el diseño y construcción de instalaciones de Red Eléctrica, que aplica su metodología en la gestión y protección del tesoro común que es el patrimonio arqueológico. Así, antes de iniciar cualquier movimiento de tierras, la compañía hace una prospección arqueológica del terreno y diseña sus infraestructuras de manera que el trazado se integre de manera respetuosa en el entorno, minimizando cualquier posible impacto. Un ejemplo de buenas prácticas para la conservación del patrimonio tanto cultural como ambiental en este sentido es Redeia que, a través de su filial  Red Eléctrica,  y en el marco de su actividad en la operación del sistema eléctrico, ha desplegado más de 300 actuaciones patrimoniales a lo largo de todo el territorio nacional y ha descubierto más de 40 yacimientos relevantes pertenecientes a diferentes épocas históricas en los últimos años.

Este asunto se ha puesto sobre la mesa en las primeras Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética organizadas por la filial de Redeia y el Ministerio de Cultura. En el marco incomparable del Museo Arqueológico Nacional, más de 25 ponentes y más de 200 participantes procedentes de diversos sectores han abordado alianzas que permitan proteger con las máximas garantías el patrimonio cultural y, al mismo tiempo, facilitar las infraestructuras que permitan impulsar la transición ecológica.

La directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Ángeles Albert; la directora del MAN, Isabel Izquierdo, y la presidenta de Redeia, Beatriz Corredor, acompañadas por representantes de Redeia en el Museo Arqueológico Nacional.

Avanzar hacia la mejora de la calidad de vida y hacia la transición energética no es incompatible con cuidar y proteger los entornos que nos rodean, ya sea en su faceta puramente natural o en la creada por la mano del hombre. Por otro lado, también existen beneficios a la hora de generar impacto positivo en el territorio y en la sociedad, beneficios que son posibles de la mano de la integración y preservación del patrimonio cultural y ambiental a través del desarrollo e integración de infraestructuras. Por ejemplo, Redeia ha recuperado y musealizado en Fuerteventura, para disfrute y aprendizaje del conjunto de la sociedad, un conjunto de casamatas, las únicas baterías de defensa aérea que existen de la Segunda Guerra Mundial en España contra Alemania. Acciones como esta permiten no sólo conservar y proteger el patrimonio y el legado histórico, sino que también se convierten en un recurso cultural y pueden contribuir positivamente a la economía local del lugar.

Además, Redeia hace posible  iniciativas de conservación, restauración y musealización de yacimientos o bienes culturales. Así, durante la celebración de las jornadas, su presidenta, Beatriz Corredor, destacó el compromiso de la compañía con «la protección y conservación del patrimonio arqueológico, etnográfico y cultural como un aspecto fundamental» en el desarrollo de sus infraestructuras eléctricas, un factor que aporta un gran impacto neto positivo en el entorno, según el último informe de Sostenibilidad.

Red Eléctrica ha desplegado en los últimos años más de 300 actuaciones patrimoniales en el territorio nacional

Para muestra, un botón. Entre los hallazgos más destacados, Redeia ha destacado las  huellas de dinosaurios descubiertas en la provincia de Soria, restos de la ciudad romana de Isturgi, en Jaén, y evidencias de, al menos, cinco yacimientos de diferentes épocas, desde la romana hasta la Segunda Guerra Mundial. Estos vestigios se detectaron gracias al cuidado en las prospecciones que lleva a cabo Redeia, que cuenta con arqueólogos que se encargan de detectar, documentar y salvaguardar este patrimonio para el futuro.

Está claro que estas actuaciones, hallazgos e inversiones permiten no solo cuidar y transmitir a las generaciones venideras un legado de un valor incalculable, sino también avanzar de la mano en la protección patrimonial y en la sostenibilidad ambiental, así como encarar los retos a los que se enfrenta el proceso de transición energética, convirtiéndose el fomento de la promoción del patrimonio cultural en un agente de lucha contra el cambio climático.

Durante estas primeras  Jornadas de Patrimonio Arqueológico y Transición Energética ha quedado demostrado que es posible proteger el medioambiente y avanzar en la transición energética sin renunciar al magnífico legado histórico y cultural español.

¿Cómo se vive el autismo en el medio rural?

Aunque es un entorno más amigable para ellos, el medio rural puede ser un hándicap para las personas con Trastorno del Espector Autista que habitan en él debido a la escasez de recursos como profesionales especialistas, buenas comunicaciones o la dependencia del transporte en su día a día. 


El escaso nivel de ruido y el bajo nivel de estímulos, entre otros factores, pueden hacer pensar en un primer momento que el medio rural es el entorno ideal en el que vivir para una persona con TEA (Trastorno del Espectro Autista).

No obstante, a pesar de las ventajas que un entorno tranquilo como lo son las zonas rurales puede proporcionar a las personas con autismo, vivir alejado de la ciudad también implica dificultades.

La falta de recursos especializados cercanos, la necesidad de desplazamiento para su atención y la accesibilidad limitada del transporte son algunos de los retos que deben enfrentar a diario las personas con TEA que viven en un medio rural. Además de limitar su calidad de vida, estas circunstancias pueden llegar a suponer un riesgo de exclusión. 

Según estimaciones de la Confederación Autismo España, alrededor de 74.700 personas con TEA podrían estar viviendo en zonas rurales de nuestro país

La presidenta de la asociación TEA Zamora, Maribel Ramos, hace hincapié en que lo que «más sufren» las personas con autismo en una provincia eminentemente rural son los desplazamientos  –sobre todo, para aquellos que viven en poblaciones pequeñas–, ya que en la ciudad es donde todos los servicios se encuentran centralizados: psicólogo, apoyo escolar, fisioterapeuta… Además, la presidenta añade que sería «muy costoso» que los servicios se desplacen hasta estas poblaciones porque habría que poner profesionales itinerantes y hay zonas muy lejanas y que no disponen de muy buenas comunicaciones con la capital.

Esta escasez de recursos que conllevan desafíos significativos diarios para las personas con TEA suele venir dada por la dispersión de la población y por las características físicas o de orografía de los entornos del medio rural, lo que puede dificultar el acceso a esos ya de por sí mencionados escasos servicios, como ejemplifica Maribel Ramos.

A estas características intrínsecas al lugar se suman en no pocas ocasiones la falta de profesionales especializados y la escasez de figuras de cuidado no profesionales que se deben, generalmente, a la dispersión de las familias y a los gastos extra que aquellas suponen.

Las personas con Trastorno del Espectro Autista que viven en las áreas rurales suelen tener un nivel educativo inferior en comparación con las que viven en las áreas urbanas, lo que puede reducir sus posibilidades de lograr un empleo

Asimismo, y en relación con este último factor, las personas con esta condición del espectro autista que viven en las áreas rurales suelen tener un nivel educativo inferior en comparación con las que viven en las áreas urbanas, lo que puede llegar a reducir sus posibilidades de lograr un empleo, según la Asociación Autismo España.

La AAE expone que los datos muestran que la ruralidad pueden ser un factor que multiplica las situaciones de discriminación. Por ello, la Confederación Autismo España, con el apoyo del Fondo Social Europeo Plus y  junto con otras entidades, puso en marcha la iniciativa +RuralTEA, con el objetivo de marcar un cambio significativo en la vida de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que residen en la España rural.

Según estimaciones de la Confederación Autismo España, alrededor de 74.700 personas con TEA podrían estar viviendo en zonas rurales de nuestro país. Este proyecto se enfoca en brindar soluciones personalizadas para superar las barreras que enfrentan estas personas en municipios alejados de los servicios especializados.

El proyecto +RuralTEA también busca como objetivo prioritario cambiar esta realidad de las personas con autismo, a través de un enfoque integral que incluye la detección de necesidades, la implementación de acciones concretas y el acompañamiento continuo a las familias, de manera que factores como carecer de infraestructuras adecuadas y servicios de transporte no supongan una diferencia en la calidad de vida con respecto a aquellas personas con la misma condición que habitan en un entorno urbano para que, así, las zonas rurales puedan seguir siendo un entorno amigable para ellas.

En este sentido, destaca también Redeia que, en el marco de su compromiso con la lucha contra la desigualdad y la mitigación de los desequilibrios territoriales, ha apoyado la iniciativa social de la asociación El Remós (Huesca). Esta entidad atiende a 22 usuarios, a quienes proporciona formación y la oportunidad de un proyecto laboral, favoreciendo su inclusión activa en la comunidad.

Mediante el acondicionamiento y asfaltado del camino que lleva hasta el centro, la compañía promueve la relación y la integración de las personas con discapacidad en su entorno social.

Iniciativas como estas, que contribuyen a reducir los desequilibrios urbano-rurales, son necesarias para que las personas con TEA puedan adaptarse a su entorno sin tener que abandonarlo por falta de recursos. Garantizar una atención inclusiva en cualquier punto del territorio no solo mejora su calidad de vida, sino que también fortalece el tejido social de las zonas rurales.

¿Es posible transformar el calor de los volcanes en electricidad limpia?

La energía producida a partir de las fumarolas de los volcanes, desarrollada por primera vez a nivel mundial por un equipo de investigadores de la Universidad de Navarra, permite generar energía durante todo el año, independientemente de las condiciones climatológicas.


La preocupación por el medio ambiente y el cambio climático ha impulsado la innovación sostenible, sobre todo en cuestión de transición energética. La búsqueda de alternativas para obtener electricidad ha llevado a generar soluciones a partir del agua marina, de la nieve, del compost, y también de los volcanes. Un grupo de investigadores españoles de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), pertenecientes al Instituto de Smart Cities (ISC), ha desarrollado un generador termoeléctrico pionero a nivel mundial, que es capaz de producir energía eléctrica renovable a partir del calor volcánico que llega a la superficie terrestre. Este generador tiene un impacto medioambiental mínimo, ya que se trata de energía limpia.

El proyecto Generadores Termoeléctricos Autónomos para Vigilancia Volcánica (VIVOTEG), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, se puso en marcha para desarrollar una tecnología inédita, basada en generadores termoeléctricos capaces de aprovechar el calor geotérmico presente en las fumarolas de los volcanes para producir electricidad y poder alimentar las estaciones de vigilancia volcánica. Su gran ventaja es que es capaz de producir energía eléctrica de manera continua, independientemente de las condiciones ambientales o de la luz solar, por lo que supone un avance en la monitorización en tiempo real de fenómenos geológicos y volcánicos.

Los generadores termoeléctricos funcionan gracias a un sistema modular de efecto Seebeck, unos dispositivos que transforman el calor geotérmico en energía eléctrica, con una diferencia mínima de temperatura

El grupo de investigación de la UPNA ha empleado módulos termoeléctricos de efecto Seebeck, unos dispositivos que transforman el calor geotérmico en energía eléctrica. Para que los módulos funcionen, necesitan tener un lado caliente y otro frío. El calor de la Tierra calienta un lado del módulo y el aire frío de la Antártida, la región donde se ha probado, enfría el otro. Los investigadores han creado la diferencia de temperatura necesaria con el desarrollo de intercambiadores de calor de alta eficiencia, capaces de transportar el calor geotérmico desde el suelo, a una profundidad de 40 centímetros, hasta el módulo termoeléctrico, con muy poca pérdida de temperatura. Estos intercambiadores de calor maximizan esa diferencia de temperatura, acercando la cara caliente de los módulos a la temperatura de la fuente de calor, y la cara fría a la temperatura ambiente.

Los generadores termoeléctricos geotérmicos no emplean partes móviles como bombas o ventiladores, lo que reduce al mínimo su mantenimiento y los convierte en generadores eléctricos muy robustos, que tienen la posibilidad de funcionar durante todo el año. Además, su diseño modular permite aumentar la potencia producida solo con la instalación de más módulos termoeléctricos.

Un avance de gran importancia a la hora de superar el reto de dotar de suministro energético a los sensores de medida y equipos de emisión de datos de proyectos científicos geológicos y vulcanológicos, así como a las estaciones de vigilancia volcánica, especialmente, a los que se hallan en lugares remotos y de climatología extrema, como la isla Decepción de la Antártida.

Este método permitirá mejorar el estudio geológico y la vigilancia volcánica, y, en consecuencia, incrementará la predicción de las erupciones volcánicas para anticipar y reducir los impactos potenciales sobre la población

Además, permitirá mejorar el estudio geológico y la vigilancia volcánica de la zona y hará posible tener datos geológicos en tiempo real durante todo el año, incluido el invierno. Extrapolar los generadores termoeléctricos a muchos otros volcanes del mundo contribuiría a aumentar la seguridad de la sociedad, al mejorar la vigilancia volcánica con una mejor y mayor anticipación a las erupciones. También, facilitaría la predicción de las erupciones volcánicas, lo que contribuiría a reducir los posibles impactos sobre la población. 

Por tanto, esta iniciativa supone un gran paso, tanto a nivel medioambiental como científico, ya que abre la posibilidad de llevar energía a zonas del mundo antes impensables por sus condiciones climáticas, y demuestra que, en cuanto a energías limpias y desarrollo sostenible, aún queda mucho por descubrir. 

La educación, rehén invisible de la guerra

Además de las imágenes que se muestran todos los días, la guerra oculta más situaciones de vulneración de derechos, a menudo desconocidas, entre las que se encuentra la falta de acceso a la educación. Este fenómeno afecta a niños y niñas en todo el mundo y tiene un gran impacto en su desarrollo integral.


La educación en la infancia y juventud es un derecho consagrado en tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que queda relegado cuando estalla una guerra.

A los daños físicos y materiales que implica cualquier conflicto se suma la vulneración de este principio, que afecta al desarrollo cognitivo de niños, niñas y jóvenes. Según datos de Unicef, más de 100 millones de niños y niñas en edad escolar viven en zonas de conflicto. De ellos, 24 millones no van al colegio. Dicho de otro modo: una cuarta parte de los niños en zonas de conflicto está privado de su derecho a la educación.

Uno de cada cuatro niños o niñas en zonas de conflicto está privado de su derecho a la educación

Entre los principales motivos de la falta de acceso a la educación encontramos, además de la falta de docentes o el miedo a sufrir un ataque durante horas lectivas, el daño o destrucción de las infraestructuras educativas, debido a ataques directos o como perjuicios colaterales de los enfrentamientos. Además de la pérdida de un lugar de aprendizaje, en muchos casos hay una interrupción en la entrega de servicios esenciales, como la alimentación y atención médica, que a menudo se proporcionan a través de las escuelas.

Asimismo, la infancia que vive en zonas de guerra también enfrenta riesgos de reclutamiento forzado por grupos armados, explotación y violencia, incluyendo ataques específicos contra estudiantes y profesores. Además, el reclutamiento de menores soldado es una práctica habitual: se sigue produciendo en 18 países, pese a estar prohibida por el Protocolo facultativo de la Convención de Derechos del Niño sobre la participación de menores en conflictos armados. 

El acceso a la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores, fomenta la tolerancia y contribuye a crear sociedades más pacíficas

Por otro lado, el desplazamiento forzado es una consecuencia directa de los conflictos que también repercute en la educación. Los niños y niñas desplazados suelen perder meses o incluso años de estudio, y encuentran dificultades significativas para acceder a la educación en los lugares de refugio debido a barreras como el idioma o la falta de documentos oficiales. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de la mitad de los niños refugiados no están inscritos en la escuela secundaria.

Además, el conflicto también influye en el aumento de las desigualdades de género. Las niñas, en particular, se enfrentan a la posibilidad de un incremento del riesgo de violencia sexual o de matrimonio precoz y forzado en zonas como Iraq o Sudán del Sur, donde las niñas tienen un 90% menos de probabilidades que los niños de recibir educación.

La educación como puente para el desarrollo personal y profesional

Ir a la escuela es fundamental para el desarrollo personal, ya que amplía el conocimiento y la comprensión del mundo, fomenta el desarrollo de habilidades críticas de pensamiento y mejora la autoestima y la confianza en uno mismo.

Además, también permite aspirar a una mejor calidad de vida gracias al acceso a mejores oportunidades en el desarrollo profesional. Según datos del Banco Mundial y la OCDE, cada año adicional de escolaridad puede aumentar los ingresos personales de un individuo entre un 8% y un 10%. Esto refleja que las habilidades adquiridas durante los años de educación son clave para acabar con situaciones de pobreza y mejorar económicamente.

Precisamente, es por sus aportes tan significativos que existen organizaciones a diferentes niveles que son plenamente activas en la lucha por conseguir este derecho fundamental de la infancia, mediante recursos como la búsqueda de financiación concreta, la inversión en el desarrollo de nuevos centros educativos o la petición a los gobiernos de que proporcionen entornos seguros para los niños refugiados. La educación debe ser una parte esencial de cualquier infancia ya que, como dijo la activista Malala Yousafzai, «un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo».

El bambú, un aliado sostenible para la eficiencia energética

La rápida tasa de crecimiento del bambú, así como su gran densidad y su capacidad de absorción de CO2 convierten a este vegetal en una alternativa efectiva y sostenible para la producción de biomasa y, por tanto, de energía limpia.


Aunque es un gran desconocido para el gran público, el bambú es una de las opciones actuales más potentes y eficientes para la producción de biomasa. Gracias a su rápido crecimiento, esta planta permite disponer cada poco tiempo de la materia necesaria para generar calor o electricidad.

Una hectárea de bambú puede absorber 21,41 toneladas anuales de CO2 y almacenar aproximadamente 150 toneladas durante los primeros siete años de vida

En comparación con la leña, el bambú tiene una tasa de crecimiento mucho más rápida. Esto significa que se puede producir en mayores cantidades y con la ventaja de necesitar menos tiempo y espacio para su plantación y cultivo. De hecho, algunas especies pueden crecer hasta un metro por día. Además, una hectárea de bambú tiene la capacidad de absorber 21,41 toneladas anuales de CO2 y de almacenar aproximadamente 150 toneladas en los primeros siete años de vida, según datos aportados por la International Bamboo and Rattan Organization.

Estas propiedades particulares han llevado a algunas empresas a centrar sus plantaciones y explotaciones agrícolas en el cultivo de esta planta, a centrar sus plantaciones y explotaciones agrícolas en el cultivo de esta planta, con el objetivo de que pueda servir como proveedor de energía limpia y como una alternativa sostenible a los combustibles fósiles.

El bambú tiene una mayor densidad que la mayoría de las especies de madera, lo que significa que tiene un mayor contenido de energía por unidad de volumen y proporciona grandes cantidades de biomasa sostenible para la producción de energía renovable

Además, el bambú tiene una mayor densidad que la mayoría de los tipos de madera, lo que significa que tiene un mayor contenido de energía por unidad de volumen. Asimismo, proporciona grandes cantidades de biomasa sostenible para la producción de energía renovable.

Países como China, India, Brasil o Filipinas son algunos de los que lideran su desarrollo debido al poder energético que tiene el bambú al entrar en combustión. En Europa existen varias plantas de biomasa alimentadas con bambú y en España, el primer bosque dedicado a la producción de bambú se plantó en el año 2012.

Como se ha visto, el rendimiento del bambú para biomasa es muy alto. Cada año es posible llegar a más de 35 toneladas por hectárea recolectadas para este fin. Los tipos de energía que se pueden generar a partir de la combustión del bambú son, principalmente, eléctrica, calórica, gas y carbón.

En el primero de los casos, el calor producido por la biomasa puede emplearse para alimentar generadores eléctricos, ya sea para autoconsumo o bien para verter a la red eléctrica en sistemas de gran escala. Por otro lado, el propio proceso de combustión del bambú y la producción de biomasa generan calor para utilizar en calefacciones o, incluso, agua caliente sanitaria. Por último, los procesos de combustión a pequeña escala generan gas e, incluso, carbón, que se pueden reaprovechar como combustibles.

Además de esta propiedad en la generación de diferentes tipos de energía, la rigidez y la cámara interior de aire con las que cuenta este vegetal permiten realizar construcciones, contrachapados y paneles con características altamente aislantes. También en relación con los campos de la arquitectura y la construcción, comparado con otros materiales como el hormigón o el acero, la producción del bambú requiere menos energía y tiene una baja huella ecológica, lo que ayuda a reducir las emisiones de dióxido de carbono y lograr viviendas mucho más sostenibles.

Triplicar las energías renovables, el nuevo reto marcado por la COP28

Los países participantes en la COP28 han incidido en la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El avance mundial en materia de freno al calentamiento global avanza de manera lenta. Por eso, los países participantes en la COP28 han incidido en la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de perseguir la descarbonización del planeta mediante la sustitución de los combustibles fósiles para paliar los estragos producidos por las altas temperaturas.


El Acuerdo de París de 2015 estableció el reto de limitar el aumento de la temperatura hasta un máximo de 1,5ºC para 2050. Tras ocho años, la COP28, celebrada en Dubái entre noviembre y diciembre, ha sido el escenario para hacer balance de los avances logrados.

Esta edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha sido de gran relevancia ya que se han evaluado los avances hechos hasta la fecha, con respecto a los objetivos de la Agenda 2030 y se han logrado acuerdos «históricos». A partir de ello, los países ya pueden utilizar las conclusiones tomadas para desarrollar planes de acción climática más sólidos para 2025.

El eje central de esta edición se basa en que la ciencia indica que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben reducirse un 43 % para 2030 con respecto a los niveles de 2019 para limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, y señala que las partes no van por buen camino―la trayectoria actual está justo por debajo de los 3ºC―.

La transición energética avanza demasiado lenta para lo ambiciosos y urgentes que son los objetivos de la Agenda 2030

Se ha concluido que la transición energética avanza lentamente para lo ambiciosos y urgentes que son los objetivos. Por eso, los dirigentes participantes en la COP28 han decidido tomar medidas más agresivas: 116 países se han comprometido a triplicar el uso de las energías renovables y duplicar la tasa anual de eficiencia energética para 2030

Por ello, la COP28 ha marcado un punto de inflexión: por primera vez, se ha alcanzado un acuerdo para abandonar paulatinamente los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y avanzar hacia una transición verde. Además, se ha puesto en marcha el Fondo de Pérdidas y Daños, destinado a ayudar a los países en desarrollo vulnerables al cambio climático.

El acuerdo alcanzado sienta las bases para una transición rápida, justa y equitativa. También se han acordado las metas del Objetivo Global de Adaptación (GGA) y su marco, que establece cuál debe ser el consenso mundial para ser resilientes a los impactos de un clima cambiante y evaluar los esfuerzos de los países.

En cuanto a la financiación, seis países prometieron una nueva aportación al Fondo Verde para el Clima (GCF), que alcanza la cifra récord de 12.800 millones de dólares procedentes de 31 países.

La COP28 ha adoptado el acuerdo histórico de abandonar paulatinamente los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y avanzar hacia una transición verde

Ocho países anunciaron también nuevas aportaciones al Fondo para los Países Menos Adelantados y el Fondo Especial para el Cambio Climático por un total de más de 174 millones de dólares. Asimismo, se prometieron contribuciones al Fondo de Adaptación de casi 188 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras aún están lejos de los billones necesarios para ayudar a los países en desarrollo en la transición energética y la aplicación de sus planes climáticos nacionales. Sería necesario establecer y acelerar fuentes de financiación nuevas e innovadoras.

También se acordó que el programa de trabajo de mitigación de cara a sociedades más descarbonizadas que se puso en marcha en la COP27 continuará hasta 2030, con la celebración de al menos dos diálogos globales anuales.

Han sido semanas de intensas negociaciones que han dado como resultado un texto de 21 páginas que recoge cómo hacer frente a los objetivos, compromisos y retos globales que plantea el cambio climático para ir hacia una transición energética real y lograr un futuro más sostenible gracias a la cooperación internacional.

El aguilucho cenizo, aliado y víctima de la agricultura, es protagonista en 2023

Ilustración de Valeria Cafagna

España cuenta con la mayor población europea de esta ave rapaz –la única en su clase que cría a sus pollos en el suelo–. Por lo tanto, el país tiene una mayor responsabilidad de protegerla.


Cada año, desde 1998, la Sociedad Española de Ornitología Seo/Birdlife destaca un ave del año para llamar la atención sobre la delicada situación de algunas especies de la avifauna española. Se trata de poner el foco sobre una especie que necesita una atención especial por su mal estado de conservación o porque «simboliza la urgencia de proteger los hábitats que la acogen» con el fin de poder reclamar medidas a las administraciones y a las instituciones para la conservación del patrimonio natural.

Hasta ahora, 34 especies han sido elegidas Ave del Año por su declive poblacional o por sus amenazas de conservación. En 2023, la votación popular se ha decantado por el aguilucho cenizo, que ha obtenido 3.187 votos, seguido del alimoche común, con 2.355, y la ganga ibérica, con 2.105 votos. 

El ave ha sufrido un declive de entre 23% y 27% de su población en los últimos 10 años

El aguilucho cenizo (Circus pygargus) es una rapaz migratoria de tamaño mediano y plumaje cenizo en los machos –del que toma su nombre– con una población que oscila entre las 4.269-5.360 parejas reproductoras en España, según el último censo realizado por SEO/BirdLife. De este mismo se desprende que ha sufrido un declive de entre 23% y 27% de su población en los últimos 10 años, especialmente en Galicia, Andalucía, Extremadura, Madrid y País Vasco.

El aguilucho es la única ave de su clase que cría en el suelo, principalmente en grandes extensiones cultivadas de trigo y cebada. Los ejemplares llegan a finales de marzo, procedentes de África, donde pasan el invierno, y hacen el nido en los campos de cereal, alimentándose de topillos, ratones, langostas, saltamontes, pequeños reptiles o aves granívoras, por lo que son un gran aliado para mantener los equilibrios naturales.

¿Cuáles son sus principales amenazas?

La transformación de los cultivos de cereal, la intensificación de la agricultura y las cosechas tempranas suponen sus principales amenazas. Las grandes maquinarias de cosecha tienden a destruir los nidos antes de que los pollos hayan volado.

También el uso de plaguicidas –que disminuye el número de presas de las que alimentarse– y la eliminación de senderos y barbechos afectan a esta especie declarada como «vulnerable a la extinción», la segunda categoría de mayor amenaza en España, y también catalogada como «vulnerable» en el Libro Rojo de Aves de España. 

Las cosechas tempranas, debido a los cortos plazos de crecimiento del cereal, hacen que las cosechadoras destruyan los nidos antes de que los pollos hayan volado

El reto para la conservación del aguilucho cenizo pasa por buscar mecanismos que permitan mantener los equilibrios naturales entre producciones con las que los agricultores obtengan una renta digna y que no supongan «arrasar con todo lo que hay alrededor», según afirma Antonio Aguilera, de la asociación Tumbabuey.

Un ejemplo es el programa de seguimiento y conservación del aguilucho cenizo que lleva a cabo el Grupo Ibérico de Aguiluchos (GIA), en el que técnicos y voluntarios levantan y trasladan a los pollos, crean rodales en torno al nido con una malla o entregan una compensación a los agricultores para que no cosechen terrenos donde haya un gran número de nidos.

Como expresó la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, no se trata de proteger sino de «actuar para conservar» los campos con vida y asegurar el futuro de las comunidades locales que viven en –y de– ellos.